LOS CONCILIOS EN LA ANTIGÜEDAD

 

Comienzos y tipologías de la actividad conciliar –

1. Concilio de Nicea (año 325)

2. Concilio de Constantinopla I    (año 381)

3. Concilio de Éfeso   (año 431)

4. Concilio de Calcedonia     (año 451)

5. Concilio de Constantinopla II    (año 553)

 

Históricamente las reuniones conciliares aparecen en la vida de la Iglesia como una proyección inmediata de la communio intraeclesial. Desde mediados del siglo I comienzan a desarrollarse diversos instrumentos de comunión entre las distintas Iglesias: correspondencia epistolar, visitas episcopales y reuniones de obispos y presbíteros.

De estas últimas tenemos ya un antecedente de cierta relevancia en la que tiene lugar el año 49 por el grupo «de los Doce» y los presbíteros de Jerusalén sobre la comida de las carnes inmoladas a los ídolos y la observancia de algunos preceptos de la Torah (Hch 15,22ss.). 

 

Comienzos y tipologías de la actividad conciliar

Las reuniones de tipo conciliar estarán motivadas por cuestiones de fe o de disciplina que afectan a comunidades cristianas de un determinado territorio. Se ha podido constatar que los primeros concilios se convocan como reacción frente al montanismo.

Así nos lo atestigua Eusebio de Cesárea, que nos habla de una reunión de 26 obispos, entre los años 160 y 180,  en torno a su colega de Hierápolis (Historia EccIesiastica, V, 16, 10). También a finales del siglo II la controversia sobre la fecha de la Pascua genera la celebración de algunos sínodos en Roma, el Ponto, las Galias y Egipto (ibid., V, 23, 2).

 

 

Durante el siglo III esta actividad conciliar tendrá un incremento considerable debido especialmente a los efectos de las grandes persecuciones de Decio (249-250) y Diocleciano (303-305).  San Cipriano celebrará cuatro concilios en Cartago, una vez finalizada la persecución, para decidir sobre la situación eclesial de los lapsi. Algunos autores sostienen que el Concilio de Elvira (Ilíberis/Iliberri) debió de reunirse poco después de acabar la persecución de Diocleciano, aunque no se sabe con certeza la data, las hipótesis suelen oscilar entre el año 295 y el 326.

También se han presentado dudas sobre su naturaleza, puesto que el elevado número de sus cánones (81) ha hecho pensar a algunos estudiosos que se trata más bien de una colección canónica. Pero, aún dejando de lado las disquisiciones eruditas, todos admiten la gran influencia que tuvo este Concilio al figurar sus decretos en la Hispana y en otras colecciones canónicas posteriores. Especialmente relevante será su canon 33 que prohibirá el uso del matrimonio a los obispos, presbíteros y diáconos.

A partir de la conversión de Constantino a comienzos del siglo IV se consolida el papel de la Iglesia dentro del Imperio romano, y por lo que se refiere a la historia de los concilios aparece por primera vez la institución que se ha venido en llamar «concilio ecuménico». El nombre de ecuménico deriva de oikumene, nombre geográfico que abarcaba todo el territorio del Imperio romano.

 

 

Estas asambleas episcopales tenían también la particularidad de ser convocadas por los emperadores romano-cristianos. Posteriormente, y ya en ámbito eclesiástico, la palabra «ecuménico» designaba la unidad de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente durante el primer milenio. De ahí que los concilios que reciben esta denominación se consideren virtualmente «universales».

Durante la Alta Edad Media se lleva a cabo la conversión de los pueblos germánicos y con este motivo comienzan a realizarse concilios de carácter nacional dentro de algunos reinos germánicos, como los celebrados en la Hispania visigótica y en la Galia de los francos. En el reino visigótico serán famosos los concilios de Toledo. Tenían estos sínodos la peculiaridad de ser asambleas conjuntas de obispos y de nobles, que legislaban sobre asuntos eclesiásticos y civiles.

De ellos el III de Toledo (589) destacará por ser el que establece oficialmente la conversión de los visigodos al catolicismo, y porque declara en sus actas la procesión del Espíritu Santo citando expresamente el Filioque. En la Galia carolingia merece una mención especial el Concilio de Francfort (794), que condenará el adopcionismo de Elipando de Toledo y Félix de Urgel y dará una serie de disposiciones sobre el culto de las imágenes.

 

 

En síntesis, podemos hablar de la configuración histórica de tres tipos de concilios, según la mayor o menor extensión de las sedes episcopales en ellos representadas:

a) Provinciales o regionales,

b) nacionales,

c) ecuménicos o universales. 

Nos ocuparemos del último grupo, desde el concilio de Nicea (325) hasta el de Constantinopla II (553) inclusive.

 

> Concilio de Nicea I (325)

> Concilio de Constantinopla I (381)

> Concilio de Éfeso (431)

> Concilio de Calcedonia (451)

> Concilio de Constantinopla II (553)

 

 

by Domingo Ramos Lisson, www.primeroscristianos.com

 

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