San Ambrosio, obispo de Milán (nacido en Tréveris hacia el año 340 y fallecido en Milán en el 397), quien introdujo en occidente la lectura meditada de las Escrituras.

 

Benedicto XVI presenta la figura de San Ambrosio de Milán

“Anunciar la fe es testimonio de vida; no hacer teatro”

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 24 octubre 2007

Para Benedicto XVI el anuncio de la fe es inseparable del testimonio de vida, pues no es creíble cuando el cristiano parece un actor que se limita a recitar un papel.

Así lo explicó este miércoles a los más de 30 mil peregrinos que participaron en la audiencia general en la plaza de San Pedro, a quienes aclaró que el buen discípulo de Jesús es quien presenta de manera creíble el Evangelio.

El pontífice llegó a esta conclusión al presentar el ejemplo de san Ambrosio, obispo de Milán (nacido en Tréveris hacia el año 340 y fallecido en Milán en el 397), quien introdujo en occidente la lectura meditada de las Escrituras, para hacer que penetre en el corazón, algo que hoy se conoce con el nombre de «lectio divina».

«Es evidente que el testimonio personal del predicador y la ejemplaridad de la comunidad cristiana condicionan la eficacia de la predicación», afirmó el Papa.

Por este motivo, siguió diciendo, «la catequesis es inseparable del testimonio de vida».

Citando el libro de más éxito que Joseph Ratzinger escribió como teólogo, «Introducción al cristianismo», afirmó: «Quien educa en la fe no puede correr el riesgo de presentarse como una especie de “clown”, que recita un papel “por oficio”».

«Tiene que ser como el discípulo amado, que apoyó la cabeza en el corazón del Maestro, y allí aprendió la manera de pensar, de hablar, de actuar», afirmó.

San Ambrosio de Milán, presentado por Benedicto XVI 1