¿Sabes quién era San Buenaventura?

Nació en Bagnoreggio (Italia) en 1217. Ingresó en la orden franciscana, destacando enseguida por su capacidad intelectual. Fue profesor en la universidad de París y prolífico escritor de tratados filosóficos, teológicos y espirituales. Elegido Superior general de la Orden, su gobierno fue decisivo para la pacificación interna y el florecimiento apostólico de los hijos de san Francisco. En los últimos años de su vida fue nombrado obispo y cardenal de Albano. Murióen 1274, durante la celebración del II Concilio de Lyon.

Benedicto XVI presenta la figura de San Buenaventura, un santo “particularmente querido”

Contribuyó a la “armonía entre fe y cultura” en la Europa del siglo XIII

CIUDAD DEL VATICANO, 3 de marzo 2010 (VIS).-

En la catequesis de la audiencia general, Benedicto XVI habló de San Buenaventura, una figura “especialmente grata a mí por los estudios que realicé sobre él durante mi juventud”, dijo el Papa.

Buenaventura, nacido hacia el año 1217 en la ciudad italiana de Bagnoregio y muerto en 1274, fue uno de los grandes personajes que contribuyó a la “armonía entre fe y cultura” en la Europa del siglo XIII. Era “hombre de acción y contemplación, de profunda piedad y prudencia en el gobierno”.

Bautizado con el nombre de Juan da Fidanza, una grave enfermedad en su juventud lo llevó a las puertas de la muerte. Su madre lo encomendó a Francisco de Asís, canonizado pocos años antes y Juan sanó. Ese hecho marcará toda su vida.

Durante su formación en París, donde estudiaría Teología, decidió ingresar en un convento franciscano, tomando el nombre de Buenaventura. En los primeros años de vida religiosa destacó por su conocimiento de la Sagrada Escritura, de las Sentencias de Pedro Lombardo y de los más grandes teólogos de su época.

“La perfección evangélica” es la respuesta de Buenaventura a la polémica desatada contra las Órdenes Menores, de las que se ponía en entredicho el derecho a enseñar en las universidades e incluso la autenticidad de su vida consagrada. En ese texto, el santo  demuestra “cómo las Órdenes Menores, especialmente los Frailes Menores, practicando los votos de pobreza, castidad y obediencia, seguían los consejos del mismo Evangelio“, explicó el Papa.

“Más allá de aquellas circunstancias históricas, la enseñanza de Buenaventura en su obra y su vida es siempre actual”, recalcó el Santo Padre. “La Iglesia es más luminosa y hermosa gracias a la fidelidad a la vocación de sus hijos e hijas, que no sólo ponen en práctica los preceptos evangélicos, sino que, por la gracia de Dios, están llamados a seguir sus consejos y atestiguan así con su estilo de vida pobre, casto y obediente, que el Evangelio es fuente de alegría y perfección”.

Cuando en 1257 Buenaventura es elegido Ministro General de su Orden, los franciscanos son en todo el mundo 30.000, la mayor parte en Europa, pero también en África del Norte, Oriente Medio y China. “Era necesario consolidar esta expansión y sobre todo otorgarle, en plena fidelidad al carisma de Francisco, unidad de acción y de espíritu”, porque “entre los seguidores del santo de Asís había diversos modos de interpretar su mensaje y existía realmente el peligro de una fractura interna”.

Para preservar el carisma auténtico de Francisco, de su vida y su enseñanza, Buenaventura “recogió con gran cuidado los documentos concernientes al Pobrecillo y escuchó con atención los recuerdos de quien lo había conocido personalmente”. Nació así la “Legenda Maior”, considerada la biografía mas documentada del santo de Asís.

Buenaventura presenta a Francisco como “un hombre que buscó apasionadamente a Cristo” y que “en el amor que lleva a la imitación, se conformó enteramente a Él”. El teólogo de Bagnoregio propone “este ideal vivo a todos los seguidores de Francisco”.

“Ese ideal, válido para todos los cristianos, ayer,hoy y siempre, ha sido también indicado como programa de la Iglesia para el Tercer Milenio por Juan Pablo II“, dijo Benedicto XVI.

Casi al final de su vida Buenaventura es consagrado obispo y nombrado cardenal por el Papa Gregorio X, que le encarga la preparación del Concilio de Lión, que trataría de la reunificación de la Iglesia Latina y Griega, pero el santo no pudo llegar a ver la conclusión del mismo porque murió durante su celebración.

El Papa concluyó la biografía del santo doctor de la Iglesia invitando a recoger su herencia, que “recuerda el sentido de la vida con estas palabras: “En la tierra podemos contemplar la inmensidad divina mediante el razonamiento y la admiración; en la patria celeste, en cambio, mediante la visión, cuando seremos hechos semejantes a Dios y mediante el éxtasis entraremos en el gozo de Dios”.

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Benedicto XVI pone a san Buenaventura como modelo de gobierno prudente en la Iglesia

El Papa afirma que la historia “es un camino de progreso”

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 10 de marzo de 2010 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI advierte durante la audiencia general de ese miércoles ante la tentación que también se experimenta en algunos sectores de la Iglesia de vivir el “utopismo espiritualista”, que se opone a la noción de jerarquía en la Iglesia y que acaba cayendo en un “utopismo anárquico”.

El Papa había dedicado la semana precedente una primera catequesis a la vida de san Buenaventura, a quien dedicó su tesis de habilitación para la enseñanza universitaria en Alemania, mientras que en esta segunda ocasión se centró en su enseñanza, en particular durante su etapa como ministro general de la Orden franciscana.

En ese período, fue elegido en 1257, el santo teólogo tuvo que afrontar la corriente de los “franciscanos espirituales”, que, influidos por los escritos del abad Joaquín de Fiore e interpretando mal la figura de san Francisco, entendieron que había “terminado” el tiempo de la “Iglesia jerárquica”, y que se había inaugurado el “tiempo del Espíritu”.

También en la época actual, se repite este “utopismo espiritualista”, consideró el obispo de Roma. “Sabemos de hecho que tras el Concilio Vaticano II algunos estaban convencidos de que todo fuese nuevo, que hubiese otra Iglesia, que la Iglesia preconciliar hubiese acabado y que tendríamos otra, totalmente “otra””.

“¡Un utopismo anárquico! Y gracias a Dios los sabios timoneles de la barca de Pedro, el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II, por una parte defendieron la novedad del Concilio y por la otra, al mismo tiempo, defendieron la unicidad y la continuidad de la Iglesia, que es siempre Iglesia de pecadores y siempre lugar de Gracia”, señaló.

El Papa mostró cómo san Buenaventura ofreció una respuesta a los “espiritualistas”, rechazando las propuestas de Joaquín de Fiore y fundamentando una visión teológica de la historia, en la que Cristo es el “centro” y no el “final”.

La historia “es una, aunque es un camino, y un camino de progreso“. Esto, subrayó el obispo de Roma, “no significa que la Iglesia está inmóvil, fija en el pasado y no pueda haber novedades en ella: las obras de Cristo no van atrás, no disminuyen, sino que progresan”.

Segúnreconoció, “también hoy existen visiones según las cuales toda la historia de la Iglesia en el segundo milenio habría sido un ocaso permanente; algunos ven el ocaso inmediatamente después del Nuevo Testamento”.

En realidad, “las obras de Cristo no van hacia atrás, sino que progresan. ¿Qué sería la Iglesia sin la nueva espiritualidad de los cistercienses, de los franciscanos y dominicos, de la espiritualidad de santa Teresa de Ávila y de san Juan de la Cruz, etc.?”, se preguntó.

“San Buenaventura nos enseña el conjunto del necesario discernimiento, también severo, del realismo sobrio y de la apertura a los nuevos carismas dados por Cristo, en el Espíritu Santo, a su Iglesia”.

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Buenaventura y Tomás de Aquino, dos vías hacia Dios, según el Papa Benedicto XVI

Prosigue su catequesis sobre el pensamiento del santo de Bagnoregio

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 17 de marzo de 2010 (ZENIT.org).-

En la primera Audiencia general de este año celebrada en la Plaza de San Pedro, ante unos once mil peregrinos, el Papa Benedicto XVI subrayó la complementariedad de san Buenaventura de Bagnoregio y santo Tomás de Aquino al conducir a Dios.

“Ambos escrutaron los misterios de la Revelación – afirmó el Papa durante la catequesis – valorando los recursos de la razón humana, en ese fecundo diálogo entre fe y razón que caracteriza al Medioevo cristiano, convirtiéndola en una época de gran vivacidad intelectual, ademas que de fe y de renovación eclesial, a menudo no evidenciada lo suficiente”.

Tanto Buenaventura, franciscano, como Tomás, dominico, pertenecían además a las Órdenes Mendicantes, que “con su frescura espiritual” “renovaron en el siglo XIII la Iglesia entera y atrajeron muchos seguidores”.

“Los dos sirvieron a la Iglesia con diligencia, con pasión y con amor, hasta el punto que fueron invitados a participar en el Concilio Ecuménico de Lyon de 1274, el mismo año en que murieron: Tomás mientras se dirigía a Lyon, Buenaventura durante la celebración del mismo Concilio”.

También en la Plaza de San Pedro, las estatuas de los dos santos están paralelas, colocadas precisamente al principio de la Columnata, partiendo desde la fachada de la Basílica Vaticana: una en el Brazo de laizquierda y la otra en el Brazo de la derecha.

Miradas distintas

A pesar de esas similitudes, reveló el Papa, en ambos hay “dos aproximaciones distintas a la investigación filosófica y teológica, que muestran la originalidad y la profundidad de pensamiento de uno y del otro”.

Una primera diferencia concierne al concepto de teología, si se trata de una ciencia práctica o de una ciencia teórica y especulativa.

Buenaventura, en cambio, “extiende la alternativa entre teórica (primacía del conocimiento) y práctica (primacía de la praxis), añadiendo una tercera actitud, que llama “sapiencial”, afirmando que la sabiduría abraza ambos aspectos”.Tomás de Aquino, explicó el Papa, pensaba que la teología “implica ambos aspectos: es teórica, intenta conocer a Dios cada vez más, y es práctica: intenta orientar nuestra vida al bien. Pero hay una primacía del conocimiento: debemos sobre todo conocer a Dios, después viene el actuar según Dios”.

“La fe está en el intelecto, de manera tal que provoca el afecto. Por ejemplo: conocer que Cristo murió “por nosotros” no se queda en conocimiento, sino que se convierte necesariamente en afecto, en amor”, añadió el Papa, citando al santo franciscano.

Otra distinción es el fin último del hombre, que aunque ambos afirman “ver a Dios”, para santo Tomás es “lo verdadero” y para san Buenaventura es “el bien”.

Sin embargo, afirmó Benedicto XVI, “sería erróneo ver en estas dos respuestas una contradicción. Para ambos lo verdadero es también el bien, y el bien es también lo verdadero; ver a Dios es amar y amar es ver. Se trata por tanto de acentos distintos de una visión fundamentalmente común”.

“Ambos acentos han formado tradiciones diversas y espiritualidades diversas y así han mostrado la fecundidad de la fe, una en la diversidad de sus expresiones”, añadió.

Espiritualidad franciscana

Prosiguiendo Benedicto XVI con sus enseñanzas sobre san Buenaventura, pensador muy querido para él y al que con la de hoy dedica ya tres catequesis, subrayó el acento de éste en la “primacía del amor”, punto clave de la espiritualidad franciscana.

“El amor se extiende más allá de la razón, ve más, entra más profundamente en el misterio de Dios. San Buenaventura quedó fascinado por esta visión”, explicó el Papa.

“Precisamente en la noche oscura de la Cruz aparece toda la grandeza del amor divino; donde la razón ya no ve más, ve el amor”, añadió, punto sobre el que el santo desarrolló toda una “teología de la Cruz”.

“San Buenaventura se coloca en los inicios de una gran corriente mística, que ha elevado y purificado mucho la mente humana: es un culmen en la historia del espíritu humano”, subrayó.