29 de mayo, hoy celebramos san Pablo VI

La memoria en el calendario de la Iglesia ha quedado fijada en el día de la ordenación sacerdotal del pontífice, ya que murió el día de la Transfiguración.

Este 29 de mayo de 2019 se celebró por primera vez la fiesta de san Pablo VI. Es el día que el papa Francisco ha reservado para celebrar esta memoria litúrgica, según el Decreto publicado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos fechado el 25 de enero de 2019. Una cita que conmemora la fecha de su ordenación presbiteral tal día como hoy de 1920, ya que el 6 de agosto, día de su muerte en el palacio de Castelgandolfo, es la fiesta de la Transfiguración del Señor.

El retrato que los textos litúrgicos hacen del papa del diálogo y de la modernidad. El papa del concilio y el papa de la paz.

El apóstol valiente

El papa santo es definido en la oración de la misa como “apóstol valiente del Evangelio”. Algo que demostró en su impulso al Vaticano II y en el desarrollo de las reformas posteriores.

Un espíritu evangelizador que Montini promocionó con su Magisterio, por eso la oración concluye pidiendo que “iluminados por sus enseñanzas, podamos cooperar contigo para difundir en el mundo la civilización del amor”.

El papa del Vaticano II

Como lectura para los textos del oficio de la Liturgia de las Horas se han seleccionado algunos párrafos de la homilía al final de la última de las 4 sesiones del concilio Vaticano II el 7 de diciembre de 1965. El título es elocuente: “Para conocer a Dios necesitamos conocer al hombre”.

“La Iglesia del Concilio, sí, se ha preocupado mucho no sólo de sí misma y de la relación que la une a Dios, sino también del hombre, del hombre tal como es hoy en día en la realidad: el hombre vivo, el hombre completamente ocupado de sí mismo, el hombre que sólo se convierte en el centro de todo interés, pero que se atreve a decir que él es el principio y la razón de toda realidad”, decía el Papa entonces.

Atravesando fronteras

Pablo VI, dijo Francisco durante la homilía de la canonización, “gastó su vida por el Evangelio de Cristo, atravesando nuevas fronteras y convirtiéndose en su testigo con el anuncio y el diálogo, profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres” como el apóstol Pablo.

“Pablo VI, aun en medio de dificultades e incomprensiones, testimonió de una manera apasionada la belleza y la alegría de seguir totalmente a Jesús. También hoy nos exhorta, junto con el Concilio del que fue sabio timonel, a vivir nuestra vocación común: la vocación universal a la santidad. No a medias, sino a la santidad”, insistió.