"Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Entonces los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor! Y él les dijo: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y no pongo mi dedo en el lugar de los clavos, y no pongo mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después los discípulos estaban en casa de nuevo y Tomás estaba con ellos.
Jesús se acercó, a puerta cerrada, se detuvo en medio de ellos y les dijo: "¡Paz a vosotros! Entonces dijo a Tomás: "Pon tu dedo aquí y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado; y ya no seas incrédulo, sino creyente. Tomás respondió: "¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: "Porque tú me has visto, tú has creído, bienaventurados los que, aunque no me hayan visto, creerán". (Jn 20. 24 - 29)
El nombre Tomás en arameo significa "mellizo" y el apodo con el que se conocía al apóstol -Dídimo- en griego tiene el mismo significado. No sabemos, sin embargo, si Santo Tomás, quizás un pescador y uno de los primeros en dejarlo todo para seguir a Jesús, tenía un hermano. Venerado como santo por católicos, ortodoxos y coptos, sus restos se encuentran en la iglesia de Ortona dedicada a él.
La historia de Tomás en el Evangelio
Por lo general, cuando hablamos de Santo Tomás, empezamos por el final: desde que, es decir, después de la Resurrección, no está presente en la aparición de Jesús a los apóstoles, no creerá lo que le digan. Pero esto no debe llevar a pensar que Tomás es un creyente tibio o, peor aún, un pecador.
Es sólo un hombre cuya fe profunda, sin embargo, es puesta a prueba por la vida y no la esconde: expresa sus dudas, le hace a Cristo las preguntas que ocupan su corazón. Cuando, por ejemplo, Jesús quiere volver a Betania, donde murió su amigo Lázaro y los discípulos tienen miedo porque en Judea el clima no es nada favorable, es Tomás quien no tiene dudas, hasta el punto de decir: "Vayamos a morir con él".
Ya en la Última Cena, cuando Cristo nos dice que preparemos un lugar para todos en la Casa del Padre, Tomás se desorienta, le pregunta al Señor adónde va y cómo se puede conocer ese camino y entonces Jesús le responde: "Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida".
La incredulidad del apóstol: uno de nosotros
Y así llegamos al conocido episodio de la incredulidad de Tomás. Toda la comunidad de los apóstoles se estremece por la pérdida de Jesús y la violencia de su muerte, pero Jesús resucitó y se aparece inmediatamente a los suyos para tranquilizarlos.
Tomás no está allí y no cree en la historia de los demás: tal vez por su terquedad innata, tal vez porque lamenta no haber estado presente, pero exige tocar con sus propias manos las heridas de los clavos y las de su costado. Es un hombre, después de todo. Jesús lo satisface, regresando ocho días después.
Tomás le creyó inmediatamente, hasta el punto de que le llamó "Señor mío y Dios mío", como nadie lo había hecho antes. Jesús, finalmente, hace una promesa que es para toda la humanidad, hasta el fin de los tiempos: "Bienaventurados los que, aunque no hayan visto, creen".
Misión hasta los confines de la tierra
Se entiende que Tomás no era muy culto, pero ciertamente lo compensó con el inmenso amor que sentía por Jesús. Según la tradición, le tocó a él evangelizar Siria y luego la ciudad de Edesa, desde donde se trasladó para fundar la primera comunidad cristiana de Babilonia, en Mesopotamia, donde permaneció durante siete años, cuando se embarcó para la India.
Desde Muziris, donde ya existe una próspera comunidad judía que en poco tiempo se hizo cristiana, viajó por todo el país hasta llegar a China, impulsado siempre y sólo por amor al Evangelio. De vuelta en la India, tuvo una muerte de mártir, atravesado por una lanza en la actual Chennai, el 3 de julio del año 72.
Ubicado en Kazajistán, un país marcado por décadas de represión religiosa, el santuario —erigido con la bendición del arzobispo Tomasz Peta y el apoyo del obispo auxiliar Athanasius Schneider— se integra en una red internacional centrada en el icono de María, Madre de los Cristianos Perseguidos.
El 20 de junio fue inaugurado en la Iglesia de Nuestra Madre del Perpetuo Socorro, en la capital kazaja Astaná, un santuario mariano dedicado a los cristianos perseguidos. Es el sexto centro de oración establecido por la organización estadounidense Nasarean.org y el primero en Asia Central.
Durante la homilía de la inauguración, el obispo Schneider recordó las palabras de san Juan Pablo II durante su visita a Astaná en 2001, cuando habló de las «pruebas indecibles» sufridas por quienes «eligieron no renegar de su fe».
Esta iniciativa, lanzada en 2018, invita a diócesis de todo el mundo a acoger un icono pintado por la monja melquita libanesa Souraya Herro, inspirado en la imagen tradicional de la «Madre de la Ternura». La obra incluye la inscripción aramea «Madre de los Perseguidos», conectando el sufrimiento de la Iglesia actual con la lengua de Cristo y los mártires de los primeros siglos. Cada santuario es inaugurado con la bendición episcopal y se convierte en un hogar espiritual de oración y comunión con los cristianos perseguidos en todo el mundo.
Kazajistán —una nación extensa y poco poblada, situada entre Rusia y China— reviste un simbolismo especial dentro de este proyecto. Bajo el régimen comunista, fue uno de los principales enclaves del sistema soviético de gulags, donde millones de personas fueron encarceladas, entre ellas numerosos clérigos, religiosas y fieles laicos.
Un testimonio silencioso pero firme
Desde la década de 1930, grupos étnicos enteros fueron deportados forzosamente a Kazajistán, incluyendo alemanes, polacos, ucranianos y bálticos, muchos de ellos católicos u ortodoxos. La práctica religiosa fue criminalizada, los templos clausurados o transformados y los sacramentos celebrados en la clandestinidad.
Entre los afectados estuvo la familia del obispo Schneider, nacido en 1961 en el seno de una familia católica alemana exiliada en los Urales. Criado en la Iglesia subterránea, participó en liturgias secretas y vivió en carne propia la resistencia espiritual, experiencia que ha marcado su ministerio y su respaldo a este nuevo santuario.
Desde su independencia en 1991, Kazajistán reconoce oficialmente la libertad religiosa, aunque en la práctica persisten importantes restricciones. Aproximadamente el 70 % de la población profesa el islam, mientras que los cristianos —en su mayoría ortodoxos rusos— representan un 26 %. Los católicos son una minoría, pero mantienen una presencia activa mediante escuelas, parroquias y obras de caridad.
En 2022, el Papa Francisco visitó el país con motivo del Congreso de Líderes de Religiones Mundiales y Tradicionales, fomentando la libertad religiosa, el diálogo interreligioso y la convivencia pacífica. Su visita también quiso destacar el papel constante, aunque discreto, de la Iglesia católica en Asia Central.
Obstáculos persistentes a la libertad religiosa
Pese a ciertos avances, los cristianos en Kazajistán —especialmente los conversos del islam— enfrentan todavía grandes desafíos. En su lista «World Watch 2024», la organización Puertas Abiertas situó a Kazajistán en el puesto 38 entre los países donde ser cristiano resulta más difícil, junto a otras naciones de Asia Central como Uzbekistán y Tayikistán.
La asociación denunció que los conversos sufren rechazo social y familiar, abusos físicos e incluso arresto domiciliario o matrimonios forzados. Las mujeres son particularmente vulnerables en zonas rurales, donde padecen acoso, violencia e incluso secuestros matrimoniales. Los hombres, por su parte, son objeto de vigilancia estatal, restricciones de movilidad y extorsiones, sobre todo en el ámbito empresarial.
Estas dinámicas se ven agravadas por la restrictiva Ley de Religión de 2011, que impone duras condiciones de registro, limita el culto público y prohíbe la actividad religiosa no registrada. Puertas Abiertas informa que, si bien las comunidades ortodoxas rusas suelen evitar interferencias, los grupos católicos y protestantes que evangelizan abiertamente son objeto de vigilancia, redadas y procesos judiciales.
En 2017, la Comisión de Estados Unidos sobre Libertad Religiosa Internacional señaló que 20 personas fueron encarceladas en Kazajistán por expresar pacíficamente su fe. Un informe de 2018 del observatorio noruego Forum 18, tras 15 años de seguimiento, describió el clima religioso del país como fundamentalmente represivo, pese a los discursos oficiales.
Una red creciente de oración
El icono de María, Madre de los Cristianos Perseguidos, ya ha sido entronizado en cinco ciudades occidentales: Nueva York, Londres, Estocolmo, Clinton (Massachusetts) y Lander (Wyoming). Mientras estas localizaciones reflejan una creciente indiferencia espiritual en Occidente, Kazajistán representa una tierra donde la opresión ha sido vivida y, en algunos casos, aún persiste.
En 2023, durante la inauguración del santuario de Estocolmo, el padre Benedict Kiely —fundador de Nasarean.org— lamentó que muchos católicos en Occidente desconocen la magnitud de la persecución cristiana en el mundo y tienden a centrarse cada vez más en cuestiones sociales o medioambientales.
«La Sagrada Escritura nos dice claramente que si una parte del Cuerpo sufre, todo el Cuerpo sufre», declaró al Register, subrayando la importancia de la solidaridad espiritual. Actualmente, se encuentran en preparación tres nuevos santuarios, como parte de la visión del padre Kiely de crear una auténtica cadena global de intercesión, unida por una sola imagen y una sola intención: la oración por los cristianos perseguidos.
En Kazajistán, donde la fe ha sobrevivido al silencio y al exilio, la entronización de este icono recupera una memoria largamente silenciada. Honra a quienes permanecieron fieles en medio de la represión y extiende el consuelo de la Iglesia a quienes siguen pagando el precio del discipulado de Cristo —muchas veces en la oscuridad, pero ya no en soledad.
Descubierta, bajo el agua, una basílica de hace 1500 años en Turquía
Un equipo de arqueólogos en Turquía asegura haber identificado las ruinas sumergidas de una basílica bizantina como el lugar donde tuvo lugar uno de los eventos más trascendentales del cristianismo primitivo: el Primer Concilio de Nicea del año 325 d. C. Las ruinas se encuentran bajo las aguas del lago İznik, en la actual provincia turca de Bursa, y se corresponderían con la llamada basílica de San Neófito, que se descubrió en 2014 mediante fotografía aérea.
Este hallazgo, de confirmarse, no solo tendría un enorme valor histórico y religioso, sino que también reconfiguraría las coordenadas arqueológicas de uno de los hitos fundacionales de la Iglesia cristiana.
El hallazgo de una basílica sumergida
La estructura se localizó en las aguas poco profundas del lago İznik, conocido en la antigüedad como lago Ascanius, a unos 20 metros de la orilla y a solo dos metros de profundidad. Su descubrimiento se produjo de forma fortuita durante una prospección aérea realizada por el Consejo de Monumentos de Bursa en 2014. Desde el principio, los investigadores se sorprendieron por el notable estado de conservación de la base de la iglesia, visible incluso desde el aire.
La basílica, cuya planta mide unos 20 metros de longitud, presenta un diseño de tres naves, típico de las iglesias bizantinas del período paleocristiano. Desde entonces, el sitio arqueológico se ha sometido a múltiples estudios geofísicos y arqueológicos, incluyendo prospecciones por medio de tomografía de resistividad eléctrica (ERT), para comprender tanto su cronología como las causas de su colapso y sumersión.
¿Un lugar clave en la historia del cristianismo?
La principal hipótesis planteada recientemente por los arqueólogos turcos es que esta iglesia sumergida podría haber sido el lugar exacto donde se celebró el Primer Concilio de Nicea en el año 325 d. C. Convocado por el emperador Constantino, este concilio, que reunió a más de 300 obispos cristianos, fue un punto de inflexión en la historia de la Iglesia. En él se definió por primera vez de manera oficial la doctrina de la Trinidad y se redactó el llamado Credo Niceno, aún hoy recitado en muchas liturgias cristianas.
Aunque, hasta ahora, no se conocía con certeza el lugar específico donde se celebró dicho concilio, los arqueólogos que investigan la basílica bajo el lago İznik creen haber hallado evidencias circunstanciales que podrían sostener esta interpretación. Según declaró a la prensa internacional el profesor Mustafa Şahin, que lidera las excavaciones, los datos históricos y arquitectónicos, así como la ubicación estratégica de la iglesia, apuntan a una función especial dentro del conjunto urbano de la antigua Nicea.
La basílica de San Neófito: historia y características arquitectónicas
Desde el punto de vista arquitectónico, la iglesia presentaba una estructura en tres naves. Los muros robustos, según las imágenes subacuáticas disponibles, no muestran signos visibles de haber colapsado por efecto de un terremoto. Esta observación resulta crucial para evaluar las posibles causas que produjeron su desaparición bajo las aguas.
Los investigadores estiman que la basílica tiene unos 1600 años de antigüedad, lo que la situaría en torno al siglo IV d. C., coincidiendo con el período posterior al concilio. Este dato refuerza la posibilidad de que el edificio se construyera para conmemorar el evento o incluso sobre el mismo lugar de celebración del concilio.
¿Terremoto o ascenso del nivel del lago?
En un principio, se asumió que la basílica había colapsado como consecuencia del devastador terremoto que afectó la región en el año 740 d. C. Sin embargo, los resultados obtenidos a través de la tomografía de resistividad eléctrica, así como los análisis geológicos del entorno, apuntan a una explicación alternativa: el ascenso paulatino del nivel del lago a lo largo de los siglos.
La basílica se construyó sobre unas formaciones naturales conocidas como rocas de playa, que emergen en las orillas del lago durante los períodos de bajo nivel hídrico. El estudio geofísico reveló la presencia de una capa de estas rocas de alta resistencia eléctrica (121–153 ohm.m), inclinada hacia el lago, a unos dos metros de profundidad bajo el suelo.
Este tipo de formaciones geológicas, que se asocian a los períodos climáticos áridos, habría ofrecido una base firme para la construcción de la iglesia. Sin embargo, el retorno a fases climáticas húmedas pudo haber incrementado los niveles de agua del lago. Así, este cambio habría propiciado la inundación progresiva de la iglesia sin que esta llegara a sufrir daños estructurales. Este hallazgo, por tanto, refuta en parte la hipótesis del terremoto como causa principal del hundimiento. Según el equipo científico, la inclinación regular de las capas y la ausencia de deformaciones tectónicas visibles en el lugar descartan una destrucción sísmica directa.
Un lugar sagrado olvidado bajo el agua
San Neófito, a quien estaba dedicada la basílica, fue un mártir cristiano asesinado en tiempos del emperador Diocleciano (r. 284–305 d. C.), durante una de las últimas y más sangrientas persecuciones contra los cristianos en el Imperio romano. La dedicación del templo a este santo sugiere una fuerte conexión espiritual con los primeros tiempos del cristianismo en la región.
En este sentido, la elección del lugar para edificar la iglesia no habría sido fruto de la casualidad. Nicea (la actual İznik) fue, además del lugar en el que se celebró el famoso concilio, una de las ciudades más importantes del cristianismo oriental durante la antigüedad tardía y el período bizantino temprano.
Implicaciones del descubrimiento y perspectivas futuras
Si bien aún no se ha demostrado de forma concluyente que la basílica sumergida albergó el Concilio de Nicea, la hipótesis abre nuevas líneas de investigación histórica y arqueológica. En palabras de los arqueólogos, se requieren más estudios estratigráficos, excavaciones controladas y análisis comparativos con otras iglesias conciliares de época constantiniana.
Mientras tanto, las autoridades turcas ya han expresado su intención de proteger el sitio. La intervención podría incluir la creación de un museo subacuático que permitiría a los visitantes bucear entre las ruinas de la basílica. De concretarse, el lago İznik se convertiría en uno de los pocos lugares del mundo donde contemplar los restos de una iglesia paleocristiana bajo el agua.
El descubrimiento de la basílica sumergida de San Neófito en el lago İznik, por tanto, constituye uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos años en el ámbito del cristianismo antiguo. Si las hipótesis actuales se confirman, este templo no solo sería un testimonio material de la fe de los primeros cristianos, sino también el escenario real de uno de los momentos fundacionales de la Iglesia.
La película está protagonizada por Jim Caviezel como San Lucas
La historia se sitúa durante la prisión que sufrió San Pablo en Roma, mientras espera su ejecución por orden del emperador Nerón. Al ambicioso prefecto de la prisión, Mauricio, le cuesta imaginar qué clase de peligro puede ser San Pablo, cuya fe inquieta a Roma.
Con ayuda de Lucas, San Pablo consigue sacar de la cárcel algunas cartas para la creciente comunidad de creyentes que, a pesar de la inhumana persecución que afrontan por parte de Nerón, serán capaces de difundir el Evangelio y de cambiar el mundo.
Queremos recomendar el film “Pablo, el apóstol de Cristo”. Esta es la historia de dos hombres. Lucas, quien, como amigo y médico, arriesga su vida al entrar a Roma para visitar a Pablo, que está preso en la celda más oscura y sombría de la prisión del Emperador Nerón, decidido a terminar con los cristianos.
Antes de que se promulgue la sentencia de muerte de Pablo, Lucas decide escribir otro libro, uno que detalla los comienzos de «El Camino» y el nacimiento de lo que se conocerá después como la iglesia. Atado en cadenas, la lucha de Pablo es interna. Ha sobrevivido a lo inimaginable: flagelaciones, naufragios, hambre, lapidación, sed y frío, pero mientras espera su cita con la muerte, es perseguido por las sombras de sus acciones del pasado.
Solo en la oscuridad, se pregunta si es el fin de su labor… y si tiene la fuerza para terminar la carrera. Dos hombres luchan contra un Emperador obsesionado y la debilidad del espíritu humano para vivir el Evangelio de Jesucristo y difundir su mensaje al mundo.
James Faulkner, interpreta al Apóstol Pablo en el film.
Los creadores del film han hecho todo lo posible para mantenerse fieles a la Biblia en los detalles de la vida de Pablo y sus viajes; mientras que algunos personajes que interactúan con él durante la película son ficticios.
El rodaje en exteriores duró 30 días en la hermosa isla de Malta. El proceso para iniciar los rodajes duró varios años para el guionista y director Andrew Hyatt.
«Pablo siempre me ha parecido una figura fascinante», asegura Hyatt.
«Cuando pienso en la gracia y la misericordia de Dios, y en quién es la personificación exacta de eso, siempre es Pablo quien me viene a la mente. Alguien que pasa de ser básicamente el mayor perseguidor de los primeros cristianos a ser el mayor evangelizador de la historia del cristianismo».
A través de sus investigaciones, Hyatt y Berden descubrieron detalles sobre los últimos años de vida de Pablo que incorporaron a la historia, lo que se tradujo en que Lucas, el autor del Evangelio, se convirtiera en un personaje fundamental del filme.
Luego, con toda la documentación, consultaron con expertos, para asegurarse de que el mundo que habían creado —tanto los personajes bíblicos como aquellos inventados para contar la historia— ofrecían una imagen realista de la iglesia de los primeros cristianos en Roma durante el reinado de Nerón.
El guión despertó el interés de Josh Nadler, director de desarrollo, y de Rich Peluso, vicepresidente ejecutivo, de AFFIRM Films, una filial de Sony Pictures Entertainment.
«La película es universal. Para la gente de fe, es una afirmación importante y una representación interesante de los últimos días de vida de Pablo», opina. «Para los que no son cristianos, puede servir para recordarles las emociones más elevadas del espíritu humano, y algunas personas pueden, como consecuencia, sentirse impulsadas a llevar una vida mejor».
Un colosal éxito que abriría las puertas de Hollywood a las superproducciones de tema bíblico y popularizaría esa expresión latina.
En 1951, año en que se estrenó Quo Vadis, ocurrió un hecho que marcaría el cine de Hollywood durante esa década: la cadena CBS realizó en Nueva York la primera retransmisión pública de televisión en color.
Peter Ustinov y Patricia Laffan como Nerón y Popea en ‘Quo Vadis’, Mervyn LeRoy, 1951. (Silver Screen Collection/Getty Images)
De este modo, a la amenaza que ya suponía para los grandes estudios la expansión de los receptores de televisión entre la población, gracias a su abaratamiento tras la Segunda Guerra Mundial, se unía ahora un avance técnico que había sido uno de los principales reclamos de la industria del cine –el brillante Technicolor– para atraer masivamente al público a las salas.Quo Vadis surgió como respuesta a esa amenaza.
La poderosa Metro-Goldwyn-Mayer invirtió unos 7,5 millones de dólares en la producción de la película, la más cara hasta ese momento. Se emplearon unos 30.000 extras, el departamento de vestuario confeccionó 32.000 trajes (una cifra nunca superada) y se levantaron unos gigantescos decorados en Cinecittà, los estudios que paradójicamente había hecho construir Mussolini en 1937 para competir con el cine de Hollywood.
Fue el nacimiento del llamado “Hollywood del Tíber”, donde se rodarían otras superproducciones del cine histórico-bíblico como Ben-Hur (1959), Cleopatra (1963) o La caída del Imperio romano (1964).
El director de cine Mervyn LeRoy.Dominio público
Quo Vadis fue un éxito enorme, la película más taquillera del año y del propio estudio desde Lo que el viento se llevó (1939).
Recibió ocho nominaciones a los Óscar (curiosamente lo ganó otro filme de MGM, Un americano en París, donde también primaba la espectacularidad de su producción) y revitalizó el subgénero de las superproducciones bíblicas que había tenido su momento álgido durante el periodo mudo.
Taquillazos como La túnica sagrada (1953), Los diez mandamientos (1956) o la mencionada Ben-Hur nacieron al calor del impacto generado por la cinta dirigida por el aplicado artesano Mervyn LeRoy, un director hoy algo olvidado, responsable de otros éxitos de la MGM como las excelentes El puente de Waterloo (1940), Treinta segundos sobre Tokio (1944) o Mujercitas (1949).
La obra traspasó rápidamente las fronteras de Polonia, donde se había editado originalmente (fronteras históricas y sentimentales, ya que el país no existía desde hacía un siglo), y se expandió por todo el mundo como el fuego en la Roma incendiada por Nerón.
A comienzos del siglo XX, Quo Vadis se había traducido a más de treinta idiomas, con un extraordinario impacto en el ámbito anglosajón. Como culminación de este éxito, en 1905 Sienkiewicz recibió el premio Nobel, galardón instaurado cuatro años antes.
El autor, quien ya había alcanzado gran renombre gracias a su trilogía sobre la historia de Polonia –A sangre y fuego (1884), El diluvio (1886) y Un héroe polaco (1888)–, fue premiado por la academia sueca “por sus méritos sobresalientes como un escritor épico”.
El escritor polaco Henryk Sienkiewicz. Dominio públic0
La repercusión de Quo Vadis contribuyó enormemente a impulsar el interés de los lectores por el género de la novela histórica de tema romano-cristiano, que seguía muy vivo gracias a otro gran éxito reciente, Ben-Hur (Lewis Wallace, 1880).
Desde un punto de vista estilístico, la novela sirvió también como puente entre el romanticismo (Los últimos días de Pompeya, Fabiola) y la moderna ficción histórica, representada por novelas tan populares como Yo, Claudio (Robert Graves, 1934) o Memorias de Adriano (Marguerite Yourcenar, 1951).
Por supuesto, las adaptaciones cinematográficas no se hicieron esperar. Quo Vadis nació el mismo año que el cine. Hasta 1927, cuando apareció el sonido, se hicieron nada menos que siete versiones de la novela, la mayoría francesas e italianas, y algunas desaparecidas en la actualidad.
A destacar la de 1913, dirigida por Enrico Guazzoni, por ser una de las primeras superproducciones de la historia del cine; y la de 1924 (abajo), producida en la Italia fascista y dirigida por Gabriellino D’Annunzio, el hijo del célebre poeta decadentista.
La novela de Sienkiewicz narra la historia de la persecución de los primeros cristianos en la Roma de Nerón.
Además de las muchas licencias poéticas que se toma con respecto a los hechos históricos, el escritor polaco, ferviente nacionalista, deslizó una metáfora política sobre el sometimiento de su pueblo por alemanes, rusos y austriacos, quienes se habían repartido el país en 1795.
También es muy significativa la elección del suceso apócrifo de la aparición de Cristo al apóstol Pedro, donde le hace la célebre pregunta que da título a la novela: “Domine, quo vadis?” (“Señor, ¿dónde vas?”). Según la tradición, ese encuentro –que hizo que Pedro asumiera su propio martirio volviendo a Roma para ser apresado y crucificado– se produjo donde se ubica la iglesia Santa Maria delle Piante, más conocida en la actualidad como iglesia Domine Quo Vadis.
Lo interesante es que ese templo fue, durante el siglo XIX, el lugar de reunión de los llamados “resurrecionistas”, una congregación de exiliados polacos, muy numerosos en la Roma de la época, unidos por la fe católica y la esperanza por una pronta “resurrección” de la patria desaparecida.
Iglesia Domine Quo Vadis en Roma en una obra del siglo XIX. Dominio público
Este discurso nacionalista, apenas oculto entre bacanales y espectáculos circenses, se adaptó en la película de Hollywood al contexto de la época.
Estamos en la posguerra, por lo que no es difícil establecer un paralelismo entre la Roma imperial de la película y la Alemania nazi o la Italia fascista, entre Nerón y Hitler o Mussolini, entre la guardia pretoriana de Tigelino y los escuadrones de las SS o las camisas negras, y entre la persecución de los cristianos, a quienes se culpa del incendio de Roma, y la de los judíos por los nazis. Una interpretación favorecida también por el origen judío de Mervyn LeRoy y de dos de los guionistas del filme.
El legado de 'Quo Vadis'
El éxito de Quo Vadis no solo impulsó el género de las superproducciones de tema histórico-religioso y del péplum de serie B (el personaje de Urso tuvo su propia saga de películas reconvertido en el forzudo Ursus), sino que también contribuyó a la pervivencia de expresiones y tópicos asociados al filme, de mitos sobre la Roma imperial que han perdurado hasta la actualidad.
Un ejemplo es Nerón. Interpretado con brillante histrionismo (y falta de rigor histórico, ya que no hay pruebas de que ordenara incendiar Roma ni de su comportamiento tiránico) por el británico Peter Ustinov, el personaje se convirtió en un modelo a seguir para posteriores Nerones cinematográficos y, por extensión, para cualquier emperador romano al que se quisiera caracterizar como corrupto y depravado, como representante de la decadencia imperial romana (Calígula sería el máximo ejemplo).
Otro son las catacumbas. Debido al protagonismo en la película, estas se asociaron para siempre a la clandestinidad y la resistencia de los primeros cristianos, a pesar de que se sabía ya desde las investigaciones del arqueólogo Giovanni Battista de Rossi a mediados del siglo XIX que solo sirvieron como lugar de enterramiento, no para celebrar ritos ni reuniones secretas. De hecho, ni siquiera está clara la persecución de los cristianos por parte de Nerón, en una época donde todavía eran muy minoritarios.
Al margen de los tópicos historicistas, un último aspecto de la película que ha perdurado es la expresión latina de su título. Quo Vadis ha pasado a la cultura popular en forma de marca comercial, como título de libros, artículos, películas, canciones, juegos de mesa, videojuegos... y hasta el nombre de un grupo heavy; y como forma de expresar las dudas o la preocupación ante el camino tomado por un país, empresa o político.
A lo largo de la historia del cine se ha abordado la vida de Jesús de Nazareth en múltiples ocasiones y, por extensión, la de su bautista, Juan. Hoy 24 de junio es buena ocasión para repasar aquellas interpretaciones que intentaron acercar el personaje del santo al espectador.
Una de las más conocidas sin duda es la de Michael York en "Jesús de Nazareth"(1977), aquella producción italiana dirigida por Franco Zeffirelli que en su origen fue una miniserie, pero que se llegaron a hacer copias más cortas para cine y televisión. York realiza una soberbia interpretación de san Juan, en todas sus acepciones.
El nacimiento del Bautista está marcado por la oración: el canto de alegría, de alabanza y de agradecimiento que Zacarías eleva al Señor, el ‘Benedictus’, exalta la acción de Dios en la historia e indica proféticamente la misión del hijo Juan: preceder al Hijo de Dios hecho carne para prepararle los caminos.
Toda la existencia del Precursor de Jesús está alimentada por la relación con Dios, en particular, el período transcurrido en regiones desiertas, regiones desiertas que son lugar de la tentación, pero también lugar en el que el hombre siente su propia pobreza porque está privado de los apoyos y las seguridades materiales, y comprende que el único punto de referencia sólido es Dios mismo.
San Juan Bautista interceda por nosotros, a fin de que sepamos conservar siempre la primacía de Dios en nuestra vida.
«Un testimonio excepcional de honestidad e integridad moral»
Caso de conciencia
Obra maestra de Fred Zinnemann, galardonada con 6 Oscar. La historia de Tomás Moro y su martirio a manos de Enrique VIII es un monumento a lo más sagrado del hombre: su conciencia. Excepcional trabajo de Paul Scofield, que ganó el Oscar.
Sinopsis
Para divorciarse de su esposa Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos y tía del emperador Carlos V) y contraer matrimonio con Ana Bolena, Enrique VIII (1509-1547) trata de obtener el apoyo de la aristocracia y del clero. Sir Thomas Moro, uno de los más notables humanistas europeos ("Utopía", 1516), ferviente católico y hombre de confianza del monarca, se encuentra en una encrucijada: ¿debe actuar de acuerdo con su conciencia, arriesgándose a ser tachado de traidor y ejecutado, o debe ceder ante un rey que no tiene ningún reparo en adaptar la ley a sus necesidades?
La pieza es un dechado de perfección formal, con una trama meticulosa y hábilmente construida para incardinar en la ficción episodios históricos verídicos y relevantes en los que participaron los protagonistas.
La acción avanza a un ritmo trepidante hacia el desenlace, dando entrada progresivamente a nuevos elementos que alimentan la línea de conflicto principal; elementos no sólo de carácter episódico, sino relativos a la evolución de los intereses y de las motivaciones ocultas de los personajes a medida que éstos se van adaptando a la nueva situación.
Crítica
A Man for All Seasons recibió numerosas evaluaciones positivas de críticos de cine, con una calificación del 80% en Rotten Tomatoes, con una calificación promedio de 7,8/10, con base en 35 revisiones. El consenso de los críticos afirma: "La cinematografía sólida y las actuaciones agradables de Paul Scofield y Robert Shaw añaden una chispa a esta adaptación deliberadamente marcada de la obra de Robert Bolt".
En 1995, con motivo del centenario del nacimiento del cine, el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Socialesde la Santa Sede la incluyó entre las mejores películas de todos los tiempos. En 1999, el British Film Institute nombró a A Man for All Seasons la 43.ª película británica más grande de todos los tiempos. En 2008, ocupó el lugar 106 en la lista de 500 mejores películas de todos los tiempos de la revista Empire.
¿Qué podemos aprender de ella?
Cuando san Pedro y los apóstoles son conminados por las autoridades judías a abandonar la predicación de la fe, responden: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch. 5, 29). Precisamente, en esta réplica, la Iglesia encuentra el fundamento de su posición ante las leyes que atentan contra los preceptos divinos:
«El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estas son contrarias a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política» (CCE, 2242).
El mundo cristiano celebra los 1.700 años del Concilio de Nicea, primer concilio ecuménico
Primer Concilio de Nicea, también primer concilio ecuménico. En él se declaró que Jesucristo es Dios (verdadero Dios y verdadero hombre), hijo eterno de Dios (homousios = de la misma naturaleza del Padre) y hecho hombre por nuestra salvación. La filiación divina de Jesús nos ha hecho hijos en Él y hermanos entre nosotros, especialmente los cristianos.
Esto ha tenido y sigue teniendo grandes consecuencias para la historia y la cultura, a través de la vida cristiana, como se apunta en el documento de la Comisión Teológica Internacional, “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador: 1700 años del Concilio Ecuménico de Nicea (325-2025)”. Nos limitamos aquí a señalar algunas implicaciones educativas de las conclusiones del texto (cf. nn 121-124).
Belleza, asombro
Ante todo, el camino de la belleza. Se dice que esta celebración “es una invitación apremiante para que la Iglesia redescubra el tesoro que se le ha confiado y aproveche para compartirlo con alegría, en un nuevo impulso, incluso en una ‘nueva etapa de evangelización’”, con palabras del Papa Francisco. Sin duda con implicaciones educativas.
Lo primero que propone es “dejarnos asombrar por la inmensidad de Cristo para que todos queden maravillados; reavivar el fuego de nuestro amor al Señor Jesús, para que todos puedan arder de amor por él. Nada ni nadie es más hermoso, más vivificante, más necesario que Él”, como ya dijo Dostoievski.
En efecto, ¿cómo es posible acostumbrarse a que Dios se haya unido, en Cristo, a la humanidad para llevarla a la plenitud de la vocación humana, y, además, de modo que nos ha hecho hijos amados y hermanos en la familia de Dios mediante el Espíritu Santo?
Y por eso: “Quienes han visto la gloria (doxa) de Cristo pueden cantarla y dejar que la doxología se convierta en anuncio generoso y fraterno, es decir, en kerigma”.
Realismo
Segundo, el realismo. Conviene señalar que el mensaje cristiano no es nada ingenuo: no pasa por alto el mal, ni la complejidad de la realidad, ni tampoco olvida nuestra resistencia a los planes divinos.
Señala el documento: “Proclamar a Jesús como nuestra Salvación desde la fe expresada en Nicea no es ignorar la realidad de la humanidad. No da la espalda a los sufrimientos y a las sacudidas que atormentan al mundo y que hoy parecen socavar toda esperanza”.
Así es, porque no se puede decir que Jesús no haya conocido “la violencia del pecado y del rechazo, la soledad del abandono y de la muerte”; pero desde ese abismo del mal, “ha resucitado para llevarnos también a nosotros en su victoria hasta la gloria de la resurrección”.
Además, el anuncio renovado de la salvación obrada por Cristo, “tampoco ignora la cultura y las culturas, al contrario, también aquí con esperanza y caridad las escucha y se enriquece con ellas, las invita a la purificación y las eleva”.
Al mismo tiempo, “entrar en una esperanza tal requiere evidentemente una conversión, en primer lugar, de parte de quien anuncia a Jesús con la vida y con la palabra, porque implica una renovación de la inteligencia según el pensamiento de Cristo”.
Por eso, siendo Nicea “fruto de una transformación del pensamiento que ha sido posible por el acontecimiento Jesucristo”, “solo será posible una etapa nueva de evangelización para aquellos que se dejan renovar por este acontecimiento, para quienes se dejan aferrar por la gloria de Cristo, siempre nueva”.
Misericordia
Tercero, la concreta escuela de la misericordia: “Proclamar a Jesús como nuestra Salvación desde la fe expresada en Nicea significa prestar especial atención a los más pequeños y vulnerables de nuestros hermanos y hermanas”. Nos compromete personal y socialmente: “Proclamar significa aquí “dar de comer”, “dar de beber”, “acoger”, “vestir” e “ir a visitar” (Mt 25,34-40)”. Es decir, con las obras de misericordia, “irradiar la humilde gloria de la fe, de la esperanza y de la caridad para con aquellos en los que no se tiene confianza, de quienes nadie espera nada y que no son amados por el mundo”.
Pero aquí no se habla solo del que hace las obras de misericordia, sino también del que las recibe: “No nos equivoquemos: estos crucificados de la historia son Cristo entre nosotros, en el sentido más fuerte posible: “conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).
Él se identifica con ellos y ellos con Él: “El Crucificado-Resucitado conoce íntimamente sus sufrimientos y ellos conocen los suyos. Son, por tanto, los apóstoles, maestros y evangelizadores de los ricos y de los sanos”.
Testimonio, coherencia
Finalmente, la fe que viene de Nicea es la fe cristiana que se proclama en el Credo y se vive mediante la liturgia y los sacramentos, y la oración. Y que se testimonia con una conducta centrada en la fraternidad que se funda en Cristo. Por tanto, “el anuncio solo será fructífero si hay consonancia entre la forma del mensaje y su contenido, entre la forma de Cristo y la forma de la evangelización”. Esto requiere seguir a Cristo “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29; cf. Mt 5, 5) y dejarle actuar en nosotros para alcanzar Su victoria.
No es esta, se concluye, una victoria sobre los adversarios (excepto Satanás). No se trata de una batalla que deje perdedores; sino de la configuración con Cristo, que miraba con amor y compasión, dejándose llevar por el Espíritu del Padre.
En efecto, porque, en la vida de los cristianos, se cumple aquello de que el mensajero forma parte de un mensaje que abre siempre de nuevo al asombro.
Solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, Precursor del Señor, que, estando aún en el seno materno, al quedar lleno del Espíritu Santo exultó de gozo por la próxima llegada de la salvación del género humano.
Su nacimiento profetizó la Natividad de Cristo el Señor, y su existencia brilló con tal esplendor de gracia, que el mismo Jesucristo dijo no haber entre los nacidos de mujer nadie tan grande como Juan el Bautista.
Origen de la fiesta
La Iglesia celebra normalmente la fiesta de los santos en el día de su nacimiento a la vida eterna, que es el día de su muerte. En el caso de San Juan Bautista, se hace una excepción y se celebra el día de su nacimiento. San Juan, el Bautista, fue santificado en el vientre de su madre cuando la Virgen María, embarazada de Jesús, visita a su prima Isabel, según el Evangelio.
fiesta conmemora el nacimiento "terrenal" del Precursor. Es digno de celebrarse el nacimiento del Precursor, ya que es motivo de mucha alegría, para todos los hombres, tener a quien corre delante para anunciar y preparar la próxima llegada del Mesías, o sea, de Jesús. Fue una de las primeras fiestas religiosas y, en ella, la Iglesia nos invita a recordar y a aplicar el mensaje de Juan.
El nacimiento de Juan Bautista
Isabel, la prima de la Virgen María estaba casada con Zacarías, quien era sacerdote, servía a Dios en el templo y esperaba la llegada del Mesías que Dios había prometido a Abraham. No habían tenido hijos, pero no se cansaban de pedírselo al Señor. Vivían de acuerdo con la ley de Dios.
Un día, un ángel del Señor se le apareció a Zacarías, quien se sobresaltó y se llenó de miedo. El Árcangel Gabriel le anunció que iban a tener un hijo muy especial, pero Zacarías dudó y le preguntó que cómo sería posible esto si él e Isabel ya eran viejos. Entonces el ángel le contestó que, por haber dudado, se quedaría mudo hasta que todo esto sucediera. Y así fue.
La Virgen María, al enterarse de la noticia del embarazo de Isabel, fue a visitarla. Y en el momento en que Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de júbilo en su vientre. Éste es uno de los muchos gestos de delicadeza, de servicio y de amor que tiene la Virgen María para con los demás. Antes de pensar en ella misma, también embarazada, pensó en ir a ayudar a su prima Isabel.
El ángel había encargado a Zacarías ponerle por nombre Juan. Con el nacimiento de Juan, Zacarías recupera su voz y lo primero que dice es: "Bendito el Señor, Dios de Israel".
Juan creció muy cerca de Dios. Cuando llegó el momento, anunció la venida del Salvador, predicando el arrepentimiento y la conversión y bautizando en el río Jordán.
La predicación de Juan Bautista
Juan Bautista es el Precursor, es decir, el enviado por Dios para prepararle el camino al Salvador. Por lo tanto, es el último profeta, con la misión de anunciar la llegada inmediata del Salvador.
Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Venían hacia él los habitantes de Jerusalén y Judea y los de la región del Jordán. Juan bautizaba en el río Jordán y la gente se arrepentía de sus pecados.
Predicaba que los hombres tenían que cambiar su modo de vivir para poder entrar en el Reino que ya estaba cercano. El primer mensaje que daba Juan Bautista era el de reconocer los pecados, pues, para lograr un cambio, hay que reconocer las fallas.
El segundo mensaje era el de cambiar la manera de vivir, esto es, el de hacer un esfuerzo constante para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Esto serviría de preparación para la venida del Salvador. En suma, predicó a los hombres el arrepentimiento de los pecados y la conversión de vida.
Juan reconoció a Jesús al pedirle Él que lo bautizara en el Jordán. En ese momento se abrieron los cielos y se escuchó la voz del Padre que decía: "Éste es mi Hijo amado...". Juan dio testimonio de esto diciendo: "Éste es el Cordero de Dios...".
Reconoció siempre la grandeza de Jesús, del que dijo no ser digno de desatarle las correas de sus sandalias, al proclamar que él debía disminuir y Jesús crecer porque el que viene de arriba está sobre todos.
Fue testigo de la verdad hasta su muerte. Murió por amor a ella. Herodías, la mujer ilegítima de Herodes, pues era en realidad la mujer de su hermano, no quería a Juan el Bautista y deseaba matarlo, ya que Juan repetía a Herodes: "No te es lícito tenerla".
La hija de Herodías, en el día de cumpleaños de Herodes, bailó y agradó tanto a su padre que éste juró darle lo que pidiese. Ella, aconsejada por su madre, le pidió la cabeza de Juan el Bautista. Herodes se entristeció, pero, por el juramento hecho, mandó que le cortaran la cabeza de JuanBautista que estaba en la cárcel.
¿Qué nos enseña la vida de Juan Bautista?
Nos enseña a cumplir con nuestra misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida; a ser piedras vivas de la Iglesia, así como era el Papa Juan Pablo II.
Nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Nosotros lo podemos recibir en la Eucaristía todos los días.
Nos hace ver la importancia del arrepentimiento de los pecados y cómo debemos acudir con frecuencia al sacramento de la confesión.
Podemos atender la llamada de Juan Bautista reconociendo nuestros pecados, cambiando de manera de vivir y recibiendo a Jesús en la Eucaristía.
El examen de conciencia diario ayuda a la conversión, ya que con éste estamos revisando nuestro comportamiento ante Dios y ante los demás.
Un viaje al corazón de la Roma subterránea, entre las catacumbas de los primeros cementerios cristianos, la memoria de los apóstoles Pedro y Pablo y el martirio de Sebastián. Un lugar que aún habla a los peregrinos del siglo XXI.
12 km de galerías
Desde el siglo I, la cantera fue explotada y destinada a ubicar sepulturas en nichos, tanto paganas como cristianas. Se construyeron varios columbarios, típicos ambientes sepulcrales romanos, y al menos dos edificios residenciales conocidos como la “Villa grande” y la “Villa pequeña”, con notables decoraciones pictóricas en las paredes.
El crecimiento de la comunidad cristiana y los elevados costos de los terrenos suburbanos provocaron la excavación continua de esta área, dando lugar a la formación de una red intrincada de galerías subterráneas de 12 kilómetros de longitud y distribuidas en tres niveles.
¿Las catacumbas eran refugios?
Es necesario desmentir el lugar común, aún muy arraigado en el imaginario colectivo, que sostiene que las catacumbas eran un refugio para los primeros cristianos, cuya fe, en los primeros siglos, realmente se vivía en la clandestinidad, bajo pena de muerte.
“Esta leyenda surge por el carácter laberíntico de las intrincadas galerías que caracterizan los cementerios cristianos”, comenta Flavio Pallocca, arqueólogo de la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra. Esta red de túneles fue, de hecho, creada por los fossori, es decir, los obreros encargados de excavar las tumbas subterráneas.
“En las galerías encontramos nichos, arcosolios, a veces espacios más amplios, como verdaderas capillas privadas que llamamos cubiculi y que confieren a estos lugares un notable carácter funerario. Las catacumbas eran cementerios”.
El descanso en espera de la resurrección
Al término griego necropolis, ciudad de los muertos, utilizado por los romanos, los primeros cristianos prefirieron el de koimào, cementerio, que literalmente significa “dormir”.
“Eran dormitorios”, continúa Pallocca. “Aquí los cuerpos de los cristianos se dormían en espera de la resurrección. Las catacumbas, de hecho, nunca son lugares tristes. Los frescos están llenos de temas que nos hablan de esperanza y de vida más allá de la muerte”.
La memoria de los Apóstoles Pedro y Pablo
El complejo arqueológico de San Sebastián, en la Vía Apia Antigua, la Regina viarum, está señalado por la presencia de la basílica homónima, construida por mandato del emperador Constantino en el siglo IV en honor a los Apóstoles Pedro y Pablo.
Según la tradición, de hecho, durante las persecuciones de Valeriano en el siglo III, precisamente aquí fueron resguardadas las reliquias de ambos santos. Por este motivo, el sitio cristiano era conocido como Memoria Apostolorum (Memoria de los Apóstoles).
Las oraciones grabadas en la pared
Las reliquias de los dos apóstoles fueron probablemente colocadas en la Triclia, un espacio cubierto formado por una gran sala porticada. En la pared de fondo se han encontrado más de 600 grafitos con invocaciones y oraciones dirigidas a Pedro y Pablo.
Algunas de estas inscripciones aún son visibles. Particularmente conmovedora es la de un peregrino que, dirigiéndose a los dos mártires más importantes del cristianismo, escribió: Paule et Petre petite pro Victore (San Pablo y San Pedro, rueguen por Víctor).
De los Apóstoles a Sebastián
"Los peregrinos se agolpaban en el patio exterior de la Triclia para venerar a los Apóstoles. Las fuentes", continúa el arqueólogo, "son muy precisas al identificar este como el lugar del culto apostólico.
Sabemos por los calendarios martiriales que, en el año 258, Tusco et Basso consulibus, durante el consulado de Tusco y Basso, aquí mismo, ad catacumbas, además de en los santuarios más conocidos del Vaticano y del Ostiense, se practicaba la veneración de Pedro y Pablo. Solo más tarde, este culto se complementó con el de San Sebastián, quien se convirtió en el titular del cementerio".
Testigo de la fe hasta la muerte
Recorriendo las galerías de la catacumba, impacta la variedad de tumbas y decoraciones: lámparas, monedas, joyas, juguetes de niños, nombres grabados en la cal, que transmiten la memoria de los difuntos. La veneración de los fieles por el mártir romano, quien, a pesar de ser una respetada guardia personal del emperador Diocleciano, dio testimonio de su fe en Cristo hasta las últimas consecuencias, aumentó, moldeando la conformación interna del cementerio. Los lugares cercanos a su tumba se volvieron cada vez más solicitados.
“El lugar de sepultura de Sebastiánera objeto de gran interés por parte de los cristianos, especialmente los más adinerados, que deseaban ardientemente descansar cerca de él para asegurarse una ascensión más rápida al paraíso. Además, bajo el pontificado del Papa Dámaso, entre los años 366 y 384, alrededor de las tumbas de los mártires se construyeron verdaderas basilicas o cubiculi más amplios, que permitían a los peregrinos acceder con mayor facilidad a estos lugares”.
El sueño de Lucina
“En una Passio, es decir, una fuente hagiográfica compilada a principios del siglo V, se cuenta la anécdota de la piadosa matrona Lucina, a quien, en un sueño, Sebastián le indicó el lugar donde encontrar su cuerpo” – primero atravesado por flechas y luego arrojado en la Cloaca Maxima por las guardias de Diocleciano.
“El mártir habría pedido entonces a la mujer que trasladara sus restos al cementerio ad catacumbas, a tres millas de la Vía Apia. Esta fuente nos señala el lugar donde fue enterrado Sebastián: en una cripta, es decir, en un ambiente subterráneo cerca de las reliquias de los Apóstoles. De hecho, el sitio de la sepultura de Sebastián que hoy conocemos corresponde a esta descripción y está topográficamente ubicado debajo de la basílica dedicada en la época constantiniana a los Apóstoles Pedro y Pablo”.
Un lugar siempre vivo
Custodiadas en un sarcófago en la base del altar de la cripta, las reliquias de Sebastián fueron trasladadas al Vaticano en el siglo IX, pero regresaron a la basílica en la Vía Apia en el siglo XIII. “Este cementerio”, señala Flavio Pallocca, “también gracias a la presencia de una comunidad monástica en la basílica, nunca ha sido olvidado.
Es una característica que lo distingue de otros sitios arqueológicos, redescubiertos solo a finales del siglo XVI. San Sebastián ha mantenido siempre una continuidad en la visita de los peregrinos. Pensemos en una figura tan importante del catolicismo como san Felipe Neri, que, como lo certifican los actos del proceso de canonización, en el siglo XVI, rezaba asiduamente en las galerías de San Sebastián y vivió la experiencia mística de la fractura de su costado”.
La peregrinación y el Jubileo
Desde el siglo VI, las catacumbas están documentadas como destino de peregrinajes provenientes de toda Europa. El Jubileo de la Esperanza que estamos viviendo confirma esta vocación.
Durante todo el 2025, la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra ha creado El camino de los mártires: un “pasaporte” del peregrino que incluye las seis catacumbas de Roma abiertas al público.
“Se recibe en la taquilla y quienes acceden”, explica Flavio Pallocca, “además de beneficiarse de descuentos en el precio de las entradas, podrán hacer que se estampe un sello en la casilla correspondiente a la catacumba visitada en cada recorrido. Al finalizar el recorrido, se les otorga un testimonium, es decir, un documento que certifica la realización del peregrinaje”.
También durante las celebraciones jubilares, en las diversas criptas y tumbas de los mártires presentes en las catacumbas se han colocado las cruces del Jubileo: objetos inspirados iconográficamente en los sarcófagos del anastasis, es decir, de la resurrección. Son señales que indican a los peregrinos los lugares espirituales más importantes dentro de las catacumbas.
Una invitación a reservar un momento para la oración personal, dirigida a la memoria de los mártires, cuyo culto fue el origen del desarrollo de los primeros cementerios cristianos.