Su fiesta se celebra el 1 de junio

Justino el filósofo

Todo aconteció aquella noche en la playa. Todavía no había amanecido. El ya entonces conocido filósofo Justino se topó durante sus cavilaciones con un enigmático anciano. Comenzaron a hablar, y al joven le sorprendieron la sencillez en las maneras del abuelo y su tranquila capacidad para escuchar. Tocaron temas muy variados; el anciano le desveló que era cristiano. Justino no pudo menos que considerar al abuelo algo ingenuo. Pero tras esa escena, tras ese inocente encuentro, una nueva chispa de inquietud nació en elinterior del ilustrado, la cual, a partir de entonces, no le dejó tranquilo…

Vida

Justino nació el año 100 en Naplusa (Palestina), ciudad romana y pagana, construida en el emplazamiento de la antigua Siquem, no lejos del pozo de Jacob, donde Jesús anunció a la Samaritana el culto nuevo. Naplusa era una ciudad reciente en la que florecían el granado y el limonero, encajada entre dos colinas a mitad de camino entre la frondosa Galilea y Jerusalén.

san justino

 

Los padres de Justino eran colonos acomodados; puede que fueran de esos veteranos dotados de tierras por el Imperio; esto explicaría en el filósofo su rectitud de carácter, su gusto por la exactitud histórica. No posee ni la flexibilidad ni la sutilidad dialéctica de un heleno. Vivió en contacto con judíos y samaritanos.

Su itinerario filosófico

De naturaleza noble, prendado de lo absoluto, desde joven supo gustar la filosofía, en el sentido que entonces se le daba: no una especulación, sino persecución de la sabiduría que lleva a Dios. La filosofía lo condujo, etapa tras etapa, hasta el umbral de la fe. El mismo Justino nos cuenta, en el Diálogo con el judío Trifón, el largo itinerario de su búsqueda, sin que nos sea posible distinguir entre el artificio literario y la autobiografía.

En Naplusa siguió primero las clases de un estoico y después las de un discípulo de Aristóteles, al que abandonó pronto para acudir a un platónico. En su ingenuidad, esperaba que la filosofía de Platón le permitiría «ver inmediatamente a Dios».

Retirado a la soledad, meditaba sobre la visión de Dios, sin que su inquietud se sosegase, cuando tuvo lugar el encuentro nocturno con aquel anciano en la playa. Éste le mostró que el alma humana no podía alcanzar a Dios por sus propios medios; el cristianismo era la única verdadera filosofía, que lleva a su cumplimiento todas las verdades parciales: «Platón prepara para el cristianismo».

La Iglesia acogió a Justino y, con él, a Platón. Cuando se hizo cristiano en el año 130, el filósofo, lejos de abandonar la filosofía, afirma haber encontrado en el cristianismo la única filosofía segura que colma todos sus deseos. Siempre lleva puesto el manto de los filósofos. Para él es un título de nobleza.

Cristiano y filósofo

Justino sabía ver la parte de verdad contenida en todos los sistemas. Le gustaba decir que los filósofos eran cristia­nos sin saberlo. Y justifica esta afirmación con un argumento tomado de la apologética judía, que pretendía que los pensadores debían lo mejor de sus doctrinas a los libros de Moisés. Para él, el Verbo de Dios ilumina a todos los hombres, lo cual explica las partes de verdad que se encuentran en los filósofos.

Los cristianos no tienen nada que envidiarles, porque poseen al Verbo mismo de Dios, que no solamente guía la historia de Israel, sino toda búsqueda sincera de Dios. Esta generosa visión de la historia encierra una intuición de genio que, después de Ireneo de Lyon, será recogida desde san Agustín a san Buenaventura, y más recientemente por Maurice Blondel. Está particularmente cercana a nuestra problemática de hoy día.

Justino no se preocupa más que de la doctrina y de la autenticidad del testimonio. Los argumentos que desarrolla tienen una historia: la suya propia. El ha conocido personalmente las tentaciones contra las que nos pone en guardia. El testimonio de la obra de Justino conserva todo su valor para aquel que se decide a seguirlo.

Nadie ha creído en Sócrates hasta morir por lo que éste enseñaba. Pero, por Cristo, artesanos y hasta ignorantes han despreciado el miedo a la muerte». Estas nobles palabras las dirige Justino al Senado de Roma. También a él le toca aceptar la muerte por la fe que había recibido y transmitido. En el momento de su martirio, el filósofo cristiano no está solo, sino rodeado de sus discípulos. Las actas nos citan seis de ellos. Esta presencia, esta fidelidad hasta en la muerte, eran el homenaje más emocionante que se pueda ofrecer a un maestro de sabiduría.

 

san justino

 

Un pensador de nuestros días

En este hombre de hace dieciocho siglos percibimos el eco de nuestras inquietudes, de nuestras objeciones y de nuestras certezas. Es un contemporáneo nuestropor su apertura de alma, por su voluntad de diálogo, por su capacidad de comprensión.

Justino, un laico, un intelectual, ilustra el diálogo que comienza entre la fe y la filosofía, entre cristianos y judíos, entre Oriente, donde él había nacido, y Occidente, donde abre una escuela: en Roma al cabo de numerosas etapas. Su vida fue una larga búsqueda de la verdad. Para este filósofo, el cristianismo no es una doctrina, ni siquiera un sistema, si no una persona: el Verbo encarnado y crucificado en Jesús, que le desvela el misterio de Dios.

Había viajado, interrogado, sufrido, con el fin de encontrar lo verdadero. Sin duda por esta razón nosotros descubrimos detrás de lo que él descubre un desprendimiento, incluso una desnudez que es lo que avala a su testimonio. Este filósofo del año 150 está más cercano a nosotros que muchos de los pensadores modernos. Muere el año 165.

Fuente: Hamman, Adalbert G. La vida cotidiana de los primeros cristianos

by www.primeroscristianos.com

 

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Martirio de San Justino y de sus compañeros (año 165 d.C.)

 

 

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La novela comienza en el año 63 d.C. en tiempos de Nerón, y en ella seremos testigos del gran incendio de Roma, de las primeras persecuciones a los cristianos y de los grandes festivales del circo romano. Se nos muestra el mundo pagano en todo su esplendor, con unas magníficas recreaciones de los personajes.

 

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¿QUO VADIS? (1896)

 

Nos habla de una sociedad altamente civilizada, supuestamente en la cumbre de su apogeo; una sociedad que, no obstante ello, y mientras disfruta del confort y la opulencia, se revuelca en el hastío y la inmoralidad, el libertinaje y la decadencia. Una época, en suma, similar en muchos aspectos a la nuestra, aunque muy alejada de nosotros en el tiempo. Me refiero a la Roma Imperial, apenas sesenta años después del nacimiento de Cristo, y a la obra maestra del mejor novelista polaco, Henryk Sienkiewicz, Quo Vadis? (1896). Así es descrita la gran capital del Imperio por el autor:

«Roma gobernaba el mundo, es cierto; pero a la vez era la úlcera del mundo. De ella emanaban ya las pestilencias de un cadáver. Sobre su putrefacta existencia empezaban ya a caer las sombras de la muerte. […] [Petronio] veía la existencia de aquella ciudad señora del mundo como una danza loca, una verdadera orgía que tocaba ya a su término».

 

Se ha dicho que nadie ha logrado retratar mejor que Sienkiewicz el amplio panorama de la civilización romana en el punto más álgido de degeneración del Imperio, ni presentar de forma tan creíble y vívida a los primeros cristianos.

La obra es grandiosa, tanto por su extensión como por su calidad literaria y magnificencia artística. Es apabullante y perturbadora; cruda y tierna; inspiradora e instructiva. En el discurso de su presentación como galardonado con el Premio Nobel, el poeta sueco y secretario de la Academia, Carl David af Wirsén, escribió:

«Quo Vadis? describe excelentemente el contraste entre el paganismo sofisticado pero gangrenado, con su orgullo, y el cristianismo humilde y confiado; entre el egoísmo y el amor, el lujo insolente del palacio imperial y el ensimismamiento silencioso de las catacumbas.

Las descripciones del incendio de Roma y las sangrientas escenas del anfiteatro no tienen parangón; (…) otra escena particularmente hermosa es el episodio, iluminado por la puesta de sol, en el que el apóstol Pablo va a su martirio repitiéndose a sí mismo las palabras que una vez había escrito: “He peleado una buena batalla, he terminado mi curso, he mantenido la fe” (2 Tim. 4:7)».

 

Por supuesto, la novela no pretende ser una crónica histórica, no obstante apoyarse en una situación histórica determinada y retratarla con bastante fidelidad. Parte de un pasaje bien descrito por Tácito en sus Anales (15, 44), y sobre él construye Sienkiewicz una gran obra.

El propio autor afirmó más tarde que la idea de la novela le surgió gracias a sus repetidas lecturas de Tácito, y que tomó forma concreta cuando el pintor Henryk Siemiradzki, durante uno de sus paseos conjuntos en Roma, le llevó a la capilla Domine Quo Vadis (Santa Maria delle Piante) en el cruce entre la Vía Apia antigua y la Vía Ardeatina.

 Pero, al lado de la grandiosidad de Roma, con sus amplias avenidas y estrechas callejuelas, sus palacios, acueductos y templos, con su Palatino y su Coliseo, todos ellos transitados por Nerón, Petronio, Pedro, Pablo o Popea, de la decadencia y podredumbre de una civilización, del nacimiento y la aurora de una nueva época, y de las crueldades y martirios a que dio lugar, aparece el tema de la intolerancia, y su consecuencia más visible: la tiranía de quien acepta todo, salvo la Verdad, manifestada en la persecución cristiana y en la Iglesia de los mártires y las catacumbas.

Se ha dicho —y creo que con razón— que la obra aborda el inmenso problema del bien y del mal, y que lo hace como entidad histórica. Al elegir una época en la que el bien y el mal convivían en sus formas más extremas, el autor dispuso de un escenario inmejorable para su drama. Roma era el centro de aquel universo en un sentido que ninguna ciudad moderna —ni siquiera Londres o Nueva York— puede igualar. Todo lo que se decía o pensaba en el mundo del siglo I gravitaba hacia Roma, como bien sabía Tácito.

Es probable que una de las motivaciones de Sienkiewicz residiera en el hecho de que Polonia, en 1896, estaba sometida al dominio de un tirano, como lo estaba Roma en tiempos de Nerón. Y esto, por supuesto, tiene que ver con la verdad y con el verdadero sentido de la tolerancia.

Quo Vadis? no es solo una apasionante historia de amor y aventura, sino también una profunda meditación sobre la condición humana, ambientada en un mundo de corrupción y violencia, donde, de manera milagrosa, brotan la fe y la esperanza de la mano del amor.

 

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Hallan una de las primeras iglesias de Almería oculta en un volcán

Un equipo de arqueólogos halló en el volcán Cabezo María los restos de un complejo religioso de origen oriental, revelando conexiones inéditas entre Bizancio y la península ibérica, publicó National Geographic.

 

En las entrañas del volcán Cabezo María, en el municipio de Antas (Almería), un equipo de arqueólogos descubrió los restos de una iglesia excavada en roca y espacios monásticos que, según los especialistas, podrían transformar la comprensión del cristianismo primitivo en la península ibérica.

El hallazgo fue confirmado por el laboratorio MEMOLab de la Universidad de Granada y documentado por National Geographic, medio que destaca su relevancia para reinterpretar los vínculos históricos entre Bizancio y la región andaluza.

Una iglesia monumental en roca volcánica

El yacimiento, ubicado en un antiguo volcán que domina el paisaje de Antas, revela una estructura religiosa singular, tallada en la roca y compuesta por tres naves de grandes proporciones. El tamaño de la iglesia resulta inusual para su época y contexto geográfico, lo que sugiere la importancia simbólica que tuvo el enclave.

Almería

La edificación, integrada en la escarpada orografía del Cabezo María, parece haber sido diseñada para aprovechar tanto el aislamiento natural del cerro como su carga simbólica. Según el equipo de MEMOLab, esta localización refuerza la hipótesis de que se trataba de un lugar deliberadamente escogido con fines espirituales.

Monasterios rupestres y conexiones con Capadocia

Además de la iglesia, los arqueólogos identificaron espacios anexos que evocan los monasterios excavados en roca de Capadocia, en la actual Turquía. Estas estancias, organizadas en torno a un núcleo de culto, apuntan a la presencia de una comunidad cristiana de origen oriental, posiblemente vinculada al ejército bizantino y a una rama de la Iglesia Oriental.

Esta hipótesis se apoya en la morfología del asentamiento y en los objetos hallados, así como en la dirección científica de los arqueólogos José María Martín Civantos y Julio M. Román, quienes destacan que esta sería la primera evidencia material concreta de una comunidad cristiana oriental asentada en Almería.

Un enclave sin defensas, con vocación espiritual

El Ayuntamiento de Antas informó que el enclave carece de estructuras defensivas, más allá de la protección natural del volcán. Esta ausencia de fortificaciones sugiere una finalidad religiosa y evangelizadora, más que militar.

National Geographic recoge declaraciones del profesor Julio M. Román, quien sostiene que la magnitud de la iglesia y la organización del conjunto “sugieren un auténtico foco de fe cristiana oriental, pretendiendo quizás expandir sus prácticas y ritos a todo el Levante peninsular”. Esta visión sitúa al enclave como un posible centro de irradiación espiritual en los primeros siglos del cristianismo.

Vestigios de redes comerciales y marítimas

Los objetos hallados en el yacimiento refuerzan la teoría de que el asentamiento formaba parte de una red de contactos más amplia. Entre ellos, destacan lucernas de arcilla con símbolos cristianos como el carnero pascual y cerámicas importadas desde África y Oriente.

Uno de los hallazgos más relevantes es una moneda del siglo IV, que permite situar cronológicamente el origen de la ocupación y la instalación de la comunidad cristiana en una etapa temprana de la expansión del cristianismo en la península.

Estos elementos confirman que la comunidad de Cabezo María mantenía vínculos activos con el resto del Mediterráneo, lo que desmiente la idea de un asentamiento aislado.

iglesia almeria

Relevancia histórica y proyecciones futuras

El descubrimiento aporta evidencias inéditas sobre la posible presencia de comunidades cristianas orientales en el sur de la península antes del cisma que dividió el cristianismo.

De acuerdo con el equipo de MEMOLab, este asentamiento podría representar una fase crucial en la evolución del cristianismo ibérico, marcada por el contacto entre diferentes tradiciones y formas de culto.

Actualmente, el cerro Cabezo María ya albergaba la ermita de la Virgen de la Cabeza, y este nuevo hallazgo suma un capítulo clave en su historia como lugar de culto.

Desarmar la comunicación

Hace pocas horas el Papa León XIV se ha estrenado con los periodistas abogando por una comunicación más serena: «Les pido que elijan consciente y valientemente el camino de la comunicación pacífica».

Algunos expertos le están llamando ya «el Papa de la unidad», una idea que aparece de manera explícita en su escudo pontificio.

 

La visión de la polis como una casa común ha sido idealizada, especialmente con la promesa de los medios digitales de facilitar el entendimiento mutuo y la comprensión. Sin embargo, más de dos décadas después, el optimismo inicial ha disminuido. La pandemia, los conflictos bélicos y las preocupaciones sobre la inteligencia artificial y la desinformación han generado pesimismo. Nos preguntamos cómo recuperar la confianza en el debate público.

¿Queremos ser una masa (como ocurre, a veces, en las redes) o una comunidad donde reine el respeto e incluso la amistad? Y es que la polarización es también una deshumanización. León XVI dice que hemos de «desarmar» la comunicación de todo prejuicio, rencor, fanatismo y odio: debemos purificarla de agresiones. Hay lugar para la controversia, pero siempre con un estilo basado en el respeto por quienes piensan de otra manera.

La agitación y propaganda que impulsó el marxismo-leninismo la encontramos a veces en planteamientos ideológicos de todos los signos que buscan por encima de todo la confrontación, algo que sucede también en la Iglesia católica. Parafraseando a Benedicto XVI, el que quiera construir la comunidad deberá dejar de ver en el otro un mal que hay que eliminar.

Porque la comunicación es lugar de diálogo: «La comunicación, en efecto, no es solo transmisión de información, sino creación de una cultura, de entornos humanos y digitales que se conviertan en espacios de diálogo», ha dicho este lunes León XIV a los periodistas. Hay una unidad de todas las personas que formamos una comunidad, una casa común: somos solidarios, misteriosamente solidarios. En un mundo individualista, es necesario volver a pensar sobre la comunidad, algo que ya vieron con claridad en torno a la Segunda Guerra Mundial autores como Dietrich Von Hildebrand.

 

leon 14. comunicación

 

Responder a la polarización nos lleva a replantearnos las relaciones con los demás. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la confianza es la «esperanza firme que se tiene de alguien o algo», una definición breve que sugiere la importancia de contar con algo seguro en lo que podamos apoyarnos. Hoy esa confianza se enfrenta a desafíos continuos. Los errores o fallas éticas pueden desencadenar crisis reputacionales; la desconfianza en las instituciones es un problema creciente; en las redes (también las católicas), parece necesaria una revolución de la amabilidad porque abundan el menosprecio y el insulto.

La polarización disminuye la esperanza y fomenta la desconfianza, fragmentando aún más la comunidad. La construcción de confianza requiere escucha activa, comprensión de las necesidades de las audiencias, creación de espacios de participación y respuestas transparentes y auténticas. La escucha refuerza la integridad y la benevolencia, valores esenciales para construir relaciones de confianza.

En consonancia con esto, León XIV afirma: «La paz comienza con cada uno de nosotros: con la forma en que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos de los demás; y, en este sentido, la forma en que nos comunicamos tiene una importancia fundamental: debemos decir «no» a la guerra de palabras y de imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra».

La escucha es fundamental para comprender al otro, reconociendo que las diversas posturas suelen contener verdades parciales. Santo Tomás de Aquino utilizaba la disputatio como método de análisis, integrando estas verdades en la reflexión.

La primera intervención de León XIV nos brinda muy buenas ideas para superar esta patología de la comunicación, con unos mensajes «desarmados» y «desarmantes», como ha dicho parafraseando sus primeras palabras como Pontífice: «Una comunicación desarmada y desarmante nos permite compartir una visión diferente del mundo y actuar de forma coherente con nuestra dignidad humana», dijo. De este modo, la necesaria revolución de la amabilidad en el espacio público parece un poco más cerca.

 

Por: Francisco Javier Pérez Latre
Profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

En un día de pesca común, Osman Erim descubrió una pieza única.

Según National Geographic, el hallazgo está siendo analizado por el Museo de la ciudad

 

El objeto recuperado, identificado por su forma como un tridente, remite de forma inmediata al imaginario mitológico clásico. National Geographic explicó que se trata del emblema por excelencia del dios Poseidón, divinidad marina del panteón griego, ampliamente venerada en la Antigüedad. Esta figura mitológica encarnaba tanto la furia de las tormentas y los terremotos como la protección de los marineros y la creación de los caballos.

En representaciones tradicionales, Poseidón aparece blandiendo un tridente, forjado por los Cíclopes, que le permitía causar catástrofes naturales. De manera paradójica, en algunos contextos también era invocado como Poseidón Asphaleios, protector contra los terremotos, pese a ser considerado responsable de su origen. La fuerte carga simbólica del tridente plantea interrogantes sobre su utilización en la antigüedad.

 

tridente

 

 

Según detalla National Geographic, podría haber formado parte de rituales religiosos, haber sido depositado como ofrenda votiva o incluso haber pertenecido a un individuo romano de alto rango. Sin embargo, aún no existen pruebas concluyentes que permitan resolver estas hipótesis.

La ciudad donde se encontró el objeto se identifica con la antigua Nicea, un enclave de notable importancia durante el Imperio romano.

De acuerdo con el medio, su ubicación estratégica, próxima a rutas comerciales clave de Asia Menor y con acceso a tierras fértiles, convirtió a esta urbe en un punto de interés para las autoridades del imperio. Este contexto fortalece la posibilidad de que el tridente pertenezca a ese periodo histórico.
Nicea ocupa también un lugar destacado en la historia del cristianismo. Entre mayo y junio del año 325, fue sede del Primer Concilio Ecuménico de la Iglesia, convocado por el emperador Constantino I. Este evento sentó las bases doctrinales del credo cristiano y marcó un punto de inflexión en la historia religiosa del mundo occidental. La combinación de factores religiosos, militares y culturales convierte a İznik en un área de considerable interés arqueológico.

Un entorno sumergido con múltiples secretos

El tridente fue recuperado desde una profundidad aproximada de 20 metros, en el mismo lago que en épocas antiguas se conocía como Askania.

Según recuerda National Geographic, en 2014 fueron localizados los restos de la basílica de San Neófito, construcción de origen bizantino sumergida en el lecho del lago. Este tipo de hallazgos reafirma la importancia de İznik como espacio de estudio, con vestigios que abarcan desde la antigüedad clásica hasta el dominio otomano.

La trascendencia del objeto más allá de su materialidad

Aunque aún se desconoce el uso específico del artefacto, su aparición reaviva el interés sobre la interacción entre simbolismo religioso y prácticas sociales en la antigüedad.

Según señala National Geographic, podrían existir vínculos entre el tridente y ceremonias dedicadas a divinidades marinas. También se considera la posibilidad de que haya tenido un uso más funcional, vinculado a actividades cotidianas o como parte de un legado personal.

Al igual que otros hallazgos arqueológicos reportados en distintas áreas del antiguo Imperio romano —como los discos de bronce decorados con cabezas de león hallados en Israel o las pinturas murales recuperadas en La Vila Joiosa, España—, la pieza encontrada en el lago İznik contribuye al conocimiento del pasado mediante la exploración de restos materiales de gran valor contextual y simbólico.

tridente
El hallazgo permite reflexionar sobre las posibles funciones rituales, simbólicas o cotidianas que objetos similares pudieron tener en la antigüedad (Kayip Rihtim)

Conclusión provisional de los especialistas

El medio destaca que, si bien todavía es prematuro emitir un veredicto definitivo, el entorno geográfico, el tipo de objeto y los antecedentes históricos de la región sustentan la hipótesis de su origen romano.

Los expertos continúan trabajando en el análisis del tridente bajo custodia del Museo de İznik, con el objetivo de precisar su antigüedad, su función y el marco cultural al que perteneció.

Mientras tanto, tal como subraya National Geographic, el hallazgo se suma a una extensa lista de descubrimientos que permiten reconstruir fragmentos olvidados de civilizaciones pasadas y comprender mejor la interacción entre el ser humano y su entorno natural y espiritual.

Con motivo del aniversario del Concilio de Nicea, presentamos esta entrevista a Pablo Blanco Sarto.

Pablo Blanco Sarto, Premio Ratzinger de Teología 2023, nos acerca al Concilio de Nicea. Este año se celebra el 1700 aniversario del primer concilio ecuménico cristiano, que se tuvo lugar en Nicea, cerca de Constantinopla, concretamente en el año 325 después de Cristo.

 

pablo blanco Nicea

¿Qué podemos destacar de lo que se acordó en ese concilio?

 

Es efectivamente el primer concilio ecuménico. Esto quiere decir que formaron parte de él obispos de oriente y occidente, de todo el mundo. En concreto, 318 obispos. Yo creo que hay tres cosas que en definitiva proceden de Nicea, el primero es el Credo. El Credo de Nicea, que después se completa con el de Constantinopla en el 381.

Ese Credo es la confesión de fe que rezamos nosotros en las celebraciones eucarísticas del domingo. Es importante porque en aquel momento se empezaban a poner en duda las verdades centrales de cristianismo: la Trinidad y la divinidad de Jesucristo, o sea lo que repetimos en el Credo Nicea, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero, de Dios verdadero. Frente a esto estaban los famosos arrianos que hablaban de Jesucristo como un hombre divinizado.

La segunda es la fecha de la Pascua. Entonces había dos calendarios, el Juliano y el Gregoriano, por decirlo de una manera, el oriental y el occidental. Se procura unificar y curiosamente este año en 2025 coinciden los dos calendarios y por eso el papa Francisco ha pedido que se vuelva a unificar la fecha de la Pascua, es decir, que la celebremos el mismo día. El Papa con la gracia de suele tener pues dice que para unos resucita Jesús un día y para otros resucita otro y no es así exactamente, pero sí que celebramos en día distintos la resurrección de Jesucristo. 

El tercer gran tema de Nicea es la paz. No vino de modo inmediato, porque los arrianos siguieron ahí intrigando y de hecho a san Atanasio, que era el principal defensor de la divinidad de Jesucristo, pues fue desterrado a Tréveris. Él era obispo Alejandría en Egipto, imagínate, desterrado a Alemania, a Tréveris y la verdad es que esa paz tardó bastante.

Es interesante porque el arrianismo en realidad no lo vencieron ni los obispos, ni los curas, ni la jerarquía, sino que, como demuestra san John Henry Newman, que estudió la crisis arriana en el siglo IV, fueron los laicos los que defendieron que Jesucristo es verdadero Dios, que es Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero.

Ahí se ve la gran capacidad, la gran potencia que tienen los laicos y por eso, ahora que estamos un poco tras la estela del Vaticano II, y eso mismo que ocurrió en Nicea, que no hubo una paz inmediata sino que se tardó un poquito, pues también ahora después del Vaticano II, ha habido una cierta confusión, pero los frutos del Vaticano II que también tiene que ver bastante con esto que hemos dicho de los laicos, acabarán llegando, como se dice ahora, sí o sí.

 

Pablo ¿cómo podemos hacernos más ecuménicos los católicos, porque es positivo para nuestra fe entrar en esa mentalidad ecuménica?

 

Lo primero es viviendo muy bien el octavario. El octavario nace por esa necesidad de ser más creíbles ante el mundo, hay una anécdota que siempre se cuenta de la conferencia misionera de Edimburgo de 1910, donde estaban ahí reunidos distintos cristianos, ortodoxos, anglicanos, algún católico, protestantes, entonces dicen que de repente se levantó un chino y dijo:

“Vosotros nos habéis traído a Cristo y os estamos agradecidos, pero también nos habéis traído vuestras divisiones. Por favor, hablarnos de Cristo, pero no de vuestras divisiones”.

 

Entonces, por eso se instituye estos ocho días dedicados a rezar precisamente por la unidad de la Iglesia. Esto lo podemos vivir en macro o en micro, también en micro, rezando por la unidad, en la propia familia, en la sociedad, que ahora está muy polarizada, en la Iglesia, entre todos los cristianos y cristianas, y viviendo en el día a día de nuestra vida cotidiana ese ecumenismo, que se suele decir que es el ecumenismo del corazón, de las manos y de la cabeza, ¿no?

El más importante es el del corazón, el de la oración. El concilio dice que es el alma del ecumenismo, por eso hay que rezar para que, siguiendo las palabras de Jesús, en la última cena, todos seamos uno.

 

 

 

 

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CONCILIO DE NICEA

 

 

 En la Iglesia antigua, un sínodo era lo mismo que un concilio. Hoy se suele diferenciar entre el carácter deliberativo de un concilio y la índole normalmente consultiva del sínodo.

 

 

El primer sínodo o concilio general, “ecuménico”, fue el reunido en Nicea en el 325 – estamos a punto de conmemorar su 1700 aniversario-. El emperador Constantino lo convocó para solucionar la controversia originada por Arrio acerca de la divinidad de Jesucristo. Arrio era un sacerdote de la diócesis de Alejandría, en Egipto, que escandalizó a algunos de sus fieles predicando sobre el Hijo de Dios, del que decía que había sido “creado” en el tiempo.

Aunque el Hijo es muy superior a nosotros y por eso lo llamamos Dios, en realidad no es Dios, sostenía, sino que es una criatura, si bien la más excelente de todas ellas. Por otra parte, en los evangelios se habla de la pasión de Jesús, de su sufrimiento y de su muerte, algo incompatible, para Arrio, con la verdadera divinidad. El misterio trinitario – un solo Dios en tres Personas – se resuelve reintegrándolo en las categorías de la razón filosófica del helenismo: Hay un solo Dios, que es el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo son sus primeras criaturas.

 

Sínodo

 

En Nicea, concilio en el que también Arrio estuvo presente, se perfiló la doctrina católica añadiendo algunas glosas a un símbolo, o credo, que se profesaba en la iglesia de Cesarea: Creemos en un solo Dios… y en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, nacido unigénito del Padre, “es decir, de la sustancia del Padre”, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, “engendrado, no hecho”, “consustancial al Padre”, por quien todas las cosas fueron hechas… y en el Espíritu Santo.

Jesucristo no es una criatura, algo hecho, sino que es “consustancial” al Padre; es decir, es Dios como él, perteneciente al mismo nivel de ser. Nace así, con esta palabra – “consustancial” – el lenguaje propiamente dogmático de la Iglesia, que no sustituye la enseñanza de la Sagrada Escritura, sino que la interpreta de manera autorizada.

 

 

Queriendo adaptarse al helenismo, que no concebía que Dios interviniese en la historia, Arrio había desfigurado el testimonio bíblico. Nicea, sin embargo, se sirve de la filosofía de su época no para deformar, sino para preservar el mensaje original de la Escritura sobre el Hijo de Dios, sobre su auténtica divinidad.

La palabra bíblica “Hijo” referida a Jesús ha de interpretarse literalmente y no en un sentido figurado: “El Hijo es verdaderamente el Hijo. Por ello murieron los mártires, de ello viven los cristianos de todos los tiempos: solo esa realidad es permanente”, escribe al respecto J. Ratzinger.

Arrio quería conservar la pureza del concepto de Dios: “No quería exigirle a Dios que estuviese dispuesto a algo tan ingenuo como hacerse hombre. Estaba convencido de que en último término había que mantener el concepto de Dios, a Dios mismo, totalmente fuera de la historia humana. Estaba convencido de que a la postre el mundo tiene que arreglar sus asuntos él mismo, de que no puede tocar a Dios ni con la punta de los dedos y de que, desde luego, también Dios es demasiado grande como para que pudiese tener algún contacto con el mundo”, comenta también J. Ratzinger.

Pero un Dios así, lejano del mundo e indiferente a la suerte de los hombres, no es Dios en absoluto. No, desde luego, el Dios revelado en Jesucristo, en su pasión y en su cruz, que resume y vence con la luz de la pascua los sufrimientos y las pasiones, no figuradas sino dolorosamente reales, de los hombres. Por este convencimiento que se llama “fe” seguimos profesando en el credo de la Misa: “engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre”.

 

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CONCILIO DE NICEA

 

 

 

 

Guillermo Juan Morado.

 

 

El Papa León XIV ha manifestado la intención de que su primer viaje internacional como pontífice sea a Turquía, específicamente a la ciudad de Iznik (antigua Nicea), para conmemorar el 1.700 aniversario del Primer Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado en el año 325 d.C

 

El viaje, previsto para el 20 de mayo, llegará dos días después de la misa de entronización que se celebrará en la Plaza de San Pedro.

 

leon 14

 

Además de su valor histórico, este viaje tiene una fuerte carga ecuménica. El Papa ha manifestado su deseo de continuar el camino del diálogo con la Iglesia Ortodoxa y ha cursado una invitación al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, para participar en la conmemoración.

La preparación del viaje ya está en marcha, con una delegación de la Santa Sede trabajando en los aspectos logísticos y de seguridad.

 

 

Recientes exploraciones identificaron diversa evidencia que ratifica lo argumentado en el Evangelio de Juan.

¿De qué se trata?

 

Un hallazgo científico recuerda a los primeros momentos del cristianismo. Se trata de un descubrimiento que pone de nuevo sobre la mesa la relación entre la historia religiosa y el contexto físico del Santo Sepulcro, uno de los sitios más sagrados para los cristianos. Asimismo, confirma lo advertido en el Evangelio de Juan sobre el pasado de este lugar.

Según la tradición, alberga el lugar de la crucifixión, el sepulcro de Jesús y el punto de su resurrección, en la actual ciudad de Jerusalén. Estos eventos fundamentales de la fe cristiana lo convierten en un centro de peregrinación y culto para millones de fieles de todo el mundo

El descubrimiento es parte de una excavación en curso desde 2022. Los hallazgos bajo la iglesia arrojan luz sobre los primeros momentos de la historia cristiana, particularmente en torno al contexto agrícola y urbano del lugar de la crucifixión de Jesús.

Durante los trabajos arqueológicos bajo el piso de la basílica, se identificaron vestigios de cultivos de olivos y vides. Lo que confirma que el terreno de la actual Iglesia del Santo Sepulcro probablemente formaba parte de un huerto en tiempos de Jesús, tal como se menciona en el Evangelio de Juan: “En el lugar donde fue crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno”.

Este hallazgo no es solo un eco de las palabras bíblicas, sino una confirmación material de cómo la zona era usada antes de la construcción de la iglesia. En aquellos tiempos, durante la vida de Jesús, el área no estaba dentro de los límites urbanos de Jerusalén, por lo que era dedicada principalmente a la agricultura. Se trataba de un sitio ideal para cultivos, ya que la ciudad aún no se había expandido hasta esos límites.

La presencia de estos sembradíos, detectada mediante análisis polínicos y arqueobotánicos, también ofrece una pista de cómo se vivía en la Jerusalén del siglo I.

El área en cuestión fue una cantera activa en la Edad del Hierro, y los arqueólogos encontraron fragmentos de cerámica y otros objetos cotidianos de esa época. Con el tiempo, el terreno pasó de ser utilizado para la extracción de piedra a convertirse en un cementerio, como era habitual en esa época.

Las tumbas fueron excavadas en la roca, tal como se hacía en otros lugares cercanos. Este cambio de uso refleja la evolución del espacio, adaptado a las necesidades de cada época.

Antes de ser considerado un sitio sagrado para los cristianos, también fue utilizado como zona agrícola. Tras el abandono de la cantera, se construyeron muros bajos de piedra que delimitaban pequeñas parcelas, y el terreno fue rellenado con tierra para el cultivo; lo que lo convirtió en un huerto.

Este cambio refleja una fase de transición en la que el espacio dejó de ser industrial y pasó a tener una función más doméstica y de subsistencia. El uso agrícola, probablemente de olivos y vides, coincidió con una descripción del Evangelio de Juan, en la que se menciona un “huerto” cercano al sepulcro de Jesús.

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La gran transformación ocurrió en el siglo IV, cuando el emperador Constantino mandó construir una iglesia sobre lo que se creía era el sitio donde fue sepultado Cristo. Así lo explica Francesca Romana Stasolla, profesora de la Universidad Sapienza de Roma e investigadora principal del proyecto, al medio The Times of Israel: “Debemos imaginar que, a medida que la cantera se abandonaba progresivamente, se excavaron tumbas a diferentes niveles. Por lo tanto, la zona albergaba varios entierros de ese período”.

“Constantino seleccionó el que se veneraba como la tumba donde fue enterrado Jesús y excavó a su alrededor en la zona que corresponde a la rotonda actual, aislándolo de los demás entierros”, agregó.

El equipo de investigación descubrió una base circular de mármol bajo el edículo (la pequeña estructura que actualmente cubre el sepulcro), lo que sugiere que esta era parte de la primera monumentalización realizada por Constantino, quien fue el primero en convertir este espacio en un lugar de culto cristiano.

“Estamos realizando análisis geológicos para verificar el origen del mármol y también estamos analizando la argamasa. Ambas pruebas pueden brindarnos información importante”, expresó la especialista.

La restauración de la Iglesia

Las exploraciones recientes no solo abren una ventana al pasado, sino también permiten el trabajo arqueológico en un lugar tan importante. Durante la restauración de la iglesia, iniciada en 2019, se permitió que los arqueólogos excaven bajo el piso del edificio para estudiar las capas más antiguas, muchas de las cuales se habían superpuesto a lo largo de los siglos.

Según indicaron los expertos que trabajan en el lugar, las labores que se realizan en este sitio se están llevando a cabo con sumo cuidado, ya que sigue siendo una edificación activa de culto, donde miles de personas se reúnen a diario.

A pesar de las complejidades logísticas, los investigadores lograron documentar monedas del siglo IV, restos de alimentos de diversas épocas, y huesos de animales que nos cuentan sobre los hábitos de aquellos que visitaron y vivieron cerca del Santo Sepulcro a lo largo de los siglos.

 

Biografía de los pastorcillos de Fátima

 

LUCIA DOS SANTOS

Lucia Dos Santos nació el 22 de marzo de 1907 en el seno de una familia humilde de Aljustrel, un pequeño pueblo de pastores a 160 kilómetros de Portugal. Sus padres eran António dos Santos y María Rosa Ferreira.

Era la pequeña de siete hermanos, cinco chicas y un varón, lo que le permitía el lujo de ganarse los mimos y privilegios de su madre. Desde pequeña fue adquiriendo una gran devoción por la Virgen.

A los seis años hizo su primera Comunión, donde recibió la primera caricia de su Santísima Madre. Durante la ceremonia, una vez recibida la Comunión, se dirigió a una capilla lateral de la Iglesia dedicada a una advocación de la Virgen. Al mirarla pudo comprobar cómo la Señora le sonreía, acontecimiento que quedó fuertemente grabado es su corazón.

Lucia fue la encargada de llevar a pastorear el rebaño desde 1915, ya que así lo requerían las necesidades de la familia. A partir de 1916 sus primos Jacinta y Francisco le empezaron a acompañar en esta misión. Fue precisamente en ese año cuando empezaron a acontecer sucesos sobrenaturales; primero, las apariciones del Ángel de la Paz y, meses más tarde, las de la Virgen.

Durante el tiempo que duraban las apariciones, por ser la mayor de los tres, se encargaba de hablar con la Virgen. A pesar de significar una gran alegría, las revelaciones también supusieron un fuerte sufrimiento para la joven vidente. En primer lugar por la incomprensión por parte de su familia y la gente que le rodeaba.

 

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Tachada de mentirosa y embustera, su madre le golpeaba  e intentaba corregirla. Ante esta situación, Lucia, angustiada, llegó a plantearse la posibilidad de que las apariciones fueran obra del diablo. No obstante, atravesados los momentos de duda, y gracias al apoyo de sus primos, siguió fiel a los mandatos de la Virgen.

Por otro lado, la Virgen le reveló que Jacinta y Francisco morirían pronto, pero que ella debía quedarse en la tierra. Pensar en que podría quedarse sola le supuso gran miedo y tristeza, pero la Señora le consoló prometiendo que siempre estaría junto a ella.

Una vez terminadas las apariciones, Lucia quiso cumplir el mandato de la Virgen y empezó a asistir a la escuela para poder aprender a leer. Gracias a su ingenio y gran memoria, pronto aprendió las primeras letras.

Pero pasadas las apariciones, la situación de Lucia no dejaba de ser la de una vidente, y así era vista por todo el mundo. El recién nombrado obispo de Leiria estaba preocupado por su situación y buscó que dispusiera de una buena educación. Así pues, el 17 de mayo de 1921 Lucia entró como educanda en el Colegio de las Hermanas de Santa Dorotea.

 

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En el Colegio, la vida intensa de piedad le llevó a plantearse su vocación. En 24 de octubre de 1925, con 18 años, inició el Noviciado como Carmelita en Tuy. Allí pasa dos años del Noviciado, para profesar el día 3 de octubre de 1928.

A fines de mayo de 1946, se le ordena volver a Portugal. Después de estar unos días, visitando y reconociendo los lugares de las Apariciones, en la Cova da Iría y en Aljustrel, es destinada a la Casa de Sardão, en Vila Nova de Gaia, cerca de Oporto.

Y, finalmente, renovando antiguos deseos de retiro y soledad, alcanza del Papa Pío Xll, la gracia de pasar al Carmelo de Santa Teresa en Coimbra, y a él llega el 25 de marzo de 1948, para llevar una vida de oración y penitencia.

Tan sólo volvió a Fátima para ocasiones especiales, como la visita del Papa Pablo VI o las de Juan Pablo II años más tarde. El 13 de febrero de 2005, poco antes de cumplir los 98 años, fallece en Coímbra con fama de santidad. A lo largo de toda su vida siguió recibiendo apariciones de la Virgen.

 

 

FRANCISCO MARTO

Francisco Marto nace en Aljustrel, Fátima, el 11 de junio de 1908 y 9 días más tarde, el 20 de junio, es bautizado. Al igual que su prima, pertenece a una humilde familia de pastores y a partir de 1916 acompaña a Lucia y a su hermana Jacinta a pastorear a las ovejas.

Recibió la primera comunión en 1916 de mano del Ángel de la Paz, junto a su hermana pequeña.

Desde pequeño fue un joven de pocas palabras, tímido y reservado. Tal vez por este motivo, y a diferencia de Jacinta, no fue gran inconveniente para él tener que ocultar a sus padres las apariciones.

 

pastorcillos Fatima

 

Durante las apariciones, Francisco no podía escuchar lo que la Virgen decía, tan sólo podía verla. A pesar de ello, llamaba la atención la devoción y el recogimiento que presentaba. Se tomó muy en serio el mandato de la Virgen de mortificarse y rezar por la conversión de los pecadores; pero su principal preocupación era la de consolar a Jesús por los pecados de los hombres.

Muy a menudo se retiraba discretamente de sus amigos para irse a rezar frente el Sagrario, donde podía pasar largas horas. La noticia de la Virgen de que iba a morir pronto le produjo gran serenidad y alegría, ya que “pronto podría estar en el Cielo”.

En diciembre de 1918 cayó víctima de una neumonía, lo que le obligó a guardar cama durante meses. Vivió su enfermedad de forma heroica, siendo un gran ejemplo para su familia, quienes admiraban la profunda devoción y el espíritu contemplativo de un niño de apenas diez años. Un día le reveló a su hermana que ofrecía todos sus sufrimientos, que no eran escasos, para consolar a Jesús.

Finalmente el 4 de abril de 1919, tras meses de larga y dolorosa enfermedad, habiendo recibido los últimos sacramentos, falleció santamente en su casa de Aljustrel, acompañado de su familia.

Su cuerpo reposa en el interior de la basílica de Fátima, junto a su hermana y su prima. San Juan Pablo II lo beatificó el 13 de mayo del año 2000 en Fátima, frente a centenares de millares de fieles. El Papa Francisco lo proclamará santo el 13 de mayo de 2017, en el centenario de la primera aparición de la Virgen.

 

 

 

JACINTA MARTO

Jacinta Marto nace en Aljustrel, Fátima, el 11 de marzo de 1910 y fue bautizada el 19 del mismo mes. Era la más pequeña de una humilde familia de pastores.

 

Alegre y jovial, Jacinta adoraba encargarse de sus labores de cuidar al ganado junto a su hermano Francisco y su prima Lucia.

Recibió la primera comunión en 1916, de mano del Ángel de la Paz. Y un año más tarde, tras la primera aparición de la Virgen fue ella quien comunicó a su madre lo sucedido, a pesar de haber prometido repetidas veces a Lucia que no contaría nada.

Jacinta FatimaLe gustaba cantar y jugar. Era de constitución débil y poseía una gran sensibilidad que le permitió desarrollar gran admiración por la naturaleza y la creación. Adoraba a su familia. Cuando fue detenida por negarse a revelar el secreto, su mayor preocupación era la de morir sin haberse podido despedir de su familia.

Las apariciones de la Virgen provocaron en ella una gran felicidad y quedó cautivada por la belleza la Santísima Virgen. Más adelante, tomando el mandato divino que le había sido revelado, desarrolló una gran preocupación por la salvación de los pecadores  y el desagravio al Corazón Inmaculado de María, que le llevaron a rezar insistentemente y realizar una la mortificación heroica. También amaba la figura del Santo Padre y rezaba por él a diario.

Amante del baile, en abundantes ocasiones después de las apariciones se negaba a realizar esta actividad para ofrecer al Señor ese sacrificio.

En diciembre de 1918 cayó enferma víctima de una neumonía. Sufría mucha sed, pero decidió no quejarse y beber para ofrecer el sacrifico por la salvación de los pecadores. Su madre familia preocupada por la salud de su hija, ya que negaba cualquier cosa que le ofrecían para comer. Dándose Jacinta cuenta del disgusto, lloró, pidió perdón a su madre y aceptó gustosamente el alimento que le ofrecía, intentando así que quedara más tranquila.

Estando en cama recibió una visita de la Virgen, que le anunció que pronto se llevaría a Francisco al Cielo. Jacinta pidió permanecer un tiempo más para poder continuar rezando por los pecadores. La Virgen le dijo que sería trasladada a un hospital, donde iba a sufrir mucho, ya que quedaría sola. La niña sufrió mucho con aquella noticia, ya que su mayor miedo era morir sin compañía, pero aceptó gustosamente.

Cuando falleció Francisco lloró mucho y no hacía otra cosa que pensar en él. Jacinta contó a su prima que en una segunda aparición la Virgen le había revelado que moriría en Lisboa sin la compañía de su familia, pero que la Virgen iría a buscarle. Las primas se abrazaron conscientes de que tal vez era la última vez que podían hacerlo. Lucia le preguntó qué iba a hacer en el Cielo, a lo que Jacinta respondió: “Voy a amar mucho a Jesús, al Inmaculado Corazón de María; pediré mucho por ti, por los pecadores, por el Santo Padre, por mis padres y hermanos, y por todas esas personas que me han dicho que pida por ellas”.

Al poco tiempo, el 21 de enero de 1920, fue trasladada efectivamente a Lisboa, donde falleció el 20 de febrero a las diez y media de la noche, sin la compañía de ninguno de sus familiares.

El cuerpo de Jacinta reposa en el interior de la basílica de Fátima, junto al de los otros dos videntes. El 13 de mayo del año 2000 fue beatificada por san Juan Pablo II; y el 13 de mayo, centenario de la primera aparición de la Virgen, será canonizada por el Papa Francisco en el lugar de las apariciones.

 

+ info-

Las apariciones de Fátima

 

Ver en Wikipedia

Santuario de Nuestra Señora de Fátima – Sitio oficial

 

 

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