CIUDAD DEL VATICANO
El Papa Benedicto XVI dedicó la catequesis de la Audiencia General del miércoles 18 junio 2008 a San Isidoro de Sevilla, doctor de la Iglesia, y a la luz de sus enseñanzas, señaló que "como se debe amar a Dios con la contemplación, se debe amar al prójimo con la acción".
Con su "realismo de pastor verdadero" Isidoro de Sevilla propone una síntesis entre la vida contemplativa y activa inspirada en el ejemplo de Cristo, que "durante el día ofrecía signos y hacía milagros en la ciudad, pero mostró la vida contemplativa cuando se retiraba a la montaña y pernoctaba en oración", indicó el Papa en la Plaza de San Pedro antes unas once mil personas.
"Creo que esta síntesis de una vida que busca la contemplación y el diálogo con Dios en la oración y la lectura de la Sagrada Escritura y la acción al servicio de la comunidad, del prójimo, es la lección que el gran obispo de Sevilla nos deja a los cristianos de hoy, llamados a dar testimonio de Cristo al inicio de un nuevo milenio", indicó.
San Isidoro de Sevllia (560-636), fue definido por el Concilio de Toledo en el año 653 como "Gloria de la Iglesia Católica".
Isidoro, amigo del Papa Gregorio Magno, era el hermano menor de San Leandro, Obispo de Sevilla, al que sucedió en esa sede episcopal, explicó el Papa, recordando que en aquella época "los visigodos, bárbaros y arrianos, invadiendo la península ibérica se habían apropiado de los territorios pertenecientes al Imperio romano" que "era necesario conquistar al catolicismo".

Bajo la guía de su hermano, el Santo se educó en la disciplina y el estudio. Su casa contaba con una nutrida biblioteca repleta de textos clásicos, paganos y cristianos. Por eso, sus obras "abarcan un conocimiento enciclopédico de la cultura clásica pagana y un profundo conocimiento de la cultura cristiana".
"En su vida personal Isidoro experimentó un conflicto interior permanente entre el deseo de soledad, para dedicarse únicamente a la meditación de la Palabra de Dios y las exigencias de la caridad hacia los hermanos, de cuya salvación se sentía encargado como obispo", agregó.
En su juventud conoció el exilio, "poseía un gran entusiasmo apostólico y experimentaba la emoción de contribuir a la formación de un pueblo que reencontraba por fin su unidad, tanto en ámbito político como religioso, con la conversión providencial del arrianismo al catolicismo del príncipe heredero, Hermenegildo".
"No hay que minusvalorar -aclaró Benedicto XVI- la enorme dificultad de hacer frente de forma adecuada a problemas muy graves, como las relaciones con los herejes y con los judíos. Toda una serie de problemas que resultan también hoy muy concretos, si pensamos en lo que sucede en algunas regiones donde parecen replantearse situaciones muy parecidas a las de la península ibérica en el siglo VI".
En San Isidoro hay que admirar "su preocupación por no dejar de lado nada de lo que la experiencia humana produjo en la historia de su patria y del mundo. No hubiera querido perder nada de lo que el ser humano aprendió en la antigüedad, pagano, hebreo o cristiano que fuera".
Por otra parte, el santo "percibe la complejidad en la discusión de los problemas teológicos y propone a menudo, con agudeza, soluciones que recogen y expresan la verdad cristiana completa".
Un relato en primera persona de un escenario vaticano insólito: la convivencia, durante casi una década, de dos papas, Benedicto XVI y Francisco. En "El sucesor"; se cuenta con naturalidad, y por primera vez, cómo fueron esos tiempos, sin esquivar las polémicas y dificultades que los marcaron.
«Benedicto y yo mantuvimos una relación muy profunda y quiero que se sepa, quiero que se conozca sin intermediarios. Él fue un hombre que tuvo el coraje de renunciar y, a partir de entonces, siguió acompañando a la Iglesia y a su sucesor», papa Francisco.
- Creo que era necesario que el Papa hablara de un tema delicado como su relación con Benedicto XVI. Era un tema del que había hablado muy marginalmente y creo que era necesario que él lo afrontase. Así que se lo propuse y aceptó. Estaba interesado en dar su propia versión y que no se hablara de la versión de otros.
- Es una entrevista y, si el entrevistado es el Papa, es difícil ir con un objetivo. Entonces, lo que yo quiero con el libro es conocer de primera mano cómo era la relación entre los dos Papas. Esto va a ayudar a hablar de cuestiones que son muy difíciles: ¿Qué significa la continuidad en el magisterio papal? ¿Qué significa ser Papa? ¿Cuáles son las nuevas posibilidades que ha abierto la existencia de un Papa emérito?
Y al final, uno va para ver cómo era su relación con Benedicto XVI y sale con muchas más cosas: la presión sobre Benedicto XVI para que apretara a Francisco, el error generalizado de considerar que Benedicto XVI era indigno del pontificado cuando dijo que dejaba de ser Papa de un modo muy pacífico. Había muchas personas que pensaban que de alguna forma seguía ejerciendo el pontificado.

- Primero que no es un problema que sean diferentes porque lo importante no es que sean iguales sino que hablen del Evangelio. Cada época tiene una sensibilidad distinta y, por tanto, necesita alguien distinto. No se trata de que sean iguales sino de que tengan la misma misión.
Entonces, tienen muchos elementos en común y tienen muchas diferencias pero no es lo importante. Cada uno, a su modo, consigue hablar de Dios a la gente del tiempo que le ha tocado. Benedicto lo hizo de un modo magistral, y Francisco, también. Benedicto XVI era el intelectual más importante del siglo XX, y si no, de los más importantes. Y tenía la capacidad de razonar la fe haciendo saber que son complementarias.
Y al mismo tiempo, el Papa Francisco tiene una empatía fuera de lo normal. En un momento en el que hay mucha soledad y hace falta cariño, pues llega un Papa que se da cuenta de dónde está el sufrimiento, entra en las heridas, se mete en el barro para ayudar a las personas…
- Al Papa una vez le preguntaron para que dijera algo a unos jóvenes: “Que vivan la fe con entusiasmo”. Me quedo con la palabra entusiasmo, que significa estar lleno de Dios y manifestarlo con alegría.
Yo creo que los primeros cristianos conseguían eso: manifestar esa alegría. Creo que el Papa nos está enseñando a vivir la fe con entusiasmo. A veces, la gente percibe que la fe supone estar muy serios, muy solemnes… Y si efectivamente toca, pues así será pero sabiendo que la fe nos hace muy humanos. Vivir la humanidad de la fe.
Alex López Blanco, Rafa Peña y Juan Bareiro
En los escritos del Nuevo Testamento aparece un personaje, importante en la Iglesia apostólica, que unas veces es llamado Juan, otras Juan Marcos y otras Marcos solamente. Por la simple lectura del Evangelio se ve que se trata de la misma persona.
Nada tiene de extraño que un judío usase dos nombres: uno hebreo Juan y otro latino helenizado Juan Marcos, máxime si procedía de provincias del Imperio romano. En San Marcos, como en San Pablo, el nombre romano terminó por imponerse sobre el hebreo.
San Marcos era hijo de María, viuda al parecer, de alta posición, en cuya casa se reunía la primitiva iglesia de Jerusalén. Una antigua tradición nos atestigua que es la misma casa en la que el Señor celebró la Última Cena e instituyó la Eucaristía, y que el hombre que llevaba el cántaro era el propio Marcos, detalle conservado por el evangelista y usado también por San Lucas.

También parece que “el muchacho que seguía (al grupo del prendimiento) cubierto con una sábana” era el propio Marcos que guarda este dato como íntimo recuerdo personal. De ser así, Getsemaní debió pertenecer al patrimonio de la familia.
Era primo de Bernabé, una de las grandes figuras de la primitiva Iglesia y, al ser Bernabé levita y de Chipre, es natural que Marcos perteneciese a la colonia chipriota de Jerusalén y que fuese levita, como su primo. Así lo cree el Prólogo de Prisciliano.
La actividad evangélica de San Marcos la inicia con Bernabé y Pablo, quienes cumplido su ministerio de llevar subsidios a la iglesia de Jerusalén, se volvieron a Antioquía llevándose consigo a Marcos.
Enviados de nuevo Bernabé y Saulo a la misión, para la que les había llamado el Espíritu Santo, embarcaron rumbo a Chipre donde predicaron en las sinagogas, teniendo a Marcos como auxiliar o diácono y una vez evangelizada la isla, al zarpar Pablo y los que con él estaban de Pafos a Perge de Pamfilia, Marcos se separó de ellos y se volvió a Jerusalén.

Cuando más tarde Pablo y Bernabé visitaron las comunidades evangelizadas, Bernabé quiso llevar consigo a Marcos pero Pablo se opuso, pues no olvidaba que no les había acompañado a Pamfilia. Como la divergencia de criterios fue irreductible, ambos se separaron en la tarea misional y “Bernabé tomando consigo a Marcos se embarcó para Chipre”. Los acontecimientos posteriores indican una plena reconciliación de San Pablo con Marcos.
Unos diez años más tarde encontramos a Marcos en Roma como intérprete de San Pedro y, un poco después, como escritor de su evangelio, según lo presenta la tradición. Su relación debía de ser muy antigua. Sabemos que liberado Pedro por el ángel, se dirigió a la casa de María, la madre de Marcos, donde era muy familiar.
Tal testimonio, junto con los datos de la tradición, hace suponer que Marcos se hallaba en Roma como intérprete de Pedro antes de que llegara San Pablo, con el que, olvidadas las diferencias de la primera separación, ahora le sirve como auxiliar, de consuelo y de gran utilidad para el ministerio. En Roma, hacia el año 60, debió de escribir el Evangelio conocido en la tradición como Evangelio según San Marcos.
Consta que tuvo que visitar la Iglesia de Colosas y que San Pablo le recomendó a los colosenses: “hacedle buena acogida”. No sabemos si realizó tal visita; pero sí que estaba en Oriente y por aquellas tierras, pues Timoteo al parecer en Éfeso, recibe este encargo de San Pablo: “procura venir pronto… y a Marcos, tráele, que me va a ser útil para el ministerio”.
Probablemente murió en el año 68 d.C., de muerte natural, según una relación, y según otra, como mártir, en Alejandría de Egipto. Los Hechos de San Marcos, un escrito de mitad del siglo IV, refieren que San Marcos fue arrastrado por las calles de Alejandría, atado con cuerdas al cuello.

Después lo llevaron a la cárcel y al día siguiente le volvieron a aplicar el mismo martirio hasta que falleció. Luego echaron su cuerpo a las llamas, pero los fieles lograron sacarlo y evitar su destrucción.
De Alejandría fueron trasladadas sus reliquias a Venecia el año 825, cuya República lo adoptó como celestial patrono, erigiendo en su honor la maravillosa Basílica de San Marcos, y tomando el símbolo del evangelista (el león alado con el libro del Evangelio) como su escudo, que esculpió en todos sus monumentos y posesiones.
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Algunas escenas de la película muestran la tortura que enfrentaron los primeros cristianos por orden del emperador romano Diocleciano en el siglo III y la lucha de un heroico soldado, Jorge. La película se rodó en varias zonas de Capadocia.
La película se estrenó el fin de semana en los distritos de Göreme, Nevşehir y se proyectará en muchos países de América Latina, incluidos Uruguay, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Panamá y Perú, con inglés, turco, portugués y español. traducciones y después de su estreno en Brasil.
El brasileño Alexandre Machafer Machado Ferreira, director y actor principal de la película, que asistió al estreno en Nevşehir, habló con el corresponsal de la Agencia Anadolu (AA), destacando las escenas importantes de la película, que tardó cerca de un año en rodarse en Brasil. registrado en Capadocia.
Expresando que el conocimiento de San Jorge y Capadocia aumentará después del lanzamiento de la película, Ferreira dijo: “Seremos los primeros ya que nadie ha contado esta historia en las películas antes. Hay una imagen de San Jorge que es fuerte y nunca pierde la fe. Fue una experiencia extraordinaria para nosotros rodar esta película en Capadocia. Porque es el lugar de nacimiento de San Jorge, una región integrada con ella”.
Esta película generará interés para los brasileños y de todos los ámbitos de la vida para conocer Capadocia y ciertamente abrirá muchas puertas", agregó.
El director de la compañía cinematográfica, Leandro Pires Bellini, enfatizó que cree que la película creará un puente cultural entre los dos países y dijo: “Aunque sea una producción internacional, tendrá un gran impacto en Brasil. También hará una gran contribución al turismo de Capadocia".

El estreno de la película "George of Cappadocia", que narra la vida de St. George, Cappadocia, Türkiye, el 22 de octubre de 2022. (Foto de AA)

Escenas de "George of Cappadocia", desplegando la vida de St. George, Cappadocia, Türkiye, 24 de octubre de 2022. (Foto de AA)
La película se proyectó en más de 30 países.
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En el enclave palestino de Gaza, sometido a una tensión permanente, los pocos miles de cristianos son una comunidad olvidada que va menguando con el paso de los años. Sin embargo, esta tierra conserva las huellas de una rica historia cristiana jalonada por grandes figuras de santidad.
El más antiguo, Silvano de Gaza, fue un obispo que murió mártir junto con 39 de sus compañeros en el año 311 d.C., durante la última persecución de los cristianos. El emperador Maximiano había promulgado una serie de edictos que revocaban ciertos derechos de los cristianos y les obligaban a ajustarse a las prácticas religiosas tradicionales so pena de encarcelamiento y ejecución. Silvano y sus compañeros se negaron. Este santo se celebra el 4 de mayo.
Celebrado el 21 de octubre, Hilarión, nacido hacia el 291 al sur de Gaza y fallecido en el 371 en Chipre, fue un eremita considerado el fundador de la vida monástica en Palestina. Fundó un monasterio que aún hoy lleva su nombre.
Las etapas de su vida se conocen gracias a los escritos de Jerónimo de Estridón, Epifanio de Salamina y san Jerónimo. En el 361, el advenimiento y la persecución de Juliano el Apóstata obligaron a Hilarión a refugiarse en Egipto. Huyendo de la popularidad, abandonó Egipto para dirigirse a Libia en el año 363, luego a Sicilia, Dalmacia y Chipre, donde murió en el 371.
Jerónimo relata que sus restos fueron trasladados en secreto a su monasterio al año siguiente de su muerte. Su tumba se convirtió en lugar de peregrinación y aún se menciona en el siglo VI. En la actualidad, este monasterio bizantino, que floreció hasta el siglo VII, es uno de los últimos testigos del periodo cristiano en Gaza y es objeto de un importante programa de restauración. Está inscrito en la lista internacional de bienes culturales bajo la protección reforzada de la UNESCO.

Nacido en el siglo IV en Tesalónica, al norte de Grecia, Porfirio se hizo ermitaño en el desierto egipcio. Tullido y apoyado constantemente en un bastón, decidió peregrinar a Jerusalén. Curado en la plaza frente al Santo Sepulcro, permaneció en Jerusalén, ganándose la vida como zapatero. En el 396 fue nombrado obispo de Gaza.
Durante veinticuatro años, en esta ciudad predominantemente pagana, defendió enérgicamente a los cristianos perseguidos y consiguió el cierre de los ocho templos paganos. Este episodio tuvo una enorme repercusión en el mundo romano. Murió en el 420 y su fiesta se celebra el 26 de febrero. La iglesia de San Porfirio, construida en el siglo V, es la más antigua que se conserva en la Franja de Gaza.
A principios del siglo VI, Juan y Barsanufio de Gaza fueron dos figuras importantes del monacato. Barsanufio, monje egipcio, fundó un monasterio a finales del siglo V en Tabata, la aldea natal de Hilarión. Puso al frente a otro monje, Seridos. Él mismo vivía recluido en su celda y solo se comunicaba con el mundo exterior a través de Séridos.

Juan el profeta ocupó otra celda del monasterio en las mismas condiciones, de modo que había tanto monjes que vivían en comunidad como monjes solitarios en sus celdas.
Barsanufio y Juan dejaron una abundante correspondencia. Sus 850 cartas dan respuesta a una gran variedad de preguntas que les plantearon monjes, laicos y obispos.
Sus notas sobre dirección espiritual siguen siendo hoy una obra de referencia (su correspondencia está publicada en la colección "Sources chrétiennes"). El más ilustre de sus discípulos es san Doroteo de Gaza. Juan y Barsanufio se celebran el 29 de febrero.
San Doroteo de Gaza nació hacia el año 500 d.C. en el seno de una familia cristiana del norte de la Franja de Gaza o de Antioquía, según las fuentes. Ingresó en el monasterio de Tabata hacia el 520.
Allí trabajó con Juan el Profeta, uno de sus padres espirituales, siendo el otro Barsanufio. Este último le envió un centenar de cartas, lo que permite seguir su evolución espiritual desde su entrada en el monasterio.
Doroteo, tras unos quince años en Tabata, fundó una nueva comunidad en torno al año 540. Para él, el objetivo del monasterio era pacificar los corazones y, en uno de sus escritos, explica cómo conseguirlo:
"Imagina que el mundo es un círculo, que el centro es Dios, y que los rayos son los distintos modos o maneras de vivir de los hombres".
Y a continuación demuestra:
"Cuando los santos que desean acercarse a Dios caminan hacia el centro del círculo, en la medida en que penetran en el interior, se acercan unos a otros al mismo tiempo que se acercan a Dios".
Luego concluye:
"Cuanto más se acercan a Dios, más se acercan unos a otros; y cuanto más se acercan unos a otros, más se acercan a Dios".
Doroteo dejó 17 instrucciones y 16 cartas en la tradición de sus maestros Barsanufio y Juan. Su fiesta se celebra el 13 de agosto.

San Vital de Gaza, también conocido como san Vital de Alejandría, nació en Gaza hacia el año 625 y murió en Alejandría. Vital fue ermitaño en Palestina. A la edad de 60 años, se dio cuenta de que las prostitutas también tenían derecho a la salvación. Abandonó su eremitorio y viajó a Alejandría para anunciarles la buena nueva de la salvación y ayudarlas a abandonar la prostitución.
Los habitantes de Alejandría se escandalizaron al ver a un ermitaño mezclado con esas mujeres. Avisaron al obispo, que encarceló a Vital, pero las prostitutas protestaron, llorando ante sus ventanas, hasta que lo liberó.
Pocos días después, Vital murió apuñalado por un proxeneta furioso por sus acciones. Cerca de su cuerpo se encontró una tablilla con las palabras "Esperad, para juzgar, el día del Juicio Final". San Vital se celebra el 11 de enero.
FUENTE: la-croix.com
Según Mons. Barron, la teología de Ratzinger es «de la mayor importancia» para el futuro de la Iglesia. El prelado asegura que el papa alemán siempre defendió la primacía de Dios y destacó la relación entre fe y razón, lo que contribuyó significativamente a resolver el supuesto conflicto entre la fe y la ciencia.

Mons. Barron afirmó que Benedicto XVI privó al «racionalismo antirreligioso» de sus fundamentos argumentativos. Mientras gran parte de la teología occidental ha derivado hacia el subjetivismo y el antropocentrismo, Ratzinger ha enfocado la atención en Jesucristo «como norma objetiva de nuestra fe», lo que ha impedido la «dictadura del relativismo». El obispos sostuvo que Ratzinger predijo proféticamente el rumbo hoy dominante en las sociedades occidentales.
En Estados Unidos, la teología de Ratzinger es especialmente relevante en relación con el movimiento «woke», que relativiza todas las afirmaciones de verdad. Ratzinger, por el contrario, «insiste en la objetividad de la verdad y en la importancia duradera de la belleza, la bondad y el amor para nuestra comprensión de la sociedad».
Mons. Barron considera a Benedicto XVI un verdadero Padre de la Iglesia, «una persona que se encuentra en la tradición de Crisóstomo, Jerónimo, Agustín y Máximo el Confesor». Además, Ratzinger fue «un excelente estilista literario». El estilo de sus escritos recuerda mucho al de los Padres de la Iglesia, lo que hace que Ratzinger sea accesible y atractivo para muchos lectores de hoy, según el obispo.

El obispo Barron es fundador de «Word on Fire». Debido a sus actividades en Internet, es uno de los representantes católicos con mayor alcance. Sus vídeos en YouTube han sido vistos más de 125 millones de veces.
El portal de Internet www.BenedictusXVI.org es una iniciativa de la Tagespost Stiftung für katholische Publizistik. El sitio web pretende convertirse en un portal de conocimiento internacional sobre la vida y obra de Benedicto XVI. La página web ya existe en alemán e inglés, y se prevén más traducciones. El difunto Papa Benedicto XVI dio su aprobación personal a este proyecto.
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La antigüedad y la difusión del culto a Jorge, ampliamente testimoniadas por documentos literarios y monumentos arqueológicos, no tienen una adecuada correspondencia en noticias biográficas del santo; por el contrario, la passio Georgii está clasificada entre las obras apócrifas del Decretum gelasianum (496).
Es, por tanto, necesario acudir a testimonios distintos a la passio para estar seguros de su existencia y de algunos datos biográficos esenciales.
En Lydda (Diospoli), Palestina, era venerado su sepulcro, como resulta por Teodosio Perigeta (ca. 530; De situ terrae sanctae, en CSEL, 39,139: «in Diospolim, ubi sanctus Georgius martyrizatus est, ibi et corpus eius est et multa mirabilia fiunt»), por Antonino de Piacenza (ca. 570; Itinerarium, ib. 176) y por Adamnano (ca. 670; De Locis sanctis, 111,4: ib. 288-294).
Los restos arqueológicos de la basílica del cementerio todavía hoy visibles (D. Baldi, Guida di Terra Santa, Jerusalén 1953, 332-333) son atribuidos por algunos a una construcción constantiniana, de cualquier modo muy cercana a las fecha de la muerte del mártir.
Además, una inscripción griega, descubierta en Eaccaea de Batanea y fechada por H. Delehaye en el 368, habla de una «casa de los santos y triunfantes mártires Jorge y compañeros», o iglesia, dedicada al santo algún decenio después de su muerte. La passio fue traducida al copto, armenio, etiópico y árabe, para el uso litúrgico que entonces se hacía de las Vitae de los Santos.

Según la primera leyenda y sus sucesivas ampliaciones, ya desde su concepción Jorge estaba predestinado para grandes cosas; su nacimiento llenó de gran alegría a sus padres Geroncio, persa, y Policronia, capadocia, que lo educaron religiosamente hasta el momento en que entró en el servicio militar.
El martirio acaeció bajo Daciano, emperador de los persas (que, sin embargo, en muchas recensiones es sustituido por Diocleciano, emperador de los Romanos), el cual convocó a setenta y dos reyes para decidir las medidas a tomar contra los cristianos.
Jorge de Capadocia, oficial de las milicias, distribuyó los bienes a los pobres y, delante de la corte, se confesó cristiano; a la invitación del emperador de hacer sacrificios a los dioses se negó, comenzando las numerosas y espectaculares escenas del martirio. Jorge fue golpeado, colgado, torturado y arrojado a la cárcel. Fue martirizado el 23 de abril del 303.
La leyenda de la joven librada del dragón por obra de Jorge surgió a continuación; parece que la narración de tal episodio nació en la época de los Cruzados, por la falsa interpretación de una imagen del emperador Constantino que se encontraba entonces en Constantinopla.
En cuanto al nombre, este Jorge no hay que confundirlo con otros homónimos, ni con los diversos Gregorios, y la etimología del término (=agricultor) ha dado lugar a originales comentarios del análogo fragmento evangélico (lo 15,1-7). El nombre se difundió por Oriente en los s. IV y V, de tal manera que fue llevado por varios soberanos de Georgia.
Su profesión de militar podría derivar de una identificación con el tribuno que arrancó el edicto de Galerio contra los cristianos en Nicodemia, según lo que es narrado por Eusebio (Historia ecclesiastica, VIII,5: PG XX, 749-752).

Pocos santos han tenido tanta veneración popular como Jorge, y como testimonio de ello están las innumerables iglesias dedicadas a su nombre. En Palestina, en Egipto, en Etiopía, en Georgia, desde el s. IV en adelante le fueron consagrados iglesias y monasterios;en los países bizantinos fue venerado junto a S. Demetrio; en Roma, Rávena, Ferrara, Milán y, sucesivamente, en Francia, en Alemania y en Inglaterra tuvo un culto antiquísimo.
En España, especialmente después de las Cruzadas, fue patrón de Aragón y de Cataluña y de las ciudades marineras, además de Barcelona y de otras ciudades. Jorge es, además, protector, con S. Sebastián y S. Mauricio, de los caballeros y de los soldados, de los arqueros y de los alabarderos, de los armeros, de los constructores de yelmos y de los guarnicioneros; en fin, fue invocado contra las serpientes venenosas, contra la peste, la lepra y la sífilis y, en los países eslavos, contra las brujas.
Los calendarios orientales portan la conmemoración de Jorge el 23 de abril, reseñando las gestas según las «pasiones» conocidas (J. M. Fiey, Le Sanetoral syrien oriental d'aprés leste Evangéliaires et Bréviaires du XI au XIII siécle, «L'Orient syrien» VIII, 1963, 37); en la misma fecha lo conmemora el Calendario marmóreo de Nápoles del s. ix, de destacada influencia bizantina (D. Mallardo, Il Calendario marmóreo di Napoli, «Ephemerides liturgicae» XVIII, 1947, 1459-150).
También los calendarios de las Iglesias occidentales fijan la conmemoración del aniversario del martirio de Jorge el 23 de abril (W. H. Frere, Studies in early Roman Liturgy, Oxford 1930, 100-101; v. t. P. Perdrizer, Le calendarer parisien á la fin du moyen-áge, París 1933, 123-124) y sólo las iglesias de Italia septentrional trasladan la celebración al día siguiente, como resulta de un calendario modenés del s. xi (ed. B. Bacchini, «Rerum ¡tal. script.» 11, 1718, 145),
De los Misales y Breviarios ferrareses y de la costumbre milanesa que quizá ha influido en las diócesis de Emilia anteriormente sufragáneas suyas (E. Cattaneo, L'evoluzione delle leste di precetto dal sec. XIV al XX, Milán 1956, 74; para Pavía, cfr. L. Valle, Le reliquie di s. Giorgio, Pavía 1903, 15). En el Martirologio Jerominiano figura en 15, 23, 24, 25 abr. y en 7 mayo, pero sólo en códices tardíos.
El Sacramentario Leoniano del s. v (ed. L. C. Mohlberg, 16) contiene los textos de la Misa de San Jorge mártir que se leían en la estación que se tenía en el Velabro. La S. Congregación de Ritos ha reducido de grado (y no suspendido, como erróneamente se ha dicho) tal fiesta por falta de noticias biográficas seguras para introducir en la liturgia (AAS Lll, 1960, 690, 706).
Gran veneración tuvo el que se consideraba sepulcro del mártir y sus reliquias fueron trasladadas probablemente durante la invasión persa a principios del s. VII o poco después, a la llegada de los musulmanes. S. Gregorio de Tours (v.), en la obra Miraculorum liben. 1,101 (PL 71, 792-793) recuerda el traslado de reliquias a Limoges y a Le Mans. En Roma, el cráneo del mártir recibe veneración en la basílica de S. Jorge in Velabro desde el s. VIII; en 1600 fue transferida una parte a Ferrara. En 852, Pietro della Marca recuerda el traslado a España de reliquias de J. El conde Roberto de Flandes en 1110 llevó a Ferrara un brazo, regalándolo a la condesa Matilde, la cual, a su vez, lo donó a la nueva catedral de la ciudad que fue dedicada al santo en 1135.
La toponimia ofrece un particular conocimiento de la difusión de su culto en los siglos pasados. El Annuario generale dei comuni e frazione d'Italia del Touring Club (1958) da una lista de 60 localidades que llevan el nombre del santo; también el índice del Atlante internacional, bajo las diversas formas del nombre en los idiomas europeos, censa un elevado número de ciudades, regiones, montes, ríos, etc., dedicados al gran mártir palestino (cfr. U. Chevalier, Répertoire des sources historiques du moyen áge; topo bibliographie, Mont-Beliard 1894-1901).
En Constantinopla, el gran monasterio construido en la Punta del Serrallo sugirió a los cruzados en 1204 llamar «Brazo de San Jorge» al mar de Mármara (Réanu).
La inmensa producción artística representando al «Santo de los Caballeros y Caballero de los Santos» es innumerable y diversa. Todas las artes lo han celebrado. La iconografía bizantina y medieval nos presenta en general al santo de pie, vestido de soldado con coraza y lanza; bien solo o con otros santos militares.
Este tema evoluciona en tiempo de las Cruzadas y, desde entonces, se le representa a caballo mientras combate al dragón para defender a la joven princesa. El arte renacentista prefiere el segundo tema conforme al espíritu caballeresco de la época y sobre todo en ciudad como Ferrara, en donde el santo además de ser el patrón de la ciudad era el ideal de la corte, que gustaba reproducir la imagen en las propias monedas
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Tener estos lazos y depender de ellos era el deber de cada persona judía, y una necesidad absoluta para la supervivencia.
El matrimonio, que nacía tras la boda, era el corazón de la familia. La primera orden que Dios le dio a Adán y Eva era que un hombre deje a su padre y a su madre se una a su esposa, que los dos deben convertirse en uno, y que deben crecer y multiplicarse. Los rabinos antiguos decían que un hombre de verdad no era un hombre del todo hasta que él lo hacía.
Sin embargo, sobre todo en la época de Cristo, había algunos hombres y mujeres que vivieron vidas célibes con el fin de ser particularmente libres para servir a Dios, ya sea mediante el estudio de la Torá, la enseñanza, o participar en una gran obra para el pueblo de Dios. Jesús y Pablo parecen haber sido de esta categoría. Jesús alabó a los que lo hacían en Mateo 19 como lo hizo Pablo en 1 Corintios 7.

En los primeros años de Israel parece haber habido una cierta tolerancia hacia la poligamia a pesar de que era una salida de lo que Dios había establecido. Muchos lo pasan por alto dada la urgente necesidad de hacer crecer la familia de Dios, el pueblo elegido.
Los hombres a menudo eran asesinados en la guerra y esto llevó a una gran cantidad de mujeres necesitadas de maridos. En general, sólo los hombres ricos podían permitirse el lujo de tener más de una esposa. Y aunque la Biblia no condena explícitamente a los polígamos, sí muestra que la poligamia ha llevado a problemas, no necesariamente entre las diferentes mujeres que participan, sino entre los hijos sobre los derechos de herencia, etc.
Por el tiempo de Jesús, la poligamia entre los judíos había disminuido en gran medida, si no desaparecido por completo. Simplemente no hay mención de la práctica en el Nuevo Testamento. Jesús también llamó a cada hombre a que debe amar a su esposa y prohibió otras indulgencias mosaicas en el matrimonio. Él re-propuso el plan original de Dios de unión de un hombre y una mujer hasta que la muerte los separe.
El matrimonio tenía lugar a una edad muy joven para los antiguos judíos. La mayoría de los rabinos propusieron 18 años como el más apropiado para los hombres, aunque a menudo un poco más joven, especialmente cuando la guerra era menos común. Las mujeres jóvenes se casaban casi tan pronto como estuvieran físicamente listas para el matrimonio, a la edad de aproximadamente 13 o 14 años.
En la mayoría de los casos, los matrimonios eran arreglados por los padres para sus hijos. Sin embargo, hay excepciones a esto y los matrimonios concertados rara vez obligaban a los jóvenes que no se tenían absolutamente ninguna atracción, o interés.
Sin embargo, la criterio en el mundo antiguo, e incluso en muchos lugares hoy en día, era que el matrimonio no era tanto sobre el amor y el romance, sino que era una cuestión de supervivencia. Además, no estaba simplemente en las personas que se casaban, sino que las familias se unían en apoyo mutuo. Belleza y el romance también eran conocidos y pasaban, pero la vida y la supervivencia tenían que basarse en fundamentos más sólidos.

Cuando una futura novia había sido elegida para un hombre joven, ya sea por sus padres o más raramente por sí misma, le seguía un período de un año llamado “compromiso”. Durante este tiempo la pareja todavía vivía separada mientras las delicadas negociaciones, a menudo prolongadas, iban y venían entre las familias, como las cuestiones de dote, etc.
El novio o su familia pagaban la dote al padre de la novia. El pago se hacía en reconocimiento de la pérdida sufrida por la familia de la novia como un miembro útil que salía de la casa. También se entendía que parte del dinero se destinaba a la mujer en caso que su marido muriera prematuramente.
Después de que el período de los esponsales se terminaba y todos los acuerdos eran por fin alcanzados y firmados, la boda podría tener lugar.
Las bodas solían extenderse durante un período de cinco a siete días. Otoño era el mejor momento para los matrimonios: la cosecha se había hecho, las mentes estaban libres, y los corazones estaban en reposo. Era una temporada en la que las noches eran frescas y deliciosas y era agradable sentarse por la noche al aire libre. Por lo general, todo el pueblo se reunía para una boda.
Al comienzo de la fiesta de bodas, en la noche, el novio, acompañado de sus amigos, iba a buscar a su novia a la casa de su padre. Él usaría particularmente espléndida ropa e incluso a veces una corona. Una procesión se formaba bajo la dirección de uno de los amigos del novio, que actuaba como el maestro de ceremonias y se mantenía a su lado durante todo el regocijo.
La novia era llevada en andas y en procesión. Ella estaba muy bien vestida y en el camino la gente cantaba canciones de boda que eran tradicionalmente conocidas y en gran parte extraídas del Cantar de los Cantares en la Biblia :
“¿Quién es éste que sube del desierto? Parece ser una columna de humo perfumado de mirra y de incienso y de todos los aromas”. (Cantar de los Cantares 3: 6)
Cuando la procesión llegaba a la casa del novio, sus padres otorgaban una bendición tradicional elaborada a partir de las Escrituras y de otras fuentes. Después de las oraciones, la noche se pasaba en juegos y bailes y el novio tomaba parte en las festividades. Pero la novia se retiraba con sus damas de honor y amigas a otra habitación asignada para ella.

Al día siguiente era la fiesta de la boda y una vez más había regocijo general y una especie de vacaciones en el pueblo. Había una comida al final del día en el que los hombres y las mujeres eran servidos por separado. Este era un tiempo para la entrega de regalos, etc.
La novia, toda vestida de blanco, estaba rodeada de sus damas de honor, por lo general diez de ellas. Se sentaba bajo un dosel, mientras que canciones y las bendiciones tradicionales eran cantadas y recitadas.
Durante este tiempo, en la noche, el novio llegaba. Y mientras las palabras rituales exactas no son del todo seguras, parece haber habido un diálogo entre la novia y el novio registrado en el Cantar de los Cantares.
La novia dice:
“¡Que me bese con los besos de su boca! Tus amores son un vino exquisito, suave es el olor de tus perfumes, y tu nombre, ¡un bálsamo derramado!; por eso se enamoran de ti las jovencitas. ¡Llévame! Corramos tras de ti. Llévame, oh Rey, a tu habitación para que nos alegremos y regocijamos, y celebremos, no el vino, sino tus caricias. ¿Cómo podrían no quererte?”(Cantar 1: 2-4).
Y el novio responde:
“Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que te escondes en las grietas de las rocas, en apartados riscos, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz, porque tu voz es dulce y amoroso tu semblante”. (Cantar 2: 13-14).
Ahora que la pareja estaba junta, todos los demás hombres y mujeres también se unían. Al parecer, los de la sinagoga u otros líderes religiosos impartían bendiciones a la pareja, ahora juntos bajo el dosel. Las palabras de estas bendiciones y rituales no son definitivamente conocidas y parecen haber variado. Después de esto llegaba la fiesta por la noche.
Más tarde en esa primera noche la pareja desaparecía y el matrimonio se consumaba. Las celebraciones a menudo se prolongaban durante varios días más. La pareja no iba en “luna de miel”, sino que se mantenía por el resto de la celebración de la boda, compartiendo la alegría, las canciones y el baile bajo el cielo tachonado de estrellas.
Las nuevas realidades sociales resultantes de la evolución del Imperio romano en su periodo reciente se expresaron en Hispania de un modo singular. Los siglos IV y V implicaron cambios en la administración, y la ciudad hispanorromana siguió una dinámica en la que los grandes espacios forenses y edificios de espectáculos fueron perdiendo el protagonismo que habían tenido anteriormente.
El cristianismo, que en inicio conocemos solo a partir de breves citas que permiten inducir la presencia de algunas comunidades desde el siglo II o III, irrumpió en un plano más palpable desde que se oficializó el culto en el imperio, aunque todavía sin la preeminencia que habría de adquirir siglos más tarde.
La escasa visibilidad de los primeros cristianos de Hispania tiene mucho que ver con el hecho de que las prácticas y reuniones que estos celebraban se llevaban a cabo en contextos privados y aún alejados de la monumentalización que tendrían los edificios eclesiásticos en etapas posteriores. Su rastro material es por ello muy difícil de detectar a través de la arqueología.

Las fuentes escritas tampoco son mucho más explícitas, aunque existen importantes excepciones. Una de ellas es el famoso Concilio de Elvira, que tuvo lugar en una localidad granadina a comienzos del siglo IV y en cuyos cánones, que afortunadamente se han conservado, ya se menciona la existencia de una autoridad eclesiástica organizada y jerárquica con la participación de obispos y diáconos de territorios dispares.
En esta, y en los escritos del llamado conflicto priscilianista de finales del siglo IV, vemos cómo la atención de los cristianos tenía más que ver con las disensiones internas que con la preocupación por el paganismo.
Yendo más allá de los textos, una de las evidencias arqueológicas más tempranas de la introducción del cristianismo tiene que ver con las prácticas funerarias.
Desde que comienza a difundirse el rito de la inhumación en el siglo II proliferan los sarcófagos decorados que llegan a la Península al comienzo con motivos paganos y luego ya con escenas cristianas en cuya iconografía suelen destacarse escenas y personajes como Noé saliendo del arca, Daniel en el foso de los leones o Jonás siendo engullido y luego regurgitado por el monstruo marino, todos ellos señalando los efectos salvíficos de la creencia en Dios.

Sarcófago de Astorga, del 310 d C, y posiblemente importado desde la propia Roma
En el contexto puramente urbano, la arqueología de las ciudades advierte que estas no convierten los grandes edificios monumentales del foro en conjuntos eclesiásticos de la noche a la mañana, sino que el proceso es muy largo.
Las primeras evidencias cristianas urbanas se relacionan con los cultos martiriales, que casi siempre tienen lugar en los suburbios y no en el centro de la ciudad, porque es en los cementerios suburbanos donde los fieles enterraron los restos o el recuerdo de los mártires.
En torno a estos restos se solía erigir un mausoleo y se celebraban encuentros y liturgias en fechas señaladas, y los fieles locales gustaban de enterrarse cerca de las tumbas de los mártires porque consideraban que la sacralidad del lugar otorgaba mayor proximidad con lo divino. Con el tiempo, tendría lugar la conversión de los mausoleos de estos santos en basílicas en las que celebrar los ritos correspondientes a cubierto.
En cambio, en el interior de las murallas, los conjuntos episcopales aparecen solo excepcionalmente en el IV, y no es hasta dos siglos más tarde que podemos hablar de un paisaje cristianizado.
Pero el cristianismo hispánico no es un fenómeno únicamente urbano. En el ámbito rural las élites hispanorromanas se habían esforzado en exhibir su poder y prestigio mediante la monumentalización y explotación productiva de grandes villas, que se adornaron con espectaculares ornamentos y con estancias de autorrepresentación para el lucimiento del dominus.
En algunas de ellas comienzan a aparecer pequeños signos del carácter cristiano de sus propietarios desde la segunda mitad del siglo IV, aunque es todavía un cristianismo muy mezclado con las tradiciones paganas.
El auténtico apogeo de esta religión en las villas es más bien tardío y no permite apreciar todavía de forma clara, por los problemas que generalmente conlleva la datación de estos espacios y los materiales tardoantiguos asociados a ellos, la supuesta transición entre los monumentos funerarios tardorromanos y su conversión a oratorios cristianos y luego iglesias, aunque sí se detecta un medio claramente más cristianizado en el VI.
Entre los grandes referentes arquitectónicos de la tardoantigüedad están los baptisterios, indispensables para la celebración del bautismo por inmersión, una fórmula que estuvo vigente hasta en el siglo VIII.
Con el tiempo, pues, las expresiones del poder fueron sufriendo varias transformaciones y adaptaciones. Como resultado de ello, la transición de la tardoantigüedad al medievo auguraría ya un nuevo periodo en el que el cristianismo habría de tener una difusión material casi a la altura de la omnipresencia de su propio Dios.
FUENTE: www.larazon.es
La palabra Jubileo evoca el oído. En efecto, recuerda el característico sonido penetrante del cuerno de carnero o cabra, el shofar, que en la tradición bíblica marca el comienzo de ciertas fiestas sagradas para el judaísmo como Rosh haShaná, el Año Nuevo judío, o Yom Kipur, el Día de la Expiación. El instrumento se menciona con frecuencia en la Torá, el Talmud y la literatura rabínica posterior.
Según la tradición, se tocaba un cuerno de carnero para conmemorar la fe de Abraham en el monte Moriah, cuando el Patriarca no eludió el sacrificio de su hijo Isaac. Un carnero atrapado con sus cuernos en un arbusto era, en efecto, señal de que Dios había apreciado su obediencia.
El sonido del cuerno anuncia otra gran solemnidad de la Biblia: el Jobel. Esta palabra significa literalmente "carnero". Según la prescripción contenida en el capítulo 25 del Libro del Levítico, cada siete semanas en el año quincuagésimo, la "trompeta de aclamación" debía sonar para proclamar un "sábado" de doce meses de duración en el que la tierra debía descansar, las deudas debían ser perdonadas y las propiedades devueltas a su dueño original.
Hay cuatro sonidos característicos del Shofar: el Tekia, una majestuosa nota larga, evoca una llamada solemne; el Shevarim, que consiste en tres notas de longitud media, similar al sonido del llanto, recuerda la fragilidad humana e invita a reflexionar sobre las acciones pasadas; el toque de Terua, una serie de notas cortas y entrecortadas, recuerda una alarma urgente para despertar del sueño espiritual. En la fiesta de Rosh haShaná, los tres sonidos se combinan en el Tekiah gedolah, o "Gran tekiah", que significa una llamada a un cambio duradero y a la redención.
El Shofar es, pues, un recordatorio para reflexionar sobre la propia vida, para buscar mejorar, y se fabrica según un proceso artesanal que implica la extracción de la parte interna del cuerno de carnero, y su posterior pulido.
El Jobel.
La práctica del Jubileo siempre ha estado para Israel vinculada a la venida del Mesías que, según los Profetas, viene a inaugurar el año de gracia del Señor. "Para que se aplique el Jubileo, se supone que todo el pueblo judío resida en la tierra de Israel", explica a Vatican News el rabino jefe de la comunidad judía de Roma, Riccardo Shemuel Di Segni.
"Esta situación se interrumpió en la época del primer exilio realizado por los asirios, por lo que ya siete siglos antes de la era cristiana se interrumpió el Jubileo".
El cautiverio babilónico de los judíos de Jerusalén en tiempos de Nabucodonosor II está descrito en el Libro de los Reyes, así como en el Segundo Libro de Crónicas o en los de profetas como Esdras, Nehemías, o en los Salmos que hacen referencia explícita a él.
"La palabra italiana giubileo", prosigue, "deriva, a través de diversas transformaciones en latín, del hebreo yōbēl. Encontramos esta palabra, por ejemplo, cuando se produce la promulgación del Decálogo'. "Cuando sonará el cuerno, entonces sólo ellos podrán subir al monte", leemos en el Éxodo. "Jobel está estrechamente relacionado con el sonido que, en la antigüedad remota, era la señal oficial que decía: en este momento comienza el año jubilar".
Hay dos aspectos legales relacionados con el Jobel: el primero es la liberación de esclavos. Siempre se recita la prescripción del Levítico: "Si tu hermano que está contigo cae en la pobreza y se vende a ti, no le dejes trabajar como esclavo; que esté contigo como jornalero, como arrendatario.
Te servirá hasta el año del jubileo; entonces se apartará de ti con sus hijos, volverá a su familia y retornará a la propiedad de sus padres. Porque ellos son mis siervos, a quienes saqué de la tierra de Egipto; no deben venderse como se venden los esclavos.
El segundo aspecto se refiere a "la anulación de la propiedad de la tierra: "En este año del Jubileo, cada uno recuperará la posesión de lo suyo". "Se refiere al sistema bíblico según el cual - explica Di Segni - cuando los israelitas llegaron a la Tierra Prometida, la tierra se dividió entre las tribus y, dentro de las tribus, entre las distintas familias, de modo que cada familia tenía un pedazo de tierra.
Podía ocurrir que, según la evolución de los tiempos, de la economía, alguien lo perdiera todo, alguien acumulara propiedades. El Jubileo significaba poner todo a cero, es decir, que cada uno volvía a su posesión original".
El Rabino jefe de la Comunidad judía de Roma, Riccardo Di Segni
"Los mensajes que llegan del Jubileo son extremadamente importantes. Son los de la posibilidad que se da a todos de construir una existencia digna con un mínimo de tierra. En la antigüedad - señala el Gran Rabino de Roma - la tierra, la agricultura, era la principal fuente de sustento. Así que todos tenían que tener su parte de sustento. Y si a lo largo de los años alguien se enriquecía y otro se empobrecía, el Jubileo servía para reordenar las cosas, para que todo el mundo volviera a empezar con las mismas posibilidades".
Luego hay un mensaje que de alguna manera hace referencia a la actualidad y a los temas de la equidad social y la protección de la creación de la que el hombre y la mujer son custodios. "La tierra no nos pertenece. La tierra nos ha sido regalada. La tierra pertenece al Señor que decide cómo darla, cuánto darla, pero sobre todo la da con justicia.
Si hay iniquidad entre los seres humanos, esta iniquidad -continúa Riccardo Di Segni- debe corregirse sistemática y periódicamente. Se trata de un mensaje social muy importante. Es difícil trasladarlo a la situación económica actual, pero el principio de que todos tienen la misma oportunidad de empezar es fundamental para establecer la justicia y la equidad en las relaciones sociales.
Pablo Ondarza - Ciudad del Vaticano

