A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.
LA DIDACHE siglo I“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).
“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).
“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?
Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).
“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).
“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.
“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).
“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).
“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).
“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).
“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).
“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).
“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).
“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.
¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).
“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).
Desde el ataque se abrió un proceso de investigación para encontrar a los responsables del atentado. Muchos líderes mundiales pidieron al gobierno de Sri Lanka que haga justicia. El papa aprovechó el tercer aniversario de los atentados para hacer este llamamiento público.
FRANCISCO
No quisiera terminar sin hacer un llamamiento a las autoridades de su país. Por favor y por el bien por la justicia, por el bien de tu pueblo, que se aclare de una vez por todas quiénes fueron responsable de estos hechos [los atentados de Semana Santa de 2019]. Esto traerá paz a su conciencia y a la Patria.
Casi 5 años después, la comunidad católica no ha olvidado a las más de 200 personas asesinadas ese día.
CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Hemos construido un cementerio especial en Kotahena o Nigambo. Tuvimos que comprar un terreno porque el cementerio católico estaba repleto, lleno de cadáveres y no podíamos enterrarlos a todos allí.
También hay un memorial en una de las iglesias que fueron destruidas aquel Domingo de Pascua.
CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Hay un memorial dentro de la iglesia. Reservamos una zona y escribimos todos los nombres en una lápida de piedra que construimos en la iglesia de San Sebastián.
Muchas personas han acudido a los memoriales para pedir la intercesión de estos hombres y mujeres. El cardenal Ranjith dijo que son ejemplos de los mártires modernos de los que el papa habla a menudo.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Dieron sus vidas por la fe, porque los atacantes lo hicieron por odio a la fe. Odium fidei, así lo llaman. Odiaban a los cristianos y atacaron a estos inocentes. Los mataron. Para nosotros son mártires porque murieron yendo a la Iglesia, por eso promovemos su causa.
El 21 de abril se cumplen 5 años del atentado. Es el tiempo mínimo que exige el Vaticano para iniciar el proceso de beatificación. Y en Sri Lanka lo tienen claro. En cuanto se cumpla ese aniversario, se pondrán manos a la obra.
FUENTE: www.romereports.com
Gozó de tanta autoridad El Pastor de Hermas durante los siglos II y III, que incluso Tertuliano (1) e Irineo de Lyon (2) lo citaron como Escritura. Asimismo el Codex Sinaiticus lo vincula al Nuevo Testamento, y en el Codex Claromontanus (3) figura entre los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de San Pablo.
La primera versión del libro fue escrita en griego, y no se ha conservado el texto completo, pero sí se conserva la traducción al latín efectuada por su propio autor, Hermas de Roma. Viene citado en los siguientes manuscritos:
Codex Athensis
Codex Sinaiticus (Manuscrito del siglo IV de la versión griega de la Biblia).
Papiro 129 (Hallado a principios del siglo XX en Egipto y que en la actualidad se encuentra en la Universidad de Michigan).
Versión copto-sahídica (El sahídico es el dialecto principal del copto y era hablado en Tebas, en el Alto Egipto).
Codex Visionum
Existen dos versiones en latín: la Vulgata (4) y la Palatina (5). Además hay otras versiones en lenguas etiópicas, o sea, originarias de Etiopía: una en idioma persa y otra en lengua copta.

Aunque las citas bíblicas son muy escasas, el contenido del texto muestra que el autor dominaba la literatura sapiencial del Antiguo Testamento y de las Cartas de San Pablo. Igualmente es de destacar la influencia literaria judía, principalmente la proveniente de un texto titulado Manual de disciplina, perteneciente a los escritos esenios (6) descubiertos en las cuevas de Qumrán, a orillas del Mar Muerto. Esto significa que el autor provenía del ámbito judeo-cristiano.
Debido a que el texto de El Pastor de Hermas menciona al Papa Clemente I (7), antiguamente se suponía que la obra fue escrita en la época de su pontificado, o sea, entre el 88 y el 97 d.C.
Quienes originalmente consideraban que El Pastor de Hermas, como es el caso de Orígenes (8), se apoyaban en un versículo de la Carta a los Romanos, donde Pablo saluda a los cristianos de Roma, entre los que cita a uno llamado Hermas: "Saludad a Asíncrito y Flegón, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que están con ellos" (Romanos 16:14).
Sin embargo, gracias en gran parte al Códice de Muratori (9), sabemos que la obra fue compuesta por un tal Hermas, hermano del Papa Pío I, en la ciudad de Roma, entre los años 140 al 155 d.C., datación confirmada por otros catálogos eclesiásticos. Diversos exégetas y estudiosos han confirmado esta fecha de composición después de analizar el lenguaje utilizado, el mensaje teológico transmitido y la similitud con el libro del Apocalipsis.
El teólogo inglés Joseph B. Lighfoot (10) propuso a finales del siglo XIX la datación de El Pastor de Hermas entre los años 140 al 155 d.C., basado en estos tres testimonios:
Códice de Muratori (9): "Cuando Hermas redactó El Pastor muy recientemente en nuestra época, en la ciudad de Roma, su hermano, el obispo Pío, ocupaba la sede de la Iglesia de la ciudad de Roma".
Catálogo Liberiano (11) y Liber Pontificalis (12): "Bajo el episcopado de Pío, su hermano Hermas escribió un libro que contiene los preceptos que le entregó un ángel que se le apareció como un Pastor".
Doctrina de Marción (13): "Entonces, después de él, Pío, cuyo hermano según la carne era Hermas, el pastor angélico, porque él declama las palabras que le fueron dadas por el ángel…".
Estos tres testimonios parecen citar una misma fuente, la obra perdida de Hegesipo (14), que también sería utilizada por Eusebio de Cesárea (15) para redactar su obra Historia Eclesiástica.
El libro de El Pastor de Hermas refleja el estado de la cristiandad romana a mediados del siglo II d.C. Tras una larga etapa de tranquilidad sin sufrir persecuciones, parece que no era general el espíritu de los primeros tiempos del cristianismo. Junto a cristianos fervorosos, había muchos tibios. Junto a los santos no faltaban los pecadores. Y esto ocurría en todos los niveles de la Iglesia, desde los simples fieles hasta los ministros consagrados. Por este motivo no es de extrañar que el libro gire en torno a la necesidad de penitencia.
Según se desprende del escrito, Hermas, su autor, era un cristiano sencillo, pero lleno de preocupaciones religiosas y con una particular conciencia de sus propias faltas morales. Pesa sobre él principalmente el remordimiento por no haber sabido mantener debidamente las relaciones familiares con su esposa e hijos, y por no haber sabido hacer buen uso de sus bienes terrenales.
Hermas parece ser un judío de origen y formación, quien fue vendido como esclavo y enviado a Roma, en donde fue abriéndose paso en la vida. Como liberto se dedicó a los negocios y compró algunas fincas, que luego fue perdiendo. Sus hijos vivían mal y con su esposa no se llevaba demasiado bien, según él mismo nos cuenta en su libro.
Dos son los temas que nos plantea Hermas en su libro: el primero es la Iglesia, que es presentada en sí misma en su aspecto histórico y en su tiempo final o escatológico. El segundo habla de la relación de Cristo con la Iglesia, usando imágenes de fuerte resonancia bíblica. La utilización de un lenguaje alegórico se extiende por toda la obra, lo cual transmite un mensaje optimista y lleno de esperanza.
Muchos temas van apareciendo a lo largo del libro. De particular interés pueden ser los que se refieren al peligro de las riquezas, a las relaciones entre ricos y pobres, o a la necesidad de saber distinguir los signos de la influencia del buen o del mal espíritu en nosotros y en los demás. Pero el principal tema que aborda el texto del libro es el de la penitencia personal.
El Pastor de Hermas se compone de cinco visiones de género apocalíptico, doce mandatos y diez parábolas. El tono de la obra viene dado por la utilización de la primera persona del singular, presente desde el inicio de la primera visión cuando Hermas dice: "El amo que me crió me vendió a una tal Roda en Roma. Al cabo de muchos años la encontré de nuevo y empecé a amarla como a una hermana" (1ª. Visión, I).
La primera visión es mas bien una amonestación al mismo Hermas por su amor a Roda y a su condescendencia con sus hijos. En la segunda visión Hermas es invitado a dar a conocer el contenido de un libro que es una exhortación al arrepentimiento. La anciana que le habló en la primera visión se muestra como la Iglesia, pero también le dice que el libro aún debe ser completado.
En la tercera visión Hermas ve una torre que también simboliza a la Iglesia, y en la cuarte visión le es profetizada una tribulación, la cual se simboliza en un gran monstruo. La última visión presenta al Pastor, quien le mostrará y enseñará las parábolas del resto de la obra. La tercera parte, dedicada a los mandatos, trata de diversas virtudes cristianas y humanas: la fe, el temor de Dios, la continencia, la inocencia, la sinceridad, la castidad y el matrimonio cristiano.
Como se ha mencionado anteriormente, el punto principal de la obra es la penitencia, que se presenta como el modo de entrar a la Iglesia que nos menciona Hermas en su libro, la cual sería el único canal de salvación. Esta exhortación a la penitencia se refiere a la penitencia pública sacramental, que sólo se puede recibir después del bautismo, y que abarca todos los pecados sin exclusión alguna, lo cual es un dato muy característico en Hermes. Esta penitencia hay que llevarla a cabo enseguida y debe producir una conversión profunda y una enmienda verdadera, pues la santificación que produce en el alma es comparable a la del bautismo.
El Pastor de Hermas muestra cierta audacia imaginativa, pero en general tiene poca profundidad teológica, y se mantiene mas bien en una actitud meramente moralística. No obstante es interesante como reflejo de los problemas religiosos y morales que tenía un cristiano ordinario en aquel entonces.
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Glosario
01.- TERTULIANO: Quinto Septimio Florente Tertuliano, más comúnmente conocido como Tertuliano (160 a 220) fue un líder de la Iglesia y un prolífico escritor durante la segunda parte del siglo segundo y primera parte del tercero. Nació, vivió y murió en Cartago, en el actual Túnez.
02.- IRINEO DE LEON: Ireneo de Lyon, conocido como San Ireneo, nació en Esmirna, Asia Menor, el 130, y murió en Lyon, en 202. Fue obispo de la ciudad de Lyon desde 189, estando considerado como el más importante adversario del gnosticismo del siglo II. Su obra principal es Contra las Herejías.
03.- CODEX CLAROMONTANUS: Es un manuscrito realizado en griego uncial (es decir, empleando mayúsculas) fechado aproximadamente en el siglo VI. Originalmente contenía todo el texto griego y latino de las cartas de san Pablo. Toma su nombre de la ciudad francesa de Clermont-Ferrand, donde fue encontrado por el estudioso calvinista Teodoro de Beza.
El códice contiene también el Catalogus Claromontanus, compuesto en Occidente en el siglo IV, que enumera los libros considerados canónicos e indica el número de líneas que tenía cada obra. Además de los libros que actualmente son considerados canónicos, la lista comprende también algunos apócrifos como la Tercera epístola de Pablo a los corintios, los Hechos de Pablo, el Apocalipsis de Pedro. Asimismo, conserva textos de otros escritos como la Carta de Bernabé y el Pastor de Hermas.
04.- LA VULGATA: Es una traducción de la Biblia al latín, realizada a finales del siglo IV por Jerónimo de Estridón. Fue encargada por el papa Dámaso I dos años antes de su muerte (366-384). La versión toma su nombre de la frase vulgata editio (edición para el pueblo) y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que Jerónimo de Estridón dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.
05.-LA PALATINA: Fue la escuela fundada por el emperador Carlomagno en el palacio de su capital, Aquisgrán, durante el denominado Renacimiento carolingio, un periodo de florecimiento intelectual durante la oscura Alta Edad Media. Se convirtió en el centro educativo más renombrado de la época y sirvió de ejemplo para la creación de otras escuelas (escuelas carolingias).
06.- ESENIOS: Eran los componentes de una secta judía, establecida probablemente a mediados del siglo II a.C. en Qumrán tras la revuelta macabea, y cuya existencia hasta el siglo I está documentada por distintas fuentes. Sus antecedentes inmediatos podrían estar en el movimiento hasideo, de la época de la dominación Seléucida (197 a 142 a. C.)
07.- PAPA CLEMENTE I: Clemente de Roma o San Clemente I, fue un religioso cristiano de finales del siglo I, obispo de Roma, y a quien la Iglesia Católica le considera su cuarto papa. Se venera como santo y mártir en la Iglesia católica y se celebra su festividad el 23 de noviembre. En Roma existe una antiquísima basílica, la Basílica de San Clemente de Letrán, levantada sobre su tumba. Elegido en el 88, murió en el 97. Exiliado por el emperador Trajano al Ponto, fue arrojado al mar con un áncora al cuello.
08.- ORIGENES: Nació en 185 en Alejandría, y falleció en Tiro o Cesárea Marítima en 254. Es considerado un Padre de la Iglesia, destacado por su erudición y, junto con San Agustín y Santo Tomás, uno de los tres pilares de la teología cristiana.
09.- CODICE DE MURATORI: El fragmento muratoriano o fragmento de Muratori, también llamado canon de Muratori o muratoniano, es la lista más antigua conocida de libros considerados canónicos del Nuevo Testamento. En la lista figuran los nombres de los libros que el autor consideraba admisibles, con algunos comentarios. Está escrito en latín y fue descubierto por Ludovico Antonio Muratori (1672-1750) en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y publicada por él mismo en 1740.
10.- JOSEPH B. LIGHFOOT: Joseph Barber Lightfoot nació en Liverpool el 13 de abril 1828 y murió en Bournemouth, Hampshire, el 21 de diciembre de 1889. Desde julio de 1870 a noviembre de 1880 ejerció como uno de los revisores del Nuevo Testamento inglés; desde 1871 a 1879 fue canónigo de San Pablo y en 1874 y 1875 predicador en Oxford. En 1875 dejó el profesorado Hulsean y fue profesor de teología en Lady Margaret en Cambridge, lo que combinó con la rectoría de Terrington en St. Clement, Norfolk; en 1875 era secretario del gabinete de la reina. El 25 de abril de 1879 fue consagrado obispo de Durham.
11.- CATALOGO LIBERIANO: Consiste en una lista de los treinta y seis primeros papas de la Iglesia Católica, desde San Pedro hasta Liberio de quien proviene el nombre con el que se conoce esta compilación.
12.- LIBER PONTIFICALIS: Es una compilación de reseñas biográficas de los primeros papas, desde San Pedro hasta Esteban V. Obra de distintos autores se atribuye a Anastasio, aunque sólo fue el último de los compiladores que trabajó en la lista papal, que fue bibliotecario de la Sede Romana en el siglo IX y durante cinco días antipapa.
13.- DOCTRINA DE MARCION: El marcisionismo toma su nombre de su principal creador, el teólogo y exitoso comerciante Marción (85-150 d. C.). Nacido en Sinope, en Asia Menor (hoy Sinop, Turquía), hijo de un obispo excomulgado, Marción prosperó como comerciante y naviero. Viajó a Roma entre 135 y 140 d.C. buscando ser nombrado dignatario de la Iglesia, sin lograrlo. Fue excomulgado por hereje en el año 144 de nuestra era. En el momento de su muerte (150) había logrado exitosamente el primer cisma del Cristianismo, cuyos efectos se prolongarían hasta el siglo III.
14.- HEGESIPO: Fue un escritor paleocristiano, considerado el primer historiador de la Iglesia. Vivió 20 años en Roma durante el pontificado del papa Aniceto y el de Eleuterio, y enfrentó las teorías gnósticas que surgían dentro de la Iglesia. En el año 177 volvió a Jerusalén donde murió ya anciano. Dentro de la Iglesia Católica es considerado como el padre de la historia de la Iglesia ya que publicó la primera lista de obispos romanos, desde Simón Pedro hasta Aniceto.
15.- EUSEBIO DE CESAREA: Eusebio de Cesárea (del 275 al 339), también conocido como Eusebius Pamphili (Eusebio, amigo de Pánfilo). Fue obispo de Cesárea y se le conoce como el padre de la historia de la Iglesia porque sus escritos están entre los primeros relatos de la historia del cristianismo primitivo.
Agustin Fabra
Un nuevo proyecto internacional, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, combina inteligencia artificial y análisis químico para estudiar una de las preguntas más importantes en este campo: ¿Dónde se produjeron y copiaron, y qué revelan sus orígenes sobre los centros de aprendizaje y la transmisión del conocimiento durante el período del Segundo Templo?
Dra.Lilit Cohen Ofri, Directora del Laboratorio de Manuscritos de Qumrán:
Existen diferentes opiniones sobre el lugar de origen de los manuscritos: es posible que todos se compusieran en Qumrán. De hecho, allí existía una comunidad que vivía aislada, convencida de la necesidad de mantenerse alejada de Jerusalén y de todo el sistema que consideraba corrupto del Templo, así como de los sacerdotes que oficiaban allí. Sin embargo, algunos creen que ninguno de los textos se escribió en Qumrán, mientras que otros opinan que algunos se compusieron allí, y otros fueron traídos por judíos que huían de los romanos, quizás de Jerusalén, y escondidos en cuevas cercanas al yacimiento, con la esperanza de regresar más tarde para recuperarlos.

El proyecto, dirigido por el profesor Mladen Popović de la Universidad de Groningen, reúne a investigadores de la Universidad de Groningen, la Autoridad de Antigüedades de Israel y destacados laboratorios e instituciones de investigación de toda Europa. Durante los próximos cinco años, el equipo analizará aproximadamente 250 muestras de la colección de los Rollos del Mar Muerto.
Por primera vez, los papiros egipcios se examinarán junto con los de Qumrán y otros yacimientos del desierto de Judea. Se espera que estos análisis ayuden a identificar las "huellas dactilares" físicas de los textos, revelar el origen de las materias primas, determinar los métodos de producción, la disposición de las columnas y los márgenes, y las técnicas de costura, así como descubrir conexiones entre diferentes centros de actividad de escritura.

Este proyecto permitirá a los investigadores desarrollar un modelo sin precedentes para cartografiar más de 25 000 fragmentos de los Rollos del Mar Muerto que se conservan en la Autoridad de Antigüedades de Israel, situando cada texto y escriba en su contexto geográfico y temporal, y revelando más secretos que han permanecido ocultos en las cuevas durante siglos.
Dra.Lilit Cohen Ofri, Directora del Laboratorio de Manuscritos de Qumrán:
Si tenemos éxito, con la ayuda de la investigación analítica, quizás comprendamos lo que sucedió y respondamos muchas de las preguntas que la gente se ha planteado durante siglos, o al menos durante los últimos setenta u ochenta años.
fuente: Christian Media Center
Miniserie de TV de dos episodios. Los vándalos están asediando Hipona, en el norte de África, y el Papa teme por la vida de su obispo, Agustín. Por eso envía un barco para rescatarlo y traerlo a Roma sano y salvo.
Una tropa del ejército romano atraviesa las líneas enemigas y llega hasta Hipona, consiguiendo reavivar la esperanza de un pueblo subyugado por el poder vándalo.


"Deseaba venir a venerar los restos mortales de san Agustín, para rendir el homenaje de toda la Iglesia católica a uno de sus "padres" más destacados, así como para manifestar mi devoción y mi gratitud personal hacia quien ha desempeñado un papel tan importante en mi vida de teólogo y pastor, pero antes aún de hombre y sacerdote". (Benedicto XVI ante la tumba de San Agustín, 21 de abril de 2007)
Agustín nació en Tagaste (Argelia) el 13 de noviembre del año 354. Su padre, Patricio, era pagano. Su madre, Santa Mónica, fue un modelo acabado de esposa y madre cristiana: sus virtudes ejemplares, su sufrimiento y su oración conseguirían, primero, la conversión de su marido, quien se bautizó a la hora de la muerte, y, después, la de sus hijos.
Santa Mónica ejerció sobre Agustín una influencia decisiva. Éste nos ha dejado en sus Confesiones el mejor elogio de su madre. Sin embargo, como él mismo relata en dicha obra, la juventud de Agustín se distinguiría por una conducta de libertinaje, junto con una búsqueda incesante de la verdad.
Cursó estudios en su ciudad natal, Tagaste, y posteriormente en Manila y Cartago. A los 17 años se procuró una concubina, con la que tuvo un hijo.
La lectura del Hortensio, de Cicerón, despertó en él la vocación filosófica. Fue maniqueo puritano desde los diecinueve años hasta los veintinueve.
Decepcionado por el maniqueísmo, que concebía al mundo como una oposición sostenida entre los principios del bien y del mal, fue a Roma en el año 383, abrió escuela de retórica y se entregó al escepticismo académico.
Al año siguiente ganó la cátedra de Retórica de Milán. En esta ciudad acudió a escuchar los sermones de San Ambrosio, quien influyó mucho en la vida de Agustín al hacerle cambiar de opinión sobre la Iglesia católica, la fe, la exégesis y la imagen de Dios.
Tuvo contacto con un círculo de neoplatónicos de la capital, uno de cuyos miembros le dio a leer las obras de Plotino y Porfirio, que determinaron su conversión intelectual.
La conversión del corazón sobrevino poco después, en septiembre de 386, de un modo inopinado. Al año siguiente, su madre, Santa Mónica, quien tanto influyera con su oración y sufrimiento en la conversión de su hijo, murió en Ostia, Italia. Su fiesta se celebra el día anterior a la de su hijo, el 27 de agosto.

Deseoso de ser útil a la Iglesia, Agustín volvió a su continente natal, África, y comenzó a planear una reforma de la vida cristiana.
Tres años más tarde fue ordenado presbítero en Hipona para ayudar a su anciano obispo Valerio. Éste, en 396, le consagró obispo, y a su muerte el año siguiente Agustín le sucedió en la sede episcopal. Bajo su orientación la Iglesia africana, derrotada, recobró la iniciativa.
Agustín fue desarmando y desenmascarando las herejías que estaban más difundidas en la época. Los últimos años de su vida se vieron turbados por la guerra. Los vándalos sitiaron su ciudad y tres meses después, el 28 de agosto de 430, murió en pleno uso de sus facultades y de su actividad literaria.
Era de constitución fuerte y sana, como lo demuestran sus actividades, trabajos, viajes y serena ancianidad; sus enfermedades se debieron a constantes excesos de fatiga, ascesis y apostolado. La ilusión de su vida fue la verdad para todos los hombres.
Pendiente de sus circunstancias, vivió luchando, aunque era de carácter sereno y apacible. Convirtió su pequeña diócesis en corazón de la cristiandad. Hoy sus restos mortales descansan en Pavía.
Comúnmente es representado con traje de obispo o de monje, llevando en la mano un libro, un corazón o una iglesia.
Sus numerosas obras nos han llegado casi en su totalidad y en buen estado. En ellas trata muy diversos temas, desde los que hablan de su propia vida, como las Confesiones y los Soliloquios, hasta varias obras de tema moral y ascético, pasando por otras de carácter exegético y muchas apologéticas —entre ellas La Ciudad de Dios— y con argumentos contra el maniqueísmo y las principales herejías de su tiempo.
La vocación de San Agustín, su misión, consistió en recoger, coordinar, asimilar y transmitir dos culturas, la grecorromana y la judeocristiana. Lorealizó tan perfectamente, que se constituyó en genio de Europa. Marcó una nueva ruta al pensamiento y su influjo en la espiritualidad cristiana ha sido notable.
Tenía grandes cualidades humanas: inteligencia poderosa para la síntesis y el análisis, voluntad ardiente e indomable, sensibilidad tierna y viril, vitalidad exuberante, imaginación creadora, iniciativa inagotable, estilo encantador, sentido del humor y del ridículo.
Fue el primer filósofo que adaptó una teología racional a los tres problemas radicales de la existencia, la verdad, el ser y el bien; y casi el primer teólogo que confió en una filosofía crítica, frente a los dogmatismos y fideísmos ilusorios, considerando el entendimiento como revelación natural.
Hombre de una sola pieza, unificó su vida, sus obras y sus intenciones en un sistema vivo y dialéctico, a veces implícito. Teoría y práctica son en él dos formas de una sola postura, si bien es exagerado decir que sus teorías son generalizadoras de sus experiencias.
Cada tesis tiene valor desde su fundamento, pero el fundamento florece en cada tesis. Su obra podría definirse como antropología teológica, y, en este sentido, podría hablarse de un humanismo cristiano: la condición humana es su punto de partida, incluso para demostrar la existencia de Dios.
La posteridad ha venerado siempre a este gran genio, y muchas ciencias humanas encuentran en su pensamiento muchas de sus bases y postulados de fondo. Se le ha reconocido el ser un pensador evolutivo, teológico y católico.
Mónica de Tagaste, la madre de Agustín de Hipona, forma parte de un grupo de mujeres del siglo IV, con quienes la Iglesia universal estará siempre en deuda. Ellas influyeron de forma decisiva en algunos de los personajes más importantes de este tiempo. Por ejemplo, en Capadocia, región de la actual Turquía, san Basilio el Grande llama a su abuela, Macrina la Vieja, nodriza espiritual. Y santa Macrina la Joven fue para su hermano menor, san Gregorio de Nisa, una verdadera directora espiritual.
Cerca de esta gran familia resplandeció otra, iluminada por la virtud de una nueva mujer, santa Nonna, que consiguió construir con los suyos un verdadero hogar de santidad. Convirtió a su marido, san Gregorio, y dio a la Iglesia tres hijos, inscritos también ellos en el santoral. El mayor de ellos es san Gregorio Nacianceno.
Y en Antioquía de Siria también fue otra mujer quien guió en su educación al gran san Juan Crisóstomo, su madre Antusa, viuda desde muy joven.
Como todas estas santas mujeres, Mónica fue la artífice de la vida cristiana de su casa. Ella plantó y regó para que Dios hiciera crecer a una de las figuras más excelsas y prolíficas de la Iglesia universal y de la cultura humana, san Agustín.

Ante todo, es de notar que todo cuanto sabemos de santa Mónica noslo ha transmitido san Agustín en las Confesiones, en los Diálogos y en algunos otros lugares de sus escritos.
Mónica nace en Tagaste, en la actual Argelia, el año 331, ya que murió el 387 a la edad de 56 años.
Las noticias que tenemos de su familia son muy escasas. Sólo sabemos que tuvo otras hermanas; del resto no conocemos ni el número de los miembros que la componían, ni el nombre de ninguno de ellos.
Lo que sí podemos afirmar es que su familia era de clase media; no la llamaríamos rica, pero tenía criados y algunas posesiones. En aquella época el tener servidumbre no era un privilegio de la clase opulenta; la encontramos también, muy comúnmente, entre los más o menos acomodados.
El ambiente religioso familiar en el que nace y se cría Mónica era de recias convicciones cristianas. Agustín nos lo presenta con estas escuetas palabras: Nació en una casa creyente, miembro sano de tu Iglesia. En su boca estas palabras tienen un significado especial. Con ellas indica que la familia de su madre hacía tiempo que dejó el paganismo (creyente), y que se había mantenido alejada del cisma donatista (miembro sano). Aunque más tarde descubrirá que la ciudad de Tagaste había pertenecido al partido de Donato en los primeros momentos del cisma.
El llamado partido de Donato o donatismo apareció en África hacia el año 305 como reacción ante las defecciones habidas durante la última gran persecución (años 303-305). Pretendía que la Iglesia sólo estuviera formada de santos, y que los pecadores no tuviesen cabida en ella.
Era como el fariseo de la parábola (cf. Lc 18, 9-14), que comienza presentando a un Dios juez, continúa por poner en duda su misericordia y, en el fondo, termina por negar el poder del mismo Dios para perdonar.
Las consecuencias fueron desastrosas para la cristiandad africana por la división y la persecución sangrienta que desató la secta contra los católicos. Al final, en el año 411 se consiguió la reunificación, tarea en la que tuvo un puesto principal san Agustín.
Durante su infancia y adolescencia Mónica fue confiada a una anciana criada, que de joven había sido aya de su padre; ahora se le encomendaba la educación de las pequeñas de la casa. Aquella mujer supo guiar sus primeros años con severidad pero con tacto; Agustín nos la presenta diciendo que era enérgica al castigar cuando era necesario, y muy prudente en la formación.
Como botón de muestra narra a continuación uno de los ejercicios que la anciana sirvienta exigía a Mónica y a sus hermanas: fuera de las comidas no les permitía beber nada: Ahora -decía- os contentáis con beber agua, porque no tenéis vino al alcance de la mano; pero una vez que os caséis y seáis amas de llaves de bodegas y despensas, le haréis ascos al agua, pero prevalecerá la costumbre de beber.
Aquel ejercicio era duro, pero sabio. Mónica no tuvo que esperar a casarse para experimentarlo. Al poco tiempo, sus padres le encomendaron la tarea de preparar todos los días el vino para la comida; y al ir a la bodega para sacarlo de la cuba, empezó a beber: primero, por curiosidad, mojando apenas los labios, para terminar tomandose muy a gusto un vaso casi entero.
Quien le hizo abrir los ojos a aquel vicio en ciernes fue otra criada, la que diariamente la acompañaba y encubría con malicia su acción. Un día que riñeron, la sirvienta se desquitó llamándola borrachina, y -dice san Agustín-: fue para ella como una bofetada. Comprendió el peligro de esa costumbre y al instante la deploró y la erradicó de su conducta.
Esta reacción drástica descubre el carácter decidido de Mónica. Su amor propio no le deja amedrentarse, ni su nobleza de espíritu le permite refugiarse en mecanismos de defensa con los que excusarse y seguir por el camino facilón. Siempre la veremos pronta a afrontar las situaciones más dispares y a responder de forma sobria y definitiva; será mujer de una sola palabra.
En cuanto a la formación intelectual, Mónica no pasó del grado primario. En Roma capital las mujeres podían acceder con facilidad a la cultura; sin embargo, en las provincias no tenían esta suerte. Aquí estaban destinadas al matrimonio y al trabajo del hogar. Mónica se dedicará a estas tareas con toda el alma, llegando a ser una auténtica maestra de la vida matrimonial y familiar.
Cuando llegó a la edad del matrimonio, fue entregada a un hombre al que sirvió como a señor.
Mónica se casó con un pagano de Tagaste, Patricio. Desconocemos la edad exacta que tenía en ese momento; pero sería una muchacha joven, de unos 20 años. Tampoco nos han llegado noticias de su noviazgo, aunque en esto tendría bastante que ver el paterfamilias (el cabeza de familia), como era lo acostumbrado en aquel tiempo; éste trataba con el novio o con la familia del novio las condiciones para la boda.
Las uniones mixtas entre paganos y cristianos no eran nada raras. La Iglesia nunca las había prohibido, aunque recelaba de ellas por los peligros que suponían para la fe.
La experiencia, sin embargo, también enseñaba que, si por influjo del cónyuge pagano había deserciones de la Iglesia, se daban, igualmente, muchos casos en que el hogar se convertía en un fecundo terreno de misión. El matrimonio de Mónica y Patricio va a ser uno de los grandes ejemplos de esto último.
Desde este momento Mónica se dedicó a dirigir su casa. Ella, como toda mujer romana, tenía la misión de cuidar de todo lo de ella: hacer las compras necesarias, preocuparse de la buena marcha de todas las actividades, vigilar a los criados y, sobre todo, hilar con huso y rueca, sus instrumentos de trabajo más representativos; en fin, tenía la responsabilidad de la vida interna de su hogar.
La nueva casa de Mónica era bastante distinta de la paterna. Aquí no encontró la atmósfera cristiana respirada hasta entonces; y, además, se topó con una suegra un tanto suspicaz y unas criadas chismosas. San Agustín dice que: Al principio, su suegra se irritaba contra ella por los chismes de las malas criadas.
Pero Mónica no se arredró. Sabía que era su casa y su vida, así que con toda paciencia puso en juego el arma más eficaz, la caridad, respondiendo al mal con el bien (cf. Rm 12, 21).
La suegra pronto se convenció de lo infundadas que eran las habladurías de las criadas, y reaccionó con dureza: le pidió a su hijo que les diera un escarmiento. Patricio; las azotó, y desde ese momento las dos vivieron en perfecta armonía.
Esta grandeza de alma, que muestra aquí Mónica, es el fundamento para construir la casa de paz que fue su hogar. Su hijo Agustín habla con admiración en las Confesiones de esta virtud de su madre, sobre todo porque era bastante rara entre los africanos; y llegará, incluso, a desatar una verdadera campaña pastoral contra el espíritu de rencor y venganza que con tanta facilidad afloraba en la vida de sus fieles.
La casa de Mónica fue también un lugar de paz para cuantos la frecuentaban. Con las amigas mantuvo siempre un clima de confianza sincera; para ellas fue el paño de lágrimasen que todas se desahogaban, y la mano amiga en la que encontraban el apoyo del consejo y el ejemplo.
Tenían éstas el vicio ancestral del comadreo. Mónica, por el contrario, era sumamente delicada: en tales comentarios nunca entraba, no les daba pábulo ni los aireaba cuando los escuchaba de las demás. Lo que hacía con su conversación era, más bien, esforzarse por reconciliarlas, poniendo de manifiesto lo bueno de cada una: Mi madre -dice san Agustín- no contaba de la otra nada que no sirviera para reconciliar a ambas.
Así es como vivió esa huella de Dios que es el espíritu pacificador de las bienaventuranzas (cf. Mt 5, 9): Tú, Señor, le habías regalado también este hermoso don: siempre que le era posible, se las ingeniaba para poner enjuego sus dotes pacificadoras entre cualquier tipo de personas que estuviesen en discordia.
Este hermoso don, regalo de lo alto, Mónica lo fue adquiriendo con la escucha atenta del Maestro interior: se lo habías enseñado tú, íntimo maestro suyo, en la escuela de su corazón. Porque Dios, cuando es acogido en esa intimidad del alma, comunica la ciencia de la vida y regala los dones más preciosos.
Crió a sus hijos, pariéndoles tantas veces cuantas les veía apartarse de ti.
En su misión de esposa cristiana Mónica destaca como pocas mujeres. Pero donde realmente su figura aparece eminente es en el capítulo de madre, de madre cristiana.
Patricio y ella tuvieron, no sabemos en qué orden, tres hijos: Navigio, una hija cuyo nombre desconocemos y Agustín.
Su educación, como en toda familia romana, corrió a cargo de la madre. Agustín apenas da noticias sobre la relación de Mónica con los otros hijos. Sólo nos ha transmitido el testimonio citado: Crió a sus hijos, pariéndoles tantas veces cuantas les veía apartarse de ti. Es un testimonio que, aunque poco concreto, nos deja entrever la total dedicación a sus hijos, y resume lo que hizo en particular con san Agustín. Esto último es lo que la ha hecho famosa, y lo único que podemos recordar.
Nada más nacer Agustín, su madre tomó sobre sí la tarea de darle una educación lo más esmerada posible. Esto la convirtió en la gran catequista de su infancia, y le exigió numerosos sacrificios y renuncias por la formación intelectual de su hijo.
Lo primero que hizo con él fue llevarlo a la iglesia e inscribirlo en el catecumenado; y luego lo instruyó haciéndole mamar, junto con la leche, el nombre de Jesucristo: Señor, este nombre de mi Salvador, de tu Hijo, lo había mamado piadosamente mi tierno corazón con la leche de mi madre, lo había mamado por tu misericordia y lo tenía profundamente grabado.
Esta catequesis fue rica y eficaz. Su padre, pagano entonces, no pudo separarlo de la fe que Mónica le transmitía. Después, en el tiempo que vivió alejado de la Iglesia, Agustín buscará por todas partes ese nombre aprendido de pequeño, de tal forma que confesará: cuanto estaba escrito sin este nombre, por muy verídico, elegante y erudito que fuese, no me atraía del todo.
A nosotros nos puede parecer extraño que no bautizase a su hijo inmediatamente. La práctica común de aquel tiempo era retrasar el bautismo hasta que se pudiese responder de la propia fe y vida con plena consciencia. Con todo, Agustín estuvo a punto de recibirlo a los seis años, porque cayó gravemente enfermo y lo pidió con insistencia. Su madre hizo todos los preparativos para un bautismo in extremis; pero, al mejorar de repente, se volvió al cauce normal.
Mónica, muy sagaz ella en las cosas de la vida, conocía lo mudable que es el corazón del hombre, y lo ingenuos que son los fervores infantiles. No tuvo que esperar mucho para sufrir el primer sobresalto. Cuando Patricio le habló orgulloso de la virilidad del hijo, que contaba ya quince años, ella -nos cuenta san Agustín- muy preocupada me aconsejó en privado que no fornicase, y, sobretodo, que no adulterase.
Se barruntaba la lucha larga y difícil de su hijo con la continencia. Ahora bien, no echó mano de métodos represivos, pues sabía que, de hacerlo, el ambiente le ganaría la partida. Además, lo importante para ella era que Agustín abrazase la fe con la madurez requerida para vivir todas sus exigencias.
En aquel tiempo el sacramento de la penitencia sólo se podía recibir una sola vez después del bautismo; esto exigía, por tanto, una preparación responsable para entrar en este camino.
Por otra parte, ella y Patricio tenían cifradas sus esperanzas en la carrera del hijo, y no escatimaron sacrificios para que la culminara con todos los honores. Personalmente, Mónica, a diferencia de su esposo, tenía la seguridad de quelos estudios le acercarían al conocimiento de Dios.
Este fue otro motivo para no truncárselos con un matrimonio prematuro, que, en cambio, le habría ayudado a ser casto. En esto fue clarividente, como se demostró más tarde. Y, una vez muerto Patricio, redobló sus esfuerzos para que Agustín pudiese concluir los estudios superiores en la capital, Cartago, a pesar de la difícil situación económica en que quedaron.
La relación con Patricio fue difícil, pero ejemplar. Mónica vivió en una sociedad típicamente machista. En el mundo romano las mujeres habían alcanzado el reconocimiento de un cierto respeto y dignidad, pero no eran nada infrecuentes los abusos y malos tratos por parte de los maridos.
A ella le tocó en suerte un hombre violento. Patricio tenía un carácter muy voluble; era sumamente cariñoso, pero igualmente colérico -dice su hijo-. Por esto tuvo que ejercitar con él una paciencia y una prudencia heroicas: Había aprendido a no oponerse a su marido en los momentos de ira con los hechos, y ni siquiera con la menor palabra. Aprovechaba el momento oportuno, cuando lo veía ya tranquilo y sosegado, y le explicaba lo que había hecho, si por casualidad se había enfadado más de lo justo.
Sostener este pulso todos los días sólo puede hacerlo quien haya asumido su vida como una misión apostólica y esté sostenido por los dones del Espíritu. A primera vista parecería que fue esclava de las veleidades de su esposo; pero, en realidad, su matrimonio prueba lo que ya había dicho san Pablo, que la fuerza se manifiesta en la debilidad (cf. 2 Co 12, 9).
De esta fuerza bien se podía gloriar Mónica. Pues a pesar del carácter violento de Patricio, jamás sufrió la menor agresión física de su parte. Las amigas no salían de su asombro. Sus maridos eran más pacíficos que él y, sin embargo, las maltrataban a menudo; así lo demostraban con frecuencia las marcas de los golpes, que no siempre podían ocultar.
Entonces ella, con la suavidad de la broma, les advertía seriamente sobre los malos resultados de la soberbia. Había que transigir para implantar la paz en casa, ayudar a los maridos a reconocer la verdad de las cosas y, así, vivir un cariño cada vez más profundo. Muchas de ellas la tomaron como maestra y consejera; los resultados no tardaron en experimentarlos. El secreto de Mónica estaba en haber hecho del servicio el lema de su vida y la ocupación de cada momento.
Pero habría sido una victoria pírrica si sólo hubiera conseguido de su esposo este fruto. Demasiado cara sería la sujeción de toda una vida por evitar únicamente alguna paliza. El objetivo real de Mónica era mucho más ambicioso. Ella lo que quería era la conversión de Patricio.
Sus virtudes jugaron en ello un papel fundamental; la hacían agradable a los ojos de su marido, el cual, poco a poco, las fue valorando: Se esforzó en ganarle para ti, hablándole de ti con el lenguaje de las buenas costumbres. Con ellas la ibas embelleciendo y haciéndola respetuosamente amable y admirable a los ojos del marido.
Y en esta empresa misionera no sólo tuvo que soportar el mal genio del marido; también hubo de pasar por alto una injuria más dolorosa, la infidelidad: De tal modo toleró los ultrajes a la fidelidad conyugal, que jamás tuvo con él sobre este punto la menor riña, pues esperaba que tu misericordia vendría sobre él y, creyendo en ti, se haría casto.
Aquí demuestra Mónica un fino sentido teológico. En un ambiente en que el adulterio era casi una forma social, sería perder el tiempo exigir la castidad conyugal si ésta no estaba sostenida y alimentada por una fe auténtica.
Seguramente pensará en esto san Agustín cuando, más tarde, desenvaine contra los adúlteros todas sus armas retóricas y teológicas, reclamando en este campo de la fidelidad mayores obligaciones al hombre que a la mujer. Esta intuición de Mónica sobre la dinámica de la vidacristiana se manifestará en más de una ocasión.
Es la riqueza y solidez de su fe lo que le permite soportar estas humillaciones por el bien del marido.
Este esfuerzo tampoco fue en vano. Patricio empezó a prepararse para el bautismo cuando Agustín contaba 15 ó 16 años; y bautizado murió el año 371, cuando su hijo tenía 17. Ella había triunfado de la única forma posible, con el verdadero amor. Él terminó rendido a sus pies, amándola, admirándola y aceptando su fe. Ella tenía entonces 40 años.
Esta vida ejemplar continuó después de la muerte de Patricio. Ahora la viuda Mónica dedicará su atención y esfuerzo a sus hijos y a su Dios. Se convierte así en seguidora de la enseñanza de san Pablo, como destaca su hijo al referirse a la viudez de su madre: Había sido mujer de un solo hombre, había rendido a sus padres los debidos respetos, había gobernado su casa piadosamente y contaba con el testimonio de las buenas obras.
Es lo que el Apóstol exigía en su primera carta a Timoteo (5, 4.9-10), para formar parte del grupo de las viudas. Con todo esto Mónica rubrica su entrega a Dios.
El verdadero calvario de Mónica comenzó, sin embargo, al terminar Agustín sus estudios y volver de Cartago a su pueblo, Tagaste. Se encontró con que su hijo, al que había inculcado con tanto amor el nombre de Jesucristo, volvía maniqueo, se había hecho miembro de una secta que combatía el cristianismo.
Por este motivo lo lloró más que si lo hubiese recibido muerto: Mi madre, fiel sierva tuya, me lloraba ante ti mucho más de lo que las demás madres lloran la muerte corporal de sus hijos, porque con la fe y el espíritu que había recibido de ti veía mi muerte. Se negó en redondo a admitirlo en casa.
Pero pronto cambió de actitud. No lo hizo porque la ternura maternal le hiciese claudicar de sus convicciones; lo que la empujó a abrirle sus puertas fue un sueño que tuvo y le dio la certeza de su conversión. Agustín sabía muy bien que las decisiones de su madre eran inquebrantables, como fundadas en la oración y en lo que de ella recibía.
Por eso, cuando relata este episodio, comenta admirado: Tú la escuchaste. Porque si no, ¿cómo explicar aquel sueño con que la consolaste hasta el punto de readmitirme a vivir y compartir su mesa y hogar, cosa que en principio me había negado, horrorizada ante las blasfemias de mi error?
El sueño en cuestión fue el siguiente. Se vio, desconsolada por la situación de su hijo, sobre una regla de madera, símbolo de la fe cristiana. La acompañaba un joven resplandeciente. Éste, al saber el porqué de su dolor, le hizo ver cómo donde estaba ella se encontraba también Agustín. Lo vio compartiendo la misma fe que ella tenía y esto lo tomó como una premonición de lo alto que le serenó el espíritu.
Cuando le contó el sueño a su hijo, éste, un poco en son de chanza, intentó enredarla interpretándolo a su favor. Pero ella, con el ingenio que la caracterizaba, le respondió, refiriéndose a las palabras del joven: No me dijo: “donde él está, allí estás tú”; sino: “donde tú estás, allí está él”.
Desde este momento Mónica no parará hasta ver a su hijo convertido. Fueron años de muchas lágrimas y de intensa oración. Y, aunque aquel sueño le había devuelto la esperanza, ella no perdía la menor ocasión para conseguir el cambio de su hijo; de modo particular recurría a todos los que pensaba podrían sacarle de sus errores.
Entre éstos se topó con un obispo, a quien asediaba sin descanso para que hablase con él. El buen clérigo no le daba gran importancia al asunto; también él había sido discípulo de los maniqueos, y de forma natural y espontánea los había abandonado. Pero tanto le importunó Mónica, que, ya cansado, la despidió: Anda, vete y que vivas muchos años. Es imposible que se pierda el hijo de esas lágrimas. Ella tomó esta exclamación como un anuncio divino.
Con todo, Mónica quería estar siempre al lado de Agustín. Este marchó pronto a enseñar a Cartago, y allí lo siguió ella. Aquí, en la capital del África, fue donde sufrió la experiencia más dolorosa de su vida. Debido a las incomodidades que encontraba en su trabajo, Agustín había decidido marcharse a Roma.
Mónica quería acompañarlo a toda costa, pero él hacía lo imposible por dejarla en su tierra. Al final Agustín recurrió al engaño: le dijo que iba al puerto a despedir a un amigo y a pasar con él un rato antes de zarpar. Ella no se fiaba del todo, pero accedió a esperarle allí cerca, en la capilla de san Cipriano, el gran obispo africano.
En aquel lugar pasó la noche rezando y llorando. Al amanecer y descubrir que el barco había salido, se quedó desconsolada. Lo llamó de todo, desde mentiroso a mal hijo. Pero no dejó de rezar intensamente por él.
Si Agustín creía que unas cuantas millas podían vencer la tenacidad de su madre, estaba muy equivocado. Al cabo de un año, o poco más, Mónica se embarcó para Italia. Es difícil imaginarse el atrevimiento que un viaje así suponía en aquel tiempo: una mujer sola, de unos 55 años, que nunca ha salido de su tierra, se aventura a cruzar el mar en un barquichuelo de aquellos, a merced de los elementos y de los no infrecuentes piratas.
De hecho, dificultades no faltaron: cuenta Agustín que el viaje estuvo salpicado de tempestades, y que su madre no se amilanó; al contrario, era precisamente ella quien daba ánimo a los marineros. Como en otras ocasiones, había recibido en la oración la seguridad de que llegarían a buen puerto.
Encontró a Agustín en Milán. Ya había abandonado la secta maniquea. Con todo, ella no echó las campanas al vuelo, porque esperaba la plenitud de su conversión Lo que sí hizo fue intensificar, una vez más, la oración por su hijo. Y, desde luego, poner manos a la obra.
Pensó que Agustín sentaría cabeza si se casaba. Porque, es de saber que, desde sus tiempos de estudiante en Cartago, él vivía con una mujer, con la que tenía un niño. Esta unión no podía formalizarse en matrimonio, por ser ella de condición social más baja -así eran las normas y la mentalidad del tiempo-.
Por este motivo, Mónica se afanó en buscarle un buen partido, y le instó a despedir a la compañera. Él así lo hizo, y los dos se separaron con profundo dolor. La novia elegida contaba sólo diez años, y por ello debían esperar dos más para que la ley permitiera la boda.
Mónica se quedó satisfecha creyendo tenerlo todo bien atado. Por una vez no contaba con los proyectos sorprendentes de Dios, que colocan a Agustín en el camino de su crisis definitiva. En ese momento su hijo decide no sólo bautizarse, sino incluso abandonar los planes de matrimonio y hacerse monje.
No por eso Mónica se sintió desconcertada; al contrario, reaccionó con una explosión de júbilo: saltaba de gozo, cantaba victoria y te bendecía… porque, respecto a mí, le habías concedido mucho más de lo que no dejaba de pedirte con gemidos lastimeros y llorosos… Ya me tenía en aquella regla de fe sobre la que hacía tanto tiempo me habías mostrado a ella.
Mónica, que había esperado con tanta constancia, al final es recompensada. Ha alcanzado lo que se había propuesto. Es el año 386.
Con nosotros también se hallaba mi madre. Yo ya había observado con mucha atención su ingenio y entusiasmo por las cosas divinas. Empero, en una conversación que tuvimos… se me descubrió tanto su espíritu, que nadie me parecía más apto que ella para el cultivo de la sana filosofía.
Dios le concedió a nuestra santa un año más de vida; casi doce meses de saboreo del fruto cultivado con tantos trabajos y regado con tantas lágrimas. En este tiempo tenía que cuidar y acompañar al grupo que, con su hijo, estaba dando los primeros pasos en la vida cristiana. Con ellos fue a Casiciaco, finca de un amigo de Agustín, que se encontraba en la provincia de Milán.
Se retiraron a ese lugar para prepararse al bautismo. Ella se encargaba de llevar la casa, estaba pendiente de cada uno como una madre y a todos los atendía como si fuese su sierva. Allí hizo patente su inteligencia intuitiva, desarrollada en las cosas de Dios.
La conversación a la que alude san Agustín en el texto que introduce este capítulo, se encuentra en su obra Sobre la vida feliz. En ella participa Mónica más de lo que podíamos imaginar, con puntualizaciones atinadísimas. Por ejemplo, pregunta Agustín a los amigos si la ciencia es el alimento del alma. Inmediatamente salta su madre: Desde luego que sí; ¿de qué otra cosa se va a alimentar el alma si no es del conocimiento y ciencia de las cosas?.
Poco después surge otra cuestión: si será o no feliz el que posea todo cuanto quiera. Vuelve ella a intervenir sentenciando: Si desea bienes y los tiene, sí; pero si desea males, aunque los alcance, será un desgraciado. Su hijo; quedó estupefacto ante esta respuesta; para aprenderla, él había necesitado estudiar a Cicerón.
No pudo menos de felicitarla con el mayor de los elogios: Madre, has conquistado el mismísimo castillo de la filosofía. Para, a renglón seguido, comentar: Creíamos hallarnos sentados junto a un insigne varón; yo me preguntaba en qué divina fuente abrevaba mi madre aquellas verdades.
Sigue la tertulia, y Mónica tiene otras intervenciones afortunadas, que todos aplauden. Hace, en primer lugar, una aplicación concreta de su explicación del hombre feliz. Comenta después cómo, a su juicio, son unos insensatos los pensadores que no creen posible conocer la verdad. En fin, intenta, incluso, definir lo que es la felicidad.
Recuerda un verso del obispo Ambrosio, que decía: ¡Oh Trinidad! Protege a quienes te invocan. Y explica que, para ella, la felicidad consiste en tener a Dios mediante la fe, la esperanza y la caridad: Esta es, sin duda, la vida feliz, porque es la vida perfecta, y a ella, según creemos, podemos ser guiados pronto en alas de una fe firme, una gozosa esperanza y una ardiente caridad.
Después de oír todas estas enseñanzas, Agustín, rendido ante tal sabiduría, se declara discípulo ferviente de su madre. Solemnemente, le confiere el título de “filósofa”, título que ella no acepta, por lo que su hijo debe explicar: “filosofía” significa “amor a la sabiduría”; auténtico filósofo es el que ama la sabiduría: tú la amas mucho más que me amas a mí, y en su amor has progresado tanto que ya no te conmueven las desgracias ni tienes miedo a la muerte. Ahí está, como todos reconocen, la ciudadela más alta de la filosofía.
La divina fuente por la que Agustín se preguntaba estaba en la participación diaria de la liturgia. En ella abrevaba su madre; allí escuchaba la Sagrada Escritura, a la que después respondía en su vida.
A diario tomaba parte en la Eucaristía. Además, todos los días iba a la iglesia otras dos veces, para la oración de la mañana y la de la tarde sin faltar jamás, no para entretenerse en vanas conversaciones y chismorreosde viejas, sino para escuchar tus palabras y hacerte ella oír sus oraciones. No pedía oro, ni plata, ni otros bienes. Ella rezaba siempre por la conversión de su hijo; su vida era una intercesión ininterrumpida.
Este camino fue el que a Mónica le hizo ascender poco a poco hacia Dios. No nació santa; ni lo era a los 38 años, como reconoce Agustín: había comenzado ya a huir del centro de Babilonia, pero en lo demás progresaba de forma muy lenta. Le faltaba todavía alcanzar la purificación de las pequeñas cosas, hacer de Dios el único objeto del alma.
El diálogo con Dios llegó a serle connatural. Por eso no deben extrañarnos sus visiones: la de la regla, o la que le dio seguridad en la tormenta durante su viaje aItalia. Estos fenómenos ella los vivía como lo más normal, pero con plena lucidez, sin dejarse llevar por sus sueños e ilusiones.
Agustín lo comprobó cuando le preparaba el matrimonio. Animada por él, Mónica no dejaba de pedir a Dios una visión sobre el futuro de su hijo en ese estado; sin embargo, no obtuvo ninguna respuesta de lo alto. Sí que hizo castillos en el aire, fruto de sus cavilaciones; pero, para ella, la diferencia era clara: Decía que la diferencia entre tus revelaciones y los sueños de su alma, era capaz de distinguirla por una especie de saborcillo o deje que no podía explicar con palabras.
La eficacia de la oración es otro elemento que descubre Agustín a través de su madre. La constancia de Mónica y la fe con que oraba fueron para su hijo una escuela viva de espiritualidad. De forma detallada Agustín reconoce el influjo de la oración en su conversión. Lo hace cuando narra esos acontecimientos en las Confesiones y en sus primeros escritos, los Diálogos.
Pero, donde cobra un relieve muy significativo, es en uno de sus últimos libros, cuando él ya era anciano. En El don de la perseverancia, obra de alta teología, usa el ejemplo de las oraciones de su madre por su salvación como prueba clara de su doctrina sobre la gracia: ¿No recordáis que al narrar mi conversión manifesté bien claramente que lo que evitó mi perdición fueron las ardientes súplicas y cotidianas lágrimas de mi buena madre?
Por lo demás, para Mónica la oración era algo sagrado, que pedía respeto, seriedad y devoción. A este propósito, no deja de ser simpática aquella escena de Casiciaco. Uno del grupo, de nombre Licencio, tuvo un día la ocurrencia de ponerse a cantar un salmo mientras hacía sus necesidades corporales. Con ello se ganó una buena reprimenda de Mónica, que lo consideraba indecoroso. Él, joven y un poco fresco, le respondió algo burlón: Entonces, ¿qué? Si un enemigo me encierra en el baño, ¿ya no escuchará Dios mi voz?
Esta vida de oración, Mónica la acompañaba con el ayuno. Ayunaba como pide el evangelio: sin nadie darse cuenta cf. Mt 6, 16-18). Su método consistía en hacer lo que la Iglesia pedía y como lo pedía; con una obediencia plenamente filial.
Por ejemplo, en Milán encontró una tradición distinta a la suya: en África ayunaban los sábados, mientras que en Milán no. Su reacción fue sencilla. Por medio de Agustín, le preguntó al obispo Ambrosio cómo actuar. La respuesta fue que se acomodara a la práctica de cada lugar. Ella, sin más, aceptó el uso milanés.
Lo mismo sucedió con otra vieja costumbre africana: la de ofrecer alimentos en las tumbas de los mártires, y comerlos allí. Nada más enterarse de que Ambrosio lo tenía prohibido, lo acató con tal devoción y obediencia, que yo mismo me admiré -escribe su hijo- al ver la facilidad con que condenaba su propio uso, en lugar de criticar aquella disposición.
El amor y obediencia que profesaba a la Iglesia aparecen iluminados en el cariño con que trataba a sus ministros, y en las atenciones que tenía con los monjes. Pero por encima de todos, por el que nutrió una especial devoción fue por san Ambrosio, a quien consideraba artífice de la salvación de su hijo. Así que, cuando el Obispo de Milán se encerró en una de sus iglesias para impedir que fuese entregada a los arrianos, allí estuvo ella, en primera fila, con su celo encendido y alimentándose de la oración.
Todo esto Ambrosio lo apreció y correspondió como se merecía: El la amaba al ver su vida de piedad… Siempre que Ambrosio me veía -recuerda Agustín-, prorrumpía en alabanzas suyas, felicitándome por tener una madre como ella. Y esa era la opinión común: Todos cuantos la conocían te alababan, honraban y amaban mucho en ella; advertían tu presencia en su corazón por los frutos de su vida santa.
Como era de suponer, tampoco podía faltar la limosna en la vida espiritual de Mónica. La acabamos de ver renunciando a las comidas en las tumbas de los mártires. Pues bien, lo que así ahorraba lo entregaba a los pobres: En lugar del canastillo, lleno de frutos terrenos, aprendió a llevar a los sepulcros de los mártires el pecho lleno de buenos deseos, y a dar a los pobres lo que podía. No es que hasta este momento no repartiese limosnas; las daba, y con frecuencia. En Milán lo que hace es incrementarlas.
Su vida fue, por tanto, una continua cuaresma en oración, ayunos y limosnas; una cuaresma que la purificó para un encuentro pleno con Cristo resucitado.
Mónica vivió llena de júbilo la vigilia pascual del año 387. Aquella noche recibieron el bautismo su hijo y su nieto, junto con Alipio, el amigo de Agustín. Inmediatamente después, todos se apresuraron a volver al África. Para ello se trasladaron a Ostia, el puerto de Roma, y allí quedaron a la espera del primer barco que zarpase.
A Mónica le restan pocos días de vida, pero todos de un sabor celestial. Un día, en la posada, Agustín y ella se encontraban asomados a una ventana que daba al jardín. En este escenario bucólico, iniciaron una conversación de lo por venir. El espíritu de ambos estaba hambriento de Dios.
Y como en un canto alternado, en escala ascendente, comenzaron a degustar todos los seres, admirándolo todo, y sin sentir saciedad en nada, hasta llegar a tocar un poco la región de la Sabiduría que ni fue ni será, sino sólo es. Es lo que se conoce como «el éxtasis de Ostia».
Al llegar a esas alturas de iluminación divina, Mónica recibió la última premonición: Hijo, por lo que a mí se refiere, nada me deleita ya en esta vida. No sé qué hago en ella, ni por qué estoy aquí, muerta a toda esperanza de esta vida.
Sólo había una cosa por la que deseaba vivir un poco más, y era verte cristiano católico antes de morir. Con creces me ha concedido esto mi Dios, puesto que te veo siervo suyo, despreciada la felicidad terrena. ¿Qué hago, pues, aquí?
La respuesta no se hizo esperar. Apenas pasados cinco días, cayó enferma de gravedad. Viéndose morir, se preocupó únicamente de pedir oraciones por su alma: Sólo os pido que dondequiera que estéis, os acordéis de mí ante el altar del Señor. Respecto a su cuerpo, le traía sin cuidado dónde lo enterraran; estaba segura de que Cristo lo resucitaría igualmente: Para Dios no hay distancias. No hay miedo de que el día del fin del mundo no sepa dónde estoy para resucitarme.
Así murió Mónica, después de nueve días de enfermedad, rodeada de sus seres queridos, feliz porque Dios le había demostrado que no abandona a quienes confían en Él. Era el verano del 387. Tenía 56 años. No hubo plañideras; ni siquiera a su nieto, que era todavía un niño, le permitieron llorar. Mónica no moría totalmente, dice su hijo Agustín, porque su vida y su fe eran garantía del futuro que a todos nos aguarda junto a Dios.
Fue sepultada allí mismo, en Ostia, a las puertas de Roma. En los primeros años del siglo V, Anicio Auquenio Basso hizo esculpir sobre su tumba la siguiente inscripción:
Aquí dejó las cenizas
tu castísima madre,
¡oh Agustín!,
nueva lumbre a tusméritos.
Tú, sacerdote fiel a las celestes prerrogativas de la paz,
educas las costumbres
de los pueblos a ti confiados.
Gloria suma te encorona,
como alabanza de tus obras,
la virtuosísima madre,
a causa del hijo más venturosa.
Como expresan estos versos, Mónica ha quedado íntimamente ligada a su hijo, Agustín Con todo, hemos visto a una mujer de cuerpo entero, con personalidad propia, que imprimió su huella de santidad allí por donde pasó. En su casa y en su círculo; en su esposo y en sus hijos, especialmente en Agustín, a quien enseñó el camino de la gloria eterna.
En todos los que la conocieron penetró la imagen de Dios a través de sus palabras y obras. Por este motivo la Iglesia la venera como modelo eintercesora de todas las esposas y madres cristianas que tienen en Dios fija su mirada.
La festividad de santa Mónica se ha celebrado siempre el 4 de mayo. La última reforma la trasladó al día 27 de agosto, víspera de la fiesta de san Agustín. Sin embargo, la familia agustiniana sigue recordándola en la fecha tradicional.
En 1430 sus reliquias fueron trasladadas a la iglesia romana de san Trifón, hoy dedicada a san Agustín. Allí reposan hasta que se cumpla su última esperanza, la resurrección.
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En este enclave sagrado, la presencia de la Custodia de Tierra Santa no es una coincidencia reciente, sino una historia viva que se extiende desde hace unos ochocientos años. Durante ocho siglos, los frailes franciscanos han custodiado este espacio singular con una doble vocación: proteger la memoria física de los Santos Lugares y dinamizar la vida de las comunidades que residen, oran y buscan esperanza en medio de una tierra convulsa.
El cometido franciscano en la cumbre del Monte Tabor va mucho más allá del mero mantenimiento arquitectónico o la recepción de visitantes. Su labor entrelaza la dimensión espiritual de la memoria evangélica con el compromiso pastoral humano hacia la población local.
Tal y como señala el fray Carlos Molina, guardián del Monasterio del Monte Tabor:
«Hemos venido aquí no solo por las piedras que identifican el lugar, sino por la gracia de los santos lugares. Estas piedras, por donde caminó Jesús, nos invitan también a acompañar, asistir y apoyar a las piedras vivas: la gente local.»
Con el paso del tiempo, el arraigo franciscano en la cumbre se ha consolidado profundamente. El santuario actual alberga una comunidad estable de religiosos dedicada a la oración continua y al servicio litúrgico. Además, el lugar cumple un rol formativo decisivo dentro de la propia Orden: es la sede de la casa de aspirantado de la Custodia de Tierra Santa.
En este entorno sereno y repleto de historia, los jóvenes postulantes tienen su primer contacto directo con la misión franciscana en Oriente Medio. Es allí donde comienzan a discernir esa vocación única al escuchar la llamada que Dios les dirige en la misma tierra donde caminó Cristo.
El perfil actual del santuario del Monte Tabor está intrínsecamente ligado al genio del arquitecto italiano Antonio Barluzzi. A principios del siglo XX, tras minuciosas exploraciones y excavaciones arqueológicas, se proyectó la actual basílica, inaugurada finalmente en el año 1924.
Sobre este hito centenario, el fray Carlos Molina subraya la trascendencia del edificio dentro del complejo:
«En 1924, tras profundas excavaciones realizadas en este terreno, siguiendo la arquitectura diseñada por Antonio Barluzzi, se construyó esta maravillosa basílica, parte del santuario. En este terreno, además de la comunidad estable, también tenemos una casa de formación, que es el primer contacto que los jóvenes tienen con la Custodia de Tierra Santa y, a través de la Custodia, con la orden franciscana.»
La imponente basílica neorrománica evoca la luz radiante de la Transfiguración mediante su diseño y sus vanos, convirtiéndose en el epicentro de la vida litúrgica del santuario y en un faro para los peregrinos de todo el mundo.

Lejos de tratarse de un patrimonio estático o clausurado, el Monte Tabor continúa revelando fascinantes secretos de su pasado gracias a una reciente campaña de excavaciones arqueológicas. Lideradas por el investigador Gianantonio Urbani, del reconocido Studium Biblicum Franciscanum, estas prospecciones están arrojando una luz inédita sobre la evolución histórica del lugar.
Las investigaciones se han concentrado principalmente en la zona de las antiguas canteras situadas justo detrás de la basílica principal. Sorprendentemente, se trata de un sector que el propio Antonio Barluzzi ya había analizado y plasmado en sus bocetos iniciales durante la construcción del templo en la década de 1920.
Gianantonio Urbani detalla el desarrollo y alcance de estos trabajos:
«La zona de las canteras es interesante porque se trata de una pequeña colina que el propio Antonio Barluzzi, durante la construcción de la basílica, ya había explorado, dejándonos un dibujo; aquí es donde comenzamos. La gruta siempre ha existido en el Monte Tabor y ha sido adaptada o reutilizada según los usos de quienes la habitaban. Se pueden observar estancias para la vida cotidiana y otras para la vida litúrgica, como la oración, dado que eran cuevas habitadas por monjes.»
Estas estructuras subterráneas puestas al descubierto demuestran la continuidad y la complejidad del asentamiento monástico a lo largo de los siglos. Las cuevas no solo servían como habitáculos para la subsistencia diaria, sino también como espacios sagrados de recogimiento, oración mística y culto litúrgico.
Las piezas, inscripciones y recintos descubiertos bajo el suelo del Monte Tabor no son meras curiosidades científicas o vestigios del pasado. Cada fragmento desenterrado reconstruye de forma tangible la red de fe que ha vertebrado la presencia cristiana en este sagrado monte galileo desde la Antigüedad Tardía y la época medieval.
Al reflexionar sobre la importancia de estas grutas ocultas a la mirada del visitante cotidiano, el fray Diego Dalla Gassa, miembro de la comunidad franciscana del Monte Tabor, afirma:
«En esta zona, una parte de las grutas aún nos revela cómo se estructuraba, o se ha estructurado, la vida cristiana, y cuánto amaban los cristianos venir a un lugar como este. Es evidente, por lo tanto, que incluso los lugares que permanecen ocultos a la vista de muchos, a muchas miradas, son importantes. También esta pequeña parte debe ser defendida, ocultada, protegida, y nos habla de una comunión mucho más profunda: es la cristiandad.»
La labor de la Custodia de Tierra Santa en el Monte Tabor sintetiza a la perfección la conocida metáfora del apóstol San Pablo: «El cuerpo es uno y tiene muchos miembros». Cada piedra milenaria, cada gruta recuperada de la penumbra y cada fraile que dedica su vida a servir en el santuario constituyen piezas esenciales de un mismo cuerpo espiritual. Los trabajos arqueológicos actuales no hacen sino confirmar que en el Monte Tabor hasta el detalle más escondido contribuye a custodiar de forma viva la historia, la ciencia y la fe.
Este lunes 10 de agosto, el primer ministro jordano, Jafar Hassan, presidió la primera reunión del Comité Nacional encargado de supervisar este importante evento religioso e histórico.
Según un comunicado del gobierno, el Comité está integrado por ministros, líderes religiosos y comunitarios, y representantes de las instituciones pertinentes. Este comité actúa como punto de referencia nacional para la preparación y supervisión de las celebraciones y es responsable de elaborar las políticas y directrices generales, coordinar las actividades de difusión internacional y los procedimientos nacionales, y planificar los eventos relacionados con el aniversario.
La primera reunión del Comité, encargado de preparar y supervisar este importante evento histórico y religioso, se celebró este 10 de agosto. Presidido por el Primer Ministro Hassan, está integrado por ministros, líderes religiosos y representantes institucionales. Siguiendo las directrices del Rey Abdullah II, se han movilizado todos los recursos para la ejecución de diversos proyectos, como un museo y una aldea de peregrinos.

Durante la reunión, el primer ministro Hassan hizo hincapié en la necesidad de iniciar de inmediato los preparativos, de acuerdo con las directrices del rey Abdalá II, para apoyar la iniciativa presentada por el Consejo de Líderes Eclesiásticos de Jordania, basándose en un plan integral y un cronograma claramente definido.
Asimismo, afirmó que «la conmemoración del segundo milenio del Bautismo de Cristo refleja el prestigio histórico y religioso de Jordania y su papel como destino mundial de peregrinación cristiana», al tiempo que destacó «el mensaje del Reino de coexistencia, respeto por los demás, paz, amor y fraternidad humana».
Hassan también declaró que «el gobierno está movilizando todos los recursos disponibles para apoyar el evento, describiéndolo como una oportunidad para fortalecer la posición de Jordania como tierra de patrimonio religioso y destino mundial para peregrinos cristianos».

Durante la reunión, se revisaron los objetivos de la Fundación para el Desarrollo de Terrenos Adyacentes al Lugar del Bautismo para diversos proyectos, entre ellos un poblado para peregrinos y visitantes cristianos, un museo dedicado al Bautismo, un corredor verde y la mejora de la infraestructura del sitio.
Los participantes también destacaron la importancia de establecer subcomités especializados para supervisar la ejecución de los proyectos y garantizar el logro de los objetivos establecidos, con el apoyo de expertos y especialistas.
El Comité Nacional para la Preparación de la Celebración del Segundo Milenio del Bautismo de Jesucristo en 2030 está presidido por el Primer Ministro. Entre sus miembros se encuentran los Ministros de Comunicación, Interior, Economía Digital y Emprendimiento, así como los de Turismo y Patrimonio Cultural.

El organismo también incluye a: el Obispo Christophoros Atallah, Arzobispo Ortodoxo Griego de Jordania; el Arzobispo Iyad Twal, Vicario Patriarcal Latino en Jordania; el Arzobispo Hossam Naoum, Arzobispo Anglicano; el Obispo Munib Younan, ex obispo de la Iglesia Evangélica Luterana; el Presidente del Consejo de Administración de la Fundación para el Desarrollo del Lugar Bautismal; el Director General de la Comisión del Lugar Bautismal; el Director General de la Autoridad Nacional de Turismo de Jordania; Nadim Al-Mauasher; Osama Imseeh; y Basem Farraj.
fuente: vatican news
"Felipe encontró a Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José. Y Natanael le dijo: ¿Puede algo bueno salir de Nazaret? Felipe le dijo: Ven, y ve.
Jesús vio venir a Natanael y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. Natanael le dijo: ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
Natanael repuso: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús diciendo: ¿Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. Y añadió: En verdad, en verdad os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre". (Jn 1,45-51)
Bartolomé aparece en los Evangelios sinópticos con su nombre griego que procede del patronímico arameo bar-Tôlmay, "hijo de Tôlmay" o "hijo de Ptolomeo". En el Evangelio de Juan, en cambio, aparece con un nombre hebreo, Natanael. La etimología hebrea de su nombre significa "Dios ha dado". La tradición asimiló a Bartolomé y a Natanael como la misma persona.
Lo que sabemos con certeza sobre la vida de Bartolomé nos viene de los textos de los Evangelios, especialmente del Evangelio de Juan, donde se relata en detalle cómo su encuentro personal con Jesús lo condujo a la profesión de fe en el Mesías anhelado.

Natanael o Bartolomé era un pescador de Caná que conocía bien Nazaret, que se halla a sólo 8 km, pero no se confiaba mucho de sus habitantes: por eso se mostró escéptico cuando su amigo Felipe le habló de Jesús nazareno y preguntó con mucha ironía si por caso del pobre pueblo de Nazaret hubiera podido salir algo bueno.
Felipe no intentó convencerlo con palabras sino que lo invitó a tener su propio encuentro personal con Jesús. Bartolomé accedió y fue a buscar a Jesús pero, cuando lo encontró, fue Jesús quien lo sorprendió al decirle que antes de que Felipe lo hubiera llamado, había sido Jesús quien ya sabía que Bartolomé era "un israelita sincero y sin doblez".
También Jesús le reveló que lo había conocido ya desde que "estaba debajo de la higuera" y a este punto, Bartolomé, un hombre concreto y apegado a la tradición que meditaba diariamente las Escrituras, hizo una verdadera confesión de fe en Jesús como el Mesías esperado por Israel: "¡Tú eres el Hijo de Dios y el Rey de Israel!".
Después de la muerte y resurrección de Jesús, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice qué los discípulos se reunieron en oración junto con María y otras mujeres. Entre ellos también estaba Bartolomé:
"Entonces los apóstoles regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está cerca de Jerusalén, un trecho corto, precisamente lo que la ley permitía caminar en sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron al piso alto de la casa donde estaban alojados.
Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago hijo de Alfeo, Simón el Celote, y Judas, el hijo de Santiago. Todos ellos se reunían para orar asiduamente con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos". (cf. Hch 1,12-14).
Los eventos ulteriores ya no resultan reportados por fuentes históricas seguras, pero las tradiciones populares dicen que Bartolomé se fue a predicar la Palabra de Dios en varias regiones orientales, desde Mesopotamia hasta la India, donde Dios acompañaba su predicación con milagros y curaciones prodigiosas.
Se dice también que llegó hasta Armenia y que allí, además de predicar la conversión a las poblaciones de doce ciudades, también logró evangelizar al Rey Polimio y a su esposa, haciendo que los sacerdotes de las divinidades paganas locales se enfuriasen. Otras leyendas afirman que Astiage, el hermano del rey, instigado por los sacerdotes, logró condenarlo a muerte.
Estas narraciones añaden que su martirio habría tenido lugar en Albanopoli alrededor del año 68. Por último, después de mil vicisitudes acaecidas a lo largo de los siglos, se dice que sus reliquias habrían llegado a Roma por intervención del emperador Otón III, reliquias que hoy se hallan conservadas en la basílica que le fue dedicada en la Isla Tiberina.
En el mundo entero se repite con frecuencia y resuena en muchos corazones el rezo de la Salve: Salve Regina…, Dios te salve Reina… Es el reconocimiento y la proclamación de su realeza. Verdaderamente María es Reina.
Ella nació Reina porque fue predestinada ab aeterno para que lo fuera. Y fue predestinada para ser Reina porque fue elegida para la singularísima y trascendental misión de ser la Madre de Cristo Rey y Mediadora universal de todas las gracias.
El término reina (rey) deriva del verbo latino regere, que significa ordenar las cosas a su propio fin. Por tanto, el rey (reina) tiene el oficio de regir o gobernar a la sociedad a su cargo para que ésta alcance su fin, con un verdadero primado de poder y excelencia (cfr. Santo Tomás de Aquino, De regimini principium, I,1)
El significado de la palabra rey (reina) tiene múltiples acepciones. Así, por ejemplo:
a) Se puede ser reina de tres formas: la que es reina en sí misma, la que es esposa del rey, y la que es madre del rey. En este caso, María es reina por los dos últimos títulos: por su relación con Dios y con Cristo.
b) También cabe considerar el reinado en diversos grados: El Rey Supremo del Universo, el rey que domina sobre otros reyes (Rey de reyes), y el rey de un reino determinado. En el primer sentido lo es Dios, en el segundo Cristo y, en el tercero, cualquiera que lo reciba por derecho de herencia, conquista o elección. Según estas consideraciones, María es Reina de reinas y también ?en cierto modo? es reina por derecho de conquista.
c) Por último, también puede entenderse el término reina (rey) en sentido metafórico. Así, se da éste título a aquél o aquello que excede de un modo singular a sus semejantes. Por ejemplo, se dice rey al león, a un deportista, a la rosa reina de las flores, etc. En este sentido la Virgen María es Reina por su plenitud de gracia y la excelencia de sus virtudes. En las letanías del Rosario la llamamos: Reina de los Santos, de los Ángeles, de los Mártires, de las Vírgenes, de los Confesores, etc.
Entre Cristo y María hay un perfecto paralelismo que es la razón fundamental de su realeza. Por este motivo la Virgen María es Reina: por su íntima relación con la realeza de Cristo, pues éste lo es por derecho propio y aquella lo es por razón de cierta analogía.

Cristo es Rey tanto por derecho propio como por derecho de conquista. En el primer caso lo es como hombre y como Dios. Jesucristo en cuanto hombre, por su Unión Hipostática con el Verbo, recibió del Padre "la potestad, el honor y el reino" (cfr. Dan. 7,13?14) y, en cuanto Verbo de Dios, es el Creador y Conservador de todos cuanto existe, por lo mismo, tiene pleno y absoluto poder en toda la creación (cfr. Jn. 1,1ss).
En el segundo caso es Rey por derecho de conquista en virtud de haber rescatado al género humano de la esclavitud en la que se encontraba, al precio de su sangre, mediante su Pasión y Muerte en la Cruz (cfr. 1 Pe. 1,18-19).
De la unión con Cristo Rey deriva, en María Reina, tan esplendorosa sublimidad, que supera la excelencia de todas las cosas creadas; de esta misma unión nace su poder regio, por el que Ella puede dispensar los tesoros del reino del Divino Redentor; en fin, en la misma unión con Cristo tiene ori gen la eficacia inagotable de su materna intercesión con su Hijo y con el Padre (cfr. Pío XII, Enc. Mystici corporis , 29?VI 1943).
La razón por la que la Santísima Virgen María es Reina se fundamenta teológicamente en su divina Maternidad y en su función de ser Corredentora del género humano.
a) Por su divina Maternidad: Es el fundamento principal, pues la eleva a un grado altísimo de intimidad con el Padre celestial y la une a su divino Hijo, que es Rey universal por derecho propio.
En la Sagrada Escritura se dice del Hijo que la Virgen concebirá: "Hijo del Altísimo será llamado Y a El le dará el Señor Dios el trono de David su padre y en la casa de Jacob reinará eternamente y su reinado no tendrá fin" (Lc. 1,32?33). Y a María se le llama "Madre del Señor" (Lc. 1,43); de donde fácilmente se deduce que Ella es también Reina, pues engendró un Hijo que era Rey y Señor de todas las cosas.
Así, con razón, pudo escribir San Juan Damasceno: "Verdaderamente fue Señora de to das las criaturas cuando fue Madre del Creador" (cit. en la Enc. Ad coeli Reginam, de Pío XII, 11?X?1954).
b) Por ser Corredentora del género humano: La Virgen María, por voluntad expresa de Dios, tuvo parte excelentísima en la obra de nuestra Redención. Por ello, puede afirmarse que el género humano sujeto a la muerte por causa de una virgen (Eva), se salva también por medio de una Virgen (María). En consecuencia, así como Cristo es Rey por título de conquista, al precio de su Sangre, también María es Reina al precio de su Compasión dolorosa junto a la Cruz.
"La Beatísima María debe ser llamada Reina, no sólo por ra zón de su Maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente a nuestra salvación. Así comoCristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino tam bién nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino tam bién, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán" (cfr. Pío XII, Enc, Ad coeli Reginam).
El reino de Santa María, a semejanza y en perfecta coincidencia con el reino de Jesucristo, no es un reino temporal y terreno, sino más bien un reino eterno y universal: ?"Reino de verdad y de vida, de santidad, de gracia, de amor y de paz" (cfr. Prefacio de la Misa de Cristo Rey).
a) Es un reino eterno porque existirá siempre y no tendrá fin (cfr. Lc. 1,33) y, es universal porque se extiende al Cielo, a la tierra y alos abismos (cfr. Fil. 2,10?11).
b) Es un reino de verdad y de vida. Para esto vino Jesús al mundo, para dar testimonio de la verdad (cfr. Jn. 18,37) y para dar la vida sobrenatural a los hombres.
c) Es un reino de santidad y justicia porque María, la llena de gracia, nos alcanza las gracias de su Hijo para que seamos santos (cfr. Jn. 1,12-14); y de justicia porque premia las buenas obras de todos (cfr. Rom. 2,5-6).
d) Es un reino de amor porque de su eximia caridad nos ama con corazón maternal como hijos suyos y hermanos de su Hijo (cfr. 1 Cor. 13,8).
e) Es un reino de paz, nunca de odios y rencores; de la paz con que se llenan los corazones que reciben las gracias de Dios (cfr. Is. 9,6).
Santa María como Reina y Madre del Rey es coronada en sus imágenes ?según costumbre de la Iglesia? para simbo lizar por este modo el dominio y poder que tiene sobre todos los súbditos de su reino.
La oración Colecta de la Memoria de Santa María Reina dice: "Oh Dios, que nos han dado como Madre y como Reina, a la Madre de tu Unigénito; concédenos, por su intercesión, el poder llegar a participar en el Reino celestial de la gloria reserva da a tus hijos".
"La Virgen Inmaculada … asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial fue ensalzada por el Señor como Reina univer sal, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte". (Conc. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, n.59).
El cineasta explicó en un encuentro con los fans en Boston que su idea es hacer la película lo más sencilla posible porque ya tiene de por sí una gran carga de información que hay que asimilar y, si evita al espectador tener que leer subtítulos, será más sencillo.
«El tema y todo el contenido teológico que tienes que asimilar son tan complejos que no creo que a la gente le guste tener que leer subtítulos en un idioma extranjero», sentenció el director.
En la película de 2004, La Pasión de Cristo, se usaron diferentes idiomas como arameo y latín que reforzaron el punto histórico y religioso del filme. El filme protagonizado por Jim Caviezel recaudó un total de 612 millones en todo el mundo. A diferencia de aquella entrega, la doble secuela se rodará íntegramente en inglés.
La primera entrega de La Resurrección de Cristo tiene preparado su estreno para el 6 de mayo de 2027, y la segunda para el 25 de mayo. Ambas son independientes y funcionan perfectamente por separado, y el director califica el estreno de la nueva parte como algo que «nadie espera».

Respecto al reparto, Caviezel y Belucci no repetirán los roles de la película original; en cambio, contarán con Jaako Ohtonen, Mariela Garriga, Pier Luigi Pasino, Kasia Smutniak, Riccardo Scamarcio, Rupert Everett, Gabrielle Rollo y Eduardo Scarpetta.
Las dos partes de La Resurrección de Cristo se han rodado en Roma (Italia), y ahora se encuentran en el proceso de montaje y efectos visuales. Gibson cuenta con un presupuesto de 125 millones de euros en cada película, un total de 250 millones de euros, convirtiéndose en la producción más cara dirigida por Mel Gibson.
El antecedente de 2004 demostró el impacto cultural y comercial de este relato bíblico, logrando una recaudación millonaria a nivel mundial a pesar de su clasificación y del uso de lenguas antiguas.
Con esta nueva aproximación en inglés y un elenco completamente renovado, el cineasta busca llevar la narrativa teológica de la Resurrección a una audiencia global de la manera más accesible y directa posible.
fuente: El Debate