La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto

La tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo como en las diversas etapas de su desarrollo. Oponiéndose a las costumbres del mundo grecorromano, la Iglesia de los primeros siglos ha insistido sobre la distancia que separa en este punto tales costumbres de las costumbres cristianas. 

 

A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.

LA DIDACHE siglo I

“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).

 

EPÍSTOLA DE BERNABÉ siglo I o II

“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).

 

ATENÁGORAS

“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?

Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).

 

TERTULIANO  Siglo II-III

“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).

“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.

“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).

“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).

 

MINUCIO FELIX

“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).

 

SAN HIPÓLITO siglo III

“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).

 

CONCILIO DE ANCIRA

“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).

 

SAN BASILIO EL GRANDE siglo IV

“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).

“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).

 

SAN JUAN CRISÓSTOMO siglo IV

“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.

¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).

 

SAN JERÓNIMO siglo IV

“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).

 

 

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La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto

 

 

Este fue el momento en el que un terrorista atacó una iglesia en Colombo, Sri Lanka, el Domingo de Pascua de 2019.

Desde el ataque se abrió un proceso de investigación para encontrar a los responsables del atentado. Muchos líderes mundiales pidieron al gobierno de Sri Lanka que haga justicia. El papa aprovechó el tercer aniversario de los atentados para hacer este llamamiento público.

 

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FRANCISCO
No quisiera terminar sin hacer un llamamiento a las autoridades de su país. Por favor y por el bien por la justicia, por el bien de tu pueblo, que se aclare de una vez por todas quiénes fueron responsable de estos hechos [los atentados de Semana Santa de 2019]. Esto traerá paz a su conciencia y a la Patria.

Casi 5 años después, la comunidad católica no ha olvidado a las más de 200 personas asesinadas ese día.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka

Hemos construido un cementerio especial en Kotahena o Nigambo. Tuvimos que comprar un terreno porque el cementerio católico estaba repleto, lleno de cadáveres y no podíamos enterrarlos a todos allí.

También hay un memorial en una de las iglesias que fueron destruidas aquel Domingo de Pascua.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka

Hay un memorial dentro de la iglesia. Reservamos una zona y escribimos todos los nombres en una lápida de piedra que construimos en la iglesia de San Sebastián.

Muchas personas han acudido a los memoriales para pedir la intercesión de estos hombres y mujeres. El cardenal Ranjith dijo que son ejemplos de los mártires modernos de los que el papa habla a menudo.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka

Dieron sus vidas por la fe, porque los atacantes lo hicieron por odio a la fe. Odium fidei, así lo llaman. Odiaban a los cristianos y atacaron a estos inocentes. Los mataron. Para nosotros son mártires porque murieron yendo a la Iglesia, por eso promovemos su causa.

El 21 de abril se cumplen 5 años del atentado. Es el tiempo mínimo que exige el Vaticano para iniciar el proceso de beatificación. Y en Sri Lanka lo tienen claro. En cuanto se cumpla ese aniversario, se pondrán manos a la obra.

FUENTE: www.romereports.com

 

4 de agosto - San Juan Bautista María Vianney

 

EL SANTO CURA DE ARS

(† 1859)

Oficialmente, en los libros litúrgicos, aparece su verdadero nombre: San Juan Bautista María Vianney. Pero en todo el universo es conocido con el título de Cura de Ars. Poco importa la opinión de algún canonista exigente que dirá, a nuestro juicio con razón, que el Santo no llegó a ser jurídicamente verdadero párroco de Ars, ni aun en la última fase de su vida, cuando Ars ganó en consideración canónica.

 

Poco importa que el uso francés hubiera debido exigir que se le llamara el canónigo Vianney. ya que tenía este título concedido por el obispo de Belley. Pasando por encima de estas consideraciones, el hecho real es que consagró prácticamente toda su vida sacerdotal a la santificación de las almas del minúsculo pueblo de Ars y que de esta manera unió, ya para siempre, su nombre y la fama de su santidad al del pueblecillo.

Ars tiene hoy 370 habitantes, poco más o menos los que tenía en tiempos del Santo Cura. Al correr por sus calles parece que no han pasado los años. Únicamente la basílica, que el Santo soñó como consagrada a Santa filomena, pero en la que hoy reposan sus restos en preciosa urna, dice al visitante que por el pueblo pasó un cura verdaderamente extraordinario.

Apresurémonos a decir que el marco externo de su vida no pudo ser más sencillo. Nacido en Dardilly, en las cercanías de Lyón, el 8 de mayo de 1786, tras una infancia normal y corriente en un pueblecillo, únicamente alterada por las consecuencias de los avatares políticos de aquel entonces, inicia sus estudios sacerdotales, que se vio obligado a interrumpir por el único episodio humanamente novelesco que encontramos en su vida: su deserción del servicio militar.

 

Santo Cura de Ars

San Juan María Vianney

 

 

Terminado este período, vuelve al seminario, logra tras muchas dificultades ordenarse sacerdote y, después de un breve período de coadjutor en Ecully, es nombrado, por fin, para atender al pueblecillo de Ars. Allí, durante los cuarenta y dos años que van de 1818 a 1859, se entrega ardorosamente al cuidado de las almas. Puede decirse que ya no se mueve para nada del pueblecillo hasta la hora de la muerte.

Y sin moverse de allí logró adquirir una resonante celebridad. Recientemente se ha editado, con motivo del centenario de su muerte, una obra en la que se recogen testimonios curiosísimos de esta impresionante celebridad: pliego de cordel, con su imagen y la explicación de sus actividades; muestras de las estampas que se editaron en vida del Santo en cantidad asombrosa; folletos explicando la manera de hacer el viaje a Ars, etc., etc.

El contraste entre lo uno y lo otro, la sencillez externa de la vida y la prodigiosa fama del protagonista nos muestran la inmensa profundidad que esa sencilla vida encierra

Nace el Santo en tiempos revueltos: el 8 de mayo de 1786. En Dardilly, no lejos de Lyón. Estamos por consiguiente en uno de los más vivos hogares de la actividad religiosa de Francia. Desde algunos puntos del pueblo se alcanza a ver la altura en que está la basílica de Fourviere, en Lyón, uno de los más poderosos centros de irradiación y renovación cristiana de Francia entera.

Juan María compartirá el seminario con el Beato Marcelino Champagnat, fundador de los maristas; con Juan Claudio Colin, fundador de la Compañía de María, y con Fernando Donnet, el futuro cardenal arzobispo de Burdeos. Y hemos de verle en contacto con las más relevantes personalidades de la renovación religiosa que se opera en Francia después de la Revolución francesa. La enumeración es larga e impresionante. Destaquemos, sin embargo, entre los muchos nombres, dos particularmente significativos: Lacordaire y Paulina Jaricot.

Tierra, por consiguiente, de profunda significación cristiana. No en vano Lyón era la diócesis primacial de las Galias. Pero antes de que, en un período de relativa paz religiosa, puedan desplegarse libremente las fuerzas latentes, han de pasar tiempos bien difíciles. En efecto, es aún niño Juan María cuando estalla la Revolución Francesa.

Al frente de la parroquia ponen a un cura constitucional, y la familia Vianney deja de asistir a los cultos. Muchas veces el pequeño Juan María oirá misa en cualquier rincón de la casa, celebrada por alguno de aquellos heroicos sacerdotes, fieles al Papa, que son perseguidos con tanta rabia por los revolucionarios. Su primera comunión la ha de hacer en otro pueblo, distinto del suyo, Ecully, en un salón con las ventanas cuidadosamente cerradas, para que nada se trasluzca al exterior.

 

Santo Cura de Ars

Santo Cura de Ars

 

A los diecisiete años la situación se hace menos tensa. Juan María concibe el gran deseo de llegar a ser sacerdote. Su padre, aunque buen cristiano, pone algunos obstáculos, que por fin son vencidos. El joven inicia sus estudios, dejando las tareas del campo a las que hasta entonces se había dedicado. Un santo sacerdote, el padre Balley, se presta a ayudarle. Pero... el latín se hace muy difícil para aquel mozo campesino. Llega un momento en que toda su tenacidad no basta, en que empieza a sentir desalientos.

Entonces se decide a hacer una peregrinación, pidiendo limosna, a pie, a la tumba de San Francisco de Regis, en Louvesc. El Santo no escucha, aparentemente, la oración del heroico peregrino. pues las dificultades para aprender subsisten. Pero le da lo substancial: Juan María llegará a ser sacerdote.

Antes ha de pasar por un episodio novelesco. Por un error no le alcanza la liberación del servicio militar que el cardenal Fesch había conseguido de su sobrino el emperador para los seminaristas de Lyón. Juan María es llamado al servicio militar. Cae enfermo, ingresa en el hospital militar de Lyón, pasa luego al hospital de Ruán, y por fin, sin atender a su debilidad, pues está aún convaleciente, es destinado a combatir en España.

No puede seguir a sus compañeros, que marchan a Bayona para incorporarse. Solo, enfermo, desalentado, le sale al encuentro un joven que le invita a seguirle. De esta manera, sin habérselo propuesto, Juan María será desertor. Oculto en las montañas de Noés, pasará desde 1809 a 1811 una vida de continuo peligro, por las frecuentes incursiones de los gendarmes, pero de altísima ejemplaridad, pues también en este pueblecillo dejó huella imperecedera por su virtud y su caridad.

Una amnistía le permite volver a su pueblo. Como si sólo estuviera esperando el regreso, su anciana madre muere poco después. Juan María. continúa sus estudios sacerdotales en Verriéres primero. y después en el seminario mayor de Lyón. Todos sus superiores reconocen la admirable conducta del seminarista, pero... falto de los necesarios conocimientos del latín, no saca ningún provecho de los estudios y, por fin, es despedido del seminario. Intenta entrar en los hermanos de las Escuelas Cristianas, sin lograrlo.

La cosa parecía ya no tener solución ninguna cuando, de nuevo, se cruza en su camino un cura excepcional: el padre Balley, que había dirigido sus primeros estudios. El se presta a continuar preparándole, y consigue del vicario general, después de un par de años de estudios, su admisión a las órdenes.

Por fin, el 13 de agosto de 1815, el obispo de Grenoble, monseñor Simón, le ordenaba sacerdote, a los 29 años. Había acudido a Grenoble solo, y nadie le acompañó tampoco en su primera misa, que celebró al día siguiente. Sin embargo, el Santo Cura se sentía feliz al lograr lo que durante tantos años anheló, y a peso de tantas privaciones, esfuerzos y humillaciones, había tenido que conseguir: el sacerdocio.

Aún no habían terminado sus estudios. Durante tres años, de 1815 a 1818, continuará repasando la teología junto al padre Balley, en Ecully, con la consideración de coadjutor suyo. Muerto el padre Balley, y terminados sus estudios, el arzobispado de Lyón le encarga de un minúsculo pueblecillo, a treinta y cinco kilómetros al norte de la capital, llamado Ars.

Todavía no tenía ni siquiera la consideración de parroquia, sino que era simplemente una dependencia de la parroquia de Mizérieux, que distaba tres kilómetros. Normalmente no hubiera tenido sacerdote, pero la señorita de Garets, que habitaba en el castillo y pertenecía a una familia muy influyente, había conseguido que se hiciera el nombramiento.

Ya tenemos, desde el 9 de febrero de 1818, a San Juan María en el pueblecillo del que prácticamente no volverá a salir jamás. Habrá algunas tentativas de alejarlo de Ars, y por dos veces la administración diocesana le enviará el nombramiento para otra parroquia. Otras veces el mismo Cura será quien intente marcharse para irse a un rincón "a llorar su pobre vida", como con frase enormemente gráfica repetirá.

Pero siempre se interpondrá, de manera manifiesta, la divina Providencia, que quería que San Juan María llegara a resplandecer, como patrono de todos los curas del mundo, precisamente en el marco humilde de una parroquia de pueblo.

Podemos distinguir en la actividad parroquial de San Juan María dos aspectos fundamentales, que en cierta manera corresponden también a dos fases de su vida.

Mientras no se inició la gran peregrinación a Ars, el cura pudo vivir enteramente consagrado a sus feligreses. Y así le vemos visitándoles casa por casa; atendiendo paternalmente a los niños y a los enfermos; empleando gran cantidad de dinero en la ampliación y hermoseamiento de la iglesia; ayudando fraternalmente a sus compañeros de los pueblos vecinos.

Es cierto que todo esto va acompañado de una vida de asombrosas penitencias, de intensísima oración, de caridad, en algunas ocasiones llevada hasta un santo despilfarro para con los pobres. Pero San Juan María no excede en esta primera parte de su vida del marco corriente en las actividades de un cura rural.

No le faltaron, sin embargo, calumnias y persecuciones. Se empleó a fondo en una labor de moralización del pueblo: la guerra a las tabernas, la lucha contra el trabajo de los domingos, la sostenida actividad para conseguir desterrar la ignorancia religiosa y, sobre todo, su dramática oposición al baile, le ocasionaron sinsabores y disgustos.

No faltaron acusaciones ante sus propios superiores religiosos. Sin embargo, su virtud consiguió triunfar, y años después podía decirse con toda verdad que "Ars ya no es Ars". Los peregrinos que iban a empezar a llegar, venidos de todas partes, recogerían con edificación el ejemplo de aquel pueblecillo donde florecían las vocaciones religiosas, se practicaba la caridad, se habían desterrado los vicios, se hacía oración en las casas y se santificaba el trabajo.

La lucha tuvo en algunas ocasiones un carácter más dramático aún. Conocemos episodios de la vida del Santo en que su lucha con el demonio llega a adquirir tales caracteres que no podemos atribuirlos a ilusión o a coincidencias. El anecdotario es copioso y en algunas ocasiones sobrecogedor.

Ya hemos dicho que el Santo solía ayudar, con fraternal caridad, a sus compañeros en las misiones parroquiales que se organizaban en los pueblos de los alrededores. En todos ellos dejaba el Santo un gran renombre por su oración, su penitencia y su ejemplaridad. Era lógico que aquellos buenos campesinos recurrieran luego a él, al presentarse dificultades, o simplemente para confesarse y volver a recibir los buenos consejos que de sus labios habían escuchado.

Este fue el comienzo de la célebre peregrinación a Ars. Lo que al principio sólo era un fenómeno local, circunscrito casi a las diócesis de Lyón y Belley, luego fue tomando un vuelo cada vez mayor, de tal manera que llegó a hacerse célebre el cura de Ars en toda Francia y aun en Europa entera. De todas partes empezaron a afluir peregrinos, se editaron libros para servir de guía, y es conocido el hecho de que en la estación de Lyón se llegó a establecer una taquilla especial para despachar billetes de ida y vuelta a Ars.

Aquel pobre sacerdote, que trabajosamente había hecho sus estudios, y a quien la autoridad diocesana había relegado en uno de los peores pueblos de la diócesis, iba a convertirse en consejero buscadísimo por millares y millares de almas. Y entre ellas se contarían gentes de toda condición, desde prelados insignes e intelectuales famosos, hasta humildísimos enfermos y pobres gentes atribuladas que irían a buscar en él algún consuelo.

Aquella afluencia de gentes iba a alterar por completo su vida. Día llegará en que el Santo Cura desconocerá su propio pueblo, encerrado como se pasará el día entre las míseras tablas de su confesonario. Entonces se producirá el milagro más impresionante de toda su vida: el simple hecho de que pudiera subsistir con aquel género de vida.

Porque aquel hombre, por el que van pasando ya los años, sostendrá como habitual la siguiente distribución de tiempo: levantarse a la una de la madrugada e ir a la iglesia a hacer oración. Antes de la aurora, se inician las confesiones de las mujeres. A las seis de la madrugada en verano y a las siete en invierno, celebración de la misa y acción de gracias.

Después queda un rato a disposición de los peregrinos. A eso de las diez, reza una parte de su breviario y vuelve al confesonario. Sale de él a las once para hacer la célebre explicación del catecismo, predicación sencillísima, pero llena de una unción tan penetrante que produce abundantes conversiones. Al mediodía, toma su frugalísima comida, con frecuencia de pie, y sin dejar de atender a las personas que solicitan algo de él.

Al ir y al venir a la casa parroquial, pasa por entre la multitud, y ocasiones hay en que aquellos metros tardan media hora en ser recorridos. Dichas las vísperas y completas, vuelve al confesonario hasta la noche. Rezadas las oraciones de la tarde, se retira para terminar el Breviario. Y después toma unas breves horas de descanso sobre el duro lecho. Sólo un prodigio sobrenatural podía permitir al Santo subsistir físicamente, mal alimentado, escaso de sueño, privado del aire y del sol, sometido a una tarea tan agotadora como es la del confesonario.

Por si fuera poco, sus penitencias eran extraordinarias, y así podían verlo con admiración y en ocasiones con espanto quienes le cuidaban. Aun cuando los años y las enfermedades le impedían dormir con un poco de tranquilidad las escasas horas a ello destinadas, su primer cuidado al levantarse era darse una sangrienta disciplina...

Dios bendecía manifiestamente su actividad. El que a duras penas había hecho sus estudios, se desenvolvía con maravillosa firmeza en el púlpito, sin tiempo para prepararse, y resolvía delicadísimos problemas de conciencia en el confesonario. Es más: cuando muera, habrá testimonios, abundantes hasta lo increíble, de su don de discernimiento de conciencias.

A éste le recordó un pecado olvidado, a aquél le manifestó claramente su vocación, a la otra le abrió los ojos sobre los peligros en que se encontraba, a otras personas que traían entre manos obras de mucha importancia para la Iglesia de Dios les descorrió el velo del porvenir... Con sencillez, casi como si se tratara de corazonadas o de ocurrencias, el Santo mostraba estar en íntimo contacto con Dios Nuestro Señor y ser iluminado con frecuencia por Él.

No imaginemos, sin embargo, al Santo como un ser completamente desligado de toda humanidad. Antes al contrario. Conservamos el testimonio de personas, pertenecientes a las más elevadas esferas de aquella puntillosa sociedad francesa del siglo XIX, que marcharon de Ars admiradas de su cortesía y gentileza.

Ni es esto sólo. Mil anécdotas nos conservan el recuerdo de su agudo sentido del humor. Sabía resolver con gracia las situaciones en que le colocaban a veces sus entusiastas. Así, cuando el señor obispo le nombró canónigo, su coadjutor le insistía un día en que, según la costumbre francesa, usara su muceta.

¡Ah, amigo mío! —respondió sonriente—, soy más listo de lo que se imaginaban. Esperaban burlarse de mí, al verla sobre mis hombros, y yo les he cazado." "Sin embargo, ya ve, hasta ahora es usted el único a quien el señor obispo ha dado ese nombramiento." “Natural. Ha tenido tan poca fortuna la primera vez, que no ha querido volver a tentar suerte."

Servel y Perrin han exhumado hace poco una anécdota conmovedora: Un día, el Santo recibió en Ars la visita de una hija de la tía Fayot, la buena señora que le había acogido en su casa mientras estuvo oculto como prófugo. Y el Santo Cura, en agradecimiento a lo que su madre había hecho con él, le compró un paraguas de seda. ¿Verdad que es hermoso imaginarnos al cura y la jovencita entrando en la modestísima tienda del pueblo y eligiendo aquel paraguas de seda, el único acaso que habría allí? ¿Verdad que muchas veces se nos caricaturiza a los santos ocultándonos anécdotas tan significativas?

Pero donde más brilló su profundo sentido humano fue en la fundación de "La Providencia", aquella casita que, sin plan determinado alguno, en brazos exclusivamente de la caridad, fundó el señor cura para acoger a las pobres huerfanitas de los contornos. Entre los documentos humanos más conmovedores, por su propia sencillez y cariño, se contarán siempre las Memorias que Catalina Lassagne escribió sobre el Santo Cura.

A ella le puso al frente de la obra y allí estuvo hasta que, quien tenía autoridad para ello, determinó que las cosas se hicieran de otra manera. Pero la misma reacción del Santo mostró entonces hasta qué punto convivían en él, junto a un profundo sentido de obediencia rendida, un no menor sentido de humanísima ternura. Por lo demás, si alguna vez en el mundo se ha contado un milagro con sencillez, fue cuando Catalina narró para siempre jamás lo que un día en que faltaba harina le ocurrió a ella.

Consultó al señor cura e hizo que su compañera se pusiera a amasar, con la más candorosa simplicidad, lo poquito que quedaba y que ciertamente no alcanzaría para cuatro panes. "Mientras ella amasaba, la pasta se iba espesando. Ella añadía agua. Por fin estuvo llena la amasadera y ella hizo una hornada de diez grandes panes de 20 a 22 libras." Lo bueno es que, cuándo acuden emocionadas las dos mujeres al señor cura, éste se limita a exclamar: "El buen Dios es muy bueno. Cuida de sus pobres."

El viernes 29 de julio de 1859 se sintió indispuesto. Pero bajó, como siempre, a la iglesia a la una de la madrugada. Sin embargo, no pudo resistir toda la mañana en el confesonario y hubo de salir a tomar un poquito de aire. Antes del catecismo de las once pidió un poco de vino, sorbió unas gotas derramadas en la palma de su mano y subió al púlpito.

No se le entendía, pero era igual. Sus ojos bañados de lágrimas, volviéndose hacia el sagrario, lo decían todo. Continuó confesando, pero ya a la noche se vio que estaba herido de muerte. Descansó mal y pidió ayuda. "El médico nada podrá hacer. Llamad al señor cura de Jassans."

Ahora ya se dejaba cuidar como un niño. No rechistó cuando pusieron un colchón a su dura cama. Obedeció al médico. Y se produjo un hecho conmovedor. Este había dicho que había alguna esperanza si disminuyera un poco el calor. Y en aquel tórrido día de agosto, los vecinos de Ars, no sabiendo qué hacer por conservar a su cura queridísimo, subieron al tejado y tendieron sábanas que durante todo el día mantuvieron húmedas. No era para menos.

El pueblo entero veía, bañado en lágrimas, que su cura se les marchaba ya. El mismo obispo de la diócesis vino a compartir su dolor. Tras una emocionante despedida de su buen padre y pastor, el Santo Cura ya no pensó más que en morir. Y en efecto, con paz celestial, el jueves 4 de agosto, a las dos de la madrugada, mientras su joven coadjutor rezaba las hermosas palabras "que los santos ángeles de Dios te salgan al encuentro y te introduzcan en la celestial Jerusalén", suavemente, sin agonía, "como obrero que ha terminado bien su jornada", el Cura de Ars entregó su alma a Dios.

Así se ha realizado lo que él decía en una memorable catequesis matinal: "¡Dios mío, cómo me pesa el tiempo con los pecadores! ¿Cuándo estaré con los santos? Entonces diremos al buen Dios: Dios mío, te veo y te tengo, ya no te escaparás de mí jamás, jamás."

 

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SAN JUAN MARÍA VIANNEY

 

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LAMBERTO DE ECHEVERRÍA

Lidia y su familia fue la primera en Europa en convertirse al cristianismo y ser bautizada.

"Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura de la ciudad de Tiatira y temerosa de Dios, nos escuchaba. El Señor abrió su corazón para que comprendiese lo que Pablo decía" (Hch 16, 14-15)

Lidia era una comerciante de púrpuras. Eso podría no significar mucho para nosotros hoy en día, pero en el siglo primero eso significaba que era una mujer muy rica. Dado que el tinte de la púrpura se extraía con muchas dificultades de cierto molusco, sólo una elite podía permitirse tener telas teñidas de ese color. Una mercader que vendiera ese tinte tan extremadamente costoso era rica, se mirase como se mirase.

La riqueza se cita a menudo como uno de los principales obstáculos al crecimiento espiritual. Se nos advierte que "es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los Cielos". Eso no significa, sin embargo, que ser pobre te haga mejor automáticamente. 

 

lidia

 

Una persona pobre que acumula unas pocas posesiones no es mejor que una persona rica que acumula muchas. No hay indicaciones de que Lidia abandonara su negocio tras convertirse al cristianismo. Pero hay muchas pruebas de que utilizó su fortuna sabiamente.

Entendió que el valor real de la riqueza reside en el modo en que la usas, no en cuánto tienes.

Ser el primero en hacer algo es un modo seguro de hacer que tu nombre figure en el libro de los récords. Y eso es lo que le pasó a nuestra santa de hoy, porque ella y su familia fueron los primeros en Europa en convertirse al cristianismo. Lidia era originaria de la ciudad de Tiatira, pero vivía en Filipos (Macedonia) donde se ganaba la vida con la preparación de vestidos de púrpura.

 

lidia Filipos

 

Eso podría no significar mucho para nosotros hoy en día, pero en el siglo I eso significaba que era una mujer muy rica. Fue por la predicación de san Pablo por la que se convirtió esta mujer. Y el apostol permaneció en su casa todo el tiempo que duró su predicación en aquella ciudad. No podemos decir más de ella pero, como suele ocurrir con estos primeros cristianos, no hacen falta más datos.

 

 

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Más de dieciséis siglos después de su muerte, San Agustín de Hipona sigue sorprendiendo al mundo. Un equipo internacional de investigadores ha identificado dos sermones hasta ahora desconocidos del gran Padre y Doctor de la Iglesia, ocultos durante siglos en un manuscrito medieval conservado en Polonia.

 

El hallazgo no solo amplía el legado literario de uno de los pensadores más influyentes del cristianismo, sino que ofrece una nueva perspectiva sobre uno de los episodios más desconcertantes del Antiguo Testamento: la consulta del rey Saúl a la adivina de Endor.

"Dieciséis siglos después, San Agustín sigue enseñando a la Iglesia gracias a un hallazgo que devuelve la voz a uno de los mayores maestros de la fe cristiana."

Los textos, atribuidos con un alto grado de certeza a San Agustín tras un exhaustivo análisis filológico, muestran cómo el obispo de Hipona abordaba ante sus fieles una cuestión que durante siglos desconcertó a los primeros cristianos: ¿cómo podía una nigromante invocar al profeta Samuel, un hombre santo de Dios?

Un descubrimiento oculto en un manuscrito del siglo XII: Dos homilías desconocidas durante siglos

El hallazgo fue realizado por el profesor Christian Tornau, especialista en literatura latina de la Universidad de Würzburg (Alemania), mientras estudiaba un códice del siglo XII que perteneció a la antigua abadía de Bad Doberan y que actualmente se conserva en la Biblioteca Diocesana de Pelplin, en el norte de Polonia. El manuscrito contiene seis sermones atribuidos a San Agustín. Sin embargo, un análisis detallado del estilo, el vocabulario, la argumentación y otros rasgos característicos permitió descubrir que dos de esos textos nunca habían sido identificados por los especialistas y permanecían inéditos.

Tras comparar los sermones con el resto de la producción conocida del santo, los investigadores concluyeron que existen razones sólidas para reconocer su autoría. "El predicador resulta indistinguible de San Agustín", explicó Tornau al presentar los resultados de la investigación.

Un pasaje bíblico que intrigó a los primeros cristianos: La misteriosa consulta de Saúl a la adivina de Endor

Ambos sermones giran en torno al capítulo 28 del Primer Libro de Samuel, donde el rey Saúl, desesperado ante la amenaza de los filisteos y sin recibir respuesta de Dios, acude a una nigromante para invocar al profeta Samuel. Según el relato bíblico, Samuel aparece y anuncia al rey su derrota y su muerte inminente. Este episodio ha sido durante siglos uno de los más difíciles de interpretar para la tradición cristiana, pues plantea una cuestión fundamental: ¿cómo podía una mujer dedicada a la magia ejercer algún poder sobre un profeta de Dios? ¿Había aparecido realmente Samuel o se trataba de un engaño del demonio?

San Agustín propone una reflexión abierta: Un maestro que invita a pensar

Antes de San Agustín predominaban dos interpretaciones. La primera sostenía que Dios permitió excepcionalmente que Samuel apareciera, mientras que la segunda defendía que todo había sido una ilusión provocada por un espíritu maligno para engañar a Saúl. Lo novedoso de estos sermones es que el obispo de Hipona no descarta ninguna de las dos posibilidades de forma inmediata. Más bien invita a sus oyentes a profundizar en el misterio y a comprender que, por encima de cualquier explicación concreta, el verdadero mensaje del episodio es la necesidad de confiar en Dios y no buscar respuestas fuera de Él. Este modo de enseñar refleja uno de los rasgos más característicos de San Agustín: presentar distintas interpretaciones antes de conducir al creyente hacia una comprensión más profunda de la Escritura.

Un legado que sigue creciendo: San Agustín continúa hablando a la Iglesia

Aunque San Agustín es uno de los autores cristianos más estudiados de todos los tiempos y se conservan alrededor de quinientos de sus sermones, los especialistas consideran extraordinario que todavía hoy puedan aparecer escritos desconocidos. Los nuevos textos serán editados críticamente por especialistas del Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum (CSEL) y su publicación está prevista para finales de este año, lo que permitirá a teólogos, biblistas e historiadores profundizar aún más en el pensamiento del Doctor de la Gracia.

Un hallazgo para la historia de la Iglesia: Redescubrir la riqueza de la Tradición

El descubrimiento demuestra que los grandes tesoros de la tradición cristiana aún pueden deparar sorpresas. Manuscritos conservados durante siglos en bibliotecas y monasterios continúan ofreciendo nuevas piezas para comprender mejor la historia de la Iglesia y el pensamiento de sus grandes maestros. En el caso de San Agustín, estos sermones permiten acercarse no solo a su extraordinaria inteligencia teológica, sino también a su faceta de pastor, capaz de explicar a los fieles algunos de los pasajes más difíciles de la Sagrada Escritura con profundidad, prudencia y un constante deseo de conducirlos hacia la verdad.

Más de mil seiscientos años después de haber sido pronunciadas, las palabras de San Agustín vuelven a resonar con fuerza. Este inesperado hallazgo recuerda que la Tradición de la Iglesia sigue siendo una fuente inagotable de sabiduría y que el legado de los grandes santos continúa iluminando la comprensión de la Palabra de Dios para las nuevas generaciones.

fuente: ewtn.es

El teólogo Marción de Ponto fue uno de los personajes más peligrosos de la historia del cristianismo, y también uno de los más fascinantes.

Llegó a Roma hacia mediados del siglo II. Era hijo de un obispo del Ponto, en la costa sur del mar Negro, y destacaba por ser un hombre rico, brillante y disciplinado.

Sin embargo, estaba convencido de que la Iglesia había malinterpretado el Evangelio. A su juicio, el cristianismo era incompatible con la religión del antiguo Israel. Sostenía que el Dios del Antiguo Testamento era un dios de la ley, la ira, el juicio y la violencia, mientras que el Padre anunciado por Jesucristo era un Dios completamente distinto: un Dios de misericordia, amor y gracia.

Su propuesta era tan audaz como inquietante: separar el cristianismo de sus raíces judías.

Para ello, planteaba eliminar el Antiguo Testamento, rechazar al Dios creador y conservar únicamente una versión "depurada" del Evangelio de Lucas y las cartas de san Pablo.

De ese modo, pensaba, el cristianismo se convertiría en lo que siempre había debido ser: una religión universal basada en el espíritu y el amor, liberada del peso de la historia, los ritos, la ley, los sacrificios y la identidad particular del pueblo judío.

Las ideas de Marción no surgieron de la nada. Vivió poco después de las grandes rebeliones judías contra Roma, especialmente la revuelta de Bar Kojba (132-135 d. C.). Tras sofocar la insurrección con extrema dureza, el emperador Adriano reconstruyó Jerusalén como una ciudad pagana y prohibió la entrada de los judíos. En ese contexto, muchos romanos comenzaron a ver el judaísmo como una religión obstinada, aislada y políticamente peligrosa.

Al mismo tiempo, los cristianos buscaban definir su identidad dentro del Imperio romano. ¿Eran simplemente una secta del judaísmo o constituían una religión completamente distinta?

Marción ofreció una respuesta radical: el cristianismo, afirmaba, no tenía ningún vínculo esencial con el judaísmo.

teologo

 

Su enseñanza, de manera intencional o no, coincidía con los prejuicios que muchos romanos tenían en aquella época. Al desvincular el cristianismo del Dios de Israel, de la ley judía y de las Escrituras hebreas, Marción también alejaba a los cristianos de un pueblo que cada vez era visto con mayor desconfianza en el Imperio.

Sin embargo, la Iglesia reaccionó con firmeza.

Los grandes Padres de la Iglesia, como san Ireneo de Lyon y Tertuliano, comprendieron que estaba en juego mucho más que la autoridad del Antiguo Testamento. Si Marción tenía razón, sostenían, el cristianismo mismo se derrumbaría.

Un célebre episodio refleja hasta qué punto la Iglesia rechazaba sus ideas. Fue conservado por san Ireneo, quien había conocido personalmente al anciano obispo san Policarpo de Esmirna, discípulo del apóstol san Juan. Según el relato, Marción se acercó un día a Policarpo por las calles de Roma y le preguntó:

—¿Me reconoces?

Policarpo respondió:

—Sí, te reconozco: eres el primogénito de Satanás.

Para los oídos modernos, esta respuesta puede parecer excesivamente dura. Sin embargo, Policarpo entendía algo que, según el autor, muchos cristianos de hoy han olvidado. Marción no proponía simplemente un nuevo canon bíblico o una interpretación distinta de san Pablo; proponía un cristianismo desligado de Abraham, Moisés, la creación, la alianza y de la propia historia de la salvación.

Para los Padres de la Iglesia, el Dios de Abraham era el mismo Padre de Jesucristo. La creación y la redención eran obra del mismo Dios. El Génesis y el Evangelio formaban parte de una única historia de salvación. Cristo no abolió las Escrituras de Israel, sino que las llevó a su plenitud.

Sin el Antiguo Testamento, afirmaban, los cristianos dejarían de comprender el sentido de la alianza, el sacrificio, la Pascua, el Mesías, el templo, el sacerdocio e incluso la creación misma.

Y, más profundamente aún, dejarían de comprender quién es Jesús.

Por ello, la Iglesia condenó de manera contundente las enseñanzas de Marción y, durante siglos, fue considerado el arquetipo del hereje: el símbolo de la tentación de separar el cristianismo de sus raíces judías.

Sin embargo, en la época moderna, la figura de Marción volvió a despertar interés.

Durante los siglos XIX y comienzos del XX, varios estudiosos alemanes comenzaron a reconsiderarlo con mayor simpatía. El más influyente fue Adolf von Harnack, cuya obra Marción: el Evangelio del Dios desconocido (Marcion: The Gospel of the Alien God) presentó al hereje no como un monstruo, sino como un reformador trágico, al que algunos incluso llegaron a llamar "el primer protestante".

El contraste era sorprendente. Mientras san Policarpo lo había llamado "el primogénito de Satanás", Harnack prácticamente lo presentaba como el primer gran reformador.

Aunque Harnack no aceptó plenamente la teología de Marción, admiraba su seriedad, su devoción a san Pablo y su esfuerzo por diferenciar con claridad el cristianismo del judaísmo. En una de sus afirmaciones más controvertidas, sostuvo que, si bien la Iglesia antigua había hecho bien en rechazar a Marción en el siglo II, los cristianos modernos ya no necesitaban considerar el Antiguo Testamento como una Escritura plenamente normativa.

Ese planteamiento adquiriría un eco inquietante apenas unas décadas más tarde.

La Torá, o las Sagradas Escrituras del pueblo judío, es mostrada al papa Benedicto XVI durante su visita a la sinagoga Park East, en Nueva York, el 18 de abril de 2008. (CNS/Gary Hershorn, Reuters)

Cuando el movimiento nazi intentó crear un cristianismo despojado de sus raíces judías, recurrió con frecuencia a ideas muy similares a las de Marción. Los teólogos del nazismo procuraron eliminar el Antiguo Testamento de la vida cristiana. Algunos incluso intentaron presentar a Jesús como ario y no como judío. Un tristemente célebre instituto creado durante el régimen nazi se dedicó a erradicar toda "influencia judía" del cristianismo alemán.

El marcionismo antiguo y la ideología nazi no eran lo mismo. Marción fue un teólogo, no un ideólogo racial. Su pensamiento era de carácter metafísico y ascético, no nacionalista ni biológico. Sin embargo, los paralelismos fueron lo suficientemente evidentes como para que muchos teólogos de la posguerra vieran en el neomarcionismo una seria advertencia.

El peligro consistía en oponer el cristianismo al judaísmo de manera tan absoluta que Jesús terminara separado de su propio pueblo, de sus propias Escrituras y, en última instancia, de su propia historia.

Pocos teólogos contemporáneos reflexionaron tanto sobre este problema como Joseph Ratzinger, quien más tarde sería el papa Benedicto XVI. Ratzinger defendió la unidad de toda la Biblia, la permanencia de la vocación de Israel y la deuda que la Iglesia tiene con el pueblo judío. En repetidas ocasiones advirtió contra lo que llamó explícitamente "neomarcionismo": la constante tentación de considerar el Antiguo Testamento como algo incómodo, primitivo, violento o superado.

Para Ratzinger, el rechazo de Marción por parte de la Iglesia fue uno de los momentos decisivos de la historia del cristianismo. Sostenía que el cristianismo nunca podría convertirse en una religión desligada de Israel sin dejar de ser verdaderamente cristiano.

En su libro Muchas religiones, una sola alianza (Many Religions — One Covenant), insistió en que el Nuevo Testamento es inseparable de las Escrituras de Israel. Jesús no aparece de la nada. Todos los títulos con los que los cristianos lo reconocen —Mesías (Cristo), Hijo de David, Cordero de Dios, Hijo del Hombre— provienen de la tradición de fe de Israel. La Eucaristía tiene su origen en la Pascua judía; la cruz lleva a plenitud el simbolismo sacrificial del Templo, y Pentecostés completa la experiencia del Sinaí en lugar de sustituirla.

Sin el Antiguo Testamento, el cristianismo termina convirtiéndose en una idea abstracta.

Ratzinger comprendía lo mismo que habían entendido los Padres de la Iglesia: cuando los cristianos empiezan a despreciar el carácter judío de la revelación, corren el riesgo de perder el realismo mismo de la fe. El cristianismo se transforma entonces en una espiritualidad difusa, una religión de sentimientos desligada de la creación, de la historia, de la liturgia y de la alianza.

Y la historia ha demostrado cuán fácilmente esa forma de pensar puede derivar en consecuencias mucho más graves.

Reconocer esto no significa afirmar que toda crítica al Antiguo Testamento sea antisemita. Tampoco implica ignorar la larga y dolorosa historia de expresiones antijudías presentes entre algunos cristianos, incluidos ciertos Padres de la Iglesia. Es importante distinguir los diferentes fenómenos históricos: el antijudaísmo, el marcionismo y el antisemitismo racial moderno no son idénticos.

Sin embargo, tampoco están completamente desconectados. A lo largo de la historia de Occidente, la hostilidad hacia el judaísmo ha comenzado una y otra vez con un contraste que se repite:

Marción no inventó todas estas oposiciones, pero sí les dio su formulación teológica más radical. Por eso su historia sigue siendo relevante.

Vivimos en una época cada vez más incómoda con el Antiguo Testamento. Muchos lectores modernos se sienten perturbados por sus guerras, juicios, sacrificios y rituales. También vivimos en un tiempo en el que Israel, el Estado judío nacido tras el Holocausto, se ha convertido en uno de los principales focos de debate político y religioso.

En este contexto, surgen nuevas presiones para desvincular a Jesús y al cristianismo de sus raíces judías. Muchos cristianos se sienten tentados a preferir una imagen de Jesús más suavizada, desligada de la doctrina, de la alianza y de la autoridad divina. La tentación sigue siendo la misma de siempre: construir un cristianismo purificado de todo aquello que parezca difícil, escandaloso o demasiado "judío".

Pero cuando el cristianismo rompe sus vínculos con Israel, pierde sus raíces históricas. Incluso el misterio de la Encarnación comienza a desdibujarse. Jesús deja de ser visto como el cumplimiento de una alianza divina para convertirse simplemente en un maestro itinerante de ética universal.

La Iglesia antigua comprendió claramente ese peligro. También lo comprendió Ratzinger.

El Dios que habló a Abraham es el mismo Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos. Las Escrituras de Israel no son un prólogo incómodo del cristianismo, sino parte de la memoria sagrada de la propia Iglesia. Los cristianos adoran a un Mesías judío, rezan con los Salmos de Israel, heredan las promesas hechas a ese pueblo y leen las palabras de sus profetas.

La Iglesia rechazó a Marción porque sabía que abandonar a Israel significaba, en definitiva, abandonar al mismo Cristo. Y esa enseñanza no pertenece únicamente al pasado: puede ser una de las lecciones más urgentes que los cristianos de nuestro tiempo necesitan recordar.

 

 

¿Sabes quién era San Alfonso María de Ligorio? Obispo y doctor de la Iglesia

 

El precoz abogado Alfonso, de noble familia napolitana, a los 30 años dejó su envidiable profesión y se convirtió en sacerdote. En 1732 fundó la Congregación del Santísimo Redentor y luego fue elegido obispo de Sant'Agata dei Goti. Canonizado en 1839, en 1871 Pío XI lo proclamó Doctor de la Iglesia.

 

"Los polluelos de golondrina no hacen más que gritar, buscando ayuda y comida de parte de sus madres. Igualmente, nosotros debemos gritar siempre, pidiendo ayuda a Dios para evitar la muerte del pecado, y para avanzar en su santo amor".

Cuando se nace en una familia noble como la de los Ligorio, en una gran ciudad como Nápoles, en un siglo tan importante como el de la Ilustración y se es el primero de ocho hijos, se está ciertamente destinado a hacer algo importante.

Así que, como buen augurio, los padres bautizaron a su primogénito como Alfonso, que significa valiente y noble. Y nadie como él estará a la altura de ese nombre.

Un abogado de sólo 16 años

Confiado a los mejores tutores de la ciudad, Alfonso demostró inmediatamente sus extraordinarias cualidades: a los 12 años hizo el examen de admisión a la universidad, a la Facultad de leyes, ante el filósofo Giambattista Vico, a los 16 ya ejercía como abogado. Rápidamente se convirtió en el mejor de la ciudad, con la merecida reputación de no perder ni un solo caso.

 

alfonso

 

Pero el Señor tendrá otros planes para él, que nació en una familia de ocho hijos, algunos de los cuales fueron particularmente tocados por la gracia de la consagración religiosa y sacerdotal.

En efecto, dos de sus hermanas serán monjas; otro hermano será benedictino y otro hermano más será sacerdote secular. De este contexto de nobleza del que provienía Alfonso, ambiente mezclado con tantas gracias espirituales familiares, se intuye ya que Dios llamará también a Alfonso a vivir algo mucho mejor que la sola nobleza humana.

De la ley humana a la ley de la libertad divina

Durante su trabajo como abogado Alfonso se ocupó de lo que hoy llamamos "voluntariado", en particular en el hospital de Nápoles donde visitaba a los enfermos. Poco a poco esa generosa actividad lo cautivó más y más, así que decidió dejar la abogacía y dedicarse a los más pobres del Señor.

En 1726 se convirtió en sacerdote y dedicó todo su ministerio a los más humilldes y necesitados, que en la Nápoles del siglo XVIII eran tantísimos. Su actividad como predicador y confesor fue intensa, y también cultivó el sueño de irse en misión a Oriente.

Convertirse en pastor entre los pastores: el nacimiento de la Congregación

En 1730, durante un descanso forzado en las montañas de la ciudad de Amalfi, Alfonso conversaba con algunos pastores y se dio cuenta de la gravedad de su abandono humano, cultural y religioso.

Este descubrimiento lo impresionó tanto que decidió dejar Nápoles para retirarse al eremitorio benedictino de Villa degli Schiavi, cerca de Caserta, donde fundó la Congregación del Santísimo Salvador, que será aprobada por Benedicto XIV en 1749 y tomará entonces su actual nombre de Congregación del Santísimo Redentor.

Su misión consistiría en una predicación marcada por la sencillez apostólica y a favor de la educación de los más abandonados. Alfonso tomó su ejemplo de las Capillas Serotinas, es decir, grupos dirigidos por colaboradores del Santo, tanto laicos como seminaristas, dedicados a la evangelización de los muchachos de la calle: una experiencia que en Nápoles tuvo tanto éxito que alcanzó la cuota de 30.000 inscritos.

Más tarde, a los sacerdotes redentoristas se les unirán las monjas redentoristas: la rama femenina de la Congregación que se fundará en Amalfi.

Obispo en Sant'Agata dei Goti

A Alfonso le apasionaba enseñar y predicar utilizando métodos innovadores como la música que estudió de niño: fue el autor de la famosa composición de "Bajas de las estrellas", infaltable canción en las celebraciones de la Santa Navidad.

También se ocupó con mucho interès de las cuestiones de la moral: entre las muchas obras que escribió la más importante es ciertamente la "Teología moral" en varios volúmenes. En tal obra que sigue siendo estudiada aún en nuestros días, Alfonso se ocupó de temas como la virginidad perpetua de María y la infalibilidad del Papa; temas que la Iglesia misma profundizará y en su momento las incluirá en el acervo de la doctrina dogmática, o sea en la doctrina oficial de la Iglesia que ha sido calificada como doctrina segura en cuanto que es creída por toda la Iglesia.

En 1762, a la venerable edad de 66 años, Alfonso fue nombrado también obispo de Sant'Agata dei Goti, en Benevento, cargo que abandonó 15 años después por problemas de salud que lo llevaron a la muerte en 1787. Canonizado en 1839, san Alfonso María de Ligorio fue proclamado Doctor de la Iglesia por Pío IX en 1871, mientras que en 1950 Pío XII le dio el título de "Protector celestial de todos los confesores y moralistas".

 

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San Alfonso María de Ligorio

 

Ver en Wikipedia

"Ignacio de Loyola"

SOLDADO – PECADOR – SANTO

 

IGNACIO DE LOYOLA narra la vida de un joven soldado, Iñigo (Ignacio de Loyola), que se vio obligado a renunciar a su carrera militar tras resultar herido en batalla. Postrado en cama y dedicado a nuevas lecturas, lo que se presentaba entonces como una desgracia se tornó en un deseo ardiente de convertirse en santo.

 

Desde entonces, el joven y pasional Loyola se encontrará inmerso en una nueva batalla: la de enfrentarse con la incredulidad, el rechazo de la gente más cercana y la necesidad de luchar por encima de todo contra sí mismo.

 

La película también muestra cómo Ignacio tejió las pruebas, los errores y las lecciones de su azarosa vida en el tejido de su obra maestra, los Ejercicios Espirituales. Combinando la claridad de pensamiento con el amor de fantasía e imaginación de Ignacio, los Ejercicios forman un método riguroso para tomar decisiones de vida y han guiado e innumerables buscadores a lo largo de la historia.

 

PARTE I - Para verlo en You Tube

 

PARTE 2 -  Para verlo en You Tube

 

 

 

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: Ignacio de Loyola
Tipo: Película
Productora: Jesuit Communications Foundation
Director: Paolo Dy, Cathy Azanza
Guión: Paolo Dy, Cathy Azanza, Pauline Mangilog-Saltarin, Emmanuel Alfonso, Ian Victoriano
Duración: 118 minutos
Idiomas: Español / Inglés
Sistema: PAL
Año: 2016
Calificación: No recomendada para menores de 12 años

 

Ignacio de Loyola

Soldado y santo

Siglo XVI. Desde su infancia el joven capitán Íñigo de Loyola ha querido demostrar que merece el respeto de su linaje. Decimotercer hijo de Beltrán Yáñez de Oñaz y Loyola, VIII señor de la casa de Loyola de Azpeitia. Íñigo ha sentido que se le ha negado ese honor que tanto añora, a favor de otros miembros de su familia.

Militar de profesión, sueña a sus treinta años con emular a legendarios caballeros como Amadís de Gaula, que para él pasaría por emprender grandes gestas por la Corona de Castilla. Hombre valiente y pasional estará dispuesto a morir entonces contra el ejército francés en defensa del castillo de Pamplona. Pero Dios tendrá otros planes.

Insólita película filipina rodada en España, país que aporta también actores y coproducción. Acierta este biopic en quedarse incompleto, es decir, en centrarse en la juventud del héroe –del santo– y no abarcar una trayectoria vital que tan sólo podría contarse en formato, digamos, de serie televisiva (lo cual, ya puestos, sería una gran idea).

El director debutante Paolo Dy (Manila, 1978) decide así cerrar su film mucho antes de que la Compañía de Jesús irrumpiera en la cristiandad y centra su interés sobre todo en la batalla interior del protagonista, un personaje quijotesco, obsesionado con realizar hazañas caballerescas, llenas de valentía y honor, salvamentos de damiselas y muertes heroicas en el campo de batalla.

Para contar la historia de Ignacio de Loyola –producida por la Jesuit Communications Foundation–, Dy, también guionista, ha tenido con el asesoramiento de numerosos jesuitas y se ha basado en los escritos autobiográficos del propio santo, quien, cual si fuera un hombre de letras, aparece aquí varias veces dando rienda suelta a su imaginación literaria, contando las andanzas de quien sería su alter ego, el supuesto caballero en quien se quiere convertir.

La narración, por su parte, no pierde ritmo y está bien trazado el itinerario del protagonista, desde sus ademanes belicosos hasta su postración y posterior conversión, hasta llegar finalmente al proceso inquisitorial a que se vio sometido.

 

 

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SAN IGNACIO DE LOYOLA

 

Ya es oficial: la temporada 6 de 'The Chosen' confirma su estreno con un impactante tráiler que revela la Pasión de Cristo

La nueva entrega llegará con una particularidad importante para sus seguidores, ya que no estará disponible al completo en streaming. La nueva tanda de episodios de The Chosen se dividirá en una primera parte que llegará a la plataforma y un gran desenlace que se estrenará en los cines como un evento especial el 12 de marzo de 2027.

 

El creador de la ficción, Dallas Jenkins, ha explicado que este cierre tendrá un tratamiento diferente al de temporadas anteriores. "El final de la temporada 6 es esencialmente un episodio de gran tamaño que se estrenará como un gran evento cinematográfico en todo el mundo", dijo Jenkins a Deseret News.

La esperada nueva entrega de la serie creada por Dallas Jenkins ya ha estrenado su tráiler y confirmado la fecha de estreno en España. La temporada 6 de The Chosen (Los elegidos) ya tiene fecha de estreno en España. La popular serie sobre la vida de Jesús de Nazaret regresará con sus nuevos episodios el próximo 17 de noviembre de 2026 a través de acontra+, apenas dos días después de su lanzamiento en Estados Unidos mediante Prime Video, previsto para el 15 de noviembre.

 

La pasión de Cristo

La sexta temporada de The Chosen será la más trascendental de la serie hasta ahora, ya que abordará los últimos momentos de la vida de Jesús. La historia se centrará en los acontecimientos posteriores a la Última Cena, la traición de Judas Iscariote y el camino hacia la crucifixión.

Los nuevos capítulos estarán basados en los pasajes de los Evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan, recogiendo uno de los episodios más importantes del cristianismo. La producción mostrará tanto el sufrimiento de Jesús como la reacción de sus discípulos y de aquellos que participaron en su condena.

Según la sinopsis oficial: "La hora ha llegado. Antes de que se ponga el sol, Jesús de Nazaret morirá. La temporada seis captura los eventos históricos del día final de Jesús a través de las vidas de aquellos que Le amaron y de aquellos que Le condenaron". Para abrir boca, ya tenemos el primer tráiler, que anticipa un gran evento de cara a los próximos meses.

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Una serie convertida en fenómeno

Desde su estreno en 2019, The Chosen se ha convertido en un auténtico fenómeno audiovisual. La ficción destacó desde sus primeros episodios por ser una de las producciones financiadas mediante crowdfunding más exitosas de la historia, gracias al apoyo directo de millones de espectadores.

A lo largo de sus temporadas, la serie creada por Dallas Jenkins ha recorrido diferentes etapas de la vida de Jesús, dando protagonismo a personajes como Pedro, Mateo o María Magdalena. Su propuesta ha buscado mostrar no solo los milagros y enseñanzas, sino también la parte más humana de sus protagonistas, apostando por un enfoque más realista y desmitificador.

'The Chosen': ¿qué podemos esperar de la temporada 6?

La nueva entrega supondrá un importante reto para el equipo debido a su escala de producción. El rodaje ha requerido más tiempo del habitual por la complejidad técnica, los efectos visuales y el proceso de traducción internacional que acompaña a una serie con seguidores en todo el mundo.

'The Chosen': reparto de la temporada 6

La temporada 6 de The Chosen contará con el regreso de gran parte del reparto habitual de la serie.Jonathan Roumie volverá a interpretar a Jesús, acompañado por Shahar Isaac como Pedro, Paras Patel como Mateo y Elizabeth Tabish como María Magdalena. También estarán presentes Noah James (Andrés), George H. Xanthis (Juan), Giavani Cairo (Judas Tadeo), Joey Vahedi  (Tomás), Reza Diako (Felipe) y Luke Dimyan (Judas Iscariote).

 

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Con esta sexta temporada, The Chosen  se acerca a uno de los momentos más esperados por sus seguidores: la representación de la Pasión y Muerte de Jesús. Una etapa decisiva que pondrá punto de inflexión a una serie que ha conseguido reunir a una comunidad internacional de espectadores.

 

Before the sun sets, Jesus of Nazareth will be dead.

Season 6 captures the historic events of Jesus' final day through the eyes of those who love Him—and those who condemn Him.

The Sanhedrin calls it justice. Romans call it peace. Followers call it murder. But in the face of… pic.twitter.com/vxyTXSORgH

— The Chosen (@thechosentv) July 27, 2026

 

 

Santa Marta - 29 de Julio

Componían la familia los tres hermanos: Marta, María y Lázaro. No parece que vivieran sus padres, ni que alguno de los mencionados hermanos estuviera ligado en matrimonio o lo hubiera contraído en un tiempo. Era Marta la mayor de la hermandad y hacía ella las veces de ama de casa.

 

Santa Marta, junto a sus dos hermanos vivió en Betania, a tres kilómetros de Jerusalén. Por su proximidad a Jerusalén, muchos judíos iban frecuentemente a Betania, y el mismo Jesucristo se retiraba allí al atardecer, una vez terminado su magisterio diurno en el Templo, buscando en el hogar de una familia amiga el calor que un corazón humano comprensivo podía proporcionar al peregrino divino que no disponía de una piedra donde reclinar su cabeza.

Una santa amistad unía la familia con el divino Redentor. Marta, como ama de casa, era la encargada de recibir y atender a los huéspedes. El santo Evangelio señala algunos de sus encuentros con Jesús. La primera vez que Marta salta al terreno de la historia fue con ocasión de hospedar a Jesús en su viaje a Jerusalén siguiendo el camino de Jericó.

 

betania marta

 

 

Al llegar a Betania decidió detenerse en casa de sus amigos. La noticia de la llegada del Maestro puso en revuelo a la piadosa familia, que le acogía con sincero y devoto afecto. Como ama de casa salió Marta a su encuentro e introdujo a Jesús en ella.

Como de costumbre, al poco de entrar empezó Jesús a hablar, quedando todos los presentes, incluso los apóstoles que le acompañaban, pendientes de sus labios. Marta pudo gozar unos momentos de beatífico reposo escuchando al Maestro, pero su condición de "ama de casa" la forzaba a tener que abandonar la compañía del Maestro divino para dedicarse a los trabajos conducentes a asegurarle un hospedaje digno.

Trataba Marta de armonizar su actividad con sus ansias de escuchar al Maestro, pero, dado el volumen de trabajo, comprendió que se le escapaba la oportunidad de poder oír las palabras de Jesús.

Con envidia contemplaba a su hermana María, abstraída totalmente de toda preocupación material, atenta a las palabras de Cristo. En su ir y venir echó Marta sus cálculos de que, si María le ayudara en sus quehaceres, más pronto quedaría libre para escuchar tranquilamente a Jesús.

Dada la íntima confianza con que la familia trataba a Jesús, se atrevió Marta a proponerle lo que había premeditado en su interior, diciéndole: "Señor, ¿no te da enfado que mi hermana me deje a mi sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude" (Lc. 10, 40). No eran sus palabras un reproche para su hermana, sino una angustiosa llamada al bondadoso Jesús para que sugiriera a María la idea de que, con el trabajo aunado de las dos, tendría Marta más tiempo libre para dedicarlo también a la contemplación.

Comprendió Jesús que las palabras de Marta estaban dictadas por el ardiente anhelo que tenía de escucharle, Por eso le contestó con otras que tenían más de lección para los presentes y para las generaciones venideras que de reprensión para la hacendosa hermana: "Marta, Marta, tú te acongojas y conturbas por muchas cosas, cuando de pocas hay necesidad; en rigor, de una sola. María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada".

En efecto, dado el inestimable privilegio dispensado a la familia de tener a Jesús como huésped, lo principal era escucharle, pasando a segundo término las preocupaciones por el alimento material.

Otro encuentro más sensacional tuvo Marta con Cristo en su misma casa de Betania. Se hallaba Jesús al otro lado del Jordán cuando una cruel enfermedad se apoderó de Lázaro. Desde el primer momento sus dos hermanas, Marta y María, pensaron que el mejor médico era su amigo Jesús, dueño de las enfermedades y de la muerte.

De ahí que le mandaran un recado con las palabras: "Señor, el que amas está enfermo". Bien conocía Cristo la gravedad del mal que aquejaba a Lázaro y su desenlace, pero tardó en ir para dar lugar a un ruidoso milagro. Cuando fue "se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro".

Al enterarse Marta de que Jesús llegaba, le salió al encuentro, en tanto que María se quedó sentada en casa. Transida de dolor y abrigando al mismo tiempo gran confianza en su corazón, se atrevió Marta a decirle: "Señor, si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano; pero sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo otorgará".

Díjole Jesús: "Resucitará tu hermano". Marta le contestó: "Sé que resucitará en la resurrección en el último día". Viendo Jesús el dolor que embargaba a Marta, quiso disipar cualquier sombra de duda que pudiera atormentar el corazón de aquella laboriosa ama de casa diciéndole: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?". Respondió Marta: "Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo" (lo. 11, 20-27).

 

 

El mismo Jesús, ante aquel espectáculo, "se conmovió hondamente, se turbó y dijo: "¿Dónde le habéis puesto?". Mientras se dirigían todos presurosos al sepulcro de Lázaro, las lágrimas asomaron en los ojos de Jesús, resbalando silenciosamente sobre sus divinas mejillas, lo que hizo exclamar a muchos de los judíos presentes: "¡Cómo le amaba!".

Rodeado de las hermanas y demás comitiva Jesús llegó al monumento, que era una cueva tapada con una piedra. Dijo Jesús: "Quitad la piedra", a lo que contestó Marta, acaso para evitar que un cuadro espeluznante se ofreciera a su vista: "Señor, ya hiede, pues lleva cuatro días". Jesús atajó toda duda diciendo: "¿No te he dicho que, si crees, verásla gloria de Dios?". Pocos momentos después, Lázaro salía del sepulcro, "ligados con faja pies y manos y el rostro envuelto en un sudario" (lo. 11,32-44). Jesús había premiado con un extraordinario milagro la fe de una familia amiga que le amaba entrañablemente.

 

En este episodio evangélico aparece Jesús como el sincero amigo, el huésped agradecido, el compasivo consolador, el sencillo bienhechor, el delicado compañero. ¡Oh, dichosos una y mil veces los que, como Lázaro, Marta y María, le tienen y tratan como amigo! Dichosos los que oyen y entienden las palabras: "Todo el que vive y cree en mí no morirá jamás, Aun cuando muera, vivirá".

 

lazaro marta maria

 

 

Todavía el Evangelio nos ha conservado otro recuerdo de la solícita hermana de Lázaro. "Seis días antes de la Pascua vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dispusieron allí una cena; y Marta servía, y Lázaro era de los que estaban en la mesa con Él"(lo. 12, 1-2).

Como siempre, también el Evangelio nos presenta en este pasaje a Marta sirviendo a Jesús, ejerciendo amorosamente con Él los deberes que le imponía su condición de "ama de casa". También en este pasaje evangélico María demuestra su amor por Cristo con el modo que le es peculiar. Mientras Marta servía la cena su hermana "ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos" (lo. 12, 3). De nuevo las dos hermanas son el prototipo de las dos vidas, activa y contemplativa.

 

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LÁZARO, MARTA Y MARÍA

 

 

 

¿Quiénes son los primeros cristianos documentados de Sevilla?

La tradición cuenta que el apóstol Santiago pasó por estas tierras, aunque la memoria más antigua de cristiandad en Hispalis es la sangre derramada por las mártires Justa y Rufina en la ciudad

A comienzos del siglo IV, un hombre llamado Sabino estampó su firma en las actas de un concilio en Elvira, la antigua Ilíberis, en el entorno de la actual Granada. Lo hizo con un título: obispo de Hispalis. Sevilla tuvo diócesis desde la época en que el cristianismo era clandestino y perseguido, cuando profesar la fe de Cristo podía costar la vida. En el 313, Constantino y Licinio concedieron la libertad de culto, y el cristianismo se oficializó con el emperador Teodosio —hay quien defiende que era de Itálica— en el 380. La arqueología, mientras tanto, lleva décadas buscando las primeras basílicas paleocristianas de la ciudad sin hallarlas con certeza. Esta es la historia del origen del cristianismo en Sevilla.

¿Un apóstol a orillas del Baetis?

La pregunta ha desvelado a generaciones de eruditos: ¿predicó algún apóstol en la Bética? San Pablo, al menos, lo planeó. En su Carta a los Romanos, escrita hacia el año 57, anuncia dos veces su propósito de viajar a Hispania, frontera occidental del mundo conocido. El papa Clemente de Roma escribió hacia el año 96 que el apóstol predicó «hasta el confín de Occidente», y el fragmento de Muratori, a finales del siglo II, da por sabida su partida hacia Hispania. Indicios serios que aún dividen a la historiografía, aunque quienes aceptan el viaje lo sitúan en Tarraco, no en el valle del Baetis. Lo de Santiago es eco de leyenda: su predicación hispana no se documenta hasta el siglo VII. Pero la tradición gaditana, recogida por fray Gerónimo de la Concepción en 1690, cuenta que el Apóstol desembarcó en el templo de Hércules consagrándolo a San Pedro: de ahí el nombre de Sancti Petri.

Quien entrara por Gades en la Antigüedad y buscara el interior solo tenía un camino: la Via Augusta, que salía de Gades hacia Hispalis. Si Santiago pasó por Gades, lo más probable es que pasase por Hispalis. La leyenda de los siete varones apostólicos completa el cuadro: siete discípulos ordenados en Roma por Pedro y Pablo, enviados a evangelizar la Bética, donde entraron por Acci, la actual Guadix. Sevilla tuvo además su propio eslabón apostólico: San Geroncio, legendario primer obispo de Itálica, muerto en prisión por su fe. Leyenda con un poso real: en el siglo VII, la vida de San Fructuoso de Braga da fe de una basílica cristiana alzada en Itálica en honor de Geroncio.

Los primeros cristianos con nombre

Durante los siglos I y II d. C., la fe cristiana se propagó por el Mediterráneo. No existe documentación de cristianos en la Hispalis de ese momento, lo que en absoluto quiere decir que no los hubiera. Debieron de llegar como llegaba todo: con los barcos y las mercancías. La Bética exportaba aceite a Roma y comerciaba con el norte de África, y por esas rutas marítimas, además de los productos, circulaban las ideas.

Las primeras menciones del cristianismo en Hispania vienen de fuera: hacia el año 180, Ireneo de Lyon da por establecidas iglesias en las Españas, y Tertuliano, hacia el 200, presume de que la fe de Cristo ha alcanzado «todos los confines de las Hispanias». La primera prueba documental firme llega en el 254: una carta de San Cipriano de Cartago a las comunidades de León-Astorga y Mérida, con obispos, clero y fieles perfectamente organizados. En el 259 arde en el anfiteatro de Tarraco el obispo Fructuoso con sus dos diáconos: sus actas de martirio, tenidas por auténticas, son el relato más antiguo conservado de un martirio hispano.

¿Y Sevilla? Su primera crónica es también martirológica. Las páginas de la passio de las santas Justa y Rufina —relato de época visigoda— nos cuentan el martirio de las dos alfareras que se negaron a rendir culto a Salambona y lo pagaron con la vida ante el gobernador Diogeniano. El texto es tardío y legendario en muchos pliegues, pero el culto es antiquísimo: las dos santas figuran ya en el martirologio jeronimiano, el gran catálogo del siglo V que inventariaba a los mártires de toda la Iglesia occidental. Cuando Hispalis entra en la historia cristiana, lo hace desde el martirio.

 

recreacion de una Eucaristía doméstica en la Hispalis de los primeros siglos

Recreación de una Eucaristía doméstica en la Hispalis de los primeros siglos.

Sabino: el primer obispo sevillano documentado

Hacia el año 300 —la fecha se discute: la mayoría la sitúa entre el 300 y el 306— diecinueve obispos, béticos en su mayoría, y una veintena larga de presbíteros convergieron en Elvira/Ilíberis, cerca de la actual Granada. Y entre los signatarios aparece una firma sevillana: «Sabinus episcopus Hispalensis». Sabino, obispo de Hispalis, primer prelado sevillano con respaldo documental. No es un desconocido para esta historia: el Pasionario hispánico cuenta que fue él quien rescató los cuerpos de Justa y Rufina y les dio sepultura en el cementerio llamado después prado de Santa Justa, el solar donde hoy se levanta la estación que hereda el nombre.

Su firma es la documentación más antigua de la diócesis de Sevilla —lo que no significa que la sede no fuera anterior—, y conviene fijarse en el momento: el concilio se reunió en los años de la persecución más feroz contra los cristianos, la de Diocleciano, desatada en el 303, la que llevó al martirio a Santa Lucía en Siracusa, a Santa Eulalia en Mérida, a Santa Inés en Roma, a San Servando y San Germán en Cádiz... Justa y Rufina habían muerto antes: la tradición las sitúa en el 287.

santa justa

La Iglesia no nació en la legalidad: ser cristiano antes del 313 era un ejercicio de fe y de valentía que te podía costar, literalmente, el cuello.

De secta perseguida a religión del Imperio

A comienzos del siglo IV se desató la tormenta contra los cristianos: la gran persecución de Diocleciano, decretada en el 303, la más sistemática de cuantas sufrió la Iglesia. Fue también la última. En el 312, junto al puente Milvio, a las puertas de Roma, Constantino derrotó a Majencio tras avistar en el cielo el signo de Cristo con el lema «in hoc signo vinces» («con este signo vencerás»). Verdad, milagro o leyenda, un año después el edicto de Milán concedía la libertad de culto en el Imperio romano: los cristianos perseguidos podían salir a la luz.

El cristianismo era legal. En el 325, el propio emperador convocó en Nicea el primer concilio ecuménico de la historia para atajar la herejía arriana, que negaba la plena divinidad de Cristo, y quien dirigió sus sesiones fue un bético: Osio de Córdoba, el viejo obispo que había firmado en Elvira junto a Sabino y que había padecido aquella persecución.

El paso definitivo llegó en el 380, cuando el emperador Teodosio proclamó en el edicto de Tesalónica que la fe de Nicea era la religión oficial del Imperio; el concilio de Constantinopla la refrendó al año siguiente. Y aquí la historia guiña un ojo a Sevilla: Teodosio era hispano. Las dos fuentes antiguas que hablan de su nacimiento —Zósimo, historiador pagano que escribió siglo y medio después, e Hidacio, obispo y cronista hispano del siglo V— lo hacen nacer en Cauca, actual Coca (Segovia), entonces en la Gallaecia romana. Pero Alicia Canto, catedrática de Epigrafía de la Universidad Autónoma de Madrid y correspondiente de la Real Academia de la Historia, defendió con serios argumentos que su cuna estuvo en Itálica, la patria de Trajano, apoyándose entre otros en Claudiano, poeta oficial de la corte de Honorio —el hijo de Teodosio—, cuyas alusiones a la familia imperial apuntan a la Bética. Lo indiscutible es el vuelco: en apenas tres generaciones, los cristianos de Hispalis pasaron de ocultar su fe a profesarla con respaldo imperial. Ya no necesitaban discreción: necesitaban templos. Y se levantaron las basílicas.

Las primeras basílicas de Hispalis

La paradoja es notable: sabemos que la Hispalis del siglo IV se llenó de cristianos, pero sus primeros templos se resisten a la arqueología, porque la ciudad lleva dos mil años construyéndose sobre sí misma. El candidato más debatido está en el corazón del Alcázar. En 1974, Manuel Bendala e Iván Negueruela excavaron en el Patio de Banderas e interpretaron unas piletas romanas como el baptisterio de una basílica paleocristiana, acaso el primer conjunto episcopal.

Las campañas dirigidas por Miguel Ángel Tabales entre 2009 y 2014 volvieron sobre el solar y contaron otra historia: los grandes sillares pertenecían a los almacenes del puerto, y lo que se alzó encima, ya a finales del siglo V, fue un complejo tardoantiguo de función desconocida. Hay indicios cristianos —una placa con crismón, el anagrama de Cristo, datada en el siglo VI—, pero nada que confirme un uso religioso. El debate sigue abierto.

De la gran basílica cristiana de Hispalis no se ha localizado rastro material, pero sí crónicas. Una fuente escrita del siglo V, contemporánea de los hechos, y más tarde San Isidoro de Sevilla —que la llama basílica del mártir Vicente o de San Vicente mártir— nos cuentan que en el 428 Hispalis tenía un templo con entidad para protagonizar un episodio dramático que merece capítulo propio. Ese Vicente es el de Zaragoza, martirizado en el 304 bajo Diocleciano: que Sevilla le alzara basílica apenas un siglo después mide la velocidad fulgurante de su culto. Dónde estaba, nadie lo sabe. La tradición la identifica con la actual parroquia de San Vicente y atribuye su fundación al obispo Evidio, pero no hay documento que lo respalde.

Otro candidato son las tres columnas gigantes de la calle Mármoles, restos de un edificio monumental romano: se ha propuesto que las columnas se reaprovecharon en un templo cristiano, quizá vinculado al primer conjunto episcopal. También es hipótesis, sin confirmación certera.

Otra hipótesis mira al Salvador: allí levantó Ibn Adabbas la mezquita mayor de Sevilla en el 829, y en Córdoba la mezquita se alzó sobre un complejo cristiano previo, identificado tradicionalmente con la basílica de San Vicente; el paralelo ha llevado a proponer que bajo el Salvador estuviera la iglesia principal de la Hispalis cristiana, acaso la propia basílica del mártir. Tampoco aquí hay ningún tipo de confirmación arqueológica. Es mera hipótesis.

Así, en poco más de tres siglos, la ciudad que había adorado a Hércules y quemado incienso ante los emperadores se convirtió en una sede episcopal con mártires propios, obispos con nombre y una importante basílica cuya ubicación sigue siendo un misterio. Aquella Iglesia hispalense, nacida entre rumores de apóstoles y sangre de alfareras, estaba llamada a sobrevivir al propio Imperio que la había perseguido. Y pronto tendría ocasión de demostrarlo: en el año 428, un rey bárbaro llamado Gunderico entraría en Hispalis al frente de los vándalos para escribir, con estrépito, el último capítulo de la ciudad romana.

fuente: abc

Pascentia tenía diez años: la fecha exacta de su muerte, el 18 de junio del año 519.

 

La pieza, hallada junto a Santa Eulalia, conserva el nombre, la edad y la fecha de muerte de una niña enterrada en el año 519

El pasado de Mérida vuelve a sorprender. Las obras en un solar particular del centro de la ciudad han sacado a la luz la tumba de una niña cristiana llamada Pascentia, cuya edad y fecha de fallecimiento han permanecido grabadas en una lápida durante más de 1.500 años.

La pieza, conocida por los arqueólogos como lauda funeraria, apareció sobre un conjunto de siete enterramientos cristianos localizados en un área funeraria vinculada a la basílica de Santa Eulalia, uno de los espacios más relevantes del cristianismo primitivo en la antigua Augusta Emerita.

Una inscripción conservada durante más de 1.500 años

La inscripción revela que Pascentia tenía diez años cuando fue enterrada y permite conocer un dato excepcional para la arqueología: la fecha exacta de su muerte, el 18 de junio del año 519.

El arqueólogo Gilberto Sánchez ha explicado que "se han encontrado siete enterramientos. No obstante, todavía no se ha podido confirmar que alguno de los esqueletos recuperados sea el suyo, el de Pascentia".

La lauda se encuentra en un excelente estado de conservación y está decorada con una corona de laurel y dos palomas de la paz enfrentadas sobre un posible crismón. Además, incorpora las fórmulas cristianas habituales de la época: "famula Dei" (sierva de Dios) y "requiescat in pace" (descanse en paz).

Una secuencia histórica de más de mil años

Los trabajos arqueológicos también han permitido documentar restos de distintas épocas históricas. Entre ellos destaca una cloaca romana, así como evidencias de ocupación posterior que muestran la evolución de este espacio a lo largo de los siglos.

En este sentido, Gilberto Sánchez ha detallado que "tenemos la secuencia completa, una cloaca romana que se amortiza, este área funeraria asociada a la mártir, enterramientos de época cristiana, reocupación en época visigoda hasta el siglo octavo, cuando se abandona este espacio".

Además de la necrópolis, los arqueólogos han identificado una vía romana, un hallazgo que contribuye a reconstruir la transformación urbanística de la ciudad desde época romana hasta la Alta Edad Media.

Una radiografía única de la historia de Mérida

Los investigadores consideran que el solar ofrece una auténtica radiografía de Mérida, donde distintas etapas históricas se superponen en un mismo espacio.

La excavación continúa abierta y no se descarta la aparición de nuevos enterramientos asociados a esta área funeraria situada junto a Santa Eulalia. Según ha subrayado el arqueólogo, "llevamos siete enterramientos, pero podría haber alguno más", una circunstancia que podría aportar nuevos datos sobre uno de los enclaves más relevantes del cristianismo emeritense.

fuente: Canal Extremadura

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