A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.
LA DIDACHE siglo I“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).
“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).
“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?
Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).
“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).
“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.
“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).
“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).
“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).
“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).
“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).
“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).
“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).
“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.
¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).
“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).
Desde el ataque se abrió un proceso de investigación para encontrar a los responsables del atentado. Muchos líderes mundiales pidieron al gobierno de Sri Lanka que haga justicia. El papa aprovechó el tercer aniversario de los atentados para hacer este llamamiento público.
FRANCISCO
No quisiera terminar sin hacer un llamamiento a las autoridades de su país. Por favor y por el bien por la justicia, por el bien de tu pueblo, que se aclare de una vez por todas quiénes fueron responsable de estos hechos [los atentados de Semana Santa de 2019]. Esto traerá paz a su conciencia y a la Patria.
Casi 5 años después, la comunidad católica no ha olvidado a las más de 200 personas asesinadas ese día.
CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Hemos construido un cementerio especial en Kotahena o Nigambo. Tuvimos que comprar un terreno porque el cementerio católico estaba repleto, lleno de cadáveres y no podíamos enterrarlos a todos allí.
También hay un memorial en una de las iglesias que fueron destruidas aquel Domingo de Pascua.
CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Hay un memorial dentro de la iglesia. Reservamos una zona y escribimos todos los nombres en una lápida de piedra que construimos en la iglesia de San Sebastián.
Muchas personas han acudido a los memoriales para pedir la intercesión de estos hombres y mujeres. El cardenal Ranjith dijo que son ejemplos de los mártires modernos de los que el papa habla a menudo.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Dieron sus vidas por la fe, porque los atacantes lo hicieron por odio a la fe. Odium fidei, así lo llaman. Odiaban a los cristianos y atacaron a estos inocentes. Los mataron. Para nosotros son mártires porque murieron yendo a la Iglesia, por eso promovemos su causa.
El 21 de abril se cumplen 5 años del atentado. Es el tiempo mínimo que exige el Vaticano para iniciar el proceso de beatificación. Y en Sri Lanka lo tienen claro. En cuanto se cumpla ese aniversario, se pondrán manos a la obra.
FUENTE: www.romereports.com
Entre las devociones a María, con el paso de los años, una se destaca claramente: el Santo Rosario
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra rosario significa "corona de rosas".
Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios.
Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires.
ORIGEN Y DESARROLLO
En la Edad Media, se saluda a la Virgen María con el título de rosa, símbolo de la alegría. El bienaventurado Hermann le dirá: «Alégrate, Tú, la misma belleza. / Yo te digo: Rosa, Rosa», y en un manuscrito francés medieval se lee: «cuando la bella rosa María comienza a florecer, el invierno de nuestras tribulaciones se desvanece y el verano de la eterna alegría comienza a brillar». Se adornan las imágenes de la Virgen con una «corona de rosas» y se canta a María como «jardín de rosas» (en latín medieval rosarium); así se explica la etimología del nombre que ha llegado a nuestros días.
En esa época, los que no sabían recitar los 150 salmos del Oficio divino los sustituían por 150 Avemarías, acompañadas de genuflexiones, sirviéndose para contarlas de granos enhebrados por decenas o de nudos hechos en una cuerda. A la vez se meditaba y se predicaba la vida de la Virgen. En el s. XIII, en Inglaterra, el abad cisterciense Étienne de Sallai escribe unas meditaciones en donde aparecen 15 gozos de Nuestra Señora, terminando cada una de ellas con un Avemaría.
Sin entrar en una discusión crítico-histórica pormenorizada sobre los detalles del origen último del Rosario en su estructura actual, podemos afirmar que es, sin duda, Santo Domingo de Guzmán el hombre que en su época más contribuyó a la formación del Rosario y a su propagación, no sin inspiración de Santa María Virgen.
Motivo fue el extenderse la herejía albigense, a la que combatió, «no con la fuerza de las armas, sino con la más acendrada fe en la devoción del Santo Rosario, que fue el primero en propagar, y que personalmente y por sus hijos llevó a los cuatro ángulos del mundo...» (León XIII, Enc.Supremi apostolatus, 1 sept. 1883).
A finales del s. XV los dominicos Alain de la Rochelle en Flandes, Santiago de Sprenger y Félix Fabre en Colonia, dan al Rosario una estructura similar a la de hoy: se rezan cinco o quince misterios, cada uno compuesto por diez Avemarías.
Se estructura la contemplación de los misterios, que se dividen en gozosos, dolorosos y gloriosos, repasando así en el ciclo semanal los hechos centrales de la vida de Jesús y de María, como en un compendio del año litúrgico y de todo el Evangelio. Por último se fija el rezo de las letanías, cuyo origen en la Iglesia es muy antiguo.
La devoción al Rosario adquirió un notable impulso en tiempos de León XIII añadiéndose a las letanías lauretanas la invocación «Reina del Santísimo Rosario».
En los últimos tiempos ha contribuido de manera especial a la fundamentación y propagación de esta devoción mariana los hechos milagrosos de Lourdes y Fátima: «la misma Santísima Virgen, en nuestros tiempos, quiso recomendar con insistencia esta práctica cuando se apareció en la gruta de Lourdes y enseñó a aquella joven la manera de rezar el Rosario.
ESTRUCTURA
La forma típica y plenaria del rezo del Rosario, con 150 Avemarías, se ha distribuido en tres ciclos de misterios, gozosos, dolorosos y gloriosos a lo largo de la semana, dando lugar a la forma habitual del rezo de cinco decenas de Avemarías, contemplando cinco misterios -diarios (la costumbre suele asignar al domingo, miércoles y sábado los gloriosos; los gozosos al lunes y jueves y los dolorosos al martes y viernes), rezándose al final de los cinco misterios las letanías lauretanas. Juan Pablo II añadió el ciclo de misterios luminosos los jueves.
Los tres grupos de misterios nos recuerdan los tres grandes misterios de la salvación. El misterio de la Encarnación nos lo evocan los gozos de la Anunciación, de la Visitación, de la Natividad del Señor, su Presentación en el templo y la Purificación de su Madre y, por último, su encuentro entre los doctores en el Templo.
El misterio de la Redención está representado por los diversos momentos de la Pasión: la oración y agonía en el huerto de Getsemaní, la flagelación, la coronación de espinas, el camino del Calvario con la Cruz a cuestas y la crucifixión. El misterio de la vida eterna nos lo evoca la Resurrección del Señor, su Ascensión, Pentecostés, la Asunción de María y su Coronación como Reina.
«Todo el Credo pasa, pues, ante nuestros ojos, no de una manera abstracta, con fórmulas dogmáticas, sino de una manera concreta en la vida de Cristo, que desciende a nosotros y sube a su Padre para conducirnos a Él. Es todo el dogma cristiano, en toda su profundidad y esplendor, para que podamos de esta manera y todos los días, comprenderlo, saborearlo y alimentar nuestra alma con él» (R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador y nuestra vida interior, 3 ed. Buenos Aires 1954, 261).
Juan Pablo II incluyó en el rezo del Rosario los Misterios de Luz, que incluye varias escenas de la vida de Jesús que faltaban por considerar: el Bautismo, las Bodas de Caná, el Anuncio del Reino, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía.
INSTITUCIÓN DE LA FIESTA DEL SANTO ROSARIO
El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota.
Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.
Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.
J. FERRER SERRATE , M. GARCIA MIRALLES (GER)
ver en Wikipedia
El 8 de septiembre, representantes de las comunidades religiosas se reunieron en Jerusalén para recibir información actualizada sobre los trabajos en el complejo del Santo Sepulcro. La fase de excavación arqueológica ha concluido.
El equipo se dedica ahora a estudiar los hallazgos y a reconstruir las diversas etapas históricas del lugar, mientras avanzan paralelamente la restauración del pavimento y la instalación de nuevos sistemas técnicos. La profesora Antonella Polimeni, rectora de la Universidad La Sapienza, asistió a la reunión.
Reafirmó el compromiso de la universidad con este proyecto científico de gran relevancia, llevado a cabo en uno de los lugares con mayor riqueza histórica del mundo. A juicio de la rectora, la colaboración entre el Patriarcado greco-ortodoxo, la Custodia de Tierra Santa y el Patriarcado Armenio ha dado lugar a un proyecto cuyo valor trasciende los descubrimientos arqueológicos.
Más allá del aspecto científico, no podemos pasar por alto que la excavación del Santo Sepulcro es una experiencia de diálogo, de comunicación entre diversas perspectivas y confesiones. A menudo la describo como la esencia de la diplomacia científica.
Quizás ahora, más que nunca, ejemplifica lo que la universidad puede y debe hacer para servir de puente de diálogo entre diferentes sensibilidades, poblaciones y creencias. Es un compromiso importante que la Universidad ha respaldado constantemente —y quiero subrayar esto— en favor de nuestros jóvenes investigadores y estudiantes de doctorado: una experiencia profesional que ofrece oportunidades de investigación inigualables, así como una profunda experiencia humana que, creo, llevarán consigo toda la vida.

Los resultados de las excavaciones del Santo Sepulcro
Los trabajos de restauración ya están muy avanzados: se han completado las mejoras en los sistemas técnicos de la basílica en gran parte del edificio, bajo la coordinación de la firma Manens; se ha instalado nuevo pavimento en aproximadamente dos tercios de la superficie, coordinado por la Fundación del Centro de Conservación y Restauración La Venaria Reale.
También se han presentado propuestas para áreas específicas, como el espacio frente al Edículo, junto con un plan de seguimiento y mantenimiento posterior a la finalización de las obras. Asimismo, se ha anunciado la restauración de las puertas de madera de la entrada del Santo Sepulcro, dirigida por Roberto Saccuman.
Las puertas originales han sido retiradas y sustituidas por otras provisionales, mientras continúan los trabajos de análisis y restauración en la plaza situada frente a la basílica. Los hallazgos iniciales de la investigación se recopilan en el volumen Hagia Polis Project, que inaugura una serie dedicada a este proyecto.
El primer volumen se dedicó al proyecto en sí y, por tanto, abarca todos sus componentes: no solo los aspectos arqueológicos, sino también las labores de restauración y la metodología empleada. Precisamente porque la excavación planteaba importantes desafíos metodológicos, consideramos fundamental explicar con claridad las decisiones metodológicas adoptadas.
Actualmente estamos trabajando en los siguientes volúmenes, que siguen un orden cronológico. El estudio combinó la excavación estratigráfica, el análisis estructural, la investigación de archivo y la documentación en 3D. Reconstruye la historia del lugar desde las primeras actividades de extracción de piedra hasta sus transformaciones más recientes, abarcando el periodo del Segundo Templo y la construcción del santuario cristiano en la época constantiniana.
Durante la reunión también se presentó una propuesta para una exposición itinerante sobre los resultados de la excavación. Esta iniciativa permitiría acercar a un público internacional piezas arqueológicas, reconstrucciones digitales y materiales audiovisuales, narrando la historia del Santo Sepulcro con rigor científico y respetando, al mismo tiempo, el significado religioso del lugar.
Sin duda, se trata de una de las excavaciones más significativas de los últimos años, por varias razones. En primer lugar, por la ubicación misma: la Basílica del Santo Sepulcro, el lugar más sagrado de toda la cristiandad, venerado por todas las confesiones cristianas.
En segundo lugar, por la enorme importancia de la labor realizada, que empleó técnicas y metodologías de vanguardia y contó con la participación de diversos especialistas de la Universidad La Sapienza de Roma, una institución que supo estar a la altura del desafío que suponía una excavación de tal envergadura. Por último, el proyecto se llevó a cabo en una época difícil; el equipo trabajó durante la pandemia de COVID-19 y en medio de conflictos activos, enfrentándose a condiciones verdaderamente arduas y adversas.
El proyecto pone de relieve el valor de la colaboración entre instituciones científicas y comunidades religiosas para preservar y transmitir un patrimonio de importancia mundial.
Cuando una persona enferma gravemente o llega a una edad avanzada, muchas familias se preguntan si es el momento de pedir la Unción de los enfermos. Sin embargo, todavía existe la creencia de que este sacramento solo se administra a quienes están a punto de morir. La realidad es muy distinta: la Unción de Enfermos es un sacramento de consuelo, fortaleza y esperanza que la Iglesia ofrece a quienes atraviesan una enfermedad grave o la fragilidad de la vejez.
La misericordia de Jesucristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de su compasión hacia todos los que sufren en su cuerpo y en su alma.
Por su Pasión y su muerte en la Cruz, Jesús dio un sentido nuevo al sufrimiento. Desde entonces esta realidad nos configura con Él y nos une a su misión redentora. Para los cristianos la enfermedad y la muerte pueden y deben ser medios para santificarse y redimir con Cristo. Para ayudarnos con esta misión existe la Unción los enfermos.
Es un consuelo muy grande la presencia de Cristo en la enfermedad. Nos toma de la mano y nos recuerda que le pertenecemos a Él, y que nada nos puede separar de Él.

La parábola del buen samaritano expresa el misterio que se celebra en este sacramento: Jesucristo se acerca a quien sufre y lo conforta con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza. Luego, lo lleva a la posada, que representa a la Iglesia, a la cual Cristo lo confía. Cristo enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y necesitados, y les confió la tarea de atenderlos en su nombre por medio del sacramento de la Unción.
La Unción de los enfermos es un sacramento instituido por Jesucristo, insinuado como tal en el Evangelio de san Marcos. Recomendado a los fieles y promulgado por el apóstol Santiago: «¿está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados» (St 5,14-15).
La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los aquejados por la enfermedad, la Unción de los enfermos. Este sacramento ayuda a vivir estas realidades dolorosas de la vida humana con sentido cristiano: «En la Unción de los enfermos, como ahora llaman a la Extrema Unción, asistimos a una amorosa preparación del viaje, que terminará en la casa del Padre», (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 80).
A lo largo de los siglos, la Unción de los enfermos fue conferida, a los que estaban a punto de morir por eso recibía el nombre de Extrema Unción. Igualmente, la liturgia nunca dejó de orar por los enfermos.
Hoy sabemos que este sacramento es un sacramento de curación. Es un regalo de Dios que ayuda a sanar y el espíritu de quien lo recibe. A través de él, se pide al Señor, la salud del cuerpo, del alma y del espíritu del cristiano que pasa por una grave enfermedad o vejez avanzada.
«La gracia primera de este sacramento es un gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia ante la muerte […] Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios. Además, "si hubiera cometido pecados, le serán perdonados"» (CEC, 1520).
No se debe pensar que este sacramento es solamente para quienes estén en peligro de muerte, sino que también pueden recibirlo aquellos que sean conscientes y que lo consideren necesario.
De tal modo, cualquier cristiano que esté sufriendo una grave enfermedad, vaya a recibir una operación delicada o tenga una edad muy avanzada puede solicitar que se le administre el sacramento de la Unción de enfermos. En el curso de la enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava.
No hay un límite de veces para poder recibirlo y no resulta conveniente esperar hasta el último momento.
La Iglesia establece que, si el enfermo esta inconsciente, se le puede administrar el sacramento de la Confesión. Luego el sacramento de la Unción. Si un enfermo de gravedad fallece sin recibir este sacramento, la Iglesia recomienda administrarlo durante las primeras horas en que ha fallecido.
«Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos. Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas» (Catecismo, 1516).
Todos tenemos que tener presente que actualmente los enfermos graves mueren solos a pesar de estar en modernos hospitales. Por eso es importante la labor cristiana de los que tienen acceso a esta realidad. Para que no falten a los enfermos internados los medios que dan consuelo y alivian el cuerpo y el alma que sufre y, entre estos medios, además del sacramento de la Reconciliación y del Viático, se encuentra el sacramento de la Unción los enfermos.
Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen una unidad llamada «los sacramentos de la iniciación cristiana», se puede decir que la Confesión, la Unción y la Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, los sacramentos que cierran la peregrinación terrena.
«Nos ayuda a ampliar la mirada frente a la enfermedad y a saber que no estamos solos, que el sacerdote y la comunidad cristiana sostienen al enfermo y al que sufre», papa Francisco.

Sujeto de la Unción de los enfermos es toda persona bautizada, que haya alcanzado el uso de razón y se encuentre en peligro de muerte por una grave enfermedad, o por vejez acompañada de una avanzada debilidad senil. A los difuntos no se les puede administrar la Unción de enfermos.
Para recibir los frutos de este sacramento se requiere en el sujeto la previa reconciliación con Dios y con la Iglesia, al menos con el deseo, inseparablemente unido al arrepentimiento de los propios pecados y a la intención de confesarlos, cuando sea posible, en el sacramento de la Penitencia. Por esto la Iglesia prevé que, antes de la Unción, se administre al enfermo el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación.
El sujeto debe tener la intención, al menos habitual e implícita, de recibir este sacramento. Dicho con otras palabras: el enfermo debe tener la voluntad no retractada de morir como mueren los cristianos, y con los auxilios sobrenaturales que a éstos se destinan.
Aunque la Unción de enfermos puede administrarse a quien ha perdido ya los sentidos, hay que procurar que se reciba con conocimiento, para que el enfermo pueda disponerse mejor a recibir la gracia del sacramento. No debe administrarse a aquellos que permanecen obstinadamente impenitentes en pecado mortal manifiesto (cfr. CIC, can. 1007).
Si un enfermo que recibió la Unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir otra vez este sacramento; y, en el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava (cfr. CIC, can. 1004, 2).
Por último, conviene tener presente esta indicación de la Iglesia: «dn la duda sobre si el enfermo ha alcanzado el uso de razón, sufre una enfermedad grave o ha fallecido ya, adminístrese este sacramento» (CIC, can. 1005).
Como todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria y tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos.
Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración del sacramento de la Santa Unción puede ir precedida del sacramento de la Reconciliación y seguida del sacramento de la Comunión.
En cuanto al sacramento de la Eucaristía debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el «viático» para el «paso» a la vida eterna. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor. «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día» (Jn 6,54). La Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre.
La Liturgia de la Palabra, precedida de un acto de penitencia, abre la celebración. Las palabras de Cristo y el testimonio de los Apóstoles suscitan la fe del enfermo y de la comunidad para pedir al Señor la fuerza del Espíritu Santo.
El sacerdote es quien ungirá al enfermo con aceite consagrado por el obispo el Jueves Santo. Lo unge en la frente y en las palmas de las manos del enfermo, pronunciando a su vez las palabras. «Por esta Santa Unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad» (Sacram Unctionem Infirmorum).
La gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente contra la tentación de desaliento y de angustia ante la muerte.
Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios. Además, «si hubiera cometido pecados, le serán perdonados» (St 5,15).

Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra de Jesús.
En resumen: unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia. Consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez. Perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la Penitencia. Restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual. Y preparación para el paso a la vida eterna.
'The Chosen' en España busca ofrecer en primicia a iglesias y parroquias la proyección del primer episodio de la temporada 6, según ha explicado Gabriel López Santamaría, responsable de la estrategia de la serie en nuestro país.
«Hay decenas de miles de fans de la serie en España que no pertenecen a ninguna comunidad. Por ello, ofrecer el primer episodio de la sexta temporada en las iglesias y parroquias tiene como objetivo principal facilitar que esos hombres y mujeres encuentren un sitio en el que profundizar su relación con Jesús».
Para ello, las parroquias interesadas deben registrase en la página web que se ha habilitado para la ocasión. «Una vez registrada, la comunidad recibirá, entre otros materiales, el link al episodio con un límite de proyección de diez usos, quedando totalmente prohibido su uso para fines comerciales o externos a la parroquia o iglesia», explican los organizadores.
Los responsables de 'The Chosen' conocen bien la enorme aceptación que la serie estadounidense sobre la vida de Jesús ha tenido en España. Por eso han querido echar toda la carne en el asador, y también han preparado un gira nacional que comenzará el 29 de septiembre en Albacete y proseguirá por diferentes ciudades españolas. Durante la gira se proyectará en primicia este mismo episodio «ante líderes de iglesias, parroquias, colegios, medios de comunicación, influencers y misioneros digitales».
«En definitiva, a través de esta campaña, 'The Chosen' busca ser el puente para que todo aquel que hasta ahora solo tenía una relación con Jesús a través de una pantalla, encuentre en una iglesia o parroquia concreta un lugar donde seguir profundizando su relación con Él, además de empezar a preparar el terreno para el estreno en cines de La Crucifixión, en marzo de 2027», agregan.

La nueva temporada de la serie es especialmente significativa porque «marca el inicio de la etapa que prepara al espectador para la Pasión y Crucifixión de Jesús, uno de los momentos más determinantes de toda la historia». «Por eso, la propuesta de 'The Chosen' España no se limita a poner una pantalla y unas sillas, sino que la idea es que cada iglesia o parroquia organice tras la proyección un espacio de conversación en el que quienes asistan puedan compartir impresiones y hacer preguntas sobre lo que acaban de ver», explican.

fuente: el debate
CIUDAD DEL VATICANO, 27 de enero de 2010 (VIS).-
Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de los miércoles, celebrada en el Aula Pablo VI, a San Francisco de Asís (1181/82-1226), un "auténtico gigante de la santidad que sigue fascinando a tanta gente de toda edad y de diferentes credos religiosos".
Francisco, explicó el Papa, pertenecía a una rica familia y transcurrió una juventud azarosa. A los veinte años tomó parte en una campaña militar y fue hecho prisionero. A su regreso a Asís comenzó un proceso de conversión espiritual que le llevó a abandonar gradualmente su estilo de vida mundano. En la ermita de San Damiano, Francisco tuvo una visión en la que Cristo, desde el crucifijo, le hablaba invitándole a reparar su Iglesia.
Esa invitación "reviste un simbolismo profundo" porque el estado ruinoso de la ermita, representa también "la situación dramática e inquietante de la Iglesia en aquella época, con una fe superficial que no forma ni transforma la vida, un clero poco entregado asu tarea. (...) Una descomposición interior de la Iglesia, de su unidad, debido al auge de movimientos heréticos. Y sin embargo, en el centro de esta Iglesia en ruinas está el Crucifijo que habla y llama a la renovación, llama a Francisco".

El Santo Padre habló también de la coincidencia entre ese acontecimiento y el sueño del Papa Inocencio III en el mismo año, 1207, cuando el pontífice soñó cómo se derrumbaba la basílica de San Juan de Letrán, y un fraile "pequeño y miserable" la apuntalaba para impedir su caída. El Papa reconocerá en el fraile a San Francisco, que fue a verlo a Roma dos años más tarde.
"Inocencio III -comentó Benedicto XVI- era un Papa potente, de gran cultura teológica y también de poder político, pero no es él quien renueva la Iglesia. Es el fraile "pequeño y miserable", es Francisco, llamado por Dios. Pero, por otra parte, es importante saber que Francisco no renueva la Iglesia sin o contra el Papa, sino en comunión con el Papa. Las dos realidades van juntas: el sucesor de Pedro, los obispos y la Iglesia fundada en la sucesión de los apóstoles y el carisma nuevo que el Espíritu crea en aquel momento para renovar la Iglesia".
Después de renunciar a la herencia paterna en 1208, el santo decidió vivir en la pobreza y dedicarse a la predicación, y un año más tarde, acompañado de sus primeros seguidores, viajó a Roma para someter al Papa Inocencio III el proyecto de una nueva forma de vida cristiana.
Hablando de la diatriba entre el Francisco de la tradición y el Francisco que algunos definen histórico, el Papa subrayó que es cierto que el santo "quería seguir la Palabra de Cristo, sin glosa, (...) en toda su radicalidad y verdad", pero "también es verdad que sabía que Cristo no es nunca solo mío sino siempre nuestro, (...) que yo no puedo reconstruir Su voluntad y Su Palabra contra la Iglesia".
Asimismo es verdad que Francisco, al principio "no quería crear una nueva orden", con los procedimientos canónicos necesarios, pero "entendió con sufrimiento y dolor que todo debe tener su orden y que el derecho de la Iglesia es necesario para dar forma a la renovación, y así se insertó (...) de todo corazón en la comunión de la Iglesia con el Papa y los obispos".
Tras mencionar la incorporación de Santa Clara a la escuela de Francisco y elogiar los frutos que la Segunda Orden franciscana, la de las Clarisas, ha dado a la Iglesia, Benedicto XVI habló del viaje del santo en 1219 a Egipto para entrevistarse con el sultán Melek-el Kamel y poder predicar allí también el Evangelio de Jesús.
"En una época caracterizada por un fuerte enfrentamiento entre Cristianismo e Islam -dijo- Francisco, armado sólo de su fe y de su mansedumbre, recorrió con eficacia los caminos del diálogo. (...) Es un modelo en que tendrían que inspirarse hoy también las relaciones entre cristianos y musulmanes: promover un diálogo en la verdad, en el respeto recíproco y en la comprensión mutua".

También se refirió el Papa a la posible estancia de Francisco en Tierra Santa, y subrayó que sus hijos espirituales hicieron de los Santos Lugares un ámbito privilegiado de su misión. "Pienso con gratitud -añadió- en los grandes méritos de la Custodia franciscana de Tierra Santa".
Francisco, que murió en 1226, "tendido en la tierra desnuda" de la Porciúncula, "representa un "alter Christus" porque:
"efectivamente su ideal era ser como Jesús, (...) imitar sus virtudes. En particular, quiso dar un valor fundamental a la pobreza interior y exterior enseñándola también a sus hijos espirituales. (...) El testimonio de Francisco, que amó la pobreza para seguir a Cristo con dedicación y libertad total, sigue siendo también para nosotros una invitación a cultivar la pobreza interior, para crecer en la confianza en Dios, uniendo asimismo un estilo de vida sobrio y un despego de los bienes materiales".
El Santo Padre subrayó que en el Pobrecillo de Asís, "el amor por Cristo se expresó especialmente en la adoración al Santísimo Sacramento", y recordó que el santo admiraba a los sacerdotes "porque habían recibido el don de consagrar la Eucaristía". "No olvidemos nunca esta enseñanza -dijo el Papa dirigiéndose a sus hermanos en el sacerdocio-. La santidad de la Eucaristía nos exige ser puros y vivir de forma coherente con el Misterio que celebramos".
Otra característica de la espiritualidad del santo es "el sentido de la fraternidad universal y el amor por la creación que le inspiró el célebre "Cántico de las Criaturas". Un mensaje muy actual porque (...) sólo es sostenible un desarrollo que respete la creación y no perjudique el ambiente" y "también la construcción de una paz sólida está ligada al respeto de lo creado. Francisco nos recuerda que en la creación se despliega la sabiduría y la benevolencia del Creador".
El Santo Padre concluyó recordando que Francisco fue "un gran santo y un hombre alegre. (...) Efectivamente, entre la santidad y la alegría hay una relación íntima e indisoluble. Un escritor francés dijo que en el mundo sólo hay una tristeza: la de no ser santos".

Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona y Tudela, en la sede del Arzobispado
«Perdóneme que le moleste». Es la frase con la que antiguos presos de su etapa en Castellón y Alicante siguen dirigiéndose a él a día de hoy para escribirle. Responde que no molestan en absoluto, animándoles a que lo sigan haciendo. Esos mensajes, escritos a menudo por familias rotas, son el ancla que le recuerda a Florencio Roselló Avellanas exactamente de dónde viene. También evitan, confiesa: «Que la mitra se me suba a la cabeza».
A sus 64 años, el arzobispo de Pamplona y Tudela mantiene intacto el trato sencillo y cercano de aquel muchacho que, en Alcorisa (Teruel), aspiraba a ser un cura como el de su pueblo. Sin embargo, los testimonios del mundo carcelario que escuchó en el seminario cambiaron sus planes y forjaron el espíritu mercedario que hoy gobierna la archidiócesis. Asume ahora el reto de revitalizar a una Iglesia navarra a la que le pide perder los complejos. Con este objetivo, presentó el pasado 26 de septiembre su nuevo plan pastoral, centrado en la comunión, la participación y la misión.
Pregunta: Mercedario y ahora arzobispo. ¿Pensaba en algo así de pequeño?
Respuesta: - Mercedario no era el objetivo inicial, en absoluto. Yo vivía en un pueblo de Teruel, me gustaba mucho el deporte, y resulta que en el seminario mercedario había unos campos de fútbol que en mi pueblo, por supuesto, no había. Mi idea principal era que yo quería ser sacerdote, pero uno como el cura de mi pueblo. Pensaba estar un tiempo en el seminario y luego volver a la diócesis.
P: ¿Y por qué cambiaron los planes?
R: - El tiempo iba transcurriendo en el seminario y, de vez en cuando, venían unos religiosos desde Barcelona que nos hablaban sobre el mundo de la cárcel. Hablaban de un hogar de acogida para las personas que están allí presas. Y poco a poco, escuchando aquello, eso me fue cambiando interiormente de una manera profunda. Al final les dije a mis padres: “No, yo me quedo aquí”. Lo decidí porque quería ser como aquellos mercedarios que trabajaban en la cárcel. A mí me enganchó por completo esa vivencia que me supieron contagiar.
P: Entre rejas y soledad, ¿queda en la cárcel algún hueco para la fe?
R: - Hay bastantes internos que te confiesan abiertamente que todo el mundo les ha abandonado. Muchas veces vienen de familias desestructuradas que tampoco les apoyan. Te miran y te dicen: “Solo me queda Dios”. Esto te plantea que la Iglesia en la cárcel tiene todo el sentido. Dios es muy bien recibido en prisión, ya sea a través de los sacerdotes o de voluntarios. Hay gente que me ha dicho que lo mejor, o lo único verdaderamente bueno que le ha pasado en prisión, es haberme conocido, porque saben que el sacerdote es la Iglesia.
P: Desde hace dos años es usted arzobispo. ¿La burocracia, los papeles y los despachos le han alejado de las periferias?
R: - No me he alejado, simplemente ha cambiado la forma. Me sigue escribiendo mucha gente de mis nueve años en Castellón y Alicante. Saben que si me llaman por teléfono ahora mismo no lo agarro, pero me escriben. Además, yo tengo un altavoz muy importante aquí en la diócesis. En gran parte de las homilías suelo hacer referencia al mundo de las periferias. Recuerdo que mi primera visita pastoral aquí en Pamplona fue a la parroquia del Pilar de Etxabakoitz, que es la más pobre y tiene situaciones muy complicadas. Y, por supuesto, suelo ir a la cárcel en Navidad, en Semana Santa y para la fiesta de la Merced.
P: Y sigue lavando los pies a los presos…
R: - Los lavaba antes del pontificado de Francisco, los lavé durante el mismo y los sigo lavando ahora con León XIV. Habré lavado más de mil pies; es algo que fortalece mi vocación religiosa, sacerdotal y episcopal. Ser obispo no debe apartarme del contacto con los más vulnerables.
MÁS FE, PERO SIN RELEVO
P: Oímos hablar de un inusual repunte de bautismos de adultos en lugares como Francia. ¿Está ocurriendo aquí también?
R: - Aquí también está pasando, se está moviendo de verdad. Por darte un dato concreto: el curso 24-25 se bautizaron y confirmaron 22 adultos. El año pasado llegamos a 44. Y para este año que acabamos de empezar, según me han dicho, serán seguramente más. Evidentemente, Francia viene de una laicidad mucho más fuerte que nosotros, pero en España está habiendo un movimiento. Significa que la gente está en búsqueda, van buscando algo profundo y ese algo lo acaban encontrando en Dios y en la Iglesia.
P: En la otra cara de la moneda están los pueblos navarros. No hay sacerdotes para atenderlos.
R: - En los años noventa teníamos casi 700 curas en Navarra. Ahora habrá unos 300 contando a los mayores, pero trabajando "a pie de obra" quedamos solo unos 160. Esto lógicamente no te permite atender como antes. Y quienes verdaderamente han notado esta drástica diferencia y más lo sufren es la gente mayor que se ha quedado aguantando en los pueblos.
P: ¿Y qué se hace con esas personas que pueden sentirse desatendidas?
R: - Ellos constatan la realidad y a veces se quejan, pero son conscientes de lo que hay. Ven que el cura llega, celebra a toda prisa y se va porque tiene que ir volando a otro pueblo. Pero aun así te dicen: "Y gracias que vienen". La diócesis es sensible a ello, pero también participa de los límites que tiene. Estamos intentando formar Unidades de Atención Pastoral para que haya presencia entre semana. Yo valoro muchísimo la entrega de estos sacerdotes rurales, porque al final su labor es hacer un acompañamiento duro, sin bautizos ni comuniones, prácticamente solo con funerales, por desgracia.
VOLVER A LA CALLE
P: ¿Faltan santos en la sociedad de hoy?
R: - No sé si faltan, lo que sí que tengo claro es que estos santos ayudan. El otro día bendije una reliquia de Carlo Acutis en San Ignacio y vi la iglesia llena. A veces cometemos el error de idealizar la santidad y, al hacerlo, la alejamos de la gente. Hay que hacer la santidad cercana, humanizarla, demostrar a los jóvenes universitarios que en su contexto también se puede ser santo.
P: Aun así, a la Iglesia navarra parece que le falta empuje…
R: - Así es. Yo he acuñado una frase que algún periodista repite por ahí: la Iglesia en Navarra, y en todos los sitios en general, ha perdido la calle. El hecho religioso ya no está en la vía pública, no se habla de ello, nos da corte y muchísima vergüenza.
P: ¿Hay alguna solución?
R: - Necesitamos a los jóvenes, que son los más idóneos porque tienen mucho desparpajo. No digo que haya que ir a la universidad con una pancarta, pero en ambientes donde sea oportuno hay que sacar el tema o hablar de la propia experiencia. El joven cristiano tiene que perder el complejo de una vez por todas. Si estoy orgulloso y feliz de algo, no tengo por qué temer que me hagan una ironía. La adoración nos debe llevar obligatoriamente a la misión.
EL PAPEL DE LOS LAICOS
P: Acaba de lanzar un nuevo plan pastoral. Dice que espera que sea "la fiesta de la diócesis". ¿De qué se trata?
R: - Hombre, la diócesis no va a vivir un gran milagro ni a cambiar de un día para otro, pero el plan abre una puerta fundamental: quiero que los laicos se impliquen, asuman responsabilidades de verdad, y que el clero se las dé. Vamos a abordar doce caminos importantes, desde los pobres y la pastoral rural, hasta la comunicación o el tema de los abusos. Lo califico como una verdadera fiesta diocesana bajo tres conceptos clave: comunión, participación y misión.
P: ¿Y hacia dónde debe mirar la Iglesia ante la exclusión social?
R: - Tenemos que ser radicalmente sensibles a las periferias. Al mundo de la cárcel, a las víctimas de trata, a los migrantes —un asunto desgraciadamente muy politizado— y a los sin techo. Siempre les digo a las autoridades que la sociedad navarra es una sola y que, desde la Iglesia, la política y la sociedad, debemos trabajar todos juntos para hacer una Navarra mejor.
P: Imagínese esta diócesis dentro de diez años. ¿Qué le gustaría ver?
R: - Pues mira, me gustaría, en primer lugar, que la Iglesia en Navarra saliera mucho más a la calle y se hablara de Dios con total libertad y sin complejos. Segundo, laicos con más presencia y compromiso firme. Por último, ver a jóvenes diciendo sí a la llamada vocacional. Este año van a ingresar cuatro seminaristas y estamos muy contentos por ello.
P: No me dirá que a veces no le piden milagros en este aspecto…
R: - Totalmente. A veces voy de visita a un pueblo y una señora se me acerca y me dice: "Don Florencio, aquí tendría que haber un cura viviendo con nosotros". Yo le sonrío, le digo: "Pues sí, tiene usted toda la razón del mundo" y la mujer se queda muy contenta. Pero luego pienso: "¿Y de dónde lo saco?". Yo no tengo ninguna fábrica para hacer curas. El pueblo tiene que comprender que las vocaciones nacen precisamente de ellos mismos.
Entrevista realizada por Javier Crespillo Conejo
Si la fe está viva, la cultura no se convierte en pasado, dice el Papa
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 21 mayo 2008 -
El Papa Benedicto XVI dedicó la catequesis de este miércoles a una figura poco conocida del cristianismo, el poeta y teólogo cristiano Romano el Meloda, nativo de Siria; y al reflexionar sobre su importante obra poética religiosa, destacó que la fe y el amor son capaces de crear belleza y cultura.

Durante la Audiencia General, que la inclemencia del clima romano obligó a realizar en dos partes –en la Basílica de San Pedro y luego en el Aula Pablo VI–, el Pontífice explicó primero que este "teólogo poeta y compositor" y diácono permanente se estableció en un monasterio de la periferia de Constantinopla en el siglo VI y pertenece al "gran grupo de teólogos que han transformado la teología en poesía", como San Efrén de Siria, San Ambrosio de Milán, Santo Tomás de Aquino y San Juan de la Cruz.
"La fe es amor y por eso crea poesía y música. La fe es alegría y por eso crea belleza", explicó el Papa.
El Meloda "ha pasado a la historia como uno de los autores más representativos de himnos litúrgicos" en un tiempo en que "la homilía era para los fieles prácticamente la única ocasión de instrucción catequística"; y por eso se convirtió en modelo "de una forma vivaz y original de presentar la catequesis".
"A través de sus composiciones podemos darnos cuenta de la creatividad del pensamiento teológico, de la estética, de los himnos sacros de ese tiempo", agregó.
El Pontífice relató que en sus homilías cantadas, llamadas "kontákia", Romano "no adopta el griego bizantino y solemne de la corte, sino un griego sencillo cercano al lenguaje del pueblo", mientras "la fuerza de convicción de sus predicaciones se basaba en la gran coherencia entre sus palabras y su vida".
En el ámbito cristológico predicó "la cristología de los grandes concilios, pero sobre todo está cerca de la piedad popular. Los conceptos de los concilios nacieron de la piedad popular, del conocimiento del corazón cristiano. Por eso recalca que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre una sola persona".
Las enseñanzas morales de Romano, observó el Santo Padre, "se relacionan especialmente con el Juicio Final". El teólogo "nos lleva a este momento de la verdad de nuestra vida, el encuentro con el Juez justo y por lo tanto indica la conversión mediante la penitencia, el ayuno y la caridad que para él tiene la primacía absoluta entre las virtudes".
"La humanidad palpitante, el ardor de la fe y la humildad profunda impregnan los cantos de Romano el Meloda", dijo Benedicto XVI; al destacar que "este gran poeta y compositor nos recuerda todo el tesoro de la cultura cristiana, nacida de la fe, nacida del corazón que se encontró con Cristo".
"De este contacto con la Verdad que es amor nació toda la gran cultura cristiana".
"Si la fe sigue viva esta herencia cultural no muere; sigue presente. Los iconos hablan también hoy a los corazones que creen, no son solamente cosas del pasado. Las catedrales no son monumentos medievales, sino hogares donde nos encontramos con Dios y unos con otros. La gran música, el canto gregoriano, Bach, Mozart, no son cosas del pasado. Viven con la vitalidad de nuestra liturgia y de nuestra fe. Si la fe está viva, la cultura cristiana no se convierte en pasado".
"Y si la fe sigue viva también hoy podemos responder al imperativo que se repite siempre: "Cantad al Señor un cántico nuevo". Creatividad, innovación, canto nuevo, cultura nueva y presencia de toda la herencia cultural, de la vitalidad de la fe, no se excluyen sino que son una única realidad. Son presencia de la belleza de Dios, de la alegría de ser hijos suyos", concluyó el Pontífice.
Ver en Wikipedia
Relata la emoción que supuso para ella la visita al Coliseo, y su petición al Señor de morir mártir …
Una de las más dulces emociones que me hizo estremecerme fue la vista del Coliseo. Por fin podía ver aquella arena en la que tantos mártires habían derramado su sangre por Jesús, y ya me disponía a besar aquella tierra que ellos habían santificado. (…) y, arrodillándonos sobre aquella tierra sagrada, nuestras almas se fundieron en una misma oración…
Al posar mis labios sobre el polvo purpurado por la sangre de los primeros cristianos, me latía fuertemente el corazón. Pedí la gracia de morir también mártir por Jesús, y sentí en el fondo del corazón que mi oración había sido escuchada.
(SANTA TERESA DE LISIEUX, Historia de un alma, Editorial Monte Carmelo, Burgos 1989, pag. 173-175)
De su visita a Roma en 1887, Teresa de Lisieux nos relata…
También las catacumbas me dejaron una gratísima impresión. Son tal como me las había imaginado leyendo su descripción en la vida de los mártires.
La atmósfera que se respira está tan llena de fragancia, que, después de pasar en ellas buena parte de la tarde me daba la impresión de haber estado sólo unos instantes…
(SANTA TERESA DE LISIEUX, Historia de un alma, Editorial Monte Carmelo, Burgos 1989, pag. 175-176)
Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Gabriel Larrauri (Ed. Planeta)
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“Voy a contarte mi viaje, con algún detalle; perdóname si te doy demasiados, pues no pienso lo que voy a escribir, y lo hago en tantos ratos perdidos, debido al poco tiempo libre que tengo, que mi narración quizás te resulte aburrida… trataré de hacerlo con la sencillez de un niño que conoce el amor de su madre…
¡Roma, meta de nuestro viaje, donde yo esperaba encontrar el consuelo, pero donde encontré la cruz…!
Llegamos a Roma de noche y dormidos. Nos despertaron los empleados de la estación, que gritaban: «Roma, Roma». No era un sueño, ¡estaba en Roma…!
El primer día lo pasamos extramuros, y fue quizás el más delicioso de todos, pues todos los monumentos han conservado su sello de antigüedad, mientras que en el centro de Roma, ante el fausto de los hoteles y de las tiendas, uno tiene la impresión de estar en París.
Aquel paseo por la campiña romana me ha dejado un gratísimo recuerdo. No hablaré de los lugares que visitamos, pues hay bastantes libros que los describen por extenso, sino solamente de las principales emociones que viví.
Una de las más dulces fue la que me hizo estremecerme a la vista del Coliseo. Por fin, podía ver aquella arena en la que tantos mártires habían derramado su sangre por Jesús, y ya me disponía a besar la tierra que ellos habían santificado. ¡Pero qué decepción la mía! El centro no era más que un montón de escombros que los peregrinos tenían que conformarse con mirar, pues una valla les impedía entrar. Por otra parte, nadie sintió la tentación de intentar meterse por en medio de aquellas ruinas…
¿Pero valía la pena haber venido a Roma y quedarse sin bajar al Coliseo…? Aquello me parecía imposible. Ya no escuchaba las explicaciones del guía, sólo un pensamiento me rondaba por la cabeza: bajar a la arena… Al ver pasar a un obrero con una escalera, estuve a punto de pedírsela. Afortunadamente no puse en práctica mi idea, pues me habría tomado por loca…
Por fin, no vi ángeles, pero sí lo que buscaba. Lancé un grito de alegría y le dije a Celina: «¡Ven corriendo, vamos a poder pasar…!» Inmediatamente sorteamos la valla, hasta la que en aquel sitio llegaban los escombros, y comenzamos a escalar las ruinas, que se hundían bajo nuestros pies.
Papá nos miraba, completamente asombrado de nuestra audacia, y no tardó en indicarnos que volviéramos. Pero las dos fugitivas ya no oían nada. Lo mismo que los guerreros sienten aumentar su valor en medio del peligro, así nuestra alegría iba en aumento en proporción al trabajo que nos costaba alcanzar el objeto de nuestros deseos.
Celina, más previsora que yo, había escuchado al guía, y acordándose de que éste acababa de señalar un pequeño adoquín marcado con una cruz como el lugar en el que combatían los mártires, se puso a buscarlo. No tardó en encontrarlo, y, arrodillándonos sobre aquella tierra sagrada, nuestras almas se fundieron en una misma oración…
Al posar mis labios sobre el polvo purpurado por la sangre de los primeros cristianos, me latía fuertemente el corazón. Pedí la gracia de morir también mártir por Jesús, y sentí en el fondo del corazón que mi oración había sido escuchada…
Todo esto sucedió en muy poco tiempo, y después de coger algunas piedras, volvimos hacia los muros en ruinas para volver a comenzar nuestra arriesgada empresa. Papá, al vernos tan contentas, no tuvo valor para reñirnos, y me di cuenta de que estaba orgulloso de nuestra valentía…
También las catacumbas me dejaron una gratísima impresión. Son tal como me las había imaginado leyendo su descripción en la vida de los mártires. La atmósfera que allí se respira está tan llena de fragancia, que, después de pasar en ellas buena parte de la tarde, me daba la impresión de haber estado tan sólo unos instantes…
Teníamos que llevarnos algún recuerdo de las catacumbas. Así que, dejando quese alejase un poco la procesión, Celina y Teresa se deslizaron las dos juntas hasta el fondo del antiguo sepulcro de santa Cecilia y cogieron un poco de la tierra santificada por su presencia.
Antes del viaje a Roma, yo no tenía especial devoción a esta santa. Pero al visitar su casa, convertida en iglesia, y el lugar de su martirio, al saber que había sido proclamada reina de la armonía, no por su hermosa voz ni por su talento musical, sino en memoria del canto virginal que hizo oír a su Esposo celestial escondido en el fondo de su corazón, sentí por ella algo más que devoción: una auténtica ternura de amiga…
Se convirtió en mi santa predilecta, en mi confidente íntima... Todo en ella me fascina, sobre todo su abandono y su confianza sin límites, que la hicieron capaz de virginizar a unas almas que nunca habían deseado más alegrías que las de la vida presente…
Santa Cecilia se parece a la esposa del Cantar de los Cantares. Veo en ella «un coro en medio de un campo de batalla…» Su vida no fue más que un canto melodioso, aun en medio de las mayores pruebas, y no me extraña, pues «el santo Evangelio reposaba sobre su corazón» y en su corazón reposaba el Esposo de las vírgenes…
También la visita a la iglesia de Santa Inés fue para mí muy dulce. Allí iba a visitar en su casa a una amiga de la infancia. Le hablé largamente de la que tan dignamente lleva su nombre, e hice todo lo posible por conseguir una reliquia de la angelical patrona .
Pero no pudimos conseguir más que una piedrecita roja que se desprendió de un rico mosaico cuyo origen se remonta a los tiempos de santa Inés y que ella debió de mirar muchas veces. ¿No resulta encantadora la amabilidad de la santa, al regalarnos ella misma lo que buscábamos y que nos estaba prohibido tomar…? Siempre me ha parecido aquello una delicadeza y una prueba del amor con que la dulce santa Inés mira y protege a mi Madre querida…
(SANTA TERESA DE LISIEUX, Historia de un alma, Editorial Monte Carmelo, Burgos 1989, pag. 175-176)
Su nombre completo era Sofronio Eusebio Jerónimo. Su ciudad natal era Stridone, en la actual Croacia. Su fecha de nacimiento no se conoce con exactitud, pero fue alrededor del año 347. De familia cristiana y acomodada, recibió una sólida educación y, apoyado por sus padres, perfeccionó sus estudios en Roma. Allí se entregó a la vida mundana, dejándose llevar por los placeres; pero pronto se arrepintió, recibió el bautismo y se enamoró de la vida contemplativa.
Por esta razón se mudó a Aquileia y se convirtió en parte de una comunidad de ascetas. Algún tiempo después la abandonó, decepcionado por las enemistades que habían surgido en ese ambiente. Partió luego para el Oriente y se detuvo en Trier, volvió a Stridone y repartió de nuevo. Permaneció unos años en Antioquía, donde perfeccionó su conocimiento del griego, y luego se retiró como ermitaño en el desierto de Chalkis, al sur de Alepo.

Durante cuatro años se dedicó plenamente a sus estudios, aprendió hebreo y transcribió códigos y escritos de los Padres de la Iglesia. Fueron años de meditación, soledad e intensa lectura de la Palabra de Dios, que también lo llevaron a reflexionar sobre la brecha entre la mentalidad pagana y la vida cristiana. Amargado por las diatribas de los anacoretas causadas por la doctrina arriana, regresó a Antioquía.
En el 379 fue ordenado sacerdote, y luego se trasladó a Constantinopla donde continuó estudiando griego con san Gregorio Nazianzeno.
En 382 Jerónimo volvió a Roma para participar en una reunión convocada por el Papa Dámaso sobre el cisma de Antioquía. Como su reputación ascética y erudita era bien conocida, el Pontífice lo eligió como su secretario y consejero y lo invitó a realizar una nueva traducción de los textos bíblicos al latín.
En la capital, Jerónimo también fundó un círculo bíblico e inició el estudio de la Escritura por mujeres de la nobleza romana que, deseando emprender el camino de la perfección cristiana y deseando profundizar su conocimiento de la Palabra de Dios, lo designaron como su maestro y guía espiritual.
Dado que las estrictas reglas que sugería a sus discípulos eran consideradas demasiado duras, se comprende por qué su rigor moral no fuese compartido por aquel tipo de clero demasiado laxo. Jerónimo tampoco era bien visto por otros muchos debido a sus modos agresivos y a su carácter difícil.
Además condenaba rigurosamente los vicios, las hipocresías y a menudo polemizaba con los sabios y entendidos. En estas condiciones de contrastes, cuando Dámaso murió, decidió mejor volver a Oriente y en agosto del 385 se embarcó en Ostia para llegar a Tierra Santa, acompañado por algunos de sus fieles monjes y de un grupo de sus seguidores, entre ellos la noble Paula con su hija Eustoquia.
Se embarcó en una peregrinación, llegó a Egipto y luego se detuvo en Belén, donde abrió una escuela que ofrecía su enseñanza de forma gratuita. Gracias a la generosidad de Paula, construyó un monasterio masculino, uno femenino y un hospicio para los viajeros que visitaban los lugares santos.
Jerónimo pasó el resto de su vida en Belén, dedicándose siempre a la Palabra de Dios, a la defensa de la fe, a la enseñanza de la cultura clásica y cristiana y a la acogida de peregrinos. Un hombre impetuoso, a menudo polémico y peleonero, que era detestado pero también muy amado.

No era fácil dialogar con él, sin embargo dejó un grande legado al cristianismo con su testimonio de vida y sus escritos. A él le debemos la primera traducción al latín de la Biblia, la llamada Vulgata - con los Evangelios traducidos del griego y el Antiguo Testamento del hebreo - que aún hoy, en su versión revisada, sigue siendo el texto oficial de la Iglesia latina.
La Palabra de Dios, tan estudiada y comentada, también "se comprometió a vivirla concretamente", dijo Benedicto XVI, que dedicó dos catequesis a Jerónimo en las audiencias generales del 7 y el 14 de noviembre de 2007. Murió en su celda, cerca de la Gruta de la Natividad, el 30 de septiembre probablemente en el 420.
"¿Qué cosa podemos aprender de San Jerónimo? Me parece que por encima de todo esto: amar la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura - sugirió Benedicto XVI - es importante que cada cristiano viva en contacto y diálogo personal con la Palabra de Dios, que se nos da en la Sagrada Escritura... es también una Palabra que construye la comunidad, que construye la Iglesia.
Por lo tanto, debemos leerla en comunión con la Iglesia viva". Jerónimo es uno de los cuatro Padres de la Iglesia Occidental (junto con Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno), proclamado Doctor de la Iglesia en 1567 por Pío V. Como herencia suya nos han quedado sus comentarios, homilías, cartas, tratados, obras historiográficas y hagiográficas; es bien conocido su De Viris Illustribus, con las biografías de 135 autores, en su mayoría cristianos, pero también judíos y paganos, para demostrar cómo la cultura cristiana fuese "una verdadera cultura digna de comparación con la clásica".
No hay que olvidar su Crónica (Chronicon) - la traducción y reelaboración en latín de la Crónica Griega de Eusebio de Cesarea, hoy perdida, - que contiene la narración de la historia universal, donde se mezclan datos históricos con mitos, partiendo del nacimiento de Abraham hasta el año 325. Finalmente, ricas en enseñanzas y consejos sinceros, nos han quedado muchas epístolas que revelan su profunda espiritualidad.
En la reforma litúrgica de la Iglesia de 1969, quedó establecido el día 29 de septiembre para dar culto a los arcángeles San Miguel, San Rafael y San Gabriel
Hoy se venera la memoria de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, de honda raigambre en toda la Tradición de la Iglesia.
El nombre de Miguel (en hebreo: ¿Quién como Dios?) recuerda el combate librado por este Arcángel y los ángeles fieles con Lucifer y sus seguidores, que se rebelaron contra Dios y fueron precipitados al infierno.
A San Gabriel (en hebreo, fuerza de Dios) lo eligió Dios para anunciar a María el misterio de la Encarnación.
El nombre de Rafael (en hebreo, medicina de Dios) evoca su misión de médico y compañero de viaje del joven Tobías.
Este nombre significa: "¿Quién como Dios? O: "Nadie es como Dios".
A San Miguel lo nombre tres veces la Sagrada Biblia. Primero en el capítulo 12 del libro de Daniel donde se dice:
"Al final de los tiempos aparecerá Miguel, al gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y entonces los muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida Eterna, y los que hicieron el mal, para el horror eterno".

En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo siguiente:
"Hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra Satanás y los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en el cielo, y fue arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo. Ay de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo".
En la Carta de San Judas Tadeo se dice:
"El Arcángel San Miguel cuando se le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’".
Por eso a San Miguel lo pintan atacando a la serpiente infernal.
La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción al Arcángel San Miguel, especialmente para pedirle que nos libre de los ataques del demonio y de los espíritus infernales.
Y él cuando lo invocamos llega a defendernos, con el gran poder que Dios le ha concedido. Muchos creen que él sea el jefe de los ejércitos celestiales.
Su nombre significa: "Fortaleza de Dios".
A este Arcángel se le nombra varias veces en la S. Biblia. Él fue el que le anunció al profeta Daniel el tiempo en el que iba a llegar el Redentor. Dice así el profeta:
"Se me apareció Gabriel de parte de Dios y me dijo: dentro de setenta semanas de años (o sea 490 años) aparecerá el Santo de los Santos" (Dan. 9).

Al Arcángel San Gabriel se le confió la misión más alta que jamás se le haya confiado a criatura alguna: anunciar la encarnación del Hijo de Dios. Por eso se le venera mucho desde la antigüedad.
Su carta de presentación cuando se le apareció a Zacarías para anunciarle que iba a tener por hijo a Juan Bautista fue esta:
"Yo soy Gabriel, el que está en la presencia de Dios" (Luc. 1, 19).
San Lucas dice:
"Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, a una virgen llamada María, y llegando junto a ella, le dijo: ‘Salve María, llena de gracia, el Señor está contigo’.
Ella se turbó al oír aquel saludo, pero el ángel le dijo: ‘No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será Hijo del Altísimo y su Reino no tendrá fin’".
San Gabriel es el patrono de las comunicaciones y de los comunicadores, porque trajo al mundo la más bella noticia: que el Hijo de Dios se hacía hombre.

Su nombre significa: "Medicina de Dios".
Fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle una santa esposa.
Su interesante historia está narrada en la Biblia en el libro de Tobit (Tobit 12:6, 15).
De acuerdo con el Libro de Tobías 5,4, Rafael fue enviado por Yahveh para acompañar a Tobías, hijo de Tobit, en un largo y peligroso viaje para conseguirle una esposa piadosa al joven.
Esta es Sara, quien había visto morir a siete prometidos debido a que un demonio, de nombre Asmodeo, estaba enamorado de la mujer y mataba al esposo en la noche de bodas.
El Libro de Tobías es considerado deuterocanónico por los católicos y ortodoxos. Rafael aparece con apariencia humana acompañando al hijo de Tobit, Tobías, y en un principio, Rafael se presenta como «Azarías, hijo del gran Ananías».
Durante el viaje, en varias ocasiones, se muestra la influencia protectora del arcángel, como la expulsión de un demonio hacia el desierto de Egipto. Tras su travesía y la cura de la ceguera de Tobit, Azarías se presenta como "el ángel Rafael, uno de los siete, que se presenta ante el Señor". Es venerado como San Rafael el Arcángel.
San Rafael es muy invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes.
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