La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto
La tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo como en las diversas etapas de su desarrollo. Oponiéndose a las costumbres del mundo grecorromano, la Iglesia de los primeros siglos ha insistido sobre la distancia que separa en este punto tales costumbres de las costumbres cristianas.
A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.
“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).
“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).
“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?
Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).
“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).
“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.
“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).
“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).
MINUCIO FELIX
“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).
“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).
CONCILIO DE ANCIRA
“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).
“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).
“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).
“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.
¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).
“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).
Este fue el momento en el que un terrorista atacó una iglesia en Colombo, Sri Lanka, el Domingo de Pascua de 2019.
Desde el ataque se abrió un proceso de investigación para encontrar a los responsables del atentado. Muchos líderes mundiales pidieron al gobierno de Sri Lanka que haga justicia. El papa aprovechó el tercer aniversario de los atentados para hacer este llamamiento público.
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FRANCISCO No quisiera terminar sin hacer un llamamiento a las autoridades de su país. Por favor y por el bien por la justicia, por el bien de tu pueblo, que se aclare de una vez por todas quiénes fueron responsable de estos hechos [los atentados de Semana Santa de 2019]. Esto traerá paz a su conciencia y a la Patria.
Casi 5 años después, la comunidad católica no ha olvidado a las más de 200 personas asesinadas ese día.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Hemos construido un cementerio especial en Kotahena o Nigambo. Tuvimos que comprar un terreno porque el cementerio católico estaba repleto, lleno de cadáveres y no podíamos enterrarlos a todos allí.
También hay un memorial en una de las iglesias que fueron destruidas aquel Domingo de Pascua.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Hay un memorial dentro de la iglesia. Reservamos una zona y escribimos todos los nombres en una lápida de piedra que construimos en la iglesia de San Sebastián.
Muchas personas han acudido a los memoriales para pedir la intercesión de estos hombres y mujeres. El cardenal Ranjith dijo que son ejemplos de los mártires modernos de los que el papa habla a menudo.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Dieron sus vidas por la fe, porque los atacantes lo hicieron por odio a la fe. Odium fidei, así lo llaman. Odiaban a los cristianos y atacaron a estos inocentes. Los mataron. Para nosotros son mártires porque murieron yendo a la Iglesia, por eso promovemos su causa.
El 21 de abril se cumplen 5 años del atentado. Es el tiempo mínimo que exige el Vaticano para iniciar el proceso de beatificación. Y en Sri Lanka lo tienen claro. En cuanto se cumpla ese aniversario, se pondrán manos a la obra.
Roma, la Ciudad Eterna, sigue revelando secretos bajo sus adoquines. En el corazón de la "Regina Viarum", lasCatacumbas de San Sebastián no solo custodia los restos de mártires, sino que marca el punto exacto donde la muerte dejó de ser un final para convertirse en una "esperanza de sueño".
Roma es una ciudad de récords visibles: el Coliseo, la cúpula del Panteón, las 900 iglesias que puntean su geografía. Sin embargo, existe una Roma invisible, una que se extiende en kilómetros de galerías subterráneas y que guarda la esencia misma del cambio de era entre el mundo pagano y el cristiano.
En la antigua Vía Appia, la primera de las vías consulares romanas, se alza un complejo que resume esta transición: la Basílica y las Catacumbas de San Sebastián.
De Necrópolis a Cementerio: Una revolución semántica
Para el visitante moderno, la palabra "catacumba" evoca pasadizos oscuros y entierros. Pero, como explica Gerardo Ferrara en su reciente análisis sobre el lugar, el término original para estos espacios era necrópolis (del griego "ciudad de los muertos"). En la época pagana, los cuerpos solían ser incinerados y sus cenizas depositadas en nichos.
La llegada del cristianismo no solo cambió la fe de los romanos, sino su lenguaje y su arquitectura funeraria. La palabra "cementerio" proviene del griego koimeterion, que significa "dormitorio".
Para los primeros cristianos, los difuntos no estaban simplemente muertos; estaban "dormidos" a la espera de la resurrección. Esta nueva concepción exigía el entierro del cuerpo íntegro, lo que impulsó la excavación de las vastas redes de galerías que hoy admiramos.
En San Sebastián, este cambio es tangible. Al recorrer sus niveles, se pueden observar antiguas cámaras funerarias paganas que convivieron con los enterramientos cristianos. Algunas familias acomodadas incluso disponían de pequeñas terrazas para el refrigerium, una comida ritual en honor a los fallecidos que los cristianos transformaron posteriormente en ágapes de caridad y conmemoración.
El refugio de los Apóstoles
Uno de los datos más fascinantes de este complejo es su conexión con las columnas de la Iglesia: San Pedro y San Pablo. Según la tradición y las evidencias arqueológicas (como los numerosos grafitis con los nombres de los apóstoles hallados en la "Memoria Apostolorum"), sus restos fueron trasladados temporalmente a estas catacumbas durante las persecuciones del siglo III para protegerlos.
Este hecho convirtió a San Sebastián en un centro de peregrinación mundial mucho antes de que se construyeran las grandes basílicas vaticanas. El lugar era conocido originalmente como ad catacumbas (cerca del hueco o la hondonada), debido a una cantera de puzolana cercana. Con el tiempo, este nombre propio pasó a designar a todos los cementerios subterráneos de la cristiandad.
San Sebastián y el "Salvador del Mundo"
La basílica que vemos hoy sobre la superficie es una joya barroca que alberga tesoros de valor incalculable. Entre ellos destaca la última obra maestra de Gian Lorenzo Bernini: el Salvator Mundi. Esculpida cuando el artista tenía 80 años, esta obra representa a Cristo con una majestad y una técnica que parecen desafiar la dureza del mármol.
Bajo el altar, se encuentra la cripta de San Sebastián, el soldado pretoriano martirizado bajo el mandato de Diocleciano. Su figura, tradicionalmente representada asaeteada, se ha convertido en un símbolo de la resistencia de la fe frente al poder imperial. La escultura de mármol que lo representa en la basílica, obra de Giuseppe Giorgetti, es un punto de parada obligatoria para los fieles que buscan consuelo en la figura del mártir.
Un patrimonio vivo
Hoy, las catacumbas de San Sebastián no son solo un museo, sino un lugar de culto activo gestionado por la Orden de los Frailes Menores. La experiencia de descender a sus niveles —algunos de los cuales muestran frescos excepcionalmente conservados y epigrafía paleocristiana— es un viaje al pasado que obliga a reflexionar sobre la continuidad de la historia humana.
Roma no deja de sorprender porque sus cimientos están hechos de historias. En la Vía Appia, entre pinos centenarios y restos de acueductos, el complejo de San Sebastián sigue recordando al mundo que, incluso en la oscuridad de la tierra, el ser humano siempre ha buscado la luz de una vida futura.
Para quienes buscan ir más allá del turismo convencional, estas galerías ofrecen un silencio que habla. Es el eco de una comunidad que, hace casi dos mil años, decidió que la muerte no tenía la última palabra.
Corría el año 177 de nuestra Era; y con él, a su postrimería, corrían los días de Marco Aurelio, emperador meditabundo. La inminencia de la celebridad anual que en Lyon, ciudad cabecera de la Galia, situada en la confluencia del Saona y del Ródano, se solemnizaba todos los años en las calendas del mes sextil (agosto), reunía en derredor del altar de Roma y de Augusto a los legados de las tres Galias.
En esta famosa conmemoración, las jóvenes y aguerridas cristiandades de Lyon y de Viena del Delfinado sostuvieron una serie de luchas cruentísimas y triunfales. Lavaron sus estolas en la sangre del Cordero y volaron a los brazos de Cristo con alas plateadas de paloma. De los episodios de estas luchas nos queda una relación auténtica pormenorizada, salvada por Eusebio en el libro V de su Historia eclesiástica, que yo —spatiis exclusus iniquis— me veo forzado a resumir.
Los siervos de Cristo que habitan Viena y Lyon, en la Galia, a sus hermanos del Asia y de la Frigia, que profesan la misma fe e idénticas esperanzas en la redención que nosotros, paz, gracia y gloria de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Nuestro Señor.
... No tenemos palabras con que expresar en este mensaje la intensidad de la opresión y la saña de los gentiles contra los santos y los tormentos que los bienaventurados mártires soportaron. El Fuerte Armado descargó en nosotros toda la furia y el poder de su brazo. Se nos echó de nuestras casas, se nos privaron los baños, el foro y hasta la pública convivencia. Con todo, la gracia de Dios combatió contra ellos; alejó a los débiles; pero quedaron enhiestos y firmes los sólidos pilares de la fe, que demostraron que las tribulaciones temporales no merecen consideración ante la perspectiva de la gloria que en nosotros será revelada. La plebe frenética les infligió toda suerte de sevicias: escarnios, golpes, lapidaciones y cárcel indistinta; mientras no llegaba el gobernador...
Fueron interrogados por este orden:
Vetio Epagato, el más conspicuo de nuestros hermanos. Había llegado a la plenitud del amor de Dios y del prójimo, y hervía de Espíritu Santo. Varón representativo en nuestra comunidad, no se avino al expeditivo procedimiento y reclamó que se le oyera; la plebe aulló; el presidente se limitó a la pregunta escueta: "¿Eres cristiano?" Su respuesta fue afirmativa y tajante: "Soy cristiano". La pequeña grey fiel le calificó de paráclito de la cristiandad lionesa.
... En las detenciones en masa de fieles de ambas iglesias, que de día en día y con ritmo creciente íbanse haciendo, como la cizaña en el trigo, anduvieron mezclados con los santos algunos paganos que estaban al servicio de los nuestros; los cuales, caídos en la paranza de Satán, declararon que nosotros hacíamos cenas como las de Tiestes e incestos como los de Edipo. Entonces pareció tener realidad la palabra evangélica: Día vendrá cuando el que os diere muerte creerá haber rendido culto a Dios.
... Llegó el segundo interrogatorio de mártires, iniciado por Vetio Epagato. Abriólo el diácono de Viena (del Delfinado), Santo de nombre y de vida; siguió el de Maturo, simple neófito pero invencible púgil; continuó Atalo, originario de Pérgamo, columna y sostén de la cristiandad lionesa, y Blandina finalmente. En ella Cristo hizo gallardísimo alarde de que lo que es ruin y rahez, sin atractivo físico, desdeñable a los ojos de los hombres, se juzgó digno de gloria muy grande ante el acatamiento dé Dios.
Todos nosotros recelábamos, y hasta su propia ama según la carne, que estaba con nosotros, mártires designados, que Blandina no pudiera dar testimonio de su fe, tanta era la flaqueza de su cuerpo. Para acabar con ella los verdugos se relevaban; a cada momento parecía que iba a quebrarse el tenue hilo de su vida; mas en la confesión se rejuvenecía y para ella constituía una insuflación de nueva vida decir: Soy cristiana; y nosotros no hacemos ningún mal. Y en diciéndolo parecía embellecerse.
Santo, de Viena, se mantuvo firme como un risco marino en medio del oleaje, combatido de sal asidua. No se dignó decir su nombre, ni el de su nación, ni el de su ciudad, ni su condición de esclavo o libre, ni su grado eclesiástico. A todas las preguntas capciosas contestaba en latín paladino: Soy cristiano. A las más delicadas partes de su cuerpo aplicáronsele láminas de bronce al rojo. Santo perseveró inconmovible en su silencio y en su confesión. La fuente de agua paradisíaca que brotó del costado de Cristo le comunicaba refrigerio y reciedumbre. También la tortura para él era fuente de juventud.
... En gran ansiedad y congoja teníamos el caso de Biblis, dama conspicua de nuestra cristiandad, que en el primer asalto de terror había renegado. Creídos estábamos que Satanás la había ya engullido; mas el asalto segundo la despertó de su ceguera y de su momentánea embriaguez. Aquel dolor pasajero hízola pensar en la gehena de fuego; y con vehemencia echó en rostro a los calumniadores: ¿Cómo podéis pensar que esta gente coma carne de niños si les está mandado abstenerse de sangre de animales? Biblis abjuró de su abjuración y se sumó al grupo de los mártires.
... Satanás inspiró a los verdugos una nueva suerte de martirio exangüe: el encierro colectivo y promiscuo en noche perpetua de una zahurda más que plutónica, con ambos pies en un cepo, separados el uno del otro hasta el quinto agujero. En número muy grande, anónimamente, murieron de asfixia en aquellas tinieblas palpables, irrespirables; y sus almas volaron en canoros bandos, como alondras, al aire vivo del amanecer, allá, hacia la esfera que huye más del suelo...
... El bienaventurado Potino, a quien el Espíritu confiara el episcopado de Lyon, había ya colmado la rotación de nueve decenios. Era como un ángel que hubiese envejecido. Apenas respirar podía. Fue sacado de las tinieblas y arrastrado por la venerable melena al tribunal. El gobernador le preguntó cuál era el Dios de los cristianos. Respondió: Si tú lo merecieras le conocerías. Atado de manos y pies, por que no huyese, saturado de oprobios se le volvió a sepultar en la carcenal negrura y en el aire irrespirable. Dos días después, silenciosamente como un ave cautiva, dio suelta a su acérrimo espíritu aleluyante.
En la tartera confusión de la mazmorra, en desconcertante promiscuidad, andaban mezclados los creyentes y los renegados a quienes la apostasía de nada les valiera. En este comedio iba a producirse una poderosa intervención de Dios y una inconmensurable misericordia de Jesús. Quienes tras el primer arresto habían renegado de su fe compartían los sufrimientos con los que la habían confesado.
Aquellos permanecían detenidos por sospecha de las cenas de Tiestes y de los incestos de Edipo, y su castigo había de ser más fiero que el de los cristianos partícipes de sus cadenas. Roíales trágicamente la conciencia de su cobardía, al paso que los cristianos exultaban por la proximidad de su liberación y por beber el cáliz inebriante del martirio.
... Maturo, Santo, Atalo y Blandina fueron excarcelados; vencedores de la sevicia de los hombres, iban a encararse con la voracidad de las fieras. Este era el postrer y sensacional programa de los festivales olímpicos con que las tres Galias solemnizaban las calendas de agosto, en derredor del altar de Día Roma y de Augusto, en el cerco del anfiteatro.
A Maturo y Santo sólo les faltaba la postrera fase del combate para merecer la corona incorruptible: sufrieron azotes, zarpazos y dentelladas de bestias, todos los crudelísimos antojos de una multitud delirante. Ambos se ofrecieron en espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. De Santo no se oyeron más palabras que las de su confesión: Soy cristiano. Maturo soportó toda la variedad de luchas que se veían en los gladiadores profesionales.
Quedaba Atalo como olvidado. El populacho, que harto bien le conocía, le reclamó a gritos. Se le hizo dar la vuelta al ruedo, con un letrero infamante: ¡Atalo, cristiano!Enteróse el gobernador de su condición de ciudadano de Roma. Tuvo escrúpulos el melindroso gobernador; determinó que se le devolviera al báratro infernal del que se creía ya redimido, mientras consultaba con el emperador qué debía hacerse con ese delincuente honrado. Esta obligada demora no fue ni inútil ni estéril. En este lapso de tiempo la inconmensurable misericordia de Cristo tuvo una espléndida manifestación en la misma cárcel. Los vivos vivificaron a los muertos. Allí estuvo el dedo de Dios. Esta mudanza ocasionó un júbilo inenarrable de nuestra Madre Virginal. El milagro fue que quienes anteriormente renegaron de Cristo quisieron de nuevo medirse con el perseguidor; se reanimaron a nueva vida. Dios, que no quiere la muerte del pecador, sino que se enmiende y viva, les tornó sabroso y fácil el regreso a la casa del Padre de familia.
En el ínterin llegó la orden del César: Decapitación para Atalo, ciudadano romano; para los restantes, la voracidad de las fieras. Cristo fue magníficamente glorificado por quienes le negaron; y su Iglesia les incorporó en el ejército de mártires que visten túnicas blancas.
Mientras duró el interrogatorio individual Alejandro, de nación frigio y médico de profesión, avecindado de muchos años en la Galia lionesa, conocido y amado de todos por su amor a Dios, por su libertad de palabra, copiosamente dotado del carisma apostólico, de pie cerca del tribunal, exhortaba con señas a los interrogados que proclamasen su fe. Se le culpó de haber sido él quien promovió aquella retractación colectiva. Se le preguntó que quién era, respondió: Cristiano. Fue condenado a las bestias.
Dios, que eligió lo más flaco de este mundo para confusión de lo más fuerte, había reservado para la lucha final a dos seres entecos. Blandina fue sacada al anfiteatro, llevando de la mano a Pontico, mozuelo en su primer bozo, de quince años escasos. Con refinadísima perversidad todos los días se les había sacado por que viesen los suplicios de sus hermanos en la fe.
La plebe, ebria y sedienta de sangre, no se apiadó de la niñez del muchacho venerando ni respetó el augusto carácter de la mujer. Ambos recorrieron todo el ciclo de los tormentos. A Pontico infundíale bríos la muchacha. Pontico le precedió en la muerte y en la liberación. Libróse, como gamo, del cazador; como pájaro, del lazo del parancero.
Quedaba Blandina, la última de todos, madre virgen y feliz de haber enviado al Rey de los siglos, inmortal e invisible, a muchos hijos victoriosos. Sobreabundaba de gozo como partícipe en un festín nupcial. Recorrió toda la cadena de los tormentos ya conocidos y superados. Se la brindó, por fin, a un toro furioso, que, como arista leve, la proyectaba hacia arriba, como en un ansia de vuelo y de cielo... Fue inmolada por fin.
Los cadáveres de los mártires de Lyon, durante seis días, quedaron insepultos, en la gran inverecundia de la muerte, bajo las miradas de Dios y el estupor de los cielos. Incinerados al fin, llevó solemnemente al mar sus pavesas leves el Ródano sonoroso y raudo, fluviorum rex, majestuoso rey de los ríos de Francia.
Dios sale al encuentro de cada persona de una manera distinta
"La grandeza de un hombre está en saber reconocer su propia pequeñez"
(Blas Pascal)
Aún faltan unas horas para que amanezca. Un hombre pasea por la orilla de una playa, contemplando el mar. Se llama Justino y es famoso en muchos círculos intelectuales. No tarda en descubrir a otra persona en este lugar ahora desierto: es un anciano. El intelectual se pregunta qué puede hacer aquí a estas horas, pero no dice nada. Solo lo mira, sorprendido.
El anciano percibe su desconcierto y se dirige a él. Le explica que espera a unos familiares que están navegando. La conversación prosigue. El intelectual opina sobre cualquier tema: cultura, política, religión. Le gusta hablar. El anciano sabe escuchar y he aquí que, cuando interviene, lo hace con gran sensatez. Tal vez, en otra ocasión, el intelectual hubiera ironizado o dado por terminado el diálogo. Sin embargo, la claridad de ideas del anciano le desarma. El intelectual no comparte algunas de esas ideas, pero reconoce que tienen mucho en común con las suyas. Al final, el anciano le desvela que es cristiano. Justino empieza a ver con simpatía la fe sencilla del anciano. Pasan las horas. Se despiden. Nunca se volverán a ver.
El intelectual no olvidará este encuentro. Meses después, comprenderá que solo aquellas palabras del anciano parecen dar razón de sus ansias de verdad. Aquel anciano era cristiano, y las ideas que estaban transformando su vida provenían de la fe cristiana. Un encuentro fortuito le había acercado a la fe, abriéndole un horizonte más amplio del que le presentaban todas sus ideas anteriores. Al poco tiempo, Justino, el gran filósofo, recibirá el bautismo y se convertirá en uno de los más grandes apologetas de la fe.
Los padres de Justino eran paganos y le habían dado una excelente educación, instruyéndole con gran esmero en filosofía, literatura e historia. Había frecuentado las escuelas estoica, aristotélica, pitagórica y platónica. Era un gran buscador de la verdad, y el encuentro con aquel anciano determinó su conversión y su dedicación al servicio de Dios. Tenía en aquel momento unos treinta años. Permaneció desde entonces laico y célibe, y en adelante, ataviado con las vestimentas características de los filósofos, recorrió numerosos países debatiendo con todos acerca de la fe cristiana, hasta su martirio en el año 165.
Dios sale al encuentro de cada persona de una manera distinta. En el caso de Justino, fue con el ejemplo de los mártires y con esa conversación de madrugada con aquel anciano.
San Justino
—Pero algunas personas echan en falta un signo externo que les asegure que Dios les llama.
Los signos externos los concede Dios algunas veces, pero normalmente pocas. A algunos personajes del Antiguo Testamento les reveló su voluntad mediante una visión o una teofanía. Moisés vio la zarza ardiendo. Un ángel purificó los labios de Isaías mientras se escuchaba la voz de Dios. Y Ezequiel contempló un torbellino de viento y una gran nube, y un fuego que se revolvía dentro, y un resplandor, y en medio del fuego una figura en ámbar. Pero no todos podemos pedir algo así para conocer lavoluntad de Dios.
—No estaría mal, de todas formas.
Tampoco te creas que sería tan fulminante. Si no estamos bien dispuestos, aunque se nos apareciera un ángel, no estaría asegurada nuestra correspondencia. Por ejemplo, a Zacarías se le apareció un ángel que le dijo que sus peticiones habían sido escuchadas, pero Zacarías no se conformó con eso y pidió al ángel una prueba de que aquello se cumpliría: «¿Quién me podrá certificar a mí eso?». Y no debió ser muy del gusto de Dios, porque el ángel le transmitió aquella certificación en forma de castigo a su falta de fe: «Desde ahora quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por cuanto no has creído a mis palabras, que se cumplirán a su tiempo».
Dios solo muy raramente manifiesta con signos externos sus llamadas personales. No podemos esperar de los cielos un acta notarial, un llamamiento en toda regla por parte de la divinidad. Eso sería una ingenua tendencia a lo fantástico, cuando lo habitual es que Dios nos hable a través del silencio interior, cuando hay un clima de suficiente recogimiento y facilitamos el encuentro con Él en la oración.
—Pero al final, la pregunta clave, y difícil de contestar, es: ¿tengo vocación o no?
Esa no es la pregunta más acertada. La pregunta decisiva es: ¿cuál es la vocación que yo tengo? Dios tiene un plan para todos, para cada uno. La vocación no es algo que tienen algunos, sino todos. Todos los cristianos estamos llamados a la santidad, a seguir a Jesucristo. Hay vocaciones que comprometen más, que son más exigentes. Y quizá las más exigentes son las que presentan un mayor atractivo para un alma joven, aunque también den un poco de miedo. No se trata de ver qué es lo mejor, o lo más difícil, sino lo que quiere Dios de mí. Para ti, lo mejor es lo que Dios quiera de ti. Y para mí, lo que quiera de mí.
Así lo explicaba Benedicto XVI, en Basílica de Santa Ana de Altötting: «Bajo la mirada de santa Ana maduró la vocación de María, la más grande de la historia de la salvación. María recibió su vocación a través del anuncio del ángel. El ángel no entra de modo visible en nuestra habitación, pero el Señor tiene también un plan para cada uno de nosotros, nos llama por nuestro nombre. Por tanto, a nosotros nos toca escuchar, percibir su llamada, ser valientes y fieles para seguirlo, de modo que, al final, nos considere siervos fieles que han aprovechado bien los dones que se nos han concedido.»
—Entonces, ¿cuáles son los síntomas para saber si es una u otra nuestra vocación?
Hay que pedir luz a Dios, hacer oración, rogarle que nos haga ver con más claridad qué quiere de nosotros. Normalmente no lo hará por medios excepcionales, como a San Pablo camino de Damasco, sino que nos deja una cierta penumbra, quizá para no forzar nuestra libertad, para dejarnos más iniciativa personal.
—¿Y cómo se puede tener certeza de una vocación?
Certeza absoluta, completa y eterna, no siempre se tiene. Pero se puede tener una certeza muy grande, aunque esto normalmente no viene hasta un tiempo después de haber respondido que sí a lo que hemos pensado que es nuestro camino. Llega cuando ha transcurrido un tiempo, y comprobamos que ese camino llena nuestra alma, y se alcanzan entonces grados muy altos de seguridad.
Por eso, en todas las instituciones de la Iglesia hay un tiempo de prueba, en el que cada candidato confirma o descarta la vocación que al solicitar la admisión ha pensado que tenía. En ese sentido, cabría decir que la plena certeza de la vocación solo se tiene cuando se ha respondido, pues lo habitual es que ese convencimiento vaya creciendo a medida que se avanza con generosidad en el proceso vocacional. Sucede algo parecido con el matrimonio: la certeza de haber acertado no se alcanza hasta un tiempo después de iniciar el noviazgo, cuando ha pasado un tiempo desde que hemos respondido afirmativamente y se comprueba que hay una sintonía y un convencimiento grandes, y confirmamos que Dios quiere ese camino para nosotros.
—¿Y cómo ver eso que se dice de que lo más grande que puede pasarle en la vida a una persona es entregarse por completo a Dios?
Para comprenderlo así hay que enmarcar nuestra vida en un contexto amplio, en el que esté bien presente Dios. Debemos pensar en el sentido de la vida humana, en que nuestra vida está limitada en el tiempo, y en que ese tiempo en nuestra vida pasa cada vez más deprisa. La vida es estupenda, pero es tan solo un preámbulo de la vida eterna. Por eso vale la pena seguir un camino que nos lleve más directamente a la meta. Seguir a Dios vale siempre la pena. Pero, en todo caso, lo mejor para nosotros es lo que Dios haya pensando para nosotros, no lo que consideremos más alto.
Cuando vamos al encuentro de ese proyecto que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros, no hacemos un favor a Dios. Al contrario, la vocación es una muestra de la misericordia de Dios con el hombre. Nos llama a construir en nosotros la mejor vida de las posibles, la vida a la que estamos llamados, para la que mejor estamos preparados, en la que seremos más felices.
—Pero eso de entregarse por completo a Dios siempre da un poco de miedo
Puede ser miedo, o bien inseguridad, o incertidumbre. La misma fe siempre tiene algo de salto en el vacío, y por tanto, con la vocación sucede algo parecido.
—¿Y no es perder un poco la libertad?
Cualquier acto de entrega supone perder libertad, y el amor siempre supone entrega, y lo natural es entregarse a lo que uno ama, pues de lo contrario la vida queda vacía. La mejor libertad es la que se emplea para seguir a Dios. Cuanto más grande sea el bien que se elige (y en este caso sería elegir a Dios), mayor y más noble será el empleo que hacemos de nuestra libertad.
Dejarse guiar por Dios no es perder libertad, sino emplearla del mejor modo posible. Suele ser una decisión en la que intervienen muchos elementos, a través de los cuales Dios nos habla, y que hacen que un buen día pasemos de decir que no a decir que sí. Y no siempre con un proceso predominantemente racional. O, mejor dicho, son razones que Dios pone en nuestra cabeza y también en nuestro corazón.
—Entregarse a Dios supone siempre una renuncia, y eso hace que a muchos les cueste dar ese paso, porque todos queremos pasarlo bien y disfrutar de la vida
Pasarlo bien de verdad depende de estar cerca de Dios. La vocación supone una elección personal de Dios a cada uno de nosotros. No elegimos nosotros, sino que elige Dios. Y ese designio de Dios determina el camino que cada uno debe recorrer para alcanzar el Cielo y para ser feliz en la tierra. Hacer la voluntad de Dios es la mejor garantía para pasarlo bien en la vida, tanto en la vida de la tierra como en la del Cielo.
—¿Y a la hora de pensar si Dios nos llama en una institución o en otra, importa el hecho de que sea una institución más boyante o menos?
Pienso que no. En cuestiones de santidad, de hacer la voluntad de Dios, no importa el número, sino que seamos santos y que seamos los que Dios quiera que seamos. Da igual que sea una institución a la que lleguen numerosas vocaciones y consideremos boyante o de moda, o bien una institución en momentos difíciles y que apenas tiene vocaciones.
—¿Y el hecho de tener ilusión por casarse y formar una familia es motivo para pensar que no estamos llamados al celibato?
Tener ilusión por casarse y formar una familia es una ilusión propia de toda persona normal. Si la vocación fuera sobre todo cuestión de gusto, todo el mundo tendría vocación al matrimonio, y quizá medio mundo tendría vocación a no trabajar, o a ser un fresco. Me parece que la clave no está en lo que a uno más le apetece, pues hay muchas cosas que hacemos cada día que no nos apetecen demasiado pero que, sin embargo, sabemos que debemos hacer, y las hacemos, nos producen una satisfacción, nos hacen felices y al tiempo nos hacen cumplir la voluntad de Dios.
El hechode que a alguien le diviertan mucho los niños, o sea especialmente sensible para el calor humano de la familia, indica que es una persona normal con una buena educación afectiva. Todo corazón bien formado experimenta ese deseo natural. Basta recordar que a Jesucristo le gustaban los niños, y el calor de la vida familiar, pero vivió célibe.
Juan Pablo II: "María se puso en camino y fue aprisa a la montaña..." (Lc 1, 39)
Luego que María Santísimaoyó del ángel Gabriel que su prima Isabel también esperaba un hijo, sintióse iluminada por el Espíritu Santo y comprendió que debería ir a visitar a aquella familia y ayudarles y llevarles las gracias y bendiciones del Hijo de Dios que se había encarnado en Ella. San Ambrosio anota que fue María la que se adelantó a saludar a Isabel puesto que es la Virgen María la que siempre se adelanta a dar demostraciones de cariño a quienes ama.
Por medio de la visita de María llevó Jesús a aquel hogar muchos favores y gracias: el Espíritu Santo a Isabel, la alegría a Juan, el don de Profecía, etc, los cuales constituyen los primeros favores que nosotros conocemos que haya hecho en la tierra el Hijo de Dios encarnado. San Bernardo señala aquí que desde entonces María quedó constituida como un "Canal inmenso" por medio del cual la bondad de Dios envía hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y bendiciones.
Además, nuestra Madre María recibió el mensaje más importante que Dios ha enviado a la tierra: el de la Encarnación del Redentor en el mundo, y en seguida se fue a prestar servicios humildes a su prima Isabel. No fue como reina y señora sino como sierva humilde y fraterna, siempre dispuesta a atender a todos los que la necesitan.
Este fue el primero de los numerosos viajes de María a ayudar a los demás. Hasta el final de la vida en el mundo, Ella estará siempre viajando para prestar auxilios a quienes lo estén necesitando. También fue la primera marcha misionera de María, ya que ella fue a llevar a Jesús a que bendijera a otros, obra de amor que sigue realizando a cada día y cada hora. Finalmente, Jesús empleó a su Madre para santificar a Juan Bautista y ahora ella sigue siendo el medio por el cual Jesús nos santifica a cada uno de nosotros que somos también hijos de su Santa Madre.
Fiesta de la Visitación de la Virgen, 31 de mayo del 2001
Juan Pablo II: "Donde está María, allí está Cristo; y donde está Cristo, allí está su Espíritu Santo"
Resuenan en nuestro corazón las palabras del evangelista san Lucas: "En cuanto oyó Isabel el saludo de María, (...) quedó llena de Espíritu Santo" (Lc 1, 41). El encuentro entre la Virgen y su prima Isabel es una especie de "pequeño Pentecostés". Quisiera subrayarlo esta noche, prácticamente en la víspera de la gran solemnidad del Espíritu Santo.
En la narración evangélica, la Visitación sigue inmediatamente a la Anunciación: la Virgen santísima, que lleva en su seno al Hijo concebido por obra del Espíritu Santo, irradia en torno a sí gracia y gozo espiritual. La presencia del Espíritu en ella hace saltar de gozo al hijo de Isabel, Juan, destinado a preparar el camino del Hijo de Dios hecho hombre.
Donde está María, allí está Cristo; y donde está Cristo, allí está su Espíritu Santo, que procede del Padre y de él en el misterio sacrosanto de la vida trinitaria. Los Hechos de los Apóstoles subrayan con razón la presencia orante de María en el Cenáculo, juntocon los Apóstoles reunidos en espera de recibir el "poder desde lo alto". El "sí" de la Virgen, "fiat", atrae sobrela humanidad el don de Dios: como en la Anunciación, también en Pentecostés. Así sigue sucediendo en el camino de la Iglesia.
Reunidos en oración con María, invoquemos una abundante efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia entera, para que, con velas desplegadas, reme mar adentro en el nuevo milenio. De modo particular, invoquémoslo sobre cuantos trabajan diariamente al servicio de la Sede apostólica, para que el trabajo de cada uno esté siempre animado por un espíritu de fe y de celo apostólico.
Es muy significativo que en el último día de mayo se celebre la fiesta de la Visitación. Con esta conclusión es como si quisiéramos decir que cada día de este mes ha sido para nosotros una especie de visitación. Hemos vivido durante el mes de mayo una continua visitación, como la vivieron María e Isabel. Damos gracias a Dios porque la liturgia nos propone de nuevo hoy este acontecimiento bíblico.
A todos vosotros, aquí reunidos en tan gran número, deseo que la gracia de la visitación mariana, vivida durante el mes de mayo y especialmente en esta última tarde, se prolongue en los días venideros. (2)
El misterio de la Visitación, preludio de la misión del Salvador
Catequesis de Juan Pablo II (2-X-96)
1. En el relato de la Visitación, san Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres, oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo.
El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, usa el verbo anístemi, que significa levantarse, ponerse en movimiento. Considerando que este verbo se usa en los evangelios para indicar la resurrección de Jesús (cf. Mc 8,31; 9,9.31; Lc 24,7.46) o acciones materiales que comportan un impulso espiritual (cf. Lc 5,27-28; 15,18.20), podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador.
2. El texto evangélico refiere, además, que María realiza el viaje "con prontitud" (Lc 1,39). También la expresión "a la región montañosa" (Lc 1,39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: "¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: "¡Ya reina tu Dios!" (Is 52,7).
Así como manifiesta san Pablo, que reconoce el cumplimiento de este texto profético en la predicación del Evangelio (cf. Rom 10,15), así también san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino.
La dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús (cf. Lc 9,51).
En efecto, con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos.
3. El encuentro con Isabel presenta rasgos de un gozoso acontecimiento salvífico, que supera el sentimiento espontáneo de la simpatía familiar. Mientras la turbación por la incredulidad parece reflejarse en el mutismo de Zacarías, María irrumpe con la alegría de su fe pronta y disponible: "Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel" (Lc 1,40).
San Lucas refiere que "cuando oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno" (Lc 1,41). El saludo de María suscita en el hijo de Isabel un salto de gozo: la entrada de Jesús en la casa de Isabel, gracias a su Madre, transmite al profeta que nacerá la alegría que el Antiguo Testamento anuncia como signo de la presencia del Mesías.
Ante el saludo de María, también Isabel sintió la alegría mesiánica y "quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno" (Lc 1,41-42).
En virtud de una iluminación superior, comprende la grandeza de María que, más que Yael y Judit, quienes la prefiguraron en el Antiguo Testamento, es bendita entre las mujeres por el fruto de su seno, Jesús, el Mesías.
4. La exclamación de Isabel "con gran voz" manifiesta un verdadero entusiasmo religioso, que la plegaria del Avemaría sigue haciendo resonar en los labios de los creyentes, como cántico de alabanza de la Iglesia por las maravillas que hizo el Poderoso en la Madre de su Hijo.
Isabel, proclamándola "bendita entre las mujeres", indica la razón de la bienaventuranza de María en su fe: "¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!" (Lc 1,45). La grandeza y la alegría de María tienen origen en el hecho de que ella es la que cree.
Ante la excelencia de María, Isabel comprende también qué honor constituye para ella su visita: "¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?" (Lc 1,43). Con la expresión "mi Señor", Isabel reconoce la dignidad real, más aún, mesiánica, del Hijo de María. En efecto, en el Antiguo Testamento esta expresión se usaba para dirigirse al rey (cf. 1 R 1, 13, 20, 21, etc.) y hablar del rey-mesías (Sal 110,1). El ángel había dicho de Jesús: "El Señor Dios le dará el trono de David, su padre" (Lc 1,32). Isabel, "llena de Espíritu Santo", tiene la misma intuición. Más tarde, la glorificación pascual de Cristo revelará en qué sentido hay que entender este título, es decir, en un sentido trascendente (cf. Jn 20,28; Hch 2,34-36).
Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente.
En la Visitación, la Virgen lleva a la madre del Bautista el Cristo, que derrama el Espíritu Santo. Las mismas palabras de Isabel expresan bien este papel de mediadora: "Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno" (Lc 1,44). La intervención de María, junto con el don del Espíritu Santo, produce como un preludio de Pentecostés, confirmando una cooperación que, habiendo empezado con la Encarnación, está destinada a manifestarse en toda la obra de la salvación divina.
Cinco países donde vivir la fe cristiana exige valentía y perseverancia
En diferentes partes del mundo, millones de cristianos enfrentan intensas presiones simplemente por seguir a Jesús. En algunos países, profesar la fe cristiana significa vivir bajo vigilancia constante, riesgo de prisión, violencia o rechazo de la propia familia.
Para comprender esta realidad y apoyar a la Iglesia Perseguida de manera consciente, Puertas Abiertas publica cada año la LMP, que identifica los 50 países donde los cristianos enfrentan los niveles más altos de persecución.
En la edición 2026, cinco países ocupan los primeros lugares de esta clasificación. En ellos se concentran formas extremas de represión, ya sea por gobiernos autoritarios, grupos extremistas violentos o una fuerte presión familiar y social. Conocer estos contextos es un paso esencial para informar, orar y actuar en favor de nuestros hermanos en la fe perseguidos en el mundo.
¿Qué es la Lista Mundial de la Persecución?
La Lista Mundial de la Persecución es una investigación anual elaborada por Puertas Abiertas que analiza la situación de cristianos en más de 50 países. El estudio considera diferentes áreas de la vida, como la libertad de culto, la vida familiar y comunitaria, y la actuación de la iglesia en la sociedad.
A partir de esta investigación, se elabora una clasificación con los 50 países donde cristianos son más perseguidos. Más que una clasificación, la Lista Mundial de la Persecución es una herramienta para visibilizar la realidad de la persecución contra los cristianos y fortalecer la movilización en oración y apoyo.
En la edición 2026, la persecución extrema alcanzó niveles alarmantes, con nuevos países avanzando hacia las categorías más críticas.
¿Por qué algunos países tienen niveles extremos de persecución?
Los países que encabezan el Top 5 de la Lista Mundial de la Persecución presentan contextos en los que el cristianismo es visto como una amenaza. Esto ocurre principalmente en regímenes autoritarios, estados marcados por conflictos armados o sociedades donde la identidad religiosa está profundamente ligada a la cultura dominante.
En estos lugares, seguir a Jesús puede significar ser acusado de traición, sufrir violencia física, perder derechos básicos o vivir en la clandestinidad. Aun así, la Iglesia Perseguida continúa existiendo, muchas veces de manera secreta, sostenida por la fe y la comunión.
¿Cuáles son los países del Top 5 de la Lista Mundial de la Persecución?
Corea del Norte
“Pese a los peligros, la iglesia clandestina en Corea del Norte está viva. No se reúne con músicas ni señales visibles, sino con oraciones susurradas y pasajes de la Biblia memorizados. Los cristianos continúan siguiendo a Cristo con valentía silenciosa, fe profunda y disposición para darlo todo por causa del evangelio.» Relato de un cristiano norcoreano enviado en septiembre de 2025.
Somalia
“Para algunos somalíes, la vida cristiana no es fácil. Todos los días viven con miedo. Todos los días, con incertidumbre. Recibimos informes de ataques físicos que han resultado en muerte. Esto significa que, en los últimos dos años, muchos cristianos han sido asesinados o ejecutados en diferentes lugares por seguir a Jesús.” Zakariya*, Somalia
Yemen
“Que todavía podamos reunirnos es un milagro. No niego que a veces siento miedo. Todavía pienso que puedo salir de casa un día y no regresar, no solo yo, sino también mis hermanos y hermanas.” Zahra*, Yemen
Sudán
“Perdí todos mis bienes. Mi casa fue quemada y todo lo que teníamos dentro se perdió por completo. Incluso la iglesia fue incendiada, y todo lo que había en ella fue destruido.” Líder de iglesia del estado de Gezira, Sudán
Eritrea
“Vivimos con miedo de quién será el próximo en ser arrestado. ¿Será otro hermano en Cristo? ¿Seré yo? Pero debemos seguir caminando con Dios. Continuamos la obra que otros comenzaron antes que nosotros.” Paulos*, cristiano de Eritrea
Somos uno con la Iglesia Perseguida
Los cinco países en la cima de la Lista Mundial de la Persecución 2026 revelan contextos donde seguir a Jesús exige valentía diaria. Aun así, la Iglesia Perseguida continúa dando testimonio de fe, esperanza y perseverancia. Al conocer esta realidad, somos invitados a caminar junto a estos hermanos y hermanas, sosteniéndolos en oración y amor.
Puertas Abiertas existe para servir a esta iglesia y conectar a los cristianos libres con aquellos que enfrentan persecución. Que esta información nos lleve no al miedo, sino a un compromiso renovado con la oración y la generosidad.
Peticiones de oración por el Top 5 de la Lista Mundial de la Persecución
Ora para que cristianos en Corea del Norte, Somalia, Yemen, Sudán y Eritrea sean fortalecidos en la fe. Pide protección para las familias cristianas y para los líderes de la iglesia que viven en la clandestinidad. Intercede para que Dios transforme el corazón de los perseguidores. Ora para que la iglesia en estos países tenga acceso a la Palabra de Dios y a una comunión segura.
PREGUNTAS FRECUENTES SOBRE LA PERSECUCIÓN A LOS CRISTIANOS
¿Estos son los únicos países donde hay persecución?
No. La Lista Mundial de la Persecución analiza 50 países, pero los países del Top 5 presentan los niveles más extremos.
¿La iglesia aún existe en esos lugares?
Sí. Incluso bajo persecución extrema, la Iglesia Perseguida permanece viva, muchas veces de forma secreta.
Para preparar la fiesta de la Santísima Trinidad con esta devoción milenaria
La Santísima Trinidad es el misterio central de nuestra fe. Es la fuente de todas las gracias y el misterio inefable de la vida íntima de Dios. La fiesta, que se celebra el domingo después de Pentecostés, fue establecida para todo Occidente en 1134 por el Papa Juan XII.
El Trisagio Angélico se reza durante tres días, empezando el viernes antes de esta fiesta. Es una oración de adoración y alabanza a la Trinidad Beatísima.
En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo. Amén.
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre…
R. Como era en el principio…
Primera decena
En primer lugar, dicen todos la deprecación Santo Dios… ; después, como de costumbre, alternan la oración dominical el sacerdote (o el que dirige el rezo de las oraciones) y los demás; a continuación, se repiten nueve veces los versos siguientes, diciendo el sacerdote (o el que dirige el rezo de las oraciones) A Ti la alabanza… y respondiendo todos: Santo...; al terminar se añade: Gloria al Padre…
Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal,
ten misericordia de nosotros.
Padre nuestro…
V. A Ti la alabanza, a ti la gloria,
a Ti hemos de dar gracias por los siglos
de los siglos, ¡oh Trinidad beatísima!
R. Santo, Santo, Santo Señor Dios
de los ejércitos. Llenos están los
cielos y la tierra de tu gloria.
V. Gloria al Padre…
R. Como era en el principio…
Las Otras dos decenas se dicen del mismo modo, comenzando por las palabras Santo Dios...
Al terminar la última decena, todos dicen la siuiente antífona.
Antífona
A ti Dios Padre no engendrado,
a ti Hijo unigénito,
a ti Espíritu Santo Paráclito,
santa e indivisa Trinidad,
con todas las fuerzas de nuestro corazón
y de nuestra voz, te reconocemos, alabamos y bendecimos;
gloria a ti por los siglos de los siglos.
V. Bendigamos al Padre, y al Hijo, con el Espíritu Santo.
R. Alabémosle y ensalcémosle por todos los siglos.
Oración
Oh Dios todopoderoso y eterno, que con la luz de la verdadera fe diste a tus siervos conocer la gloria de la Trinidad eterna, y adorar la Unidad en el poder de tu majestad:
haz, te suplicamos, que, por la firmeza de esa misma fe, seamos defendidos siempre de toda adversidad.
EL DOGMA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO
La Santísima Trinidad en los primeros cristianos
¿Evolucionan los dogmas en la Iglesia? Teniendo en cuenta el desarrollo histórico de la Iglesia, podríamos decir que si bien no evolucionan en cuanto a su contenido (la verdad es la misma ayer, hoy y mañana), se desarrollan en cuanto a la conciencia que de ellos va adquiriendo la Iglesia. Así, el tiempo ha permitido que la terminología vaya enriqueciéndose para expresar de forma más precisa, lo que la Iglesia ha creído siempre.
Los padres de la Iglesia primitiva ya utilizaban el término “Trinidad”
Respecto al dogma sobre la unidad de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, ya en los primeros cristianos surge el término “Trinidad”, como una forma de definir el misterio de que hay un solo Dios en Tres Personas distintas que tienen una misma naturaleza o sustancia.
Aunque algunas personas defienden que la doctrina Trinitaria fue “inventada” bajo la influencia del paganismo sobre el cristianismo, nada mejor que estudiar el testimonio de los primeros cristianos anteriores al Concilio de Nicea (año 325) para conocer cuál fue el verdadero desarrollo de la doctrina Trinitaria a lo largo de la historia.
El Testimonio de los primeros cristianos
1. La Didaché
La Didaché es un excelente testimonio del pensamiento de la Iglesia primitiva, y lo mencionamos por incluir un testimonio de cómo la fórmula bautismal Trinitaria era utilizada por la Iglesia Primitiva.
“Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en agua viva.” (Didaché, VII, 1)
2. El Martirio de Policarpo (155 d.C.)
Es una carta de la Iglesia de Esmirna a la comunidad de Filomeno donde se narra el martirio de San Policarpo, discípulo directo del apóstol San Juan y obispo de Esmirna. Es uno de los escritos apostólicos que hace uso de las bellas doxologías Trinitarias que expresan tan claramente el dogma Trinitario.
“A Él [Jesucristo] sea la gloria con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.” (Martirio de Policarpo, XXII, 3)
3. Arístides de Atenas(mitad del siglo II)
Dejó una apología de la fe dirigida al emperador Adriano César. En dicha apología Arístides utiliza la fórmula Trinitaria mencionando a las tres Personas Divinas.
“Este tuvo doce discípulos, los cuales, después de su ascensión a los cielos, salieron a las provincias del Imperio y enseñaron la grandeza de Cristo, al modo que uno de ellos recorrió nuestros mismos lugares predicando la doctrina de la verdad, pues conocen al Dios creador y artífice del universo en su Hijo Unigénito y en el Espíritu Santo, y no adoran a ningún otro Dios fuera de éste.” (Arístides, Apología XV, 2)
4. Atenágoras de Atenas (178 d.C.)
Atenágoras aún sin usar el término Trinidad es bastante explícito al definirla. He aquí su forma de explicar la Trinidad:
“Así, pues, suficientemente queda demostrado que no somos ateos, pues admitimos a un solo Dios increado y eterno e invisible, impasible, incomprensible e inmenso, sólo por la inteligencia a la razón comprensible… ¿Quién, pues, no se sorprenderá de oír llamar ateos a quienes admiten a un Dios Padre y a un Dios Hijo y un Espíritu Santo, que muestran su potencia en la unidad y su distinción en el orden?” (Atenágoras de Atenas, Súplica en favor de los cristianos)
5. San Ireneo de Lyon(140 d.C.- 202 d.C.)
San Ireneo en su célebre tratado “Contra las Herejías” expresa con claridad la fe Trinitaria de la Iglesia en un Solo Dios Padre, un Solo Señor Jesucristo y en el Espíritu Santo. Jesucristo es para los cristianos “Señor y Dios y Salvador y Rey”. Particularmente importante es el testimonio de San Ireneo sobre que dicha doctrina es predicada y creída por todas las Iglesias del orbe, cual si tuvieran una sola boca o un solo corazón, ya que este testimonio es bastante anterior al concilio de Nicea.
“Que el Verbo, o sea el Hijo, ha estado siempre con el Padre, de múltiples maneras lo hemos demostrado. Y que también su Sabiduría, o sea el Espíritu estaba con El antes de la creación.” (Ireneo de Lyon, Contra las herejías IV,20,3)
6. Teófilo de Antioquía (180 d.C.)
Así como Tertuliano sería el primero en utilizar el vocablo latino Trinitas, San Teófilo sería el primero en utilizar la palabra griega Τριας (trinitas) para expresar la unión de las tres Divinas Personas en Dios.
“Los tres días que preceden a la creación de los luminares son símbolo de la Trinidad, de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría.”
“Teniendo, pues, Dios a su Verbo inmanente en sus propias entrañas, le engendró con su propia sabiduría, emitiéndole antes de todas las cosas. A este Verbo tuvo El por ministro de su creación y por su medio hizo todas las cosas….Este se llama principio, pues es Príncipe y Señor de todas las cosas por Él fabricadas.” (Teófilo de Antioquia, Ad Autolycum, II,15)
7. Tertuliano(160 – 220 d.C.)
Fue el primero en aplicar el vocablo latino Trinitas(Trinidad) a las tres divinas Personas. En “De pudicitia” escribe:
“..Para la misma iglesia es, propiamente y principalmente, el Espíritu mismo, en el cual es la Trinidad de Una Divinidad – Padre, Hijo y Espíritu Santo.” (Tertuliano, Sobre la modestia, 21)
En “Adversas Praxean” da una explicación de la doctrina Trinitaria aún más completa. Afirma que el Hijo es “de la substancia del Padre”: Filium non aliunde deduco, sed de substantia Patris, y el Espíritu es “del Padre por el Hijo”: Spiritum non aliunde deduco quam a Patre per Filium.
“Si la pluralidad en la Trinidad te escandaliza, como si no estuviera ligada en la simplicidad de la unión, te pregunto: ¿cómo es posible que un ser que es pura y absolutamente uno y singular, hable en plural: “Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra”?
Tertuliano se sirve del término “persona” para explicar que la Palabra (lógos) es distinto del Padre en “en el sentido de persona, no de substancia, para distinción, no para división” y la cual aplica también al Espíritu Santo a quien llama “la tercera persona”.
8. Orígenes (185 – 254 d.C.)
Orígenes utiliza frecuentemente el término Trinidad y que el Hijo procede el Padre, y dado que Dios es eterno, sigue que este acto de generación es también eterno, por lo que el Hijo no tiene principio y no hubo un tiempo en que Él no existiera.
De este modo, se opone con antelación a la herejía del arrianismo que afirmaría posteriormente lo opuesto: que hubo un tiempo en que el Hijo no existía.
9. Justino Mártir (165 d.C.)
En su primera apología distingue claramente y por orden a las Tres Personas Divinas:
“Y luego demostraremos que con razón honramos también a Jesucristo, que ha sido nuestro maestro en estas cosas y que para ello nació, el mismo que fue crucificado bajo Poncio Pilato, procurador que fue de Judea en tiempo de Tiberio César, que hemos aprendido ser el Hijo del mismoverdadero Dios y a quien tenemos en segundo lugar, así como al Espíritu profético tenemos en el tercero.” (Justino Mártir, Apología I, 13,3)
10. San Cipriano de Cartago (205 – 258 d.C.)
Nació hacia el año 205, probablemente en Cartago. Se dedicó en su juventud a la retórica. En 248, San Cipriano fue elegido obispo de Cartago.
Cipriano de Cartagodeclara la divinidad de Cristo numerosas veces, y afirma que quien niegue que Cristo es Dios no puede ser templo de Dios.
“Después de la resurrección, cuando el Señor envió los apóstoles a las naciones, Él les ordenó bautizar a los gentiles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Cristo mismo ordenó que las naciones sean bautizadas en la completa y unida Trinidad.” (Cipriano de Cartago, Carta 73,18)
11. Dionisio de Roma (Siglo III)
Siendo Papa desde el 259 al 268 combatió el modalismo y el subordinacionismo. En la carta a Dionisio de Alejandría el Papa dice “Es necesario, sin embargo, que la palabra divina [Jesucristo] esté unida con Dios del Universo; y el Espíritu Santo debe respetar y morar en Dios. Por tanto la Trinidad Divina debe ser reunida en Una, una cumbre, como si fuera – quiero decir, el Dios Omnipotente del Universo.”
“Ni entonces podemos dividir en tres cabezas divinas la maravillosa y divina monarquía, ni desacreditar llamando “obra” la dignidad y excelente majestad de nuestro Señor, pero debemos creer en Dios, el Padre Todopoderoso, y en Jesús su Hijo , y en el Espíritu Santo, y sostenemos que a el Dios del universo la Palabra está unida.” (Carta a Dionisio de Roma a Dionisio de Alejandría)
Conclusión
Después de haber estudiado los principales testimonios patrísticos anteriores al Concilio de Nicea (325 d.C.) no es difícil darse cuenta que la doctrina Trinitaria no es ninguna novedad y mucho menos un invento del paganismo. La Iglesia fue fiel en reconocer que hay un solo Dios, siendo el Padre Dios, el Hijo Dios, y el Espíritu Santo Dios, y esta verdad era comprendida y enseñada con mayor o menor claridad en la Iglesia de los primeros cristianos.
Es claro también que la mayoría de ellos rechazaban abiertamente tanto el arrianismo (que afirmaba que Jesucristo era un dios menor creado subordinado al Padre y que alguna vez no existió) y el modalismo (que afirmaba que había una sola Persona Divina en Dios, siendo el Hijo el Padre y viceversa, pero manifestados de manera diferentes).
Ciertamente algunos padres no comprendieron en su totalidad el misterio Trinitario, cosa totalmente comprensible en una materia de tanta complejidad. Han sido precisamente conflictos tan graves como el arrianismo y otras herejías, las que han dado oportunidad a la Iglesia para profundizar en estas verdades de fe.
El Ángelus es una pequeña práctica de devoción en honor de la Encarnación repetida tres veces cada día.
El Ángelus es una pequeña práctica de devoción en honor de la Encarnación repetida tres veces cada día: mañana , mediodía y al caer la tarde, al toque de Campana. Consiste esencialmente en la triple repetición del Ave María, a las cuales en subsiguientes tiempos, le fueron agregados, de forma intercalada, tres versos más, y uno de conclusión, y una pequeña oración. La oración es la que pertenece a la antífona de Nuestra. Señora “Alma Redemptoris”, y su recitación no es de estricta obligación para ganar indulgencia.
La devoción deriva su nombre de la primera palabra del primer verso: “El Angel del Señor anunció a María...” (. Angelus Domini nuntiavit Mariæ…). La indulgencia de 100 días por cada recitación -con indulgencia plenaria una vez al mes- fue concedida por Benedicto XIII, el 14 de septiembre de 1724, pero las condiciones prescritas habían sido levemente modificadas por León XIII, el 3 de abril de 1884.
Originalmente era necesario que el Ángelus se dijese de rodillas (excepto en domingos y tarde de los sábados, cuando las rúbricas prescribían postura de pie) , y que se recitara al toque de campanas; pero una más reciente legislación permite dispensar de éstas regulaciones por motivos justificados, con tal que la Oración sea dicha en las horas apropiadas – mañana, al mediodía y por la tarde.
En éste caso, el Ángelus debe ser dicho como oficialmente ha sido impreso; pero aquellos que no conocen la oración de corazón, o no saben leer, pueden decir cinco avemarías en su lugar. Durante el tiempo pascual, la antífona “Salve Reina del cielo...” con sus versos y oración, sustituye al Ángelus. Las indulgencias del Ángelus son algunas de las que no se suspenden durante el año del Jubileo.
HISTORIA
La historia del Ángelus no es fácil de rastrear con seguridad, así como distinguir lo que tiene certeza de lo que es meramente conjetural.
En primer lugar, es cierto que el Ángelus en la mañana y al mediodía son de más tardía introducción que el de la tarde.
Segundo, es cierto que el Ángelus del mediodía, el más reciente de los tres, no fue meramente una imitación o desarrollo de aquellos de la tarde o la mañana.
Tercero no cabe duda de que la práctica de decir tres avemarías cerca de la caída del sol, se había generalizado a través de toda Europa durante la primera mitad del s. XIV, y que fue recomendada e indulgenciada por el papa Juan XXII en 1318 y 1327.
Estos hechos son admitidos por todos los investigadores en la materia; pero cuando profundizamos nuestra investigación, fuimos confrontados por ciertas dificultades. No parece necesario exponerlas; nos contentamos con establecer la semejanza con las conclusiones a las cuales T. Esser O.P. y el presente escritor han llegado, en dos series de artículos publicados de forma independiente el uno del otro.
EL ÁNGELUS DE LA TARDE
Aunque de acuerdo con el punto de vista del Padre Esser, de que no tenemos ejemplos de tres Avemarías recitados al toque de campanas antes del decreto del Sínodo Provincial de Gran en 1307, existen muy buenos hechos que sugieren que dicha práctica era común durante el s. XIII.
Así, hay una vaga y no muy bien confirmada tradición que adscribe al para Gregorio IX, en 1239, ordenando que una campana fuera añadida a la salutación y oraciones a Nuestra Señora. Y aún, hay una concesión del Obispo Félix de Brixen, a la Iglesia de Freins en el Tirol, también de 1239, que concede una indulgencia al recitar “Tres Avemarías al toque de campana de la Tarde”.
Ciertamente, lo anterior tiene sospecha de Interpolación, pero dicha objeción no puede ser aplicada a un decreto del Capítulo general Franciscano en tiempos e San Buenaventura (1239 o 1269), orando para que el pueblo se animase a decir Avemarías al toque de campana de completas. Más aún, éstas indicaciones están fuertemente confirmadas por inscripciones que aún se pueden leer en unas pocas campanas del s. XIII.
No tenemos testimonios más antiguos que éstos; pero, por otra parte, leemos en “Regularis Concordia”, una regla monástica redactada por Aethelwold de Winchester, ca. 975, que ciertos rezos, llamados las Tres Oraciones, precedidas por Salmos, eran dichos después del toque de completas, tanto como antes de Maitines y nuevamente antes de Prima; y aunque no hace mención de campanadas tras completas, hay una mención expresa de toques de campana para tres oraciones a diferentes horas.
Esta práctica , parece, es confirmada por ejemplos alemanes (Mart ne, De Antiq. Eccles. Ritibus, IV, 39), y según pasaba el tiempo, fue más y más definitivamente asociado a tres tañidos de campana separados, más especialmente en Bec, San Denis y en las costumbres del Canon regular de San Agustín, (e.g. en el Priorato de Barnwell y otros lugares).
No tenemos en éstos ejemplos antiguos, menciones del Ave María, que en Inglaterra llegó a ser familiar como antífona del Oficio Parvo de Ntra. Señora, cerca del principio del s.XI (The Month. Noviembre, 1901), pero sería la cosa más natural del mundo, que una vez el Ave María llegó a ser una oración diaria, tomó para los laicos el lugar de las tres oraciones más elaboradas recitadas por los monjes; como en el caso del Rosario, en que ciento cincuenta salmos del Salterio fueron sustituidos por ciento cincuenta Ave Marías.
Más aún, en el decreto franciscano del tiempo de San Buenaventura referido anteriormente, es precisamente donde encontramos que los laicos en general fueron animados a rezar Ave Marías al toque de campana en completas durante, o más probablemente después, del oficio de los frailes. Una especial justificación para éstos saludos a Nuestra Señora, fue la creencia en que justo a ésta hora, era saludada por el Ángel.
Nuevamente, es de notar que algunos costumbrarios monásticos, hablando de las tres oraciones, expresamente prescriben observancia de rúbricas sobre arrodillarse o ponerse de pie de acuerdo con la estación, según la recitación del ángelus de ése día.
De ello, podemos concluir que el Ángelus se trata de una imitación de las oraciones nocturnas de los monjes, y que nada tuvo que ver con las campanadas del toque de queda, como señal de la extinción de luces y fuego. Sin embargo, éste toque aparece primeramente en Normandía en 1061 y se le describe como una campana que sugiere al pueblo a decir sus oraciones y a cesar sus actividades.
En cualquier caso, parece que éste toque de queda se originó en previas campanadas de oraciones, y no viceversa. Si éste toque de queda y las campanadas del Ángelus coincidieron más tarde, fue puramente accidental.
EL ÁNGELUS MATUTINO
La última sugerencia sobre las tres oraciones también ofrece alguna explicación del hecho de que poco tiempo después de que el rezo de las tres Ave Marías vespertinas se hizo familiar, se estableció la costumbre de tocar la campana en la mañana y proceder al rezo de las oraciones.
La más antigua referencia se halla en las crónicas de la ciudad de tejas de Parma, en 1318, siendo la campana municipal la que tañía en éste caso. El obispo exhortaba a quienes escuchaban éste tañido, a decir tres Padrenuestros y tres Ave marías por la conservación de la paz, por lo que fue llamada la “campana de la paz” La misma designación fue aplicada a las campanadas de la tarde en todo sitio.
A pesar de algunas dificultades, parece suficientemente probable que ésta campana matutina era una imitación también del triple llamado monástico a las oraciones del mismo momento del día; por ello, como se notó antes, se tocaba al oficio matutino de Prima tanto como en Completas.
El Ave María matutino pronto se volvió familiar en las naciones de Europa, sin exceptuar Inglaterra, y fue casi tan observado como el Ángelus vespertino. Pero, mientras en Inglaterra, el Ave María verspertino fue hecho obligatorio por el obispo John Stratford de Winchester tan temprano como 1324, ningún conocimiento formal se tiene antes de la instrucción del Arzobispo Arundel en 1399.
EL ÁNGELUS DEL MEDIODIA
Ello sugiere un mucho más complicado problema que no puede ser adecuadamente discutido acá. El hecho claro que parece resultar distinto de los estatutos de varios sínodos alemanes en los siglos XIV y XV, tanto como de devocionarios de más tarde, es que el toque de campana del medio día, a menudo calificado como de la Paz y formalmente recomendado por Luis IX de Francia en 1475 por tal razón, fue estrechamente asociado con la veneración de la Pasión de Cristo.
Primero pareció que éste tañido –como en Praga en 1386 o en Mainz en 1423 -, solamente se llevaba a cabo en viernes, pero la costumbre gradualmente se extendió a los otros días de la semana. En el English Horæ y en el German Hortulus Animæ de inicios del siglo XVI, prefieren proveer largas oraciones conmemorando la Pasión para ser rezadas al toque del medio día, en adición a las ordinarias Ave Marías.
Más tarde (ca. En 1575), en diversos libro de devoción (como el Thesaurus de Coster), donde ya aparecen los versos del Ángelus tal como los conocemos ahora –aunque sin la oración final-, una forma alternativa conmemorando la muerte del Señor en la cruz es sugerida para la campanada del mediodía. Estas instrucciones, que pueden ser halladas traducidas en un manuscrito inglés de 1576 (MSS. Hurlelan 2327) sugieren que la Resurrección debía ser honrada en la mañana, la Pasión al mediodía y la Encarnación en la tarde, pues son los momentos del día en que dichos grandes Misterios ocurrieron.
En algunos libros de oración de ésta época, se sugiere para cada una de las tres oraciones del día, diferentes devociones -como el Regian Coeli para la mañana (Esser 784)- oraciones de Pasión para el mediodía y los actuales versos para la caída del sol. A alguna de ésas prácticas indudablemente se debe el cambio del Regina Coeli por el Ángelus durante el tiempo pascual.
Esta sustitución fue recomendada por Angelo Rocca y Quarti a principios del siglo XVII. Nuestro presentes tres versos parecen haber hecho primeramente su aparición en un catecismo italiano impreso en Venecia en 1560 (Esser 789 ); pero la forma completa, universalmente adoptada no puede ser rastreada antes de 1612.
Nótese que en algún momento antes de esto, la práctica en Italia de rezar “De profundis” por las benditas Animas inmediatamente tras el Ángelus vespertino, empezaba a manifestarse. Otra costumbre, también de origen italiano, es aquella de añadir tres Glorias al Ángelus, en acción de gracias a la Bendita Trinidad por los privilegios concedidos a Nuestra Señora.
¿Cuando nace y cómo evoluciona la fiesta de Pentecostés?
Dos oraciones conservadas en el Sacramentario leoniano sintetizan el sentido completo de la fiesta de Pentecostés:
«El sacramento pascual está contenido en el misterio de los 50 días» que siguen a la solemnidad de la Pascua; «el misterio pascual llega a su perfección por la plenitud del misterio de este día», de Pentecostés (ed. L. K. Mohlberg, Sacramentarium Veronense).
Sobre esas bases nacerá y se organizará la fiesta cristiana de Pentecostés, que conmemora el acontecimiento de la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos de Jesucristo; según los Hechos de los Apóstoles (2,1 ss.), la venida del Espíritu Santo coincidió con la festividad hebrea de Pentecostés (2,1 ss.) unos 50 días después de la Pascua.
Hasta el siglo III, toda mención de Pentecostésen los textos y documentos cristianos designa ese periodo de 50 días que, como un domingo continuo de siete semanas, prolonga la solemnidad de la Pascua; es el «espacio de la alegría», según la terminología empleada por los Padres de la Iglesia.
La festividad de la Pascua comprende el misterio completo de la muerte y resurrección del Señor, siendo Pentecostés un aspecto del mismo, no desglosado en una «memoria» especial.
Con la Ascensión del Señor, Pentecostés es el coronamiento inseparable de la gran «manifestación» abierta por la Resurrección de Jesucristo, el complemento de la revelación de la nueva Alianza entre Dios y los hombres.
Los diferentes ritos, orientales y occidentales, se han mantenido fieles, en parte por lo menos, a la tradición de leer en el transcurso de la cincuentena pascual el libro de los Hechos de los Apóstoles con el testimonio de Pentecostés, y el Evangelio de S. Juan con una selección de los pasajes relativos a la promesa y comunicación del Espíritu Santo.
Con el tiempo, ya en el siglo IV, encontramos testimonios más explícitos acerca de la fiesta estrictamente dicha de Pentecostés, es decir de la festividad conclusiva de la cincuentena.
Hacia el a. 379, San Gregorio Nacianceno explicaba a sus fieles:
«Las semanas de los días engendran Pentecostés... Siete multiplicado por siete da cincuenta; hay un número de más, pero nosotros lo tomamos del siglo venidero, el cual es el octavo día y el primero, o mejor, el único y eterno día... Nosotros celebramos Pentecostés, el descenso del Espíritu, el advenimiento de la promesa, la santificación de la esperanza» (PG 36,432 y 436).
En la obra romana conocida con el nombre de Ambrosiaster o Ambrosiastro, escrita ca. 366-384, leemos:
«He aquí el significado de Pentecostés, que corresponde al cincuenteno día después de la Pascua: de la misma manera que después de una semana el primer día es el domingo, en el cual se cumplió el misterio de la Pascua para la redención y la salvación del género humano... así también después de siete semanas llega el primer día, que es el de Pentecostés; sólo puede caer en domingo, para que se conozca que lo referente a la salvación de la humanidad se ha empezado y realizado en domingo...
De la misma manera que el cordero es la figura de la pasión del Señor en el sacramento de la Pascua, así también el don de la Ley es el de la predicación evangélica. Pues fue el mismo día, el día de Pentecostés, que la Ley fue dada y que el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos... a fin de que sepan predicar la ley evangélica» (ed. A. Souter en CSEL 50, Viena 1908, 167-168).
En la celebración de la fiesta de Pentecostés, que reflejan esos textos, se hallan mezclados diversos elementos: valor preeminente del domingo, sentido alegórico de la cincuentena pascual, cumplimiento de las figuras del Antiguo Testamento, alcance de la festividad conclusiva.
Y se subrayan las relaciones del Pentecostés del Antiguo Testamento con el Pentecostés del Nuevo Testamento: de un modo paralelo a lo que el sacrificio del cordero pascual significaba respecto a la Alianza del Sinaí (conmemorada también el día de Pentecostés del Antiguo Testamento), el sacrificio de Cristo (muerte y resurrección) o Pascua cristiana se refiere a Pentecostés, a la proclamación de la nueva Alianza.
De la misma época, y aún de una época posterior, sabemos que algunas comunidades cristianas celebraban la festividad de la Ascensión del Señor el cincuenteno día del tiempo pascual; parece, pues, que coexistieron dos tradiciones con diferencias de fechas por algunos años.
Las divergencias pueden provenir de una doble interpretación de las narraciones bíblicas sobre los acontecimientos de la Ascensión y de Pentecostés, o de diferentes matices sobre los puntos culminantes de la manifestación del misterio pascual.
A principios del siglo V, en la iglesia de Jerusalén, se celebra todavía una memoria de la Ascensión el día de Pentecostés, pero a mediados del mismo siglo, según un Leccionario armeno, la temática de Pentecostés es ya la única que prevalece (R. Cabie, o. c. en la bibl. 169-170).
En Oriente la fiesta de Pentecostés irá evolucionando hasta convertirse en una solemnidad, marcada por la acción de gracias a la Sma. Trinidad, de la que proceden los beneficios recibidos de la redención; la obra concreta del Espíritu Santo será más expresamente celebrada el lunes de Pentecostés.
Por lo que se refiere a Roma y a las iglesias occidentales en general, durante el siglo V la fiesta propia de Pentecostés está ya bien documentada y constituida.
Pentecostés continúa siendo la clausura de la cincuentena, con relaciones a ese periodo, pero toma el carácter de una segunda Pascua, con privilegios semejantes: la fiesta comportará una Vigilia litúrgica semejante a la de Pascua, en la cual se administrarán los Sacramentos de la iniciación cristiana.
Con las reformas litúrgicas, de la Semana Santa del año 1955 y las posteriores al Vaticano II, se suprimió la Vigilia de Pentecostés paralela a la de Pascua; si bien en 1955 se conservó la Misa correspondiente a esa Vigilia, toda ella alusiva al Bautismo, como don del Espíritu Santo; en el nuevo Misal publicado en 1970 se conserva un formulario propio para la Misa vespertina de la vigilia, que evoca varios aspectos del Bautismo, aunque no en primer plano.
Durante muchos siglos la fiesta de Pentecostés ha tenido también una octava similar a la de Pascua, con un carácter bautismal muy marcado, y que fue mantenida en la reforma de 1955; sin embargo, aparece suprimida en los libros litúrgicos posteriores a 1970, así como las Témporas que coincidían con ella, quedando reducido el ciclo pascual a la cincuentena estricta.
El Decenario es una bonita y antigua costumbre con la que la Iglesia anima a sus fieles a preparar del mejor modo posible la venida delEspíritu Santo en Pentecostés.
Comienza 10 días antes de dicha fiesta, es decir, el día de la Ascensión de Jesús a los cielos. En ese día Jesucristo prometió a sus discípulos que les enviaría al Paráclito. Los discípulos permanecieron en Jerusalén en continua oración junto a María.
Son, por tanto, estos días una ocasión propicia para recordar aquella primera oración conjunta y prepararnos para celebrar la venida del Espíritu Santo.
Decenario al Espíritu Santo
“La víspera de empezar este Decenario, que es la víspera de la Ascensión gloriosa de nuestro Divino Redentor, nos debemos preparar, con resoluciones firmes, para emprender la vida interior, y emprendida esta vida, no abandonarla jamás.” (Francisca Javiera del Valle)
PRIMER DIA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este día
Pentecostés, el día en que el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos del Señor
Los Hechos de los Apóstoles, al narrarnos los acontecimientos de aquel día de Pentecostés en el que el Espíritu Santo descendió en forma de lenguas de fuego sobre los discípulos de Nuestro Señor, nos hacen asistir a la gran manifestación del poder de Dios, con el que la Iglesia inició su camino entre las naciones.
La victoria que Cristo —con su obediencia, con su inmolación en la Cruz y con su Resurrección— había obtenido sobre la muerte y sobre el pecado, se reveló entonces en toda su divina claridad. Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva.
Habían seguido a Cristo y acogido con fe sus enseñanzas, pero no acertaban siempre a penetrar del todo su sentido: era necesario que llegara el Espíritu de verdad, que les hiciera comprender todas las cosas.
Sabían que sólo en Jesús podían encontrar palabras de vida eterna, y estaban dispuestos a seguirle y a dar la vida por Él, pero eran débiles y, cuando llegó la hora de la prueba, huyeron, lo dejaron solo. El día de Pentecostés todo eso ha pasado: el Espíritu Santo, que es espíritu de fortaleza, los ha hecho firmes, seguros, audaces. La palabra de los Apóstoles resuena recia y vibrante por las calles y plazas de Jerusalén.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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SEGUNDO DIA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este día
Vigencia y actualidad de la Pentecostés
La fuerza y el poder de Dios iluminan la faz de la tierra. El Espíritu Santo continúa asistiendo a la Iglesia de Cristo, para que sea —siempre y en todo— signo levantado ante las naciones, que anuncia a la humanidad la benevolencia y el amor de Dios. Por grandes que sean nuestras limitaciones, los hombres podemos mirar con confianza a los cielos y sentirnos llenos de alegría: Dios nos ama y nos libra de nuestros pecados.
La presencia y la acción del Espíritu Santo en la Iglesia son la prenda y la anticipación de la felicidad eterna, de esa alegría y de esa paz que Dios nos depara. También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado el Espíritu Santo.
El Señor, nos dice la Escritura Santa, nos ha salvado haciéndonos renacer por el bautismo, renovándonos por el Espíritu Santo, que Él derramó copiosamente sobre nosotros por Jesucristo Salvador nuestro, para que, justificados por la gracia, vengamos a ser herederos de la vida eterna conforme a la esperanza que tenemos.
La experiencia de nuestra debilidad y de nuestros fallos, la desedificación que puede producir el espectáculo doloroso de la pequeñez o incluso de la mezquindad de algunos que se llaman cristianos, el aparente fracaso o la desorientación de algunas empresas apostólicas, todo eso —el comprobar la realidad del pecado y de las limitaciones humanas— puede sin embargo constituir una prueba para nuestra fe, y hacer que se insinúen la tentación y la duda: ¿dónde están la fuerza y el poder de Dios?
Es el momento de reaccionar, de practicar de manera más pura y más recia nuestra esperanza y, por tanto, de procurar que sea más firme nuestra fidelidad.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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TERCER DIA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este día
La Iglesia, vivificada por el Espíritu Santo, es el Cuerpo Místico de Cristo
Permitidme narrar un suceso de mi vida personal, ocurrido hace ya muchos años. Un día un amigo de buen corazón, pero que no tenía fe, me dijo, mientras señalaba un mapamundi: mire, de norte a sur, y de este o oeste. ¿Qué quieres que mire?, le pregunté. Su respuesta fue: el fracaso de Cristo.
Tantos siglos, procurando meter en la vida de los hombres su doctrina, y vea los resultados. Me llené, en un primer momento de tristeza: es un gran dolor, en efecto, considerar que son muchos los que aún no conocen al Señor y que, entre los que le conocen, son muchos también los que viven como si no lo conocieran.
Pero esa sensación duró sólo un instante, para dejar paso al amor y al agradecimiento, porque Jesús ha querido hacer a cada hombre cooperador libre de su obra redentora. No ha fracasado: su doctrina y su vida están fecundando continuamente el mundo. La redención, por Él realizada, es suficiente y sobreabundante.
Dios no quiere esclavos, sino hijos, y respeta nuestra libertad. La salvación continúa y nosotros participamos en ella: es voluntad de Cristo que —según las palabras fuertes de San Pablo— cumplamos en nuestra carne, en nuestra vida, aquello que falta a su pasión, pro Corpore eius, quod est Ecclesia, en beneficio de su cuerpo, que es la Iglesia.
Vale la pena jugarse la vida, entregarse por entero, para corresponder al amor y a la confianza que Dios deposita en nosotros. Vale la pena, ante todo, que nos decidamos a tomar en serio nuestra fe cristiana. Al recitar el Credo, profesamos creer en Dios Padre todopoderoso, en su Hijo Jesucristo que murió y fue resucitado, en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida.
Confesamos que la Iglesia, una santa, católica y apostólica, es el cuerpo de Cristo, animado por el Espíritu Santo. Nos alegramos ante la remisión de los pecados, y ante la esperanza de la resurrección futura. Pero, esas verdades ¿penetran hasta lo hondo del corazón o se quedan quizá en los labios?
El mensaje divino de victoria, de alegría y de paz de la Pentecostés debe ser el fundamento inquebrantable en el modo de pensar, de reaccionar y de vivir de todo cristiano.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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CUARTO DÍA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este día
Nuestra fe en el Espíritu Santo debe ser absoluta
Non est abbreviata manus Domini, no se ha hecho más corta la mano de Dios: no es menos poderoso Dios hoy que en otras épocas, ni menos verdadero su amor por los hombres. Nuestra fe nos enseña que la creación entera, el movimiento de la tierra y el de los astros, las acciones rectas de las criaturas y cuanto hay de positivo en el sucederse de la historia, todo, en una palabra, ha venido de Dios y a Dios se ordena.
La acción del Espíritu Santo puede pasarnos inadvertida, porque Dios no nos da a conocer sus planes y porque el pecado del hombre enturbia y obscurece los dones divinos. Pero la fe nos recuerda que el Señor obra constantemente: es Él quien nos ha creado y nos mantiene en el ser; quien, con su gracia, conduce la creación entera hacia la libertad de la gloria de los hijos de Dios.
Por eso, la tradición cristiana ha resumido la actitud que debemos adoptar ante el Espíritu Santo en un solo concepto: docilidad. Ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos: a los carismas que distribuye, a los movimientos e instituciones que suscita, a los afectos y decisiones que hace nacer en nuestro corazón.
El Espíritu Santo realiza en el mundo las obras de Dios: es —como dice el himno litúrgico— dador de las gracias, luz de los corazones, huésped del alma, descanso en el trabajo, consuelo en el llanto.
Sin su ayuda nada hay en el hombre que sea inocente y valioso, pues es Él quien lava lo manchado, quien cura lo enfermo, quien enciende lo que está frío, quien endereza lo extraviado, quien conduce a los hombres hacia el puerto de la salvación y del gozo eterno. Pero esta fe nuestra en el Espíritu Santo ha de ser plena y completa: no es una creencia vaga en su presencia en el mundo, es una aceptación agradecida de los signos y realidades a los que, de una manera especial, ha querido vincular su fuerza.
Cuando venga el Espíritu de verdad —anunció Jesús—, me glorificará porque recibirá de lo mío, y os lo anunciará. El Espíritu Santo es el Espíritu enviado por Cristo, para obrar en nosotros la santificación que Él nos mereció en la tierra.
No puede haber por eso fe en el Espíritu Santo, si no hay fe en Cristo, en la doctrina de Cristo, en los sacramentos de Cristo, en la Iglesia de Cristo. No es coherente con la fe cristiana, no cree verdaderamente en el Espíritu Santo quien no ama a la Iglesia, quien no tiene confianza en ella, quien se complace sólo en señalar las deficiencias y las limitaciones de los que la representan, quien la juzga desde fuera y es incapaz de sentirse hijo suyo.
Me viene a la mente considerar hasta qué punto será extraordinariamente importante y abundantísima la acción del Divino Paráclito, mientras el sacerdote renueva el sacrificio del Calvario, al celebrar la Santa Misa en nuestros altares.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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QUINTO DIA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este día
El Espíritu Santo está en medio de nosotros
Los cristianos llevamos los grandes tesoros de la gracia en vasos de barro; Dios ha confiado sus dones a la frágil y débil libertad humana y, aunque la fuerza del Señor ciertamente nos asiste, nuestra concupiscencia, nuestra comodidad y nuestro orgullo la rechazan a veces y nos llevan a caer en pecado. En muchas ocasiones, desde hace más de un cuarto de siglo, al recitar el Credo y afirmar mi fe en la divinidad de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, añado a pesar de los pesares. Cuando he comentado esa costumbre mía y alguno me pregunta a qué quiero referirme, respondo: a tus pecados y a los míos.
Todo eso es cierto, pero no autoriza en modo alguno a juzgar a la Iglesia de manera humana, sin fe teologal, fijándose únicamente en la mayor o menor cualidad de determinados eclesiásticos o de ciertos cristianos. Proceder así, es quedarse en la superficie. Lo más importante en la Iglesia no es ver cómo respondemos los hombres, sino ver lo que hace Dios. La Iglesia es eso: Cristo presente entre nosotros; Dios que viene hacia la humanidad para salvarla, llamándonos con su revelación, santificándonos con su gracia, sosteniéndonos con su ayuda constante, en los pequeños y en los grandes combates de la vida diaria.
Podemos llegar a desconfiar de los hombres, y cada uno está obligado a desconfiar personalmente de sí mismo y a coronar sus jornadas con un mea culpa, con un acto de contrición hondo y sincero. Pero no tenemos derecho a dudar de Dios. Y dudar de la Iglesia, de su origen divino, de la eficacia salvadora de su predicación y de sus sacramentos, es dudar de Dios mismo, es no creer plenamente en la realidad de la venida del Espíritu Santo. Antes de que Cristo fuera crucificado —escribe San Juan Crisóstomo— no había ninguna reconciliación. Y, mientras no hubo reconciliación, no fue enviado el Espíritu Santo… La ausencia del Espíritu Santo era signo de la ira divina. Ahora que lo ves enviado en plenitud, no dudes de la reconciliación. Pero si preguntaron: ¿dónde está ahora el Espíritu Santo? Se podía hablar de su presencia cuando ocurrían milagros, cuando eran resucitados los muertos y curados los leprosos. ¿Cómo saber ahora que está de veras presente? No os preocupéis. Os demostraré que el Espíritu Santo está también ahora entre nosotros…
Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos decir: Señor, Jesús, pues nadie puede invocar a Jesús como Señor, si no es en el Espíritu Santo (1 Corintios XII, 3). Si no existiera el Espíritu Santo, no podríamos orar con confianza. Al rezar, en efecto, decimos: Padre nuestro que estás en los cielos (Mateo VI, 9). Si no existiera el Espíritu Santo no podríamos llamar Padre a Dios. ¿Cómo sabemos eso? Porque el apóstol nos enseña: Y, por ser hijos, envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Abba, Padre (Gálatas IV, 6).
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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SEXTO DIA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este 6º día
Dar a conocer el camino de la correspondencia a
la acción del Espíritu Santo
Veo todas las incidencias de la vida —las de cada existencia individual y, de alguna manera, las de las grandes encrucijadas de las historia— como otras tantas llamadas que Dios dirige a los hombres, para que se enfrenten con la verdad; y como ocasiones, que se nos ofrecen a los cristianos, para anunciar con nuestras obras ycon nuestras palabras ayudados por la gracia, el Espíritu al que pertenecemos.
Cada generación de cristianos ha de redimir, ha de santificar su propio tiempo: para eso, necesita comprender y compartir las ansias de los otros hombres, sus iguales, a fin de darles a conocer, con don de lenguas cómo deben corresponder a la acción del Espíritu Santo, a la efusión permanente de las riquezas del Corazón divino. A nosotros, los cristianos, nos corresponde anunciar en estos días, a ese mundo del que somos y en el que vivimos, el mensaje antiguo y nuevo del Evangelio.
No es verdad que toda la gente de hoy —así, en general y en bloque— esté cerrada, o permanezca indiferente, a lo que la fe cristiana enseña sobre el destino y el ser del hombre; no es cierto que los hombres de estos tiempos se ocupen sólo de las cosas de la tierra, y se desinteresen de mirar al cielo. Aunque no faltan ideologías —y personas que las sustentan— que están cerradas, hay en nuestra época anhelos grandes y actitudes rastreras, heroísmos y cobardías, ilusiones y desengaños; criaturas que sueñan con un mundo nuevo más justo y más humano, y otras que, quizá decepcionadas ante el fracaso de sus primitivos ideales, se refugian en el egoísmo de buscar sólo la propia tranquilidad, o en permanecer inmersas en el error.
A todos esos hombres y a todas esas mujeres, estén donde estén, en sus momentos de exaltación o en sus crisis y derrotas, les hemos de hacer llegar el anuncio solemne y tajante de San Pedro, durante los días que siguieron a la Pentecostés: Jesús es la piedra angular, el Redentor, el todo de nuestra vida, porque fuera de Él no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual podamos ser salvos.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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SÉPTIMO DIA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este día 7º
El don de la sabiduría nos permite conocer a Dios
y gozarnos en su presencia
Entre los dones del Espíritu Santo, diría que hay uno del que tenemos especial necesidad todos los cristianos: el don de sabiduría que, al hacernos conocer a Dios y gustar de Dios, nos coloca en condiciones de poder juzgar con verdad sobre las situaciones y las cosas de esta vida. Si fuéramos consecuentes con nuestra fe, al mirar a nuestro alrededor y contemplar el espectáculo de la historia y del mundo, no podríamos menos de sentir que se elevan en nuestro corazón los mismos sentimientos que animaron el de Jesucristo: al ver aquellas muchedumbres se compadecía de ellas, porque estaban malparadas y abatidas, como ovejas sin pastor.
No es que el cristiano no advierta todo lo bueno que hay en la humanidad, que no aprecie las limpias alegrías, que no participe en los afanes e ideales terrenos. Por el contrario, siente todoeso desde lo más recóndito de su alma, y lo comparte y lo vive con especial hondura, ya que conoce mejor que hombre alguno las profundidades del espíritu humano. La fe cristiana no achica el ánimo, ni cercena los impulsos nobles del alma, puesto que los agranda, al revelar su verdadero y más auténtico sentido: no estamos destinados a una felicidad cualquiera, porque hemos sido llamados a penetrar en la intimidad divina, a conocer y amar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo y, en la Trinidad y en la Unidad de Dios, a todos los ángeles y a todos los hombres.
Esa es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar la dignidad de hijos de Dios. Osadía ciertamente increíble, si no estuviera basada en el decreto salvador de Dios Padre, y no hubiera sido confirmada por la sangre de Cristo y reafirmada y hecha posible por la acción constante del Espíritu Santo. Hemos de vivir de fe, de crecer en la fe, hasta que se pueda decir de cada uno de nosotros, de cada cristiano, lo que escribía hace siglos uno de los grandes Doctores de la Iglesia oriental: de la misma manera que los cuerpos transparentes, nítidos, al recibir los rayos de luz, se vuelven resplandecientes e irradian brillo, las almas que son llevadas e ilustradas por el Espíritu Santo se vuelven también ellas espirituales y llevan a las demás la luz de la gracia.
Del Espíritu Santo proviene el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión
de las verdades ocultas, la distribución de los dones, la ciudadanía celeste, la conversación con los ángeles. De Él, la alegría que nunca termina, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y, lo más sublime que puede ser pensado, el hacerse Dios. La conciencia de la magnitud de la dignidad humana —de modo eminente, inefable, al ser constituidos por la gracia en hijos de Dios— junto con la humildad, forma en el cristiano una sola cosa, ya que no son nuestras fuerzas las que nos salvan y nos dan la vida, sino el favor divino.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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OCTAVO DÍA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este 8º día
Vivir según el Espíritu Santo
Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida. Una vida cristiana madura, honda y recia, es algo que no se improvisa, porque es el fruto del crecimiento en nosotros de la gracia de Dios. En los Hechos de los Apóstoles, se describe la situación de la primitiva comunidad cristiana con una frase breve, pero llena de sentido: perseveraban todos en las instrucciones de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan y en la oración.
Fue así como vivieron aquellos primeros, y como debemos vivir nosotros: la meditación de la doctrina de la fe hasta hacerla propia, el encuentro con Cristo en la Eucaristía, el diálogo personal —la oración sin anonimato— cara a cara con Dios, han de constituir como la substancia última de nuestra conducta. Si eso falta, habrá tal vez reflexión erudita, actividad más o menos intensa, devociones y prácticas. Pero no habrá auténtica existencia cristiana, porque faltará la compenetración con Cristo, la participación real y vivida en la obra divina de la salvación.
Es doctrina que se aplica a cualquier cristiano, porque todos estamos igualmente llamados a la santidad. No
hay cristianos de segunda categoría, obligados a poner en práctica sólo una versión rebajada del Evangelio:
todos hemos recibido el mismo Bautismo y, si bien existe una amplia diversidad de carismas y de situaciones humanas, uno mismo es el Espíritu que distribuye los dones divinos, una misma la fe, una misma la esperanza, una la caridad. Podemos, por tanto, tomar como dirigida a nosotros la pregunta que formula el Apóstol: ¿no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo mora en vosotros?, y recibirla como una invitación a un trato más personal y directo con Dios. Por desgracia el Paráclito es, para algunos cristianos, el Gran Desconocido.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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NOVENO DIA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este 9º día
Docilidad, oración y unión con la Cruz
Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo —y, con Él, al Padre y al Hijo— y a tener familiaridad con el Paráclito, podemos fijarnos en tres realidades fundamentales: docilidad —repito, vida de oración, unión con la Cruz.
Docilidad, en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. Él es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomarconciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera. Si somos dóciles al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá formando cada vez más en nosotros e iremos así acercándonos cada día más a Dios Padre. Los que son llevados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
Vida de oración, en segundo lugar, porque la entrega, la obediencia, la mansedumbre del cristiano nacen del amor y al amor se encaminan. Y el amor lleva al trato, a la conversación, a la amistad. La vida cristiana
requiereun diálogo constante con Dios Uno y Trino, y es a esa intimidad a donde nos conduce el Espíritu Santo. ¿Quién sabe las cosas del hombre, sino solamente el espíritu del hombre, que está dentro de él? Así las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el Espíritu de Dios. Si tenemos relación asidua con el Espíritu Santo, nos haremos también nosotros espirituales, nos sentiremos hermanos de Cristo e hijos de Dios, a quien no dudaremos en invocar como a Padre que es nuestro.
Acostumbremos a frecuentar al Espíritu Santo, que es quien nos ha de santificar: a confiar en Él, a pedir su
ayuda, a sentirlo cerca de nosotros. Así se irá agrandando nuestro pobre corazón, tendremos más ansias de amar a Dios y, por Él, a todas las criaturas. Y se reproducirá en nuestras vidas esa visión final del Apocalipsis: el espíritu y la esposa, el Espíritu Santo y la Iglesia —y cada cristiano— que se dirigen a Jesús, a Cristo, y le piden que venga, que esté con nosotros para siempre.
Unión con la Cruz, finalmente, porque en la vida de Cristo el Calvario precedió a la Resurrección y a la Pentecostés, y ese mismo proceso debe reproducirse en la vida de cada cristiano: somos —nos dice San Pablo— coherederos con Jesucristo, con tal que padezcamos con Él, a fin de que seamos con Él glorificados. El Espíritu Santo es fruto de la cruz, de la entrega total a Dios, de buscar exclusivamente su gloria y de renunciar por entero a nosotros mismos. Sólo cuando el hombre, siendo fiel a la gracia, se decide a colocar en el centro de su alma la Cruz, negándose a sí mismo por amor a Dios, estando realmente desprendido del egoísmo y de toda falsa seguridad humana, es decir, cuando vive verdaderamente de fe, es entonces y sólo entonces cuando recibe con plenitud el gran fuego, la gran luz, la gran consolación del Espíritu Santo. Es entonces también cuando vienen al alma esa paz y esa libertad que Cristo nos ha ganado, que se nos comunican con la gracia del Espíritu Santo.
Los frutos del Espíritu son caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, castidad: y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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DÉCIMO DÍA
Oración para comenzar
¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.
¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras.
Consideración para este 10º día
La vida del cristiano consiste en empezar una y otra vez
En medio de las limitaciones inseparables de nuestra situación presente, porque el pecado habita todavía de algún modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiación divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegría se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza.
Es en esa hora, además yal mismo tiempo, cuando es capaz de admirar todas las bellezas y maravillas de la tierra, de apreciar toda la riqueza y toda la bondad, de amar con toda la entereza y toda la pureza para las que está hecho el corazón humano. Cuando el dolor ante el pecado no degenera nunca en un gesto amargo, desesperado o altanero, porque la compunción y el conocimiento de la humana flaqueza le encaminan a identificarse de nuevo con las ansias redentoras de Cristo, y a sentir más hondamente la solidaridad con todos los hombres. Cuando, en fin, el cristiano experimenta en sí con seguridad la fuerza del Espíritu Santo, de manera que las propias caídas no le abaten: porque son una invitación a recomenzar, y a continuar siendo testigo fiel de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, a pesar de las miserias personales, que en estos casos suelen ser faltas leves, que enturbian apenas el alma; y, aunque fuesen graves, acudiendo al Sacramento de la Penitencia con compunción, se vuelve a la paz de Dios y a ser de nuevo un buen testigo de sus misericordias.
Tal es, en un resumen breve, que apenas consigue traducir en pobres palabras humanas, la riqueza de la fe, la vida del cristiano, si se deja guiar por el Espíritu Santo. No puedo, por eso, terminar de otra manera que haciendo mía la petición, que se contiene en uno de los cantos litúrgicos de la fiesta de Pentecostés, que es como un eco de la oración incesante de la Iglesia entera: Ven, Espíritu Creador, visita las inteligencias de los tuyos, llena de gracia celeste los corazones que tú has creado. En tu escuela haz que sepamos del Padre, haznos conocer también al Hijo, haz en fin que creamos eternamente en Ti, Espíritu que procedes de uno del otro.
Oración para finalizar
Ven Oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. V. Envía tu espíritu y serán creados R. Y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo. Concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
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REFERENCIAS: (1) Oración de San Josemaría Escrivá al Espíritu Santo. (2) Extracto de la homilía “El Gran Desconocido” de San Josemaría Escrivá. (3) Secuencia de la Misa de Pentecostés