La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto
La tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo como en las diversas etapas de su desarrollo. Oponiéndose a las costumbres del mundo grecorromano, la Iglesia de los primeros siglos ha insistido sobre la distancia que separa en este punto tales costumbres de las costumbres cristianas.
A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.
“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).
“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).
“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?
Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).
“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).
“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.
“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).
“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).
MINUCIO FELIX
“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).
“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).
CONCILIO DE ANCIRA
“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).
“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).
“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).
“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.
¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).
“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).
Este fue el momento en el que un terrorista atacó una iglesia en Colombo, Sri Lanka, el Domingo de Pascua de 2019.
Desde el ataque se abrió un proceso de investigación para encontrar a los responsables del atentado. Muchos líderes mundiales pidieron al gobierno de Sri Lanka que haga justicia. El papa aprovechó el tercer aniversario de los atentados para hacer este llamamiento público.
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FRANCISCO No quisiera terminar sin hacer un llamamiento a las autoridades de su país. Por favor y por el bien por la justicia, por el bien de tu pueblo, que se aclare de una vez por todas quiénes fueron responsable de estos hechos [los atentados de Semana Santa de 2019]. Esto traerá paz a su conciencia y a la Patria.
Casi 5 años después, la comunidad católica no ha olvidado a las más de 200 personas asesinadas ese día.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Hemos construido un cementerio especial en Kotahena o Nigambo. Tuvimos que comprar un terreno porque el cementerio católico estaba repleto, lleno de cadáveres y no podíamos enterrarlos a todos allí.
También hay un memorial en una de las iglesias que fueron destruidas aquel Domingo de Pascua.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Hay un memorial dentro de la iglesia. Reservamos una zona y escribimos todos los nombres en una lápida de piedra que construimos en la iglesia de San Sebastián.
Muchas personas han acudido a los memoriales para pedir la intercesión de estos hombres y mujeres. El cardenal Ranjith dijo que son ejemplos de los mártires modernos de los que el papa habla a menudo.
CARD. MALCOLM RANJITH Arzobispo de Colombo, Sri Lanka Dieron sus vidas por la fe, porque los atacantes lo hicieron por odio a la fe. Odium fidei, así lo llaman. Odiaban a los cristianos y atacaron a estos inocentes. Los mataron. Para nosotros son mártires porque murieron yendo a la Iglesia, por eso promovemos su causa.
El 21 de abril se cumplen 5 años del atentado. Es el tiempo mínimo que exige el Vaticano para iniciar el proceso de beatificación. Y en Sri Lanka lo tienen claro. En cuanto se cumpla ese aniversario, se pondrán manos a la obra.
Desde los comienzos del cristianismo y aún antes -en la tradición judía- la oración por los difuntos ha sido una costumbre que no se ha interrumpido nunca.
Antiguo Testamento
Y, porque consideró que aquellos que se han dormido en Dios tienen gran gracia en ellos. Es, por lo tanto, un pensamiento sagrado y saludable orar por los muertos, que ellos pueden ser librados de los pecados" (2 Mac. 12,43-46).
En los tiempos de los Macabeos los líderes del pueblo de Dios no tenían dudas en afirmar la eficiencia de las oraciones ofrecidas por los muertos para que aquellos que habían partido de ésta vida encuentren el perdón por sus pecados y esperanza de resurrección eterna.
Nuevo Testamento
Hay varios pasajes en el Nuevo Testamento que apuntan a un proceso de purificación después de la muerte. Es por esto que Jesucristo declara (Mt. 12,32) "Y quien hable una palabra contra el Hijo del Hombre, será perdonado: pero aquel que hable una palabra contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en este mundo ni en el que vendrá".
De acuerdo con San Isidoro de Sevilla (Deord. creatur., c. XIV, n. 6) estas palabras prueban que en la próxima vida "algunos pecados serán perdonados y purgados por cierto fuego purificador".
San Agustín también argumenta, "que a algunos pecadores no se les perdonarán sus faltas ya sea en este mundo o en el próximo no se podría decir con verdad a no ser que hubieran otros (pecadores) a quienes, aunque no se les perdone en esta vida, son perdonados en el mundo por venir." (De Civ. Dei, XXI, XXIV).
San Gregorio Magno (Dial., IV, XXXIX) hace la misma interpretación; San Beda (comentario sobre este texto) y San Bernardo (Sermo LXVI en Cantic., n.11) también lo entienden así.
Un nuevo argumento es dado porSan Pablo en 1 Cor. 3,11-15: "Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. [14] Si lo que has construido resiste al fuego, serás premiado. [15] Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará, pero no sin pasar por el fuego."
Este pasaje es visto por muchos de los Padres y teólogos como evidencia de la existencia de un estado intermedio en el cual el alma purificada será salvada.
Tradición
El testimonio de la Tradición. es universal y constante. Llega hasta nosotros por un triple camino:
1) la costumbre de orar por los difuntos privadamente y en los actos litúrgicos;
2) las alusiones explícitas en los escritos patrísticos a la existencia y naturaleza de las penas del purgatorio;
3) los testimonios arqueológicos, como epitafios e inscripciones funerarias en los que se muestra la fe en una purificación ultraterrena.
Esta doctrina de que muchos que han muerto aún están en un lugar de purificación y que las oraciones valen para ayudar a los muertos es parte de la tradición cristiana más antigua.
Tertuliano (155-225) en "De corona militis" menciona las oraciones para los muertos como una orden apostólica y en "De Monogamia" (cap. X, P. L., II, col. 912) aconseja a una viuda "orar por el alma de su esposo, rogando por el descanso y participación en la primera resurrección"; además, le ordena "hacer sacrificios por él en el aniversario de su defunción," y la acusó de infidelidad si ella se negaba a socorrer su alma.
Del siglo II se conservan ya testimonios explícitos de las oraciones por los difuntos. Del siglo III hay testimonios que muestran que es común la costumbre de rezar en la Misa por ellos.
San Cirilo de Jerusalén(313-387) explica que el sacrificio de la Misa es propiciatorio y que «ofrecemos a Cristo inmolado por nuestros pecados deseando hacer propicia la clemencia divina a favor de los vivos y los difuntos» (Catequesis Mistagógicas 5,9: PG 33,1116-1117).
San Epifanio estima herética la afirmación de Aerio según el cual era inútil la oración por los difuntos (Panarión, 75,8: PG 42,513).
«Pensamos en procurarles algún alivio del modo que podamos... ¿Cómo? Haciendo oración por ellos y pidiendo a otros que también oren... Porque no sin razón fueron establecidas por los apóstoles mismos estas leyes; digo el que en medio de los venerados misterios se haga memoria de los que murieron... Bien sabían ellos que de esto sacan los difuntos gran provecho y utilidad...» (In Epist. ad Philippenses Hom., 3,4: PG 62,203).
«Durante el tiempo que media entre la muerte del hombre y la resurrección final, las almas quedan retenidas en lugares recónditos, según es digna cada una de reposo o de castigo, conforme a lo que hubiere merecido cuando vivía en la carne. Y no se puede negar que las almas de los difuntos reciben alivio por la piedad de sus parientes vivos, cuando por ellas se ofrece el sacrificio del Mediador o cuando se hacen limosnas en la Iglesia» (Enquiridión, 109-110: PL 40,283).
"En el trigésimo de mi muerte acordáos de mí, hermanos, en las oraciones. Los muertos reciben ayuda por las oraciones hechas por los vivos" (Testamentum).
Entre los testimonios arqueológicos, se encuentra el conocido epitafio de Abercio. En este epitafio leemos: "Estas cosas dicté directamente yo, Abercio, cuando tenía claramente sesenta y dos años de edad. Viendo y comprendiendo, reza por Abercio". Abercio era un cristiano, probablemente obispo de Ierápoli, en Asia menor, que antes de morir compuso de propia mano su epitafio, es decir la inscripción para su tumba.
Se puede fácilmente comprender cómo la Iglesia primitiva, la Iglesia de los primeros siglos, creía en el Purgatorio y en la necesidad de rezar por las almas de los difuntos.
«Ofrecer el sacrificio por el descanso de los difuntos -escribía San Isidorode Sevilla (560-636)- ... es una costumbre observada en el mundo entero. Por esto creemos que se trata de una costumbre enseñada por los mismos Apóstoles. En efecto, la Iglesia católica la observa en todas partes; y si ella no creyera que se les perdonan los pecados a los fieles difuntos, no haría limosnas por sus almas, ni ofrecería por ellas el sacrificio a Dios» (De ecclesiasticis officiis, 1,18,11: PL 83,757).
BIBL.: S. TOMÁS DE APUINO, Suma teológica, Suppl. q71 ; (textos tomados de In IV Sent., d21, ql, al-8); íD, Summa contra Gentes, IV,91; iD, Contra errores graecorum, 32; fa, De rationibus lidei, c9; íD, Compendium theologiae, cl81; R. BELARMINO, De Ecclesia quae est in purgatorio, en Opera Omnia, II, Nápoles 1877, 351414; F. SUÁREZ, De poenitentia, disp. 45-48, 53; A. MICHEL, Purgatoire, en DTC 13,1163-1326; íD, Los misterios del más allá, San Sebastián 1954; H. LECLERCQ, Purgatoire, en DACL, XIV (II), 1978-1981 ; CH. JOURNET, Le purgatoire, Lieja 1932; M. JUGIE, Le purgatoire et les rnoyens de 1'éviter, París 1940; A. Royo MARíN, Teología de la salvación, Madrid 1956, 399-473; A. PIOLANTI, De Noaissimis el sanctorum communione, Roma 1960, 74-96; M. SCHMAUS, Teología Dogmática, t. VII: Los novísimos, Madrid 1964, 490-508; C. Pozo, Teología del más allá, Madrid 1968, 240-255.
Su origen, sus autores, y cómo han evolucionado hasta convertirse en oraciones universales de la Iglesia Católica.
Israel como sus vecinos de Egipto, Mesopotamia y Canaán, cultivó desde sus orígenes la poesía lírica en todas sus formas. Y el tesoro de la lírica religiosa de Israel nos ha sido conservado por el salterio.
El salterio (del griego psalterion, propiamente es el nombre del instrumento de cuerda que acompañaba a los cantos, los salmos) es la colección de los 150 salmos.
La palabra salmo, etimológicamente hablando, viene de la palabra latina psalmus, que a su vez viene de la palabra griega psalmoi, que significa alabanza.
Son, pues, al mismo tiempo poemas religiosos y plegarias de alabanza.
¿Para qué sirven los salmos?
Son unas composiciones que, principalmente y en la gran mayoría de casos, tienen como finalidad alabar a la divinidad; aunque también tienen otras finalidades (súplicas y lamentos).
Los salmos nos recuerdan la necesidad de alabanza y adoración, simplemente por la alegría de estar en la presencia de Dios que crea y sostiene el universo.
Orando con los salmos no tenemos que preocuparnos por pedir algo o por pedir explicaciones sino que más bien nos ayudan a admirarnos de la bondad de Dios y de su grandeza, y esta es la mejor oración; es una oración desinteresada, generosa y más grata a sus ojos.
Los salmos son unos himnos que ayudan a orar, como mejor lo dice san Atanasio, obispo de Alejandría (siglo IV):
La mayor parte de la Biblia nos habla, pero los salmos hablan por nosotros
¿Quién los escribió?
El conjunto de los salmos o el salterio son los cánticos del Templo de Jerusalén. Todos ellos son, como toda la Sagrada Escritura, inspirados por el Espíritu Santo.
Y en la composición de estos himnos o cantos juegan un rol importante los levitas a quienes se les atribuye, aunque sea de manera anónima, unos 50 salmos.
Del resto, según la tradición, algunos salmos tienen como autores a personas concretas como es el caso, entre otros, del Rey David (a quien se le atribuyen 73 salmos) y del Rey Salomón.
Un libro de 5 colecciones
Los salmos están agrupados en cinco libros o cinco colecciones:
Libro primero, del 1-41.
Libro segundo, del 42-72.
Libro tercero, del 73-89.
Libro cuarto, del 90-106.
Y libro quinto, del 107-150.
Cada uno de estos grupos está separado por una doxología.
Diversos géneros literarios
En cuanto a los géneros literarios los salmos se dividen en:
– Himnos: los cánticos de Sión y los salmos del reino de Dios.
– Súplicas o salmos de sufrimientos o salmos de lamentaciones.
– Acción de gracias.
– Algunos escrituristas sacan ciertos salmos para conformar otros géneros como son: salmos mesiánicos, salmos didácticos y salmos de sabiduría.
¿Cómo nació el salterio?
El pueblo de Israel tenía una tradición o una práctica de rezar comunitariamente en horas establecidas, en tres momentos del día: mañana, tarde y noche.
Esta tradición se desarrolló hasta tal punto que se organizó un plan de oraciones teniendo como base los salmos, ya que expresaban los múltiples anhelos y deseos del corazón humano.
Son tan importantes, que nos hablan de Jesús, lo preanuncian. Él mismo lo dice:
“Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí” (Lc 24, 46).
Las oraciones que Jesús rezaba
Jesús mismo, como judío piadoso, oraba con los salmos, rezaba en dichas horas. Los salmos lo acompañaron a lo largo de su vida. “Desde pequeño”, Jesús se los aprendió de memoria, como también lo hizo Timoteo (2 Tm 3, 15).
Y Él los usaba no sólo para orar (para dirigirse al Padre) sino también para refutar las críticas de sus adversarios y para transmitir su mensaje al pueblo. Por ejemplo, Jesús utiliza un salmo para expresar el sentido de su misión al venir al mundo:
“Aquí estoy, he venido como está escrito en la ley: para hacer tu voluntad” (Sal 39, 8-9).
En la última cena Jesús entonó los salmos que recitaban los judíos al celebrar la cena pascual. El evangelista san Mateo dice que Jesús y sus discípulos, después del canto de los salmos (himnos), salieron hacia el monte de los Olivos (Mt 26, 30).
Y a la hora nona, estando crucificado Jesús rezó las primeras palabras del salmo 22:
«Dios mío, por qué me has abandonado».
Los salmos en la Iglesia católica
Si los salmos eran y son importantes para Israel, el antiguo pueblo de Dios, lo son también para el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, comenzando por los apóstoles como ya hemos visto.
También fueron importantes para la Iglesia primitiva debido, principalmente, a que la mayor parte de los primeros cristianos eran conversos del judaísmo.
Sabemos que los fieles rezaban en ciertos momentos, principalmente cuando la noche desaparece con la salida del sol (las laudes) y al hacerse de noche cuando se encienden las luces (las vísperas).
Avanzando en los tiempos el transcurrir de las horas fue santificado con la oración comunitaria de las otras horas como vemos en los Hechos de los Apóstoles.
Allí encontramos reunidos a los Apóstoles en la hora de tercia (Hch 2, 15). Pedro “sube al tejado a orar hacia la hora de sexta” (Hch 10, 9). “Pedro y Juan subían al templo a orar hacia la hora de nona” (Hch 3, 1). “A medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios (Hch 16, 25)”.
La importancia de los salmos hoy
Este tipo de oración fue importante pues ayudó a la consolidación de la fe cristiana a medida que se expandía la Iglesia. Por donde se iba extendiendo la Iglesia los cristianos se reunían en las iglesias para rezar los salmos.
En este sentido, para la Iglesia, tienen tanta importancia que forman parte fundamental del Oficio Divino. El Oficio Divino es el conjunto de oraciones que la Iglesia ha querido que sean rezadas en diferentes horas del día, de aquí el otro nombre ‘Liturgia de las Horas’.
El objetivo de la Liturgia de las Horas es consagrar los diferentes momentos del día al Señor extendiendo la comunión con Cristo concretada en el sacrificio de la Misa.
Quien reza el oficio hace un alto en su cotidianidad para rezar con la Iglesia aunque se encuentre solo.
«Se invita encarecidamente también a los demás fieles a que, según las circunstancias, participen en la Liturgia de las Horas, puesto que es acción de la Iglesia” (Canon 1174, 2).
La Liturgia de las Horas o el Oficio Divino es parte fundamental que, junto con la Sagrada Eucaristía, forma parte de la oración pública y oficial de la Iglesia.
¿Quiénes eran los gálatas en la Biblia? El apóstol Pablo dirigió una de sus cartas ahora canónicas a las "Iglesias de Galacia" (Gálatas 1:2), pero ¿dónde estaban ubicadas exactamente estas iglesias?
Galatia se refiere a una región en el centro norte de Turquía; Ankara, la capital de Turquía moderna , fue una vez una importanteGalatia ciudad de Galacia (Ancira). El nombre de Galacia se deriva de los 20.000 galos que se asentaron en la región en el 278 a. C.
Más de dos siglos después, en el 25 a. C., el área se convirtió en provincia romana y se extendió hacia el sur. En los días de Pablo,la nueva provincia incluía las regiones de Pisidia, Frigia y Licaonia. Los eruditos a menudo se refieren a estas nuevas regiones del sur como "galacia del sur" y a la Galacia geográfica como "galacia del norte".
Sin embargo, descubrimientos arqueológicos recientes sugieren que Galacia se extendía aún más al sur durante el primer siglo EC, lo que significa que la audiencia de la carta de Pablo podría ser mayor de lo que se suponía anteriormente.
En la edición de otoño de 2020 de Biblical Archaeology Review , Mark Wilson del Centro de Investigación de Asia Menor en Antalya, Turquía, examina el tamaño de Galacia en el momento en que Paul visitó y escribió su carta. Como sugiere su título, “Galacia en texto, geografía y arqueología”, su artículo sopesa toda la evidencia disponible para rastrear los límites de esta provincia para determinar la audiencia original de la carta de Pablo a los gálatas.
El Libro de los Hechos registra los viajes de Pablo a través del “sur de Galacia”, incluidas las ciudades de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (Hechos 13–16). Pablo también visitó Perge y Attalia en la región de Panfilia en la costa mediterránea (Hechos 13–14). Tres descubrimientos arqueológicos recientes sugieren que estas ciudades en Panfilia eran parte de Galacia cuando Pablo visitó la región:
El Stadiasmus Patarensis, un monumento vial de la ciudad de Patara en la región de Licia, data del año 46 d. C. y enumera a Panfilia como provincia limítrofe. Si bien algunos eruditos habían pensado que Licia y Panfilia eran una provincia conjunta en ese momento, este monumento vial contradice esa teoría y muestra que Panfilia y Licia no eran una provincia conjunta cuando Paul visitó el área.
Además, dos inscripciones latinas, excavadas en la ciudad de Perge en Panfilia, nombran a Galacia y Panfilia como una provincia conjunta a finales de los años 40 y principios de los 50 dC
Y es un tratado anónimo que los Padres de la Iglesia tenían en la más alta estima.
Según la mayoría de los estudiosos, La Didaché(un breve tratado cristiano anónimo, considerado el catecismo cristiano más antiguo de la historia) fue escrito entre los años 65 y 80.
También conocido como "la Enseñanza de los Doce Apóstoles" o simplemente "La Enseñanza ”(Didaché significa“ enseñanza ”en griego), la Didaché es una carta perteneciente al primer corpus cristiano de producción literaria. Se considera el primer y más antiguo catecismo escrito, y como tal ha sido respetado y conservado hasta el día de hoy.
Se desconoce tanto el autor como el lugar donde se escribió la Didaché. El texto original de la Didaché sobrevivió en un solo manuscrito, conocido como Codex Hierosolymitanus. Algunos eruditos argumentan que el texto fue elaborado por un editor (en lugar de un autor) que también podría haber escrito algunas enseñanzas directamente de la predicación apostólica, ya sea en Siria o Egipto.
Después de que el texto se perdió durante años, el Metropolitano de Estambul, Philoteos Bryennios, encontró una copia griega en 1873 y la publicó en 1883. La copia que encontró el Metropolitano databa de 1056.
Este breve tratado nos proporciona datos extrabíblicos sobre las instituciones y la vida de las primeras comunidades cristianas. La Didaché codifica las disposiciones morales, litúrgicas y legales de la Iglesia primitiva que se consideraban convenientes y necesarias en ese momento. Consiste casi exclusivamente en enseñanzas "prácticas", dejando de lado cualquier discusión sobre los contenidos dogmáticos de la fe, excepto por un solo capítulo.
Apenas hay citas del Antiguo Testamento en la Didaché; en cambio, el autor habla del “Evangelio del Señor” (sin especificar a cuál de los sinópticos se refiere), y cita y alude a alrededor de 20 dichos o declaraciones de Jesucristo. El autor parece ignorar el Evangelio de Juan y no se cita formalmente ninguna de las epístolas de San Pablo.
La Didaché contiene las primeras instrucciones conocidas para la celebración tanto del Bautismo como de la Eucaristía, así como una de las tres primeras formas conocidas del Padre Nuestro. Teniendo en cuenta las diversas traducciones de la obra, la dispersión geográfica de los fragmentos encontrados y la lista de obras posteriores que dependen de ella, la Didaché debería ser más conocida entre los cristianos de hoy.
"Estos que visten estolas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido…? Éstos son los que vienen de la gran tribulación y han lavado sus estolas y las han blanqueado en la sangre del Cordero.Por eso están ante el trono de Dios, y le adoran día y noche en su templo." (Apocalipsis 7,13-15)
Honor y respeto a los difuntos
La Iglesia Católica, ya desde la época de los primeros cristianos, siempre ha rodeado a los muertos de una atmósfera de respeto sagrado. Esto y las honras fúnebres que siempre les ha tributado permiten hablar de un cierto culto a los difuntos: culto no en el sentido teológico estricto, sino entendido como un amplio honor y respeto sagrados hacia los difuntos por parte de quienes tienen fe en la resurrección de la carne y en la vida futura.
El cristianismo en sus primeros siglos no rechazó el culto para con los difuntos de las antiguas civilizaciones, sino que lo consolidó, previa purificación, dándole su verdadero sentido trascendente, a la luz del conocimiento de la inmortalidad del alma y del dogma de la resurrección; puesto que el cuerpo —que durante la vida es “templo del Espíritu Santo” y “miembro de Cristo” (1 Cor 6,15-9) y cuyo destino definitivo es la transformación espiritual en la resurrección— siempre ha sido, a los ojos de los cristianos, tan digno de respeto y veneración como las cosas más santas.
Este respeto se ha manifestado, en primer lugar, en el modo mismo de enterrar los cadáveres.
Vemos, en efecto, que a imitación de lo que hicieron con el Señor José de Arimatea, Nicodemo y las piadosas mujeres, los cadáveres eran con frecuencia lavados, ungidos, envueltos en vendas impregnadas en aromas, y así colocados cuidadosamente en el sepulcro.
En las actas del martirio deSan Pancracio se dice que el santo mártir fue enterrado “después de ser ungido con perfumes y envuelto en riquísimos lienzos”; y el cuerpo de Santa Cecilia apareció en 1599, al ser abierta el arca de ciprés que lo encerraba, vestido con riquísimas ropas.
Pero no sólo esta esmerada preparación del cadáver es un signo de la piedad y culto profesados por los cristianos a los difuntos, también la sepultura material es una expresión elocuente de estos mismos sentimientos.
Esto se ve claro especialmente en la veneración que desde la época de los primeros cristianos se profesó hacia los sepulcros: se esparcían flores sobre ellos y se hacían libaciones de perfumes sobre las tumbas de los seres queridos.
Las catacumbas
En la primera mitad del siglo segundo, después de tener algunas concesiones y donaciones,los cristianos empezaron a enterrar a sus muertos bajo tierra. Y así comenzaron las catacumbas. Muchas de ellas se excavaron y se ampliaron alrededor de los sepulcros de familias cuyos propietarios, recién convertidos, no los reservaron sólo para los suyos, sino que los abrieron a sus hermanos en la fe.
Andando el tiempo, las áreas funerarias se ensancharon, a veces por iniciativa de la misma Iglesia. Es típico el caso de las catacumbas de San Calixto: la Iglesia asumió directamente su administración y organización, con carácter comunitario.
Con el edicto de Milán, promulgado por los emperadores Constantino y Licinio en febrero del año 313, los cristianos dejaron de sufrir persecución.
Podían profesar su fe libremente, construir lugares de culto e iglesias dentro y fuera de las murallas de la ciudad y comprar lotes de tierra sin peligro de que se les confiscasen.
Sin embargo, las catacumbas siguieron funcionando como cementerios regulares hasta el principio del siglo V, cuando la Iglesia volvió a enterrar exclusivamente en la superficie y en las basílicas dedicadas a mártires importantes.
Pero la veneración de los fieles se centró de modo particular en las tumbas de los mártires; en realidad fue en torno a ellas donde nació el culto a los santos. Sin embargo, este culto especialísimo a los mártires no suprimió la veneración profesada a los muertos en general. Más bien podría decirse que, de alguna manera, quedó realzada.
En efecto: en la mente de los primeros cristianos, el mártir, víctima de su fidelidad inquebrantable a Cristo, formaba parte de las filas de los amigos de Dios, de cuya visión beatifica gozaba desde el momento mismo de su muerte: ¿qué mejores protectores que estos amigos de Dios?
Los fieles así lo entendieron y tuvieron siempre como un altísimo honor el reposar después de su muerte cerca del cuerpo de algunos de estos mártires, hecho que recibió el nombre de sepultura ad sanctos.Por su parte, los vivos estaban también convencidos de que ningún homenaje hacia sus difuntos podía equipararse al de enterrarlos al abrigo de la protección de los mártires.
Consideraban que con ello quedaba asegurada no sólo la inviolabilidad del sepulcro y la garantía del reposo del difunto, sino también una mayor y más eficaz intercesión y ayuda del santo.Así fue como las basílicas e iglesias, en general, llegaron a constituirse en verdaderos cementerios, lo que pronto obligó a las autoridades eclesiásticas a poner un límite a las sepulturas en las mismas.
Funerales y sepultura
Pero esto en nada afectó al sentimiento de profundo respeto y veneración que la Iglesia profesaba y siguió profesando a sus hijos difuntos. De ahí que a pesar de las prohibiciones a que se vio obligada para evitar abusos, permaneció firme en su voluntad de honrarlos.
Y así se estableció que, antes de ser enterrado, el cadáver fuese llevado a la Iglesia y, colocado delante del altar, fuese celebrada la Santa Misa en sufragio suyo. Esta práctica, ya casi común hacia finales del s. IV y de la queSan Agustín nos da un testimonio claro al relatar los funerales de su madreSanta Mónica en sus Confesiones, se ha mantenido hasta nuestros días.
San Agustín también explicaba a los cristianos de sus días cómo los honores externos no reportarían ningún beneficio ni honra a los muertos si no iban acompañados de los honores espirituales de la oración: “Sin estas oraciones, inspiradas en la fe y la piedad hacia los difuntos, creo que de nada serviría a sus almas el que sus cuerpos privados de vida fuesen depositados en un lugar santo. Siendo así, convenzámonos de que sólo podemos favorecer a los difuntos si ofrecemos por ellos el sacrificio del altar, de la plegaria o de la limosna” (De cura pro mortuis gerenda, 3 y 4).
Comprendiéndolo así, la Iglesia, que siempre tuvo la preocupación de dar digna sepultura a los cadáveres de sus hijos, brindó para honrarlos lo mejor de sus depósitos espirituales. Depositaria de los méritos redentores de Cristo, quiso aplicárselos a sus difuntos, tomando por práctica ofrecer en determinados días sobre sus tumbas lo que tan hermosamente llamó San Agustín sacrificium pretii nostri, el sacrifico de nuestro rescate.
Ya en tiempos de San Ignacio de Antioquia y de San Policarpo se habla de esto como de algo fundado en la tradición. Pero también aquí el uso degeneró en abuso, y la autoridad eclesiástica hubo de intervenir para atajarlo y reducirlo. Así se determinó que la Misa sólo se celebrase sobre los sepulcros de los mártires.
Los difuntos en la liturgia
Por otra parte, ya desde el s. III es cosa común a todas las liturgias la memoria de los difuntos. Es decir, que además de algunas Misas especiales que se ofrecían por ellos junto a las tumbas, en todas las demás sinaxis eucarísticas se hacía, como se sigue haciendo todavía, memoria —memento— de los difuntos.
Este mismo espíritu de afecto y ternura alienta a todas las oraciones y ceremonias del maravilloso rito de las exequias. La Iglesia hoyen día recuerda de manera especial a sus hijos difuntos durante el mes de noviembre, en el que destacan la “Conmemoración de todos los Fieles Difuntos”, el día 2 de noviembre, especialmente dedicada a su recuerdo y el sufragio por sus almas; y la “Festividad de todos los Santos”, el día 1 de ese mes, en que se celebra la llegada al cielo de todos aquellos santos que, sin haber adquirido fama por su santidad en esta vida, alcanzaron el premio eterno, entre los que se encuentran la inmensa mayoría de los primeros cristianos.
Texto del Papa Benedicto XVI como preparación para el día de Todos los Santos
"La infelicidad es vivir lejos de Dios: felicidad y santidad coinciden"
Reproducimos a continuación un texto de Benedicto XVI que nos parece paradigmático de la fiesta de Todos los Santos. Introdujo la celebración y el acto penitencial con estas palabras:
"Queridos hermanos y hermanas, hoy contemplamos el misterio de la comunión de los santos del cielo y de la tierra. No estamos solos; estamos rodeados por una gran nube de testigos: con ellos formamos el Cuerpo de Cristo, con ellos somos hijos de Dios, con ellos hemos sido santificados por el Espíritu Santo".
En la solemnidad de todos los santos, Benedicto XVI constató que la infelicidad consiste en vivir lejos de Dios. Por eso, felicidad y santidad se convierten en sinónimos, constató.
Así lo explicó en la homilía de la misa que celebró este miércoles a las diez de la mañana en la Basílica de san Pedro, en la que recordó que «los santos no son una exigua casta de elegidos, sino una multitud sin número, hacia la cual la liturgia de hoy nos exhorta a levantar la mirada».
«En esta multitud no sólo están representados los santos oficialmente reconocidos, sino los bautizados de todas las épocas y naciones, que han intentado cumplir con amor y fidelidad la voluntad divina», recordó.
«El luminoso ejemplo de los santos despierta en nosotros el gran deseo de ser como ellos, felices de vivir junto a Dios, en su Luz, en la gran familia de los amigos de Dios. Ser santo significa vivir en la cercanía de Dios, vivir en su familia, y esta es la vocación de todos nosotros, confirmada con vigor por el Concilio Vaticano II», reconoció.
«Pero, ¿cómo podemos convertirnos en santos, amigos de Dios?», preguntó el obispo de Roma. «A esta pregunta se puede responder, ante todo, con un enunciado negativo: para ser santos no es necesario realizar acciones y obras extraordinarias, ni poseer carismas excepcionales. Luego viene la respuesta positiva: es necesario ante todo escuchar a Jesús y después seguirle, sin desalentarse ante las dificultades».
«La experiencia de la Iglesia demuestra que toda forma de santidad, si bien sigue caminos diferentes, siempre pasa por el camino de la cruz, el camino de la renuncia a sí mismo. Las biografías de los santos describen a hombres y mujeres que, siendo dóciles a los designios divinos, afrontaron en ocasiones pruebas y sufrimientos inenarrables, persecuciones y martirios».
«El ejemplo de los santos es para nosotros un aliento a seguir los mismos pasos y a experimentar la alegría de quien se fía de Dios, pues la única causa de tristeza y de infelicidad para el hombre se debe al hecho de vivir lejos de Él», aseguró Benedicto XVI.
El camino que conduce a la santidad es presentado por el camino de las Bienaventuranzas, indicó por último.
«En la medida en que acogemos la propuesta [de Cristo] y le seguimos --cada uno en sus circunstancias-- también nosotros podemos participar en la bienaventuranza. Con Él lo imposible se hace posible», concluyó.
La fiesta de Todos los Santos
Parece que en el siglo VIII, en algunas zonas de las islas británicas, no en todas, se celebraba esta fiesta de Todos los Santos el día 1 de noviembre. En otras zonas, como en Irlanda, se celebraba el día 20 de abril.
Será el papa Gregorio III en el siglo VIII quien movió la fiesta desde el día 13 de mayo al día 1 de noviembre, ligada ahora a todos los Apóstoles, todos los Mártires y Confesores, y todos los Santos o Justos de la Iglesia, al dedicarles un oratorio en el actual emplazamiento de la Basílica de San Pedro, según algunos autores el día 1 de noviembre.
El significado de esta Solemnidad
La liturgia católica ha dedicado esta Fiesta especial a hacer presentes en nuestra memoria a todas aquellas personas que, superando la debilidad y las tentaciones, fueron dóciles a la acción del Espíritu Santo y ahora comparten la gloria de Cristo.
Hoy recordamos, pues, que los santos son todas aquellas hijas e hijos de Dios que vivieron la fe, la esperanza y la caridad siguiendo el ejemplo de Jesús, y que practicaron en modo eminente las Bienaventuranzas descritas en el Sermón de la Montaña. (Mt 5, 1-12).
Hoy, el Pueblo de Dios se alegra por el triunfo de todos sus hermanos y hermanas que han trabajado, no sin fatiga, y a veces pagando con el precio de la vida, por la construcción del Reino de Dios, es decir, por la edificación de una nueva civilización donde reinen la justicia, la verdad, la fraternidad y la libertad de los hijos de Dios en la concordia y la paz.
Orígenes e historia de la fiesta
Esta fiesta nos recuerda que podemos vivir ya desde ahora en la vida eterna si nos comprometemos con determinación a transformar este mundo con la fuerza del Evangelio. Sus raíces son antiguas: en el siglo IV se empezó a celebrar la conmemoración de los mártires, común a varias Iglesias.
Los primeros rastros de esta celebración los encontramos en Antioquía, en el domingo después de Pentecostés; san Juan Crisóstomo ya hablaba de ello. Entre los siglos VIII y IX, la fiesta comenzó a difundirse en Europa, y en Roma específicamente en el IX: aquí fue el Papa Gregorio III (731-741) quien eligió la fecha del 1 de noviembre para coincidir con la consagración de una capilla en San Pedro dedicada a las reliquias "de los Santos Apóstoles y de todos los santos mártires y confesores, y de todos los justos hechos perfectos que descansan en paz en todo el mundo". En la época de Carlomagno esta fiesta ya era ampliamente conocida y celebrada.
La víspera del Día de Todos los Santos y tenía un sentido religioso
En España y en tantos países de América Latina, la noche de Halloween se ha convertido en una fecha destacada dentro del calendario nacional, pero la gente no sabe casi nada de su origen.
Halloween significa “All hallow’s eve”, palabra que proviene del inglés antiguo, y que significa “víspera de todos los santos”. La festividad tenía su origen en la tradición celta, y con el paso de los siglos y la expansión del cristianismo en Europa, la vigilia del 1 de noviembre adquirió un sentido religioso.
Entre los celtas, antiguos pobladores de Europa Oriental, Occidental y parte de Asia Menor, habitaban los druidas, sacerdotes paganos adoradores de los árboles, especialmente del roble.
Ellos creían en la inmortalidad del alma, la cual decían se introducía en otro individuo al abandonar el cuerpo; pero el 31 de octubre volvía a su antiguo hogar a pedir comida a sus moradores, quienes estaban obligados a hacer provisión para ella.
El año céltico concluía en esta fecha que coincide con el otoño, cuya característica principal es la caída de las hojas. Para ellos significaba el fin de la muerte o el comienzo de una nueva vida.
Esta enseñanza se propagó a través de los años junto con la adoración a su dios, el “señor de la muerte” o “Samagin”, a quien en este mismo día invocaban para consultarle sobre el futuro, la salud, la prosperidad, la muerte...
Cuando los pueblos celtas se cristianizaron, no todos renunciaron a las costumbres paganas. Es decir, la conversión no fue completa. La coincidencia cronológica de la fiesta pagana con la fiesta cristiana de Todos los Santos y la de los difuntos, al día siguiente, hizo que se mezclaran las celebraciones.
En lugar de recordar los buenos ejemplos de los santos y orar por los antepasados, estos días se llenaban de miedo ante las antiguas supersticiones sobre la muerte y los difuntos.
Algunos inmigrantes irlandeses introdujeron la fiesta de Halloween en los Estados Unidos, donde forma parte destacada del folclore popular.
En este país se le añadieron diversos elementos paganos, tomados de los diferentes grupos de inmigrantes, hasta llegar a incluir las brujas, fantasmas, duendes, vampiros, calabazas y monstruos de toda especie.
En nuestros días, el trasfondo espiritual se ha perdido por completo y la fiesta se ha secularizando.
Apoyándose en la magia de los dólares y la necesidad de vender, Halloween se ha transformando en una noche de fiesta pagana, en la que imperan los sustos, el terror y los disfraces y adornos por encima del sentido primigenio de la festividad.
Desde el Nuevo Continente, esta celebración mundana se ha propagado por todo el mundo, transformando la alegría cristiana en el miedo a la muerte.
Así pues, un año más, en la víspera del Día de Todos los Santos, en muchos pueblos y ciudades del mundo la noche se poblará de monstruos, momias y fantasmas, de inquietantes espectros con ganas de juerga hasta que el esqueleto aguante.
También de pandillas de chicos, que al amparo de la oscuridad y de un disfraz más o menos original, aporrearán las puertas de sus vecinos para llenar sus bolsillos de golosinas y de alguna que otra moneda.
Pero quien es cristiano, no se debe olvidar lo que realmente se conmemora en la solemnidad de Todos los Santos y, al día siguiente, en la celebración de los Fieles Difuntos.
Y en los hogares es una oportunidad para hablar del don de la vida y del verdadero sentido de la muerte. Si le gustan los postres, también podrá disfrutar de los buñuelos de viento, los huesos de santo y otros tipos de dulces tradicionales.
National Geographic cree que unos restos óseos podrían ser de unos santos mártires del siglo III
Los esqueletos podrían ser de Crisanto y Daría, dos mártires casados de Roma y que fueron enterrados vivos por hacer apostolado.
NATIONAL GEOGRAPHIC,-
Los investigadores que participan en un documental de National Geographic afirman que los dos esqueletos que se investigan en este filme podrían pertenecer a dos santos mártires casados del siglo III en Roma.
"Toda la evidencia que hemos reunido sobre estas reliquias nos muestran que serían los restos de Crisanto y Daría", señala el líder de la investigación de la Universidad de Génova, Ezio Fulcheri.
Fulcheri explicó además que "esta ha sido una oportunidad que se da muy poco, para estudiar huesos y otras reliquias que se relacionan directamente a una historia cuando ya han pasado casi 2000 años. Lo completo de los esqueletos también es extraño en mártires de ese tiempo, lo que implica que fueron protegidas y veneradas totalmente desde el principio".
Estos restos, compuestos de unos 150 huesos, fueron encontrados en 2008 en la cripta de la Catedral de la ciudad italiana de Reggio Emilia, al norte del país. Las pruebas para averiguar su "edad" arrojan que están entre los años 80 y 340 DC.
El productor general del documental "Explorador: Misterio de los Santos Asesinados", que se estrenó en Estados Unidos el 19 de abril, señaló que "esta es la primera vez que podemos probar la autenticidad de lo que se cree son reliquias de un santo. Para nosotros ha sido un privilegio hacer parte de esto".
Sin embargo, añadió, "también es posible que estos huesos no sean reales" debido a que en la Edad Media se generó un mercado negro de reliquias.
El obispo Auxiliar de Reggio Emilia, monseñor Lorenzo Ghizzoni, quien también aparece en el documental, asume asimismo este riesgo y comenta que en caso de darse el caso de que los restos sean falsos, "será destruidos porque eso sería ciertamente escandaloso para los fieles".
Crisanto y Daría
La tradición cuenta que Crisanto era el hijo único de un senador romano de Alejandría. Creció en Roma y se convirtió al cristianismo. Su padre desaprobó esta conversión y lo obligó a casarse con una sacerdotisa pagana de nombre Daría para tratar de hacerlo desistir en su nuevo camino de fe.
Sin embargo, Daría se convirtió a la fe de su esposo y se dedicaron juntos a convertir a miles al cristianismo.
Las autoridades romanas los arrestaron por proselitismo y los enterraron vivos en Roma cerca del año 283.
Las excavaciones en Iznik continúan revelando valiosos testimonios de la vida de los primeros cristianos en Anatolia.
IZNIK, Turquía.
Un excepcional descubrimiento arqueológico ha sacudido los cimientos de la historia del cristianismo primitivo. En la necrópolis de Hisardere, ubicada en el distrito de Iznik, la ciudad que históricamente conocemos como Nicea, se ha desenterrado un fresco datado en el siglo III d.C. que representa a **Jesús como el Buen Pastor**.
Este hallazgo, realizado en una tumba hipogea subterránea, no solo es significativo por su antigüedad, sino por ser la primera imagen de este tipo documentada en la región de Anatolia, corazón histórico y geográfico del cristianismo oriental.
La figura, que muestra a un Jesús joven, sin barba y con vestimenta de estilo romano, portando un cordero sobre sus hombros, ofrece una ventana directa a las creencias y el arte de las comunidades cristianas justo antes de la legalización del culto.
El Contexto del Hallazgo: Una Tumba del Cristianismo Pre-Constantiniano
El fresco fue encontrado en una cámara funeraria que data de una época crucial: el siglo III d.C. En este periodo, el cristianismo aún operaba en la clandestinidad dentro del Imperio Romano, enfrentando persecuciones intermitentes que solo terminarían con el Edicto de Milán en el año 313 d.C. y la convocatoria del Concilio de Nicea en el 325 d.C.
La necrópolis de Hisardere, por lo tanto, conserva los restos de una comunidad que profesaba su fe con discreción, dejando símbolos de esperanza en sus lugares de descanso final. El hecho de que la tumba se encuentre cerca de donde se celebró el fundamental Concilio de Nicea 50 años después añade una capa de significado histórico y geopolítico incalculable al descubrimiento. Permite a los investigadores trazar la evolución de la identidad cristiana en la ciudad que, más tarde, jugaría un papel decisivo en la formulación del dogma de la Santísima Trinidad.
Los detalles técnicos del hallazgo revelan que la tumba era un *hipogeo* con una *klinē* (lecho funerario) adosada al muro norte, una combinación de tradiciones funerarias locales y romanas. Es en el muro de esta cámara, justo detrás del lecho, donde se encontró el fresco. La composición de la escena, simétrica y cuidadosa, no solo es una obra de arte, sino una declaración teológica.
Este tipo de hallazgos son raros y ofrecen una información precisa sobre la cultura material y la espiritualidad de los cristianos que vivieron durante el período de transición del paganismo a la afirmación de la fe. Los arqueólogos, al descifrar estos restos, están recuperando no solo piezas históricas, sino fragmentos de la "santidad anónima" de los primeros fieles, tal como lo ha mencionado el Papa León XIV en recientes cartas apostólicas.
El Significado del Buen Pastor en el Arte Paleocristiano
La imagen del Buen Pastor es, sin lugar a dudas, uno de los motivos más simbólicos y recurrentes del arte paleocristiano. A diferencia de las representaciones posteriores que muestran a un Cristo más maduro, barbado y hierático, el arte temprano adopta la tipología del *Crióforo* (el portador del cordero), una figura de origen clásico greco-romano que representaba la filantropía y la guía.
Los cristianos primitivos, en un ejercicio de **inculturación creativa**, adoptaron esta imagen y le infundieron un profundo significado bíblico, basándose en el Evangelio de Juan (10, 11-18) —"Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas"— y en la parábola de la oveja perdida (Lucas 15, 4-7).
Jesús Buen Pastor
Esta representación iconográfica no era solo un adorno, sino una poderosa afirmación de fe en un contexto de vulnerabilidad. Simbolizaba la protección, la guía y, lo más importante en un contexto funerario, la promesa de la salvación y la vida eterna. El Buen Pastor es el protector que sale a buscar a la "oveja descarriada" (el pecador) y la devuelve al redil, ofreciendo consuelo a los creyentes en la hora de la muerte. Su popularidad en las catacumbas y sarcófagos de los siglos II al IV se debe precisamente a este mensaje de esperanza y a la naturaleza alegórica que permitía a los cristianos expresar su fe sin recurrir a imágenes directas de la crucifixión, que eran culturalmente inapropiadas en el arte de la época. El hallazgo en Iznik subraya que esta iconografía esencial ya estaba firmemente arraigada en Anatolia en una fecha muy temprana.
Implicaciones para el Estudio de la Historia de la Iglesia
El descubrimiento del fresco de Jesús como Buen Pastor en la necrópolis de Hisardere abre nuevas y apasionantes vías de investigación. En primer lugar, confirma la existencia de una comunidad cristiana sólida y organizada en Nicea ya en el siglo III, mucho antes de que el emperador Constantino la eligiera como sede del primer concilio ecuménico. En segundo lugar, dado que esta es la primera evidencia artística de este tipo en Anatolia, ofrece pistas sobre la difusión y la adaptación de los modelos iconográficos romanos en Oriente.
El estudio riguroso del fresco permitirá entender mejor la formación de la iconografía cristiana en Oriente.
La presencia de esta figura de Jesús en Nicea tiene una resonancia especial con la reciente visita del Papa León XIV y el Patriarca Bartolomé I, quienes conmemoraron el 1700 aniversario del Concilio en este mismo lugar. El Concilio del 325 d.C. definió la divinidad de Cristo; este fresco del siglo III, en cambio, subraya su humanidad cercana y protectora, mostrando cómo la *identidad* de Jesús se construía a nivel popular mucho antes de ser definida a nivel dogmático.
El hallazgo representa un puente tangible entre la fe vivencial de las primeras comunidades y la alta teología que se formuló décadas después. La tumba y su arte no solo son piezas de museo, sino una fuente viva de inspiración para el ecumenismo actual, que busca la unidad a partir de la fe compartida en Jesucristo, el Pastor que da la vida por sus ovejas.
Por El Debate, 13 de diciembre de 2025. Un invaluable testimonio del arte paleocristiano en Anatolia.
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"No tengáis miedo. Abrid de par en par las puertas a Cristo”
Este 22 de octubre se celebra la memoria de San Juan Pablo II. La fecha coincide con el día de la Misa de Inicio de su pontificado, en 1978, 6 días después de su elección.
El pontificado de Juan Pablo II duró 26 años. Fue uno de los más largos de la historia. Su tumba es una de las más veneradas por los peregrinos que visitan Roma.
Juan Pablo II fue canonizado por el Papa Francisco junto a Juan XXIII el 27 de abril de 2014. Fue una de las ceremonias más concurridas de todos los tiempos en la plaza de San Pedro.
FRANCISCO
27 de abril, 2014
"Declaramos y definimos Santos a los Beatos Juan XXIII y Juan Pablo II y los inscribimos en el Catálogo de los Santos”.
El mes de octubre ha sido un período de abundantes celebraciones relacionadas con los últimos papas. El día 11 fue san Juan XXIII y una semana después, el 19, el Papa Francisco declaró beato a Pablo VI.
ALGUNOS DATOS DE SU PONTIFICADO
El Papa estuvo en el cargo más de 26 años y 5 meses, siendo el suyo el tercer pontificado más largo en los más de 2.000 años de historia de la Iglesia Católica Romana.
Se cree que el papado más prolongado fue el de San Pedro, quien presidió la Iglesia durante al menos 34 años. Hay varios Papas que reinaron durante un mes o menos en
Un hombre, Esteban II, fue elegido en 757 pero murió cuatro días después, antes de asumir oficialmente el cargo. El papado más corto en los tiempos modernos fue el de Juan Pablo l, predecesor de Juan Pablo II, quien sólo estuvo 33 días al frente de la Iglesia.
Durante su pontificado, el Papa Juan Pablo II ha:
- viajado un total de 1.247,613 kilómetros, ó 3,24 veces la distancia de la Tierra a la Luna, en viajes papales dentro y fuera de Italia
- realizado 104 viajes fuera de Italia
- visitado 129 países y territorios diferentes
- realizado 146 viajes en Italia
- realizado 301 visitas a parroquias en Roma
- pasado 822 días, o más de dos años y tres meses, fuera del Vaticano
- leído más de 20 mil discursos
- leído casi 100 mil páginas de discursos
- celebrado más de mil 160 audiencias generales en el Vaticano a las que han asistido más de 17,64 millones de personas.
- emitido más de 100 documentos importantes, incluyendo 14 encíclicas, 45 cartas apostólicas y 14 exhortaciones apostólicas.
- beatificado a mil 338 personas, más que todos sus predecesores en los últimos cuatro siglos juntos
- canonizado a 482 personas, más que todos sus predecesores en los últimos cuatro siglos juntos
- creado 231 cardenales, de los que 183 siguen vivos y 119 tienen menos de 80 años y pueden participar en el cónclave que elegirá a un nuevo Papa. De estos 119, 116 han sido nombrados por Juan Pablo II y sólo tres por Pablo VI, cuyo pontificado fue de 1963 a 1978
- reunido con más de mil 590 jefes de Estado o de Gobierno.
La mayor multitud reunida en una misa papal fue unos cuatro millones de personas en Manila en 1995.
El menor número de personas que acudieron a una misa papal fue de unas 200 durante un viaje a los países nórdicos en 1989.