La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto

La tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo como en las diversas etapas de su desarrollo. Oponiéndose a las costumbres del mundo grecorromano, la Iglesia de los primeros siglos ha insistido sobre la distancia que separa en este punto tales costumbres de las costumbres cristianas. 

 

A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.

LA DIDACHE siglo I

“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).

 

EPÍSTOLA DE BERNABÉ siglo I o II

“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).

 

ATENÁGORAS

“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?

Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).

 

TERTULIANO  Siglo II-III

“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).

“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.

“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).

“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).

 

MINUCIO FELIX

“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).

 

SAN HIPÓLITO siglo III

“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).

 

CONCILIO DE ANCIRA

“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).

 

SAN BASILIO EL GRANDE siglo IV

“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).

“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).

 

SAN JUAN CRISÓSTOMO siglo IV

“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.

¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).

 

SAN JERÓNIMO siglo IV

“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).

 

 

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La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto

 

 

Este fue el momento en el que un terrorista atacó una iglesia en Colombo, Sri Lanka, el Domingo de Pascua de 2019.

Desde el ataque se abrió un proceso de investigación para encontrar a los responsables del atentado. Muchos líderes mundiales pidieron al gobierno de Sri Lanka que haga justicia. El papa aprovechó el tercer aniversario de los atentados para hacer este llamamiento público.

 

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FRANCISCO
No quisiera terminar sin hacer un llamamiento a las autoridades de su país. Por favor y por el bien por la justicia, por el bien de tu pueblo, que se aclare de una vez por todas quiénes fueron responsable de estos hechos [los atentados de Semana Santa de 2019]. Esto traerá paz a su conciencia y a la Patria.

Casi 5 años después, la comunidad católica no ha olvidado a las más de 200 personas asesinadas ese día.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka

Hemos construido un cementerio especial en Kotahena o Nigambo. Tuvimos que comprar un terreno porque el cementerio católico estaba repleto, lleno de cadáveres y no podíamos enterrarlos a todos allí.

También hay un memorial en una de las iglesias que fueron destruidas aquel Domingo de Pascua.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka

Hay un memorial dentro de la iglesia. Reservamos una zona y escribimos todos los nombres en una lápida de piedra que construimos en la iglesia de San Sebastián.

Muchas personas han acudido a los memoriales para pedir la intercesión de estos hombres y mujeres. El cardenal Ranjith dijo que son ejemplos de los mártires modernos de los que el papa habla a menudo.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka

Dieron sus vidas por la fe, porque los atacantes lo hicieron por odio a la fe. Odium fidei, así lo llaman. Odiaban a los cristianos y atacaron a estos inocentes. Los mataron. Para nosotros son mártires porque murieron yendo a la Iglesia, por eso promovemos su causa.

El 21 de abril se cumplen 5 años del atentado. Es el tiempo mínimo que exige el Vaticano para iniciar el proceso de beatificación. Y en Sri Lanka lo tienen claro. En cuanto se cumpla ese aniversario, se pondrán manos a la obra.

FUENTE: www.romereports.com

Thomas Joseph White (Rector del Angelicum)

 

Thomas Joseph White, O.P., rector del Angelicum (Universidad Pontificia de San Tomás de Aquino en Roma) y miembro de la Comisión Teológica Internacional, es uno de los teólogos más influyentes de la Iglesia. En esta entrevista concedida a Primeros Cristianos aborda sin tapujos las grandes cuestiones sobre el futuro de la teología y de la Iglesia, analizando con lucidez las corrientes culturales actuales y los desafíos de la sociedad moderna. Una conversación profunda, esperanzadora y reveladora de alto nivel sapiencial.

 

1. El renacer de la fe y de la teología

Entrevistador: Primera pregunta: el renacer de la fe y de la teología. Tras su reciente viaje a Francia, el Santo Padre habló de un renacimiento de la Iglesia, y los medios vienen señalando un resurgir católico en partes de Europa y en Estados Unidos. En su conferencia de ayer en Notre Dame University (Beauty, Wisdom, and Christ), usted señaló una tendencia muy alentadora: cada vez más jóvenes se matriculan en programas de teología. ¿Cree que estamos presenciando un verdadero resurgimiento teológico? Y si es así, ¿a qué atribuye ese afán de los jóvenes por comprender tan a fondo su fe?

Father Thomas Joseph White OP: Creo que lo que estamos viendo es un resurgir del interés por las voces teológicas clásicas: los Padres de la Iglesia, los grandes pensadores medievales e incluso algunos pensadores modernos bastante clásicos, como John Henry Newman, Matthias Scheeben o Charles Journet.

Y la razón por la que vemos esto, creo, es que en la cultura hay un sentimiento de desarraigo y un deseo de perspectiva. La gente busca puntos de referencia fundamentales para volver a centrar el pensamiento en las cuestiones últimas, y trata de encontrar una orientación intelectual básica. Es algo normal tras la radical desestabilización de la inteligencia humana que han traído el posmodernismo y el cientificismo. La gente busca algún tipo de explicación fundamental de la realidad. En la Iglesia también hay una sensación de inestabilidad y la pregunta de qué permanece realmente. Por eso, tras la turbulencia de las últimas décadas que siguieron al Concilio Vaticano II, se percibe el deseo de encontrar alguna voz de la tradición que sea duradera.

Esto puede llevar a la tradición. Pero también puede llevar a un tradicionalismo artificial, superficial o sin matices históricos, o a una especie de miedo ante corrientes del conocimiento que podrían amenazar la tradición. En cambio, una comprensión profunda de la tradición permite ver principios vivos que perduran, lo que John Henry Newman llamó «vigor crónico»: el vigor crónico de la tradición intelectual de la Iglesia. Y permite, desde esa profundidad de conocimiento y esa estabilidad de comprensión, abordar las cuestiones contemporáneas. Creo que es la intuición de buscar algo así lo que anima a muchos jóvenes que hoy se dedican al estudio de la teología.

Entrevistador: Siendo usted uno de los teólogos más conocidos de la Iglesia y miembro de la comisión teológica internacional, ¿cuál cree que será la dirección de la teología en los próximos cien años?

Father Thomas Joseph White OP: Bueno, cien años es un futuro demasiado lejano para mí. Solo diría que creo que vamos a ver un interés continuado por los recursos tradicionales en el futuro previsible. Por ejemplo, el estudio de santo Tomás de Aquino está, a mi juicio, en ascenso en el mundo de habla inglesa. En el continente europeo no ocurre lo mismo. Algo de esto se ve en el mundo hispanohablante, pero en general, en el continente, sigue la idea de trabajar desde el paradigma —llamémoslo así— posmoderno, o desde recursos modernos, como el diálogo con Kant y Heidegger. No hay una nueva confianza en la recuperación de las voces premodernas en la misma medida que en el mundo de habla inglesa.

Esa tendencia del mundo de habla inglesa le está dando a la teología una especie de contrapeso o estabilidad, aunque quizá también sea una provocación. Creo que la verdadera pregunta será qué pasa con la teología continental europea y qué pasa en las nuevas Iglesias del Sur global. Hay una línea de pensamiento que quiere promover lo que podríamos llamar una teología contextual: una especie de ética revisionista, una teología dialéctica poscolonial, quizá marxiana —no marxista, sino marxiana—, sobre el poder y la redistribución del poder en la Iglesia. No creo que esa voz vaya a sostener una renovación profunda de la vida espiritual interior de la Iglesia: una renovación que ocurre a un nivel más hondo que el político, en el plano sacramental y místico, y mediante un trabajo a fondo con lo que podríamos llamar los temas metafísicos centrales.

¿Cuál es el sentido de la existencia humana? ¿Quién es Dios? ¿Quién es Cristo? ¿Qué es la gracia? En la próxima generación, esas preguntas las van a perseguir personas que estudien figuras clásicas como Agustín, Tomás de Aquino, Buenaventura y Newman. La alternativa a eso —o la siguiente revolución, por así decirlo— es imprevisible, pero creo que será algún tipo de síntesis: se intentará tomar la tradición y volver a dialogar con la filosofía contemporánea y la cultura secular, en algún término medio. No digo que apruebe ni que desapruebe nada de esto; solo hago una pequeña predicción.

2. Tomás de Aquino y los Primeros Cristianos

Entrevistador: A Tomás de Aquino se le asocia a menudo estrictamente con la Edad Media. Para nuestros lectores de Primeros Cristianos: ¿en qué medida es la teología tomista, en realidad, una maduración del pensamiento de los Padres de la Iglesia, y por qué las respuestas que dieron aquellos primeros concilios siguen siendo vitales hoy?

Father Thomas Joseph White OP: Creo que Tomás de Aquino es uno de los grandes herederos del pensamiento de Agustín. Podría decirse que es el mayor pensador agustiniano, el más competente. Probablemente sea el intérprete más profundo de Agustín: una interpretación sin duda controvertida, porque recurre a Aristóteles, pero creo que, en definitiva, probablemente la más plena y rica. En segundo lugar, en cristología está en la escuela de los Padres griegos, profundamente influido por Cirilo de Alejandría, por Dionisio Areopagita y por Juan Damasceno.

En cierto modo, es difícil hacer que los Padres sean actuales o relevantes para el mundo de hoy sin pasar por la recepción escolástica. Pensemos en la recepción magisterial que recibe más tarde alguien como Agustín en el Concilio de Trento: cómo es la gracia cooperante —la gracia cooperante agustiniana, que obra a través de los sacramentos que nos santifican— o la gracia operante, que nos devuelve a la gracia o nos la da después del pecado original, después de la caída: el bautismo, la confesión. Para entender a Agustín a la luz del Concilio de Trento hace falta la recepción escolástica de Agustín. No se puede tomar a Agustín y, sin más, el Concilio de Trento sin algo como la escolástica.

O bien uno puede ignorar el Concilio de Trento y leer a Agustín. Pero no se puede ser realmente un cristiano moderno, después del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica, sin el Concilio de Trento. No se puede entender qué es la vida sacramental sin Trento. Es solo un ejemplo. No se puede recibir el Vaticano II sin el Vaticano I y su doctrina sobre el primado papal. Y no se puede recibir la doctrina de la Revelación de Dei Verbum sin la doctrina de la Revelación de Dei Filius. Pero recibir Dei Filius, del siglo XIX, supone dialogar con el pensamiento escolástico sobre la fe y la razón. Si se quiere hacer eso con elegancia y profundidad, hace falta algo como Tomás de Aquino como parte de la historia.

Ahora bien, el engaño de los europeos, que es muy grave, sobre todo en el mundo de habla hispana, portuguesa, italiana y francesa —el mundo de las lenguas romances—, es pensar que Tomás de Aquino es irrelevante. Esto se debe a la radical desconfianza en sí mismo del catolicismo de estas culturas, a las que les falta convicción interior sobre su propia herencia y su nobleza. Así, relegamos a Tomás de Aquino o a Buenaventura, estas grandes figuras, a la arqueología: a figuras históricas, a vidas ejemplares de fe y razón del pasado. Pensamos que representan monumentos de la cultura. Y, mientras tanto, tratamos a Derrida, Althusser, Kant o Heidegger como si tuvieran la última y definitiva palabra en filosofía. Esto es, en realidad, una especie de pusilanimidad.

Es un pecado intelectual, una pusilanimidad que anima el espíritu europeo, creo, de maneras muy poco útiles. Porque la verdad es que estas grandes figuras del pasado cristiano y del pasado helenístico precristiano siguen siendo tan grandes como las mayores que hemos tenido en la vida intelectual. Decir esto hoy quizá parezca superficial, falto de sensibilidad ante los grandes desafíos de Kant, Hume, Hegel, Nietzsche, Freud y demás. Pero, en realidad, si uno dialoga de verdad con todas esas figuras modernas —a las que, me atrevería a decir, en las universidades de habla inglesa estamos expuestos primero—, una vez que lo ha hecho, e incluso antes que con las otras, y luego vuelve a Aristóteles, a Agustín o a Tomás de Aquino, ve que estos sencillamente son superiores.

Lo que nos falta es valor para tomar el gran saber de estas figuras del pasado y entablar hoy con él un diálogo dialéctico y profundo, en sentido aristotélico, sobre las cuestiones fundamentales que afrontamos a la luz de la ciencia moderna y de la filosofía moderna, y repensar de verdad la herencia del pasado, la sabiduría clásica. Si lo hacemos con lealtad, Tomás de Aquino es formidable. Por su comprensión filosófica de la lógica humana y de los procedimientos de la dialéctica y de la argumentación demostrativa; por su comprensión de lo que es realmente la ciencia y de lo que es la disciplina del estudio de un cuerpo de conocimiento; por su comprensión de la epistemología humana y su visión de la naturaleza humana; por su pensamiento sobre la vida moral humana y sobre qué son las virtudes intelectuales, morales y artísticas; por su comprensión de los fundamentos metafísicos profundos del conocimiento y de la ética humanos; por su comprensión de la armonía entre fe y razón, y por su comprensión de la viabilidad racional de la fe en Dios, así como de los fundamentos racionales para acoger la revelación divina.

Es realmente una figura fundamental de lucidez, de una relevancia perdurable. Decir esto hoy suena a una especie de… quiero decir, a uno lo acusan a menudo de algún tipo de fundamentalismo. Pero eso es ridículo. No es casualidad que figuras como Pablo VI, Juan Pablo II y el papa Francisco nos hayan dicho que el tomismo tiene un legado perdurable. No dialogar con él como una forma viva de pensamiento vuelve anémica la vida intelectual de la Iglesia. Así, en lugar de volvernos relevantes, nos volvemos cada vez más irrelevantes. Porque si somos solo otro fenomenólogo de segunda o un filósofo analítico de segunda que repite lo que dicen sus colegas para obtener acceptance social en la universidad, pero no somos figuras con una comprensión real de la sabiduría del pasado, no tenemos nada que ofrecer a la vida intelectual del mundo de hoy.

Deberíamos aspirar a ser grandes fenomenólogos y grandes filósofos analíticos. Pero deberíamos aspirar, ante todo y en primer lugar, a ser de verdad custodios de las tradiciones de sabiduría, que a mi juicio no han sido superadas. Estoy con personas como Pablo VI y Juan Pablo II al pensar que la sabiduría del pasado conserva una actualidad y una relevancia perpetuas. Y creo que una cultura que no ve eso es una cultura autodestructiva. Es una cultura de la desesperanza y, en último término, una cultura que desaparecerá. Sociológicamente, a la Iglesia solo la sostendrán quienes crean en su vitalidad. Y esas son las personas que…

Es muy parecido a la vida humana. Solo quienes creen en la vida humana transmiten la vida humana. Solo quienes creen en el patrimonio del catolicismo transmiten el patrimonio del catolicismo. Ante nosotros se está desplegando una tradición intelectual católica que se esteriliza a sí misma, y creo que no va a ninguna parte. Por eso soy muy crítico con todo eso. Pero creo de verdad que tenemos ante nosotros una gran promesa y una gran esperanza. Y es por mi optimismo por lo que también lanzo una especie de desafío: cambiar el rumbo de nuestra desesperanza, de nuestra desconfianza en nosotros mismos y de nuestra pusilanimidad, y abrazar la magnanimidad, la esperanza y un diálogo genuino con el pasado, que, bien llevado, es a mi juicio un verdadero diálogo con el futuro.

3. La necesidad de la metafísica

Entrevistador: La necesidad de la metafísica. Ayer, en la abertura de la Fall Conference en Notre Dame University, usted planteó una idea muy interesante: más que centrarse en la apologética, urge formar a los jóvenes católicos en metafísica, porque sin ella es imposible comprender de verdad la fe. ¿Podría desarrollar esta idea? ¿Por qué el pensamiento metafísico es hoy tan fundamental para los creyentes?

Father Thomas Joseph White OP: Creo que estamos ante un momento de profunda desorientación intelectual. Los custodios convencionales de nuestra vida intelectual han sido durante décadas ciertos puntos de referencia: sobre todo, el liberalismo cosmopolita poskantiano, el auge de la teoría posmoderna o el auge del cientificismo, basado en la confianza en las ciencias modernas como lugar privilegiado del conocimiento; y, en cierta medida, el marxismo, que ha sido uno de los principales vehículos para promover una comprensión ética de la historia y de las relaciones económicas y sociales en las generaciones pasadas. Todo eso, creo, hoy no logra ganar terreno como forma viable de pensar nuestra situación.

Y lo que se ve surgir entonces es el tribalismo: tribalismo nacionalista, tribalismo regionalista y una especie de nostalgia por la tradición local —local en un sentido amplio—, por el patrimonio nacional. Eso no es un vehículo capaz de sostener el sentido. En el fondo es algo bastante arbitrario, y también convencional. Es la esperanza de que en las convenciones de nuestro patrimonio nacional haya algunas verdades y valores no negociables que descubramos intuitivamente o que podamos recuperar. Eso es insuficiente. Así que no se superan de verdad todos estos desafíos si no se vuelve a la pregunta real de qué es la realidad. ¿Qué es ser un ser humano? ¿Qué significa la existencia?

¿Hay una bondad que precede a los juicios constructivistas de la mente humana? Es decir, ¿la ética es una cuestión de pura voluntad de poder o de constructivismo de la sociedad humana? ¿O se basa en la bondad de una naturaleza que nos precede y que sabemos apreciar? ¿Están la belleza moral y la belleza estética inscritas en la estructura misma de las cosas? ¿O es la belleza un proyecto completamente subjetivo, lo cual, creo, es en último término una especie de perspectiva de desesperanza estética?

Creo que los jóvenes se están dando cuenta cada vez más de que su mente no puede usarse solo de manera utilitaria para perseguir los bienes del mercado. No pueden ser solo consumidores del capitalismo liberal moderno. No pueden ser solo instrumentalizados por la ideología política ni alimentados con basura a través de los argumentarios en línea de ese combate de ideas superficiales que nos llega en oleadas por internet. Por eso buscan algo más profundo que les dé fundamento. Por supuesto, hay muchas víctimas de la superficialidad, de las formas de superficialidad a las que me refiero. Pero también hay personas que salen de ella buscando una estructura metafísica de comprensión más profunda.

Tampoco se puede hacer realmente teología si el intelecto humano no tiene modo de pensar el misterio trascendente de Dios. Y no lo tiene si no puede pensar metafísicamente —y, diría como tomista, analógicamente— sobre el ser, el bien, la verdad, la unidad y la belleza. Así que necesitamos recuperar en nuestro pensamiento esa conexión metafísica con la realidad para poder también acoger la revelación divina y cooperar con ella. Sin alguna dimensión metafísica de referencia en la mente humana, no hay realmente una cooperación sagrada del intelecto con la revelación divina: consagrar el intelecto a Dios para que el corazón lo siga, conocer a Dios para poder amarlo. La metafísica es esencial como dimensión de la teología sagrada. Por eso creo que el deseo de cooperar con la inteligibilidad de la fe implica, en último término, una apertura a las cuestiones metafísicas.

4. Como en los primeros tiempos, evangelizar una cultura poscristiana

Entrevistador: Los primeros cristianos evangelizaron una cultura grecorromana que consideraba su fe una necedad. Hoy nos enfrentamos a una cultura poscristiana. ¿Cómo debería un católico de hoy integrar la razón y la ciencia, y dialogar con el escepticismo moderno, sin diluir la fe?

Father Thomas Joseph White OP: Tengo varias ideas al respecto. En primer lugar, diría que la evangelización es un arte, no una ciencia. Aunque se sirve de la ciencia —del conocimiento histórico, intelectual, filosófico y teológico—, hay un arte de hablar con las personas según dónde están y quiénes son, de escucharlas y de intentar comprenderlas. Y ese arte no se domina al primer intento. Se domina practicándolo toda la vida, como se haría con un instrumento musical. Uno se vuelve más hábil, más diestro en el arte de la evangelización, que consiste en buscar el bien de la otra persona. Amar es querer el bien del otro. Evangelizar es querer el bien del otro.

Y es también una especie de confianza en uno mismo ante Dios como portador de la verdad, como servidor de la verdad. Servidor, no dueño. Así que creo que se trata de llegar a ser cierto tipo de persona, de escuchar a los demás y de buscar amarlos y ayudarlos. Y no se puede tener miedo a fracasar. Si no empiezas, no tendrás éxito. Si empiezas, fracasarás antes de tener éxito, o a veces fracasarás. Así que tenemos que superar el desánimo y la inseguridad. Es un proyecto demasiado importante.

Creo que hablar de la felicidad es uno de los puntos de partida más importantes. La gente se da cuenta de que la felicidad es algo esencial de buscar y difícil de encontrar. Y los católicos venimos de una tradición que enseña que la felicidad se puede encontrar, y que nos enseña cómo alcanzarla, incluso en la adversidad o en medio de un gran sufrimiento. ¿Qué es encontrar la felicidad de poseer a Dios y de buscar a Dios, de buscar la verdad y el amor a las demás personas, de buscar la amistad, la justicia, la misericordia y el perdón? Hay una felicidad en el catolicismo. Y creo que es algo de lo que deberíamos poder hablar filosófica y teológicamente.

Creo que también deberíamos tratar de presentar nuestra propia postura intelectual de hoy como poscínica, es decir, como una postura que deja atrás el cinismo. Tras el desengaño que siguió al colapso del marxismo, muchos intelectuales en Europa se enfrentan a un cinismo profundo. Por extraño que suene a oídos católicos, para muchos el marxismo fue un movimiento idealista. Así que, cuando la clase intelectual no logró alcanzar lo que consideraba un régimen superior —llamémoslo socialismo moderado, el socialismo moderado de Europa occidental, una mezcla entre el lado estadounidense y el soviético—, cayó en la rutina del cinismo y en la resignación ante el auge de una cultura capitalista que, a su juicio, no tiene valores trascendentes.

Necesitamos un enfoque poscínico para volver a abordar las preguntas fundamentales de la civilización occidental que surgieron en el patrimonio de la filosofía helenística. Preguntas muy básicas que ya están en los trágicos, en los presocráticos, en Sócrates, Platón y Aristóteles: renovar una alianza con las preguntas profundas sobre la verdad, la justicia y el bien. Y luego ver en los Padres de la Iglesia, como Agustín, un diálogo profundo con esa filosofía helenística. Creo que Tomás de Aquino es uno de los grandes maestros en esto, pero también hay muchas grandes voces modernas que nos enseñan a creer con valentía en la grandeza del alma humana.

La grandeza de las preguntas del alma humana y de su búsqueda de sentido: no verla de manera cínica ni desesperanzada, sino de una manera poscínica y, en realidad, fresca, nueva, como un camino para pensar que hay una búsqueda de la verdad, que hay una búsqueda de Dios y que el cristianismo es un camino. Así se le llamaba al principio: «el Camino». La ortodoxia es, por así decirlo, un camino recto; eso es lo que suele denotar la palabra. Así que buscamos el camino recto hacia la verdad, hacia el bien, y para poseer la belleza. Creo que hablar de eso con la gente de manera poscínica es clave para la evangelización.

5. Belleza, arte, música y cultura popular

Entrevistador: Los primeros cristianos usaron los símbolos y la belleza para transformar su entorno. Usted no solo es teólogo, sino también banjista de los Hillbilly Thomists. ¿Qué papel desempeñan hoy el arte, la música y la cultura popular en la misión de atraer los corazones a Cristo?

Father Thomas Joseph White OP: Bueno, déjeme decir una cosa grande y luego una sencilla. Lo grande que me gustaría decir es que la recuperación de la ética de las virtudes en la filosofía moderna ha sido decisiva para recuperar una forma más profunda de pensar la ética. Incluso entre muchas personas seculares se ha llegado al consenso de que necesitamos pensar la teoría de las virtudes. Creo que podemos recuperar un sentido más profundo de la metafísica hablando de naturalezas y propiedades, de la existencia y de los fundamentos metafísicos de la ética.

Lo que no hemos hecho tanto es pensar la metafísica de la belleza y cómo el arte invita a la persona a contemplar el mundo como algo lleno de sentido. La belleza natural del mundo precede a la belleza de las obras humanas, y esta rinde homenaje a la belleza natural. Ese juego entre la belleza natural y la de las obras humanas es un juego entre lo que Dios nos ha dado y lo que los seres humanos toman luego de ello para engrandecer la belleza de la creación o señalar hacia ella, como una forma de pensar la belleza del alma humana y de honrar lo que Dios nos ha dado en el mundo. Por eso creo que la belleza debería estar más en la vanguardia de la Iglesia.

Y creo que debería influir en la sagrada liturgia, cualquiera que sea la forma de la misa que celebremos. Pero también en la cultura humana común. La música folk irlandesa de los siglos XIX y XX sostuvo a los irlandeses bajo una gran presión política y les dio una forma católica de —yo lo llamaría así— vida social común elevada: a través del baile irlandés, de la celebración irlandesa de la vida y del duelo por las penas, por los elementos dolorosos de la vida. Esa mezcla de alegría, comedia y tragedia que sostuvo a una cultura en la adversidad allá por el siglo XIX y comienzos del XX. Así que la música es un ejemplo de cómo podemos tener formas de música elevadas y solemnes, pero también, podríamos decir, música para el tiempo ordinario, música en la vida ordinaria.

Y lo sencillo que diría sobre la música y mi propia experiencia con ella es que no busco componer ni tocar música principalmente para evangelizar. La toco para celebrar la existencia humana. Y es algo lúdico: un deleite en simplemente ser, en jugar con las cualidades de la música y de los instrumentos, en disfrutar tocando con otras personas, en el humor, en celebrar lo humorístico, y también en llorar, de forma lúdica, las dimensiones trágicas de la existencia humana. Y diría que no a un nivel muy profesional, ni de una manera particularmente sublime o sofisticada. Pero creo que aprender a hacer eso, a celebrar musicalmente la vida ordinaria, es una forma en la que acabo explorando ideas religiosas: no exactamente por accidente, sino como resultado de pensar qué significa ser un ser humano, simplemente a través del formato quizá modesto de la música popular.

Entrevista en inglés realizada por Josep del Hierro Dies, en la Fall conference 2026 del de Nicola Center for Ethics and Culture de la Universidad de Notre Dame dirigido por Jennifer Newsome Martin.

Fotografías cedidos por el de Nicola Center for Ethics and Culture, fotógrafo: Peter Ringenberg.
Traducción: José Luis Coto Irrázabal, ayudado de la IA.
Redacción: Alberte Leis Vidal

¿Sabes quién era San Lucas?

Lucas, antioqueno de Siria, de profesión médico, fue discípulo de los Apóstoles; más tarde siguió a San Pablo hasta el martirio de éste. Sirvió al Señor sin falta, no tuvo mujer ni engendró hijos; murió en Beocia lleno del Espíritu Santo a la edad de ochenta años. Sus huesos fueron trasladados a Constantinopla, y de allí a Padua. Por inspiración del Espíritu Santo escribió uno de los cuatro Evangelios en la región de Acaya.

 

Los testimonios de la antigüedad (Prólogo antiguo, Prólogo monarquiano, Eusebio, San Jerónimo) lo consideran originario de Antioquía de Siria, y hacen poco probables las opiniones que lo tienen por filipense o antioqueno de Pisidia. Era de familia gentil, según se desprende de la mención de San Pablo en su Epístola a los Colosenses (4,14) que lo contrapone a los «que provienen de la circuncisión». Lucas era miembro de la comunidad cristiana de Antioquía cuando el año 42 se presentó allí Agabo profetizando el hambre que había de suceder en Palestina.

Algunos autores han creído poder demostrar que San Lucas era médico de profesión, por el vocabulario médico que emplea San Lucas en el tercer Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles.

 

 

 

La tradición, mucho más tardía, lo hace pintor. La primera noticia sobre el particular es de Teodoro, lector de la Iglesia de Constantinopla, el cual en el s. VI refiere que la emperatriz Eudoxia le regaló a Pulqueria un cuadro de la Virgen pintado por Lucas evangelista en Jerusalén. El cuadro en cuestión, que se conserva en Santa María la Mayor de Roma y se venera bajo el título de Salus populi romani, es claramente de época bizantina.

Por lo demás, San Agustín aseguraba que en su tiempo no se conocía la cara de la Virgen. De todas formas es evidente que si Lucas no pintó el rostro exterior de la Señora, en su relato sobre la infancia de Jesús nos dejó el mejor retrato del interior del alma de la Virgen.

San Lucas no conoció al Señor personalmente. Así lo afirma expresamente el Canon de Muratori a mediados del s. II, y lo da a entender el propio evangelista cuando en el prólogo de su Evangelio se contrapone a los testigos oculares.

Fue compañero de viajes de San Pablo. En el segundo viaje apostólico, a raíz de una visión que San Pablo tiene en Troas, se narra, en primera persona, el viaje desde esta ciudad a Filipos, donde Lucas debió de quedarse, porque a partir de aquí la narración sigue en tercera persona.

Y, en efecto, a la vuelta del tercer viaje, mientras Pablo y varios de sus compañeros hacen por tierra el viaje desde Filipos otra vez a Troas, el autor vuelve a narrar en primera persona de plural su viaje por mar para reunirse con San Pablo en esta última ciudad. Cuenta, pues, el viaje por mar hasta Asson, donde Pablo, que había continuado por tierra, se les une y juntos siguen a Mitilene, Samos, Mileto, Coum, Rodas, Patara,

Aunque a partir de aquí deja de hablar en primera persona, parece que Lucas permaneció en Jerusalén durante la cautividad de San Pablo en Cesarea, porque cuando éste, cautivo, embarca rumbo a Roma, el relato prosigue en primera persona, describiendo el viaje por mar hasta la Capital del Imperio.

Las dos menciones explícitas que San Pablo hace de él en sus Cartas muestran que Lucas lo acompañó durante sus dos cautividades en Roma. Otra alusión en la pluma de Pablo, probable para algunos, se encontraría en 2 Cor 8,18; el Apóstol anuncia el envío a Corinto de un «hermano, cuyo renombre a causa del Evangelio se ha extendido por todas las iglesias» y que acompañará a Tito. Aunque se trate de Lucas, no parece probable que se refiera al Evangelio escrito, sino a la predicación oral.

 

 

«Lucas, antioqueno de Siria, de profesión médico, fue discípulo de los Apóstoles; más tarde siguió a San Pablo hasta el martirio de éste. Sirvió al Señor sin falta, no tuvo mujer ni engendró hijos; murió en Beocia lleno del Espíritu Santo a la edad de ochenta años. Sus huesos fueron trasladados a Constantinopla, y de allí a Padua.

Habiendo ya sido escritos los evangelios de Mateo en Judea y de Marcos en Italia, por inspiración del Espíritu Santo escribió este Evangelio en la región de Acaya. Él explicaba al principio de su evangelio que otros habían sido escritos antes del suyo, pero que le había parecido necesario exponer a la atención de los fieles de origen griego un relato completo y cuidado de los acontecimientos...».

 

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SAN LUCAS

 

S. MUÑOZ IGLESIAS

"La unidad de la iglesia debe reflejar la unidad de Dios" 

 

Benedicto XVI presenta a san Ignacio de Antioquía, "Doctor de la unidad"

 

Prosiguiendo la catequesis sobre los padres apostólicos, Benedicto XVI habló en la audiencia general de San Ignacio de Antioquia. La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro y asistieron a ella alrededor de 25.000 personas.

 

San Ignacio fue obispo de Antioquia del año 70 al 107 de nuestra era y en esa ciudad "fue donde por primera vez -dijo el Papa- los discípulos recibieron el nombre de cristianos". Condenado a ser devorado por las fieras, fue trasladado a Roma para que esa sentencia se ejecutase y en el camino aprovechó de su paso por diferentes ciudades para reafirmar la fe de los cristianos que habitaban allí.

 

ignacio antioquia

"Ningún padre de la Iglesia ha expresado con la intensidad de Ignacio el anhelo de unión con Cristo y a la vida en El", observó el Papa, explicando que en San Ignacio confluyen "dos corrientes espirituales: la de Pablo, que tiende a la unión con Cristo y la de Juan, concentrada en la vida en El. A su vez, estas dos corrientes se unen en la imitación de Cristo".

"La irresistible tensión de Ignacio hacia la unión con Cristo funda una verdadera y propia mística de la unidad", prosiguió Benedicto XVI, y recordó que en las siete cartas que el obispo antioqueno escribió durante su viaje hacia Roma repite a menudo que "Dios existiendo en tres personas es Uno en absoluta unidad" y dice a los cristianos que "la unidad que tienen que realizar en esta tierra no es más que una imitación, lo más conforme posible al arquetipo divino".

"Se advierte en (...) Ignacio una dialéctica constante y fecunda entre dos aspectos característicos de la vida cristiana: por una parte la estructura jerárquica de la comunidad eclesial, y por otra la unidad fundamental que liga entre sí a todos los fieles en Cristo. Por lo tanto, los roles no se pueden contraponer. Al contrario, la insistencia de la comunión de los creyentes entre ellos mismos y sus pastores, se refuerza constantemente mediante (...) analogías" tomadas de la música, como "la cítara, las cuerdas, (...) la sinfonía".

"Es evidente la responsabilidad peculiar de los obispos, de los presbíteros y los diáconos en la edificación de la comunidad. Para ellos es válido ante todo el llamamiento al amor y la unidad".

ignacio antioquia

"Con razón Ignacio es llamado "doctor de la unidad" -exclamó el Papa-, y (...) en definitiva su "realismo" invita a los fieles de ayer y hoy a realizar una síntesis progresiva entre configuración con Cristo (...) y compromiso con su Iglesia (unidad con el obispo y apertura al mundo) (...) entre comunión de la Iglesia en su interno y misión, que es la proclamación del Evangelio a los demás".

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San Ignacio de Antioquía, mártir año 106 - 17 de octubre

 

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  CIUDAD DEL VATICANO, 14 MAR 2007 (VIS)

Santa Teresa de Jesús, según Benedicto XVI

 El 15 de octubre es la fiesta de Santa Teresa de Ávila, doctora de la Iglesia. Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general del 2 de febrero de 2011 a su vida y enseñanzas.

 

BENEDICTO XVI

"Santa Teresa de Jesús vivió entre mil quinientos quince y mil quinientos ochenta y dos. Ya desde niña, tuvo un gran anhelo de ver a Dios; pasada la adolescencia, la lectura de autores espirituales la inician en el recogimiento y la oración. Con veinte años, se hace monja carmelita. Las graves enfermedades se unen a una lucha interior que culmina a la edad de treinta y nueve años. A partir de entonces, comienza a describir experiencias de profunda unión con Dios. 
 
Paralelamente, la Santa inicia y desarrolla la reforma de su Orden. En mil quinientos sesenta y dos, funda en Ávila el primero de los diecisiete monasterios carmelitas que instituirá durante su vida. Con san Juan de la Cruz, trazará la reforma de los frailes de la Orden. A pesar de no tener una formación académica, la Santa hizo tesoro de buenas lecturas, conoció a muchos santos y bebió de los Padres de la Iglesia.
Entre sus obras, destacan el Libro de la vida, en el que presenta su alma a san Juan de Ávila; Camino de perfección, dedicado a sus religiosas como programa espiritual y, su gran obra de madurez, El Castillo interior o las Moradas, en la que muestra el desarrollo de la vida cristiana hacia la santidad. 
 
En su espiritualidad destaca la perfección como aspiración de toda la vida cristiana. En ella confluyen su visión de la humanidad de Jesús y su relación con Él en la oración, la escucha viva de la Palabra, su amor a la Iglesia y las virtudes evangélicas como base de toda vida cristiana”.
 
http://www.romereports.com
 
 

Los gálatas, ¿De dónde vienen?, ¿Quienes son? 

¿Quiénes eran los gálatas en la Biblia? El apóstol Pablo dirigió una de sus cartas ahora canónicas a las "Iglesias de Galacia" (Gálatas 1:2), pero ¿dónde estaban ubicadas exactamente estas iglesias?

 

Galatia se refiere a una región en el centro norte de Turquía; Ankara, la capital de Turquía moderna , fue una vez una importanteGalatia  ciudad de Galacia (Ancira). El nombre de Galacia se deriva de los 20.000 galos que se asentaron en la región en el 278 a. C.

Más de dos siglos después, en el 25 a. C., el área se convirtió en provincia romana y se extendió hacia el sur. En los días de Pablo,la nueva provincia incluía las regiones de Pisidia, Frigia y Licaonia. Los eruditos a menudo se refieren a estas nuevas regiones del sur como "galacia del sur" y a la Galacia geográfica como "galacia del norte".

Sin embargo, descubrimientos arqueológicos recientes sugieren que Galacia se extendía aún más al sur durante el primer siglo EC, lo que significa que la audiencia de la carta de Pablo podría ser mayor de lo que se suponía anteriormente.

 

galatas

 

En la edición de otoño de 2020 de Biblical Archaeology Review , Mark Wilson del Centro de Investigación de Asia Menor en Antalya, Turquía, examina el tamaño de Galacia en el momento en que Paul visitó y escribió su carta. Como sugiere su título, “Galacia en texto, geografía y arqueología”, su artículo sopesa toda la evidencia disponible para rastrear los límites de esta provincia para determinar la audiencia original de la carta de Pablo a los gálatas.

 

El Libro de los Hechos registra los viajes de Pablo a través del “sur de Galacia”, incluidas las ciudades de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (Hechos 13–16). Pablo también visitó Perge  y Attalia en la región de Panfilia en la costa mediterránea (Hechos 13–14). Tres descubrimientos arqueológicos recientes sugieren que estas ciudades en Panfilia eran parte de Galacia cuando Pablo visitó la región:

El Stadiasmus Patarensis, un monumento vial de la ciudad de Patara en la región de Licia, data del año 46 d. C. y enumera a Panfilia como provincia limítrofe. Si bien algunos eruditos habían pensado que Licia y Panfilia eran una provincia conjunta en ese momento, este monumento vial contradice esa teoría y muestra que Panfilia y Licia no eran una provincia conjunta cuando Paul visitó el área.

 

Además, dos inscripciones latinas, excavadas en la ciudad de Perge en Panfilia, nombran a Galacia y Panfilia como una provincia conjunta a finales de los años 40 y principios de los 50 dC

 

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LOS VIAJES DE SAN PABLO

 

¿Sabes quién era San Calixto?

El papa San Calixto fue elegido en el 217, se distinguió por su misericordia y comprensión con los pecadores arrepentidos, en contra de los rigoristas.  Murió mártir en el 222.  Es, indudablemente, uno de los Romanos Pontífices que más sobresalieron a fines del siglo II y principios del III, en un tiempo en que multitud de corrientes más o menos peligrosas trataban de desviar a la Iglesia del verdadero camino de la ortodoxia y del justo medio de la disciplina eclesiástica.

 

Según el Líber Pontificalis, Calixto nació en Roma, y su padre, llamado Domicio, residía en el barrio denominado Ravennatio. Era esclavo; mas, dotado como estaba, de extraordinarias cualidades, supo levantarse poco a poco hasta llegar a ser obispo de Roma, rigiendo con notable acierto a la Iglesia durante los cinco años que duró su pontificado (217-222).

Perseguido, pues, por su amo, logró Calixto escapar de Roma; pero fue alcanzado en Porto cuando intentaba huir por mar, y poco después se le impuso un denigrante castigo, propio de esclavos, obligándole a mover la rueda de un molino.

 

san Calixto

 

 

Entretanto, como insistieron los acreedores para que se le pusiera en libertad, con la esperanza de poder recobrar sus pérdidas, su dueño Carpóforo hizo que le levantaran el castigo, y así Calixto intento entablar negocios en una sinagoga de judíos. Pero, temiendo éstos ser envueltos en sus engaños, reales o supuestos, le llevaron ante el prefecto de Roma, el cual le hizo azotar y le sentenció luego a ser deportado a las minas de Cerdeña.

Y aquí comienza una nueva etapa en la vida del esclavo Calixto. Como en Cerdeña se encontraban multitud de cristianos condenados a los trabajos forzados de las minas, Calixto fue considerado como uno de ellos. Vencidas algunas dificultades, consiguió ser librado Calixto, y, al ser conducido a Roma, recibió la orden del papa Víctor (189-199) de permanecer en Ancio.

No se sabe con toda seguridad si ya desde un principio, siendo esclavo del cristiano Carpóforo, era cristiano, o si abrazó después el cristianismo, tal vez por el contacto con los deportados de Cerdeña. En todo caso, desde este momento aparece como cristiano, a las órdenes de los Romanos Pontífices.

En Ancio se detuvo Calixto hasta el principio del pontificado de San Ceferino (199-217), aprovechando este tiempo de retiro para intensificar más y más su formación religiosa, preparándose para los grandes problemas para los que le destinaba la Providencia.

El papa Ceferino fue quien llamó a Calixto a Roma y le hizo encargado de la catacumba de la vía Appia, que posteriormente recibió el nombre de San Calixto. Se entregó con toda su alma a la organización y embellecimiento de aquella catacumba, lo que constituye la primera de las importantes obras en que intervino este gran Papa.

 

 

Su principal empeño consistió en unificar las diversas partes iniciales, como eran la cripta de Lucina y otras existentes en sus proximidades, dando a todo el conjunto una extensión mayor y convirtiéndolo en el principal cementerio cristiano. Sobre todo, fue obra suya el destinar una de las partes principales de esta catacumba para sepultura de los Papas. Es lo que, desde entonces, se designó como Cripta de los Papas, donde fueron sepultados, durante todo el siglo III, todos los Romanos Pontífices, excepto Cornelio y el mismo Calixto.

No es, pues, de maravillar que posteriormente este cementerio o catacumba fuera designado como cementerio o Catatumba de San Calixto. De hecho fue el primero que pasó a ser plena propiedad de la Iglesia. El mismo papa San Ceferino ordenó de diácono a Calixto y le tomó como su principal auxiliar y secretario.

A la muerte de San Ceferino, el año 217, fue elevado al Solio pontificio como su sucesor. Y, por cierto, las circunstancias eran bien difíciles para la Iglesia, por lo cual constituye un mérito muy especial de San Calixto el haber resuelto, con su autoridad pontificia, algunos problemas sumamente agitados durante su pontificado.

Dos fueron las cuestiones en las que intervino el nuevo Papa, a las que va unido su nombre en la historia de la Iglesia: la cuestión dogmática sobre la Trinidad, representada por el sabelianismo, que afirmaba una unidad exagerada en la esencia divina y destruía la distinción de personas, y la cuestión del rigorismo exagerado de los montanistas o los defensores de Tertuliano.

En ambos problemas tomó Calixto importantes decisiones, que marcaron el punto medio de la verdadera ortodoxia católica. Pero también en ambas cuestiones se aprovecha su rival Hipólito para calumniarlo y desacreditarlo ante la Iglesia universal.

Calixto se vio obligado a intervenir con decisión; pero en su impugnación del sabelianismo tomaba el término medio de la ortodoxia, sin aceptar la doctrina de Hipólito. Por esto, con su acostumbrado apasionamiento, le acusa éste de defender la doctrina sabeliana.

En realidad no fue así, sino que rechazaba por un lado a Sabelio y por otro a Hipólito, sin determinar explícitamente en qué consistía la verdadera doctrina. Por esto Hipólito se levantó contra Calixto como antipapa y luchó tenazmente contra él: pero al fin, desterrado él mismo por la fe cristiana, reconoció su error, se reconcilió con el sucesor de San Calixto y murió mártir.

Entretanto San Calixto, bien informado de la peligrosa propaganda de los sabelianos, llamados también monarquianos o modelistas, lanzó la excomunión contra Sabelio y sus partidarios, pero al mismo tiempo, sin condenar propiamente a Hipólito, rechazó las teorías que tendían a subordinar al Logos, es decir, a Cristo, a Dios, con lo cual favorecían cierto dualismo en la divinidad, y juntamente se exponían al peligro de un verdadero subordinacianismo que niega la igualdad del Hijo con el Padre y, por consiguiente, su divinidad. Precisamente de esta tendencia se derivó despues el arrianismo.

Tal fue, en conjunto, la actuación del gran papa San Calixto. El Líber Pontificalis le atribuye un decreto sobre el ayuno, pero no tenemos noticias ulteriores que confirmen o aclaren esta disposición pontificia.

Su gloria descansa, por tanto, en el hecho de que, siendo un simple esclavo de nacimiento, por sus propios méritos se elevó a los más encumbrados cargos y aun al mismo Pontificado, y, además, en su extraordinario acierto en la organización de la catacumba que por lo mismo es conocida como de San Calixto, y en haber defendido el dogma católico frente a los sabelianos antitrinitarios, y la disciplina cristiana del perdón de los pecados contra el rigorismo montanista y de Tertuliano.

La tradición, desde la más remota antigüedad, lo venera como mártir. Murió probablemente durante el reinado del emperador Alejandro Severo (222,235), el año 222; pues, aunque este emperador no persiguió a los cristianos, pudo originarse su martirio por algún arrebato popular promovido por los fanáticos paganos.

Las actas de su martirio, compuestas en el siglo Vll, transmiten la leyenda de que, por efecto de la furia popular, fue arrojado por una ventana a un pozo en el Trastevere y su cuerpo sepultado con todo secreto en el vecino cementerio de Calepodio.Los cristianos, en medio de la revuelta producida con su martirio, lo enterraron en el lugar más próximo.

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Catacumbas de San Calixto

 

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BERNARDINO LLORCA

Lo que querías saber sobre el Pilar de Zaragoza, en este artículo

Fiestas del Pilar en Zaragoza: cada año más y más grandes. En el año 2018 hubo 771 grupos inscritos para la entrega de flores. Para recoger tantas flores para la Virgen se necesita un andamiaje de 40 toneladas y 15,5 metros de altura y 16 de anchura.

 

El jueves 11 de octubre se coloca con la ayuda de una grúa una imagen de la Virgen (con estructura portante, columna, manto, imagen y corona con resplandores) que pesa 15 kilogramos (está hecha de poliéster). La corona con resplandores tiene un diámetro de 2,64 metros y el manto mide 2,50 metros de altura, siendo la altura total de 6,70 metros y el peso, sin flores, unos 525 kilogramos.

En 2017, durante 15 horas, entre 280.000 y 300.000 personas entregaron sus flores. Otras 200.000 asistieron a la ceremonia como público,

Tantas cifras enormes contrastan con la moderación del objeto que da fuerza histórica a la devoción: esa piedra que llamamos el pilar.

 

 

El pilar es la pequeña columna donde, según la tradición, se apareció la Virgen María en el siglo I, cuando aún vivía en carne mortal, para animar al apóstol Santiago, en el siglo I. No es un objeto impresionante: 1,77 m de altura y 24 cm de anchura. Pero es el epicentro pétreo de la devoción. La Virgen del Pilar, sin el pilar, sería sólo la Virgen, que no es poco. Pero el pilar le da un anclaje especial en la historia, la leyenda y el lugar.

Quizá el más completo y detallado análisis sobre el pilar de Zaragoza accesible hoy es el de Juan Antonio Gracia, periodista y canónigo emérito de la Basílica del Pilar. Lo escribió en el libro “El Pilar desconocido” , lo publicó el Heraldo de Aragón en 2006, y lo suele recuperar al acercarse la fiesta de la Virgen para publicar en su número especial anual.

La Imagen de Nuestra Señora del Pilar

La preciosa imagen de Nuestra Señora del Pilar está colocada sobre una Columna de la que desconocemos casi todo. Y, sin embargo, esa Columna constituye el elemento más importante de cuantos integran la tradición mariana de Zaragoza. Es el dato que caracteriza, distingue y diversifica esta tradición concreta entre las mil mariofanías que se veneran en el mundo entero.

Esa Columna sacra es la nota diferenciadora, el símbolo que identifica la peculiar devoción aragonesa, el trazo que la singulariza y la define.

Precisamente porque la Columna ha sido a lo largo de los siglos el rasgo fundamental de esta tradición, el arte en sus expresiones plásticas, la literatura, la poesía y la liturgia han sabido subrayarlo con múltiples y variadas representaciones llenas de belleza. En el riquísimo álbum mariano universal, resulta sencillísimo identificar la imagen cesaraugustana gracias a la Columna. Tan esencial e imprescindible es la Columna que, sin ella, no es posible identificar con claridad a la Virgen Patrona de Aragón.

 

 

Donde la Virgen plantó el pilar, allí se quedó… y alrededor se hizo una iglesia, y luego la actual basílica, y allí van cientos de miles de devotos y besan la columna

 

Curiosamente, esa Columna que resume la devoción de un pueblo durante veinte siglos es una piedra sagrada perfectamente desconocida, ya que no sólo carece de documentación, sino que jamás se hizo un estudio serio que nos permita conocer mejor siquiera los datos más interesantes de su estructura material, su exacta colocación, su estado de conservación, su antigüedad real.

Más aún, no solamente no conocemos en profundidad cómo es esa Columna, sino que apenas si la vemos, salvo a través de una pequeña abertura por la que los devotos podemos besarla, aunque no sin dificultad. Por cierto, el cerco de oro que orla ese orificio, regalo del que fuera ilustre médico y rector de la Universidad de Zaragoza, doctor Ricardo Royo Villanova, fue colocado el 1 de enero de 1941.

Tres han sido las causas que han contribuido a mantener entre celajes de misterio la venerada piedra: 

Preguntas sobre el pilar

Así las cosas, es normal que surja una catarata de preguntas.

¿Cómo es exactamente la Santa Columna?
¿Cuál es su estado de conservación? Se asegura que es de jaspe, pero ¿de qué tipo de jaspe? ¿De qué cantera procede?
¿Cómo se asienta en el suelo? ¿Qué grado de perforación tiene a causa de los incontables besos y roces de manos que recibe?
¿Estamos ante una pieza de época romana, tal como hace suponer la tradición, o es posterior? Y si es posterior, ¿de qué siglo?

No teniendo documentación alguna y careciendo de comprobaciones científicas, todas estas cuestiones tienen un gran interés y en modo alguno pueden considerarse impertinentes.

Sería faltar a la verdad si dijera que nunca se hicieron estudios al respecto. Pero hay que reconocer que las prospecciones que se llevaron a cabo fueron pocas, escasamente ilustradoras y no muy rigurosas.

Estudios del siglo XVIII

En el archivo capitular del Pilar se conserva un dibujo hecho por el arquitecto don José Julián de Yarza y Lafuente, que en la noche del 13 al 14 de septiembre de 1756 inspeccionó visualmente la Columna y tomó sus medidas, aprovechando la circunstancia de haberse descubierto la Columna al construirse la Santa Capilla según el diseño de don Ventura Rodríguez.

Yarza en su dibujo señala la parte del Pilar que se cubre con plata, el orificio preciso por el que se veneraba y se veneraría en adelante, la basa de piedra blanca y la medida de cada una de esas partes, dando algo más de diez palmos.

columna del Pilar

Dibujo de la Santa Columna realizado por Julián de Yarza en 1756, con la siguiente leyenda: A-B porción que está cubierta en plata; C despiezo o junta; D Adoración antigua; E adoración nueva; F bara de piedra blanca conforme estaba; G del modo que ha quedado la Santa Basa para poder sentar los nuevos jaspes; A-H alto de la Santa Columna | Archivo del Pilar.

 

Siendo sin duda interesante ese dibujo de Yarza, no desvela gran cosa, ya que ni los canónigos archiveros, ni otros historiadores, ni los arquitectos Ríos Balaguer, Ríos Usón y Ríos Sola han encontrado documentación que ofrezca información sobre ese dibujo y sobre las medidas que da.

Lo que no obsta para que todos los autores posteriores den como buena la medición del doctor Yarza, precisando aún más, si cabe, que la altura es de 1,77 m y su diámetro de 24 cm. Aparte de estos escuetos datos, que miden pero no describen mucho, diez años después, en 1766, don Manuel Vicente Aramburu hace la primera descripción detallada conocida hasta hoy.

Este autor, que pudo contemplar in situ la Columna, ya que fue testigo directo de las obras dirigidas por don Ventura Rodríguez, ofrece el siguiente testimonio:

«Es de jaspe, de dos varas de alta y descansa en una piedra que la continúa algo oscura que está sobre otra más clara, fijada en una base redonda y está sobre un plano de piedra como la que circuye toda la obra.

La columna de jaspe está cubierta de bronce y, sobre el bronce, de plata, cuyas dos cubiertas llegan hasta el pie de la sagrada imagen que está colocada en la Columna sin otra seguridad y su diámetro mide 24 ctms».

 

Aramburu, que, como dije, con toda probabilidad vio, tocó y midió la Columna, habla del color y de la clase de mármol, de la envoltura y del asentamiento de la misma. No es poco, pero resulta insuficiente. En cuanto a la medida, utiliza la vara como unidad de medición y coincide con todos los autores: 1,77 m de altura y 24 cm de anchura.

 

En el siglo XX: la piedra que besamos es la de la Virgen

Tras Aramburu, hay que dar un gran salto en el tiempo y llegar a 1955.

El 28 de febrero de ese año, el arquitecto don Teodoro Ríos Balaguer, acompañado de su hijo Teodoro, también arquitecto, de su ayudante Ángel Peralta, del aparejador Ángel Tobajas, del cantero Manuel Pinilla y del peón de albañil José Larra, en presencia del deán Hernán Cortés, del canónigo Leandro Aína, del capellán José Ágreda y del mozo de sacristía Alejandro Bordetas, inspeccionó la santa Columna.

Se trataba de despejar de manera técnica la duda surgida entre algunos fieles acerca de si el Pilar que se besaba era o no el mismo sobre el que se asentaba la imagen de la Señora.

Se trazaron paralelas y perpendiculares, se tomaron medidas con aparatos de precisión y, tras varias horas de cálculos, se concluyó que el Pilar sobre el que está la Virgen tiene una altura total de 1 m, 77 cm y 2 mm. Y que, efectivamente, la Columna que besamos es la misma sobre la que está la imagen de la Virgen. 

 

Fragmento visible de la Santa Columna, el que se besa. La tradición de besar el Pilar ya está atestiguada desde la Edad Media. El desgaste sufrido por la Santa Columna a causa de los continuos ósculos de los fieles, llevó a Julián de Yarza a modificar la altura de la apertura de la funda. El óvalo de oro que lo rodea no se colocó hasta mediados del siglo XX | Javier Pardos

 

Como fácilmente se deduce, todos los exámenes conocidos y realizados hasta ahora han sido más bien superficiales y referidos solo a datos externos especialmente relacionados con las medidas de la Santa Columna.

Tampoco los estudios arqueológicos, realizados preferentemente entre 1930 y 1940 arrojaron mucha luz sobre el asunto que nos ocupa. Los pocos elementos hallados hasta ahora en las excavaciones y los restos que quedan de las antiguas edificaciones en el subsuelo pueden tal vez, en opinión de algún autor sugerir vestigios de una iglesia romana, pero, aparte de su endeblez científica, poco o nada aportan al conocimiento biográfico de la Santa Columna.

 

1980: los responsables de la Basílica no tuvieron coraje

Tal vez en 1980 se perdió la gran ocasión de hacer un estudio en profundidad, una inspección científica seria, una rigurosa aplicación de las técnicas más avanzadas en el análisis de ese mármol sagrado que ha desempeñado un papel trascendente durante siglos en la espiritualidad del pueblo creyente y aun en el devenir de la sociedad aragonesa.

En ese año, con ocasión de remodelar el Camarín de la Virgen, en trabajos que se realizaron de noche y con las puertas del templo cerradas, se hizo un verdadero chequeo al corazón de la basílica.

 

La ciencia moderna podría dar muchos datos

Así estaban las cosas en el último tramo del siglo XX, así están en los primeros compases de la nueva centuria y así seguirán hasta Dios sabe cuándo. Y sin embargo, las novísimas conquistas de la tecnología podían hoy despejar dudas, aclarar sombras, disipar secretos innecesarios, evitar tapujos extraños.

En febrero de 1991 consulté este asunto con el doctor Marcelino Lago, catedrático de Petrología; en abril de 2005 lo hice con la doctora Begoña Martínez Jarreta, catedrática de Medicina Legal y con el doctor Manuel Martín Bueno, catedrático de Arqueología. Los tres enseñan en nuestra Universidad cesaraugustana.

Los tres aseguraron que una investigación, llevada a cabo con los medios que ofrece la técnica de nuestros días, obtendría excelentes resultados y proporcionaría datos interesantísimos en torno al origen, la edad y la estructura de la Santa Columna.

Me temo que ni hoy, ni mañana, acaso nunca, se sabrá más de lo que sabemos de esa Columna venerable, por lo que en mi mente seguirán punzándome las preguntas de siempre.

Y, sobre todas, la que más me duele: ¿y si ese Pilar fuera un peristilo de época romana, o una columnita de un claustro medieval, o una huella de la presencia musulmana en nuestra ciudad o de un palacio renacentista aragonés o, quién sabe, se resistiera a todo tipo de verificación por ciencia humana, sugiriendo así el origen celestial que le atribuye la tradición?

(Juan Antonio Gracia, periodista y canónigo emérito de la Basílica del Pilar)

 

El Pilar en sí se protege con esta funda

 

 

 

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VIRGEN DEL PILAR 

 

 

Newman, Tres papas distintos han visto esta imagen. Es San John Henry Newman.

Benedicto XVI lo beatificó en Reino Unido, el papa Francisco lo canonizó en Roma y, ahora, León XIV le confiere el título de 'Doctor de la Iglesia'.

 

En esta cita tan especial del Jubileo del Mundo Educativo, que siempre necesita figuras de referencia y modelos a seguir, Su Santidad ha decidido proclamar Doctor de la Iglesia a San John Henry Newman, reconociendo su contribución decisiva a la renovación de la teología y a la comprensión de la doctrina cristiana y su desarrollo.

Newman fue un presbítero anglicano que, de afirmar que el papa era el anticristo, se convirtió al catolicismo, llegando a ser cardenal.

Ahora, además de santo, también es doctor. León XIV le otorgó esta distinción pronunciando esta fórmula en latín.

Y estos aplausos vienen de profesores y estudiantes, convocados en Roma para su jubileo. Para ellos, Newman es una figura de referencia, sobre todo, en el ámbito universitario. De ahí que, además, el papa hiciese este nombramiento.

 

LEÓN XIV

En esta solemnidad de Todos los Santos, es una gran alegría inscribir a San John Henry Newman entre los Doctores de la Iglesia y, al mismo tiempo, con motivo del Jubileo del Mundo Educativo, nombrarlo copatrono, junto con Santo Tomás de Aquino, de todos los que participan en el proceso educativo.

Al terminar la misa, el papa quiso dirigir un saludo a la delegación anglicana, presente en la celebración. Un gesto ecuménico entre católicos y protestantes.

Newman

 

LEÓN XIV

Me complace enormemente dar la bienvenida a la delegación oficial de la Iglesia de Inglaterra, encabezada por Su Excelencia Stephen Cottrell, arzobispo de York. Tras el histórico encuentro de oración con Su Majestad el rey Carlos III, celebrado hace unos días en la Capilla Sixtina, vuestra presencia hoy expresa la alegría compartida por la proclamación de San John Henry Newman doctor de la Iglesia.

Ahora, con Newman, la lista de doctores de la Iglesia suma un miembro más. Ya son 38.

 

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San John Henry Newman, cardenal - 9 de octubre

 

J. H. Newman - "Un hombre nuevo"

 

 

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Ignacio era el segundo o tercer sucesor del apóstol San Pedro en la sede de Antioquía

La vuelta del emperador Trajano a Roma, tras la conquista de la Dacia —la actual Rumanía—, fue celebrada con ciento veintitrés días de espectáculos. Diez mil gladiadores perecieron en los juegos circenses. También fueron devorados por las fieras muchos condenados, por el mero hecho de ser cristianos. Entre ellos el obispo de Antioquía, Ignacio. Detenido y juzgado, el prisionero abandonó la gran metrópoli de Siria hacia Roma, cargado de cadenas y bien escoltado por un pelotón de diez soldados de la cohorte Lepidania. Corría probablemente el año 106, o principios del 107.

 

Ignacio era el segundo o tercer sucesor del apóstol San Pedro en la sede de Antioquía, pues los testimonios no son unánimes. Según un documento del s. IV/V fue discípulo del apóstol Juan. Ante todo era un pastor de almas, enamorado de Cristo y preocupado tan sólo de custodiar el rebaño que le había sido confiado.

Su mejor retrato nos lo proporciona él mismo en las siete cartas que escribió a varias comunidades cristianas mientras era llevado a Roma. Cuatro fueron escritas desde Esmirna a las Iglesias de Éfeso, Magnesia, Tralles y Roma; las otras tres las escribió desde Tróade: a la Iglesia de Filadelfia, a la de Esmirna y al obispo de ésta, Policarpo, en la que le da unos consejos sobre la manera de desempeñar sus deberes de obispo.

Por su contenido, estas cartas tienen un gran interés doctrinal, por el que San Ignacio es uno de los Padres de la Iglesia. Es en ellas donde encontramos por vez primera la expresión “Iglesia católica” para referirse al conjunto de los cristianos.

Bastantes de los temas que tratan vienen determinados por la polémica contra las herejías más difundidas, especialmente el docetismo, que negaba la realidad de la encarnación del Verbo.

 

ignacio antioquia

 

 

San Ignacio afirma con energía la verdadera divinidad y la verdadera humanidad del Hijode Dios. Otro punto importante es la doctrina sobre la Iglesia.

San Ignacio considera que el ser de la Iglesia está profundamente anclado en la Trinidad y, a la vez, expone la doctrina de la Iglesia como Cuerpo de Cristo. Su unidad se hace visible en la estructura jerárquica, sin la cual no hay Iglesia y sin la que tampoco es posible celebrar la Eucaristía.

La jerarquía aparece constituida por obispos, presbíteros y diáconos. Se trata de un testimonio precioso, por su claridad y su antigüedad.

Toda la comunidad debe obedecer al obispo, que representa a Dios, el obispo invisible. Al obispo deben someterse el presbiterio y los diáconos hasta el punto de que, si alguien obra algo a margen de lajerarquía, dice, “no es puro en su conciencia”.

Sobre este mismo punto, refiriéndose a su martirio, llega a afirmar en una de las cartas: “Yo me ofrezco como rescate por quienes se someten al obispo, a los presbíteros y a los diáconos. ¡Y ojalá que con ellos se me concediera entrar a la parte de Dios!”.

 

Ignacio muestra ser un hombre de gran corazón. Agradece emocionado la finura de la fraternidad de los primeros cristianos, que —apenas conocer su cautiverio— se prodigan con él, le proporcionan lo necesario para el viaje, se ofrecen a acompañarle y a compartir su suerte. Corren a confortarle desde las ciudades vecinas, pero son ellos quienes tornan removidos y contagiados del amor a Dios.

Gracias a su intensa vida interior, San Ignacio intenta hacer el mayor bien posible en los lugares por donde pasa, abriendo a los demás el tesoro de los dones que el Espíritu Santo le ha concedido.

Con una gran humildad afirma: “no os doy órdenes como si fuese alguien”, pero su caridad sabe usar tonos enérgicos cuando es necesario: no esquiva corregir aunque duela, ni denunciar la herejía o la desviación disciplinar.

 

 

Este es el propósito principal de las epístolas ignacianas. A lo largo de su viaje, observa y escucha lo que ocurre: rápidamente discierne los viejos errores ya repetidamente combatidos por los Apóstoles, cuya raíz maligna sigue brotando por doquier: el docetismo, que propugnaba un Cristo aparente, no realmente encarnado; el gnosticismo, que disuelve el cristianismo para reducirlo a una ciencia de autosalvación basada en el conocimiento de verdades pseudofilosóficas; las tendencias judaizantes, el rigorismo ético…

Y sobre todo, una doctrina que quiere dividir a la Iglesia en dos bloques contrapuestos, enfrentando a los fieles con el obispo y su presbiterio.

En el saludo inicial de la carta a los romanos, Ignacio se excede y trata a la Iglesia de Roma de forma distinta a como trata a las demás, con especiales alabanzas.

El tono general de la salutación se puede tomar como un testimonio del primado de Roma, aún de mayor interés por provenir del obispo de la sede de Antioquía: una sede antigua, que cuenta a San Pedro como su primer obispo, establecida en una de las ciudades mayores y más influyentes del Imperio, en la que además comenzaron a llamarse cristianos lo seguidores de Cristo.

Para San Ignacio, la vida del cristiano consiste en imitar a Cristo, como Él imitó al Padre. Esa imitación ha de ir más allá de seguir sus enseñanzas, ha de llegar a imitarle especialmente en su pasión y muerte; es de ahí de donde nace su ansia por el martirio:

“soy trigo de Dios, y he de ser molido por los dientes de las fieras, para poder ser presentado como pan limpio de Cristo”, dice a los romanos; y al obispo Policarpo le anima: “Mantente firme, como un yunque golpeado por el martillo. De grande atleta es ser desollado y, sin embargo, vencer”.

 

Por otra parte, esa imitación viene facilitada porque Cristo vive en nosotros como en un templo y nosotros llegamos a vivir en Él; por eso los cristianos estamos unidos entre nosotros, porque estamos unidos a Cristo.

En estas cartas se refleja la santidad del obispo de Antioquía, que dejaría una huella imborrable en los cristianos de su época y en la Iglesia para siempre: la de un santo que, como tantos otros en su época, va alegre al martirio, a encontrarse con su Dios.

“Pedid a Cristo por mí para que, por medio de estos instrumentos [las fieras], logre ser un sacrificio para Dios. No os doy órdenes como Pedro y Pablo. Aquéllos eran Apóstoles; yo soy un condenado; aquéllos, libres; yo, hasta ahora, un esclavo.

Pero si sufro el martirio, seré un liberto de Jesucristo y en Él resucitaré libre (…). Para mí es mejor morir para Jesucristo que reinar sobre los confines de la tierra. Busco a Aquél que murió por nosotros. Quiero a Aquél que resucitó por nosotros.”

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SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA

Carta de San Ignacio de Antioquía a los efesios

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Virgen del Rosario

Su fiesta fue instituida por el Papa san Pío V el 7 de Octubre, aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a la Madre de Dios, invocada por la oración del rosario. La celebración de este día es una invitación para todos a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo a la encarnación, la pasión y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.


Historia del Rosario

Desde el principio de la Iglesia, los cristianos rezan los salmos como lo hacen los judíos. Mas tarde, en muchos de los monasterios se rezan los 150 salmos cada día. Los laicos devotos no podían rezar tanto pero querían según sus posibilidades imitar a los monjes.

Ya en el siglo IX había en Irlanda la costumbre de hacer nudos en un cordel para contar, en vez de los salmos, las Ave Marias. Los misioneros de Irlanda mas tarde propagaron la costumbre en Europa y hubieron varios desarrollos con el tiempo.


Santo Domingo busca las ovejas perdidas

La Madre de Dios, en persona, le enseñó a santo Domingo de Guzmán a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.

Domingo de Guzmán era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la herejía albingense. Esta enseña que existen dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual.

El malo, todo lo material. Como consecuencia, para los albingenses, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Jesús no es Dios.

 

Virgen del Rosario

Virgen del Rosario. Murillo.

 

 

También negaban los sacramentos y la verdad de que María es la Madre de Dios. Se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años los Papas enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataron de convertirlos, pero sin mucho éxito. También habían factores políticos envueltos.

Domingo trabajó por años en medio de estos desventurados. Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos. Pero, muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos. Domingo dio inicio a una orden religiosa para las mujeres jóvenes convertidas.

Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en esta capilla en donde Domingo le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.


La Virgen acude en ayuda de Santo Domingo de Guzmán

La Virgen se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias.

Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó, y con gran éxito por que muchos albingenses volvieron a la fe católica.

 

rosario

 

Lamentablemente la situación entre albingences y cristianos estaba además vinculada con la política, lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra. Simón de Montfort, el dirigente del ejército cristiano y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas a rezar el rosario.

Lo rezaron con gran devoción antes de su batalla más importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria había sido un verdadero milagro y el resultado del rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario.


Las promesas de la Virgen a los que recen el rosario

Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.

El rosario se mantuvo como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le dijo que reviviera dicha devoción. La Virgen le dijo también que se necesitarían volúmenes inmensos para registrar todos los milagros logrados por medio del rosario y reiteró las promesas dadas a Sto. Domingo referentes al rosario.


Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano:

1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.

4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.

5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.

6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.

7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.

8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.

9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.

10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.

11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.

14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

 

 

La fiesta de Nuestra Señora del Rosario

Fue establecida por primera vez por el Papa Pío V en 1573 en acción de gracias a Dios por la derrota de la armada cristiana de la flota turca en Lepanto.

El papa Clemente XI extendió la fiesta a toda la Iglesia en 1716 después de la derrota cristiana de los turcos en Hungría. Se dice que el rosario se desarrolló a través de la práctica cristiana primitiva de recitar los 150 Salmos orados por la Iglesia.

 

 

Los que no podían leer reemplazaron los Salmos con 150 Padres Nuestros, usando lo que se conocía como cuentas de paternóster para contar, y finalmente con 150 Ave Marías, también llamada Salterio a Nuestra Señora.

Como anécdotas, tanto la Virgen de Lourdes en su aparición de 1858 pidió a sus aparecidos que rezaran el rosario como la de Fátima en 1917 durante la sexta aparición el 13 de octubre, nuestra Señora les dijo a los niños que quería que se construyera una capilla allí en su honor y que la gente rezara el rosario diariamente.

Ella les dijo a los niños, “Soy la Señora del Rosario”. Gran parte de los papas del siglo XX fueron muy devotos de esta advocación, San Juan Pablo II manifestó en 1978 que el rosario era su oración preferida.

La iglesia católica ha consagrado el mes de octubre al rosario desde 1887.

 

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Octubre mes del Rosario - Historia del Rosario

 

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