A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.
LA DIDACHE siglo I“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).
“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).
“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?
Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).
“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).
“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.
“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).
“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).
“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).
“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).
“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).
“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).
“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).
“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.
¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).
“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).
Desde el ataque se abrió un proceso de investigación para encontrar a los responsables del atentado. Muchos líderes mundiales pidieron al gobierno de Sri Lanka que haga justicia. El papa aprovechó el tercer aniversario de los atentados para hacer este llamamiento público.
FRANCISCO
No quisiera terminar sin hacer un llamamiento a las autoridades de su país. Por favor y por el bien por la justicia, por el bien de tu pueblo, que se aclare de una vez por todas quiénes fueron responsable de estos hechos [los atentados de Semana Santa de 2019]. Esto traerá paz a su conciencia y a la Patria.
Casi 5 años después, la comunidad católica no ha olvidado a las más de 200 personas asesinadas ese día.
CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Hemos construido un cementerio especial en Kotahena o Nigambo. Tuvimos que comprar un terreno porque el cementerio católico estaba repleto, lleno de cadáveres y no podíamos enterrarlos a todos allí.
También hay un memorial en una de las iglesias que fueron destruidas aquel Domingo de Pascua.
CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Hay un memorial dentro de la iglesia. Reservamos una zona y escribimos todos los nombres en una lápida de piedra que construimos en la iglesia de San Sebastián.
Muchas personas han acudido a los memoriales para pedir la intercesión de estos hombres y mujeres. El cardenal Ranjith dijo que son ejemplos de los mártires modernos de los que el papa habla a menudo.

CARD. MALCOLM RANJITH
Arzobispo de Colombo, Sri Lanka
Dieron sus vidas por la fe, porque los atacantes lo hicieron por odio a la fe. Odium fidei, así lo llaman. Odiaban a los cristianos y atacaron a estos inocentes. Los mataron. Para nosotros son mártires porque murieron yendo a la Iglesia, por eso promovemos su causa.
El 21 de abril se cumplen 5 años del atentado. Es el tiempo mínimo que exige el Vaticano para iniciar el proceso de beatificación. Y en Sri Lanka lo tienen claro. En cuanto se cumpla ese aniversario, se pondrán manos a la obra.
FUENTE: www.romereports.com
Siria custodia un legado histórico y cultural que se resiste a desaparecer a pesar de las profundas cicatrices provocadas por los conflictos armados. Dos claros ejemplos de esta resistencia y riqueza patrimonial se encuentran en la milenaria localidad de Maloula, donde aún resuena el arameo, y en la provincia sureña de Deraa, cuya histórica Mezquita Omari ha sido recientemente incluida en las prestigiosas listas de la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura (ISESCO). Ambos enclaves simbolizan el esfuerzo colectivo por reconstruir la identidad nacional y preservar la memoria histórica de la región.
Ubicada a unos 56 kilómetros al norte de Damasco, encaramada de forma inverosímil entre los escarpados riscos de la cordillera del Qalamún, Maloula emerge como uno de los símbolos más singulares y resistentes de Siria. Con sus casas excavadas directamente en la roca y sus callejuelas serpenteantes, este místico pueblo fusiona de manera perfecta el paisaje natural con la arquitectura humana.
La localidad alberga dos de los más importantes referentes del cristianismo oriental: los monasterios de San Sergio (Mar Sarkis) y Santa Tecla (Mar Takla). La tradición local relata que Santa Tecla, discípula de San Pablo, halló refugio en estas escarpaduras huyendo de la persecución, una narrativa que otorga al pueblo una atmósfera de profunda espiritualidad que atrae tanto a peregrinos como a turistas de todo el mundo.

Más allá de su imponente valor arquitectónico y religioso, el mayor patrimonio de Maloula es inmaterial: el arameo. Esta antiquísima lengua, considerada por la comunidad académica como el idioma materno de Jesucristo, sigue viva en las conversaciones cotidianas, los cantos populares y las oraciones de los habitantes del pueblo, uniendo en su uso a comunidades tanto cristianas como musulmanas.
Sin embargo, la supervivencia de este legado se encuentra en una situación crítica. La guerra obligó al cierre del instituto especializado en su enseñanza, lo que ha provocado que la transmisión del idioma dependa actualmente del ámbito puramente familiar y oral. Ciudadanos como Omar Diab, residente en Catar pero profundamente ligado a sus raíces, expresan su preocupación por la pérdida de la gramática y la escritura formal, enfatizando la urgencia de reabrir centros educativos formales para salvaguardar este tesoro de la humanidad.
El tejido social de Maloula se sostiene sobre una convivencia interreligiosa ejemplar. Durante generaciones, cristianos y musulmanes han compartido festividades y tradiciones sin que las diferencias confesionales supusieran una barrera. Vecinos como Eduardo Hilal, quien regresó tras el conflicto encontrando su hogar destruido por los incendios, testifican que el respeto mutuo jamás se extinguió. Hoy en día, la tranquilidad regresa paulatinamente y celebraciones como la Exaltación de la Cruz vuelven a dinamizar la economía local.
El desafío principal radica ahora en la reconstrucción física. Según Abdullah Diab, supervisor de la Iniciativa de Reconstrucción de Maloula, más de la mitad de las propiedades de la zona continúan en ruinas, lo que impide el retorno de miles de familias desplazadas. A pesar del apoyo puntual de agencias de las Naciones Unidas, la comunidad local e ingenieros civiles continúan buscando financiación internacional para rehabilitar el patrimonio residencial y devolver por completo la vida a este histórico enclave.
De manera paralela a los esfuerzos de conservación en el norte, el sur de Siria celebra un hito cultural de envergadura internacional. La inclusión de la Mezquita Omari de Deraa en las listas patrimoniales de la ISESCO supone un reconocimiento directo al valor arquitectónico e histórico de uno de los templos islámicos más antiguos de la región del Levante.
El director del Departamento de Antigüedades de Deraa, Muhammad Nasrallah, señala que la Mezquita Omari fue erigida originalmente sobre cimientos de estructuras de las épocas romana y bizantina. Esta superposición evidencia la rica continuidad civilizatoria de Deraa, considerada una de las ciudades habitadas de forma ininterrumpida más antiguas del planeta.
El diseño del templo destaca por un patio central rodeado de arcadas que dan paso a una sala de oración sostenida por columnas antiguas. Su característico minarete cuadrado, que exhibe rasgos decorativos de los periodos ayubí y mameluco, cuenta con valiosas inscripciones árabes que documentan las diversas fases de restauración del edificio. El uso intensivo del basalto negro local no solo le confiere una estética imponente y sobria, sino que demuestra la gran maestría de los artesanos de la antigüedad para integrar los monumentos con su entorno natural.
Durante siglos, la Mezquita Omari trascendió su función estrictamente religiosa para consolidarse como un vibrante centro de conocimiento científico, social y cultural. Sus muros albergaron influyentes círculos de estudio dedicados al Corán, la jurisprudencia islámica, el Hadiz y la lingüística árabe, convirtiéndose en la cuna de numerosos juristas y pensadores destacados de la región.
Habiendo sufrido deterioros de consideración durante los años de la guerra, las autoridades competentes, en colaboración estrecha con la comunidad local, pusieron en marcha rigurosos planes de mantenimiento y restauración basados en normativas científicas internacionales. Estos trabajos no solo evalúan la estructura arquitectónica general, sino que modernizan los sistemas de iluminación, ventilación y saneamiento sin alterar la autenticidad del monumento.
La reciente protección y reconocimiento otorgado por la ISESCO abre las puertas a programas internacionales de asistencia técnica, capacitación y financiación global. Este nombramiento consolida a la Mezquita Omari no solo como un pilar de la identidad siria, sino como un testimonio imperecedero de la historia viva de Oriente Medio, asegurando su legado para las generaciones venideras.
El Consell de Mallorca culminó en julio de 2026 la extracción íntegra del pecio Ses Fontanelles, un mercante romano del siglo IV d.C. hundido en la bahía de Palma, en lo que constituye el primer rescate completo de un barco romano en España. Entre sus más de 300 ánforas aparecieron restos de 'liquaminis flos', el garum más caro del Imperio, sellos cerámicos con símbolos cristianos y una moneda acuñada en la actual Croacia colocada bajo el mástil como ritual de buena fortuna
Durante siglos, miles de bañistas nadaron sobre él sin saberlo. El pecio Ses Fontanelles reposaba a apenas dos metros de profundidad bajo la arena de la bahía de Palma, Mallorca, completamente invisible hasta que en 2019 un temporal removió el fondo y dejó al descubierto varios cuellos de ánforas que el buceador local Félix Alarcón detectó por casualidad. Siete años después, el Consell de Mallorca culminó la operación arqueológica más ambiciosa de la historia subacuática española: sacar del mar, íntegro y pieza por pieza, el primer barco romano completo jamás extraído en España.
La operación concluyó el 30 de junio de 2026, tras cuatro meses de trabajo continuo, de lunes a domingo, por un equipo de unas 15 personas que incluyó arqueólogos de la Universitat de les Illes Balears, la Universitat de Barcelona y la Universidad de Cádiz, con la colaboración del Centro de Buceo de la Armada. Se recuperaron más de 600 piezas entre fragmentos del casco y elementos del cargamento.
El Ses Fontanelles era un mercante de unos 12 metros de eslora y entre 5 y 6 metros de manga que zarpó desde la región de Cartagena cargado con más de 300 ánforas. Los investigadores creen que su destino era Roma u otro gran puerto del Mediterráneo occidental. La fecha del naufragio pudo establecerse con precisión gracias a un hallazgo bajo el mástil: una moneda acuñada en Siscia, la actual ciudad croata de Sisak, que data del año 320 d.C. Su posición no fue casual. En la tradición romana era común depositar una moneda bajo el mástil al construir un barco como rito fundacional para garantizar su buena fortuna. Que la moneda más reciente encontrada data del 320 d.C. sitúa el naufragio en torno a esa fecha, durante el reinado del emperador Constantino.

ánforas de ses fontanelles
El cargamento es uno de los más informativos jamás recuperados de un pecio romano. Los análisis de residuos orgánicos en las ánforas identificaron restos de liquaminis flos, una variante premium del garum, la salsa de pescado fermentado que fue uno de los grandes productos comerciales del Imperio romano. Esta variedad de calidad superior se elaboraba principalmente con boquerones (Engraulis encrasicolus) y, en menor medida, con sardinas, y era especialmente apreciada en los mercados más ricos del Mediterráneo. Otras ánforas contenían aceite, vinos y mostos fermentados para la conservación de frutas.
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue los símbolos cristianos encontrados en algunos de los sellos cerámicos, lo que sugiere que parte del cargamento pudo haber sido enviado por autoridades eclesiásticas en un momento de profunda transición religiosa del Imperio: precisamente el siglo IV es la época en que el cristianismo pasa de ser perseguido a convertirse en la religión oficial de Roma. Si la interpretación se confirma, el Ses Fontanelles sería un testimonio directo de esa transformación.
Entre los sellos y las inscripciones pintadas en las ánforas, los llamados tituli picti, los investigadores identificaron nombres de mercaderes, escribas y referencias fiscales vinculadas al transporte, una documentación comercial de primer orden para entender cómo funcionaban las redes de distribución del Mediterráneo tardorromano. El Ses Fontanelles también aportó una nueva tipología anfórica, bautizada como tipo Ses Fontanelles I, exclusiva de este pecio y no documentada en ningún otro yacimiento conocido.
Más allá del cargamento, la excavación recuperó objetos de una rareza excepcional. Un gran fragmento de la vela original de la embarcación, un hallazgo prácticamente único en la arqueología subacuática española, y el primer mando de timón de espadilla documentado en España, una pieza clave para estudiar la maniobrabilidad de este tipo de naves. También aparecieron cuatro anclas, cestas completas, restos de cuerdas y cabos, objetos personales de la tripulación como dos zapatos (uno de cuero, otro de esparto) y una lámpara de aceite con la imagen de la diosa Diana, y hasta un taladro de arco utilizado para reparaciones en alta mar.
El excepcional estado de conservación se explica por las condiciones del fondo: el ambiente anóxico bajo la arena, combinado con la poca profundidad, creó una especie de cámara sellada que preservó tanto la madera del casco como el contenido de las ánforas durante 1.700 años. Muchas de ellas mantenían aún sus tapones sellados con restos de su contenido original.
El rescate del Ses Fontanelles no es el final del proyecto sino, como señaló la vicepresidenta del Consell de Mallorca Antònia Roca, «el comienzo de una nueva etapa de investigación y conservación». Las más de 600 piezas permanecerán al menos un año en un campamento especializado instalado en el castillo de San Carlos en Palma, donde serán desalinizadas y estabilizadas. Después serán trasladadas al Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA) en Cartagena para tratamientos de restauración que los especialistas calculan que durarán al menos cinco años en total.
Miguel Ángel Cau, codirector científico del proyecto por la Universitat de Barcelona, resumió el alcance del hallazgo: «Hemos alcanzado el objetivo principal que nos marcamos hace cinco años, que era recuperar íntegramente el pecio para garantizar su preservación. Ahora comienza una etapa igual de importante: el trabajo de laboratorio, donde cada pieza será estudiada para seguir reconstruyendo la historia de esta embarcación». Una primera exposición temporal con parte del cargamento está prevista para noviembre de 2026 en el Centro Cultural la Misericòrdia de Palma, según detalló Forbes España en su cobertura del cierre de la operación.
fuente: Gizmondo
La Iglesia recuerda a los primeros mártires de Roma y a los santos Pedro y Pablo. Según la tradición, todos ellos fueron víctimas de la misma ola de persecución desencadenada por el emperador Nerón tras el gran incendio que devastó Roma en el año 64 d.C.
La catástrofe devastó la capital. Los historiadores antiguos describen barrios enteros consumidos por las llamas. Pronto comenzaron a circular rumores de que el propio Nerón había ordenado provocar el incendio.
Necesitaba encontrar a alguien más a quien culpar. Entonces dirigió sus ataques contra los cristianos, una pequeña minoría incomprendida que ya despertaba sospechas entre sus conciudadanos paganos.

El historiador romano Tácito dejó constancia de los terribles acontecimientos en sus Anales. Numerosos primeros cristianos fueron arrestados.
Algunos fueron cubiertos con pieles de animales y arrojados a los perros para que los despedazaran; otros fueron crucificados. Y otros fueron cubiertos con brea y quemados vivos para iluminar los jardines de Nerón durante la noche.
Fue la primera gran persecución de los primeros cristianos por parte del Estado romano y sentó un precedente que marcaría la historia de la Iglesia durante los dos siglos y medio siguientes. Roma descubrió que los primeros cristianos podían convertirse en chivos expiatorios convenientes en tiempos de crisis.
Sin embargo, hay un aspecto de esta historia que merece una reflexión más profunda. ¿Qué llevó a aquellos primeros cristianos a soportar semejantes sufrimientos sin negar a Cristo? ¿De dónde sacaban la fortaleza hombres y mujeres comunes para afrontar la tortura, la humillación pública y la muerte?
Parte de la respuesta podría encontrarse en un texto que escuchaban proclamar durante la liturgia: la Carta de san Pablo a los Romanos.
Apenas unos años antes, el Apóstol había escrito esta gran carta dirigida a los cristianos de Roma. Para el año 64, muchos de ellos probablemente conocían de memoria varios de sus pasajes. Los habían escuchado una y otra vez en las celebraciones litúrgicas, los habían hecho oración y procuraban orientar su vida según sus enseñanzas.
Y quizá, en la hora de la prueba, hubo un pasaje que resonó con especial fuerza en sus corazones: “Les ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcan sus cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios; este es su culto espiritual” (Romanos 12,1).

"Nerón contempla el incendio de Roma", de Karl von Piloty (1826–1886), alemán. (Wikimedia Commons)
Estas palabras debieron de sonar extrañas en la Roma pagana, donde los sacrificios consistían normalmente en animales inmolados ante ídolos de piedra. Pero san Pablo enseñaba algo radicalmente distinto: el propio cuerpo del cristiano, ofrecido en unión con Cristo, podía convertirse en un sacrificio agradable a Dios.
Los mártires de Roma llevaron estas palabras hasta sus últimas consecuencias. Mientras las llamas los envolvían, la multitud se burlaba de ellos y las fieras se acercaban, comprendían que estaban uniéndose al sacrificio de Jesucristo: el sacrificio ofrecido en la cruz y hecho presente nuevamente en cada Misa.
Su sufrimiento no carecía de sentido. Su muerte no era una derrota. Sus propios cuerpos se habían convertido en una ofrenda de alabanza a Dios.
Las autoridades romanas esperaban que el terror acabara con la Iglesia. Sin embargo, la sangre de los mártires se convirtió en semilla de nuevos cristianos.
La ciudad que una vez iluminó sus noches con cristianos ardiendo en llamas terminaría llenando sus basílicas con sus reliquias y celebrando su memoria en el calendario de la Iglesia universal.
«De este modo --aclaró--, con esta franqueza, que es el auténtico modo de rezar, de hablar con Jesús, expresamos la pequeñez de nuestra capacidad para comprender, pero al mismo tiempo asumimos la actitud de confianza de quien espera luz y fuerza de quien es capaz de dárselas».
El Santo Padre dedicó la audiencia general a presentar la figura del apóstol conocido sobre todo por sus dudas tras la resurrección de Jesús. Con esta audiencia general, en la que participaron unos 30.000 peregrinos, el pontífice continuó la serie de catequesis sobre los doce apóstoles y los orígenes de la Iglesia.
El obispo de Roma recordó los pasajes en los que los evangelios hablan de este apóstol, conocido como «el mellizo». En particular, mencionó la Última Cena, cuando Jesús anuncia que tras su partida preparará un lugar para que los discípulos también estén con Él; y especifica: «Y adonde yo voy sabéis el camino» (Juan 14, 4).
Entonces, Tomás, interviene diciendo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le respondió con la famosa definición: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida».
«Cada vez que escuchamos o leemos estas palabras, podemos ponernos con el pensamiento junto a Tomás e imaginar que el Señor también habla con nosotros como habló con él», recomendó el Papa a los fieles en una bella mañana de sol en la plaza de San Pedro del Vaticano.

Al mismo tiempo, sugirió, «su pregunta también nos da el derecho, por así decir, de pedir explicaciones a Jesús». «Con frecuencia no le comprendemos --reconoció--. Debemos tener el valor de decirle: no te entiendo, Señor, escúchame, ayúdame a comprender».
El Papa también recordó la escena de incredulidad de Tomás, que tuvo lugar después de la resurrección, cuando el mismo apóstol dijo: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Ocho días después, Jesús se aparecerá a los apóstoles, y en esta ocasión, al estar presente Tomás, le interpela directamente con estas palabras: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente».
«Tomás reacciona con la profesión de fe más espléndida del Nuevo Testamento --aseguró el sucesor de Pedro--: “Señor mío y Dios mío”». «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído», le respondió Jesús, enunciando «un principio fundamental para los cristianos que vendrán después de Tomás, es decir, para todos nosotros», indicó. El Santo Padre concluyó presentando las tres lecciones que presenta a los cristianos la figura del apóstol Tomás.
En primer lugar, dijo «nos consuela en nuestras inseguridades»; en segundo lugar, «nos demuestra que toda duda puede tener un final luminoso más allá de toda incertidumbre»; y, por último, nos recuerda «el auténtico sentido de la fe madura y nos alienta a continuar, a pesar de las dificultades, por el camino de fidelidad a él».
Tras recordar que según la tradición Tomás evangelizó Siria, Persia y parte de la India, deseó que «el ejemplo de Tomás confirme cada vez más nuestra fe en Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Dios».
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Destaca, de manera muy particular, por su incansable labor de evangelización a través de los medios de comunicación y su compromiso con la difusión del mensaje del Evangelio en el «continente digital».
Gracias a su activa presencia en redes sociales y a su histórico programa Sexto Continente en Radio María, se ha convertido en una voz pastoral de referencia en habla hispana.
En la siguiente entrevista, ha querido compartir con nosotros su visión sobre la visita del Papa a Madrid.

D. José Ignacio Munilla: Hemos podido ver el espectáculo de un congreso con un aplauso histórico, en el que uno casi tenía miedo de ser el primero en dejar de aplaudir. Yo creo que, más que un aplauso por convicción, fue un aplauso por no quedarse "fuera de juego", vamos a ser claros. Esa es la lectura que yo haría.
Sin embargo, los días previos al evento hubo una altísima crispación y preocupación, incluso dentro de la Iglesia. Existía el temor de que el Papa estuviera cometiendo un error estratégico al meterse en lo que muchos consideraban la "boca del lobo".
Algunas personas de iglesia temían que el Pontífice se estuviera exponiendo a un escenario hostil donde sus palabras serían irremediablemente manipuladas, tergiversadas o instrumentalizadas por los partidos políticos para generar más confrontación, o incluso para legitimar a líderes cuestionados, dándoles lo que algunos llamaban un "balón de oxígeno a los corruptos".
Pero frente a estas reticencias, yo he sido tajante: no se le puede ceder la victoria al demonio. Dejarnos paralizar por el miedo a la manipulación mediática o política sería renunciar a anunciar el Evangelio. El objetivo del papa León XIV no era lograr un "eco político" ni refrendar ideologías, sino suscitar "conversiones silenciosas" en el corazón de nuestros representantes públicos.
Como iba diciendo, muchas personas, incluso dentro de la misma Iglesia de España (obispos, sacerdotes y laicos que temían una encerrona que nos perjudicara), echaron el grito al cielo. "¿Pero a quién se le ha ocurrido esta iniciativa?", se preguntaban. Yo creo que es una iniciativa que salió del mismo Papa.
Esto es fundamental porque desmitifica el cálculo diplomático. Demuestra que la visita no fue una estrategia milimetrada de la Nunciatura o de la Conferencia Episcopal, sino una decisión directa y audaz de León XIV. Él priorizó su deber profético y pastoral por encima de la prudencia humana. Asumió el riesgo personal de pisar un terreno resbaladizo porque creía en la necesidad imperiosa de hablar directamente a las conciencias de los gobernantes.
D. José Ignacio Munilla: Siempre invito a no hacer una lectura puramente sociológica o política de su discurso. El núcleo de su intervención fue dejar claro que esta polarización extrema y la incapacidad de la clase política para llegar a acuerdos no son meros fallos del sistema parlamentario, sino síntomas de un "corazón humano herido por el pecado".
El Papa no fue allí a darles una clase de gobernabilidad, sino que ofreció un diagnóstico antropológico y espiritual. Hizo una llamada al diálogo honesto, instando a los diputados a dejar de insultarse sistemáticamente y a trabajar unidos por el bien común.

D. José Ignacio Munilla: Exactamente. El mayor logro intelectual y pastoral de León XIV fue que no presentó un catálogo de reproches ni un programa electoral. Logró superar ese "picoteo ideológico" al que nos tiene acostumbrados la política moderna. Es muy habitual que los partidos de izquierda nos aplaudan cuando la Iglesia habla de justicia social, pobreza o atención a los migrantes, y que los de derecha nos ovacionen cuando defendemos a la familia o el derecho a la vida.
Sin embargo, el Papa les presentó el "paquete completo" y holístico del Evangelio. Recordó que la base de todo Estado democrático debe ser la defensa innegociable de la vida humana en todas sus etapas (desde el niño no nacido hasta el anciano enfermo o el migrante que llega a nuestras costas), y a la vez reivindicó la justicia social, la solidaridad y la subsidiariedad como pilares de la convivencia.
Demostró que la Doctrina Social de la Iglesia no encaja en las etiquetas de "izquierdas" o "derechas"; las trasciende y las interpela a todas por igual. Les recordó que la verdadera política debe mirar siempre al bien común integral del ser humano, sin recortar aquellas partes que resultan incómodas para su ideología.
D. José Ignacio Munilla: Mi respuesta es rotunda: lo defino como un verdadero "Kairós de Dios", un tiempo de gracia, el momento oportuno de Dios. Esa ovación evidenció que, más allá de las trincheras ideológicas, las conciencias de los políticos se vieron genuinamente interpeladas.
La autoridad moral del Santo Padre logró perforar la coraza partidista, demostrando que la verdad, expuesta con libertad y sin ataduras políticas, tiene el poder de unificar hasta a los más divididos.

D. José Ignacio Munilla: Entrar en el Congreso español sin miedo a la crítica es exactamente la misma actitud libre que el Papa ha mantenido en el mundo. Recordemos cómo denunció duramente la escalada bélica en el mundo.
Pues bien, esa misma firmeza evangélica, capaz de enfrentar al hombre más poderoso del mundo, es la que el Papa utilizó para plantarse ante las Cortes españolas: sin complejos, sin miedo a mancharse y confiando plenamente en la fuerza transformadora del Evangelio.
D. José Ignacio Munilla: Bueno, la verdad es que yo como anécdota, que creo que no es anécdota, he escrito un artículo sobre el Papa de los bebés. Creo que ha habido un signo continuo, continuo, continuo: la llegada de las familias con niños al papa. Eso ha sido un reguero ¿no? Creo que fue en en la cadena 4 donde escuché un comentario: "le van a llamar el Papa de los bebés", y yo dije: "A ver, eh, no es novedoso que los papas, eh, bendigan bebés, eso siempre se ha hecho".
Pero en este caso pienso que ha habido una inusitada demanda de tal cosa, y yo creo que es porque en este momento llevar adelante la vida, traer la vida al mundo, es heroico. Es un acto de confianza en Dios, que muchas veces no sólo con la sociedad sino incluso hasta con críticas internas de la propia familia para ser generosa la transmisión de la vida.
En estas circunstancias pienso que los padres sienten la necesidad de pedir la bendición de Dios porque se dan cuenta de que un hijo es fruto del milagro de la fe que se abre y confía en Dios, ¿no? Es por eso que piden a la Iglesia esa bendición.
Yo creo que esa ha sido la anécdota, pero convertida en tesis. O sea, es una anécdota que es una tesis. La tesis de que es el cristianismo el que permite el futuro, que esta generación no se acabe en ella misma, sino que se abra una esperanza.

¡Buen viaje Monseñor y muchas gracias por su tiempo!

Albert Martínez Oliva
Alberte Leis Vidal
Josep Del Hierro Dies
No sabemos sus nombres, salvo que los apóstoles Pedro y Pablo encabezaron este numeroso grupo de los primeros mártires romanos, víctimas de la persecución de Nerón tras el terrible incendio que destruyó gran parte de Roma en el año 64 (19 de julio).
Fue precisamente en el transcurso de esta persecución cuando se produjeron los martirios de San Pedro y San Pablo, por lo que la fiesta de los protomártires se celebra el 30 de junio, es decir, el día siguiente a la de estas dos columnas de la Iglesia.

En comparación con la comunidad hebrea, los cristianos residentes en Roma en aquella época constituían un grupo de personas reducido. De ellos, poco conocidos, circulaban voces calumniosas, y sobre ellos hizo recaer Nerón, condenándolos a terribles suplicios, la culpa del incendio, a fin de que cesaran las acusaciones que se le habían hecho a él.
En este sentido, el emperador se sirvió del hecho de que las ideas que profesaban los cristianos eran un abierto desafío a los dioses, celosos y vengativos.
“Los paganos—recordará más tarde Tertuliano— atribuyen a los cristianos cualquier calamidad pública, cualquier flagelo. Si las aguas del Tíber se desbordan e inundan la ciudad, si por el contrario el Nilo no se desborda ni inunda los campos, si hay sequía, carestía, peste, terremoto, la culpa es toda de los cristianos, que desprecian a los dioses, y por todas partes se grita: ¡Los cristianos a los leones!”
Los hechos acaecidos tras el incendio están atestiguados por el más célebre de los historiadores romanos, el pagano Tácito (Annales, 15, 44),quien no expresa la menor simpatía por los cristianos, tal y como lo demuestran los calificativos que emplea al referirse a ellos: “ignominias”, “execrable superstición”, “odio al genero humano”, “culpables”, merecedores del máximo castigo”…
Lo de menos es que fuera verdad que los cristianos hubieran incendiado Roma, el odio se había desatado y todos tenían que morir.
Tácito especifica claramente los géneros de muerte que se aplicaron a los cristianos:
“A su suplicio se unió el escarnio, de manera que perecían desgarrados por los perros tras haberles hecho cubrirse con pieles de fieras, o bien clavados en cruces, al caer el día, eran quemados de manera que sirvieran como iluminación durante la noche”.
También hace referencia a ellos San Clemente, Obispo de Roma, en su carta a los Corintios (caps. 5-6), donde narra lo siguiente:
“Pongamos ante nuestros ojos a los santos apóstoles. A Pedro, que por una hostil emulación tuvo que soportar no una o dos, sino innumerables dificultades, hasta sufrir el martirio y llegar así a la posesión de la gloria merecida.
Esta misma envidia y rivalidad dio a Pablo ocasión de alcanzar el premio debido a la paciencia: enrepetidas ocasiones, fue encarcelado, obligado a huir, apedreado y, habiéndose convertido en mensajero de la palabra en el Oriente y en el Occidente, su fe se hizo patente a todos, ya que, después de haber enseñado a todo el mundo el camino de la justicia, habiendo llegado hasta el extremo Occidente, sufrió el martirio de parte de las autoridades y, de este modo, partió de este mundo hacia el lugar santo, dejándonos un ejemplo perfecto de paciencia.
A estos hombres, maestros de una vida santa, vino a agregarse una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido muchos suplicios y tormentos también por emulación, se han convertido para nosotros en un magnífico ejemplo”.

Juan Pablo II al referirse a estos mártires romanos decía:
“es necesario recordar el drama que experimentaron en su alma, en el que se confrontaron el temor humano y la valentía sobrehumana, el deseo de vivir y la voluntad de ser fieles hasta la muerte, el sentido de la soledad ante el odio inmutable y, al mismo tiempo, la experiencia de la fuerza que proviene de la cercana e invisible presencia de Dios y de la fe común de la Iglesia naciente. Es preciso recordar aquel drama para que surja la pregunta: ¿algo de ese drama se verifica en mi?".
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 30 de junio de 2010 -
Benedicto XVI destacó la diversidad de carismas y misiones de los santos que son el fundamento de la Iglesia: Pedro y Pablo.
En su alocución previa al rezo del Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico vaticano, este martes, el Papa afirmó que “los dos santos patronos de Roma, a pesar de haber recibido de Dios carismas y misiones diversas que cumplir, son ambos fundamento de la Iglesia una, santa, católica y apostólica”.
Respecto a Simón Pedro, el Pontífice señaló que “está tan cerca del Señor como para convertirse él mismo en una roca de fe y de amor sobre la que Jesús ha edificado su Iglesia”

San Pablo, añadió, “con la Gracia divina ha difundido el Evangelio, sembrando la Palabra de verdad y de salvación en medio de los pueblos paganos”.
Citando a san Juan Crisóstomo, Benedicto XVI afirmó que Dios ha hecho a la Iglesia “más fuerte que el mismo cielo” y recordó que Cristo le dijo a san Pedro que lo que atara en la tierra quedará atado en los cielos y lo que desatara en la tierra quedará desatado en los cielos.
También subrayó que la Iglesia está “permanentemente abierta a la dinámica misionera y ecuménica, ya que es enviada al mundo a anunciar y testimoniar, actualizar y extender el misterio de comunión que la constituye”
En sus palabras, pronunciadas tras celebrar en la Basílica Vaticana, la misa de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo y entregar el palio a 39 arzobispos metropolitanos, explicó que el palio “simboliza tanto la comunión con el Obispo de Roma, como la misión de apacentar con amor a la única grey de Cristo”.
Finalmente, pidió que “el ejemplo de los Apóstoles Pedro y Pablo ilumine las mentes y encienda en los corazones de los creyentes el santo deseo de cumplir la voluntad de Dios, para que la Iglesia peregrina en la tierra sea siempre fiel a su Señor”. E invitó a los asistentes a dirigirse “con confianza a la Virgen María, Reina de los Apóstoles, que desde el Cielo guía y sostiene el camino del Pueblo de Dios”.
Tras rezar el Ángelus, el Papa saludó a los familiares y acompañantes de los arzobispos que acababan de recibir el palio y a los peregrinos en distintas lenguas. A los de lengua española les invitó a seguir el ejemplo de los santos Pedro y Pablo martirizados en Roma “para que, cada vez más unidos al Señor, sepáis dar en vuestra vida abundantes frutos de santidad y apostolado”.
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No se sabe el motivo por el que San Ireneo se encontraba en Roma a la muerte de San Policarpo (23 de febrero del 155), como tampoco se conoce la razón por la que abandona el Asia Menor y se traslada a las Galias. Es cierto que en tiempos de Antonino Pío (161-180) era presbítero de la iglesia de Lyon.
Una vez sacerdote, según Eusebio (o. c., PG 20,439), fue enviado por los confesores de aquella diócesis al papa Eleuterio (174-189) para que hiciese de mediador en una cuestión referente al montanismo. El aprecio hacia su persona y su rectitud doctrinal hace explicable el que a la muerte de Fotino, obispo de Lyon, sea nombrado su sucesor (Eusebio, o. c., PG 20,443). Su dignidad episcopal queda también confirmada por los testimonios de San Jerónimo (Epist. 77: PL 22,268) y de Sócrates (Hist. Eccle., 3: PG 67,391).
De su tarea como obispo, conocemos su papel pacificador en la controversia de la Pascua durante el pontificado del papa Víctor I (189-198), cuya intervención nada común también la insinúa Sócrates (o. c., 5:PG 67,627). Se ignora el año de su muerte (cerca del 202) y no parece ser cierto el hecho de su martirio, que según algunos (San Gregorio de Tours, Hist. Francorum, 1,27) ocurrió en la persecución de Septimio Severo. Celebra su fiesta el 28 de junio.

De su producción literaria también nos han llegado noticias a través de Eusebio y de Sócrates aunque solamente dos de sus escritos se nos han trasmitido completos.
La obra principal la escribió contra los gnósticos, cuyo título original griego "Elenjos kai anatrope tes pseudonímou gnóseos" (Demostración y refutación de la falsa gnosis) nos ha conservado Eusebio (o. c., 5: PG 20,446). Se le conoce comúnmente con el nombre de Adversus Haereses, y nos ha llegado no en la lengua original griega sino en una traducción latina muy literal.
Es una obra polémica, dividida en cinco libros. En el primero intenta descubrir como falsas las doctrinas de los herejes (Valentín, Basílides, Cerinto, Marción, Taciano, etc.); en el segundo, refuta con argumentos de razón dichas herejías; en el tercero prueba la misma suerte, pero apoyándose en la Sagrada Escritura; en el cuarto hace lo mismo pero con palabras del Señor, y en el quinto, que trata casi exclusivamente de la resurrección de la carne, ofrece idéntica perspectiva, pero partiendo de otras doctrinas del Señor así como de las epístolas apostólicas.
Se propone, en esta obra, desenmascarar a los herejes para que reconociendo sus errores se conviertan a la Iglesia de Dios a la vez que pretende confirmar la fe de los recién bautizados en la doctrina tradicional.
Su obra "Epídeixis tou apostolikou kerigmatos" (Demostración de la enseñanza apostólica) no es un libro polémico sino más bien apologético. Expone la predicación de la verdad y explana las pruebas de los dogmas divinos; es un precioso testimonio de la teología y de la doctrina del santo, al mismo tiempo que ofrece un sentido del cristianismo sencillo, seguro y profundo.
Además de las obras enumeradas, escribió el "Adversus Gentes" que se titula De scientia (Eusebio, o. c., P; 20,510). Contra los que adulteraban la ley precisa de la Iglesia, escribió diversas cartas: una, llamada "De schi;mate", a Blastus, que vivía en Roma y era favorecedor de innovaciones, y otra al presbítero romano Florino "Sobre la monarquía" o "Que Dios no es el autor del mal" (Eusebio, o. c., PG 20,483-486). Eusebio nos da también noúcia y conserva algún pasaje de la carta escrita al papa Víctor sobre la fecha de la Pascua (o. c., PG 20,499), afirmando que, sobre el particular, escribió también a otros muchos obispos.
El principio fontal del que se sirve para refutar los sistemas gnósticos es el de la unidad divina: un solo Dios, un solo Señor, un solo Creador, un solo Padre, sólo El contiene todas las cosas dando el ser a todas ellas. Teniendo en cuenta los presupuestos de la gnosis, identifica el Dios único y verdadero no sólo con el Creador del mundo, sino también con el Dios del Antiguo Testamento. El Padre es Señor y el Hijo es Señor.
El Padre es Dios y el Hijo es Dios, ya que el que ha nacido de Dios es Dios. Asimismo, por la esencia misma y la naturaleza de su ser, se demuestra que no existe más que un solo Dios, aunque en la economía de nuestra redención haya un Hijo y un Padre.
También afirma la divinidad del Espíritu Santo incluyéndolo en el rango de Dios y que Él mismo lo derrama sobre la humanidad por El adoptada. El Espíritu Santo es eterno y se adueña del hombre interior y exteriormente no abandonándolo jamás.
La historia de la humanidad creada y redimida, así como las palabras «hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra» de Gen 1,26 (que el Padre dirige al Hijo y al Espíritu Santo, según I.) prueban claramente la existencia del Padre, del Hijo y del Espíritu.
El Verbo, pues, es Hijo de Dios, Hijo único de Dios y su filiación no comienza con la concepción virginal sino que es eterno como el Verbo que preexiste desde siempre.
Por su parte el Espíritu Santo, que ha hablado por los profetas, que ha enseñado a nuestro padres las cosas divinas y que ha guiado a los justos por el camino de la justicia, es el que, llegada la plenitud de los tiempos, ha sido derramado de un modo nuevo sobre la humanidad, mientras que Dios renovaba al hombre sobre toda la tierra.
El Verbo es quien revela al Padre y el Espíritu Santo es el revelador del hijo.
Contra la teoría de Valentín afirma que la carne y sangre de Cristo son tan reales y verdaderas que fue el antiguo plasma de Adán lo que Cristo recapituló en Sí mismo. De esta manera, resulta evidente que si la afirmación de los herejes fuese cierta, el Verbo de Dios no habría tomado la carne ya que el asumirla hubiera supuesto la carga de un elemento despreciable.
Pone un interés especial en probar la realidad de la Encarnación precisamente porque estriba en ella la posibilidad de salvación para la carne.
El hecho de que Cristo asumió una carne verdadera explicará el relato sobre la plasmación del hombre haciendo ver cómo Cristo es el ejemplar del hombre de Gen 2,7.
El que el Verbo aún no hubiese tomado carne acarreó dos efectos desastrosos para el hombre, es decir, olvidándose que había sido hecho a imagen de Aquel que aún no se había manifestado, perdió fácilmente dicha semejanza.
Es, pues, la Encarnación el postulado necesario para que la obra redentora tenga sentido, al mismo tiempo que Cristo hecho carne, sufriente, muerto y revivido apunta a la idea de hombre perfecto, idea ahora realizable, porque de un modo ejemplar se ha realizado ya en Cristo.
Por otra parte, Cristo hecho carne queda constituido, después de restituir su dignidad al hombre plasmado, en mediador entre Dios y los hombres renovando, mediante su obediencia, los vínculos de amistad entre las dos partes alejadas.
El hombre, hecho de la tierra, es una obra de Dios y las tres divinas Personas intervinieron en su creación con su característica personal. Correspondió al Padre dar la consistencia a la materia ex qua del futuro cuerpo humano; al Hijo, en cambio, configurando la materia según la forma del hombre, le corresponde el cuerpo, el plasma o carne; quien fue capaz de sanar al ciego con el polvo de la tierra hecho barro, fue también capaz de formar ojos y cuerpo con el mismo polvo árido de la tierra que pisamos.
Por eso corresponde al Hijo recapitular en Sí el antiguo plasma de Adán para que sin renunciar a él, sino sólo a sus concupiscencias, pueda el hombre hacerse espiritual y viviente.
Y, por último, corresponde al Espíritu Santo, vistiendo de semejanza interna el cuerpo de Adán, el individuo viviente, dotado de Espíritu de Dios y destinado a poseerle. Y llega a afirmar que la carne y sangre que no tienen el espíritu de Dios están muertos.
En cuanto a su constitución, enseña que el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu.
La carne es el elemento capaz de ser perfeccionado, mientras que el alma es un elemento intermedio que se elevará unas veces siguiendo las mociones de la parte espiritual del hombre, o se rebajará otras accediendo a las concupiscencias de la carne.
Si se toma la sustancia-carne, el plasma, e independientemente el espíritu, se tendrá el plasma por un lado y el espíritu por otro pero no resultará el hombre espiritual y perfecto hasta que el Espíritu de Dios, unido al espíritu del hombre, transforme el plasma.
Parece, pues, que son dos cosas totalmente distintas en San Ireneo el hombre perfecto y hombre espiritual y perfecto; hombre perfecto equivale a hombre acabado, íntegro, es decir, que tiene las partes esenciales que hacen que dicho ser sea un hombre y no otra cosa; en cambio, hombre espiritual y perfecto equivale a aquel que una vez constituido en sus partes integrantes -cuerpo, alma y espíritu-, se abre libremente para recibir el Espíritu de Dios.
Tanto el alma como el espíritu tienen asegurada la pervivencia por su misma naturaleza; la carne, en cambio, por configuración propia es perecedera y mortal. Pero Cristo, haciéndose hombre, asumió la carne específicamente igual que la de cualquier otro hombre y redimiéndole con ella y resucitando, aseguró a dicho elemento la perseverancia en su ser.
Y esto no por su propia sustancia, ni por unas fuerzas ocultas que el hombre pudiese despertar en determinado momento; el que la carne adquiera una perseverancia eterna se deberá únicamente a la intervención de Dios, que puede hacer inmortal a lo mortal y puede traspasar de incorruptibilidad a lo que por naturaleza es corruptible.
El Espíritu, absorbiendo a la carne en su debilidad, le comunica su fuerza y virtualidades. Lo débil ha sido asumido por el elemento más poderoso quedando la enfermedad de la carne desterrada por la fuerza del Espíritu; la incorruptibilidad, pues, consistirá en una transfiguración, en un paso de mortal a inmortal, de corruptible a incorruptible, no por su propia sustancia sino por la intervención de Dios.
Si era necesario que fuese asumido lo que había de ser redimido, el fin último de la Encarnación consiste en que el Verbo de Dios depare en los tiempos novísimos una morada apta a cada uno, dado que en este mundo muchos se ponen de parte de la luz y otros se separan de ella.
La obra recapituladora de Cristo aparece, pues, como la designación concreta de cada uno al lugar que le corresponde. Hasta tal punto es necesario un juicio que discrimine la actitud de los hombres, que si éste no se diese habría sido inútil el advenimiento de Cristo.
Si el Hijo ha venido igualmente para todos y el Padre ha hecho a todos de modo semejante dotándolos de recto juicio y de libertad en sus operaciones, es necesario que se declare mediante una acción judicial la sumisión o desacato de los hombres.
La comunión con Dios es vida, luz y participación de su gozo; en cambio, los que haciendo uso de su libertad rompen la comunión con Dios, se separan de Él y de todo lo que tal unión lleva consigo. Y dado que Dios es eterno, eterna será la participación en su gozo y eterna la duración de los sufrimientos. El juicio supone que la obra comenzada en la Encarnación ha quedado consumada.
Y del mismo modo que existe la comunión con Dios que asegura la comunión en su eterna gloria, existe también la comunión con el diablo. Él recapitulará toda maldad, de modo que los que le están unidos por el lazo de la injusticia y de la impiedad participarán siempre con él en la maldición del fuego sin fin.
Sus ideas en torno a la Iglesia pueden ser agrupadas en los apartados siguientes:
1. Cristo Cabeza de la Iglesia atrae a Sí todas las cosas a su debido tiempo continuando, mediante ésta, la obra de renovación hasta el fin de los tiempos.
2. A diferencia de los gnósticos, que no tienen un cuerpo de doctrina uniforme y armónico, la Iglesia, extendida por todo el mundo, guarda celosamente la fe recibida de los Apóstoles y de sus discípulos como si estuviera toda reunida en una sola casa y cree todo como si no tuviera más que una sola mente y un solo corazón y su predicación y tradición es conforme a esta fe, como si no tuviera más que una sola boca.
3. Así como la gnosis está reservada a pocos, la Iglesia, en cambio, esparcida por la tierra abarca a los hombres de todos los tiempos; y aunque haya muchas lenguas en el mundo, la fuerza de la fe y de la tradición es en todas partes la misma.
4. Solamente los Apóstoles y sus sucesores han recibido del Padre el don seguro de la verdad, carisma, por tanto, que falta a los herejes puesto que no son sucesores de los Apóstoles.
f) Primado de la Iglesia romana:
El texto que dice relación al Primado es el siguiente:
«Ad hanc enim ecclesiam propter potentiorem principalitatem necesse est omnem convenire ecclesiam, hoc est, omnes qui sunt undique fideles, in qua semper ab his qui sunt un ¡que, conservada est ea quae est ab apostolis traditio»; porque, a causa de su principalidad, es preciso que concuerden con esta Iglesia todas las iglesias, es decir, los fieles que están en todas partes, ya que en ella se ha conservado siempre la tradición apostólica por los fieles que son en todas partes (Adv. Haereses, III,3,2).
En el contexto trata San Ireneo sobre la Iglesia romana y demuestra que la tradición que ésta ha recibido de los Apóstoles y la fe que ha anunciado a los hombres han llegado hasta nosotros por sucesiones de obispos.
Diversos son los significados que los autores estudiosos de dicho texto han atribuido a la palabra principalitatem:
1) El de origen apostólico. Entonces, según esta interpretación, el texto sería propter potentiorem apostolicitatem, lo cual, se puede afirmar, incluye grados en la apostolicidad, a no ser que se conceda un ius speciale a San Pedro como cabeza. Abundando más, se prueba históricamente que la apostolicitas no libera a las otras iglesias del error, como sucedió con la de Corinto, la cual, gracias a Clemente Romano, fue traída de nuevo a la fe.
2) El de origen o principio. Si se entiende dicho origen o principio por apostolicidad, en tal caso, presenta los mismos defectos que la sentencia anterior; por el contrario, si se ha de entender cronológicamente, resulta que la Iglesia de Antioquía y, sobre todo, la de Jerusalén son anteriores a la de Roma.
3) Y por último, el de autoridad, sentencia más común entre los autores católicos.
También han sido muchas las soluciones sobre el significado del fideles de la frase ab his qui sunt undique. Esperamos el estudio prometido por A. M. Javierre en el que prueba que fideles equivale a episcopi. Por consiguiente, para tener seguridad sobre la ortodoxia de una doctrina, basta recurrir a la Iglesia de Roma con la que, por su primado de magisterio, deben estar concordes en la doctrina los obispos de todo el mundo.
Es el teólogo por excelencia del tema María Nueva Eva. La obra de la redención sigue, en el obispo de Lyon, las mismas etapas de la caída del hombre y, por consiguiente, la antítesis Eva-María no es más que un aspecto o un momento de la recapitulación.
Según L. Ciguelli (María Nuova Eva nella patristica greca, Asís 1966, 33. 1) subraya los siguientes puntos:
Eva es una virgen caducada, seducida por el ángel rebelde, desobediente, que causa por sí misma la muerte, virgen condenada, causa de muerte para todo el género humano, que engendra en la corrupción y en el dolor; María, en cambio, es virgen que recapitula a Eva, evangelizada por el ángel fiel, obediente, que causa por sí misma la salvación, virgen abogada de Eva, causa de salvación para todo el género humano, que engendra sin corrupción y sin dolor.
Cristo abrió con toda pureza el seno puro que regenera a los hombres en Dios.

Ahora, en cambio, empieza a haber rumores de que ella es la causa de que obispo y prefecto no se reconcilien, que se acentúan cuando Orestes se muestra intransigente a una reconciliación con Cirilo. Además, empiezan a circular otros rumores calumniosos sobre Hipatia y su relación con supuestas ceremonias mágicas, hechizos satánicos, etc.

BIBLIOGRAFÍA:
- Dzielska, María, Hipatia de Alejandría, Ediciones Siruela, Madrid, 2004 (2ª edición: 2006).
- Sinesio de Cirene, Cartas, Introducción, traducción y notas de F. A. García Romero, Editorial Gredos, 1995.
- Sócrates Escolástico (Sócrates de Constantinopla), Historia ecclesiastica, libro VII, capítulos 13 a 15.
- Juan Malalas, Chronographia, capítulo 14
Ver en Wikipedia.

"Los primeros cristianos no son algo que pasó, -señala Leal- sino una situación que espiritualmente puede repetirse en cualquier cristiano: basta que se encuentre anímicamente cerca de Cristo. Pero esta originalidad lo es también respecto a los demás autores espirituales: ninguno —que nosotros hayamos podido comprobar— ha visto en los primeros cristianos un modelo vivo".
La expresión "primeros cristianos" aparece en las obras publicadas de San Josemaría un considerable número de veces, sobre todo si lo comparamos con otros escritos contemporáneos, o incluso más recientes. Por poner un ejemplo que ilustrará esto que acabamos de decir, el Catecismo de la Iglesia Católica, que bebe como en su fuente de los textos del Concilio Vaticano II, sólo se encuentra una vez la expresión, en el número 1329,2; al hablar de la Fracción del pan se indica que con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas. (Catecismo de la Iglesia Católica n. 760,1)
Si nos retrotraemos todavía un poco más en el tiempo y consideramos la producción de algunos grandes autores espirituales, se evidencia una absoluta despreocupación por el tema. No se menciona nunca en San Juan de la Cruz, nunca en Santa Teresa de Jesús, una sola vez aparece la expresión en Santa Teresa de Lisieux, para desear el mismo martirio que obtuvieron como gracia algunos primeros cristianos.
Como es sabido, el término "cristianos" aparece por primera vez en los Hechos de los Apóstoles, en la narración en que se explica que los habitantes de Antioquía, probablemente paganos, dieron este nombre a los seguidores de Cristo. El nombre, aunque impuesto por personas ajenas a la doctrina, es el que después triunfó en la designación de los discípulos de Cristo. Con anterioridad a este nombre existieron otros que no han gozado tanto del favor de la historia.

Será San Ignacio de Antioquía quien nos proporcione el segundo testimonio del empleo de este nombre, que, como es lógico, no constituye todavía un término técnico. Es San Agustín quien por primera vez emplea la expresión.
El sintagma "primeros cristianos" se encuentra empleado por el obispo de Hipona en tres ocasiones. Una primera observación que se debe hacer inmediatamente es que la comparación agustiniana entre primeros cristianos y nosotros, establece una fuerte diferencia entre el cristiano del quinto siglo,contemporáneo del norteafricano, y una época anterior, que se juzga ya como pasada y de algún modo irrepetible en la situación actual.
San Agustín, aunque a nosotros nos pudiera parecer otra cosa, ya no se considera entre los primeros cristianos. Para San Agustín, los "primeros cristianos" son los seguidores de Jesucristo, contemporáneos de los Apóstoles, gente de toda condición social, excluidos los Apóstoles, que no entran en la categoría de primeros cristianos por formar un grupo aparte por encima de ellos. San Agustín es un caso aislado en la época patrística –casi el único a predicar sobre los primeros cristianos- y a la vez roca firme sobre la que apoyan los autores sucesivos.
Vimos, al comenzar, el gran número de veces que San Josemaría utiliza la expresión. Sólo de este hecho ya se desprende la importancia que da a su contenido. Nuestra investigación se limita a los escritos publicados, en los que la frecuencia de la expresión es de diecisiete ocasiones, sin contar los términos sinónimos que ahora no nos interesan tanto (cfr. Forja 10, Camino, 469).
«Como los religiosos observantes tienen afán por saber de qué manera vivían los primeros de su orden o congregación, para acomodarse ellos a aquella conducta, así tú —caballero cristiano— procura conocer e imitar la vida de los discípulos de Jesús, que trataron a Pedro y a Pablo y a Juan, y casi fueron testigos de la Muerte y Resurrección del Maestro» (Camino, 925).
Más que el número de veces que emplea la expresión, sorprenden otros dos hechos. Primero, que está diseminada a de lo largo de toda la obra: no hay un sólo libro en que no se encuentre referencia al tema. En segundo lugar, el relieve dado a la expresión, por ejemplo cuando afirmaba en una entrevista concedida en 1967 a un corresponsal de “Time”:
«Si se quiere buscar alguna comparación, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime del Bautismo. No se distinguían exteriormente de los demás ciudadanos. Los miembros del Opus Dei son personas comunes; desarrollan un trabajo corriente; viven en medio del mundo como lo que son: ciudadanos cristianos que quieren responder cumplidamente a las exigencias de su fe» (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 24, 7).
La comparación delimita claramente la noción de primeros cristianos y pensamos que este texto debe considerarse la base para cualquier otra afirmación que quiera hacerse acerca del tema en San Josemaría. Las referencias a los primeros cristianos en las obras del fundador del Opus Dei como contemporáneos de los Apóstoles son las más frecuentes, por ejemplo en el siguiente texto:
«En la Iglesia existe esa radical unidad fundamental, que enseñaba ya san Pablo a los primeros cristianos: Quicumque enim in Christo baptizati estis, Christum induistis. Non est Iudaeus, neque Graecus: non est servus, neque liber: non est masculus, neque femina; ya no hay distinción de judío, ni griego; ni de siervo, ni libre; ni tampoco de hombre, ni mujer» (Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 14, 2).
De todas formas, no faltan textos en los que se amplía el lapso temporal:
«Qué bien pusieron en práctica los primeros cristianos esta caridad ardiente, que sobresalía con exceso más allá de las cimas de la simple solidaridad humana o de la benignidad de carácter. Se amaban entre sí, dulce y fuertemente, desde el Corazón de Cristo. Un escritor del siglo II, Tertuliano, nos ha transmitido el comentario de los paganos, conmovidos al contemplar el portede los fíeles de entonces, tan lleno de atractivo sobrenatural y humano: mirad como se aman (Tertuliano, Apologeticum, 39), repetían» (Amigos de Dios, 225,2).
Toca ahora analizar la calificación de los primeros cristianos. Concretamente nos preguntamos si son personajes comunes sólo, o también el grupo de los doce. Como ya hemos visto en la entrevista de Time, son personas comunes que no se distinguen en nada de sus conciudadanos. «Para seguir las huellas de Cristo, el apóstol de hoy no viene a reformar nada, ni mucho menos a desentenderse de la realidad histórica que le rodea... –Le basta actuar como los primeros cristianos, vivificando el ambiente» (Surco, 320).
Con San Agustín vimos que se excluían los Apóstoles. San Josemaría no dice expresamente nunca que se excluyan los Apóstoles, pero parece desprenderse del contexto general de las afirmaciones que el modelo que se propone no es exclusivamente el de los doce, sino también el de otras muchas personas que han actuado como "apóstoles" sin ser "los Apóstoles". Esto que acabamos de afirmar se ve claramente en el siguiente texto:
«Por eso, quizá no puede proponerse a los esposos cristianos mejor modelo que el de las familias de los tiempos apostólicos: el centurión Cornelio, que fue dócil a la voluntad de Dios y en cuya casa se consumó la apertura de la Iglesia a los gentiles; Aquila y Priscila, que difundieron el cristianismo en Corinto y en Éfeso y que colaboraron en el apostolado de san Pablo; Tabita, que con su caridad asistió a los necesitados de Joppe. Y tantos otros hogares de judíos y de gentiles, de griegos y de romanos, en los que prendió la predicación de los primeros discípulos del Señor». (Es Cristo que pasa, 30, 4)
La originalidad de San Josemaría con respecto a San Agustín es la capacidad de sentirse en esa situación viva: los primeros cristianos no son algo que pasó, sino una situación que espiritualmente puede repetirse en cualquier cristiano: basta que se encuentre anímicamente cerca de Cristo. Pero esta originalidad lo es también respecto a los demás autores espirituales: ninguno —que nosotros hayamos podido comprobar— ha visto en los primeros cristianos un modelo vivo.
Por eso, con respecto a la particularidad del uso por San Josemaría, se ha de decir que no ha acuñado una nueva expresión, pues ya existía —como hemos visto— desde San Agustín, pero le añade algunos matices que la hacen en cierta manera nueva. No es simplemente una categoría histórica sino que, sin dejar de serlo, entra de lleno en la reflexión teológica y, concretamente, espiritual.
Por eso la característica que añade San Josemaría es la nota teológico-espiritual: no se trata de una mera referencia a la situación histórica de los comienzos de la cristiandad, ni un mero buen ejemplo a seguir. Incluye la sintonía interior con una situación de proximidad a los primeros pasos de la vida de la Iglesia y se identifica la situación histórica personal con una situación histórica colectiva.
«Experimentaremos el pasmo de los primeros discípulos al contemplar las primicias de los milagros que se obraban por sus manos en nombre de Cristo, pudiendo decir conellos: “¡Influimos tanto en el ambiente!”» (Camino 376).
En conclusión, desde el punto de vista histórico, como objetivo personal y reto para los estudiosos de la antigüedad, nos proponemos la dedicación a los estudios sobre el cristianismo primitivo, que en nuestra opinión deben multiplicarse, con la finalidad de conocer a fondo la vida de los primeros cristianos, profundizando así en las enseñanzas de San Josemaría.
Jerónimo Leal
Profesor de Patrología e Historia de la Iglesia Antigua
Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz
Artículo publicado en el número 16 de Annales Theologici,
Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz


