Quo Vadis? no es solo una apasionante historia de amor y aventura, sino también una profunda meditación sobre la condición humana, ambientada en un mundo de corrupción y violencia, donde, de manera milagrosa, brotan la fe y la esperanza de la mano del amor.
Peter Ustinov y Patricia Laffan como Nerón y Popea en ‘Quo Vadis’, Mervyn LeRoy, 1951. (Silver Screen Collection/Getty Images)
«Quo Vadis? describe excelentemente el contraste entre el paganismo sofisticado pero gangrenado, con su orgullo, y el cristianismo humilde y confiado; entre el egoísmo y el amor, el lujo insolente del palacio imperial y el ensimismamiento silencioso de las catacumbas.
Las descripciones del incendio de Roma y las sangrientas escenas del anfiteatro no tienen parangón; (…) otra escena particularmente hermosa es el episodio, iluminado por la puesta de sol, en el que el apóstol Pablo va a su martirio repitiéndose a sí mismo las palabras que una vez había escrito: “He peleado una buena batalla, he terminado mi curso, he mantenido la fe” (2 Tim. 4:7)».

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ANTECEDENTES HISTÓRICOS
En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra rosario significa "corona de rosas".
Siguiendo esta tradición, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas más vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como símbolo de alegría y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios.
Por la noche, los cristianos recogían sus coronas y por cada rosa, recitaban una oración o un salmo por el eterno descanso del alma de las mártires.
ORIGEN Y DESARROLLO
En la Edad Media, se saluda a la Virgen María con el título de rosa, símbolo de la alegría. El bienaventurado Hermann le dirá: «Alégrate, Tú, la misma belleza. / Yo te digo: Rosa, Rosa», y en un manuscrito francés medieval se lee: «cuando la bella rosa María comienza a florecer, el invierno de nuestras tribulaciones se desvanece y el verano de la eterna alegría comienza a brillar». Se adornan las imágenes de la Virgen con una «corona de rosas» y se canta a María como «jardín de rosas» (en latín medieval rosarium); así se explica la etimología del nombre que ha llegado a nuestros días.
En esa época, los que no sabían recitar los 150 salmos del Oficio divino los sustituían por 150 Avemarías, acompañadas de genuflexiones, sirviéndose para contarlas de granos enhebrados por decenas o de nudos hechos en una cuerda. A la vez se meditaba y se predicaba la vida de la Virgen. En el s. XIII, en Inglaterra, el abad cisterciense Étienne de Sallai escribe unas meditaciones en donde aparecen 15 gozos de Nuestra Señora, terminando cada una de ellas con un Avemaría.
Sin entrar en una discusión crítico-histórica pormenorizada sobre los detalles del origen último del Rosario en su estructura actual, podemos afirmar que es, sin duda, Santo Domingo de Guzmán el hombre que en su época más contribuyó a la formación del Rosario y a su propagación, no sin inspiración de Santa María Virgen. Motivo fue el extenderse la herejía albigense, a la que combatió, «no con la fuerza de las armas, sino con la más acendrada fe en la devoción del Santo Rosario, que fue el primero en propagar, y que personalmente y por sus hijos llevó a los cuatro ángulos del mundo...» (León XIII, Enc. Supremi apostolatus, 1 sept. 1883).
A finales del s. XV los dominicos Alain de la Rochelle en Flandes, Santiago de Sprenger y Félix Fabre en Colonia, dan al Rosario una estructura similar a la de hoy: se rezan cinco o quince misterios, cada uno compuesto por diez Avemarías. Se estructura la contemplación de los misterios, que se dividen en gozosos, dolorosos y gloriosos, repasando así en el ciclo semanal los hechos centrales de la vida de Jesús y de María, como en un compendio del año litúrgico y de todoel Evangelio. Por último se fija el rezo de las letanías, cuyo origen en la Iglesia es muy antiguo.
La devoción al Rosario adquirió un notable impulso en tiempos de León XIII añadiéndose a las letanías lauretanas la invocación «Reina del Santísimo Rosario».
En los últimos tiempos ha contribuido de manera especial a la fundamentación y propagación de esta devoción mariana los hechos milagrosos de Lourdes y Fátima: «la misma Santísima Virgen, en nuestros tiempos, quiso recomendar con insistencia esta práctica cuando se apareció en la gruta de Lourdes y enseñó a aquella joven la manera de rezar el Rosario.
ESTRUCTURA
La forma típica y plenaria del rezo del Rosario, con 150 Avemarías, se ha distribuido en tres ciclos de misterios, gozosos, dolorosos y gloriosos a lo largo de la semana, dando lugar a la forma habitual del rezo de cinco decenas de Avemarías, contemplando cinco misterios -diarios (la costumbre suele asignar al domingo, miércoles y sábado los gloriosos; los gozosos al lunes y jueves y los dolorosos al martes y viernes), rezándose al final de los cinco misterios las letanías lauretanas. Juan Pablo II añadió el ciclo de misterios luminosos los jueves.
Los tres grupos de misterios nos recuerdan los tres grandes misterios de la salvación. El misterio de la Encarnación nos lo evocan los gozos de la Anunciación, de la Visitación, de la Natividad del Señor, su Presentación en el templo y la Purificación de su Madre y, por último, su encuentro entre los doctores en el Templo.
El misterio de la Redención está representado por los diversos momentos de la Pasión: la oración y agonía en el huerto de Getsemaní, la flagelación, la coronación de espinas, el camino del Calvario con la Cruz a cuestas y la crucifixión. El misterio de la vida eterna nos lo evoca la Resurrección del Señor, su Ascensión, Pentecostés, la Asunción de María y su Coronación como Reina.
«Todo el Credo pasa, pues, ante nuestros ojos, no de una manera abstracta, con fórmulas dogmáticas, sino de una manera concreta en la vida de Cristo, que desciende a nosotros y sube a su Padre para conducirnos a Él. Es todo el dogma cristiano, en toda su profundidad y esplendor, para que podamos de esta manera y todos los días, comprenderlo, saborearlo y alimentar nuestra alma con él» (R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador y nuestra vida interior, 3 ed. Buenos Aires 1954, 261).
Juan Pablo II incluyó en el rezo del Rosario los Misterios de Luz, que incluye varias escenas de la vida de Jesús que faltaban por considerar: el Bautismo, las Bodas de Caná, el Anuncio del Reino, la Transfiguración y la institución de la Eucaristía.
INSTITUCIÓN DE LA FIESTA DEL SANTO ROSARIO
El 7 de octubre de 1571 se llevó a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sabían que si perdían esta batalla, su religión podía peligrar y por esta razón confiaron en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota.
Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre.
Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de Octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.
J. FERRER SERRATE , M. GARCIA MIRALLES (GER)
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Un reciente y revelador estudio ha arrojado nueva luz sobre su procedencia geográfica, apuntando directamente a Oriente Medio y a la región del Mar Muerto, gracias al análisis pormenorizado de los rastros biológicos y de ADN encontrados en la reliquia.
Considerada la pieza arqueológica más analizada de la historia de la Iglesia y de la humanidad, la Síndone de Turín presenta marcas inexplicables que coinciden asombrosamente con los rigurosos relatos evangélicos de la Pasión de Cristo. El lienzo muestra la enigmática imagen en negativo de un hombre que ha sufrido torturas extremas y metódicas.
Los estudios médicos y forenses han detallado que las marcas evidencian que el hombre envuelto en la tela llevó una corona de espinas en el cráneo, sufrió múltiples y severos azotes por todo el cuerpo con flagelos romanos, presenta abrasiones en la zona dorsal compatibles con el transporte de un madero sumamente pesado, y muestra una herida punzante y definitiva en el costado. Esta última lesión, infligida cuando el individuo ya había fallecido, recuerda irremediablemente a la lanzada del centurión romano descrita en el Evangelio de San Juan. A pesar de los siglos transcurridos y del avance tecnológico, el modo exacto en que se imprimió esta imagen tridimensional sigue siendo un misterio.
Un nuevo y revolucionario estudio, que aún se encuentra en sus fases finales pero que ya viene avalado por la prestigiosa publicación Nature Scientific Reports, ha proporcionado datos cruciales sobre el itinerario del sudario. La investigación ha confirmado de manera concluyente que la Sábana Santa pasó por Oriente Medio. La evidencia principal que arroja esta investigación radica en el hallazgo de ADN característico de poblaciones de Oriente Próximo, depositado en las zonas del tejido correspondientes a las áreas que habrían sido tocadas por manos humanas a lo largo de los siglos.
Alfonso Sánchez Hermosilla, un destacado experto del Centro Español de Sindonología, ha arrojado luz sobre la relevancia de estos datos. Hermosilla señala que existe un importante precedente: "Ese fragmento de ADN mitocondrial que encontramos en el Sudario de Oviedo resulta que, donde más frecuente es, es en grupos étnicos que proceden de Oriente Medio". El investigador subraya la vital importancia científica de cotejar, cuando la ocasión lo permita, este hallazgo con el ADN presente en la sangre de la Síndone de Turín, para establecer vínculos definitivos entre ambas reliquias.

Uno de los descubrimientos más sorprendentes que ha desvelado este minucioso análisis genético es la presencia de un segundo perfil de ADN muy predominante: material genético originario de la India. Lejos de suponer una contradicción histórica, este hallazgo encaja a la perfección con la dinámica del comercio en el mundo antiguo. Cabe destacar una curiosidad histórica y etimológica: el lino utilizado proviene de la región de Sindh (en el actual Pakistán), lo que coincide fonética y geográficamente con el término Síndone.
Sánchez Hermosilla aclara este punto recordando la intensa actividad comercial de la época. "La Ruta de la Seda estaba activa cientos de años antes de que naciera Jesús de Nazaret", explica el experto del Centro Español de Sindonología. "Por lo tanto, no es ninguna sorpresa que hubiese intercambios comerciales fluidos entre el Imperio Romano y el Extremo Oriente". Este rastro genético indio podría provenir de los fabricantes y tejedores originales de la tela, reforzando la tesis de que se trataba de una mortaja de lino fino y de gran valor económico, acorde con la narración bíblica de que fue adquirida por José de Arimatea, un hombre acaudalado.
Otro de los factores determinantes que ha puesto a los investigadores sobre la pista geográfica es el análisis biológico de los microorganismos. La Sábana Santa presenta colonias de un moho que es sumamente común en zonas de alta salinidad. Esta característica biológica indica que el lienzo, en algún momento de su milenaria trayectoria, debió conservarse en un ambiente hipersalino, lo que dirige irremediablemente la brújula de la investigación hacia el Mar Muerto, una ubicación muy cercana a Jerusalén y a los lugares históricos de la Pasión.
Los investigadores barajan varias hipótesis sumamente plausibles basadas en las costumbres del siglo I. Alfonso Sánchez Hermosilla apunta que es muy probable que el cadáver amortajado hubiese sido tratado con sales extraídas del Mar Muerto. "Era un producto cosmético que hoy se valora muchísimo, y en aquella época más todavía", detalla. Las sales se empleaban en elaborados ritos funerarios por sus capacidades desecantes y aromáticas. Además, cabe la posibilidad de que las propias personas que manipularon el sagrado lino utilizaran habitualmente estos cosméticos salinos, impregnando la tela a nivel microscópico.

Este reciente estudio genético sobre el ADN mitocondrial y la salinidad es solo el último eslabón de una larguísima cadena de investigaciones relacionadas con el sudario. En el pasado, los estudios se han centrado en la sangre tipo AB que mancha la tela, el polen de plantas exclusivas de Jerusalén, y la controvertida prueba del Carbono 14, cuyos resultados han sido cuestionados por la posible contaminación de la tela debido a los incendios y manipulaciones que ha sufrido históricamente. Incluso la trayectoria de la lanza del centurión fue descubierta gracias al análisis anatómico del tejido.
A través de la información extraída de la Sábana Santa, la ciencia forense ha logrado esbozar increíbles reconstrucciones en 3D del hombre de la Síndone, revelando cómo era físicamente, y confirmando el ensañamiento violento sobre el cuerpo de aquel judío crucificado.
Sin embargo, a pesar de la montaña de evidencias circunstanciales y de la innegable autenticidad de los rastros geográficos revelados, la ciencia y la Iglesia mantienen la cautela. De momento, no se puede confirmar empíricamente al 100% que el lino fuera el que cubrió físicamente a Jesús de Nazaret. No obstante, para los fieles, la Sábana Santa sigue siendo un "espejo del Evangelio" que, apoyado por descubrimientos como este rastro de ADN en Oriente Medio, sigue interpelando a la humanidad entera.
Cfr. Rome Reports_Daniel del Castillo González
María es la única mujer de toda la historia de la humanidad a la que Dios permitió nacer sin pecado original, la madre de Cristo y siempre Virgen, que fue asunta al cielo en cuerpo y alma. Tenemos 30 días por delante en este mes de mayo para dedicarlos especialmente a Nuestra Madre. Pero, ¿por qué el mes de mayo es el mes de la Virgen María? Si la Iglesia está celebrando laResurrección de Jesús, ¿por qué se rinde homenaje también a María en este mes?
Esta tradición lleva dos siglos en vigor y coincide con el comienzo de la primavera y el destierro del invierno. El "triunfo de la vida" que simboliza la primavera es uno de los motivos por los que se sitúa en mayo el mes de la Virgen, Madre de la Vida, de Jesús.

Además, la presencia de este homenaje particular a María se corresponde con otorgar un sentido cristiano a este mes y en esta estación. La Grecia y la Roma clásicas también celebraban la llegada de la primavera. Lo hacían con festividades, oraciones y flores para Artemisa y Flora, ambas consideradas diosas de la fertilidad.
Esta tradición dio un vuelco en el siglo XII y cambió de página en el calendario. Nació la fiesta de "La devoción de los treinta días a María", que tenía lugar entre la segunda quincena de agosto y la primera de septiembre.
Dedicarle un mes exclusivo a la Virgen es una idea del siglo XVII. En esta época volvió a incluirse un culto especial a María en el mes de mayo, que es el que ha llegado hasta la actualidad.
La primavera y el mes de mayo presentan una naturaleza verde, en flor, con buen tiempo. Ese reflejo de la belleza de la naturaleza también hablan de María, de su belleza y de su virtud.
La celebración de este mes de mayo es más que una tradición entre los cristianos, es un homenaje y una acción de gracias hacia quien es Nuestra Madre. Como "regalos" para Ella, se suelen hacer muchas cosas. Entre ellas, el rezo del Rosario, las ofrendas florales o la meditación de sus dogmas son algunas ideas con las que honrar a María en este mes de mayo.
La Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios desde los albores del cristianismo.
"Los primeros cristianos, a los que hemos de acudir siempre como modelo, dieron un culto amoroso a la Virgen. En las pinturas de los tres primeros siglos del Cristianismo, que se conservan en las catacumbas romanas, se la contempla representada con el Niño Dios en brazos. ¡Nunca les imitaremos bastante en esta devoción a la Santísima Virgen!" (San Josemaría)
Como han puesto en evidencia los estudios mariológicos recientes, la Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios y Madre nuestra desde los albores del cristianismo. En los tres primeros siglos la veneración a María está incluida fundamentalmente dentro del culto a su Hijo.
Un Padre de la Iglesia resume el sentir de este primigenio culto mariano refiriéndose a María con estas palabras: «Los profetas te anunciaron y los apóstoles te celebraron con las más altas alabanzas». De estos primeros siglos sólo pueden recogerse testimonios indirectos del culto mariano. Entre ellos se encuentran algunos restos arqueológicos en las catacumbas, que demuestran el culto y la veneración, que los primeros cristianos tuvieron por María.

Tal es el caso de las pinturas marianas de las catacumbas de Priscila: en una de ellas se muestra a la Virgen nimbada con el Niño al pecho y un profeta (quizá Isaías) a un lado; las otras dos representan la Anunciación y la Epifanía.
Todas ellas son de finales del siglo II. En las catacumbas de San Pedro y San Marceliano se admira también una pintura del siglo III/IV que representa a María en medio de S. Pedro y S. Pablo, con las manos extendidas y orando. Una magnífica muestra del culto mariano es la oración “Sub tuum praesidium” (Bajo tu amparo nos acogemos) que se remonta al siglo III-IV, en la que se acude a la intercesión a María.
Los Padres del siglo IV alaban de muchas y diversas maneras a la Madre de Dios. San Epifanio, combatiendo el error de una secta de Arabia que tributaba culto de latría a María, después de rechazar tal culto, escribe: «¡Sea honrada María! !Sea adorado el Señor!».
La misma distinción se aprecia en San Ambrosio quien tras alabar a la « Madre de todas las vírgenes» es claro y rotundo, a la vez, cuando dice que «María es templo de Dios y no es el Dios del templo» , para poner en su justa medida el culto mariano, distinguiéndolo del profesado a Dios.
Hay constancia de que en tiempo del papa San Silvestre, en los Foros, donde se había levantado anteriormente un templo a Vesta, se construyó uno cuya advocación era Santa María de la Antigua. Igualmente el obispo Alejandro de Alejandría consagró una Iglesia en honor de la Madre de Dios. Se sabe, además, que en la iglesia de la Natividad en Palestina, que se remonta a la época de Constantino, junto al culto al Señor, se honraba a María recordando la milagrosa concepción de Cristo.
En la liturgia eucarística hay datos fidedignos mostrando que la mención venerativa de María en la plegaria eucarística se remonta al año 225 y que en las fiestas del Señor -Encarnación, Natividad, Epifanía, etc.- se honraba también a su Madre. Suele señalarse que hacia el año 380 se instituyó la primera festividad mariana, denominada indistintamente «Memoria de la Madre de Dios», «Fiesta de la Santísima Virgen», o «Fiesta de la gloriosa Madre».
El primer Padre de la Iglesia que escribe sobre María es San Ignacio de Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por nacer verdaderamente de María Virgen.

Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenecea uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.
En San Justino (+ c. 167) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3, 15 y ligada al paralelismo antitético de Eva-María.
En el Diálogo con Trifón, Justino insiste en la verdad de la naturaleza humana de Cristo y, en consecuencia, en la realidad de la maternidad de Santa María sobre Jesús y, al igual que San Ignacio de Antioquía, recalca la verdad de la concepción virginal, e incorpora el paralelismo Eva-María a su argumentación teológica.
Se trata de un paralelismo que servirá de hilo conductor a la más rica y constante teología mariana de los Padres.
San Ireneo de Lyon (+ c. 202), en un ambiente polémico contra los gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de la maternidad divina una de las bases de su cristología: es la naturaleza humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la que hace posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el género humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en su relación con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.
En el Norte de África Tertuliano (+ c. 222), en su controversia con el gnóstico Marción), afirma que María es Madre de Cristo porque ha sido engendrado en su seno virginal.
En el siglo III se comienza a utilizar el título Theotókos (Madre de Dios). Orígenes (+ c. 254) es el primer testigo conocido de este título. En forma de súplica aparece por primera vez en la oración Sub tuum praesidium. que –como hemos dicho anteriormente- es la plegaria mariana más antigua conocida. Ya en el siglo IV el mismo título se utiliza en la profesión de fe de Alejandro de Alejandría contra Arrio.
A partir de aquí cobra universalidad y son muchos los Santos Padres que se detienen a explicar la dimensión teológica de esta verdad -San Efrén, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio, San Agustín, Proclo de Constantinopla, etc.-, hasta el punto de que el título de Madre de Dios se convierte en el más usado a la hora de hablar de Santa María.
La verdad de la maternidad divina quedó definida como dogma de fe en el Concilio de Efeso del año 431.

“¿Y después de la muerte del Salvador? María es la Reina de los Apóstoles; se encuentra en el Cenáculo y les acompaña en la recepción de Aquél queCristo había prometido, del Paráclito; les anima en sus dudas, les ayuda a vencer los obstáculos que la flaqueza humana pone en su camino: es guía, luz y aliento de aquellos primeros cristianos”.(San Josemaría Escrivá)
La descripción de los comienzos de la devoción mariana quedaría incompleta si no se mencionase un tercer elemento básico en su elaboración: la firme convicción de la excepcionalidad de la persona de Santa María -excepcionalidad que forma parte de su misterio- y que se sintetiza en la afirmación de su total santidad, de lo que se conoce con el calificativo de "privilegios" marianos.
Se trata de unos "privilegios" que encuentran su razón en la relación maternal de Santa María con Cristo y con el misterio de la salvación, pero que están realmente en Ella dotándola sobreabundantemente de las gracias convenientes para desempeñar su misión única y universal.
Estos privilegios o prerrogativas marianas no se entienden como algo accidental o superfluo, sino como algo necesario para mantener la integridad de la fe.
San Ignacio, San Justino y Tertuliano hablan de la virginidad. También lo hace San Ireneo. En Egipto, Orígenes defiende la perpetua virginidad de María, y considera a la Madre del Mesías como modelo y auxiliode los cristianos.
En el siglo IV, se acuña el término aeiparthenos —siempre virgen—, que S. Epifanio lo introduce en su símbolo de fe y posteriormente el II Concilio Ecuménico de Constantinopla lo recogió en su declaración dogmática.

Junto a esta afirmación de la virginidad de Santa María, que se va haciendo cada vez más frecuente y universal, va destacándose con el paso del tiempo la afirmación de la total santidad de la Virgen. Rechazada siempre la existencia, de pecado en la Virgen, se aceptó primero que pudieron existir en Ella algunas imperfecciones.
Así aparece en San Ireneo, Tertuliano, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Efrén, San Cirilo de Alejandría, mientras que San Ambrosio y San Agustín rechazan que se diesen imperfecciones en la Virgen.
Después de la definición dogmática de la maternidad divina en el Concilio de Efeso (431), la prerrogativa de santidad plena se va consolidando y se generaliza el título de "toda santa" –panaguía-. En el Akathistos se canta "el Señor te hizo toda santa y gloriosa" (canto 23).
A partir del siglo VI, y en conexión con el desarrollo de la afirmación de la maternidad divina y de la total santidad de Santa María, se aprecia también un evidente desarrollo de la afirmación de las prerrogativas marianas.
Así sucede concretamente en temas relativos a la Dormición, a la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado (incluido el pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y Reina. Debemos citar especialmente a S. Modesto de Jerusalén, a S. Andrés de Creta, a S. Germán de Constantinopla y a S. Juan Damasceno como a los Padres de estos últimos siglos del periodo patrístico que más profundizaron en las prerrogativas marianas.
Fuente: www.primeroscristianos.com
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"Cuanto más se acerca una persona a Dios más se acerca a los hombres", concluyó Benedicto XVI el miércoles 20 junio 2007 al presentar la figura de san Atanasio, obispo de Alejandría, padre de la Iglesia.
«Quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos», aclaró al dirigirse a los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI durante la semanal audiencia general.
El Papa continuó sus meditaciones sobre las figuras más destacadas de la Iglesia antigua presentando en este miércoles la vida de Atanasio, nacido hacia el año 300 y fallecido en el 373, quien en vida fue descrito como «la columna de la Iglesia» por el gran teólogo y obispo de Constantinopla, Gregorio Nazianceno.

Como él mismo constató, «no es casualidad, por tanto, que Gian Lorenzo Bernini colocara su estatua entre las de los cuatro santos doctores de la Iglesia oriental y occidental --Ambrosio, Juan Crisóstomo, y Agustín--, que en el maravilloso ábside de la Basílica vaticana rodean la Cátedra de san Pedro».
Atanasio dedicó su ministerio episcopal a proclamar la divinidad de Jesús, que era negada por los arrianos, seguidores de un presbítero de Alejandría, Arrio, (256-336), para quien Cristo había sido creado por Dios de la nada, y que por tanto el Hijo (el «Logos») era una criatura de Dios y no era Dios mismo.
El Concilio de Nicea (convocado en el año 325), en el que participó el joven Atanasio como colaborador de su obispo, dejó clara la divinidad de Cristo. Ahora bien, tras ser elegido obispo de Alejandría, Atanasio tuvo que enfrentarse a la expansión de esta herejía, ganándose «la implacable hostilidad de los arrianos y de los filo-arrianos».
«En cinco ocasiones, durante 30 años, entre 336 y 366, Atanasio se vio obligado a abandonar su ciudad, pasando 17 años en exilio y sufriendo por la fe», recordó el obispo de Roma.
«La idea fundamental de toda la lucha teológica de san Atanasio era precisamente la de que Dios es accesible. No es un Dios secundario, es el verdadero Dios, y a través de nuestra comunión con Cristo, podemos unirnos realmente a Dios. Él se ha hecho realmente “Dios con nosotros”», explicó.
Ahora bien, su «best seller», término literal utilizado por el Santo Padre, fue la «Vida de Antonio», es decir, la biografía de Antonio abad (251-356), fundador del movimiento eremítico en el desierto egipcio, de quien llegó a ser un gran amigo en sus años de exilio.

Esta obra, traducida muy pronto en numerosas lenguas, «contribuyó decisivamente a la difusión del monaquismo, en Oriente y en Occidente», reconoció.
Los santos, explica san Atanasio en la conclusión de este libro citado por Benedicto XVI, «aunque hagan sus obras en secreto y deseen permanecer en la oscuridad, el Señor los muestra públicamente como lámparas a todos los hombres, y así, los que oyen hablar de ellos, pueden darse cuenta de que los mandamientos llevan a la perfección».
A causa del calor que se ha apoderado de Roma en estos días, el Papa no pudo dirigir la audiencia general al aire libre en la plaza de San Pedro.
Saludó a los miles de peregrinos primero en la Basílica de San Pedro y después en el Aula Pablo VI.
San Atanasio de Alejandría - 2 de mayo
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Permaneciendo con la familia, confirmó el voto de virginidad que había hecho de forma privada cuando era aún adolescente, se dedicó a la oración, a la penitencia, a las obras de caridad, sobre todo en beneficio de los enfermos.
Queridos hermanos y hermanas,
Hoy quisiera hablaros de una mujer que ha tenido un papel eminente en lahistoria de la Iglesia. Se trata de santa Catalina de Siena. El siglo en que vivió – el decimocuarto – fue una época difícil para la vida de la Iglesia y para todo el tejido social en Italia y en Europa.
Con todo, incluso en los momentos de mayor dificultad, el Señor no cesa de bendecir a su Pueblo, suscitando Santos y Santas que sacudan las mentes y los corazones provocando conversión y renovación. Catalina es una de estas y aún hoy nos habla y nos empuja a caminar con valor hacia la santidad para ser de forma cada vez más plena discípulos del Señor.
Nacida en Siena, en 1347, en una familia muy numerosa, murió en su ciudad natal en 1380. A la edad de 16 años, impulsada por una visión de santo Domingo, entró en la Orden Terciaria Dominica, en la rama femenina llamada Mantellate [llamadas así por llevar un manto negro, n.d.t.].
Permaneciendo con la familia, confirmó el voto de virginidad que había hecho de forma privada cuando era aún adolescente, se dedicó a la oración, a la penitencia, a las obras de caridad, sobre todo en beneficio de los enfermos.

Cuando la fama de su santidad se difundió, fue protagonista de una intensa actividad de consejo espiritual hacia toda categoría de personas: nobles y hombres políticos, artistas y gente del pueblo, personas consagradas, eclesiásticos, incluido el papa Gregorio XI, que en aquel periodo residía en Aviñón y a quien Catalina exhortó enérgica y eficazmente a volver a Roma.
Viajó mucho para solicitar la reforma interior de la Iglesia y para favorecer la paz entre los Estados: también por este motivo el Venerable Juan Pablo II la quiso declarar Copatrona de Europa: para que el Viejo Continente no olvide nunca las raíces cristianas que están en la base de su camino y siga tomando del Evangelio los valores fundamentales que aseguran la justicia y la concordia.
Catalina sufrió mucho, como muchos Santos. Alguno pensó incluso que había que desconfiar de ella hasta el punto de que en 1374, seis años antes de su muerte, el capítulo general de los Dominicos la convocó a Florencia para interrogarla.
Le pusieron al lado a un fraile docto y humilde, Raimundo de Capua, futuro Maestro General de la Orden. Convertido en su confesor y también en su “hijo espiritual”, escribió una primera biografía completa de la Santa. Fue canonizada en 1461.
La doctrina de Catalina, que aprendió a leer con dificultad y a escribir cuando era ya adulta, está contenida en el Diálogo de la Divina Providencia o bien Libro de la Divina Doctrina, una obra maestra de la literatura espiritual, en su Epistolario y en la colección de las Oraciones.
Su enseñanza está dotada de una riqueza tal que el Siervo de Dios Pablo VI, en 1970, la declaró Doctora de la Iglesia, título que se añadía al de Copatrona de la Ciudad de Roma, por voluntad del Beato Pío IX, y de Patrona de Italia, por decisión del Venerable Pío XII.
En una visión que nunca se borró del corazón y de la mente de Catalina, la Virgen la presentó a Jesús, que le dio un espléndido anillo, diciéndole: "Yo, tu Creador y Salvador, te desposo en la fe, que conservarás siempre pura hasta cuando celebres conmigo en el cielo tus bodas eternas” (Raimundo de Capua, S. Catalina de Siena, Legenda maior, n. 115, Siena 1998).
Ese anillo le era visible solo a ella. En este episodio extraordinario advertimos el centro vital de la religiosidad de Catalina y de toda auténtica espiritualidad: el cristocentrismo. Cristo es para ella como el esposo, con el que hay una relación de intimidad, de comunión y de fidelidad; es elbien amado sobre cualquier otro bien.
Esta unión profunda con el Señor está ilustrada por otro de la vida de esta insigne mística: el intercambio del corazón. Según Raimundo de Capua, que transmite las confidencias recibidas de Catalina, el Señor Jesús se le apareció con un corazón humano rojo resplandeciente en la mano, le abrió el pecho, se lo introdujo y dijo:
“Queridísima hija, como el otro día tomé el corazón tuyo que me ofrecías, he aquí que ahora te doy el mío, y de ahora en adelante estará en el lugar que ocupaba el tuyo” (ibid.). Catalina vivió verdaderamente las palabras de san Pablo, “...no vivo yo, sino que Cristo vive en mi" (Gal 2,20).

Como la santa de Siena, todo creyente siente la necesidad de conformarse a los sentimientos del Corazón de Cristo para amar a Dios y al prójimo como el mismo Cristo ama.
Y todos nosotros podemos dejarnos transformar el corazón y aprender a amar como Cristo, en una familiaridad con Él nutrida por la oración, por la meditación sobre la Palabra de Dios y por los Sacramentos, sobre todo recibiendo frecuentemente y con devoción la santa Comunión.
También Catalina pertenece a este grupo de santos eucarísticos con la que quise concluir mi Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis (cfr n. 94). Queridos hermanos y hermanas, la Eucaristía es un extraordinario don de amor que Dios nos renueva continuamente para nutrir nuestro camino de fe, revigorizar nuestra esperanza, inflamar nuestra caridad, para hacernos cada vez más semejantes a Él.
Alrededor de una personalidad tan fuerte y auténtica se fue construyendo una verdadera y auténtica familia espiritual. Se trataba de personas fascinadas por la autoridad moral de esta joven mujer de elevadísimo nivel de vida, y quizás impresionadas también por los fenómenos místicos a los que asistían, como los frecuentes éxtasis.
Muchos se pusieron a su servicio y sobre todo consideraron un privilegio ser guiados espiritualmente por Catalina. La llamaban “mamá”, pues como hijos espirituales tomaban de ella la nutrición del espíritu.
También hoy la Iglesia recibe un gran beneficio del ejercicio de la maternidad espiritual de tantas mujeres, consagradas y laicas, que alimentan en las almas el pensamiento de Dios, refuerzan la fe de la gente y orientan la vida cristiana hacia cimas cada vez más elevadas.
“Hijo os digo y os llamo – escribe Catalina dirigiéndose a uno de sus hijos espirituales, el cartujo Giovanni Sabatini -, en cuanto que os doy a luz a través de continuas oraciones y deseo en presencia de Dios, así como una madre da a luz a su hijo" (Epistolario, Carta n. 141: A don Giovanni de’ Sabbatini).
Al fraile dominico Bartolomeo de Dominici solía dirigirse con estas palabras: "Dilectísimo y queridísimo hermano e hijo en el dulce Jesucristo".
Otro rasgo de la espiritualidad de Catalina está ligado al don de las lágrimas. Estas expresan una sensibilidad exquisita y profunda, capacidad de conmoción y de ternura. No pocos santos tuvieron el don de las lágrimas, renovando la emoción del mismo Jesús, que no reprimió ni escondió su llanto ante el sepulcro del amigo Lázaro y al dolor de María y de Marta, y a la vista de Jerusalén, en sus últimos días terrenos.
Según Catalina, las lágrimas de los Santos se mezclan con la Sangre de Cristo, de la que ella habló con tonos vibrantes y con imágenes simbólicas muy eficaces:
“Tened memoria de Cristo crucificado, Dios y hombre (…). Poneos por objetivo a Cristo crucificado, escondeos en las llagas de Cristo crucificado, ahogaos en la sangre de Cristo crucificado" (Epistolario, Carta n. 16: A uno cuyo nombre se calla).
Aquí podemos comprender por qué Catalina, aún consciente de las debilidades humanas de los sacerdotes, hubiese tenido siempre una grandísima reverencia por ellos: ellos dispensan, a través de los Sacramentos y la Palabra, la fuerza salvífica de la Sangre de Cristo.
La Santa de Siena invitó siempre a los sagrados ministros, también al Papa, a quien llamaba “dulce Cristo en la tierra", a ser fieles a sus responsabilidades, movida siempre y solo por su amor profundo y constante por la Iglesia.
Antes de morir dijo: “Partiendo del cuerpo yo, en verdad, he consumido y dado la vida en la Iglesia y por la Iglesia Santa, lo cual me es de singularísima gracia" (Raimundo de Capua, S. Caterina da Siena, Legenda maior, n. 363).

De santa Catalina, por tanto, aprendemos la ciencia más sublime: conocer y amar a Jesucristo y a su Iglesia. En el Diálogo de la Divina Providencia, ella, con una imagen singular, describe a Cristo como un puente lanzado entre el cielo y la tierra.
Está formado por tres escalones constituidos por los pies, el costado y la boca de Jesús. Elevándose a través de estos escalones, el alma pasa a través de las tres etapas de todo camino de santificación: el desapego del pecado, la práctica de las virtudes y del amor, la unión dulce y afectuosa con Dios.
Queridos hermanos y hermanas, aprendamos de santa Catalina a amar con valor, de forma intensa y sincera, a Cristo y la Iglesia. Hagamos nuestras para ello las palabras de santa Catalina que leemos en el Diálogo de la Divina Providencia, en la conclusión del capítulo que habla de Cristo-puente:
"Por misericordia nos has lavado en la Sangre, por misericordia quisiste conversar con las criaturas. ¡Oh Loco de amor! ¡No te bastó encarnarte, sino que quisiste también morir! (...) ¡Oh misericordia! El corazón se me ahoga al pensar en ti: a dondequiera que me vuelva a pensar, no encuentro sino misericordia" (cap. 30, pp. 79-80).
En todo Estados Unidos y mucho más allá, las diócesis católicas reportaron un notable aumento en el número de adultos que se unieron a la Iglesia, lo que sugiere no un resurgimiento repentino, sino un renacimiento complejo y desigual cuyas causas —y durabilidad— siguen abiertas a la interpretación. La magnitud del fenómeno en Estados Unidos es sorprendente. Los datos recopilados de decenas de diócesis indican que, en promedio, el número de personas recibidas en la Iglesia este año aumentó un 38 % en comparación con 2025.
Una encuesta aparte reveló un aumento del 57 % específicamente entre las personas no bautizadas que buscaban la iniciación completa. De las 71 diócesis que proporcionaron proyecciones antes de la Pascua, solo cinco anticiparon un descenso.
Algunas de las diócesis más grandes registraron aumentos espectaculares. Los Ángeles recibió a más de 8500 nuevos católicos durante la Semana Santa, un aumento del 139 % con respecto al año anterior. Chicago registró un aumento del 52%, Nueva York del 36% y Phoenix del 23%. En Detroit, 1428 personas fueron recibidas en la Iglesia, incluyendo 583 catecúmenos y 845 candidatos, el grupo más numeroso en dos décadas.
Esta tendencia no se limita a los grandes centros urbanos. Las diócesis más pequeñas han registrado un crecimiento igualmente significativo, y en algunos casos, incluso más espectacular. Duluth, en Minnesota, creció un 145%, Rapid City un 96% y Pensacola-Tallahassee un 85%. Incluso en regiones a menudo descritas como altamente secularizadas, como Nueva Inglaterra, los aumentos han sido sustanciales: Boston experimentó un incremento del 55% en catecúmenos, mientras que Norwich, Connecticut, duplicó con creces su número.

Sin embargo, este auge actual debe interpretarse en el contexto histórico más amplio, que ofrece una perspectiva más sobria. A principios del milenio, más de 173 000 adultos ingresaban anualmente en la Iglesia Católica en Estados Unidos. Para 2020, en medio de las perturbaciones de la pandemia, esa cifra había caído a poco más de 70.000.
Si bien en los últimos años se ha observado una recuperación constante —alcanzando más de 90.000 en 2024—, las cifras siguen estando significativamente por debajo de las de décadas anteriores. Además, los indicadores generales de la vida católica continúan a la baja. Desde el año 2000, los bautizos infantiles han disminuido en más del 50%, los matrimonios en un 59% e incluso los funerales en un 26%. El actual aumento de conversiones de adultos, aunque alentador, aún no compensa estos descensos estructurales.

Lo que parece estar surgiendo no es un simple retorno a los niveles anteriores de práctica religiosa, sino un cambio en el perfil de quienes se incorporan a la Iglesia. En muchas diócesis, los adultos jóvenes están representados de manera prominente entre los nuevos conversos. Sacerdotes y obispos señalan una combinación de factores: la búsqueda de sentido en un clima cultural incierto, el atractivo de la claridad doctrinal y el atractivo de una tradición percibida como antigua y coherente. Algunos obispos y párrocos también destacan una dinámica más intangible.
En lugares como Boise, las autoridades locales han descrito una renovada «vitalidad espiritual», atribuyendo el aumento menos a programas específicos que a una mayor apertura entre las personas que buscan un compromiso más profundo. Otros resaltan el papel del testimonio católico visible en escuelas y parroquias, especialmente entre los jóvenes.

Este patrón no se limita a Norteamérica. En Asia, el crecimiento ha sido igualmente notable. Singapur registró más de 1250 bautismos de adultos en la Vigilia Pascual, mientras que Hong Kong reportó más de 2500, incluyendo 1600 adultos, todo esto son conversionies. En ambos casos, los líderes de la Iglesia han señalado los esfuerzos activos de evangelización y la influencia del testimonio personal dentro de las comunidades católicas.
En Europa, Francia continúa experimentando lo que algunos observadores han descrito como un «auge de bautismos», incluso con la disminución de los bautismos infantiles. La coexistencia de un descenso del catolicismo cultural y un aumento de las conversiones de adultos sugiere una reconfiguración, más que una simple contracción, de la vida religiosa: menos creyentes por herencia, pero potencialmente más creyentes intencionales.
Sin embargo, los datos no permiten llegar a conclusiones fáciles. Entre una muestra de 16 diócesis estadounidenses con registros detallados, todas reportaron más nuevos católicos en 2026 que en 2024, con un aumento promedio del 83 por ciento. Sin embargo, solo dos de esas diócesis superaron sus cifras del año 2000. En otras palabras, el crecimiento actual representa una recuperación tras mínimos recientes, más que un retorno a máximos históricos.

También existen contrastes internos. Si bien muchas diócesis se están expandiendo, otras han experimentado ligeros descensos. Shreveport, por ejemplo, registró 257 nuevos feligreses este año, una cifra inferior a los 329 de 2025, aunque aún muy superior a los 89 registrados en 2021. Estas variaciones sugieren que las condiciones locales, el liderazgo y los factores demográficos siguen desempeñando un papel decisivo.
A nivel mundial, el panorama es igualmente diverso. Los países que experimentan una rápida secularización no siempre registran un aumento paralelo en las conversiones. Alemania, por ejemplo, no ha visto un incremento comparable en el número de adultos que se convierten, lo que subraya que la tendencia actual no es universal.
Lo que se desprende de los datos es una Iglesia en transición. El declive de la identidad religiosa heredada, especialmente en Occidente, no ha eliminado la posibilidad de crecimiento; más bien, ha modificado sus mecanismos. Si bien antes la afiliación católica se transmitía a menudo culturalmente, ahora es con mayor frecuencia el resultado de una decisión personal. Aún no está claro si este cambio conducirá a un crecimiento sostenido.
Mucho dependerá de si la actual afluencia de conversos puede integrarse en comunidades estables y si se puede abordar el declive generalizado de la vida sacramental. Por ahora, la Vigilia Pascual de 2026 representa un momento de contraste: en un período a menudo marcado por narrativas de decadencia, miles de personas, de diferentes continentes y culturas, han elegido unirse a la Iglesia Católica. Si esto indica el comienzo de una transformación profunda o un auge temporal, solo se sabrá en los próximos años.
En los escritos del Nuevo Testamento aparece un personaje, importante en la Iglesia apostólica, que unas veces es llamado Juan, otras Juan Marcos y otras Marcos solamente. Por la simple lectura del Evangelio se ve que se trata de la misma persona.
Nada tiene de extraño que un judío usase dos nombres: uno hebreo Juan y otro latino helenizado Juan Marcos, máxime si procedía de provincias del Imperio romano. En San Marcos, como en San Pablo, el nombre romano terminó por imponerse sobre el hebreo.
San Marcos era hijo de María, viuda al parecer, de alta posición, en cuya casa se reunía la primitiva iglesia de Jerusalén. Una antigua tradición nos atestigua que es la misma casa en la que el Señor celebró la Última Cena e instituyó la Eucaristía, y que el hombre que llevaba el cántaro era el propio Marcos, detalle conservado por el evangelista y usado también por San Lucas.

También parece que “el muchacho que seguía (al grupo del prendimiento) cubierto con una sábana” era el propio Marcos que guarda este dato como íntimo recuerdo personal. De ser así, Getsemaní debió pertenecer al patrimonio de la familia.
Era primo de Bernabé, una de las grandes figuras de la primitiva Iglesia y, al ser Bernabé levita y de Chipre, es natural que Marcos perteneciese a la colonia chipriota de Jerusalén y que fuese levita, como su primo. Así lo cree el Prólogo de Prisciliano.
La actividad evangélica de San Marcos la inicia con Bernabé y Pablo, quienes cumplido su ministerio de llevar subsidios a la iglesia de Jerusalén, se volvieron a Antioquía llevándose consigo a Marcos.
Enviados de nuevo Bernabé y Saulo a la misión, para la que les había llamado el Espíritu Santo, embarcaron rumbo a Chipre donde predicaron en las sinagogas, teniendo a Marcos como auxiliar o diácono y una vez evangelizada la isla, al zarpar Pablo y los que con él estaban de Pafos a Perge de Pamfilia, Marcos se separó de ellos y se volvió a Jerusalén.

Cuando más tarde Pablo y Bernabé visitaron las comunidades evangelizadas, Bernabé quiso llevar consigo a Marcos pero Pablo se opuso, pues no olvidaba que no les había acompañado a Pamfilia. Como la divergencia de criterios fue irreductible, ambos se separaron en la tarea misional y “Bernabé tomando consigo a Marcos se embarcó para Chipre”. Los acontecimientos posteriores indican una plena reconciliación de San Pablo con Marcos.
Unos diez años más tarde encontramos a Marcos en Roma como intérprete de San Pedro y, un poco después, como escritor de su evangelio, según lo presenta la tradición. Su relación debía de ser muy antigua. Sabemos que liberado Pedro por el ángel, se dirigió a la casa de María, la madre de Marcos, donde era muy familiar.
Tal testimonio, junto con los datos de la tradición, hace suponer que Marcos se hallaba en Roma como intérprete de Pedro antes de que llegara San Pablo, con el que, olvidadas las diferencias de la primera separación, ahora le sirve como auxiliar, de consuelo y de gran utilidad para el ministerio. En Roma, hacia el año 60, debió de escribir el Evangelio conocido en la tradición como Evangelio según San Marcos.
Consta que tuvo que visitar la Iglesia de Colosas y que San Pablo le recomendó a los colosenses: “hacedle buena acogida”. No sabemos si realizó tal visita; pero sí que estaba en Oriente y por aquellas tierras, pues Timoteo al parecer en Éfeso, recibe este encargo de San Pablo: “procura venir pronto… y a Marcos, tráele, que me va a ser útil para el ministerio”.
Probablemente murió en el año 68 d.C., de muerte natural, según una relación, y según otra, como mártir, en Alejandría de Egipto. Los Hechos de San Marcos, un escrito de mitad del siglo IV, refieren que San Marcos fue arrastrado por las calles de Alejandría, atado con cuerdas al cuello.

Basílica de San Marcos en Venecia
Después lo llevaron a la cárcel y al día siguiente le volvieron a aplicar el mismo martirio hasta que falleció. Luego echaron su cuerpo a las llamas, pero los fieles lograron sacarlo y evitar su destrucción.
De Alejandría fueron trasladadas sus reliquias a Venecia el año 825, cuya República lo adoptó como celestial patrono, erigiendo en su honor la maravillosa Basílica de San Marcos, y tomando el símbolo del evangelista (el león alado con el libro del Evangelio) como su escudo, que esculpió en todos sus monumentos y posesiones.
Ver en Wikipedia
NASSIM MAZIG
Director del Yacimiento Arqueológico de Kursi
Al final del milagro, y esto es precisamente lo que resalta la importancia del lugar, Jesús le dice al hombre: «Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho por ti» (Lucas 8:39). Esto significa que estamos ante el primer apóstol del mundo, del pueblo, ya durante el período de la actividad de Jesús en torno al Mar de Galilea.
Los evangelistas Marcos y Lucas describen este lugar como territorio de los gerasenos, mientras que el evangelista Mateo lo identifica como territorio de los gadarenos (Mateo 8:28).
NASSIM MAZIG
Director del Yacimiento Arqueológico de Kursi
La descripción más precisa es la que se encuentra en el Evangelio de Mateo, ya que él es el único de los evangelistas que vivió aquí.
Desde los primeros siglos del cristianismo, una comunidad cristiana se asentó en este lugar, incluso antes de que el cristianismo se convirtiera en la religión oficial.
NASSIM MAZIG
Director del Yacimiento Arqueológico de Kursi
Cuando los cristianos gobernaron estas tierras durante la época bizantina, eligieron construir aquí el monasterio más grande de ese período. Fue construido por los emperadores y no por una comunidad específica, lo que significa que tenía un carácter oficial.
El monasterio incluía una gran basílica con un suelo de mosaico y, en su atrio, un pozo de agua en memoria del milagro.

HAGAY DVIR
Director de Productos Turísticos de la Autoridad de Parques y Naturaleza
Aquí, en una de las habitaciones cercanas al altar, se encontró una pila bautismal, junto con una inscripción que indica que la construcción data del siglo VI. Sabemos que gran parte de la evidencia escrita no ha sobrevivido, ya que hablamos de un evento violento que ocurrió en el siglo VII: la invasión persa del 614.
El Evangelio relata que espíritus inmundos entraron en los cerdos, que se precipitaron por el terraplén hacia el mar. En la cima del terraplén, es decir, en la pendiente pronunciada, se encuentran los restos de otra pequeña iglesia bizantina, construida en el lugar donde ocurrió el milagro.
NASSIM MAZIG
Director del Yacimiento Arqueológico de Kursi
Debemos tener en cuenta que la distancia desde la cima del terraplén hasta el Mar de Galilea es de aproximadamente 250 metros. ¿Saben por qué hago hincapié en esto? Porque en el Evangelio de Marcos, capítulo 5, se habla de dos mil cerdos. Es imposible contener dos mil cerdos en un espacio de diez metros, ni en cincuenta o cien metros: se necesita un área mucho mayor, y eso es precisamente lo que tenemos aquí. No es casualidad que, cuando el nivel del Mar de Galilea descendió en cierto punto, se encontraran muchos huesos de cerdo no lejos de aquí.
Desde los primeros siglos del cristianismo, el yacimiento de Kursi se ha convertido en un destino de peregrinación para quienes desean visitar el lugar asociado con este milagro.

NAAMA MANSFELD
Directora del Centro Golán para la Educación e Información de la Autoridad de Parques y Naturaleza
Cuando los peregrinos llegaban a Kursi, los monjes del monasterio les ofrecían todo lo que necesitaban. Aquí se encontraban el gran monasterio, un pozo de agua e incluso una casa de baños donde podían descansar.
Los restos de la casa de baños aún son visibles hoy en día.
El milagro de Jesús en Kursi sigue transmitiendo un poderoso mensaje espiritual a la humanidad: la capacidad de Cristo para liberar al hombre de las fuerzas del mal y devolverle la vida. ¡El que tenga oídos para oír, que oiga!

