¿Cómo y cuándo empieza a vivirse?

EL ADVIENTO

TIEMPO LITÚRGICO QUE PREPARA LA NAVIDAD

Expectación penitente, piadosa y alegre

La venida del Hijo de Dios a la Tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos (…).

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Al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida.
(Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 522 y 524)

Con el tiempo de Adviento, la Iglesia romana da comienzo al nuevo año litúrgico. El tiempo de Adviento gravita en torno a la celebración del misterio de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.

 

A PARTIR DEL SIGLO IV

El origen y significado del Adviento es un tanto oscuro; en cualquier caso, el término adventus era ya conocido en la literatura cristiana de los primeros siglos de la vida de la Iglesia, y probablemente se acuñó a partir de su usoen la lengua latina clásica.

La traducción latina Vulgata de la Sagrada Escritura (durante el siglo IV) designó con el término adventus la venida del Hijo de Dios al mundo, en su doble dimensión de advenimiento en la carne –encarnación- y advenimiento glorioso –parusía-.

La tensión entre uno y otro significado se encuentra a lo largo de toda la historia del tiempo litúrgico del Adviento, si bien el sentido de “venida” cambió a “momento de preparación para la venida”.

Quizá la misma amplitud de las realidades contenidas en el término dificultaba la organización de un tiempo determinado en el que apareciera la riqueza de su mensaje. De hecho, el ciclo de adviento fue uno de los últimos elementos que entraron a formar parte del conjunto del año litúrgico (siglo V).

Parece ser que desde fines del siglo IV y durante el siglo V, cuando las fiestas de Navidad y Epifanía iban cobrando una importancia cada vez mayor, en las iglesias de Hispania y de las Galias particularmente, se empezaba a sentir el deseo de consagrar unos días a la preparación de esas celebraciones.

Dejando de lado un texto ambiguo atribuido a San Hilario de Poitiers, la primera mención de la puesta en práctica de ese deseo la encontramos en el canon 4 del Concilio de Zaragoza del año 380: "Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente" (H. Bruns, Canones Apostolorum et Conciliorum II, Berlín, 1893, 13-14). La frecuencia al culto durante los días que corresponden, en parte, a nuestro tiempo de adviento actual, se prescribe, pues, de una forma imprecisa.

 

UN TIEMPO DE PENITENCIA

Más tarde, los concilios de Tours (año 563) y de Macon (año 581) nos hablarán, ya concretamente, de unas observancias existentes “desde antiguo” para antes de Navidad.

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En efecto, casi a un siglo de distancia, San Gregorio de Tours (fallecido en el año 490) nos da testimonio de las mismas con una simple referencia.

Leemos en el canon 17 del Concilio de Tours que los monjes "deben ayunar durante el mes de diciembre, hasta Navidad, todos los días".

El canon 9 del Concilio de Macon ordena a los clérigos, y probablemente también a todos los fieles, que "ayunen tres días por semana: el lunes, el miércoles y el viernes, desde San Martín hasta Navidad, y que celebren en esos días el Oficio Divino como se hace en Cuaresma"(Mansi, IX, 796 y 933).

Aunque la interpretación histórica de estos textos es difícil, parece según ellos que en sus orígenes el tiempo de adviento se introdujo tomando un carácter penitencial, ascético, con una participación más asidua al culto.

Sin embargo, las primeras noticias  a cerca de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento, se encuentran a mediados del siglo VI, en la iglesia de Roma.

Según parece, este Adviento romano comprendía al principio seis semanas, aunque muy pronto -durante el pontificado de Gregorio Magno (590-604)-  se redujo a las cuatro actuales.

UNA DOBLE ESPERA

El significado teológico original del Adviento se ha prestado a distintas interpretaciones. Algunos autores consideran que, bajo el influjo de la predicación de Pedro Crisólogo (siglo V), la liturgia de Adviento preparaba para la celebración litúrgica anual del nacimiento de Cristo y sólo más tarde –a partir de la consideración de consumación perfecta en su segunda venida- su significado se desdoblaría hasta incluir también la espera gozosa de la Parusía del Señor.

No faltan, sin embargo, partidarios de la tesis contraria: el Adviento habría comenzado como un tiempo dirigido hacia la Parusía, esto es, el día en que el Redentor coronará definitivamente su obra. En cualquier caso, la superposición ha llegado a ser tan íntima que resulta difícil atribuir uno u otro aspecto a las lecturas escriturísticas o a los textos eucológicos de este tiempo litúrgico.

El Calendario Romano actualmente en vigor conserva la doble dimensión teológica que constituye al Adviento en un tiempo de esperanza gozosa:

"el tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre" (Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, 39).

Fuente: www.primeroscristianos.com

 

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LA CORONA DE ADVIENTO

 

 

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Novena a la Inmaculada Concepción de María

¿Qué es la novena de la Inmaculada?

Es una devoción cristiana que consiste en prepararse interiormente para la fiesta de la Inmaculada los nueve días previos. Se celebran misas especiales, se reza el Sto. Rosario u otras devociones marianas, pero en cualquier caso, lo más importante es vivirla personalmente. En algunos lugares empieza el 29 de noviembre, y otros el 30, según se incluya o no el día de la fiesta.

 

Ofrecemos algunos textos, seleccionados en nueve apartados distintos, uno para cada día de la novena. Los apartados acaban con una breve oración compuesta por san Josemaría, dirigida a Nuestra Madre del Cielo

La Costumbre

La Novena de la Inmaculada es una costumbre que ha cristalizado en la Iglesia para preparar la gran solemnidad del 8 de diciembre. Se aconseja que cada uno la viviera personalmente, del modo que considere más oportuno; poniendo más empeño en la conversación asidua con la Virgen, con un delicado esmero en la oración, la mortificación, el trabajo profesional; y procurando que los parientes, amigos y conocidos se acerquen a Jesucristo por medio de nuestra Madre.

 

30 DE NOVIEMBRE - "María, la llena de gracia" 

1 DE DICIEMBRE - "Madre de todos, de cada uno"

2 DE DICIEMBRE - "María, Maestra de oración"

3 DE DICIEMBRE - "María, Mujer de fe. Maestra de fe"

4 DE DICIEMBRE - "María, Madre del Amor Hermoso"

5 DE DICIEMBRE - "Santa María, Esperanza nuestra"

6 DE DICIEMBRE -"María, refugio y fortaleza nuestra"

7 DE DICIEMBRE - "María, Maestra de vida ordinaria"

8 DE DICIEMBRE - "Santa María, Reina de los Apóstoles"

 


Descargar la novena a la Inmaculada > aquí  en pdf

 

Inmaculada Novena

 

 

 

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INMACULADA CONCEPCIÓN  

 

 

 

 

24/11/2025

León XIV ya tiene la mirada puesta en Nicea, la actual Iznik. Es el motivo principal de su viaje a Turquía: celebrar los 1700 años de este primer concilio ecuménico.

Para recordar lo que supuso esta asamblea, el papa ha escrito una carta apostólica. El título es 'In unitate fidei' , en la unidad de la fe, y supone una llamada a la unidad de los cristianos.

Palabras del Papa León XIV

Se acerca el viaje apostólico que realizaré a Turquía y Líbano. En Turquía se celebrará el 1700 aniversario del Concilio de Nicea. Por ello, hoy se publica la Carta apostólica In unitate fidei, que conmemora este acontecimiento histórico.

El gran legado del Concilio

El Concilio de Nicea, convocado por el emperador Constantino en el año 325, dejó una gran huella. De su legado está el credo niceno, que se reza en cada Eucaristía, y reconoce la divinidad de Cristo. O, también, la fecha fija de la Pascua.

El papa habla en el texto de los tiempos convulsos de la época, y los compara con la actualidad. León explica que lo que salió de Nicea es la profesión común de todas las tradiciones cristianas. Y, de ahí, su llamado a la unidad.

Debemos dejar atrás controversias teológicas que han perdido su razón de ser para adquirir un pensamiento común y, más aún, una oración común al Espíritu Santo, para que nos reúna a todos en una sola fe y un solo amor.

Además, añade que esto no significa un ecumenismo que vuelva a las divisiones ni al pasado.

El restablecimiento de la unidad entre los cristianos no nos empobrece, al contrario, nos enriquece. Como en Nicea, este propósito sólo será posible mediante un camino paciente, largo y a veces difícil de escucha y acogida recíproca. Se trata de un desafío teológico y, aún más, de un desafío espiritual, que requiere arrepentimiento y conversión por parte de todos.

La carta, que termina con una oración invocando al Espíritu Santo, se publicó en la Solemnidad de Cristo Rey, a tan solo cuatro días de iniciar su primer viaje apostólico.


Contenido Multimedia- En la unidad de la fe

 


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Tiempo litúrgico que prepara la Navidad

Expectación penitente, piadosa y alegre

La venida del Hijo de Dios a la Tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos (…). Al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda Venida. (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 522 y 524)

Con el tiempo de Adviento, la Iglesia romana da comienzo al nuevo año litúrgico. El tiempo de Adviento gravita en torno a la celebración del misterio de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo.

A partir del siglo IV

El origen y significado del Adviento es un tanto oscuro; en cualquier caso, el término adventus era ya conocido en la literatura cristiana de los primeros siglos de la vida de la Iglesia, y probablemente se acuñó a partir de su uso en la lengua latina clásica.

La traducción latina Vulgata de la Sagrada Escritura (durante el siglo IV) designó con el término adventus la venida del Hijo de Dios al mundo, en su doble dimensión de advenimiento en la carne –encarnación- y advenimiento glorioso –parusía-.

La tensión entre uno y otro significado se encuentra a lo largo de toda la historia del tiempo litúrgico del Adviento, si bien el sentido de “venida” cambió a “momento de preparación para la venida”.

Quizá la misma amplitud de las realidades contenidas en el término dificultaba la organización de un tiempo determinado en el que apareciera la riqueza de su mensaje. De hecho, el ciclo de adviento fue uno de los últimos elementos que entraron a formar parte del conjunto del año litúrgico (siglo V).

 

Parece ser que desde fines del siglo IV y durante el siglo V, cuando las fiestas de Navidad y Epifanía iban cobrando una importancia cada vez mayor, en las iglesias de Hispania y de las Galias particularmente, se empezaba a sentir el deseo de consagrar unos días a la preparación de esas celebraciones.

Dejando de lado un texto ambiguo atribuido a San Hilario de Poitiers, la primera mención de la puesta en práctica de ese deseo la encontramos en el canon 4 del Concilio de Zaragoza del año 380:

"Durante veintiún días, a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), no está permitido a nadie ausentarse de la iglesia, sino que debe acudir a ella cotidianamente" (H. Bruns, Canones Apostolorum et Conciliorum II, Berlín, 1893, 13-14).

La frecuencia al culto durante los días que corresponden, en parte, a nuestro tiempo de adviento actual, se prescribe, pues, de una forma imprecisa.

 

Un tiempo de penitencia

Más tarde, los concilios de Tours (año 563) y de Macon (año 581) nos hablarán, ya concretamente, de unas observancias existentes “desde antiguo” para antes de Navidad. En efecto, casi a un siglo de distancia, San Gregorio de Tours (fallecido en el año 490) nos da testimonio de las mismas con una simple referencia.  Leemos en el canon 17 del Concilio de Tours que los monjes "deben ayunar durante el mes de diciembre, hasta Navidad, todos los días".

El canon 9 del Concilio de Macon ordena a los clérigos, y probablemente también a todos los fieles, que "ayunen tres días por semana: el lunes, el miércoles y el viernes, desde San Martín hasta Navidad, y que celebren en esos días el Oficio Divino como se hace en Cuaresma" (Mansi, IX, 796 y 933).  Aunque la interpretación histórica de estos textos es difícil, parece según ellos que en sus orígenes el tiempo de adviento se introdujo tomando un carácter penitencial, ascético, con una participación más asidua al culto.

Sin embargo, las primeras noticias  a cerca de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento, se encuentran a mediados del siglo VI, en la iglesia de Roma.

Según parece, este Adviento romano comprendía al principio seis semanas, aunque muy pronto -durante el pontificado de Gregorio Magno (590-604)-  se redujo a las cuatro actuales.

 

Una doble espera

El significado teológico original del Adviento se ha prestado a distintas interpretaciones. Algunos autores consideran que, bajo el influjo de la predicación de Pedro Crisólogo (siglo V), la liturgia de Adviento preparaba para la celebración litúrgica anual del nacimiento de Cristo y sólo más tarde –a partir de la consideración de consumación perfecta en su segunda venida- su significado se desdoblaría hasta incluir también la espera gozosa de la Parusía del Señor.

No faltan, sin embargo, partidarios de la tesis contraria: el Adviento habría comenzado como un tiempo dirigido hacia la Parusía, esto es, el día en que el Redentor coronará definitivamente su obra. En cualquier caso, la superposición ha llegado a ser tan íntima que resulta difícil atribuir uno u otro aspecto a las lecturas escriturísticas o a los textos eucológicos de este tiempo litúrgico.

El Calendario Romano actualmente en vigor conserva la doble dimensión teológica que constituye al Adviento en un tiempo de esperanza gozosa:

"El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos.

Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre" (Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, 39).

 

Fuente: www.primeroscristianos.com

 

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La corona de Adviento

La corona de adviento está compuesta por cuatro velas con ramas vegetales, que se van encendiendo, una a una, en las cuatro semanas que preceden a la Navidad.

 

Origen

La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres precristianas de los pueblos del norte, entre los siglos IV y VI. Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos comoseñal de esperanza en la venida de la primavera.

En el siglo XVI católicos y protestantes alemanes comenzaron a utilizar este símbolo durante el Adviento: aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar la Verdad suprema: Jesús es la Luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas anticipan la venida dela luz en la Navidad: Jesucristo. Esa costumbre se ha convertido en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos.

La Corona de Adviento, cuyas cuatro luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cfr. Mal 3,20; Lc 1,78).

 

corona adviento

 

La simbología

-La forma circular: el círculo no tiene principio ni fin, es señal de eternidad;
-Las ramas verdes: simbolizan la esperanza y la vida;
-Las cuatro velas: Las velas se encienden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento. Simbolizan la luz en medio de las tinieblas: la salvación que vino a traer Jesucristo es luz para la vida de cada persona.
-El color rojo significa el amor de Dios.

 

La corona puede ser bendecida por un sacerdote.

 

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LOS ORÍGENES DEL ADVIENTO

 

 

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Masacran otra aldea en Nigeria

Uno de los testimonios más estremecedores fue el de Christiana Joseph, quien se despertó la mañana del ataque preparándose para asistir a la misa de las 6 a. m. Recuerda el repentino rugido de motores que rodeaban su casa. Momentos después, ráfagas de disparos llenaron el aire. Cuando volvió el silencio, su esposo, John, con quien llevaba catorce años casada, yacía sin vida en el suelo. “Nos rodearon”, relató. “Duró solo unos minutos, pero lo destruyó todo”.

Durante tres días, del 9 al 11, las comunidades de este estado del este de Nigeria fueron azotadas por una ola de ataques coordinados que dejaron al menos veinte cristianos muertos y barrios enteros conmocionados. Periodistas locales de Truth Nigeria fueron los primeros en determinar la magnitud de la violencia, pero los testimonios de testigos presenciales han revelado una escena mucho más aterradora de lo que sugerían las cifras iniciales. Los residentes describen grupos de hombres armados que irrumpían en las aldeas en motocicletas, convergiendo en casas y lugares de culto con una precisión escalofriante.
Los sobrevivientes afirman que los atacantes se movían con rapidez y sin discriminación, disparando a quemarropa contra las mismas estructuras que sustentan la vida cotidiana: viviendas familiares, patios parroquiales, pequeñas capillas donde los niños aprenden sus oraciones. El ataque dejó tras de sí techos destrozados, escombros calcinados y familias deambulando de casa en casa buscando a sus familiares desaparecidos. Cerca de la Catedral de la Sagrada Familia, el padre George Dogo ha pasado días junto a voluntarios de rescate removiendo escombros aún calientes por los incendios.
Teme que el número de muertos aumente. “Todavía hay zonas que no hemos podido despejar”, ​​dijo a sus contactos locales. “Cada hora encontramos a alguien que no habíamos registrado”. Uno de los testimonios más estremecedores fue el de Christiana Joseph, quien se despertó la mañana del ataque preparándose para asistir a la misa de las 6 a. m. Recuerda el repentino rugido de motores que rodeaban su casa.
Momentos después, ráfagas de disparos llenaron el aire. Cuando volvió el silencio, su esposo, John, con quien llevaba catorce años casada, yacía sin vida en el suelo. “Nos rodearon”, relató. “Duró solo unos minutos, pero lo destruyó todo”. Estos ataques se produjeron justo cuando Estados Unidos advertía públicamente a Nigeria que las atrocidades sin control —en particular las dirigidas contra los cristianos— podrían desencadenar una intervención extranjera.
Genocidios
La retórica inusualmente dura de Washington puso de relieve lo que muchos activistas nigerianos llevan tiempo denunciando: que la violencia atribuida a las facciones fulani radicalizadas se ha intensificado drásticamente y que las autoridades tienen dificultades, o no están dispuestas, a contenerla.
Entre las voces que constantemente dan la voz de alarma se encuentra la de Emeka Umeagbalasi, director de Intersociety, una organización de derechos humanos que documenta abusos y defiende a las víctimas. Lleva tiempo argumentando que la narrativa de las “disputas locales” oculta un patrón de agresión selectiva.
Según las últimas cifras de su equipo, cientos de cristianos cautivos —posiblemente hasta 800— permanecen detenidos en un campamento en Rijana, sorprendentemente cerca de dos instalaciones militares nigerianas. “Hay personas retenidas prácticamente a la vista de hombres uniformados”, afirmó. “Y, sin embargo, nada cambia”. Sus preocupaciones van mucho más allá de Taraba. Señala el estado de Enugu, donde catorce iglesias —en su mayoría anglicanas, pero también católicas— han sido atacadas desde 2021 en la región de Nhamufu. Sin embargo, afirma, las autoridades han desalentado incluso el uso del término “violencia”.
Los voluntarios que denunciaron los ataques fueron detenidos, y los organismos de seguridad los instaron a utilizar un lenguaje neutral como “enfrentamientos comunitarios” en lugar de “ataques yihadistas fulani”.
Umeagbalasi ha advertido repetidamente sobre lo que considera una dinámica preocupante: tropas que permanecen pasivas mientras se desarrollan los ataques, pero que llegan después para controlar la narrativa.
«No intervienen para detener los ataques», afirmó. «Pero después de que los hombres armados se marchan, recogen los cadáveres, confiscan los teléfonos, arrestan a los residentes y los acusan de difundir falsedades».
Los datos más amplios de Intersociety pintan un panorama desolador. Entre enero y noviembre de este año, la organización estima que al menos 7000 cristianos han sido asesinados en Nigeria; cifras que, de ser ciertas, sitúan al país entre los lugares más peligrosos del mundo para los creyentes.
El gobierno nigeriano, sin embargo, rechaza cualquier insinuación de persecución religiosa. En una reciente rueda de prensa, el ministro de Asuntos Exteriores, Yusuf Tuggar, desestimó las acusaciones como infundadas e insistió en que el compromiso constitucional de Nigeria con la libertad religiosa permanece intacto.
Añadió que «es imposible» que cualquier nivel de gobierno avale o permita una campaña de violencia por motivos religiosos. Las autoridades también han argumentado que las preocupaciones estadounidenses se basan en malas interpretaciones y que Abuja está cooperando con sus socios internacionales mientras aborda los desafíos de seguridad interna.
Pero sobre el terreno en Taraba, la confianza en esas garantías se ha desvanecido. La brecha entre las declaraciones oficiales y la realidad vivida se siente más amplia que nunca.

Para los aldeanos que ahora duermen en refugios improvisados ​​o bajo la protección de comunidades vecinas, el debate en Abuja o Washington se siente lejano. Sus preocupaciones inmediatas son mucho más simples: recuperar a los desaparecidos, enterrar a los muertos y… rogando que el sonido de las motocicletas no regrese al amanecer. Los ataques de noviembre han dejado a Taraba no solo de luto, sino también preguntándose si hay suficientes personas —más allá de sus fronteras— que realmente están escuchando.

 

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El delegado capuchino en Turquía, el padre Paolo Pugliese, y el párroco de la Catedral del Espíritu Santo en Estambul, el padre Nicola Masedu, participaron en un diálogo virtual con la prensa para hablar sobre la vida de los cristianos en el país que el Papa visitará a partir del 27 de noviembre en su primer viaje apostólico.

 

La imagen de una Iglesia numéricamente pequeña, pero vibrante y multifacética, caracteriza la presencia cristiana en Turquía. Este tema fue abordado en una rueda de prensa virtual —en la que también participaron medios del Vaticano y otras cadenas que acompañan al Papa León XIV en su próximo viaje a Turquía y Líbano, del 27 de noviembre al 2 de diciembre— por el padre Paolo Pugliese, quien vivió en Éfeso y Antioquía y, ahora, es delegado y superior de los frailes capuchinos en Estambul, y el padre Nicola Masedu, sacerdote salesiano y párroco de la Catedral Basílica del Espíritu Santo, quien lleva quince años en Turquía tras haber servido en Líbano, Irán y Belén.

 

La realidad de la Iglesia en Turquía

«Nosotros, los católicos, en particular, constituimos un grupo significativo, aunque solo sea por nuestra clara identidad; por nuestro perfil internacional distintivo, con fieles procedentes de muchas partes del mundo (como africanos y filipinos) y, sobre todo, por la figura y las enseñanzas del Papa que nos respaldan», explica el padre Pugliese.

Hay comunidades cristianas en Estambul; en Meryem Ana Evi, cerca de Éfeso, donde se encuentra la Casa de María, lugar donde la madre de Jesús vivió con el apóstol Juan; en el sur, en Mersin, con la única parroquia católica de la zona; y en Antioquía, donde Pablo y Bernabé fundaron los primeros grupos de cristianos que surgieron del paganismo y donde se empezó a llamar cristianos a los cristianos. Esto significa que «en Turquía hay muchas Turquías, con diferentes influencias y estilos de vida»: por ejemplo, en el sur, «hay una fuerte presencia de alauitas, musulmanes y ortodoxos, un aspecto que hace que las relaciones con otras religiones y confesiones sean históricamente estimulantes y duraderas».

En la ciudad portuaria de Esmirna, aún residen muchas familias de origen europeo, conocidas como levantinas, que se asentaron allí desde la época de las repúblicas marítimas de Venecia y Génova y el floreciente comercio con Oriente Medio. En Estambul, junto a los católicos, también existen iglesias de tradición oriental, como la armenia, la siríaca, la caldea y, por supuesto, la ortodoxa bajo el patriarca Bartolomé, así como una extensa red de grupos similares al protestantismo (las llamadas «Iglesias Libres»).

Por supuesto, admite, «la Iglesia no está reconocida como entidad jurídica, lo que puede presentar dificultades; sin embargo, hay un nuncio apostólico acreditado, lo que garantiza el mantenimiento de una relación directa con la Santa Sede». Y lo interesante es que, junto a las actividades litúrgicas, «existen actividades caritativas, es decir, diversas formas de ayuda, que se llevan a cabo de manera informal o a través de organizaciones como Cáritas».

 

Interior de la Catedral

Una presencia que se remonta a los primeros siglos

En efecto, «no debemos olvidar», reitera el padre Masedu, «que la Iglesia ha estado aquí desde los primeros siglos; seis apóstoles trabajaron aquí: Pedro, Andrés, Pablo, Felipe, Bartolomé y Juan. Daremos testimonio de ello con un obsequio a León, a quien entregaremos un cáliz grabado a mano con sus imágenes en relieve», anticipa. Y existe una larga historia de santos que vivieron o nacieron en Turquía: Ignacio de Antioquía, Basilio, Policarpo, Juan Crisóstomo, así como Juan XXIII, quien fue obispo de Estambul durante diez años y que «desde aquí ayudó a salvar, gracias también a la intervención del embajador alemán Franz von Papen, a nada menos que 24.000 judíos».

Esto subraya cómo el país siempre ha sido tierra de encuentro y acogida, incluso en tiempos difíciles, y, a menudo, de amistad entre creyentes de diferentes religiones. El propio Roncalli lo atestiguó, afirmando sentirse orgulloso de su amistad con los turcos, pues lo habían acogido con los brazos abiertos.

Y el pueblo guarda este sentimiento en sus corazones, tanto que, con motivo de su beatificación en el año 2000, le dedicaron la Via Papa Roncalli. Dentro de los límites de la libertad que se nos ha concedido, hacemos todo lo posible —confirma—. Si existen restricciones, las respetamos, en el espíritu de Juan XXIII, es decir, obedeciendo la ley y enseñando a los demás a obedecerla. Preferimos la humildad y el ejemplo de Roncalli a las proclamaciones, para seguir manteniendo viva su presencia en nuestras comunidades.

Padre Pugliese: Nuestra misión es ser sacerdotes y pastores.

Esta declaración fue reiterada por Pugliese, quien enfatizó que «nuestra misión es ser sacerdotes, pastores, y esto también nos enseña a respetar el ámbito en el que podemos trabajar».

De hecho, en lo que respecta a cuestiones políticas o sociales internacionales, «nuestro reconocimiento está garantizado por el Papa. Primero Francisco y ahora León, por ejemplo, se han pronunciado personalmente sobre Gaza, mientras que otros guardaron silencio. Escuchar sus voces en esas tierras no fue insignificante y ha contribuido a aumentar nuestra credibilidad».

El atractivo del cristianismo para muchos turcos también

Además, el fraile capuchino explica cómo este reconocimiento y credibilidad resultan atractivos también para «muchos turcos que hoy se interesan por el cristianismo y desean convertirse al cristianismo, al descubrir que tienen raíces cristianas (quizás por ser de origen búlgaro o griego); o incluso para jóvenes con un interés más generalizado.

Esto hace necesarias las actividades catequéticas». Incluso dentro de la sociedad civil, «hay una curiosidad e interés positivos por la llegada del Papa», añade Salesiano Masedu, lo que significa que «la importancia de la religión ha aumentado con el tiempo, incluso a nivel cultural».

El diálogo ecuménico como “privilegio absoluto”

En lo que respecta al diálogo ecuménico, ambos clérigos coinciden en que Turquía goza de un «privilegio absoluto». «Somos bendecidos con la debilidad, parafraseando a San Pablo», explica Pugliese. «Todos somos minoría, y esto facilita el diálogo, las relaciones y la aceptación mutua de una manera que no se encuentra en otros lugares.

Hay una actitud positiva que se manifiesta durante la Semana de la Unidad de los Cristianos, y hoy con el 1700 aniversario del Concilio de Nicea. El Papa también —cree él—, con sus visitas a las comunidades armenia y siríaca, demostrará un ecumenismo integral: caminemos juntos, como ellos intentaron hacerlo en el año 325 d. C.».

Padre Masedu: el testimonio vivo de Don Santoro

«Estamos viviendo excelentes momentos de comunión con otras denominaciones cristianas», concluye Masedu. En respuesta a una pregunta, explica que el recuerdo de Monseñor Luigi Padovese, asesinado en Iskenderun en 2010, y del Padre Andrea Santoro, asesinado en Trabzon en 2006 mientras estaba en la iglesia, sigue muy presente en el país.

«Hoy, esa ciudad cuenta con una iglesia próspera, con una sólida congregación de locales y extranjeros», concluye el salesiano. «Y su ejemplo ha inspirado a muchos a venir aquí a seguir sus pasos».

 

 

Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros.

Es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico, porque celebramos que Cristo es el Rey del universo. Su Reino es el Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, del amor y la paz.

Último domingo del año litúrgico

Un poco de historia

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de Marzo de 1925.
El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todos los hombres.

Con la fiesta de Cristo Rey se concluye el año litúrgico. Esta fiesta tiene un sentido escatólogico pues celebramos a Cristo como Rey de todo el universo. Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace casi dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía.

 

 

Cristo Rey

 

 

Si quieres conocer lo que Jesús nos anticipó de ese gran día, puedes leer el Evangelio de Mateo 25,31-46.

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede empezar a reinar en nuestros corazones en el momento en que nosotros se lo permitamos, y así el Reino de Dios puede hacerse presente en nuestra vida. De esta forma vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, empresas y ambiente.

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 de Mateo:

“es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;
“es semejante al fermento que una mujer toma y echa en tres medidas de harina hasta que fermenta toda”;
“es semejante a un tesoro escondido en un campo, que quien lo encuentra lo oculta, y lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel campo”;
“es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

 

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión debe ser el centro de nuestro afán vida como miembros de la Iglesia. Se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de los hombres, en el seno de los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos alcanzar un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

Para lograr que Jesús reine en nuestra vida, en primer lugar debemos conocer a Cristo. La lectura y reflexión del Evangelio, la oración personal y los sacramentos son medios para conocerlo y de los que se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Se trata de conocera Cristo de una manera experiencial y no sólo teológica.

Acerquémonos a la Eucaristía, Dios mismo, para recibir de su abundancia. Oremos con profundidad escuchando a Cristo que nos habla.

Al conocer a Cristo empezaremos a amarlo de manera espontánea, por que Él es toda bondad. Y cuando unoestá enamorado se le nota.

El tercer paso es imitar a Jesucristo. El amor nos llevará casi sin darnos cuenta a pensar como Cristo, querer como Cristo y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

Por último, vendrá el compromiso apostólico que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino de Cristo a todas las almas mediante obras concretas de apostolado. No nos podremos detener. Nuestro amor comenzará a desbordarse.

Dedicar nuestra vida a la extensión del Reino de Cristo en la tierra es lo mejor que podemos hacer, pues Cristo nos premiará con una alegría y una paz profundas e imperturbables en todas las circunstancias de la vida.

A lo largo de la historia hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Un ejemplo son los mártires de la guerra cristera en México en los años 20’s, quienes por defender su fe, fueron perseguidos y todos ellos murieron gritando “¡Viva Cristo Rey!”.

La fiesta de Cristo Rey, al finalizar el año litúrgico es una oportunidad de imitar a estos mártires promulgando públicamente que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el Universo.

 

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CRISTO REY DEL UNIVERSO

 

 

¿Sabes quién era San Clemente Romano?

Padre apostólico y tercer sucesor de San Pedro en la sede de Roma. La liturgia romana ha incluido su nombre en el canon de la Misa y celebra su fiesta el 23 de noviembre.

 

VIDA

Pocas son las noticias que tenemos de su vida: los primeros sucesores de San Pedro en la sede de Roma fueron, según testimonia la Tradición, Lino (hasta el año 80) y Anacleto, también llamado Cleto (80-92). “Después de ellos, cuenta San Ireneo, en tercer lugar desde los Apóstoles, accedió al episcopado Clemente, que no sólo vio a los propios Apóstoles, sino que con ellos conversó y pudo valorar detenidamente tanto la predicación como la tradición apostólica”.

Fue San Clemente, por tanto, el cuarto de los Papas. Como parece querer indicar San Ireneo, este santo Vicario de Cristo fue un eslabón muy importante en la cadena de la continuidad, por su conocimiento y por su fidelidad a la doctrina recibida de los Apóstoles.

 

San clemente

 

Nada dicen los más antiguos escritores eclesiásticos sobre su muerte, aunque el Martyrium Sancti Clementis, redactado entre los siglos IV y VI, refiere que murió mártir en el Mar Negro, entre los años 99 y 101. Poco antes debió redactar su Carta a los Corintios, que es uno de los escritos mejor testimoniados en la antigüedad cristiana, pues fue muy célebre y citado en los primeros siglos.

 

EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS

El motivo de esta carta fue una disputa surgida entre los fieles de Corinto, en la que se llegó incluso a deponer a varios presbíteros. La carta pretende llamar a la paz a los cristianos de Corinto; y quiere inducir a la penitencia y el arrepentimiento de aquellos desconsiderados que injustamente se habían rebelado contra la legítima autoridad, fundada sobre la tradición de los Apóstoles.

Además, constituye un documento de capital importancia para el conocimiento de la Teología y de la Liturgia romana. Grave debía de ser la situación creada en aquella antigua iglesia a la que San Pablo dedicó sus mayores cuidados y reprensiones paternales con motivo de otros desórdenes, que años después parecían volver a reproducirse.

 

san clemente

 

 

El tono de la carta combina la dulzura y energía de un padre; pero es precisosubrayar que el Papa Clemente no escribe como si fuera una voz autorizada cualquiera, sino como quien es consciente de tener una especial responsabilidad en la Iglesia.

Incluso comienza disculpándose por no haber intervenido con la prontitud debida,a causa de “las repentinas y sucesivas desgracias y contratiempos” que habían afectado a la Iglesia de Roma: muy probablemente se refiere a la cruel persecución  de Domiciano. Se trata de un testimonio antiquísimo sobre la primacía de Roma como cabeza de la Iglesia universal.

Además, la epístola presenta el testimonio más antiguo que poseemos sobre la doctrina de la sucesión apostólica: Jesucristo, enviado por Dios, envía a su vez a los apóstoles, y éstos establecen a los obispos y diáconos.

Los corintios han hecho mal al deponer la jerarquía y nombrar a otras personas; la raíz de estas discusiones es la envidia, de la que da muchos ejemplos, bíblicos en especial, y Clemente les exhorta a la armonía, de la que también da muchos ejemplos, sacados hasta del orden que se observa en la naturaleza. Incidentalmente, la epístola nos atestigua la estancia de San Pedro en Roma, la muy probable de San Pablo en España, el martirio de ambos, y la persecución de Nerón.

La resurrección de la carne ocupa también un lugar muy importante en la epístola. Se distingue además claramente entre laicado y jerarquía, a cuyos miembros llama obispos y diáconos y, a veces, presbíteros, nombre con el que parece englobarlos a unos y a otros; la función más importante de éstos es la litúrgica. Recoge también una oración litúrgica, muy interesante, que termina con una petición a favor de los que detentan el poder civil.

Según la Tradición, las reliquias de San Clemente Romano fueron llevadas a Roma por San Cirilo, apóstol de los Eslavos, y depositadas en una basílica construida en el monte Celio, imperando Constantino.

 

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> Epístola de san Clemente a los Corintios

> Basílica de San Clemente en Roma

> Textos de algunas de sus cartas

 

 

Se considera a Cecilia patrona de los músicos y de los fabricantes de instrumentos musicales

VIrgen y mártir del siglo III. Perteneciente a una familia patricia de Roma  y convertida al cristianismo en su juventud, se dedicó  a enterrar los cuerpos de los mártires. Descubierta, fue denunciada a las autoridades y condenada a morir. Su nombre aparece en el Canon Romano.

 

Mártir romana cuya fiesta se celebra el 22 de noviembre. A pesar de ser una de las santas más populares de todos los tiempos y de haber suscitado la atención de los hagiógrafos más prestigiosos, es muy poco lo que realmente se conoce sobre ella.

VIDA

Según una “passio legendaria” (y poco fiable históricamente) compuesta en el S. VI, la noble cristiana romana Cecilia, en la noche de su boda con el joven pagano Valeriano, revela a éste que un ángel custodia su virginidad, invitándole al mismo tiempo a creer en un sólo Dios y a bautizarse como único medio para ver al ángel.

Bautizado Valeriano en la vía Apia por el papa Urbano vuelve junto a su esposa, a la que encuentra en compañía del ángel que corona a los esposos con rosas y lirios.

 

Santa Cecilia

Santa Cecilia, de Guido Renil

 

Convertido también Tiburcio, hermano de Valeriano, y bautizado por el mismo Urbano, ambos hermanos se ocupan de enterrar a los mártires de la persecución de Turco Almaquio. Denunciados por esta práctica, son decapitados.

El corniculario Máximo les da sepultura, por lo que también es ejecutado. Cecilia recoge sus restos y los deposita junto a los de su esposo y cuñado; es denunciada a su vez y condenada a ser arrojada al fuego de las termas de su propia casa, pero sale ilesa.

EntoncesAlmaquio ordena que sea degollada. El papa Urbano, ayudado por sus diáconos, entierra a la mártir y consagra su casa como basílica.

Las contradicciones cronológicas de esta passio no permiten fijar la fecha del martirio. Sin embargo, el descubrimiento del primer sepulcro de Cecilia en el junto a la cripta de los Papas (De Rossi, 1854) hace suponer que sea una de las víctimas anteriores al S. IV

 

DEVOCIÓN

La historia, que no puede decirnos más sobre Cecilia, puede en cambio ilustrar el camino seguido por sus reliquias hasta nuestros días. En el s. IX el papa Pascual I (817-824) reformó la iglesia que dedicada a Cecilia existía en el Trastévere y trasladó a ella los restos de la mártir desde el cementerio de Calixto.

También trasladó desde el cementerio de Pretextato los restos de los santos Valeriano, Tiburcio y Máximo y los de los papas Urbano y Lucio. Todos ellos fueron colocados en tres sarcófagos bajo el altar mayor. La cabeza de Cecilia se puso, aparte, en un cofre de plata y fue trasladada después por León IV a la iglesia de los Cuatro Santos Coronados (cfr. Liber Pontificalis 11, 55-58, 116).

 

 

Santa Cecilia reparte sus bienes a los pobres (Domenichino)

Santa Cecilia reparte sus bienes a los pobres (Domenichino)

 

En 1599, siendo papa Clemente VIII, se realizó un reconocimiento oficial de las reliquias.

Se encontraron bajo el altar mayor los tres sarcófagos mencionados por Pascual I; en el primero de ellos el cuerpo de Cecilia momificado y en una posición característica (reproducida por la escultura del Maderno que se encuentra actualmente sobre el altar mayor), con ricas vestiduras de seda y oro.

A partir del s. XV, por una mala interpretación de un párrafo de la passio, se considera a Cecilia patrona de los músicos y de los fabricantes de instrumentos musicales.

La representación más antigua es el fresco descubierto por De Rossi en S. Calixto que representa a Cecilia en actitud orante.

En el S. VI aparece en el mosaico de la Procesión de las vírgenes en S. Apolinar Nuevo (Rávena). También aparece en el mosaico absidial del s. IX en la iglesia del Transtévere. Sus atributos son la palma del martirio, el libro de los Evangelios, que guardaba junto a su corazón, la corona de rosas y lirios y, desde el Renacimiento, los instrumentos musicales, especialmente el órgano.

Entre las numerosísimas representaciones de Santa Cecilia destacan la de Rafael , que se conserva en la Pinacoteca de Bolonia, y las de Domenichino y Guido Reni en las iglesias romanas de S. Luis de los Franceses y respectivamente.

 

REFERENCIAS HISTÓRICAS SOBRE SANTA CECILIA

La referencia histórica más antigua sobre Cecilia se encuentra el Martyrologium Hieronymianum, lo que indica que en el siglo IV la Iglesia romana ya la conmemoraba. En este martirologio de Jerónimo su nombre se menciona el 11 de agosto, que es la fiesta del mártir Tiburcio.

 

Santa Cecilia, escultura de Maderno

Pero evidentemente se trata una adición equivocada y tardía, debido al hecho que este Tiburcio, que fue enterrado en la Vía Labicana, fue identificado erróneamente con Tiburcio, el cuñado de Cecilia mencionado en las Actas de santa Cecilia.

En el mismo martirologio se la menciona el 16 de septiembre, con una nota topográfica: «Appiâ viâ in eâdem urbe Româ natale et passio sánctæ Cecíliæ virginia» (‘en la Vía Apia de la ciudad de Roma, nació y murió la santa virgen Cecilia’). El 16 de septiembre podría ser el día del entierro de la mártir. La fiesta de la mártir que se menciona el 22 de noviembre, en cuyo día se celebra todavía,  en la basílica dedicada a ella del barrio del Trastévere en Roma. Por consiguiente, su origen probablemente se remonta a esta iglesia.

Las primeras guías medievales de los sepulcros de los mártires romanos señalan su tumba en la Via Apia, al lado de la cripta de los obispos romanos del . De Rossi localizó el sepulcro de Cecilia en las Catacumbas de San Calixto , en una cripta adjunta a la capilla de la cripta de las papas; un nicho vacío en una de las paredes que probablemente contenía un sarcófago. Entre los frescos posteriores que adornan la pared del sepulcro, aparece dos veces la figura de una mujer ricamente vestida, y aparece una vezel papa Urbano I (quien —según las Actas de santa Cecilia— había tenido una estrecha relación con la mártir).

Venancio Fortunato, obispo de Poitiers muerto en el año 600, en su libro Miscellánea (1.20 y 8.6) escribió que entre el 176 y el 180 (en la época del ) había muerto una Cecilia en la isla de Sicilia. Ado (Martirologio, «22 de noviembre») sitúa el momento de la muerte de Cecilia en el (aproximadamente el 177). De Rossi (en Sotterránea de Roma, 2.147), intenta demostrar que la declaración de Venancio Fortunato es la más segura históricamente.

Iglesia de Santa Cecilia en el Trastevere (Roma)

En otras fuentes occidentales de la baja Edad Media y en el Synaxaria griego, el martirio se sitúa en la (aunque se refiere probablemente a una mártir verdadera llamada Cecilia, africana, quien sufrió la persecución de este emperador, y su día se conmemora el 11 de febrero).

P. A. Kirsch intentó fijar la fecha en el tiempo del emperador Alejandro Severo (229-230); Aubé, en la (249-250); y Kellner, en la de Juliano el Apóstata (362).

Ninguna de estas opiniones está suficientemente establecida, ya que las Actas de santa Cecilia (única fuente disponible) no ofrecen ninguna evidencia cronológica. La única indicación temporal segura es la localización de la tumba en la catacumba de Calixto, en inmediata proximidad a la antiquísima cripta de los papas, en la fueron enterrados los papas Ponciano y Antero, y probablemente también Urbano I.

La parte más antigua de esta catacumba fecha todos estos eventos al final del siglo II; por consiguiente, desde ese momento hasta la mitad del siglo IV es el período dejado abierto para el martirio de Cecilia: 180 a 350. En las firmas del Concilio Romano de 499 se menciona al templo de Cecilia como títulus sánctæ Cæcíliæ.

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SANTA CECILIA

 

JOSEMARÍA REVUELTA (primeroscristianos.com)
BIBL.: E. JOSI y M. CECILIA CELLETTI, Cecilia di Roma, en Bibl. Sanct. 111, 1064-1086 (con abundante bibl.); CECILIA CECCHELLI y F. BORRONE, Cecilia, en Enciclopedia Cattolica, 111, Ciudad del Vaticano 1949, 1226-1229; H. QUENTIN, Cécile, en DACL 2, 2712-2738; L. LAEGER, De 1'autenticité des reliques de S. Cécile, «Bulletin de littérature ecclésiastique» 24 (1923) 21-29; P. BENATI, S. Cecilia nella leggenda e nell'arte, Milán 1928; E. DEVILLE, Sainte Cécile et les musiciens, Rouen 193

 

 

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