Muestra dónde sucedieron los hechos de la vida de Jesús

No se trata de un videojuego sino de la forma más barata de conocer Tierra Santa. Esta visita virtual en 3D permite conocer los lugares históricos de la vida de Jesús.

 

Entramos en la Basílica del Santo Sepulcro, en el corazón de este templo se encuentra el lugar donde Jesús fue sepultado y al tercer día resucitó. Podemos entrar sin hacer colas en la cámara del Sepulcro y ver el lugar donde resucitó Jesús que está protegido por unas láminas de mármol y que cada año recibe la visita de millones de católicos que lo veneran.

Pero si la realidad virtual le parece poco, también puede ver en imágenes reales los Santos lugares. Podrá recorrer todos los rincones del templo construido en el siglo IV por el emperador Constantino. Volviendo a la realidad virtual, puede visitar la capilla del hallazgo de la Cruz donde Santa Elena, madre del emperador, descubrió los restos de la Cruz de Jesús. La capilla contigua está dedicada a Santa Elena.

Nos acercamos ahora a la Iglesia de la Natividad de Jesús en Belén. El templo se construyó sobre el lugar donde según la tradición la Virgen María dio a luz a Jesús, exactamente aquí rodeado de iconos y candelabros está el altar del Nacimiento.
Otro lugar para descubrir es donde estuvo la Cruz en la que murió Jesús, que se venera protegido bajo un altar para que los peregrinos recen.

El tour ofrece muchas posibilidades, por ejemplo, una sección para los más pequeños con juegos donde conocer, acompañado de una paloma, los Santos Lugares; y otro espacio con una amplia galería de fotografías.

Si está planeando visitar Tierra Santa, la web le ofrece incluso un mapa interactivo donde muestra qué lugares visitar y dónde sucedieron los hechos de la vida de Jesús en Jerusalén. Por ejemplo, podrá conocer las catorce estaciones del Via Crucis, el camino final de Jesús hacia el Calvario.

 

Aquí puedes ver el video -

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JERUSALÉN

 

 

Sábana Santa: nueva discusión

En teoría, es la sábana que se usó para cubrir el cuerpo de Jesús para su sepultura. Es el trozo de tela más estudiado en la historia de la humanidad. Sin embargo, ahora, un nuevo estudio parece apuntar lo contrario.

Un estudio rescata una antigua teoría

Este nuevo estudio rescata una línea de investigación que ya se desechó en la década de los 70 y 80. Señala que la impresión en la sábana fue realizada mediante una estatua en bajorrelieve en la Edad Media y no a través de un cuerpo humano.

 

La ciencia en contra de la teoría

Alfonso Sánchez Hermosilla, vicepresidente del Centro Español de Sindonología, explica que esta teoría no tiene base científica. La sangre en la Sábana Santa se degrada a temperaturas superiores a los 50 grados, y la creación de la impresión mediante una estatua caliente habría quemado el lienzo de manera irregular, algo que no se observa en el tejido.

 

¿Qué dice la ciencia sobre la Sábana Santa?

A pesar de la polémica, el Centro Español de Sindonología afirma que no se puede demostrar científicamente que el lienzo sea el que se utilizó para envolver a Jesús. Sin embargo, Sánchez Hermosilla señala que la Sábana Santa de Turín y el Sudario de Oviedo cumplen todos los requisitos para ser lienzos funerarios utilizados en el siglo I, en la provincia romana de Judea, para enterrar a un judío. "No podemos decir que fue Jesús de Nazaret porque como científicos no lo podemos demostrar, pero sí podemos decir que es nuestro candidato número uno", asegura.

 

El Centro Español de Sindonología responde

Ante toda la polémica, el centro ha lanzado un comunicado dando argumentaciones científicas en las que se demuestra que el estudio que desacredita la autenticidad de la Sábana Santa no tiene validez científica.

 

 

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SÁBANA SANTA

 

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Santa Elena. Su fiesta se celebra el 18 de agosto

De las escasas noticias que tenemos de santa Elena, sabemos que ya desde antes de su conversión, realizada en edad adulta, la riqueza de su alma caracterizó sus generosas acciones y su dedicación al prójimo.

 

Muy relevantes testimonios de la vida cristiana de Elena, animados por la imitaciòn de la humildad, la paciencia y la discreción de Cristo, han permanecido hasta el dìa de hoy.

Los humildes orígenes, el matrimonio y el nacimiento de Constantino

De familia plebeya y pagana, nació a mediados del siglo III probablemente en Drepamin, en Bitinia en el Golfo de Nicomedia (actual Turquía), ciudad a la que su futuro hijo, el emperador Constantino, daría más tarde el nombre de Helénopolis. Allí, según san Ambrosio, Elena ejercía el oficio de "stabularia", es decir, posadera a cargo de los establos.

De la modestia y delicadeza de Elena se enamoró el joven oficial Costancio Cloro, quien, a pesar de ser de un rango social más alto, quiso casarse con ella, llevándola con él a Dardania, en los Balcanes. La joven, que no tenía derecho a los títulos honoríficos de su marido, fue su fiel esposa y en el 280 en Naisso en Serbia dio a luz a su hijo Constantino.

 

santa elena

El repudio y el ocultamiento

Las cualidades militares y políticas permitieron a Constancio obtener, junto con Galerio, el título de César; pero era necesario confirmar esta promoción dentro del nuevo sistema político de la Tetrarquía, por lo que los emperadores Diocleciano y Maximiano en el año 293 lo obligaron a repudiar a Elena y a unirse en matrimonio con la hijastra de Maximiano, Teodora.

Por este motivo Elena fue forzada a alejarse de su familia y de su hijo que, hasta entonces había educado con mucho esmero y amor, pero nunca se desanimó y paciente y humildemente, permaneció en las sombras mientras Constantino se educaba en la corte de Diocleciano.

Augusta, la madre del emperador, solícita y atenta a los más abandonados

Cuando en el año 305 Constancio Cloro se convirtió en el jefe del imperio, su joven hijo, Constantino, lo siguió en Britania donde tomó parte en la campaña de guerra contra los Pictos y, a la muerte del padre, lo sucedió por aclamación del ejército. Entre sus primeras medidas, el nuevo emperador rehabilitó inmediatamente a su madre Elena Flavia Giulia y le dio el honroso título de Augusta.

Esta mujer, cuya efigie fue grabada en monedas, tuvo desde entonces libre acceso al tesoro imperial y no obstante el encumbramiento de los honores y del poder imperial, su corazón no se enorgulleció ni buscó venganza, al contrario, su poder imperial lo utilizó para hacer el bien:

Incrementando su atención innata al prójimo, prodigándose en limosnas y en diversas formas de ayuda para resolver las necesidades materiales de los pobres, como la liberación de los presos, de las minas y del exilio de muchas personas. Se dice que participaba en las celebraciones religiosas, vistiéndose modestamente y mezclándose con la multitud para invitar a los hambrientos a almorzar, sirviéndoles ella misma en persona.

Las obras de misericordia reflejaban la fe luminosa y contagiosa de Elena, hasta el punto de que muchos se han preguntado si y cuánto Elena pudo haber influido en la conversión de su hijo y en la promulgación del edicto de Milán en el año 313, que daba libertad de culto a los cristianos después de tres siglos de persecución.

 

El descubrimiento de la verdadera cruz en Tierra Santa

Una serie de eventos terribles sacudió la vida de la familia cuando en el año 310 Fausta, hija de Maximiano y segunda esposa de Costantino, le advirtió que Maximiano tramaba un complot. Constantino lo hará morir. Más tarde, en 326 Constantino tambièn hará morir a Crispo, hijo de su primera esposa, Minervina, pues Fausta lo habría acusado falsamente de haberla querido seducir.

Finalmente, cuando Costantino se dió cuenta, demasiado tarde, de la inocencia de su hijo, también hizo morir a Fausta. En medio de tal cadena de odio, traiciones y crímenes, Elena, a la edad de 78 años, supo mantener su fe con firmeza, y decidió emprender una peregrinación penitencial a Tierra Santa.

Allí, con gran espíritu de expiación, hizo edificar las Basílicas de la Natividad en Belén, de la Ascensión en el Monte de los Olivos y convenció a Constantino que construyera la Basílica de la Resurrección.

 

santa elena

 

En el Gólgota, donde hizo derribar los edificios paganos construidos por los romanos, tuvo lugar el prodigioso descubrimiento de la verdadera Cruz: se dice que el cadáver de un hombre depositado sobre la madera de la Cruz volvió a recuperar milagrosamente la vida. Los tres clavos que atravesaron el cuerpo de Cristo fueron donados por Elena a Constantino.

Uno se colocó en la Corona de Hierro conservada en la catedral de Monza, como para recordarnos que no hay soberano tan poderoso que no tenga que obedecer a la sabia voluntad divina. Las preciosas reliquias se conservan hoy en día en la Basílica Romana de Santa Cruz en Jerusalén.

Elena murió en el año 329, a la edad de 80 años, en un lugar no identificado. Fue asistida por su hijo que hizo transportar el cuerpo a Roma en la Via Labicana donde fue sepultado en un imponente mausoleo que lleva su nombre. El sarcófago de pórfido, transportado en el siglo XI a Letrán, se conserva ahora en los Museos Vaticanos.

Su culto se extendió tanto en Oriente como en Occidente, donde se conmemora respectivamente el 21 de mayo y el 18 de agosto y se asocia iconográficamente con el símbolo de la cruz.

La estatura espiritual de Elena mereció que fuera representada en una de las cuatro estatuas monumentales que se hallan al pie de los pilares de la cúpula de Miguel Ángel en la Basílica de San Pedro en Vaticano, junto a san Andrés, Verónica y Longino.

 

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SANTA ELENA

Elena de Constantinopla: Emperatriz de Roma. Vida y obra apasionante. Jose Alipio Morejon

 

ver en wikipedia

 

 

La Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios desde los albores del cristianismo

Con ocasión de la fiesta de la Asunción de nuestra Señora a los cielos, hablamos sobre los orígenes de la devoción mariana en los primeros siglos del cristianismo.

“Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lc 1, 48)

Como han puesto en evidencia los estudios mariológicos recientes, la Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios y Madre nuestra desde los albores del cristianismo.

En los tres primeros siglos la veneración a María está incluida fundamentalmente dentro del culto a su Hijo.

Un Padre de la Iglesia resume el sentir de este primigenio culto mariano refiriéndose a María con estas palabras: «Los profetas te anunciaron y los apóstoles te celebraron con las más altas alabanzas».

De estos primeros siglos sólo pueden recogerse testimonios indirectos del culto mariano. Entre ellos se encuentran algunos restos arqueológicos en las catacumbas, que demuestran el culto y la veneración, que los primeros cristianos tuvieron por María.

Tal es el caso de las pinturas marianas de las catacumbas de Priscila: en una de ellas se muestra a la Virgen nimbada con el Niño al pecho y un profeta (quizá Isaías) a un lado; las otras dos representan la Anunciación y la Epifanía.

Todas ellas son de finales del siglo II. En las catacumbas de San Pedro y San Marceliano se admira también una pintura del siglo III/IV que representa a María en medio de S. Pedro y S. Pablo, con las manos extendidas y orando.

Una magnífica muestra del culto mariano es la oración “Sub tuum praesidium” (Bajo tu amparo nos acogemos)  que se remonta al siglo III-IV, en la que se acude a la intercesión a María.

Los Padres del siglo IV alaban de muchas y diversas maneras a la Madre de Dios. San Epifanio, combatiendo el error de una secta de Arabia que tributaba culto de latría a María, después de rechazar tal culto, escribe: «¡Sea honrada María! !Sea adorado el Señor!».

La misma distinción se aprecia en San Ambrosio quien tras alabar a la « Madre de todas las vírgenes» es claro y rotundo, a la vez, cuando dice que «María es templo de Dios y no es el Dios del templo» , para poner en su justa medida el culto mariano, distinguiéndolo del profesado a Dios.

Hay constancia de que en tiempo del papa San Silvestre, en los Foros, donde se había levantado anteriormente un templo a Vesta, se construyó uno cuya advocación era Santa María de la Antigua. Igualmente el obispo Alejandro de Alejandría consagró una Iglesia en honor de la Madre de Dios. Se sabe, además, que en la iglesia de la Natividad en Palestina, que se remonta a la época de Constantino, junto al culto al Señor, se honraba a María recordando la milagrosa concepción de Cristo.

En la liturgia eucarística hay datos fidedignos mostrando que la mención venerativa de María en la plegaria eucarística se remonta al año 225 y que en las fiestas del Señor -Encarnación, Natividad, Epifanía, etc.- se honraba también a su Madre. Suele señalarse que hacia el año 380 se instituyó la primera festividad mariana, denominada indistintamente «Memoria de la Madre de Dios», «Fiesta de la Santísima Virgen», o «Fiesta de la gloriosa Madre».

El testimonio de los Padres de la Iglesia

El primer Padre de la Iglesia que escribe sobre María es San Ignacio de Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por nacer verdaderamente de María Virgen.

Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue virginal, y esta virginidad pertenece a uno de esos misterios ocultos en el silencio de Dios.

En San Justino (+ c. 167) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3, 15 y ligada al paralelismo antitético de Eva-María.

En el Diálogo con Trifón, Justino insiste en la verdad de la naturaleza humana de Cristo y, en consecuencia, en la realidad de la maternidad de Santa María sobre Jesús y, al igual que San Ignacio de Antioquía, recalca la verdad de la concepción virginal, e incorpora el paralelismo Eva-María a su argumentación teológica.

Se trata de un paralelismo que servirá de hilo conductor a la más rica y  constante teología mariana de los Padres.

San Ireneo de Lyon (+ c. 202), en un ambiente polémico contra los gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de la maternidad divina una de las bases de su cristología: es la naturaleza humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la que hace posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el género humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en su relación con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.

En el Norte de África Tertuliano (+ c. 222), en su controversia con el gnóstico Marción), afirma que María es Madre de Cristo porque ha sido engendrado en su seno virginal.

En el siglo III se comienza a utilizar el título Theotókos (Madre de Dios). Orígenes (+ c. 254) es el primer testigo conocido de este título. En forma de súplica aparece por primera vez en la oración Sub tuum praesidium. que –como hemos dicho anteriormente- es la plegaria mariana más antigua conocida. Ya en el siglo IV el mismo título se utiliza en la profesión de fe de Alejandro de Alejandría contra Arrio.

A partir de aquí cobra universalidad y son muchos los Santos Padres que se detienen a explicar la dimensión teológica de esta verdad -San Efrén, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio, San Agustín, Proclo de Constantinopla, etc.-, hasta el punto de que el título de Madre de Dios se convierte en el más usado a la hora de hablar de Santa María.

La verdad de la maternidad divina quedó definida como dogma de fe en el Concilio de Efeso del año 431.

 

"¿Y después de la muerte del Salvador? María es la Reina de los Apóstoles; se encuentra en el Cenáculo y les acompaña en la recepción de Aquél que Cristo había prometido, del Paráclito; les anima en sus dudas, les ayuda a vencer los obstáculos que la flaqueza humana pone en su camino: es guía, luz y aliento de aquellos primeros cristianos".(San Josemaría Escrivá)

asunción de la Virgen

Las Prerrogativas o Privilegios Marianos

La descripción de los comienzos de la devoción mariana quedaría incompleta si no se mencionase un tercer elemento básico en su elaboración: la firme convicción de la excepcionalidad de la persona de Santa María -excepcionalidad que forma parte de su misterio- y que se sintetiza en la afirmación de su total santidad, de lo que se conoce con el calificativo de "privilegios" marianos.

Se trata de unos "privilegios" que encuentran su razón en la relación maternal de Santa María con Cristo y con el misterio de la salvación, pero que están realmente en Ella dotándola sobreabundantemente de las gracias convenientes para desempeñar su misión única y universal.

Estos privilegios o prerrogativas marianas no se entienden como algo accidental o superfluo, sino como algo necesario para mantener la integridad de la fe.

San Ignacio, San Justino y Tertuliano hablan de la virginidad. También lo hace San Ireneo. En Egipto, Orígenes defiende la perpetua virginidad de María, y considera a la Madre del Mesías como modelo y auxilio de los cristianos.

En el siglo IV, se acuña el término aeiparthenos —siempre virgen—, que S. Epifanio lo introduce en su símbolo de fe y posteriormente el II Concilio Ecuménico de Constantinopla lo recogió en su declaración dogmática.

Junto a esta afirmación de la virginidad de Santa María, que se va haciendo cada vez más frecuente y universal, va destacándose con el paso del tiempo la afirmación de la total santidad de la Virgen. Rechazada siempre la existencia, de pecado en la Virgen, se aceptó primero que pudieron existir en Ella algunas imperfecciones.

Así aparece en San Ireneo, Tertuliano, Orígenes, San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Efrén, San Cirilo de Alejandría, mientras que San Ambrosio y San Agustín rechazan que se diesen imperfecciones en la Virgen.

Después de la definición dogmática de la maternidad divina en el Concilio de Efeso (431), la prerrogativa de santidad plena se va consolidando y se generaliza el título de "toda santa" –panaguía-. En el Akathistos se canta "el Señor te hizo toda santa y gloriosa" (canto 23).

A partir del siglo VI, y en conexión con el desarrollo de la afirmación de la maternidad divina y de la total santidad de Santa María, se aprecia también un evidente desarrollo de la afirmación de las prerrogativas marianas.

Asísucede concretamente en temas relativos a la Dormición, a la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado (incluido el pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y Reina. Debemos citar especialmente a S. Modesto de Jerusalén, a S. Andrés de Creta, a S. Germán de Constantinopla y a S. Juan Damasceno como a los Padres de estos últimos siglos del periodo patrístico que más profundizaron en las prerrogativas marianas.

 

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La asunción de la virgen

 

Fuente: www.primeroscristianos.com

 

Ver en Wikipedia

 

Nueva carta inédita renuncia de Benedicto XVI  

Se ha desvelado una carta inédita del papa emérito Benedicto XVI, fechada el 21 de agosto de 2014, poco más de un año después de su renuncia. El destinatario de la misiva es el sacerdote Nicola Bux. Aunque se conocía la existencia de la carta, su contenido nunca se había hecho público hasta ahora, gracias a la revista La Nuova Bussola Quotidiana.

La validez de su renuncia

En la carta, Benedicto XVI responde a quienes, en ese momento, cuestionaban la validez de su dimisión. Muchos sostenían que el papa emérito había renunciado solo al "ministerio" y no al "munus petrino", es decir, al rol y las responsabilidades del papa como Sucesor de San Pedro.

Un mensaje claro

En la carta, Benedicto XVI dejó muy clara su posición:

"Decir que con mi renuncia habría dejado solo el ejercicio del ministerio y no también el 'munus' es contrario a la clara doctrina dogmático-canónica… Si algunos periodistas hablan de un cisma progresivo, no merecen ninguna atención."

Benedicto XVI hizo historia el 28 de febrero de 2013 al convertirse en el primer papa en renunciar en casi 600 años. Con esta carta, vuelve a dejar claro que su renuncia fue completa y totalmente válida.

 


 

 

 

Rome Reports

Mel Gibson revela que serán dos películas consecutivas que se lanzarán en dos fechas claves del calendario litúrgico católico

THE RESURRECTION OF THE CHRIST Parts One and Two - coming to theaters Spring 2027.

PART ONE
Good Friday - March 26, 2027

PART TWO
Ascension Day - May 6, 2027 pic.twitter.com/0TzQgzahd3

— lionsgate (@Lionsgate) August 5, 2025

 

resurreccion

 

 

Gibson

Nadie se lo esperaba. Pero la primera sorpresa del Jubileo de los Jóvenes fue esta.

Cuando León XIV apareció en la misa de apertura. Nadie se lo esperaba. No estaba prevista su presencia. Y sus palabras desataron el furor de los participantes.

 


LEÓN XIV
¡Vosotros sois la sal de la tierra, luz del mundo! Y hoy sus voces, su entusiasmo, sus gritos, que todos son por Jesucristo, y ¡los van a escuchar hasta el fin del mundo!!

El Jubileo de los Jóvenes fue mucho más que un encuentro con el Papa. Fue una ocasión para profundizar en la fe y experimentar la magnitud de la Iglesia católica.

León XIV en el Jubileo de los Jóvenes

 

Se organizaron catequesis o celebraciones penitenciales como esta, en donde la predicación corrió a cargo de un arzobispo exiliado: Rolando Álvarez. También hubo confesiones masivas.

Más que nada pedir perdón por mis pecados a Jesús y después para también sentirme mejor yo, más cómoda más limpia más feliz.

La vigilia en Tor Vergata fue un momento crucial. Y el gesto del papa de cargar con la cruz del jubileo no pasó desapercibido a nadie.

Minutos después entabló un diálogo con los jóvenes. Una de las ideas que el pontífice más repitió fue esta.

 

 

LEÓN XIV
Queridísimos jóvenes, se aprende a elegir a través de las pruebas de la vida, y ante todo recordando que nosotros hemos sido elegidos. Esta memoria debe ser explorada y educada. ¡Hemos recibido la vida gratuitamente, sin haberla elegido! En el origen de nosotros mismos no hubo una decisión propia, sino un amor que nos quiso.

No faltaron espinas en el Jubileo. Dos peregrinas fallecieron durante el viaje. Y otro joven ingresó en el hospital. El papa tuvo palabras para todos ellos.

Al día siguiente, durante la misa, el papa lanzó su último mensaje a la juventud.

 

 

 

LEÓN XIV
Aspirad a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor.

Y así se cerró uno de los más esperados eventos del calendario jubilar y de este año santo. Una de las semanas más esperadas. Este ha sido hasta ahora el encuentro más multitudinario que León XIV ha presidido hasta la fecha.

 

 

 

Católicos custodian la memoria de los mártires coreanos

En una Corea que ya casi no se parece a la de hace tres siglos, la alegría y la libertad de aquellos mártires han seguido atrayendo a muchos coreanos al encuentro con Cristo. En 2011, los obispos y sacerdotes responsables de estos lugares en las distintas diócesis crearon una ruta ideal titulada Santuarios del catolicismo en Corea.

En este mes de julio, la Iglesia católica en Corea se ha detenido para conmemorar el centenario de la beatificación de sus primeros 79 mártires, quienes fueron canonizados en 1984. Un tesoro, el de la Iglesia triunfante, que la Iglesia en el país quiere que sea también un faro para los que peregrinan en la Tierra.

Hoy, los lugares, los descendientes y la misma tierra custodian como un tesoro la memoria de quienes, con sencilla audacia y gratuidad recibida en don, lo han dejado todo para no «separarse del amor de Cristo» (Rm 8,35). La agencia FIDES relata las distintas iniciativas llevadas a cabo.

 

Peregrinaciones tras los pasos de los mártires

En los últimos años, la emoción de muchos coreanos que visitan los lugares de martirio ha crecido y se ha vuelto cada vez más intensa.

En 2011, los obispos y sacerdotes responsables de estos lugares en las distintas diócesis crearon una ruta ideal titulada Santuarios del catolicismo en Corea, una iniciativa que se ha convertido en una auténtica guía para el peregrino.

 

mártires coreanos

 

Recoge y señala 167 referencias a santuarios amados por la memoria eclesial, de los cuales 69 son lugares de martirio. El folleto propone una oración para iniciar la peregrinación y otra para concluirla. En su edición revisada y publicada en 2019, la guía distingue entre santuarios, lugares de martirio y sitios de peregrinación.

Los lugares más conocidos y visitados son los itinerarios propuestos por la Arquidiócesis de Seúl como ruta de peregrinación, la cual recibió la aprobación de la Santa Sede el 14 de septiembre de 2018. Tres itinerarios, presentados como Camino de la Buena Nueva, Camino de la Vida Eterna y Camino de la Unidad, invitan a recorrer las calles de la capital visitando los hitos más importantes de la historia de la Iglesia católica en la península. Entre ellos destaca la Puerta de Gwanghuimun, por donde pasaban los cuerpos de los católicos martirizados, razón por la cual se la conoce como la Puerta de los muertos.

Otros lugares significativos son el Santuario de Jeoldusan, un promontorio rocoso donde miles de bautizados fueron martirizados, y la iglesia de Gahoe-dong, donde se celebró la primera misa en 1795. En otros puntos identificados en estos recorridos, como el lugar donde se encontraba la casa de Juan Bautista Yi Byeok - quien acogió a los primeros cristianos coreanos-, solo quedan lápidas conmemorativas, ya que siglos de destrucción y reconstrucción han transformado radicalmente el paisaje urbano.

 

Los descendientes honran a sus antepasados

En septiembre, la Iglesia católica de Corea conmemora a sus 103 santos y 124 beatos. Los primeros fueron canonizados por san Juan Pablo II en 1984, mientras que los segundos fueron proclamados beatos por el papa Francisco en 2014.

El pasado 2 de julio, en Seúl, se han presentado al culto público reliquias de cuatro santos coreanos. Se trata de reliquias de tres misioneros franceses de la Société des Missions Étrangères de Paris -el obispo Laurent Imbert y los sacerdotes Pierre Maubant y Jacques Chastan- junto con el primer sacerdote coreano, san Andrés Kim Tae-gon.

La Conferencia Episcopal Coreana recibió estas reliquias el pasado 19 de febrero, tras haber estado custodiadas por las Hermanas de San Benito de Olivetano en Corea. Concretamente, se trata de un fragmento de hueso del pie de san Andrés Kim y de cabellos de los demás misioneros.

San Andrés Kim fue martirizado a los 25 años, el 16 de septiembre de 1846, mientras que los tres misioneros franceses fueron decapitados el 21 de septiembre de 1839 en Saenamteo, en la orilla norte del río Han, en el distrito de Yongsan-gu, en Seúl.

La ceremonia se ha celebrado como parte de los actos conmemorativos del centenario de la beatificación de los 79 mártires coreanos.

 

Nuevos rostros del martirio

Actualmente, la Iglesia católica coreana está llevando a cabo el proceso de beatificación de otros dos grupos de bautizados asesinados durante las persecuciones.

El primero corresponde al Siervo de Dios Juan Bautista Yi Byeok y sus 132 compañeros laicos, asesinados durante la dinastía Joseon entre 1785 y 1879. Yi Byeok desempeñó un papel fundamental en la primera comunidad cristiana coreana, junto con compañeros como Francisco Javier Kwon Il-shin y Ambrosio Kwon Cheol-shin.

El segundo grupo está formado por el obispo Francisco Borgia Hong Yeong-ho y sus 80 compañeros, algunos de los cuales murieron durante la masacre de 1901 en Jeju, mientras que otros fueron asesinados tras la división de Corea. Entre ellos se encuentran 20 sacerdotes y 3 religiosas misioneras extranjeras, como la hermana Marie Mechtilde del Santísimo Sacramento y la hermana Teresa del Niño Jesús, del monasterio de las Carmelitas de Seúl.

Junto con otras tres hermanas extranjeras, fundaron en 1940 el pequeño convento de Hyehwa-dong, impulsado por el obispo Won Larriveau. Aunque tuvieron la posibilidad de huir al extranjero, decidieron quedarse junto a las hermanas coreanas: dos de ellas fueron secuestradas y torturadas y, durante la infame «marcha de la muerte» de Pyongyang a Chunggangjin, a orillas del río Amnok, fueron martirizadas y enterradas en Corea del Norte. Las otras tres fueron repatriadas a Francia gracias a un intercambio de prisioneros.

 

Mártires Coreanos

 

El misionero de Maryknoll y primer obispo de Pyongyang, Patrick Byrne, originario de Estados Unidos, también decidió permanecer en Corea durante la guerra. Al negarse a denunciar a Estados Unidos, a las Naciones Unidas y al Vaticano, fue condenado a muerte por las autoridades norcoreanas, aunque logró sobrevivir pese a los malos tratos sufridos. Posteriormente, fue obligado a unirse a otros prisioneros en una marcha forzada bajo la dirección de un comandante apodado «el Tigre».

A pesar del sufrimiento y el cansancio, Byrne asistió espiritualmente a los soldados moribundos, rezando y dando bendiciones a lo largo del camino. Al tercer día de la marcha, mientras impartía la absolución general a los soldados arrodillados con él en las montañas nevadas, cayó gravemente enfermo y murió en un hospital norcoreano, helado y sin medicinas, conocido entre los prisioneros como «la morgue».

La investigación para el proceso de beatificación se completó en junio de 2022 en Corea y el material correspondiente ha sido enviado al Dicasterio para las Causas de los Santos.

 

El santuario oculto de Hanti

Durante la dinastía Joseon, los católicos huían hacia el sur del país y buscaban refugio en las montañas. Intentaban permanecer cerca, o al menos en contacto secreto, con sus familiares encarcelados en distintos lugares. Fue así como las primeras familias cristianas llegaron a la montaña llamada Hanti, situada a 600 metros sobre el nivel del mar, al noroeste de Palgongsan y al norte de la ciudad de Daegu, en la provincia de Gyeongsang.

Tras las persecuciones de Eulhae (1815), Jeonghae (1827) y Gihae (1839), y durante un período de alivio de las tensiones a mediados de siglo, la presencia de católicos en el país se había vuelto significativa. Así lo atestigua una carta de 1862 enviada por el vicario apostólico de Corea, Siméon-François Berneux (1854-1866), a François-Antoine Albrand, superior general de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, donde escribía: «Fui a un pueblo muy aislado en la ladera de una gran montaña, y unos 40 cristianos recibieron la Sagrada Comunión».

Con la persecución de Byeongin (1866), que llegó después de la de Gyeongsin (1860), las tribulaciones de los católicos coreanos alcanzaron su punto álgido de violencia, convirtiéndose en un exterminio: casi 8.000 de cada 10.000 católicos fueron asesinados. Posteriormente, la persecución Mujin (1868) también afectó a los habitantes de Hanti, donde muchos fueron martirizados por negarse a apostatar.

Las primeras peregrinaciones al lugar comenzaron cien años después, y en 1988 se exhumaron y trasladaron seis tumbas de mártires. Presente en el lugar, el profesor de anatomía de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Kyeongpook, Joo-gang Thomas d'Aquino, relató en un artículo para un periódico católico: «El cuerpo que tenía delante estaba decapitado. El cuello estaba doblado a la altura de la cintura y la parte inferior del cuerpo yacía en el suelo. Examiné cuidadosamente las vértebras cervicales. No había fracturas y el número coincidía, parecía que solo la carne había sido cortada con un cuchillo afilado. Las lágrimas brotaron de mis ojos».

Hoy en día, 37 tumbas de «innumerables mártires desconocidos» descansan en la colina de Hanti, en la archidiócesis metropolitana de Daegu, testimoniando la fe inquebrantable de quienes prefirieron la cruz antes que renunciar a Cristo.

 

Tierra impregnada de la sangre de los mártires

Un número similar de mártires sin nombre reposaba en la diócesis de Daejeon, a 157 kilómetros de Daegu. «En 2014, el padre Pietro Kim Dongyum se ocupó de trasladar las tumbas de mártires coreanos sin nombre, pertenecientes a la clase social más baja, asesinados en el siglo XIX en Deoksan, Haemi y Hongju, ciudades situadas en la diócesis. Esta intervención fue necesaria debido al aumento del nivel del agua, que amenazaba la integridad de las sepulturas», relata el padre Agostino Han, jefe de oficina del Dicasterio para la Evangelización.

«Las tumbas fueron trasladadas a un terreno adyacente al Santuario de Silli. Allí, San Marie-Nicolas-Antoine Daveluy, M.E.P., quinto obispo de la península coreana, ejerció en secreto su ministerio pastoral durante 21 años. Durante el traslado, Pietro Kim sintió el deber de conservar parte de la tierra que rodeaba las tumbas, convencido de que podía contener fragmentos de reliquias de los mártires, enterrados sin un rito funerario digno debido a las duras persecuciones de la época. Por ello, reservó una porción de esa tierra para elaborar crucifijos y coronas del rosario de cerámica, incorporando en ellos la tierra extraída de las tumbas de los mártires» continua explicando padre Agostino.

«Así, se puede suponer que estas coronas del rosario contienen tierra impregnada de la sangre y fragmentos óseos de aquellos mártires que ofrecieron su vida como testimonio de fe. Una forma de rendirles homenaje, de honrar su fe y de mantener viva su memoria».

 

(Pascale Rizk/Agencia Fides)

Tabor

Desde los tiempos más remotos, las caravanas han surcado la fértil llanura de Esdrelón, en Galilea

Los viajeros que bajaban desde Mesopotamia y Siria, tras costear el mar de Genesaret, la atravesaban hacia el oeste, para llegar al Mediterráneo y continuar hasta Egipto. Los que partían del sur, desde Hebrón, siguiendo la vía que pasa por Belén, Jerusalén y Samaría, la cruzaban hacia el norte cerca de Nazaret. Testigo de su marcha, solitario en medio de la planicie, se erguía el monte Tabor.

Si formara parte de una cordillera, con sus 558 metros sobre el nivel del mar apenas llamaría la atención. Sin embargo, por su aislamiento y forma cónica —que sugiere la de un volcán aunque su origen sea calcáreo—, y por elevarse más de 300 metros sobre el terreno circundante, parece de una altura imponente. Destaca la notable vegetación de sus laderas, cubiertas siempre de encinas, lentiscos y plantas montaraces, y en primavera, de lirios y azucenas. 

 

Monte Tabor - La basílica de la Transfiguración

 

Vista panorámica sobre el valle de Esdrelón y, al fondo, la depresión del río Jordán. El complejo de la izquierda está formado por el monasterio y la iglesia greco-ortodoxa; fue construido en el siglo XIX sobre ruinas de época cruzada. En la parte más alta del monte, destacan la basílica de la Transfiguración -orientada al este- y el convento franciscano. La puerta del Viento queda fuera del encuadre. Foto: Israel Tourism (Flickr).

 

Desde su cumbre, una ancha meseta donde además abundan los cipreses, se divisa un hermoso panorama. Estas características convirtieron al Tabor en escenario para los cultos de los pueblos cananeos, que veneraban a los ídolos en las cimas; pero también para las fortificaciones militares, como atalaya sobre la región: de lo uno y de lo otro hubo en ese lugar, donde las huellas de la presencia humana se remontan a hace setenta mil años.

 

Imagen literaria

Según los relatos del Antiguo Testamento, fue en las inmediaciones del Tabor donde Débora reunió en secreto a diez mil israelitas al mando de Barac, que pusieron en fuga al ejército de Sísara (Cfr. Jc 4, 4-24); allí mataron los madianitas y amalecitas a los hermanos de Gedeón (Cfr. Jc 8, 18-19); y una vez conquistada la tierra prometida, el monte delimitó las fronteras entre las tribus de Zabulón, Isacar y Neftalí (Cfr. Jos 19, 10-34), que lo tenían por sagrado y ofrecían sacrificios en su cumbre (Cfr. Dt 33, 19).

 

transfiguración

 

 

El profeta Oseas fustigó ese culto porque, sin duda, en su tiempo no era solo cismático, sino también idolátrico (Cfr. Os 5, 1). Finalmente, encontramos una prueba de la fama del Tabor en su uso como imagen literaria: el salmista lo une al Hermón para simbolizar en los dos todos los montes de la tierra (Cfr. Sal 89, 13); y Jeremías lo compara con el descollar de Nabucodonosor sobre sus enemigos (Cfr. Jr 46, 18).

Aunque en el Nuevo Testamento no aparece citado por su nombre, la tradición enseguida identificó el Tabor con el lugar de la transfiguración del Señor: se llevó con él a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a un monte para orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro, y su vestido se volvió blanco y muy brillante. En esto, dos hombres comenzaron a hablar con él: eran Moisés y Elías que, aparecidos en forma gloriosa, hablaban de la salida de Jesús que iba a cumplirse en Jerusalén.

Pedro y los que estaban con él se encontraban rendidos por el sueño. Y al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban a su lado. Cuando estos se apartaron de él, le dijo Pedro a Jesús: —Maestro, qué bien estamos aquí; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías —pero no sabía lo que decía (Lc 9, 28-33; Mt 17, 1-4; Mc 9, 2-5).

 

 Iglesia de la Transfiguración del Señor (Galilea)

 

 

La exploración arqueológica en el Tabor ha puesto de manifiesto la existencia de un santuario en el siglo IV o V —que algunos testimonios antiguos atribuyen a santa Elena—, construido sobre los vestigios de un lugar de culto cananeo. Más adelante, las narraciones de algunos peregrinos de los siglos VI y VII se refieren a tres basílicas, en recuerdo de las tres tiendas mencionadas por san Pedro, y a la presencia de un gran número de monjes.

De hecho, se ha encontrado un pavimento en mosaico de esa época, y consta que el Concilio V de Constantinopla, en 553, erigió un obispado en el Tabor. Durante la dominación musulmana, aquella vida eremítica fue decayendo, y en el año 808 se encargaban de las iglesias dieciocho religiosos con el obispo Teófanes.

Aunque en el Nuevo Testamento no aparece citado por su nombre, la tradición enseguida identificó el Tabor con el lugar de la transfiguración del Señor

A partir del año 1101, y mientras duró el reino latino de Jerusalén, se estableció una comunidad de benedictinos en el Tabor. Restauraron el santuario y levantaron un gran monasterio, protegido por una muralla fortificada. Esta no fue suficiente para resistir los ataques sarracenos, que conquistaron la abadía y, entre 1211 y 1212, la convirtieron en un bastión de defensa. Aunque se permitió a los cristianos volver a tomar posesión del lugar algo después, la basílica fue de nuevo destruida en 1263 por las tropas del sultán Bibars.

 

Abandonado hasta el siglo XVII

El monte quedó abandonado hasta la llegada de los franciscanos, en 1631. Desde entonces, consiguieron mantener la propiedad no sin dificultades; estudiaron y consolidaron las ruinas existentes, pero aún debieron pasar tres siglos para que fuese construida una nueva basílica: la actual, terminada en 1924.

 

Iglesia de la Transfiguración del Señor (Galilea)

Basilica of the Transfiguration

 

 

Hoy en día, los peregrinos suben al Tabor por una carretera sinuosa, trazada a principios del siglo XX para facilitar el abastecimiento de materiales durante la construcción del santuario. La llegada a la cima está marcada por la puerta del Viento —en árabe, Bab el-Hawa—, un resto de la fortaleza musulmana del siglo XIII, cuyos muros rodeaban toda la planicie de la cumbre. En el lado norte de esta extensión, se encuentra la zona greco-ortodoxa; y en el lado sur, la católica, a cargo de la Custodia de Tierra Santa.

Desde la puerta del Viento, una larga avenida flanqueada de cipreses conduce hasta la basílica de la Transfiguración y el convento franciscano. Delante de la iglesia, pueden verse las ruinas del monasterio benedictino del siglo XII, aunque también hay vestigios de la fortaleza sarracena. De hecho, esta se edificó aprovechando los cimientos de la basílica cruzada, los mismos sobre los que se apoya el santuario actual, de tres naves, que ocupa el plano del precedente.

La fachada, con el gran arco entre las dos torres y los frontones triangulares de las cubiertas, transmite al mismo tiempo bienvenida e invitación a elevar el alma. Al atravesar las puertas de bronce, esta sensación se multiplica: la nave central, separada de las laterales por grandes arcos de medio punto, se convierte en una escalera tallada en la roca que desciende hasta la cripta; y encima, muy elevado, destaca el presbiterio, que tiene detrás un ábside en el que está representada la escena de la Transfiguración sobre un fondo completamente dorado.

La evocación del misterio queda subrayada por una particular luminosidad, conseguida gracias a los ventanales abiertos en la fachada, los muros de la nave central y el ábside de la cripta.

 

Monte Tabor - La basílica de la Transfiguración

Iglesia de la Transfiguración del Señor (Galilea)

 

El proyecto de la basílica respetó, incluyéndolos, algunos vestigios de las iglesias anteriores: junto a la puerta, las dos torres se construyeron encima de unas capillas con ábsides medievales, hoy dedicadas al recuerdo de Moisés y de Elías; y en la cripta, aunque la bóveda primitiva cruzada fue cubierta por un mosaico, el altar es el mismo y también quedan a la vista restos de mampostería en los muros.

Además, recientemente se excavó una pequeña gruta al norte del santuario, debajo del lugar identificado como el refectorio del monasterio medieval: las paredes contenían inscripciones en griego y algunos monogramas con cruces, rastros quizá del cementerio de los monjes bizantinos que habitaron la montaña.

 

Jesús fortalece la fe de los Apóstoles

En la transfiguración, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la reciente confesión de Pedro —tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16. Cfr. Mc 8, 29; y Lc 9, 20)-, y, de este modo, también fortalecer la fe de los Apóstoles ante la proximidad de la Pasión (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 555 y 568), que ya ha empezado a anunciarles (Cfr. Mt 16, 21; Mc 8, 31; y Lc 9, 22).

La presencia de Moisés y Elías es bien elocuente: ellos «habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la Ley y los profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 555). Además, los evangelistas narran que, cuando todavía Pedro estaba proponiendo hacer tres tiendas, una nube de luz los cubrió y una voz desde la nube dijo:

—Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle (Mt 17, 5. Cfr. Mc 9, 7; y Lc 9, 34-35).

Glosando este pasaje, algunos Padres de la Iglesia subrayan la diferencia entre los representantes del Antiguo Testamento, Moisés y Elías, y Cristo: «ellos son siervos, Este es mi Hijo (...). A ellos los quiero, pero Este es mi Amado: por tanto, escuchadle (...). Moisés y Elías hablan de Cristo, pero son siervos como vosotros: Este es el Señor, escuchadle» (San Jerónimo, Comentario al Evangelio de san Marcos, 6).

Para Benedicto XVI, el sentido más profundo de la transfiguración «queda recogido en esta única palabra. Los discípulos tienen que volver a descender con Jesús y aprender siempre de nuevo: "Escuchadlo"» (Joseph Ratzinger/Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde el Bautismo a la Transfiguración, p. 368).

 

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LA TRANSFIGURACIÓN 

 

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Miguel Gil

 

NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES

Esta fiesta de la Santísima Virgen tiene su origen en la leyenda romana que las lecciones del Breviario de hoy nos recuerdan.

  

En tiempo del papa Liberio, segunda mitad del siglo IV, existía en Roma un matrimonio sin hijos. Lo mismo Juan que su esposa pertenecían a la más alta nobleza. Eran excelentes cristianos y contaban con una gran fortuna que las numerosas limosnas a los pobres eran incapaces de agotar. Se hacían ancianos los nobles esposos y, pensando en el mejor modo de emplear su herencia, pedían insistentemente a la Madre de Dios que les iluminase.

 

He aquí que la Virgen les declara de forma maravillosa sus deseos. A Juan Patricio y a su esposa se les aparece en sueños, y por separado, la Señora para indicarles su voluntad de que se levante en su honor un templo en el lugar que aparezca cubierto de nieve en el monte Esquilino. Esto ocurría la noche del 4 al 5 de agosto, en los días más calurosos de la canícula romana.

Van los dos esposos a contar su visión al papa Liberio. Este había tenido la misma revelación que ellos. El Sumo Pontífice organiza una procesión hacia el lugar que había señalado la Madre de Dios. Todos se maravillaron al ver un trozo de campo acotado por la nieve fresca y blanca. La Virgen acababa de manifestar de este modo admirable su deseo de que allí se levantase en su honor un templo. Este templo es hoy día la basílica de Santa María la Mayor.

.¿Qué valor tiene esta leyenda?

Parece que no tiene ninguna garantía de veracidad. El cardenal Capalti aseguraba a De Rossi que, cuando los canónigos de esta basílica terminaban en coro las lecciones de la fiesta de Nuestra Señora de las Nieves y se disponían a entrar en la sacristía para dejar sus trajes corales, había uno bastante gracioso que solía decir que en toda la leyenda únicamente encontraba verdaderas estas palabras. "en Roma, a 5 de agosto, cuando los calores son más intensos".

virgen nievesLa leyenda no aparece hasta muy tarde. Seguramente en el siglo XI. El caso es que cuajó fácilmente en la devoción popular y un discípulo del Giotto la inmortalizó en unos lienzos que pintó para la misma basílica.

En un cuadro aparece el papa Liberio dormido, con la mitra al lado; encima, ángeles y llamas, y, delante, la Virgen que le dirige la palabra. En otro cuadro aparece Juan Patricio, a quien se le aparece también la Virgen. Otra pintura nos presenta a María haciendo descender la nieve sobre el monte Esquilino.

Nuestro Murillo inmortalizó también esta leyenda en uno de sus cuadros. En él aparece el noble y piadoso matrimonio contando la visión al Papa, y en el fondo se contempla la procesión y el campo nevado.

Otros artistas reprodujeron en sus cuadros este milagro y los poetas lo cantaron en sus versos.

La devoción a la Virgen de las Nieves arraigó fuertemente en el pueblo romano y llegó a extenderse por toda la cristiandad. En su honor se levantan hoy templos por todo el mundo, y son muchas las mujeres cristianas que llevan este bendito nombre de la Santísima Virgen.

Nuestra Señora de las Nieves es lo mismo que Santa María la Mayor, título que lleva una de las cuatro basílicas mayores de Roma. Las otras tres son: San Pedro del Vaticano, San Pablo Extramuros y San Juan de Letrán.

La basílica de Santa María la Mayor parece ser que fue la primera iglesia que se levantó en Roma en honor de María y podemos decir, lo mismo que se afirma de San Juan de Letrán en un sentido más general, que es la iglesia madre de todas cuantas en el mundo están dedicadas a la excelsa Madre de Dios.

Por esto, y por ser una de las iglesias más suntuosas de Roma, mereció el título de la Mayor. Así se la distinguía de las otras sesenta iglesias que tenía la Ciudad Eterna dedicadas a Nuestra Señora.

Esta basílica ha pasado por bastantes vicisitudes a través de los tiempos. Ocupa el Esquilino, una de las siete colinas de Roma. En tiempo de la República era necrópolis y bajo el Imperio de Augusto, paseo público. Allí tenía el opulento Mecenas unos jardines. Allí estaba la torre desde la cual contempló Nerón el incendio de Roma y allí había un templo dedicado a la diosa Juno, al cual acudían las parejas de novios para implorar sus auspicios.

Aquí quiso la Reina del Cielo poner su morada. En el corazón de la urbe penetra su planta virginal y los hijos del más glorioso de los antiguos imperios abrirán sus pechos al amor de tan tierna Madre.

La primitiva iglesia no estaba consagrada a María. Se llamaba la basílica Sociniana. En surecinto lucharon los partidarios del papa Dámaso con los secuaces del antipapa Ursino. Esto sucedió a finales del siglo IV. En este tiempo se llamó también basílica Liberiana por su fundador, el papa Liberio.

En el siglo V es reconstruida por Sixto III (432-440). Este mismo Papa es el que consagra el templo a la Virgen. Desde este momento el nombre de María se va a hacer inseparable de este templo.

 

santa maria mayor roma

 

El concilio de Efeso había tenido lugar el año 431. Los padres del tercer concilio ecuménico acababan de proclamar la maternidad divina de María contra el hereje Nestorio. Era el primer gran triunfo de María en la Iglesia y una crecida ola de amor Mariano recorre toda la cristiandad de oriente a occidente. La maternidad divina de María es el más grande de los privilegios de María y la raíz de todas sus grandezas.

Roma no podía faltar en esta hora de gloria Mariana. Este templo que renueva Sixto III en honor de la Theotocos es el eco romano de la definición de los padres de Efeso. La ciudad entera se apresta a levantar y hermosear esta basílica. Los pintores ponen sus pinceles bajo la dirección del Sumo Pontífice y las damas se desprenden de sus más vistosas joyas.

Ahora es cuando la antigua basílica Sociniana se adorna con pinturas y mosaicos que celebran el misterio de la maternidad divina de María. Se levanta un arco de triunfo y sobre la puerta de entrada se lee una inscripción que empieza con estas palabras:

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 "A ti, oh Virgen María, Sixto te dedicó este nuevo templo... "

Las pinturas son de tema Mariano y generalmente relacionadas con la maternidad divina de María. Representan a la Anunciación, la Visitación, María con el Niño, la adoración de los Magos, la huida a Egipto y otras escenas de la vida de la Virgen.

Las tres amplias naves de la basílica se enriquecieron con los dones de los fieles y los ábsides se adornaron de lámparas y mosaicos. Algunos de éstos son especialmente valiosos.

En el siglo VII una nueva advocación le nace a esta iglesia: Santa María ad praesepe, Santa María del Pesebre. La maternidad de María acaba por llevar la devoción de los fieles al portal de Belén, a Jesús. Como siempre, por María a Jesús.

Al lado de la basílica surge una gruta estrecha, obscura y recogida como la de Belén. Allí irán los papas a celebrar la misa del gallo todas las Nochebuenas, y para que la piedad se hiciese más viva se enseñaban los maderos del pesebre en el cual había nacido el Hijo de Dios y trozos de adobes y piedras que los peregrinos habían traído de Tierra Santa.

 

virgen de las nieves

 

Esta gruta llega a ser uno de los lugares más venerandos de la Ciudad Eterna. Los Romanos Pontífices la distinguen con sus privilegios. Gregorio III (731-741) puso allí una imagen, de oro y gemas que representaba a la Madre de Dios abrazando a su Hijo. Adriano I (762-795) cubrió el altar con láminas de oro, y León III (795-816) adornó las paredes con velos blancos y tablas de plata acendrada que pesaban ciento veintiocho libras.

Son muchas las gracias que la Santísima Virgen ha concedido a sus devotos en este santo templo. Aquí organizó San Gregorio Magno unas solemnes rogativas con motivo de una terrible peste que asolaba la ciudad.

El año 653 ocurrió en esta iglesia un hecho milagroso. Celebraba misa el papa San Martín cuando, al querer matarle o prenderle por orden del emperador Constante, el enarca de Ravena, Olimpo, quedó repentinamente ciego e imposibilitado.

Basten estos hechos para demostrar el gran aprecio que los Sumos Pontífices han tenido para con este templo a través de la historia.

Hoy mismo sigue siendo Santa María la Mayor una de las cuatro basílicas patriarcales de Roma cuya visita es necesaria para ganar el jubileo del año santo. De esta forma la Virgen de las Nieves sigue recibiendo el tributo de amor de innumerables peregrinos de todo el orbe católico.

Actualmente es una de las iglesias más ricas y bellas de la ciudad de Roma. Conserva muy bien su carácter de basílica antigua. Tiene por base la forma rectangular, dividida por columnas que forman tres naves, techo artesonado, atrio y ábside.

El interior de la basílica es solemne y armonioso. Las tres naves aparecen divididas por columnas jónicas. Contiene notables monumentos y tumbas de los papas.

Tiene dos fachadas: la que mira al Esquilino, que es la posterior, y la que mira a la plaza que lleva el nombre de Santa María la Mayor. Esta, que es la principal, data del siglo VIII, y la posterior del XVII. El campanario, románico, es el más alto de Roma. Fue construido el año 1377.

Sobre el altar mayor hay una imagen de María del siglo XIII, atribuida a Lucas el Santo, y en la nave se halla el monumento a la Reina de la Paz, erigido por Benedicto XV al terminar la primera guerra mundial. Su cielo raso está dorado con el primer oro que Colón trajo de América. En la plaza de Santa María la Mayor se yergue una columna estriada de más de catorce metros de altura. En la plaza del Esquilino se alza un obelisco procedente del mausoleo de Augusto.

Santa María de las Nieves. He aquí una de las advocaciones más bellas de la Santísima Virgen. Ella, que es la Madre de Dios, Inmaculada, Asunta al cielo, Virgen de la Salud y del Rocío, es también Nuestra Señora de las Nieves.

La nieve es blancura y frescor. Pureza y alma recién estrenada, intacta. Espíritu sin gravedad. ¡Cuán hermosamente tenemos representada aquí la pureza sin mancha de María!

Nieve recién caída en el estío romano. La pureza al lado del calor sofocante de la pasión. Sólo Ella, como aquel trozo milagrosamente marcado por la nieve en la leyenda de Juan Patricio, es preservada del calor fuerte del agosto que es el pecado. Sólo Ella es sin pecado entre todos los hombres. Ella es blancura y candor. Ella refresca nuestros agostos llenos del fuego del pecado y la concupiscencia.

Ni el copo de nieve, ni el ala de cisne, ni la sonrisa de la inocencia, ni la espuma de la ola es más limpia y hermosa que María.

Verdaderamente es ésta una fiesta de leyenda y poesía, María es algo de leyenda y poesía. Es la obra de Dios.

 

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BASILICA SANTA MARÍA MAYOR 

 

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MARCOS MARTÍNEZ DE VADILLO

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