Getsemani - el campo al que Jesús se retiró una vez terminada la Última Cena
"Sentaos aquí, mientras hago oración"
Los relatos evangélicos nos han transmitido el emplazamiento del campo al que Jesús se retiró una vez terminada la Última Cena: salió y como de costumbre fue al monte de los Olivos (Lc 22, 39), al otro lado del torrente Cedrón (Jn 18, 1), y con los Apóstoles llegó a un lugar llamado Getsemaní (Mt 26, 36; Mc 14, 32).
Según estas indicaciones, se trataba de un huerto donde había una prensa para extraer aceite —es el significado del nombre—, y quedaba fuera de las murallas de Jerusalén, al este de la ciudad, en el camino hacia Betania.
Aparte de que aquel paraje debía de ser muy conocido, pues Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos (Jn 18, 2), no extraña que los primeros cristianos conservasen la memoria de un sitio donde ocurrieron hechos trascendentales de la historia de la salvación.
En el huerto de los Olivos, ante la inminencia de la Pasión, que se desencadenará con la traición de Judas, el Señor advierte la necesidad de rezar:
"Sentaos aquí, mientras hago oración, dice a los Apóstoles. Y se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a afligirse y a sentir angustia. Y les dice:
—Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad. Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, a ser posible, se alejase de él aquella hora. Decía: —¡Abbá, Padre! Todo te es posible, aparta de mí este cáliz; pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú" (Mc 14, 32-36).
La congoja era tal, que se le apareció un ángel del cielo que le confortaba. Y entrando en agonía oraba con más intensidad. Y le sobrevino un sudor como de gotas de sangre que caían hasta el suelo (Lc 22, 43-44). La plegaria de Cristo contrasta con la actitud de los Apóstoles: cuando se levantó de la oración y llegó hasta los discípulos, los encontró adormilados por la tristeza. Y les dijo:
—¿Por qué dormís? Levantaos y orad para no caer en tentación (Mc 45-46). Tres veces volvió Jesús junto a los que le acompañaban, y las tres veces los halló cargados de sueño, hasta que ya fue demasiado tarde: ¿Aún podéis dormir y descansar...? Se acabó; llegó la hora. Mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar. Todavía estaba hablando, cuando de repente llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un tropel de gente con espadas y palos (Mc 14, 41-43).
Con un beso delató al Señor, que fue prendido mientras los discípulos lo abandonaban y huían.
Gracias a la peregrina Egeria, sabemos que en la segunda mitad del siglo IV se celebraba una liturgia durante el Jueves Santo «en el lugar donde rezó el Señor», y que allí había «una iglesia elegante» (Itinerarium Egeriae, XXXVI, 1 (CCL 175, 79). Los fieles entraban en el templo, oraban, cantaban himnos y escuchaban los relatos evangélicos sobre la agonía de Jesús en el huerto. Después, en procesión, se dirigían a otro sitio de Getsemanídonde se recordaba el prendimiento (Cfr. Ibid., 2-3 (CCL 175, 79-80).
La basílica de Agonía se llama también de Todas las Naciones porque dieciséis países sufragaron su construcción. Firma: Israel Tourism (Flickr).
Siguiendo esta tradición y otras igualmente antiguas, en la actualidad se veneran tres lugares relacionados con los acontecimientos de aquella noche: la roca sobre la que oró el Señor, un jardín que custodia ocho olivos milenarios con algunos de sus retoños, y la gruta donde se habría producido el prendimiento.
Apenas unas decenas de metros los separan, en la zona más baja del monte de los Olivos, casi en el fondo del Cedrón, en medio de un paisaje muy sugestivo: este torrente, como la mayoría de los wadis palestinos, es un valle seco y recibe agua solo con las lluvias de invierno; la falda del monte, al contrario que la cima, está poco habitada, porque grandes extensiones del terreno se han destinado a cementerios; abundan los olivares, dispuestos en terrazas, y también los cipreses, en los bordes de los caminos.
El huerto de los Olivos
El terreno en el que se levanta la basílica es propiedad de la Custodia de Tierra Santa desde la segunda mitad del siglo XVII. Cuando fue adquirido, lo más notable que conservaba, además de las ruinas medievales y bizantinas, era el llamado jardín de las flores: un área no cultivada, cercada por un muro, donde crecían ocho olivos que las tradiciones locales databan de la época de Cristo.
Mientras los franciscanos esperaban el momento oportuno de reconstruir la iglesia, protegieron aquellos olivos milenarios, ligados sin duda a la tradición cristiana del lugar, de forma que han llegado vivos hasta nosotros.
Los ochos olivos más antiguos de Getsemaní podrían remontarse al primer milenio. Firma: Leobard Hinfelaar.
Impresiona el aspecto añejo que tienen. Los botánicos que los han estudiado no han llegado a un acuerdo para fijar su edad: algunos sostienen que fueron plantados en el siglo XI y que provienen de una misma rama, y otros que su enorme grosor permite aventurar que se remonten al primer milenio.
Sean más o menos antiguos, eso no resta interés por preservarlos como testimonios silenciosos que perpetúan el recuerdo de Jesús y de la última noche de su paso por la tierra.
Lo más probable es que Cristo celebrase la Pascua el día anterior al día oficial
Tradiciones, símbolos y gestos del “Pésaj” o cena pascual que pudo vivir el Señor en la Última Cena y que permiten entenderla mejor. Entrevista a Bernardo Estrada, profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz.
¿Cómo se desarrolló la Última Cena?
Lo más probable es que Cristo celebrase la Pascua el día anterior al día oficial, como ya ha señalado en alguna ocasión Benedicto XVI.
Es una cuestión sobre la que se debate, pero no resultaría extraño, pues en aquellos días confluía tanta gente en Jerusalén (unas 250.000 personas, cuando la población normal era de 35.000), que no se podían sacrificar todos los corderos en una sola jornada.
Así que el viernes era el verdadero día para inmolar corderos?
Efectivamente: anticipando la Última Cena, el verdadero Cordero pudo ser sacrificado en la Cruz el viernes, el día de la Pascua.
La cena pascual, ¿cómo comenzaba?
Como en cualquier fiesta hebrea, el inicio lo determinaba la mujer de la casa: cuando veía que el sol se oculta detrás de la casa del vecino, o cuando contemplaba la primera estrella en el cielo, encendía las velas: con ese gesto, comenzaba la cena.
Simbólicamente, esa luces recordaban la creación del mundo por Dios, cuyo inicio los hebreos sitúan en este mes del Nissán, el “mes de las espigas”, pues es cuando comienza a crecer la nueva vida (aunque tras el medievo, esa datación cambió).
¿Es así como Pascua y Creación se relacionan?
En cualquier caso, luego –con Cristo– hemos comprendido un significado más profundo (la Pascua es la nueva Creación).
Que esta festividad se celebrase en el “mes de las espigas” hace ver que las fiestas de Israel van ligadas en su origen a fiestas agrícolas: la Pascua coincide con la fecha de la cosecha del primer trigo y al nacimiento de los primeros animales (corderos, etc); en Pentecostés llega la verdadera cosecha; mientras que la fiesta de los Tabernaculos está unida a la cosecha de la vendimia.
Por eso el pan, el vino y el cordero son tan importantes. Dios –primero en Egipto y luego con el Señor Jesús– ha ido dando un sentido nuevo y más profundo a estas celebraciones.
Volviendo a la Última Cena, ¿cómo se disponían los invitados?
Aunque la cena iniciaba de pie, luego se recostaban formando un cuadrado: la gente se apoyaba sobre el brazo izquierdo, prácticamente acostada, y comía con la mano derecha. A la derecha del Señor se situaría el más digno, probablemente Pedro; y a la izquierda estaría Juan, quien pudo descansar así sobre el pecho del Señor.
Ejemplo de preparación actual del Séder (o cena pascual) hebrea. Desde la destrucción del Templo, no se repite el sacrificio de los corderos.
¿Cómo empezó el Señor la Última Cena?
Podemos suponer que siguió el “orden de la Pascua”: es decir, la división de la cena en cuatro partes, cada una de las cuales se concluía con una copa de vino.
Entonces: la primera copa...
La cena comienza con una bendición (salmos 113 y 114), tras la que se toma la primera copa de vino mientras se dice: “Bendito seas Tú, Adonai nuestro Dios, rey del universo, quien creó el fruto de la vid”.
La segunda...
Antes de beber la segunda, alguno recuerda un grande acontecimiento: la “Haggadah” o la narración de la fuga de Egipto, tal y como se cuenta en el libro del Éxodo. El vino que se bebe a continuación les recuerda las diez plagas que azotaron al pueblo egipcio.
Última Cena de la Capilla Sixtina
¿Cuándo lavó el Señor los pies a los Apóstoles?
Si bien no tenemos certeza, quizá fue tras esta segunda copa, que es cuando se realiza tradicionalmente la primera ablución o lavado de manos, al que el Señor quiso dar un profundo significado.
Luego vienen las “bendiciones”, una serie de preguntas que hace la persona más anciana o más digna a la más joven: “¿Ma nishtaná halaila hazé micol haleilot?” (¿Por qué esta noche es diferente de todas las otras noches?) . Podemos imaginar que Cristo o san Pedro harían esas preguntas a san Juan.
¿Y tras el lavado?
Es cuando empieza la cena propiamente dicha. El más digno distribuye el primer pan ázimo, o Matzá , mientras repite esta bendición: “Bendito eres Tú, nuestro Señor, Rey del universo, que extraes pan de la tierra”. Pudo ser en este momento cuando el Señor consagró el Pan, aunque no podemos estar seguros.
Como se sabe, ese pan sin levadura –que se comerá más veces a lo largo de la cena– recuerda la prisa con que escaparon del Faraón. Además, cada comensal tiene delante un cuenco con hierbas amargas que se sumergen en el Jaroset , una salsa especial (agua salada y algún condimento), que les recuerda el sufrimiento de aquella huída.
Y a continuación, el cordero.
Efectivamente: previamente, había sido sacrificado en el templo por un sacerdote, o bien por el cabeza de familia. No se le tenía que haber roto ningún hueso y debía ser consumido entero.
La Última Cena, Juan de Juanes, c. 1562, óleo sobre tabla, 116 × 191 cm, Museo del Prado, Madrid.
¿Por qué la importancia del Cordero?
Cristo es el “Cordero de Dios”, cuyo sacrificio libera a los hombres. Para los judíos, el cordero es el animal cuya sangre en las puertas de sus casas había liberado a sus primogénitos del ángel de la muerte en Egipto. Desde aquella liberación, que precede y permite la huída por mar Rojo, comían el cordero tal y como les había indicado Moisés.
Faltan dos copas de vino.
La tercera se bebe al terminar la cena. Se llama “copa de redención”, y con ella se recuerda el derramamiento de la sangre de los corderos inocentes que redimieron a Israel en Egipto; es la copa en la que se “da gracias”, por lo que se supone que es en esta copa cuando el Señor ofreció su Sangre a sus discípulos.
¿Y la última?
La cuarta, ya antes de marcharse, va unida al gran himno final: el Hallel, una preciosa oración compuesta por los salmos 115 a 118. Se sirve también una quinta copa, que no se bebe: esa quinta copa es para Elías, a quien el pueblo hebreo espera para que anuncie la venida del Mesías (en Malaquías 4,5). Cuando la cena se termina se manda un niño a la puerta a abrirla y ver si está Elías. Cada año, el niño regresa desanimado y el vino se derrama sin que nadie lo beba.
Semana Santa es un tiempo propicio para conocer y reflexionar más sobre el sentido de ser cristianos y qué mejor si es con la ayuda de una buena película. Te dejamos 14 filmes con claves de fe que marcaron y cambiaron la vida de muchos de sus espectadores.
1. La Pasión de Cristo (2004)
Iniciamos la lista con la adaptación de Mel Gibson de los últimos días de Jesucristo. El filme fue rodado en latín y en arameo, idiomas que habló Jesús, y fue proyectado en todo el mundo en versión original por deseo del director. Además, atrajo la atención de todos por la crudeza y realismo de sus imágenes.
2. Pablo, Apóstol de Cristo (2018)
Jim Caviezel, conocido por su papel como Jesús en “La Pasión de Cristo”, regresa para protagonizar a San Lucas, en una película que narra la persecución contra los primeros cristianos en la antigua Roma y cómo a pesar de ello la Iglesia primitiva salió adelante.
3. Ben Hur (1959)
William Wyler firmó una épica superproducción protagonizada por Charlton Heston, Stephen Boyd y Jack Hawkins que obtuvo once premios Oscar. Una historia de dos viejos amigos que se enfrentan y en la que no se muestra el rostro de Jesucristo, aunque su presencia marcará toda la vida de Judá Ben-Hur.
4. Jesús de Nazareth (1977)
Aunque se trata de una miniserie de televisión y no una película, la obra de Franco Zeffirelli es quizás el mejor relato global del nacimiento, obra y muerte de Jesucristo. El Beato Pablo VI, tras visionar esta producción, recibió en audiencia al director de cine Franco Zefirelli y le agradeció por su obra.
5. Quo Vadis? (1951)
El título significa en latín “¿A dónde vas?” y se refiere a las palabras de Pedro cuando se encuentra con Cristo en la Vía Apia. La cinta muestra el amor de un soldado romano por una joven doncella, integrante del primer grupo de cristianos en Roma, y que será puesto a prueba después que Nerón queme Roma y les eche la culpa a los cristianos.
6. Los Diez Mandamientos (1956)
Charlton Heston vuelve a aparecer con la adaptación del pasaje de Moisés y Los Diez Mandamientos que dirigió el legendario Cecil B. DeMille. Una colosal superproducción de proporciones bíblicas: casi cuatro horas de duración.
7. Risen (2016)
"Risen" es un filme estrenado en el 2016 que presenta la Resurrección de Cristo narrada a través de los ojos de un agnóstico. Clavius (Joseph Fiennes), un poderoso centurión romano, y su edecán Lucius (Tom Felton), reciben la misión de resolver el misterio de lo que ocurrió con Jesús en las semanas siguientes a la crucifixión para desmentir los rumores de un Mesías que resucitó y evitar una revuelta en Jerusalén.
8. Exodus (2014)
Narra la historia de Moisés(Christian Bale), un hombre de extraordinario valor que desafió al faraón Ramsés (Joel Edgerton) y liberó a 600.000 esclavos, que protagonizaron una épica y peligrosa huida a través de Egipto en busca de la Tierra Prometida.
9. Escarlata y negro (1983)
Refleja parte de lo que se vivió durante la ocupación nazi en Roma y las tensiones contra el Vaticano por refugiar judíos y perseguidos políticos de los alemanes. Un sacerdote, que salvó la vida de cientos de personas, estará en la mira de los altos oficiales nazis, pero no podrán tocarlo por estar dentro del territorio papal.
10. Cristiada (2012)
Película que describe la dramática e histórica persecución del gobierno mexicano contra la Iglesia Católica en la década de 1920’s. Muchos fieles fueron llevados al martirio, otros optaron por el camino de las armas, pero la fuerza de “¡Viva Cristo Rey!” hará resonar la verdad.
11. Un Dios prohibido (2013)
Narra el martirio de 51 miembros de la Congregación Claretiana durante la Guerra Civil Española. El hecho ocurrió en 1936 en la localidad de Barbastro, en Zaragoza. Ellos fueron beatificados por San Juan Pablo II en 1992.
12. Encontrarás dragones (2011)
Drama épico dirigido por Roland Joffé, ambientado en la Guerra Civil española, que narra la vida de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Ambientada en la época de la Guerra Civil Española, trata temas como la amistad, el amor, el odio, la traición, el perdón y la búsqueda del sentido de la vida.
13. De dioses y de hombres (2010)
Película francesa sobre unos monjes cristianos en Argelia que viven en armonía con la población musulmana hasta que estalla la guerra civil que azotó al país entre 1991 y 2002. Esta producción fue ganadora del Premio del Jurado y el Premio del Jurado Ecuménico del Festival de Cannes de 2010.
14. El Príncipe de Egipto (1998)
Pensando en los más pequeños se incluye en la lista esta historia de Moisés que fue la primera película de animación tradicional producida y distribuida por Dreamworks, la productora creada por Steven Spielberg.
¿Cómo vivían los primeros cristianos la Semana Santa?
Durante el santo Triduo Pascual de la Pasión y Resurrección del Señor, la Iglesia conmemora los grandes acontecimientos que jalonaron los últimos días del Señor.
Es el punto culminante de todo el año litúrgico
El Triduo Pascual
La expresión Triduo pascual, aplicada a las fiestas anuales de la Pasióny Resurrección, es relativamente reciente, pues no se remonta más allá de los años treinta de nuestro siglo; pero ya a finales del siglo IVSan Ambrosio hablaba de un Triduum Sacrum para referirse a las etapas del misterio pascual de Cristo que, durante tres días, et passus est, et quievit et resurrexit.
Deslumbrada por la realidad histórica de la muerte de Cristo, la primitiva Iglesia advirtió la necesidad de celebrar litúrgicamente este hecho salvífico, por medio de un rito memorial, donde, en obediencia al mandato expreso del Señor, se renovara sacramentalmente su sacrificio.
De este modo, durante los primeros compases de la vida de la Iglesia, la Pascua del Señor se conmemoraba cíclicamente, a partir de la asamblea eucarística convocada el primer día de la semana, día de la resurrección del Señor (dominicus dies) o domingo.
Y, muy pronto, apenas en el siglo II , comenzó a reservarse un domingo particular del año para celebrar este misterio salvífico de Cristo.
Llegados a este punto, el nacimiento del Triduo Pascual era sólo cuestión de tiempo, cuando la Iglesia comenzase a revivir los misterios de Cristo de modo histórico, hecho que acaeció, por primera vez en Jerusalén, donde aún se conservaba la memoria del marco topográfico de los sucesos de la pasión y glorificación de Cristo.
De todos modos, en el origen de la celebración pascual, tampoco puede subestimarse la benéfica influencia de la respuesta dogmática y litúrgica de la ortodoxia frente a la herejía arriana; reacción que supuso una atracción de la piedad de los fieles hacia la persona de Jesús (Hijo de Dios e Hijo de María), y hacia sus hechos históricos.
Cada celebración del Triduo presenta su fisonomía particular: la tarde del Jueves Santo conmemora la institución de la Eucaristía; el Viernes se dedica entero a la evocación de la Pasión y Muerte de Jesús en la cruz; durante el sábado la Iglesia medita el descanso de Jesús en el sepulcro. Por último, en la Vigilia Pascual, los fieles reviven la alegría de la Resurrección.
Jueves Santo
La Misa vespertina in Cena Domini abre el Triduo Pascual. La iglesia de Jerusalén conocía ya, en el siglo IV, una celebración eucarística conmemorativa de la Última Cena, y la institución del sacramento del sacrificio de la Cruz.
Al principio, esta celebración se desarrollaba sobre el Gólgota, en la basílica del Martyrion, al pie de la Cruz, y no en el Cenáculo; hecho que confirma la íntima relación entre la celebración eucarística y el sacrificio de la Cruz.
A finales del siglo IV, esta tradición se vivía también en numerosas iglesias de occidente, pero habrá que esperar hasta el siglo VII para encontrar los primeros testimonios romanos.
Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor
El Viernes Santo conmemora la Pasión y Muerte del Señor. Dos documentos de venerable antigüedad (la Traditio Apostolica de San Hipólito y laDidaskalia Apostolorum, ambas del siglo III) testimonian como práctica común entre los cristianos el gran ayuno del Viernes y Sábado previos a la Vigilia Pascual.
Sin embargo, habrá que esperar hasta finales del siglo IV d.C. para encontrar, en Jerusalén, las primeras celebraciones litúrgicas de la Pasión del Señor: se trataba de una jornada dedicada íntegramente a la oración itinerante; los fieles acudían del Cenáculo (donde se veneraba la columna de la flagelación) al Gólgota, donde el obispo presentaba el madero de la Cruz. Durante las estaciones se leían profecías y evangelios de la Pasión, se cantaban salmos y se recitaban oraciones.
Los testimonios más antiguos de una liturgia de Viernes Santo en Roma proceden del siglo VII.
Manifiestan dos tradiciones distintas, y nos han llegado a través del Sacramentario Gelasiano (oficio presbiteral con adoración de la cruz, liturgia de la palabra y comunión con los presantificados) y el Sacramentario Gregoriano (liturgia papal, limitada a lecturas bíblicas y plegaria universal).
Sábado Santo
En los primeros siglos de historia de la Iglesia, el Sábado Santo se caracterizaba por ser un día de ayuno absoluto, previo a la celebración de las fiestas pascuales.
Pero a partir del siglo XVI, con la anticipación de la Vigilia a la mañana del sábado, el significado litúrgico del día quedó completamente oscurecido, hasta que las sucesivas reformas de nuestro siglo le han devuelto su originaria significación.
El Sábado Santo debe ser para los fieles un día de intensa oración, acompañando a Jesús en el silencio del Sepulcro.
Vigilia Pascual
La celebración litúrgica de la Pascua del Señor se encuentra en los orígenes mismos del culto cristiano. Desde la generación apostólica, los cristianos conmemoraron semanalmente la Resurrección de Cristo, por medio de la asamblea eucarística dominical.
Además, ya en el siglo II, la Iglesia celebra una fiesta específica como memoria actual de la Pascua de Cristo, aunque las distintas tradiciones subrayen uno u otro contenido pascual: Pascua-Pasión (se celebraba el 14 de Nisán, según el calendario lunar judío, y acentuaba el hecho histórico de la Cruz) y Pascua-Glorificación, que, privilegiando la resurrección del Señor, se celebraba el domingo posterior al 14 de Nisán, día de la Resurrección de Cristo. Esta última práctica se impuso en la Iglesia desde comienzos del siglo III.
La Resurrección de Cristo (Piero della Francesca)
La Noche Santa (San Agustín la llama la “madre de todas las vigilias”) culmina el Santo Triduo e inicia el tiempo pascual, celebrando la Gloria de la Resurrección del Señor. De aquí que su contenido teológico encierre el misterio de Cristo Salvador y del cristiano salvado. Ello explica que, desde los primeros siglos, se celebrase el bautismo de los catecúmenos en la Vigilia Pascual.
Como ya indica San Agustín en sus Sermones (220-221), toda la celebración de esta Vigilia Sagrada debe hacerse en la noche, de tal modo que o bien comience después de iniciada la noche, o acabe antes del alba del domingo. La Vigilia Pascual se convierte en el punto central donde confluyen las celebraciones anuales de los misterios de la vida de Cristo.
Ben Kingsley metiéndose de nuevo en el papel de Moisés después de 30 años.
'Las viejas historias: Moisés' muy pronto en Prime Video
Ante ustedes, el tráiler de la próxima serie 'Las viejas historias: Moisés'. Prepárense para otra epopeya bíblica de los creadores de Casa de David . Wonder Project presenta una nueva inmersión en el Antiguo Testamento, esta vez centrada en la historia de Moisés.
The Old Stories: Moses es el próximo proyecto de los creadores de House of David, y ya se ha revelado un primer vistazo a la serie especial, junto con otros detalles clave.
'The Old Stories: Moses' se estrenará entre Marzo y Junio en el canal de suscripción de Wonder Project a través de Prime Video en Estados Unidos, y su lanzamiento global en Prime Video tendrá lugar más adelante.
Sir Ben Kingsley encabeza el reparto como Moisés, y OT Fagbenle coprotagoniza la serie como el Faraón. También participan Louis Ferreira como Jesé, Anna Khaja como Séfora y Rada Rae como Avva. Ben Kingsley ya ganó un Oscar como Moisés en la película de 1995.
La serie fue creada, escrita y dirigida por Jon Erwin , quien también es productor ejecutivo junto con Jon Gunn y Justin Rosenblatt para Wonder Project. Gavin J. Behrman es coproductor ejecutivo y Adam Abel también participa como productor.
La serie se centra en los relatos bíblicos e históricos de Moisés. La descripción oficial de la serie dice:
«Del universo de La Casa de David , Las Viejas Historias: Moisés es un especial complementario de tres partes que nos abre una ventana a las narrativas que dieron forma a Israel mucho antes de que David ascendiera al trono. A medida que el pasado se despliega con fuerza épica, un joven pastor ve su propio futuro reflejado en el coraje, el fracaso y la obediencia de quienes lo precedieron».
En un comunicado, Erwin dijo sobre la serie:
“Moisés es una de las figuras más emblemáticas de la historia, y su historia aún resuena en nosotros hoy. Nos propusimos contar Las Viejas Historias: Moisés con una majestuosidad y una magnitud cinematográficas que resultan a la vez épicas y personales. Estoy especialmente orgulloso de las interpretaciones del elenco, y estoy deseando que la gente la vea en Wonder Project”.
Viernes de Dolores: viernes anterior al Domingo de Ramos
El Viernes de Dolores es una fiesta variable; es decir, no tiene un día propio, cada año varía. Se celebra el último viernes de Cuaresma, previo al Domingo de Ramos. A este semana se le llama también Semana de Pasión, y marca el inicio de la Semana Santa, que termina con el Domingo de Resurrección, dando paso al Tiempo Pascual.
Este día la Iglesia recuerda y se une al dolor de la Virgen María por la muerte y crucifixión de su hijo Jesús. María llena de dolor está representando a todas las madres del mundo que han pasado por la prueba de amargura sin límite de ver morir a un hijo.
Stabat Mater
Stabat Mater («Estaba de pie la Madre», en latín) es una secuencia (himno o tropo del Aleluya gregoriano) atribuida al papa Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi. Se la data en el siglo XIII. Comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa («De pie la Madre sufriendo»). Como plegaria medita sobre el sufrimiento de María, la madre de Jesús, durante la crucifixión de su hijo.
En las artes plásticas, Stabat Mater es un tema del arte cristiano que representa a la Virgen, de pie, a la derecha de Cristo crucificado (es decir, a la izquierda del espectador), mientras que el apóstol Juan, también de pie, se representa a la izquierda de Cristo (es decir, a la derecha del espectador); reproduciendo la escena evangélica durante la que Cristo pronunció la tercera de las «siete palabras»: «Mujer, aquí tienes a tu hijo … Aquí tienes a tu madre», (Juan, 19: 26-27).
Es habitual que se disponga la escena como parte superior de retablos y coros altos; y conforma muchas de las Crux triumphalis y de las estaciones número doce de los viacrucis.
Traducción de Lope de Vega del Stabat Mater
La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria.
Amén.
__________________
Versión Latina
Stabat Mater dolorósa
iuxta crucem lacrimósa,
dum pendébat Fílius.
Cuius ánimam geméntem,
contristátam et doléntem
pertransívit gládius.
O quam tristis et afflícta
fuit illa benedícta
mater Unigéniti!
Quæ mærébat et dolébat
pia Mater, dum vidébat
Nati pœnas íncliti.
Quis est homo qui non fleret,
Matrem Christi si vidéret
tanto supplício?
Quis non posset contristári,
piam Matrem contemplári
doléntem cum Fílio?
Pro peccátis suæ gentis
vidit Iesum in torméntis,
et flagéllis súbditum.
Vidit suum dulcem Natum
moriéntem desolátum,
dum emísit spíritum.
Eia, Mater, fons amóris,
me sentíre vim dolóris
fac, ut tecum lúgeam.
Fac ut árdeat cor meum
in amándo Christum Deum,
ut sibi compláceam.
*Sancta Mater, istud agas
Crucifíxi fige plagas
cordi meo válide.
Tui Nati vulneráti,
tam dignáti pro me pati,
pœnas mecum dívide.
Fac me tecum pie flere,
Crucifíxo condolére,
donec ego víxero.
Iuxta crucem tecum stare,
ac me tibi sociáre
in planctu desídero.
Virgo vírginum præclára,
mihi iam non sis amára:
fac me tecum plángere.
Fac ut portem Christi mortem,
passiónis fac me sortem,
et plagas recólere.
Fac me plagis vulnerári,
cruce hac inebriári,
et cruóre Fílii.
Flammis urar ne succénsus,
per te, Virgo, sim defénsus
in die iudícii.
Fac me cruce custodíri,
morte Christi præmuníri,
confovéri grátia.
Quando corpus moriétur,
fac ut ánimæ donetur
Paradisi gloria.
El Beato Álvaro de Córdobafue el primero en construir un Via Crucis fuera de Jerusalén, en 1423 en Córdoba
El Señor dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16, 24). Precisamente una forma privilegiada de hacer nuestra y disponernos a vivir esta máxima evangélica es el rezo del Via Crucis.
Una oración, la del Via crucis, en la que de un modo especialísimo estamos llamados a adentrarnos en lo que el Catecismo de la Iglesia Católica, al describir la oración de contemplación, define como “mirada de fe”:
“La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el ‘conocimiento interno del Señor’ para más amarle y seguirle (cf. San Ignacio de Loyola, ex. sp. 104)” (CCE 2715).
Origen del Via Crucis
El origen inmediato del Via Crucis tal y como hoy lo entendemos hay que buscarlo en el Beato Álvaro de Córdoba (Su conmemoración tiene lugar el 19 de febrero) ya que él fue el primero en construir un Via Crucis fuera de Jerusalén, con el claro propósito de “reproducir” el original. Este dominico, según documentos, fundó 13 de junio de 1423 el convento de Santo Domingo de Scala Coeli en Córdoba.
Allí, fray Álvaro construyó humildes estaciones que, partiendo del Convento, jalonaban a la vera del camino, un Vía crucis devocional, que terminaba en una colina, desde la que se divisa la curva del Guadalquivir y la ciudad de Córdoba; todavía hoy se conoce ese otero con el significativo nombre de “Monte Calvario”. La esencia de su propósito no fue otra que ayudar a la devoción del pueblo fiel en el acompañar a Jesús en su vía dolorosa.
Via Crucis en el Coliseo, desde 1741
Una costumbre arraigada en la vivencia el Triduo Pascual es el rezo del Via Crucis por el Santo Padre en el Coliseo de Roma en la tarde-noche del Viernes Santo. El Via Crucis del Coliseo fue instaurado en 1741 por el Papa Benedicto XIV que puso las estaciones en este lugar que recoge la sangre de los primitivos mártires.
Se trata de un lugar martirial del que Beda el Venerable llegó a decir: “Quamdiu stat Colysaeus stat Roma, quando cadet Colysaeus cadet Roma et mundus”. Tras decenas de años de olvido volvió a celebrarse el Via Crucis en 1925. Y en 1964 Pablo VI acudió para presidir allí el rito y desde entonces, todos los años, acude el sucesor de San Pedro en la noche del Viernes Santo.
Por D. Adolfo Ariza, director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Beata Victoria Díez
En la isla griega de Patmos, se cree que una cueva fue el lugar donde el apóstol Juan recibió las visiones que dieron origen al Apocalipsis, el último texto del Nuevo Testamento.
La Cueva del Apocalipsis. Se cree que esta gruta fue el escenario sagrado donde el apóstol Juan recibió las visiones que dieron origen al Apocalipsis, el último texto del Nuevo Testamento. Este sitio, que aún hoy se mantiene como un vibrante lugar de peregrinación, es testigo mudo de la historia de las primeras comunidades cristianas que sufrieron persecución.
Ubicación estratégica y reconocimiento internacional
La cueva se encuentra estratégicamente situada en la carretera que serpentea entre las localidades de Skala y Chora, en el corazón de la isla de Patmos. Durante siglos, los cristianos de diversas confesiones han reconocido unánimemente este refugio natural como el lugar donde se dice que vivió el apóstol Juan y escribió el Apocalipsis.
Debido a su incalculable valor espiritual y arquitectónico, el sitio sigue siendo un centro de culto activo para la Iglesia Ortodoxa Griega y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, destacando su importancia global.
Según la tradición eclesiástica y los registros históricos, Juan fue exiliado a Patmos durante el convulso reinado del emperador Domiciano. En aquella época, esta isla del Dodecaneso servía como un lugar de confinamiento austero para los convictos del Imperio Romano, en particular para aquellos sospechosos de profecía o agitación religiosa, actos que las autoridades percibían como una amenaza política directa contra el culto al emperador.
La presencia de Juan en Patmos refleja, por lo tanto, las extremas dificultades y la resiliencia que afrontaron las primeras comunidades cristianas bajo el yugo de Roma.
Las visiones de Juan: un mensaje de esperanza en tiempos de persecución
Fue precisamente durante este amargo exilio donde se dice que Juan recibió las complejas visiones descritas en el Libro de la Revelación. Con la ayuda de su fiel discípulo Prócoro, Juan dictó sus revelaciones místicas destinadas a las siete iglesias de Asia Menor, las cuales enfrentaban una era de persecución sistemática e incertidumbre profunda.
Este texto, rico en símbolos crípticos e imágenes impactantes de gran fuerza visual, se convirtió en el cierre definitivo del canon del Nuevo Testamento, enfatizando conceptos vitales como la perseverancia de los santos, el Juicio Final y la victoria definitiva de la esperanza sobre la muerte.
La configuración geológica de la cueva conserva varios elementos que la piedad popular asocia directamente con esta tradición joánica. Una fisura triple en la roca del techo se identifica tradicionalmente como el lugar donde se dice que Juan escuchó la voz divina que "tronaba como una trompeta".
Estas tres pequeñas aberturas en la piedra se interpretan teológicamente como un símbolo de la Santísima Trinidad. Asimismo, el interior alberga una repisa natural y un hueco tallado por el uso secular donde se cree que Juan pudo haberse sentado o apoyado para dictar sus palabras inspiradas. Estos detalles, aunque carezcan de una verificación histórica empírica, son parte integral de la devoción que anima el sitio y atrae a miles de visitantes anualmente.
El Monasterio de San Juan el Teólogo y su legado
Sobre la cueva, dominando el horizonte de la isla como una fortaleza espiritual, se alza el majestuoso Monasterio de San Juan el Teólogo. Fundado en el año 1088 gracias al apoyo decidido del emperador bizantino Alejo Comneno, este edificio fortificado fue durante siglos el centro neurálgico de la vida espiritual, administrativa y defensiva de Patmos. Su construcción contribuyó de manera decisiva al desarrollo urbano de Chora, protegiendo a la población de las incursiones piratas que asolaban el mar Egeo.
En la actualidad, el monasterio no solo es un centro de oración, sino también un tesoro cultural que alberga manuscritos bizantinos únicos, iconos de valor inestimable y objetos litúrgicos de oro y plata que dan testimonio de la importancia del culto y la investigación cristianos en la isla. La biblioteca del monasterio es considerada una de las más importantes del mundo ortodoxo, preservando fragmentos de la memoria cristiana que datan de los primeros siglos.
Este texto del Apocalipsis, nacido en un contexto de exilio forzado y sufrimiento físico, se dirige originalmente a comunidades vulnerables que buscaban un sentido a su dolor. La Cueva del Apocalipsis sigue siendo, dos mil años después, un lugar vivo de oración y recuerdo. Su atmósfera de silencio y recogimiento nos recuerda que este texto fundamental del cristianismo no es solo una profecía sobre el fin de los tiempos, sino un llamado constante a la fidelidad, la esperanza y la perseverancia ante las dificultades más extremas de la vida humana.
¿Qué es lo que sintió Jesús en su cuerpo? ¿Cuáles fueron las reacciones de su organismo ante el suplicio?
Con motivo de la Semana Santa vamos a publicar una serie de artículos en los que el doctor Santiago Santidrian (Catedrático de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra) nos explica desde el punto de vista fisiológico cómo fueron los dolores y sufrimientos que Jesús padeció durante las horas de su Pasión y Muerte.
Las descripciones de estos padecimientos están relatadas con sobriedad y sin exageraciones, pero a la vez con la crudeza que tuvieron.
Pensamos que pueden ayudar a revivir la Pasión personalmente y comprender más a fondo cómo fueron esos sufrimientos.
La conclusión es que la naturaleza humana de Cristo era de una fortaleza tremenda para aguantar lo que aguantó.
El Santo Sepulcro en guerra: sin fieles, pero con franciscanos
La oración continúa ininterrumpidamente en el Santo Sepulcro
La Custodia de Tierra Santa, institución franciscana que ha velado por los Santos Lugares durante más de ocho siglos, ha emitido un pronunciamiento oficial que trasciende la mera gestión administrativa para convertirse en un grito de auxilio y una firme declaración de principios.
En un contexto marcado por la inestabilidad geopolítica y el recrudecimiento de las tensiones en la región, el mensaje de los franciscanos resuena con una urgencia sin precedentes.
El Desafío de Preservar el "Status Quo"
Uno de los pilares fundamentales del comunicado es la defensa del Status Quo, el conjunto de leyes, costumbres y acuerdos históricos que regulan el acceso y la propiedad de los lugares sagrados en Jerusalén y sus alrededores. La Custodiaadvierte que cualquier intento de alterar este delicado equilibrio no solo es una afrenta a la historia, sino un peligro directo para la convivencia entre las tres religiones monoteístas.
Históricamente, los franciscanos han actuado como puentes. Sin embargo, el comunicado subraya que la presión actual sobre las comunidades cristianas —manifestada en restricciones de movimiento, dificultades burocráticas y, en ocasiones, actos de hostilidad directa— está socavando la viabilidad de su misión. La presencia cristiana en Tierra Santa no es una reliquia del pasado, sino una comunidad viva que hoy se siente amenazada.
El Impacto Humano y Social
Más allá de las piedras de los santuarios, la noticia pone el foco en las "piedras vivas": los fieles locales. El comunicado detalla cómo el conflicto persistente ha devastado la economía de las familias cristianas, muchas de las cuales dependen del turismo religioso y las peregrinaciones. Con la caída drástica de visitantes debido a la inseguridad, el desempleo ha golpeado con fuerza a comunidades que ya eran minoritarias.
La Custodia no se limita a denunciar; también recuerda su labor social. A través de escuelas, viviendas sociales y centros de asistencia, la Iglesia intenta mitigar el éxodo de cristianos. El mensaje es claro: si la comunidad cristiana desaparece de Tierra Santa, los Santos Lugares se convertirán en museos vacíos, perdiendo su esencia como centros de oración y encuentro espiritual.
Un Llamado a la Comunidad Internacional
El texto oficial hace una apelación directa a los líderes mundiales y a los organismos internacionales. No se pide solo ayuda financiera, sino un compromiso político real para garantizar la libertad de culto y la seguridad de todos los habitantes de la región. La Custodia enfatiza que la paz en Jerusalén es la clave para la paz en el mundo, y que la Ciudad Santa debe seguir siendo un patrimonio compartido, no un campo de batalla exclusivo.
"La paz es un don de Dios, pero también es una tarea humana que requiere valentía, justicia y respeto mutuo."
La Resiliencia de la Fe Franciscana
A pesar de la gravedad del diagnóstico, el tono de la noticia no es de derrota, sino de resiliencia. Los franciscanos reafirman su compromiso de permanecer en Tierra Santa, "custodiando" no solo los edificios, sino la esperanza. El comunicado invita a los fieles de todo el mundo a no olvidar a sus hermanos en Oriente Próximo y a reanudar las peregrinaciones en cuanto las condiciones lo permitan, como un acto de solidaridad concreta.
Conclusión y Perspectivas
El comunicado de la Custodia de Tierra Santa actúa como un termómetro de la crisis actual. Nos recuerda que la situación en los lugares sagrados es un reflejo de la salud moral de la humanidad. La protección de los derechos de las minorías y el respeto a la historia compartida son requisitos indispensables para cualquier solución duradera.
La noticia cierra con una nota de oración y esperanza, confiando en que el diálogo pueda prevalecer sobre la confrontación. Para la Custodia, cada piedra de Jerusalén cuenta una historia de redención que debe ser protegida para las generaciones futuras.