El documental plantea preguntas clave como si un condenado podía cargar una cruz de más de 80 kilos o solo el travesaño, por qué se conoce que hubo flagelación previa, y qué evidencias existen sobre la ejecución en Jerusalén.
A lo largo del documental, distintos especialistas revisan representaciones comunes de la crucifixión y aportan explicaciones basadas en evidencia y experimentación.
Entre los puntos abordados, se menciona que ciertos detalles tradicionales —como la ubicación de los clavos— han sido representados de forma distinta a la que sostienen algunos estudios y reconstrucciones: por ejemplo, se argumenta que la fijación habría sido en la zona de la muñeca para poder sostener el peso del cuerpo.
La muerte de Jesús: una investigación médica tiene una duración de 45 minutos. La investigación para este proyecto incluyó entrevistas internacionales como el instructor de biología Jay Zimmer (Gardner-Webb University (EE. UU.) ) en el marco de la documentación sobre las últimas horas de Jesús.

Con este estreno, Famiplay refuerza su propuesta de contenidos documentales y de análisis histórico-cultural, poniendo a disposición del público una obra que combina rigor divulgativo y una narrativa accesible para espectadores interesados en historia, ciencia y fe.
Su fiesta es el 19 de marzo y es bueno que nos fijemos de forma especial en la figura de San José. Para eso, ha señalado cuáles son las dos virtudes principales que definen al padre de Jesús: “José es el hombre que sabe acompañar en silencio” y es “el hombre de los sueños”.
Tanto San Mateo como San Lucas nos hablan de San José como de un varón que descendía de una estirpe ilustre: la de David y Salomón, reyes de Israel. Los detalles de esta ascendencia son históricamente algo confusos: no sabemos cuál de las dos genealogías, que traen los evangelistas, corresponde a María y cuál a San José, que era su padre según la ley judía. No sabemos si su ciudad natal fue Belén, a donde se dirigió a empadronarse, o Nazaret, donde vivía y trabajaba.
Sabemos, en cambio, que no era una persona rica: era un trabajador, como millones de otros hombres en todo el mundo; ejercía el oficio fatigoso y humilde que Dios había escogido para sí, al tomar nuestra carne y al querer vivir treinta años como uno más entre nosotros.
La Sagrada Escritura dice que José era artesano. Varios Padres añaden que fue carpintero. San Justino, hablando de la vida de trabajo de Jesús, afirma que hacía arados y yugos (S. Justino, Dialogus cum Tryphone, 88, 2, 8 (PG 6, 687).); quizá, basándose en esas palabras, San Isidoro de Sevilla concluye que José era herrero. En todo caso, un obrero que trabajaba en servicio de sus conciudadanos, que tenía una habilidad manual, fruto de años de esfuerzo y de sudor.

De las narraciones evangélicas se desprende la gran personalidad humana de José: en ningún momento se nos aparece como un hombre apocado o asustado ante la vida; al contrario, sabe enfrentarse con los problemas, salir adelante en las situaciones difíciles, asumir con responsabilidad e iniciativa las tareas que se le encomiendan.
La Iglesia entera reconoce en San José a su protector y patrono. A lo largo de los siglos se ha hablado de él, subrayando diversos aspectos de su vida, continuamente fiel a la misión que Dios le había confiado.
En palabras de San Josemaría, San José es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre.

Tratándole se descubre que el Santo Patriarca es, además, Maestro de vida interior: porque nos enseña a conocer a Jesús, a convivir con El, a sabernos parte de la familia de Dios. Este Santo nos da esas lecciones siendo, como fue, un hombre corriente, un padre de familia, un trabajador que se ganaba la vida con el esfuerzo de sus manos.
José obrero era un artesano de Galilea, un hombre como tantos otros. En su día solo había paternidad y trabajo, todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña, para reponer las fuerzas y recomenzar.
Pero el nombre de José significa, en hebreo, Dios añadirá. Dios añade, a la vida santa de los que cumplen su voluntad, dimensiones insospechadas: lo importante, lo que da su valor a todo, lo divino. Dios, a la vida humilde y santa de José, añadió la vida de la Virgen María y la de Jesús, Señor Nuestro.
Vivir de la fe, estas palabras se ven realizadas con creces en San José. Su cumplimiento de la voluntad de Dios es espontáneo y profundo.
Porque la historia del Santo Patriarca fue una vida sencilla, pero no una vida fácil. Después de momentos angustiosos, sabe que el Hijo de María ha sido concebido por obra del Espíritu Santo. Y ese Niño, Hijo de Dios, descendiente de David según la carne, nace en una cueva. Ángeles celebran su nacimiento y personalidades de tierras lejanas vienen a adorarle, pero el Rey de Judea desea su muerte y se hace necesario huir. El hijo de Dios es, en la apariencia, un niño indefenso, que vivirá en Egipto.
En su Evangelio, San Mateo pone constantemente de relieve la fidelidad de José, que cumple los mandatos de Dios sin vacilaciones, aunque a veces el sentido de esos mandatos le pudiera parecer oscuro o se le ocultara su conexión con el resto de los planes divinos.
En muchas ocasiones los Padres de la Iglesia hacen resaltar esta firmeza de la fe de San José. La fe de José no vacila, su obediencia es siempre estricta y rápida.

Para comprender mejor esta lección que nos da aquí el Santo Patriarca, es bueno que consideremos que su fe es activa. Porque la fe cristiana es lo más opuesto al conformismo, o a la falta de actividad y de energía interiores. En las diversas circunstancias de su vida, el Patriarca no renuncia a pensar, ni hace dejación de su responsabilidad. Al contrario: coloca al servicio de la fe toda su experiencia humana.
Fe, amor, esperanza: estos son los ejes de la vida del Santo y los de toda vida cristiana. La entrega de José de Nazaret aparece tejida de ese entrecruzarse de amor fiel, de fe amorosa, de esperanza confiada. Eso nos enseña la vida de San José: sencilla, normal y ordinaria, hecha de años de trabajo siempre igual, de días humanamente monótonos, que se suceden los unos a los otros.
A través del ángel, Dios mismo le confía a José cuáles son sus planes y cómo cuenta con él para llevarlos adelante. José está llamado a ser padre de Jesús; esa va a ser su vocación, su misión.
José ha sido, en lo humano, maestro de Jesús; le ha tratado diariamente, con cariño delicado, y ha cuidado de El con abnegación alegre.
Con San José, aprendemos lo que es ser de Dios y estar plenamente entre los hombres, santificando el mundo. Tratad a José y encontraréis a Jesús. Tratad a José y encontraréis a María, que llenó siempre de paz el amable taller de Nazaret.
José de Nazaret cuidó del Hijo de Dios y, en cuanto a hombre, le introdujo en la esperanza del pueblo de Israel. Y eso mismo hace con nosotros: con su poderosa intercesión nos lleva hacia Jesús. San Josemaría, cuya devoción a san José fue creciendo a lo largo de su vida, decía que Él es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre.
Dios exige continuamente más, y sus caminos no son nuestros humanos caminos. San José, como ningún hombre antes o después de él, ha aprendido de Jesús a estar atento para reconocer las maravillas de Dios, a tener el alma y el corazón abiertos.
La fiesta de San José pone ante nuestra mirada la belleza de una vida fiel. José se fiaba de Dios: por eso pudo ser su hombre de confianza en la tierra para cuidar de María y de Jesús, y es desde el cielo un padre bueno que cuida de la fidelidad cristiana.

La solemnidad de San José es el 19 de marzo y la fiesta de San José obrero(Día Internacional del trabajo) es el 1 de mayo. También está incluido en la Fiesta de la Sagrada Familia (30 de diciembre) y sin duda forma parte de la historia de la Navidad.
Son una costumbre de la Iglesia para preparar la fiesta del 19 de marzo. Dedicando al Santo Patriarca los siete domingos anteriores a esa fiesta en recuerdo de los principales gozos y dolores de su vida.
La meditación de los“dolores y gozos de san José” ayuda a conocer mejor al santo Patriarca y a recordar que también él afrontó alegrías y dificultades
Fue el Papa Gregorio XVI quien fomentó la devoción de los siete domingos de san José, concediéndole muchas indulgencias; pero S.S. Pío IX les dio actualidad perenne con su deseo de que se acudiera al Santo, para aliviar la entonces aflictiva situación de la Iglesia universal.
Un día, alguien preguntó a san Josemaría cómo acercarse más a Jesús: «Piensa en aquel hombre maravilloso, escogido por Dios para hacerle de padre en la tierra; piensa en sus dolores y en sus gozos. ¿Haces los siete domingos? Si no, te aconsejo que los hagas».
«¡Qué grandeza adquiere la figura silenciosa y oculta de san José –decía san Juan XXIII– por el espíritu con que cumplió la misión que le fue confiada por Dios. Pues la verdadera dignidad del hombre no se mide por el oropel de los resultados llamativos, sino por las disposiciones interiores de orden y de buena voluntad»
“Yo quisiera también decirles una cosa muy personal. Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y tengo en mi escritorio tengo una imagen de san José durmiendo.
Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de la figura del Santo para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema”.
No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección. Él protegió a la Inmaculada Madre de Dios y fue el padre de Jesús en la tierra. Sin embargo, no hay ninguna cita de él en los Evangelios. Más bien, fue un silencioso y humilde servidor de Dios que desempeñó su rol cabalmente.
Uno de los primeros títulos que utilizaron para honrarlo fue “nutritor Domini”, se remonta al menos al siglo IX.
Es el patrón de la Iglesia Universal, la buena muerte, las familias, los padres, las mujeres embarazadas, viajeros, inmigrantes, artesanos, ingenieros y trabajadores. Es también el patrón de las Américas, Canadá, China, Croacia, México, Corea, Austria, Bélgica, Perú, Filipinas y Vietnam.
A los 16 años fue atacado por unos piratas que se lo llevaron prisionero y lo vendieron como esclavo en Irlanda, a Milcho, un jefe del norte de la isla. Allí estuvo seis años cuidando ovejas. Y la Divina Providencia aprovechó este tiempo para espiritualizarlo y prepararlo para sus futuros apostolados, pues en aquellas soledades dedicaba mucho tiempo a la oración y a la meditación. Él dice en su libro llamado "Confesiones" que rezaba más de cien pequeñas oraciones diarias y que hacía más de cien veces la señal de la cruz cada día.
Después de haber rezado mucho a Dios para que le iluminara lo que debía hacer, una noche soñó que una voz le mandaba salir huyendo y llegar hasta el mar, donde un barco lo iba a recibir. Huyendo, caminó varios kilómetros a pie hasta llegar al mar.
Y allí encontró el barco, pero el capitán se negaba a transportarlo. Entonces se dedicó a orar con fervor y Dios cambió la voluntad del capitán, el cual aceptó llevarlo hasta Francia.
Al llegar a aquel país desembarcaron en una región deshabitada y después de caminar por varias horas, ya se sentían desfallecer de hambre y el capitán le dijo: "Tú que crees en Cristo, rézale a Él para que nos envíe algún alimento y no nos muramos de hambre". San Patricio se puso a rezar y poco después apareció por allí una manada de cerdos salvajes, y aquellos hombres cazaron y comieron en abundancia y dieron gracias a Dios, que había escuchado la oración de su siervo.
En Francia se hizo monje bajo la dirección de San Germán, el cual lo hizo instruirse en Sagradas Escrituras y dedicarse por largos tiempos a la oración y a la meditación. A veces en sueños le parecía oír voces de gente de Irlanda que le decía: "Ven a salvarnos". Se dedicó muchas horas a rezar, a leer y a meditar, preparándose para ser misionero.

Se fue a Roma a perfeccionar sus estudios y recibió la ordenación sacerdotal. Entonces el Papa Celestino le ordenó que se hiciera consagrar obispo para enviarlo de misionero a Irlanda. Lo consagró San Máximo, obispo de Turín, y enviado por el Sumo Pontífice se fue a Irlanda a misionar.
Al llegar a Irlanda, un jefe de tribus paganas se le acercó para darle un golpe y herirlo con una espada. El santo le hizo la señal de la cruz y la mano le quedó paralizada al atacante. Aquel jefe se convirtió después al catolicismo con muchos de sus súbditos. Al leer las crónicas antiguas se queda uno admirado con tantos prodigios y milagros con los que Dios favoreció a San Patricio.
Los sacerdotes de los paganos se le opusieron y un Sábado Santo, cuando nuestro santo encendió el fuego pascual, se lanzaron con toda su furia a apagarlo, pero por más que bregaron no lo lograron. Entonces uno de ellos exclamó: "El fuego de la religión que Patricio ha encendido, se extenderá por toda la isla".
Y se alejaron. Aquella frase se ha cumplido: la religión católica se extendió de tal manera por toda Irlanda, que aún hoy sigue siendo un país totalmente católico, iluminado por la luz de la religión de Cristo.
Una docena de veces fue hecho prisionero por los partidarios de las religiones paganas. Más de cinco veces trataron de asesinarlo. En sus Confesiones dejó escrito: "Cada día vivo con peligro de ser secuestrado, de ser atacado a muerte, o de ser robado. Pero confío en la misericordia de Dios y cumplo lo que dice el Salmo 55: "Coloca tus preocupaciones en manos de Dios. Que el cuidará de ti".
Los herejes pelagianos que andaban diciendo que para ser santo bastaba con proponérselo, encontraron en Patricio un gran adversario, porque él vivía predicando que solamente seremos buenos si Dios nos concede la gracia de serlo. Porque por nuestras solas fuerzas no somos capaces sino de ser pecadores y malos.
El repetía que si Dios no nos da sus ayudas muy especiales, no lograremos ser buenos y santos. Los pelagianos trataron muchas veces de asesinarlo, pero se notaba que había una intervención milagrosa de Dios que lo libraba de la muerte todas las veces que los enemigos de la religión trataban de quitarle la vida.

Patricio empleó unas técnicas muy especiales que le produjeron grandes éxitos en la evangelización. La primera fue: ganarse la simpatía de los jefes. La isla estaba habitada por diversas tribus. Y al jefe de cada tribu se esmeró nuestro santo por ganárselo. Si el jefe se convertía a nuestra religión, se convertían también muchos de sus súbditos.
Si no se convertía pero aceptaba ser amigo, ya se había ganado un gran terreno con eso, y por lo general sus hijas u otros familiares se convertían y ya quedaba el campo abierto para seguir evangelizando.
Otra de sus técnicas para evangelizar era emplear un lenguaje muy sencillo y un modo de hablar muy proporcionado a las gentes que lo escuchaban. Así por ejemplo, al hablarles de la Sma. Trinidad les presentaba la hoja del trébol, y les decía que así como esas tres hojitas forman una sola verdadera hoja, así las tres divinas personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, forman un solo Dios verdadero. El pueblo, lo que desea es entender, y al misionero Patricio todos le entendían. Por eso lo escuchaban con gusto.

Recorrió la isla durante treinta años enseñando religión, consagrando obispos y sacerdotes y fundando monasterios. Y tuvo la feliz idea de que el obispo de cada región fuera al mismo tiempo el Abad o superior del monasterio más importante de aquel sitio. Así cada obispo era un fervoroso religioso y tenía la ayuda de sus monjes para enseñar la religión al pueblo. Las vocaciones que consiguió para el sacerdocio y la vida religiosa fueron muchísimas.
Sus temas favoritos y preferidos al predicar eran las cualidades que Dios tiene (poder, sabiduría, bondad, misericordia, justicia, santidad, etc.) La redención que obró Jesucristo y sus consecuencias. La necesidad que tenemos de convertirnos y de hacer penitencia por nuestros pecados, y lo muy importante que es llenar nuestro día de pequeñas oraciones. Recomendaba muchísimo la señal de la cruz.
Logró reformar las leyes civiles de Irlanda, dejándoles todo lo bueno que tenían (que era mucho) pero añadiéndoles los principios cristianos, en vez de las enseñanzas paganas que antes las afeaban. Así consiguió que en el país toda la legislación fuera hecha de acuerdo con los principios católicos, lo cual ha contribuido a que esa nación se haya conservado firme en la fe por más de 15 siglos, a pesar de las tantas persecuciones.
Dicen sus biógrafos que Patricio era un hombre muy sencillo, con un gran espíritu de humildad. Un trabajador incansable y en su esfuerzo por extender la religión dicen que solamente se le puede comparar con los doce apóstoles o con los profetas del Antiguo Testamento. Cuando no estaba dedicado a predicar o a enseñar catecismo o a visitar enfermos, se dedicaba a la oración y a la meditación.
Su modo de tratar a la gente era extraordinariamente amable y bondadoso, y tenía una capacidad excepcional para perdonar a los que lo ofendían. Pero con los enemigos de la religión sí era fuerte e inexorable, y no les permitía difundir sus errores por los sitios donde el predicaba.
Dicen que esa fortaleza para no permitir a los enemigos del catolicismo que propagaran por allí sus herejías, ha sido una de las razones para que Irlanda se haya conservado tan católica.
San Patricio murió el 17 de Marzo del año 461. Que el nos obtenga de Dios la gracia de ser buenos católicos hasta el último momento de nuestra existencia en la tierra.
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Seán T. Ó Meallaigh interpreta al joven Patricio, y al santo ya mayor lo interpreta John Rhys-Davies, que ha sido Gimli (y la voz de Bárbol) en El Señor de los Anillos, rey de los elfos en las Crónicas de Shannara, el amigo musulmán de Indiana Jones y mil papeles aventureros más.
La película ha sido dirigida y escrita por Jarrod Anderson con el objetivo de dejar claro el sentido cristiano del personaje y despojarle de algunas leyendas que no tratan en realidad de la fe.
El director se ha documentado mucho sobre la época del santo, el hundimiento de la Britania romana en siglo V, con los historiadores Charles Doherty, Elva Johnson y los escritores Thomas O’Loughlin y el sacerdote Billy Swan. El Patricio que ve el espectador es un hombre que ha sufrido, ha crecido y se ha volcado como misionero en un pueblo muy alejado de la fe.

John Rhys-Davies (muy popular como el enano Gimli en El Señor de los Anillos) es San Patricio
"Soy galés y siempre me gusta recordar a mis amigos irlandeses que su santo patrón era originalmente galés", explica Rhys-Davies en una entrevista con Peter Chattaway. Luego matiza: era un britano previo a la invasión de los anglos y sajones, "se habría considerado un britano céltico". A Rhys-Davies le gusta la historia y le apasiona el personaje.
"Este hombre extraordinario toma una de las partes del mundo más primitivas, salvajes, brutales, paganas, con sacrificios humanos, y en un par de siglos, literalmente debido a él y a la cristianización de Irlanda, el país se convierte en la Atenas del norte, de una forma extraña, en el extremo del mundo civilizado, en la época que llamamos, neciamente, las Eras Oscuras. Es una de las grandes luces de aprendizaje y erudición", proclama el actor.
Rhys-Davies explica algo que le hizo pensar durante el rodaje: para escribir con pluma y tinta hay que pararse cada pocos segundos a mojar la tinta... y eso ayuda a pensarse las cosas. "No tenían nuestra habilidad de simplemente borbotear palabras, como hacemos; tenían que pensar", señala.

San Patricio era ciudadano romano en Britania, un adolescente de familia rica, secuestrado a los 16 años, esclavizado por piratas irlandeses. Aprendió a vivir como un esclavo, en pobreza, como pastor, durante 6 años. Rhys-Davies enumera sus logros. "Vivía en una colina desnuda, con apenas unas ropas de pieles para mantenerse medio helado. Es un gigante. Su cristianismo es práctico en las circunstancias más duras y terribles.
Lo suyo no son unos minutos de glamur, es toda una vida: de un origen privilegiado, ser secuestrado, maltratado como esclavo, tanto como un hombre puede sufrirlo, y reencontrando su fe, escapando... y con esa necesidad de volver con sus captores para convertirles y perdonarles. Es un gigante"
Gordon Robertson, productor de la película y CEO de The Christian Broadcasting Network (CBN), habló al Catholic World Report sobre su entusiasmo por el personaje.

Gordon Robertson explica por qué le admira el espíritu misionero de San Patricio
"Hace 25 años un amigo me regaló una copia de su 'Confesión', en que escribe de su vida. Yo era un misionero en la India, y el texto me habló. Predicó en un entorno de gente que no conocía a Dios ni la Escritura. Empecé a usar antes de predicar su famosa oración: 'Cristo conmigo, Cristo ante mí, Cristo detrás de mí, Cristo en mí, Cristo bajo mí, Cristo sobre mí...'".
Robertson señala que no sólo fue valiente al escapar de su esclavitud, sino, sobre todo, al decidir volver a evangelizar a sus captores. "Volvió sin armas, viajando por un país hostil, donde podían matarle o volverle a esclavizar, y cada día su vida estaba en riesgo", señala.
Le admiran dos cosas del santo que le hacen asombrosamente moderno. "En primer lugar, en su Carta a los soldados de Corotico, se opone con fuerza al tráfico sexual. También se mantuvo firme contra la esclavitud. Es fascinante, porque escribía en el siglo V". El productor espera que la película y el ejemplo del santo ayude a suscitar vocaciones misioneras.
"Decidimos usar sus propias palabras. Nos han llegado dos de sus escritos: su Confesión y su Carta a los Soldados de Corotico. La película se basa sobre todo en su confesión. Añadimos algunas cosas, como cuando enciende un fuego en una colina contra las órdenes del druida del rey. Pensamos que había fuentes históricas suficientes para apoyarlo. En esta película oyes lo que Patricio escribió de sí mismo. Incluso el título, 'I Am Patrick', se eligió porque así empieza su confesión".
El productor detalla que los escenarios -y todo lo demás- se filmó en Inglaterra e Irlanda, en lugares históricamente ligados al santo. "En Inglaterra construimos una villa romana, parecida a la que debió tener Patricio de joven. Su padre era un patricio romano que recaudaba impuestos", recuerda.

Por supuesto, el equipo de rodaje tuvo problemas con el clima, siempre lluvioso. Para la escena final lograron un momento soleado: "fue un momento especial".
Explica que al principio Rhys-Davies iba a ser sólo la voz del narrador, pero al escuchar sus textos, decidieron que interpretara también al santo anciano. Sean O’Meallaigh, que interpreta al santo en la mediana edad, había interpretado 10 años antes al Patricio joven en la televisión irlandesa y se conocía la historia.
"Si alguien cree que el Día de San Patricio es sólo cosa de cerveza y tréboles, está muy lejos del Patricio histórico", afirma el productor, que se declara fan del libro de Thomas Cahill "De cómo los irlandeses salvaron la civilización" (Belacqua, 2007), que describe el papel de los monasterios y misioneros irlandeses conservando la cultura, explorando y creando centros civilizadores.
FUENTE: www.religionenlibertad.com
Bajo la producción ejecutiva de Dallas Jenkins, esta serie de animación llega para llenar un vacío en la programación infantil con valores cristianos y una calidad técnica excepcional.
La inspiración para este proyecto nació de la propia esencia de la serie original. Jenkins explica que el episodio tres de la primera temporada de The Chosen, donde Jesús interactúa profundamente con los niños, fue el catalizador. "Ver a Jesús con los ojos de un niño es, en realidad, como Jesús a menudo quiere que lo veas", comenta el creador. Esa conexión emocional se traduce ahora en 14 episodios de unos 11 a 13 minutos de duración.

La trama nos sitúa en el año 30 d.C. en la ciudad de Cafarnaúm. Allí conocemos a Abby, una niña de 9 años desbordante de curiosidad, y a su fiel amigo Joshua. A través de sus ojos inocentes, exploramos la vida cotidiana del siglo I: desde los bulliciosos mercados hasta las regulaciones del Shabat. Sin embargo, su mundo cambia drásticamente cuando conocen a un sabio carpintero llamado Jesús, quien los invita a mirar la realidad desde una perspectiva llena de luz y esperanza.
Para mantener la cohesión con la serie madre, la producción cuenta con el elenco original. Jonathan Roumie vuelve a prestar su icónica voz a Jesús, permitiendo que los niños identifiquen al personaje con la misma calidez que los adultos. Junto a él, escuchamos a Elizabeth Tabish (María Magdalena), Paras Patel (Mateo) y George Xanthis (Juan).

La serie también introduce personajes diseñados para el alivio cómico y la conexión infantil, como una paloma y una oveja parlantes (con la voz del talentoso Paul Walter Hauser), que aportan un tono de humor slapstick y diálogos ingeniosos que incluso los padres disfrutarán.
En una era dominada por algoritmos y contenidos digitales vacíos, Aventuras con The Chosen surge como una herramienta pedagógica. Muchos padres cristianos enfrentan la ansiedad de gestionar el "tiempo de pantalla" de sus hijos. Esta serie ofrece un respiro, proporcionando un contenido que no solo enseña letras o números, sino los principios de una fe incipiente.
Los episodios abordan temas universales como la amistad, el perdón, el manejo del enfado ante los acosadores y la importancia de la oración.
Es un enfoque respetuoso que adapta la complejidad de los Evangelios a la sensibilidad de los más pequeños sin perder la profundidad teológica.
La serie no rehúye la complejidad histórica. Al estar ambientada en un mundo judío bajo autoridad romana, los niños se encontrarán con términos y contextos que pueden generar preguntas: ¿Por qué las niñas no asistían a las mismas clases que los niños? ¿Por qué los recaudadores de impuestos eran tan impopulares? Aquí es donde el papel del padre como narrador y guía se vuelve fundamental, convirtiendo el visionado en una oportunidad de discipulado activo en el hogar.

Aunque la animación es sencilla y colorida, el mensaje es profundo. Las lecciones finales de cada episodio recuerdan a los niños que, incluso cuando se sienten solos o ignorados, Dios está con ellos. Es una formación que busca crear "pequeños eruditos bíblicos" capaces de entender que la fe es una relación auténtica y llena de preguntas.
En España, los espectadores pueden encontrar la serie en acontra+, la plataforma de A Contracorriente Films. El despliegue de los episodios comenzó el 24 de diciembre, completándose la temporada a principios de enero de 2026. Además, está disponible en Amazon Prime Video y en la plataforma especializada en contenido infantil cristiano Minno.
La accesibilidad es total, ya que acontra+ es compatible con web, iOS, Android, Apple TV, Android TV y Amazon Fire TV. Esto permite que la historia de Jesús llegue a cualquier rincón, ofreciendo una manera entretenida, luminosa y accesible de acercar a las nuevas generaciones la historia más grande jamás contada.
fuente: el debate y catholic word report
Ben-Hur es una de esas películas inolvidables. William Wyller dirige la adaptación de la novela de Lewis Wallace exprimiendo todo su aparato épico en un filme paradigma de las superproducciones de los dorados cincuenta.
Además, Ben-Hur, por sus continuas reposiciones en Semana Santa, es una de esas películas que casi todos habremos visto alguna vez.

La película cuenta la historia de dos amigos de la infancia. Uno de ellos, Judá Ben-Hur (Charlton Heston), es un príncipe judío de respetable posición entre su pueblo; el otro es Mesala (Stephen Boyd), un centurión romano.
El conflicto surge cuando después de varios años sin verse, Mesala vuelve a la casa de Ben-Hur con la intención de pedirle su ayuda para controlar las rebeliones de los judíos en Jerusalén.
Sin embargo, Judá, por lealtad a su pueblo, no accede a la petición pese a las súplicas de Mesala.

Es entonces cuando, a raíz de un accidente en el que el nuevo gobernador de la ciudad resulta herido, Mesala se venga de la negativa de Judá metiendo a su madre y a su hermana en la cárcel y mandándolo a él a galeras.
Durante el resto de la historia se nos cuenta la lucha de Ben-Hur para volver a su patria y ajustar cuentas con Mesala.


«Pido a Dios permita mi venganza y te conserve la vida hasta mi regreso»
Judá está decidido a vengar la injusta condena perpetrada por Mesala, pero acaba sufriendo una evolución hacia el perdón. Esto se da gracias a varios puntos de inflexión a lo largo del filme, de los cuales el primero y el último son dos encuentros de Ben-Hur con Jesucristo (gran narración circular de Wyler).
Esta es la clave de la cinta, lo que la convierte en una película memorable, de ésas que deja poso. El gran reflejo de esta transformación que sufre el personaje de Judá es lo que hace que la interpretación de Charlton Heston sea sencillamente magistral.

Cabe destacar también el genial papel del domador de caballos (el oscarizado Hugh Griffith), que ayuda a Ben-Hur a encauzar la fuerza de su venganza.
Por último, pero no menos importante, no podemos olvidarnos de la maravillosa batuta de Miklós Rózsa, que le da a la película ese aire de épica y que nos ayuda a profundizar en los conflictos humanos de la historia. Destacan la pieza de romance y la que suena cuando aparece Cristo.

Llegados a este punto, no podemos olvidarnos de la inmortal escena de la carrera de cuádrigas. Cinco semanas hicieron falta para que Wyller quedase satisfecho. Pero mereció la pena, pues es una de las escenas más conocidas de la historia.
Impresiona la trepidación y el dinamismo que Wyller consigue con unos medios totalmente artesanales. Como curiosidad, ostenta el título de ser la escena con más extras de la historia, nada menos que 15.000.
En resumen, un magistral film con escenas para la posteridad, grandes interpretaciones y once Óscars de la Academia que la avalan como una de las grandes películas de toda la historia.

«Roma es una afrenta a Dios. Roma esclaviza hoy a mi raza, a mi país, a la Tierra toda. Pero no para siempre. Y ahora te digo que el día que caiga Roma resonará un grito tan grande de libertad como jamás se haya oído hasta entonces en el mundo».
Considerando que el arte paleocristiano fue el desarrollado durante las primeras comunidades cristianas alrededor de los siglos II y III hasta que el Imperio Romano de Occidente cayera en el 476 d.C.
Las tierras que daban al mediterráneo eran dominadas, desde el siglo V a.C. hasta el siglo V d.C., por Roma. Fue durante todo este milenio que el arte Romano caracterizaba a la cultura.
Pese a estas características romanas, comenzó a surgir en el siglo I d.C. en la provincia de Judea un movimiento que se conoció (incluso aún hoy día) como cristianismo.
Lo que se pretendía con este movimiento era reformar el judaísmo, lo que no era de mucho agrado para el Imperio Romano. Es durante los próximos tres siglos que se les perseguiría constantemente y con gran fervor por los emperadores.
Todo esto trae consigo la razón por la que no se desarrollaran las primeras iglesias como grandes construcciones, sino que se trataba de viviendas típicas pero adaptadas al culto, especialmente las llamadas Domus Ecclesiae.
Basílica de San Juan y San Pablo en Roma. Su lugar de edificación se realizó sobre una antigua Domus Ecclesiae. Crédito: Depositphotos.
Es allí donde los cristianos realizaban sus eucaristías sin que fueran descubiertos. Estas iglesias clandestinas no tenían símbolos que las identificaran, sino que eran casas típicas. Si se diera el caso de que la casa fuera donada por su propietario a la iglesia, se le llamaba Títulus. Todo este contexto es que lleva al nacimiento del arte paleocristiano, o arte cristiano primitivo.
El desarrollo del arte paleocristiano se da entre los siglos II y V después de Cristo primordialmente, en el que se diferencias dos etapas. La primera etapa es la época de persecución y luego, la segunda etapa, será la de libertad religiosa.
El primer periodo del arte paleocristiano se desarrolló a partir de finales del siglo II y durante el siglo III después de Cristo.
Fue durante toda esta etapa que los cristianos eran perseguidos por el imperio, siendo dos de sus manifestaciones artísticas y arquitectónicas de mayor importancia los Domus Ecclesiae y los Cimeterios, mejor conocidos como cementerios.
Durante la primera etapa del arte paleocristiano el más típico desarrollo de su arquitectura fueron las catacumbas. Estas eran básicamente cementerios subterráneos donde los cristianos enterraban a sus muertos y realizaban algunos rituales.
Estas catacumbas consistían en pasillos estrechos a los cuales llamaban Ambulacrum que contenían muchos nichos en sus paredes, estos se llamaban Locull. Los cuerpos de los mártires tenían nichos que eran especiales realizados en forma de arco, llamados arcosolium.
En las catacumbas había zonas un poco más espaciosas, como los cubículos para la realización de algunas liturgias. En algunas de estas catacumbas los cristianos solían pintar escenas bíblicas, tales como Jesucristo y la Virgen María, por ejemplo.

Eran figuras muy sencillas, algunas se pueden observar las Pinturas de la Catacumba de Comodila, todas solían ser muy frontales y con ausencia de profundidad y perspectiva.
No hayamos esculturas en este primer periodo del arte paleocristiano, porque los cristianos las vinculaban con el paganismo, siendo muy mal vistas y, por lo tanto, ausente en sus manifestaciones.
Sin embargo, poco a poco surgiría un mundo simbólico nuevo en el que destacaría El buen pastor. Esta escultura es una de las primeras representaciones de Cristo.

El símbolo del pez se hace famoso, o ichtus (también ichthys), el cual se asociaba secretamente a Cristo. Este símbolo sería el que ayudaría a los cristianos a reconocerse entre sí, secretamente, a donde sea que fuesen.

También la vid sería el que dejara de representar a Baco para convertirse en u símbolo de la sangre de Cristo, e incluso la paloma que simbolizaría la resurrección. En Grecia, hacia el siglo III, surgió el Crismón, un monograma de Cristo que unía la X y P, las iniciales de Cristo en griego.
Fueron casi 300 años de persecución hacia los cristianos. Después de ello, el emperador Constantino I decidió promulgar el Edicto de Milán en 313, con lo que se permitiría la libertad de culto, tras una ardua lucha que dejó decenas de mártires del cristianismo.
Pasarían 70 años para que el emperador Teodosio I convirtiera al cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano con el Edicto de Tesalónica en 380.
El arte paleocristiano, gracias al Edicto de Tesalónica, se pudo expresar con mayor libertad, lo que generó su evolución. Las nuevas congregaciones cristianas cada vez serían más numerosas, no tenían ya por qué esconderse en catacumbas y domus ecclesiae, y se comenzaron a construir las primeras basílicas cristianas.
Muchas de las basílicas cristianas construidas durante el segundo periodo, especialmente en sus inicios, fueron cedidas por el emperador Constantino para el culto a los cristianos, especialmente al considerar que estas basílicas romanas no estaban destinadas a ningún dios, sino que eran lugares para actividades comerciales y judiciales.
Estas basílicas constaban de tres a cinco naves separadas por columnas, donde los devotos escuchaban la misa de pie. Al parecer, no se les ocurrió sino hasta la Edad Media, colocar bancos para sentarse. Al final de esta nave se encontraba el prebisterio, siendo allí donde el sacerdote impartía los sacramentos, mientras que al fondo estaba una cabecera en forma de ábside.
Este ábside semicircular era la parte de mayor importancia de las basílicas cristianas, considerando que era el lugar donde se encontraba el altar. Había, además, una nave transversal llamada transepto, cuya función era buscar la reproducción de la cruz de Cristo en esta planta basilical.
Sobre estas naves laterales se encontraban galerías llamadas matroneum destinadas a las mujeres. Por otro lado, estaba el vestíbulo, también llamado nártex o pórtico que precede a las naves, era el lugar donde las personas que se encontraban iniciándose en el cristianismo, y que además no habían sido bautizadas, podían presenciar parte de las misas.
Las basílicas paleocristianas más representativas se encontraban en Roma, siendo la que más destaca la Antigua Basílica de San Pedro, en el Vaticano, aunque ya no sea como lo fue en esta época, sino como la conocemos hoy.

Otra que también sería una basílica paleocristiana en sus inicios San Juan de Letrán, aunque en la actualidad esté reformada y completamente diferente en su fachada. Otra gran basílica de Roma en su época paleocristiana fue la de San Pablo Extramuros, que ahora también se encuentra reformada, entre otras que, aunque no conserven sus características iniciales, sí están en pie, aunque reformadas.
Los baptisterios fueron otra de las construcciones típicas del paleocristiano. Estos, eran generalmente edificios octogonales ubicados al lado de las basílicas. Tenían la pila bautismal en el centro, donde bautizaban a las personas.
Dentro de los mausoleos paleocristianos que destacan está el Mausoleo de Santa Constanza en Roma, quien era la hija de Constantino. Asimismo, encontramos también sarcófagos con relieves bíblicos, como el dogmático e incluso el Sarcófago de Junio Baso, los cuales hoy se conservan en las Criptas Vaticana.

Igualmente destacan la Antigua Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén, y los martyriums, que eran como ermitas que protegían los restos de mártires cristianos, o como simple lugar sagrado simplemente por ser el lugar de la muerte de un mártir.
El supermaterialismo de la sociedad romana y su antropocentrismo radical adaptaron la forma griega del helenismo clásico. El arte romano de los llamados paganos servía al servicio de un pueblo triunfante, pero no tenían el idealismo estético de Grecia.
Con los conceptos espirituales establecidos por los cristianos tales como el amor de Dios, la bondad y el más allá, entre otros, la estética del arte romano se destinó a cambiar. Es ahora cuando el arte debe crearse pensando en los ojos del alma más que en los ojos del cuerpo.
Es por ello que, el camino del arte cristiano se inicia, cuyo tránsito conduce hacia el arte bizantino en Oriente, y al arte medieval propiamente: el Prerrománico y el Románico.
Dado que la esencia es más importante que el cuerpo, la estética se convierte en temperamento y los detalles anatómicos de los personajes son ignorados.
Comenzó la estética a disminuir en tanto a su protagonismo, elevándose el espacio y el tiempo, poniendo la mayor atención sobre la materia. Ya no es una búsqueda de la reproducción del mundo material, sino una ventana que se abre a la espiritualidad y la divinidad.
En el caso de los retratos, no se olvidó la historia de los pasajes bíblicos, aunque sí nació el arte simbólico, porque lo básico es pensar en personajes que fueran más allá del ámbito espiritual, llegando a trascender. Por lo tanto, aparecieron muchos símbolos, o se usaron muchos otros ya existentes, aunque con diversas diferencias.

Dentro de estos nuevos símbolos, el Crismón se destaca y será ampliamente utilizado en los primeros días del cristianismo romano.
Además de la arquitectura, el arte paleocristiano tiene dos expresiones artísticas más importantes en los mosaicos de tumbas y esculturas funerarias. La técnica del mosaico paleocristiano fue la misma que en el periodo anterior, pero la iconografía cambió. Se elijen temas con un fuerte significado simbólico y de naturaleza religiosa.
Por otro lado, en el sarcófago cristiano del siglo IV y principios del V, a diferencia del sarcófago cristiano del siglo III que solo nos proporcionaba aspectos específicos de la doctrina cristiana, pretendía resumir los principios básicos del cristianismo en su conjunto.
Es importante saber que los sarcófagos se leen de izquierda a derecha. Si tienen dos registros, se debe leer primero el registro superior, y luego leer el registro inferior.
Luego de la invasión de los pueblos bárbaros del norte, el Imperio Romano terminaría dividido. La parte occidental terminó por ser conquistada en su totalidad en el año 476.
Sin embargo, la parte oriental sobreviviría durante mil años más. Aunque éstos seguirían llamándose a sí mismos romanos, ese imperio se conoce hoy día como Imperio Bizantino.
Fue el primero de los patriarcas postdiluvianos, de judíos, cristianos y musulmanes, padre de Ismael, Isaac, Madián y de muchos otros hijos que dieron origen a varias comunidades orientales. Nació en Ur situada en Caldea, cerca a la desembocadura del río Éufrates y murió y fue enterrado en Hebrón. En Ur se casó con Sara.
Abraham contaba con 75 años de edad cuando recibió la orden de Yahvé de dejar la nación idólatra a la que pertenecían sus antepasados, su familia y la casa de su padre. Tenía que dirigirse a la tierra de Canaán.
A cambio Yahvé le prometió que él y su descendencia serian benditos: Los que les bendijeran serían benditos, y malditos los que les maldijeran.

Salió de la ciudad de Ur con su padre y su sobrino Lot, y permaneció varios años en Harán, hasta la muerte de su padre. Desde Harán emigró con Sara y Lot, sus seguidores y rebaños, hasta Siquem, región de Canaán, donde Yahvé dio tierra a él y a su descendencia.
De Harán a Canaán había la ruta de Damasco, que muy posiblemente tomó Abraham al dirigirse al sur.
Durante los primeros diez años de sus peregrinaciones en Canaán, Abraham levantó sus tiendas en Siquem. Allí edificó un altar a Yahvé. Pasó después a Bet-el, donde erigió otro altar, también en nombre de Yahvé.
Tras un período pasado en Egipto, Abraham, Sara su esposa, y su sobrino Lot, fueron expulsados de Gerar, y regresaron a Bet-el en Canaán. Allí vivieron durante algún tiempo. Debido al gran incremento de sus riquezas en ganado, surgieron riñas entre sus pastores y los de Lot, por lo que decidieron separarse.
Abraham cedió a Lot el derecho de elegir a dónde dirigirse, y éste se decidió por la fértil tierra al este del río Jordán y cerca de Sodoma y Gomorra. Abraham entonces se estableció en el encinar de Mambre, en Hebrón.
Yahvé prometió que le daría toda la tierra que alcanzara a ver, a él y a su descendencia. Abraham vivió en Mambre al menos 15 años.
Hebrón es una desconocida joya histórica en el corazón de un viejo conflicto. Su declaración como patrimonio de la humanidad por la Unesco da brillo a una urbe de piedra caliza
La antigua Hebrón es una desconocida joya de la historia. Ciudad abierta que nunca fue amurallada, santuario milenario para las tres religiones monoteístas, inmemorial etapa de caravanas comerciales. Pocos conocen los secretos que se esconden entre el dédalo de callejuelas que parten de la mezquita de Ibrahim, para el islam, o Cueva de los Patriarcas, para el judaísmo.

Centro de peregrinación ante las veneradas tumbas de Abraham, Isaac y Jacob —y de sus respectivas esposas Sara, Rebeca y Lea—, de acuerdo a la tradición del Antiguo Testamento. La declaración del casco histórico de Hebrón como Patrimonio de la Humanidad en peligro, adoptada por la Unesco el 7 de julio, sacudió como un tsunami los vetustos cimientos de la mayor ciudad de Cisjordania.
"SEÑOR, CUARENTA ENTRAMOS EN LA BATALLA, CUARENTA CORONAS TE PEDIMOS"
Era una fría noche en el campamento de Sebaste. Cuarenta jóvenes de unos veinte años, pertenecientes a la legión XII, conocida como Fulminata. Tras haber sido fieles a su religión, fueron condenados por el emperador Licinio a morir por congelación. A pesar de esto, estos cuarenta soldados afirmaron que ningún tormento les apartaría de su religión fe en Cristo.
El entonces emperador Licinio mandó publicar un decreto en el que se recogía que todo aquel que no renegara de su religión y pasara a adorar a los ídolos de la ciudad, sería condenado a muerte. En ese momento, cuarenta soldados de la XII Legión Fulminata se manifestaron delante del gobernador, declarando que ellos no estaban dispuestos a abandonar su religión.

El gobernador no podía creer lo que estaba escuchando. Les explicó sus intenciones. Si no renegaban sufrirían insoportables tormentos, en cambio, si pasaban a adorar a los ídolos, recibirían grandes premios. Esto no hizo cambiar de opinión a los valientes soldados, que aceptaron con gran coraje el cumplimiento de cualquier tipo de castigo al que el gobernador les sometiese.
Los cuarenta valientes fueron llevados a un oscuro calabozo, donde también fueron torturados. Nada de esto les hizo cambiar de parecer. La prisión se prolongó mucho tiempo, probablemente porque se aguardaban órdenes de comandantes superiores o incluso -dada la gravedad del caso- del mismo Licinio. Durante esta espera los presos, previendo su fin, escribieron su 'testamento' colectivo por mano de uno de ellos, Melecio.
En este insigne documento, profundamente cristiano, los que iban a morir exhortan a parientes y amigos a desatender los bienes caducos de la tierra para preferir los bienes espirituales; saludan después a las personas que les son más queridas. El documento trae, como de costumbre, los nombres de los cuarenta mártires, y de ahí los nombres fueron copiados después en otros documentos, con pequeñas divergencias de grafía.
Una vez llegada la sentencia, los cuarenta fueron condenados a morir de aterimiento: debían estar expuestos desnudos por la noche, en pleno invierno, sobre un estanque helado, y ahí aguardar su fin. El lugar elegido para la ejecución parece que fue un amplio patio delante de las termas de Sebaste, donde los condenados serían sustraídos a la curiosidad y a la simpatía del público y a la vez vigilados por los empleados de las termas.
Más tarde, sobre el lugar del martirio se construyó una iglesia, y justamente en esta iglesia parece que San Gregorio de Nisa pronunció sus discursos en honor de los mártires. Sobre esa explanada helada, a una temperatura bajísima, los tormentos de esos cuerpos desnudos debieron de ser espantosos.
Para aumentar el sufrimiento de las víctimas, había sido dejado abierto de intento el ingreso de las termas, del cual salían juntamente con la luz los chorros de vapor del calidarium: para los martirizados era una visión potentísima, puesto que bastaban pocos pasos para salir de las angustias y recuperar esa vida que se estaba yendo de sus cuerpos minuto a minuto.

Las horas pasaban terriblemente monótonas: ninguno de los condenados se alejaba de la explanada helada. San Basilio nos cuenta que se animaban mutuamente a permanecer fieles hasta la muerte con esta oración: “Señor, cuarenta entramos en la batalla, cuarenta coronas te pedimos”.
Los soldados que los custodiaban asistían como estupefactos a la escena. De repente uno de los condenados, extenuado por los espasmos, salió del estanque y se arrastró hacia la puerta iluminada. Al ver esto, uno de los vigilantes, movido por la entereza de los mártires, decidió reemplazar él mismo al cobarde completando nuevamente el número de cuarenta.
Después de quitarse los vestidos, se proclamó cristiano y se tendió sobre el hielo entre los otros condenados, muriendo juntamente con sus compañeros de suplicio. Era el 9 de marzo del año 320.
El martirio de los cuarenta soldados de la legión XII Fulminata fue muy celebrado en la antigüedad cristiana por la valentía de los mismos y su constancia en medio de los tormentos.
La veneración hacia los Cuarenta Mártires fue muy popular en Oriente, aunque también en Occidente fue extendiéndose paulatinamente. Son un gran ejemplo de unidad y de fraternidad, así como de fortaleza y fidelidad.
Ver en Wikipedia
"Allá en el estrado sucederá lo que Dios quisiere; pues has de saber que no estamos puestos en nuestro poder sino en el de Dios."
Las santas mártires Felicidad y Perpetua se encuentran entre las figuras más destacadas de los primeros siglos del cristianismo. El acta de su martirio fue uno de los documentos más difundidos en la Iglesia en su tiempo.
Murieron en Cartago, el 7 de marzo del 203, junto con tres compañeros: Revocato, Saturnino y Segundo. Los detalles del martirio de estos santos de la Iglesia Norte Africana ha llegado hasta nosotros gracias a una descripción genuina y contemporánea, y es uno de los acontecimientos más conmovedores de la gloriosa lucha de los mártires en los tiempos antiguos. Por un decreto de Séptimo Severo (193-211) se prohibía a todos los súbditos del imperio, bajo severas penas, convertirse al cristianismo.

A raíz de este decreto, cinco catecúmenos de Cartago fueron capturados y llevados a prisión. Ellos fueron Vibia Perpetua, una joven de 22 años, casada y de noble cuna; su esclava Felicidad, que estaba embarazada; su joven compañero, también esclavo, Revocato, Saturnino y Segundo. Pronto Sáturo, quien los había introducido en la fe, deliberadamente se declaró cristiano ante el juez, y también fue encarcelado. El padre de Perpetua era pagano; su madre, sin embargo, y dos de sus hermanos, eran cristianos, uno de ellos catecúmeno; un tercer hermano, el niño Dinocrates, había muerto como pagano.
Después de su arresto y antes de que fueran llevados a prisión, los cinco catecúmenos fueron bautizados. Los sufrimientos de la vida en prisión, los intentos del padre de Perpetua de inducirla a la apostasía, las vicisitudes de los mártires antes de su ejecución, las visiones de Sáturo y de Perpetua en sus calabozos, fueron exhaustivamente puestas por escrito por estos dos últimos. Poco después de la muerte de los mártires otro cristiano añadió a este documento un relato de su ejecución.
La oscuridad de su prisión y la atmósfera opresiva producían un temor en Perpetua que se veía incrementado por la ansiedad que sentía por su pequeño hijo a quien había dejado. Dos diáconos lograron llegar hasta los prisioneros y aliviar, en cierta forma, sus sufrimientos. También la madre de Perpetua y su hermano aún catecúmeno los visitaron. Su madre llevaba al hijo de Perpetua, ya que se le había permitido alimentarlo y mantenerlo en prisión junto a ella.
Pocos días después el padre de Perpetua al escuchar el rumor de que el juicio de los prisioneros cristianos pronto tendría lugar, visitó nuevamente la prisión y le suplicó no traer esta desgracia a su nombre, pero Perpetua se mantuvo fiel a su fe.
Al día siguiente tuvo lugar el juicio de los seis prisioneros, ante el Procurador Hilariano.

Los seis confesaron resueltamente su fe cristiana. El padre de Perpetua, llevando en brazos el hijo de ésta, se le acercó nuevamente y trató, por última vez, de inducirla a la apostasía; el procurador también razonó con ella, pero fue en vano. Ella se rehusó a hacer un sacrificio a los dioses para la protección del emperador. El procurador, por tanto, sacó al padre por la fuerza, momento en el cual él fue azotado.
Los cristianos fueron condenados a ser despedazados por las bestias durante el festival por el cumpleaños del emperador y dieron gracias a Dios por ello. Fueron transferidos a la prisión del campamento. El carcelero Pudente había aprendido a respetar a los confesores, y permitió que otros cristianos los visitaran. También se permitió el acceso al padre de Perpetua, quien trató nuevamente, de manera infructuosa, de convencerla.
Segundo, uno de los confesantes, murió en prisión. Felicidad, quien al momento de su encarcelamiento, contaba con ocho meses de embarazo, pensaba que no se le permitiría sufrir martirio junto con los demás, ya que la ley prohibía la ejecución de una mujer embarazada. Dos días antes de los juegos dio a luz a una niña, que fue adoptada por una mujer cristiana. El 7 de marzo, los cinco prisioneros fueron llevados al anfiteatro.
A petición de la muchedumbre pagana, primero fueron azotados; luego, un jabalí, un oso y un leopardo se colocaron frente a los hombres, y una vaca salvaje frente a las mujeres. Heridos por los animales salvajes, se dieron uno a otro el beso de la paz, y fueron pasados por la espada.
Sus cuerpos fueron enterrados en Cartago. Su día de fiesta fue solemnemente conmemorado incluso fuera de África. Así, los nombres de Felicidad y Perpetua ingresan al calendario Filocaliano: el calendario de los mártires venerados públicamente en el siglo IV en Roma. Posteriormente, se construyó una magnífica basílica sobre su tumba: la Basílica Mayor. Esto fue comprobado por las excavaciones de Pere Delattre, quien descubrió allí una antigua inscripción con el nombre de las mártires.
La fiesta de estas santas se celebra el 7 de marzo y sus nombres fueron añadidos al Canon Romano. La descripción en latín de su martirio fue descubierta por Holstenius, y publicada por Poussines. Los capítulos III-X contienen la narración de Perpetua; los capítulos XI-XIII las de Saturo; los capítulos I, II, y XIV-XXI fueron escritos por un testigo ocular poco después de la muerte de los mártires.

