En el hemisferio sur, donde enero es un período de vacaciones, las iglesias celebran la Semana de Oración en otras fechas, por ejemplo, en el momento de Pentecostés, un período igualmente significativo para la unidad de la Iglesia. Más allá de la fecha, es importante que a lo largo del año tratemos de encontrar la oportunidad de rezar juntos para buscar la unidad de los cristianos.
El Comité Internacional nombrado por el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (DPCU) y la Comisión de Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) para la revisión y elaboración del material de la Semana 2025, se reunió en Italia, en el Monasterio de Bose, en la provincia de Biella, del 11 al 15 de septiembre de 2023.
De hecho, la redacción del manual había sido confiada a la comunidad monástica de Bose, que había designado a un grupo de hermanos y hermanas de la Comunidad para que redactaran el primer borrador del texto. Durante la reunión, este grupo local colaboró con el Comité Internacional para la revisión final del texto. La reunión fue copresidida por el reverendo Mikie Roberts, del CMI en Ginebra, y el reverendo Martin Browne, OSB, de la DPCU.
—¿Crees esto? (Jn 11,26) es el texto bíblico de referencia para la Semana que se inspira en el diálogo entre Jesús y Marta, durante la visita de Jesús a la casa de Marta y María en Betania, después de la muerte de su hermano Lázaro, narrado por el evangelista Juan. Jesús conduce a Marta a creer en la resurrección y revela su identidad como el Mesías: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (vv. 25-26).
Después de esta afirmación, Jesús le hace a Marta una pregunta personal muy directa y profunda: «¿Crees esto?» (vers. 26). Al igual que Marta, los primeros cristianos no podían permanecer indiferentes o pasivos ante estas palabras de Jesús que tocaban y escrutaban sus corazones; trataron de dar una respuesta comprensible a la pregunta de Jesús: «¿Crees esto?» Así, los Padres Nicenos se esforzaron por encontrar las palabras adecuadas para expresar el Misterio de la Encarnación y la Pasión, Muerte y Resurrección de su Señor en su totalidad.

En la espera de su retorno, los cristianos de todo el mundo estamos llamados a testimoniar juntos esta fe en la resurrección, que es fuente de esperanza y alegría, que debe ser compartida con todos los pueblos.
Es especialmente significativo que este año, en el que se celebra el 1700 aniversario del primer Concilio ecuménico de los cristianos tenido en Nicea en el año 325 d.C. Esta conmemoración ofrece la oportunidad de reflexionar y celebrar la fe de los cristianos, tal como se expresa en el Credo formulado durante ese Concilio, una fe que sigue viva y fecunda hoy.
La Semana de Oración 2025 nos invita, por tanto, a aprovechar esta herencia compartida y a profundizar más en la fe que nos une como cristianos. Vivir juntos la fe apostólica no significa reapertura de las controversias teológicas de aquel tiempo, que han perdurado a lo largo de los siglos, sino hacer una relectura, en oración, de los fundamentos de la Palabra de Dios y las experiencias eclesiales que condujeron a la celebración del Concilio y motivaron sus decisiones.
En el aniversario del Concilio de Nicea, la Celebración ecuménica de la Palabra de Dios de la Semana se centra en el significado de creer y en la afirmación de la fe, tanto personal como comunitaria: «Creo» y, juntos, «Creemos».
Los subsidios (en varios idiomas) incluyen una introducción al tema, un servicio ecuménico, una selección de lecturas breves y oraciones para cada día de la Semana.
Teniendo en cuenta el significado ecuménico del año 2025, también se han incluido breves textos patrísticos, en su mayoría del primer milenio, para ofrecer una visión de la reflexión cristiana de la época y para ayudar a situar las definiciones del Concilio de Nicea en el contexto en el que se originaron y por el que estuvieron influenciadas. Este material se puede utilizar de diversas maneras, no solo para la Semana de Oración, sino durante todo el año 2025.
Link para los materiales:
Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos
«La Policía te arresta y luego te hace preguntas mientras estás sentado en una celda», asegura Todd Nettleton, líder de la misión La Voz de los Mártires en Estados Unidos. Es solo una de las voces que se han alzado contra la creciente persecución a la que se ven sometidos los cristianos en la India. Según el Foro Cristiano Unido (UCF), entre enero y septiembre de 2024, los cristianos fueron víctimas de 585 incidentes, un récord histórico de persecución contra seguidores de Cristo.
«Antes de sentenciar un caso, los creyentes son arrestados y, en algunas ocasiones, permanecen en prisión durante meses o incluso años», denuncia Nettleton. La hostilidad hacia los cristianos se ha intensificado desde que el Primer Ministro Narendra Modi ganara su tercer mandato.
Numerosos obispos católicos y pastores evangélicos aseguran que los ataques y el acoso contra sus comunidades religiosas aumentó en 2024, impulsados por una creciente hostilidad, en especial en aldeas remotas de los estados del norte dominados por los hinduistas. El estado de Rajasthan, por ejemplo, aprobó un proyecto que podría castigar con penas de prisión de hasta 10 años para personas acusadas de supuestas conversiones religiosas forzadas.
Los cristianos de la India «no pueden profesar, practicar y propagar su fe en libertad, como consagra la Constitución, a causa de las injerencias, intimidaciones y atrocidades» que provocan los fundamentalistas hindúes, según ha denunciado el obispo de Lucknow, monseñor Gerald Mathias.
Según ha explicado el prelado indio a Asia News, «el número de ataques contra los cristianos y sus reuniones de culto va en aumento». La excusa que esgrimen los integristas hindúes siempre es la misma: incitar a sus correligionarios a convertirse al cristianismo.
Son unos días de súplica a la Santísima Trinidad pidiendo el pleno cumplimiento de las palabras del Señor en la Última Cena: “Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Juan 17,11). La oración de Cristo alcanza también a quienes nunca se han contado entre sus seguidores. Dice Jesús:
"Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño con un solo pastor" (Juan 10, 16).
En el Octavario por la Unión de los Cristianos pedimos por nuestros hermanos separados; hemos de buscar lo que nos une, pero no podemos ceder en cuestiones de fe y moral. Junto a la unidad inquebrantable en lo esencial, la Iglesia promueve la legítima variedad en todo lo que Dios ha dejado a la libre iniciativa de los hombres. Por eso, fomentar la unidad supone al mismo tiempo respetar la multiplicidad, que es también demostración de la riqueza de la Iglesia.

En el Concilio de Jerusalén, al tratar de los preceptos, los Apóstoles decidieron no imponer “más cargas que las necesarias” (Act XV, 28). Con ocasión de este octavario podemos dar un paso en ese identificarnos con los mismos sentimientos de Jesús. Concretar oración y mortificación pidiendo por la unidad de la Iglesia y de los cristianos. Este fue uno de los grandes deseos de Juan Pablo II (Encíclica Ut unum sint, nn. 1 a 4), y lo es asimismo de Benedicto XVI.
En estos días pedimos al Señor que acelere los tiempos de la ansiada unión de todos los cristianos. ¿La unión de los cristianos?, se preguntaba nuestro Padre. Y respondía: sí. Más aún: la unión de todos los que creen en Dios. Pero sólo existe una Iglesia verdadera. No hay que reconstruirla con trozos dispersos por todo el mundo (Homilía, Lealtad a la Iglesia).
La Iglesia es Santa porque es obra de la Santísima Trinidad. Es pueblo santo compuesto por criaturas con miserias: esta aparente contradicción marca un aspecto del misterio de la Iglesia. La Iglesia que es divina, es también humana, porque está formada por hombres y los hombres tenemos defectos, todos somos polvo y ceniza (Ecclo 17, 31), cita n.P.
Por nosotros mismos no somos capaces sino de sembrar la discordia y la desunión. Dios nos sostiene para que sepamos ser instrumentos de unidad, personas que saben disculpar y reaccionar sobrenaturalmente. Demostraría poca madurez el que, ante la presencia de defectos en cualquiera de los que pertenecen a la Iglesia, sintiese tambalearse su fe en la Iglesia y en Cristo. La Iglesia no está gobernada por Pedro, Pablo o Juan, sino por el Espíritu Santo. Jesús tuvo 12 Apóstoles, uno le falló...
Nuestro Señor funda su Iglesia sobre la debilidad –pero también sobre la fidelidad- de unos hombres, los Apóstoles, a los que promete la asistencia constante del Espíritu Santo.
La predicación del Evangelio no surge en Palestina por la iniciativa personal de unos cuantos. ¿Qué podían hacer los Apóstoles? No contaban nada en su tiempo; no eran ni ricos, ni cultos, ni héroes a lo humano., Jesús echa sobre los hombros de este puñado de discípulos una tarea inmensa, divina. No me elegisteis vosotros a mí, sino que soy yo el que os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto sea duradero, a fin de que cualquier cosa que pidieres al Padre en mi nombre, os la conceda (Juan 15,16).

Desde hace siglos la Iglesia está extendida por los cinco continentes; pero la catolicidad de la Iglesia no depende de la extensión geográfica, aunque esto sea un signo visible. La Iglesia era Católica ya en Pentecostés; nace Católica del Corazón llagado de Jesús. Ahora, como entonces, extender la Iglesia a nuevos ambientes y a nuevas personas requiere fidelidad a la fe, y obediencia rendida al Magisterio de la Iglesia.
Desde hace dos mil años, Jesucristo quiso construir su Iglesia sobre una piedra: Pedro, y el Sucesor de San Pedro en la cátedra de Roma es, por eso, el Vicario de Cristo en la tierra. Hemos de dar gracias a Dios porque ha querido poner al frente de la Iglesia un Vicario que la gobierne en su nombre. En estos días hemos de incrementar nuestra plegaria por el Romano Pontífice y esmerarnos en el cumplimiento de cuanto disponga.
San Pablo, a quien el Señor mismo llamó al apostolado, acude a San Pedro para confrontar su doctrina: “subí a Jerusalén para ver a Cefas, escribe a los Gálatas, y permanecí a su lado quince días”. (I,18).
El Octavario concluye conmemorando la conversión de San Pablo. El martirio de San Esteban, dice San Agustín, fue la semilla que logró la conversión del Apóstol. Dice textualmente: “Si Esteban no hubiera orado a Dios la Iglesia no tendría a Pablo” (cfr. S. Agustín, Serm, 315,7).
El principal obstáculo para la conversión, dice Scott Hahn son los mismos católicos... El principal apostolado que hemos de realizar en el mundo es contribuir a que dentro de la Iglesia se respire el clima de la auténtica caridad.
En el octavario del 2005 decía Juan Pablo II: Sin oración y sin conversión no hay ecumenismo. Podemos acudir a la Virgen María para ser más humildes y, por tanto, más fieles.
Por: Rebeca Reynaud
El patrimonio histórico de la cristiandad cuenta desde hoy con un hito recuperado para el público y los estudiosos. En la ciudad portuaria de Áqaba, estratégicamente situada a orillas del Mar Rojo en Jordania, ha reabierto oficialmente un sitio arqueológico que desafía las cronologías convencionales del arte sacro. Este yacimiento no es solo una ruina más; los especialistas lo consideran una de las evidencias más antiguas y tangibles de un edificio levantado ex profeso para el culto cristiano, mucho antes de que la fe en Cristo saliera de la clandestinidad bajo el Edicto de Milán.
La importancia de este hallazgo radica en su antigüedad. Mientras que muchas de las grandes basílicas actuales fueron construidas tras el reconocimiento oficial del cristianismo por el emperador Constantino, la iglesia de Áqaba es un testimonio vivo de una comunidad que, aun en tiempos de incertidumbre y posible persecución, decidió erigir un templo estable y dedicado. Este hecho marca un punto de inflexión en nuestra comprensión del cristianismo primitivo en la región del Levante.
El yacimiento fue descubierto originalmente en 1998, durante una serie de excavaciones sistemáticas dirigidas por el reputado arqueólogo estadounidense Thomas Parker. En aquel momento, el equipo de investigación no imaginaba que bajo las arenas de la antigua «Aila» —el nombre romano de Áqaba— se encontraba una estructura que databa de finales del siglo III o principios del IV.

Jordania iglesia más antigua del mundo
A diferencia de las llamadas "iglesias domésticas" (domus ecclesiae), que eran viviendas privadas adaptadas para la oración, la estructura de Áqaba presenta una planificación arquitectónica clara y premeditada. Los investigadores han identificado una distribución de tipo basilical, que incluye una nave central, pasillos laterales y un ábside orientado ritualmente hacia el este. Esta disposición demuestra que la comunidad cristiana local ya poseía una organización litúrgica sofisticada y la capacidad económica y social para sostener una edificación de este calibre.
Para datar con precisión un edificio de tal antigüedad, los arqueólogos se han apoyado en una serie de hallazgos materiales que perfilan el entorno cotidiano de aquellos primeros fieles. Entre los muros conservados, se han recuperado numerosos objetos que actúan como "testigos silenciosos" de la fe. Destacan especialmente las lámparas de vidrio y las piezas de cerámica, pero el elemento cronológico determinante han sido las monedas romanas encontradas en el lugar.
Estas monedas permiten situar la construcción y el uso principal del edificio entre los años 293 y 303 de nuestra era. Esta fecha es crucial, ya que coincide con el periodo previo a la Gran Persecución de Diocleciano. El hecho de que una iglesia de este tamaño existiera en ese momento sugiere que, en ciertas zonas fronterizas del Imperio, como Aila, el cristianismo gozaba de periodos de relativa tolerancia o de una presencia tan arraigada que no podía ser ignorada.
Además de la estructura principal, el descubrimiento de un cementerio vinculado al templo ha aportado pruebas adicionales de su identidad. Entre los restos recuperados en el área funeraria, se hallaron fragmentos metálicos que han sido interpretados como partes de una cruz de bronce. Este pequeño objeto es uno de los indicios más claros y antiguos del uso iconográfico de la cruz en un contexto comunitario estable fuera de las catacumbas.

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La reapertura de este sitio no es solo un evento turístico, sino una reivindicación de la memoria histórica de Jordania como tierra santa. Áqaba, por su posición como puerto comercial, era un crisol de culturas y creencias. La presencia de esta iglesia demuestra que el cristianismo no se expandió únicamente a través de los grandes centros urbanos como Roma o Antioquía, sino que floreció en los confines del desierto y en los puertos de intercambio mercantil.
Los vestigios de Áqaba nos hablan de una fe vivida en comunidad. No se trata de un monumento tardío construido para celebrar el triunfo del cristianismo, sino de un espacio de resistencia y devoción previo a los reconocimientos oficiales. Es un recordatorio de que la identidad cristiana se forjó en la sencillez de los muros de adobe y piedra, en la oración comunitaria frente a un ábside orientado al sol naciente y en la esperanza de una vida eterna testimoniada en su cementerio adyacente.
Con la reapertura oficial del yacimiento, Jordania da un paso adelante en la protección de su patrimonio religioso. El sitio se presenta ahora como un destino cultural de primer orden, integrado en la ruta de los primeros siglos del cristianismo. Ofrece a los visitantes y peregrinos la oportunidad única de tocar las piedras que, hace más de mil setecientos años, albergaron los primeros himnos y oraciones de una Iglesia que empezaba a caminar con paso firme por la historia.
Este testimonio excepcional del cristianismo preconstantiniano nos invita a reflexionar sobre las raíces de la fe y la importancia de conservar estos vestigios que, a pesar del paso de los siglos y las inclemencias del desierto, han permanecido para contarnos quiénes fueron aquellos que nos precedieron en la huella de la fe.
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Hay muchas decisiones que toman los padres sin esperar a consultar con sus hijos, en cuestiones que les van a afectar de un modo decisivo en su vida.
Se ocupan de proporcionarles alimento, vestido, calor y afecto antes de que tengan uso de razón, sin que lo hayan pedido libremente, pero esto es imprescindible para sacarlos adelante con vida. Pero también hacen cosas, además de cubrir las necesidades básicas de subsistencia, que incidirán decisivamente en planteamientos vitales de fondo.

Pensemos, por ejemplo, en el hecho de hablarles en un idioma concreto. La adquisición del idioma materno responde a una decisión de los padres que va a configurar el modo de expresarse de los hijos, sus más profundas raíces culturales e incluso unas perspectivas muy concreta en su acercamiento a la realidad.
Ningunos padres razonables tomarían la decisión de no hablar nada a su hijo hasta que creciera, escuchase varios idiomas y decidiera por sí mismo cuál querría aprender. El idioma es un elemento cultural muy importante en el desarrollo de la vida humana y retrasar su adquisición hasta la mayoría de edad supondría un gravísimo daño al desarrollo intelectual del nuevo ser humano.
Pero, ¿la decisión de bautizar y comenzar a formar en la fe tiene algún parecido con la de hablar a los niños en el propio idioma? Una persona que no tenga fe y no sepa lo que supone la existencia de Dios, su bondad, su modo de actuar en el mundo y en las personas, y que desconozca la realidad más profunda del bautismo pensará que no tiene nada que ver, que el idioma es imprescindible y la fe no lo es.
Pero eso no quiere decir que su valoración sea razonable, sino que se debe a sus carencias culturales, o incluso a sus prejuicios, que le impiden razonar contando con todos los datos reales.
Por eso, para hacerse cargo racionalmente de todos los factores implicados en esta cuestión resulta imprescindible saber primero lo que supone recibir el Bautismo, y después valorar la situación.
Dios ha diseñado para cada ser humano una historia de amor, que se va desvelado poco a poco a lo largo de la vida. En la medida que tengamos un trato cercano con Él, esa historia se irá desvelando y tomando cuerpo. Y el primer paso para que se esa cercanía sea eficaz se da en el Bautismo.
La fe cristiana considera el Bautismo como el sacramento fundamental, ya que es condición previa para poder recibir cualquier otro sacramento. Nos une a Jesucristo, configurándonos con Él en su triunfo sobre el pecado y la muerte.
En la antigüedad se administraba por inmersión. El que se iba a bautizar se sumergía por completo en agua. Así como Jesucristo murió, fue sepultado y resucitó, el nuevo cristiano se introducía simbólicamente en un sepulcro de agua, para despojarse del pecado y sus consecuencias, y renacer a una nueva vida.
El bautismo es, en efecto, el sacramento que nos une a Jesucristo, introduciéndonos en su muerte salvífica en la Cruz, y por ello nos libera del poder del pecado original y de todos los pecados personales, y nos permite resucitar con él a una vida sin fin. Desde el momento de su recepción, se participa de la vida divina mediante la gracia, que va ayudando a crecer en madurez espiritual.
En el bautismo nos convertimos en miembros del Cuerpo de Cristo, en hermanos y hermanas de nuestro Salvador, y en hijos de Dios. Somos liberados del pecado, arrancados de la muerte eterna, y destinados desde ese instante a una vida en la alegría de los redimidos. «Mediante el bautismo cada niño es admitido en un círculo de amigos que nunca le abandonará, ni en la vida ni en la muerte.

Ese círculo de amigos, esta familia de Dios en la que el niño se integra desde ese momento, le acompaña continuamente, también en los días de dolor, en las noches oscuras de la vida; le dará consuelo, tranquilidad y luz» (Benedicto XVI, 8 de enero de 2006).
Esta práctica es de tiempo inmemorial. Cuando los primeros cristianos recibían la fe, y eran conscientes del gran don de Dios de que habían sido objeto, no querían privar a sus hijos de esos beneficios.
La Iglesia sigue manteniendo la práctica del bautismo de niños por una razón fundamental: antes de que nosotros optemos por Dios, él ya ha optado por nosotros. Nos ha hecho y nos ha llamado a ser felices. El bautismo no es una carga, al contrario, es una gracia, un regalo inmerecido que recibimos de Dios.
Los padres cristianos, desde los primeros siglos, aplicaron el sentido común. Así como la madre no deliberaba largamente sobre si debía dar el pecho a su hijo recién nacido, sino que lo alimentaba cuando el niño lo requería, así como lo lavaban cuando estaba manchado, lo vestían y lo abrigaban para protegerlo de los rigores del frío, así como le hablaban y le daban cariño, también le proporcionaban la mejor ayuda que cualquiera criatura humana necesita para desarrollar la vida en plenitud:
La limpieza del alma, la gracia de Dios, una gran familia sobrenatural, y una apertura al lenguaje de Dios, de modo que cuando vaya despertando su sensibilidad y su inteligencia contemplen el mundo con la luz de la fe, aquella que permite conocer la realidad tal y como es.
Francisco Varo
ver en wikipedia
No lo es d
e ninguna manera. Los primeros cristianos tienen una extraordinaria vigencia cultural, sobre todo a la hora de comprender el mundo en el que vivimos y la interacción entre cristianismo y mundo contemporáneo.
La cultura europea está configurada desde el cristianismo, y por tanto a partir del esfuerzo de los primeros cristianos: ellos son las famosas raíces cristianas de Europa, a las que se refirió Juan Pablo II en Santiago de Compostela y que ahora están en el centro del debate cultural europeo. Es importante resaltar este hecho, pues el cristianismo se extendió a todo el mundo precisamente desde Europa.
Sin embargo, desde la Ilustración, y especialmente a lo largo del siglo XX, se ha dado un proceso de descalificación y negación de esas raíces. Cada vez es mayor el acoso cultural y mediático, la marginación efectiva que sufre el Cristianismo en Europa. En este sentido, la manera coherente en que los cristianos queremos vivir nuestra fe se puede calificar de arriesgada, y de ahí precisamente nace la enorme actualidad de los primeros cristianos, que vivieron una situación socio-cultural parecida y afrontaron con toda naturalidad sus riesgos.
Cierto, es otra forma de acoso, estamos en otra época. Pero esa diferencia fundamenta la semejanza: ellos estaban rodeados, de manera agobiante, por el paganismo clásico: la floreciente cultura helénico-romana, basada en el culto a divinidades completamente extrañas al mundo judeo-cristiano, y sobre todo en el culto al Emperador.
Ellos tuvieron que afrontar el paganismo, pero nosotros tenemos que afrontar el neo-paganismo: es cierto que se ven iglesias, catedrales, etc. (testimonios en piedra de esas raíces cristianas de las que hablábamos antes), pero lo dominante en el mundo actual europeo, lo casi agobiante en los "media", es lo que llamo neo-paganismo: un conjunto de "opciones" y "ofertas" de signo materialista (o "espiritualista"), que son las nuevas "divinidades" postmodernas.
En este contexto, el cristiano y la comunidad cristiana, si son coherentes, "se la juegan", como los primeros cristianos. Pero sólo si son coherentes pueden ganar la batalla, también como los primeros cristianos
El Santo Padre Benedicto XVI en realidad no habla de otra cosa: de una manera o de otra, todo converge ahí: en encíclicas, discursos, catequesis, etc. Hay que leer muy bien su Magisterio. Según la gran Tradición de la fe, el punto de partida para responder a la pregunta es éste: que la historia y su desarrollo son, si es lícito hablar así, la estrategia de Dios para ofrecer a la humanidad la salvación que Cristo nos ha conseguido con su Vida, Muerte y Resurrección. Pero, ¡atención!, Cristo no es una figura del pasado, es Él el que lleva adelante, ¡hoy!, esa misión.

Primeros Cristianos
Esta convicción es absolutamente fundamental, porque nuestro papel el de la Iglesia y el de cada cristiano es "colaborar" con el Señor, que es el que hace; seguirle, que Él va delante; en definitiva, vivir el tercer misterio luminoso del Rosario: es decir, hacer eco al anuncio del Reino de Dios que hizo y hace Jesús y explicarle a la gente familiares y amigos que el Reino es Él -Jesús-, que Él es el Reino que viene a cada uno de nosotros.
Por eso nuestra forma, la forma histórica de anunciar el Reino, es testificar con la propia vida que Cristo vive y hablar a la gente de la felicidad y la alegría que el Reino ha metido y mete en mi vida y cómo puede cambiar y transformar también las de ellos. Por eso hemos de amar a nuestro mundo los hombres y las mujeres de nuestro mundo tal como es, porque en él Cristo sigue actuando y cuenta con nosotros para "cambiarlo", como hicieron los primeros cristianos.
En la sociedad europea de hace décadas eran más evidentes las raíces cristianas, la gente tenía formas y categorías de pensamiento cristianas: conocía los mandamientos, lo bueno y lo malo, y los problemas y las dificultades para ser cristiano venían de otra parte.
Hoy en día esto no se da: una gran cantidad de bautizados no ha recibido apenas formación o ha sido anulada por ese constante mensaje que transmiten la televisión, el cine, etc. Ahora la gente tiende a no pensar y a funcionar según "apetencias" y según el modelo (dictado) de la mayoría.
Forma parte de la misión mostrar en el diálogo cómo la recepción de ese modo de vida la han hecho muchas veces sin fundamento (sin pensamiento), que no lo han elegido en sentido propio, que se les ha impuesto desde fuera en conexión con "apetencias". En este sentido es interesante promover grupos de diálogo y debate para abordar todas estas cuestiones, sembrar el mundo de pequeñas minorías que, como los primeros cristianos, tengan convicciones y actúen conforme a ellas. En contra de lo que muchos piensan, un hombre o una mujer "normal" no es el que actúa según la mayoría estadística, sino el que actúa conforme a unas convicciones personales pensadas desde la verdad.
Sin ninguna duda. Hay gente que nunca ha tenido la Biblia en sus manos y que no sabe nada de las cosas de Dios. Por eso lo mejor no es plantear a los demás teorías abstractas sobre el Cristianismo, sino hablar como los primeros cristianos, es decir, hablar de manera directa y narrativa de Jesucristo, decir sus palabras, contar lo que hizo y dijo. Por eso tiene que ser frecuente al conversar giros como éste: el Señor decía en una ocasión . Hay que explicar el Cristianismo desde la boca del Señor.
Jesús interesa siempre y la gente presta atención cuando se habla de Jesús, de su vida, que es lo que impresiona. Debemos poner en boca del Señor todo lo que podamos, pues nuestro gran aliado es la verdad que hay en sus palabras, y es Él quien la proclama. Más: Él es la Verdad. Cuando explicamos la verdad, el que escucha tiene algo dentro que le dice que ha de estar con la verdad. Lo importante es lo interior, lo exterior viene luego.
Insisto: actuar como los primeros cristianos implica hablar de Jesucristo con toda naturalidad, decir lo que Él decía, tener fácilmente en la boca las palabras del Evangelio. Él es lo más importante en nuestra vida, y es quien ha configurado el mundo en que vivimos: es imposible entender el mundo cultural de hoy sin Jesucristo. Por ello hay que dar testimonio de Él en la vida corriente, en el trabajo. Ya os dais cuenta de que esto es posible por la Eucaristía, en la que Cristo vivo viene a nosotros y toma posesión de nosotros. La Eucaristía es la que hace posible que el cristiano, como decía san Josemaría Escrivá sea otro Cristo, Cristo que pasa.
Esto me trae a la memoria aquel célebre testimonio de un mártir de los primeros siglos, al que el juez ofrecía la libertad si prometía no asistir a la reunión de los cristianos (la celebración de la Eucaristía). El cristiano no aceptó la oferta. Sine dominico non possumus, dijo al juez: los cristianos no podemos vivir sin el domingo, sin la Eucaristía dominical. Fue ejecutado. Pero nos dejó grabada para siempre cuál es la actitud cristiana ante la Misa del domingo: no vamos, ante todo, porque sea un precepto, sino porque no podemos vivir (cristianamente) sin el Cuerpo y la Sangre del Señor.
El relativismo domina la cultura europea desde la Ilustración y se hace sumamente intenso a lo largo del siglo XX y en lo que llevamos del XXI. Este relativismo nos presenta como tres mundos: el científico-técnico, que da certezas operativas; el mundo de las ideas sobre Dios y el hombre, en el que cada uno piensa lo que quiere, postmodernismo total: todo vale (o nada vale), no existe la verdad; y el mundo de la religión, que hace referencia a mitos e imaginaciones en las distintas culturas.
A pesar de todo, la realidad se impone y el hombre de carne y hueso tiene un problema vital y existencial que sale por todas partes aunque se trate de taparlo. La gente tiene preguntas sin resolver: qué es el hombre, cuál es el sentido de la vida, qué es la felicidad, dónde está, qué hay detrás de la muerte. Éstas son preguntas inextinguibles. Si muchos quieren taparlas, los cristianos hemos de empeñarnos en que emerjan, que estén presentes en el debate público y en las conversaciones privadas. Nosotros tenemos que hacer lo que hicieron los primeros cristianos: contar a la gente cómo todo se esclarece en el encuentro con Jesucristo. Él es la respuesta a esas preguntas.
Para llegar a esto muchas veces lo que hay que conseguir es que la gente analice sus propias posturas, se pregunte por el fundamento de sus decisiones y de sus actitudes. A esto yo le llamo método socrático, diálogo: primero escuchar, interesarse por lo que dicen los que rechazan a Cristo o a la Iglesia, preguntarles por el fundamento de su posición ante Dios y ante la vida que muchas veces aparecerá muy débilmente fundamentada y, a partir de ahí, provocar que ese amigo reflexione en serio a la luz de Jesucristo, del que le hablamos como clave de la vida humana.
Pero es fundamental que el no creyente se sienta comprendido y entendido en sus posiciones; sólo así la propuesta cristiana tiene carácter dialógico. Así planteó San Pablo su discurso en el Areópago: habló de Jesucristo a partir de las posiciones de los demás. Muchos consideran que esa predicación acabó con un fracaso, pero lo cierto es que varios hombres y mujeres se adhirieron a él y creyeron. Pero no olvidemos que sólo cuando alguien se siente entendido, surge el diálogo y se puede hablar de todo, por ejemplo del sentido del sacrificio, imprescindible para poder entender a Jesucristo y la vida cristiana. Esto es lo que hacían los primeros cristianos.
Del lado jordano se encuentran unas ruinas en la ruta de peregrinación de los primeros cristianos. En 1996 unos hallazgos arqueológicos en esa zona, conocida en lengua árabe como al-Maghtas (el lugar del bautismo), sugirieron que ése podría ser el enclave del acontecimiento que narran los Evangelios. De hecho, la cerámica, las monedas, los objetos de piedra y los vestigios arquitectónicos confirman que el lugar se utilizó a principios del primer siglo d.C., esto es, en tiempos del Salvador y del Precursor.
Estas ruinas están dedicadas al profeta Elías, y eso reforzaría la hipótesis, dada la vinculación que establecen los Evangelios entre él y San Juan Bautista, quien actuaba "con el espíritu y el poder de Elías" (Lc 1, 17), de quien algunos le consideraban encarnación.
Sea como fuere, a nueve kilómetros al norte del Mar Muerto, en la orilla este del río Jordán, Betania de Transjordania es el enclave bíblico más importante del Reino Hachemita de Jordania y el pasado 3 de julio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se trata del quinto lugar del país que recibe este reconocimiento después de Petra, Quseir Amra, Um Al Rassas y el desierto de Wadi Rum.

Betania fue el enclave donde se estableció Juan Bautista y donde Jesús fue bautizado. El Señor también oró aquí por primera vez ante Dios y reunió a sus primeros discípulos, y por eso han visitado al lugar, en sus respectivas peregrinaciones a Tierra Santa, San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. El área cuenta con restos romanos y bizantinos, incluyendo además restos de cinco iglesias paleocristianas y capillas. Actualmente se celebran bautizos y es un lugar importante de peregrinación cristiana.
A lo largo de la geografía jordana se pueden descubrir numerosos enclaves mencionados en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, por lo que no es de extrañar que el país haya fascinado a un sinfín de peregrinos que lo han visitado para seguir los pasos de algunos de los profetas más importantes de la Biblia.
Algunas de las iglesias más antiguas del mundo se encuentran en Jordania, como la salade oración del siglo II de Betania, la iglesia del siglo IV de Umm Qays y las ruinas del que se cree que es el templo más antiguo del mundo en la ciudad de Áqaba al sur del país. La iglesia bizantina de San Jorge en Mádaba (siglo VI) guarda el mapa mosaico de Tierra Santa más antiguo.
Se trata del quinto lugar del país que recibe este reconocimiento después de Petra, Quseir Amra, Um Al Rassas y el desierto de Wadi Rum.
En la ceremonia celebrada en París, el arzobispo Maroun Lahham, vicario patriarcal para Jordania del Patriarcado Latino de Jerusalén, ha definido este enclave como “un lugar donde todavía resuena la voz de Cristo” en un país, Jordania, “tranquilo y seguro, en medio de un Oriente Medio en llamas”.
"El Evangelio lo había declarado ya hace dos mil años, la devoción popular siempre lo ha confirmado, las investigaciones arqueológicas lo han puesto de relieve, los Papas lo han visitado, y hoy la comunidad internacional lo declara oficialmente”, ha señalado el arzobispo Lahham. “A partir de esta tarde –ha añadido– podemos de“clarar en voz alta que Jordania es Tierra Santa. La Tierra Santa incluye especialmente a Jerusalén, Belén y Nazaret, pero Jordania no es menos santa por ello”.

Betania fue el lugar donde se estableció Juan Bautista y donde Jesús fue bautizado. El Señor también oró aquí por primera vez ante Dios y reunió a sus primeros discípulos, ha recordado la Oficina de Turismo de Jordania en España. Este lugar ha recibido la visita de los tres últimos pontífices: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.
El área cuenta con restos romanos y bizantinos, incluyendo además restos de cinco iglesias paleocristianas y capillas. Actualmente se celebran bautizos y es un lugar importante de peregrinación cristiana.
A lo largo de la geografía jordana se pueden descubrir numerosos enclaves mencionados en el Antiguo y Nuevo Testamento por lo que no es de extrañar que el país haya fascinado a un sinfín de peregrinos que lo han visitado para seguir los pasos de algunos de los profetas más importantes de la Biblia.
Algunas de las iglesias más antiguas del planeta se encuentran en Jordania, como la sala de oración del siglo II de Betania, la iglesia del siglo IV de Umm Qays y las ruinas del que se cree que es el templo más antiguo del mundo en la ciudad de Áqaba al sur del país. La iglesia bizantina de San Jorge en Mádaba (siglo VI) guarda el mapa mosaico de Tierra Santa más antiguo.
Gregorio de Nisa ha sido reconocido unánimemente como una de las figuras más atractivas del siglo IV, como el hombre de más vasta cultura filosófica y teológica de esa época, y como uno de los pensadores más relevantes de la patrística griega.
Gregorio desciende por línea paterna de una importante familia cristiana, originaria del Ponto, que sufrió persecución por confesar a Cristo; por línea materna, provenía de una poderosa familia de Capadocia. La familia de Gregorio era hondamente cristiana.
Numerosa y santa, aquella familia conservaba una viva impronta de Orígenes, recibida a través de San Gregorio de Taumaturgo. En su Vida de Macrina, Gregorio relata la última conversación con su hermana, Santa Macrina, evocando la fortaleza cristiana de la familia y el ambiente de piedad en que transcurrieron los primeros años de su vida. San Basilio fue nombrado obispo de Cesarea de Capadocia en el año 370.
Durante aquellos años, la fe proclamada por el Concilio de Nicea (año 325) estaba siendo combatida y criticada duramente. San Basilio intentó agrupar en torno a sí a hombres brillantes y fuertes, y logró que su amigo Gregorio de Nacianzo fuera elegido obispo de Sásima; en el año 372, consiguió que su hermano Gregorio fuera elegido para el obispado de Nisa. No mucho tiempo después, en el 379, murió San Basilio, y Gregorio, que se sentía su heredero espiritual, pasó a ocupar un primer plano en la defensa de la fe, en la predicación y en la redacción de numerosos escritos espirituales.

Conviene subrayar la importancia que Gregorio otorgó al hecho de ser continuador de la tareas de San Basilio, tanto en el aspecto teológico como en el aspecto ascético. Esto se hizo patente, por ejemplo, en el modo en que, tras la muerte de su hermano, le defendió de los ataques llevados a cabo por Eunomio de Cízico, contra el que ya había escrito San Basilio.
En esta época Gregorio de Nisa escribió, entre otros, los libros Contra Eumonio y Contra Apolinar. Dos de los tratados exegéticos, Sobre la creación del hombre y Sobre elHexaémeron, constituían también explicaciones de las homilías de San Basilio sobre el Hexaémeron.

Gregorio de Nisa asistió al Concilio Ecuménico de Constantinopla (381), donde fue escuchado con especial veneración e influyó esencialmente, junto con San Gregorio de Nacianzo, en las decisiones de mayor relevancia. Allí pronunció Gregorio la oración fúnebre por Melecio, cosa que muestra la estima del Concilio por su persona y su elocuencia. En el año 383, pronunció en Constantinopla su discurso Sobre la divinidad del Hijo y del Espíritu. Dos años más tarde, hizo la oración fúnebre de la princesa Pulqueria y, poco después, la de la emperatriz Flacila.
Los últimos años en la vida de Gregorio de Nisa fueron enormemente fecundos e intensos, también desde el punto de vista literario: prosiguió la labor de San Basilio en el terreno teológico, redactó los escritos más directamente pertenecientes a su doctrina espiritual y culminó diversos escritos de madurez (Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Vida de Moisés, Qué significa el nombre de cristiano, Sobre la perfección cristiana y La enseñanza de la vida cristiana).
La última noticia que poseemos de su vida es su asistencia al sínodo de Constantinopla en el año 394.
La figura de Gregorio de Nisa merece una atención esmerada. Él no fue sólo un hombre apasionado por la cultura de su época, un importante filósofo y un teólogo de granrigor especulativo y de una sugerente visión de la historia de la salvación, sino también uno de los autores claves de la teología espiritual del Oriente y un eslabón imprescindible en la gran tradición que va desde San Ireneo y Orígenes hasta Dionisio Aeropagita. Sus sermones litúrgicos son de una gran belleza y un testimonio de primer orden sobre la consolidación de los ciclos litúrgicos.

LUCAS FRANCISCO MATEO-SECO
PROFESOR DE TEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
EXPERTO EN LA FIGURA DE SAN GREGORIO DE NISA
A la gran alegría de la visita de aquellos hombres importantes siguió el abandono de la casa recién instalada y de la pequeña clientela que ya tendría José en Belén, el dirigirse a un país extraño y desconocido para él y, sobre todo, el temor a Herodes, que buscaba al Niño para matarlo.
José despertó a María, recogió lo indispensable y, de noche, se puso en camino hacia la frontera de Egipto. No había un instante que perder. Muchas cosas domésticas necesarias quedaron abandonadas. Y así, con lo indispensable y con el sobresalto de una amenaza de muerte real, iniciaron la marcha.

El más corto y también menos duro, pero más frecuentado, se dirigía hacia la costa hasta enlazar con la Via maris, paralela al mar, hasta Gaza; en esta ciudad se aprovisionaban las caravanas de víveres y agua, pues era la última ciudad antes de entrar en el desierto. Era un camino conocido y relativamente seguro por las numerosas caravanas que mantenían relaciones comerciales con el país vecino. Pero era también el más peligroso para la Sagrada Familia, pues los soldados de Herodes podían alcanzarles con más facilidad.
La Via maris era la ruta principal que atravesaba Palestina. Esta importante vía de comunicación no fue creación romana, pues existía desde muchos siglos antes. Se trataba del camino natural entre Egipto y Mesopotamia, donde estuvieron asentados los mayores imperios de la antigüedad. Este camino, por el que transitaron tantos mercaderes y ejércitos, iba cerca de la ribera del Mediterráneo a través de las llanuras costeras, para eludir montañas y desiertos. Los romanos, quizá en tiempos de Augusto, la empedraron y la acondicionaron, llegando a ser una auténtica calzada romana. Tenía ramales secundarios que partían de ella, uno de los cuales pasaba por Cafarnaún, Corazaín y Betsaida (cfr J. GONZÁLEZ ECHEGARAY, Arqueología..., pp. 109-110).
Por esta razón, es probable que José prefiriera marchar hacia Hebrón y Bersabé, hacia el Sur, por una ruta más larga y fatigosa, y también menos frecuentada. Es muy posible que el viaje se hiciera en un borrico, quizá el mismo que les sirvió para ir de Nazaret a Belén. Llevaría a la Virgen buena parte del camino, y también los enseres que habían juzgado indispensables: algo de ropa, una vasija para el agua, los instrumentos de trabajo de José, su bastón, algún cacharro de cocina...
Dios no quiso ahorrarles la zozobra de una huida precipitada, el continuo sobresalto y el temor a ser reconocidos, la sed, el cansancio, la incertidumbre acerca de dónde vivirían y de qué se alimentarían. La huida estuvo muy lejos del panorama que nos presentan los evangelios apócrifos:
Una de estas leyendas nos cuenta que María, acalorada y fatigada del camino, reposaba bajo una palmera cargada de frutos. «Yo quisiera –dijo–, si fuera posible, gustar de la fruta de este árbol». «A mí –respondió José– lo que me inquieta es la falta de agua, porque nuestros odres están vacíos». Dijo entonces el Niño a la palmera: «Inclínate y da de tus frutos a mi madre». La palmera se encorvó, quedando su copa a los pies de María; y cuando María y José hubieron arrancado los dátiles, Jesús ordenó de nuevo: «Enderézate ahora, y abre y descubre tus raíces, para que brote el agua que éstas ocultan». La palmera obedeció al instante y manó de sus raíces agua fresca y límpida.
Cuando los peregrinos reanudaron la marcha, el sendero desaparecía tras ellos como por encantamiento. Llegaron por fin a una ciudad llamada Salín, donde no conocían a nadie: entraron en un templo, y los trescientos sesenta y cinco ídolos que en él había cayeron en tierra hechos pedazos. Así se cumplió la profecía de Isaías: «El Señor vendrá en una nube veloz y entrará a Egipto y todas las hechuras de los egipcios temblarán ante su faz».
Nada de esto ocurrió en la realidad. Dios utilizó las vías ordinarias para salvar a los que más quería sobre la tierra. Podía haber fulminado a Herodes y a sus perseguidores, pero una vez más empleó medios normales: la obediencia pronta de José, su reciedumbre, su prudencia...

El viaje desde Gaza hasta la primera ciudad de Egipto duraba unos siete días. Si se añaden a éstos los que tardaron desde Belén a Gaza y los que caminaron por la región de Egipto, se concluye que tardarían en llegar de doce a catorce días.
Después de un viaje extenuante, agravado por la persecución y por la falta de experiencia en aquellos malos caminos (el viaje más largo de José habría sido de Nazaret a Belén), llegaron a tierra egipcia, quizá a Leontópolis, al norte de El Cairo. Por aquel tiempo residían en Egipto muchos israelitas, formando pequeñas comunidades; se dedicaban principalmente al comercio.
Es de suponer que José se incorporó con su Familia a una de estas comunidades, dispuesto a rehacer una vez más su vida con lo poco que había podido traer desde Belén. Con todo, llevaba consigo lo más importante: a Jesús y a María, y su laboriosidad y empeño por sacarles adelante.
En su mayoría, aquellas colonias judías se encontraban cerca de los límites fronterizos [34].En Egipto, José comenzó como pudo, pasando estrecheces, realizando al principio todo tipo de trabajos. Procuró a María y a Jesús un hogar y los sostuvo, como siempre, con el trabajo de sus manos. Después de un tiempo, encontraría cierta estabilidad.
Quizá más tarde, de nuevo en Nazaret, recordarían aquella época como «los años de Egipto» y hablarían –como se comentan las cosas pasadas– de las preocupaciones y sufrimientos del viaje y de los primeros meses..., pero también de la paz y de la alegría de aquellos días.
Después de un tiempo, pasado el peligro, nada retenía ya a José en aquella tierra extraña, pero allí permaneció, sin otra razón que el cumplimiento del mandato del ángel: Estate allí hasta que yo te diga.
Vida de Jesús
Ver en Wikipedia

Para comprender el peso del regalo en la diplomacia antigua y, en particular, en la de los estados del Próximo Oriente, más próximos, por tanto, al ritual aquí desplegado por los Magos, debe verse el clásico volumen de LIVERANI, M.: Relaciones internacionales en el Próximo Oriente Antiguo (1600-1100 a. C.), Barcelona, 2003, también con abundante bibliografía y ejemplos.
Sobre este ritual de la proskynesis persa, el modo cómo los griegos la dotaron de un cierto aire "bárbaro" y desmesurado, especialmente a partir de su uso por Alejandro de Macedonia, y su pervivencia en el culto imperial romano, especialmente el tardoantiguo, con bibliografía, puede verse BRAVO, G.: "El ritual de la proskynesis y su significado político y religioso en la Roma imperial", Gerión, 15, 1997, pp. 177-191.
Verdadero sentido de la fiesta cristiana de la Epifanía -en tanto que "manifestación de Dios al mundo", siendo los Magos imagen de ese "mundo", algo que, también, la tradición ha explotado en las supuestas tres razas de estos enigmáticos personajes- los Magos, desde la iconografía más antigua, son presentados, siempre, como "bárbaros" y como "orientales", dos elementos perfectamente reconocibles en la iconografía antigua, tan aficionada a los clichés en la descripción y presentación de sus personajes y, en particular, de "los otros".
Así, por ejemplo, si nos fijamos en el sarcófago -muy representativo en su lenguaje iconográfico- que corona este post, vemos cómo los tres Magos, en el lado derecho de la pieza, aparecen portando gorros frigios -lo que es habitual en otros sarcófagos constantinianos o post-constantinianos con la misma escena- y, además, vestidos con las braccae, una suerte de pantalones que, desde la iconografía imperial romana, se asociaba a los bárbaros.

Mientras tanto, si se analizan con detalle los modos con que se representa, en esas mismas escenas, a la familia de Nazareth, llama la atención la presencia de un fuerte contraste entre los usos "bárbaros" y, por tanto, orientales, de los Magos y los típicamente romanos -sillas de mimbre, togas, mantos...- de los protagonistas del Misterio de la Navidad.
Ese carácter misterioso y sugerente de todo lo venido desde Oriente que, todavía hoy, impregna las cabalgatas de Reyes Magos de muchas de nuestras ciudades, sintetiza, de modo evidente, esa dualidad entre lo Occidental y lo Oriental que marcó tanto la idea de alteridad en el mundo antiguo y que, además, aflora, también, en este entrañable pasaje.
Con carácter introductorio, y bibliografía, puede verse MARCO SIMÓN, F.: "Iconografía de la derrota: formas de representación del bárbaro occidental en época tardorrepublicana y altoimperial", en MARCO SIMÓN, F., PINA, F., y REMESAL, J. (eds.): Vae uictis! Perdedores en el mundo antiguo, Barcelona, 2002, pp. 177-196 y, especialmente, GRAU-DIECKMANN, P.: "Una iconografía polémica: los Magos de Oriente", Mirabilia. Revista Eletrônica de História Antiga e Medieval, 2, 2002, s. pp., que, además, recopila algunas fuentes interesantes respecto de la tradición de los Magos).
Como siempre, cada acontecimiento de nuestro calendario, está lleno de enseñanzas en relación al apasionante mundo clásico. Ojalá que éstas hayan sido ilustrativas para el lector al que sólo nos resta desearle un excelente día de los (Reyes) Magos.

