El “Papa Grande”, el “Papa viajero”, el que amó profundamente a los jóvenes y les habló al corazón reuniendo a millones en torno suyo.
Aquí puedes ver “Karol: El hombre que se convirtió en Papa” sobre la historia y juventud de Karol Wojtyla, su paso por el seminario, primeros años de sacerdocio hasta su llegada al cónclave que lo convirtió en el Papa Juan Pablo II.
Sinopsis
Esta película trata sobre la vida del difunto Juan Pablo II, iniciando su trama en la Segunda Guerra Mundial y finalizando con la elección de Karol Wojtila como Papa.
En este camino se construye la vida de un gran hombre, que de niño tenía muchos sueños, los cuales se fueron desvaneciendo; primero por la pérdida de su madre y hermano. Luego, por el estallido de la guerra y el posterior éxodo de personas que huían de la muerte. Finalmente, por los primeros indicios de la persecución a los Judíos.
Estos hechos marcarían el comienzo de la larga travesía de Karol, desde obrero hasta poeta y maestro; una travesía llena de encuentros que con el tiempo lo llevarían a ser sacerdote y, por último, en 1978, a convertirse en el hombre que hoy todos conocemos: el hombre que ha signado una era, el hombre que ha construido la historia.
Este film muestra el lado más humano de Karol. Era un hombre que amaba, que lloraba, reía y sufría como cada uno de nosotros, pero que llevaba una luz en su corazón que lo hacía brillar: la luz del amor, la fe y la esperanza.
La película profundiza en temas como la felicidad, el dolor, el amor, la libertad, la muerte. Y sobre todo la vida de un hombre entregado a los demás a través de Dios.
Ficha técnica de la película
Género: Drama País: Italia Duración: 186 minutos Calificación: Todo Público
El Ángelus es una pequeña práctica de devoción en honor de la Encarnación repetida tres veces cada día.
El Ángelus es una pequeña práctica de devoción en honor de la Encarnación repetida tres veces cada día: mañana , mediodía y al caer la tarde, al toque de Campana. Consiste esencialmente en la triple repetición del Ave María, a las cuales en subsiguientes tiempos, le fueron agregados, de forma intercalada, tres versos más, y uno de conclusión, y una pequeña oración. La oración es la que pertenece a la antífona de Nuestra. Señora “Alma Redemptoris”, y su recitación no es de estricta obligación para ganar indulgencia.
La devoción deriva su nombre de la primera palabra del primer verso: “El Angel del Señor anunció a María...” (. Angelus Domini nuntiavit Mariæ…). La indulgencia de 100 días por cada recitación -con indulgencia plenaria una vez al mes- fue concedida por Benedicto XIII, el 14 de septiembre de 1724, pero las condiciones prescritas habían sido levemente modificadas por León XIII, el 3 de abril de 1884.
Originalmente era necesario que el Ángelus se dijese de rodillas (excepto en domingos y tarde de los sábados, cuando las rúbricas prescribían postura de pie) , y que se recitara al toque de campanas; pero una más reciente legislación permite dispensar de éstas regulaciones por motivos justificados, con tal que la Oración sea dicha en las horas apropiadas – mañana, al mediodía y por la tarde.
En éste caso, el Ángelus debe ser dicho como oficialmente ha sido impreso; pero aquellos que no conocen la oración de corazón, o no saben leer, pueden decir cinco avemarías en su lugar. Durante el tiempo pascual, la antífona “Salve Reina del cielo...” con sus versos y oración, sustituye al Ángelus. Las indulgencias del Ángelus son algunas de las que no se suspenden durante el año del Jubileo.
HISTORIA
La historia del Ángelus no es fácil de rastrear con seguridad, así como distinguir lo que tiene certeza de lo que es meramente conjetural.
En primer lugar, es cierto que el Ángelus en la mañana y al mediodía son de más tardía introducción que el de la tarde.
Segundo, es cierto que el Ángelus del mediodía, el más reciente de los tres, no fue meramente una imitación o desarrollo de aquellos de la tarde o la mañana.
Tercero no cabe duda de que la práctica de decir tres avemarías cerca de la caída del sol, se había generalizado a través de toda Europa durante la primera mitad del s. XIV, y que fue recomendada e indulgenciada por el papa Juan XXII en 1318 y 1327.
Estos hechos son admitidos por todos los investigadores en la materia; pero cuando profundizamos nuestra investigación, fuimos confrontados por ciertas dificultades. No parece necesario exponerlas; nos contentamos con establecer la semejanza con las conclusiones a las cuales T. Esser O.P. y el presente escritor han llegado, en dos series de artículos publicados de forma independiente el uno del otro.
EL ÁNGELUS DE LA TARDE
Aunque de acuerdo con el punto de vista del Padre Esser, de que no tenemos ejemplos de tres Avemarías recitados al toque de campanas antes del decreto del Sínodo Provincial de Gran en 1307, existen muy buenos hechos que sugieren que dicha práctica era común durante el s. XIII.
Así, hay una vaga y no muy bien confirmada tradición que adscribe al para Gregorio IX, en 1239, ordenando que una campana fuera añadida a la salutación y oraciones a Nuestra Señora. Y aún, hay una concesión del Obispo Félix de Brixen, a la Iglesia de Freins en el Tirol, también de 1239, que concede una indulgencia al recitar “Tres Avemarías al toque de campana de la Tarde”.
Ciertamente, lo anterior tiene sospecha de Interpolación, pero dicha objeción no puede ser aplicada a un decreto del Capítulo general Franciscano en tiempos e San Buenaventura (1239 o 1269), orando para que el pueblo se animase a decir Avemarías al toque de campana de completas. Más aún, éstas indicaciones están fuertemente confirmadas por inscripciones que aún se pueden leer en unas pocas campanas del s. XIII.
No tenemos testimonios más antiguos que éstos; pero, por otra parte, leemos en “Regularis Concordia”, una regla monástica redactada por Aethelwold de Winchester, ca. 975, que ciertos rezos, llamados las Tres Oraciones, precedidas por Salmos, eran dichos después del toque de completas, tanto como antes de Maitines y nuevamente antes de Prima; y aunque no hace mención de campanadas tras completas, hay una mención expresa de toques de campana para tres oraciones a diferentes horas.
Esta práctica , parece, es confirmada por ejemplos alemanes (Mart ne, De Antiq. Eccles. Ritibus, IV, 39), y según pasaba el tiempo, fue más y más definitivamente asociado a tres tañidos de campana separados, más especialmente en Bec, San Denis y en las costumbres del Canon regular de San Agustín, (e.g. en el Priorato de Barnwell y otros lugares).
No tenemos en éstos ejemplos antiguos, menciones del Ave María, que en Inglaterra llegó a ser familiar como antífona del Oficio Parvo de Ntra. Señora, cerca del principio del s.XI (The Month. Noviembre, 1901), pero sería la cosa más natural del mundo, que una vez el Ave María llegó a ser una oración diaria, tomó para los laicos el lugar de las tres oraciones más elaboradas recitadas por los monjes; como en el caso del Rosario, en que ciento cincuenta salmos del Salterio fueron sustituidos por ciento cincuenta Ave Marías.
Más aún, en el decreto franciscano del tiempo de San Buenaventura referido anteriormente, es precisamente donde encontramos que los laicos en general fueron animados a rezar Ave Marías al toque de campana en completas durante, o más probablemente después, del oficio de los frailes. Una especial justificación para éstos saludos a Nuestra Señora, fue la creencia en que justo a ésta hora, era saludada por el Ángel.
Nuevamente, es de notar que algunos costumbrarios monásticos, hablando de las tres oraciones, expresamente prescriben observancia de rúbricas sobre arrodillarse o ponerse de pie de acuerdo con la estación, según la recitación del ángelus de ése día.
De ello, podemos concluir que el Ángelus se trata de una imitación de las oraciones nocturnas de los monjes, y que nada tuvo que ver con las campanadas del toque de queda, como señal de la extinción de luces y fuego. Sin embargo, éste toque aparece primeramente en Normandía en 1061 y se le describe como una campana que sugiere al pueblo a decir sus oraciones y a cesar sus actividades.
En cualquier caso, parece que éste toque de queda se originó en previas campanadas de oraciones, y no viceversa. Si éste toque de queda y las campanadas del Ángelus coincidieron más tarde, fue puramente accidental.
EL ÁNGELUS MATUTINO
La última sugerencia sobre las tres oraciones también ofrece alguna explicación del hecho de que poco tiempo después de que el rezo de las tres Ave Marías vespertinas se hizo familiar, se estableció la costumbre de tocar la campana en la mañana y proceder al rezo de las oraciones.
La más antigua referencia se halla en las crónicas de la ciudad de tejas de Parma, en 1318, siendo la campana municipal la que tañía en éste caso. El obispo exhortaba a quienes escuchaban éste tañido, a decir tres Padrenuestros y tres Ave marías por la conservación de la paz, por lo que fue llamada la “campana de la paz” La misma designación fue aplicada a las campanadas de la tarde en todo sitio.
A pesar de algunas dificultades, parece suficientemente probable que ésta campana matutina era una imitación también del triple llamado monástico a las oraciones del mismo momento del día; por ello, como se notó antes, se tocaba al oficio matutino de Prima tanto como en Completas.
El Ave María matutino pronto se volvió familiar en las naciones de Europa, sin exceptuar Inglaterra, y fue casi tan observado como el Ángelus vespertino. Pero, mientras en Inglaterra, el Ave María verspertino fue hecho obligatorio por el obispo John Stratford de Winchester tan temprano como 1324, ningún conocimiento formal se tiene antes de la instrucción del Arzobispo Arundel en 1399.
EL ÁNGELUS DEL MEDIODIA
Ello sugiere un mucho más complicado problema que no puede ser adecuadamente discutido acá. El hecho claro que parece resultar distinto de los estatutos de varios sínodos alemanes en los siglos XIV y XV, tanto como de devocionarios de más tarde, es que el toque de campana del medio día, a menudo calificado como de la Paz y formalmente recomendado por Luis IX de Francia en 1475 por tal razón, fue estrechamente asociado con la veneración de la Pasión de Cristo.
Primero pareció que éste tañido –como en Praga en 1386 o en Mainz en 1423 -, solamente se llevaba a cabo en viernes, pero la costumbre gradualmente se extendió a los otros días de la semana. En el English Horæ y en el German Hortulus Animæ de inicios del siglo XVI, prefieren proveer largas oraciones conmemorando la Pasión para ser rezadas al toque del medio día, en adición a las ordinarias Ave Marías.
Más tarde (ca. En 1575), en diversos libro de devoción (como el Thesaurus de Coster), donde ya aparecen los versos del Ángelus tal como los conocemos ahora –aunque sin la oración final-, una forma alternativa conmemorando la muerte del Señor en la cruz es sugerida para la campanada del mediodía. Estas instrucciones, que pueden ser halladas traducidas en un manuscrito inglés de 1576 (MSS. Hurlelan 2327) sugieren que la Resurrección debía ser honrada en la mañana, la Pasión al mediodía y la Encarnación en la tarde, pues son los momentos del día en que dichos grandes Misterios ocurrieron.
En algunos libros de oración de ésta época, se sugiere para cada una de las tres oraciones del día, diferentes devociones -como el Regian Coeli para la mañana (Esser 784)- oraciones de Pasión para el mediodía y los actuales versos para la caída del sol. A alguna de ésas prácticas indudablemente se debe el cambio del Regina Coeli por el Ángelus durante el tiempo pascual.
Esta sustitución fue recomendada por Angelo Rocca y Quarti a principios del siglo XVII. Nuestro presentes tres versos parecen haber hecho primeramente su aparición en un catecismo italiano impreso en Venecia en 1560 (Esser 789 ); pero la forma completa, universalmente adoptada no puede ser rastreada antes de 1612.
Nótese que en algún momento antes de esto, la práctica en Italia de rezar “De profundis” por las benditas Animas inmediatamente tras el Ángelus vespertino, empezaba a manifestarse. Otra costumbre, también de origen italiano, es aquella de añadir tres Glorias al Ángelus, en acción de gracias a la Bendita Trinidad por los privilegios concedidos a Nuestra Señora.
La Vocación de la Virgen María. Su respuesta inmediata
"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue". Evangelio según San Lucas (Lc 1, 26-38)
La fe de la Virgen María
Palabras de san Juan Pablo II comentando el relato de la Anunciación
Luminosa respuesta del Ángel
1. Al ángel que le propone ser madre, Maríale hace presente su propósito de virginidad. Ella, creyendo en la posibilidad del cumplimiento del anuncio, interpela al mensajero divino sólo sobre la modalidad de su realización, para corresponder mejor a la voluntad de Dios, a la que quiere adherirse y entregarse con total disponibilidad.
«Buscó el modo; no dudó de la omnipotencia de Dios», comenta san Agustín (Sermo 291).
Movida por su gran amor
2. San Lucas no indica el lugar preciso en el que se realiza la anunciación del nacimiento del Señor; refiere, solamente, que María se hallaba en Nazaret, aldea poco importante, que no parece predestinada a ese acontecimiento.
Además, el evangelista no atribuye especial importancia al momento en que el ángel se presenta, dado que no precisa las circunstancias históricas. En el contacto con el mensajero celestial, la atención se centra en el contenido de sus palabras, que exigen a María una escucha intensa y una fe pura.
Esta última consideración nos permite apreciar la grandeza de la fe de María, sobre todo si la comparamos con la tendencia a pedir con insistencia, tanto ayer como hoy, signos sensibles para creer. Al contrario, la aceptación de la voluntad divina por parte de la Virgen está motivada sólo por su amor a Dios.
La Anunciación: Su pregunta manifiesta su fe
3. María es invitada a creer en una maternidad virginal, de la que el Antiguo Testamento no recuerda ningún precedente.
En realidad, el conocido oráculo de Isaías: «He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel» (Is 7, 14), aunque no excluye esta perspectiva, ha sido interpretado explícitamente en este sentido sólo después de la venida de Cristo, y a la luz de la revelación evangélica.
A María se le pide que acepte una verdad jamás enunciada antes. Ella la acoge con sencillez y audacia. Con la pregunta: «¿Cómo será esto?», expresa su fe en el poder divino de conciliar la virginidad con su maternidad única y excepcional. Respondiendo: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc 1, 35), el ángel da la inefable solución de Dios a la pregunta formulada por María.
La virginidad, que parecía un obstáculo, resulta ser el contexto concreto en que el Espíritu Santo realizará en ella la concepción del Hijo de Dios encarnado. La respuesta del ángel abre el camino a la cooperación de la Virgen con el Espíritu Santo en la generación de Jesús.
Siempre fe para la salvación
4. En la realización del designio divino se da la libre colaboración de la persona humana. María, creyendo en la palabra del Señor, coopera en el cumplimiento de la maternidad anunciada.
Los Padres de la Iglesia subrayan a menudo este aspecto de la concepción virginal de Jesús. Sobre todo san Agustín, comentando el evangelio de la Anunciación, afirma: «El ángel anuncia, la Virgen escucha, cree y concibe» (Sermo 13 in Nat. Dom.). Y añade: «Cree la Virgen en el Cristo que se le anuncia, y la fe le trae a su seno; desciende la fe a su corazón virginal antes que a sus entrañas la fecundidad maternal» (Sermo 293).
El acto de fe de María nos recuerda la fe de Abraham, que al comienzo de la antigua alianza creyó en Dios, y se convirtió así en padre de una descendencia numerosa (cf. Gn 15, 6; Redemptoris Mater, 14). Al comienzo de la nueva alianza también María, con su fe, ejerce un influjo decisivo en la realización del misterio de la Encarnación, inicio y síntesis de toda la misión redentora de Jesús.
La estrecha relación entre fe y salvación, que Jesús puso de relieve durante su vida pública (cf. Mc 5, 34; 10, 52; etc.), nos ayuda a comprender también el papel fundamental que la fe de María ha desempeñado y sigue desempeñando en la salvación del género humano.
Su conversión causó gran sensación en la Roma de la época
Fabiola pertenecía a una familia noble de Roma (la gens Fabia), muy joven se casó con un hombre, de quien se divorció (en total respeto con las leyes del derecho romano) debido a las continuas peleas, incomprensiones y sobre todo por la violencia que soportaba por parte de su marido. Los biógrafos dicen de ella que era malcriada, egoísta y arrogante.
Después de su divorcio, Fabiolavolvió a casarse, pero al poco tiempo enviudó. Esta segunda tragedia coincidió con su acercamiento al cristianismo, y concretamente, a san Jerónimo (el famoso traductor de la Vulgata) y su círculo de seguidores, especialmente a dos matronas cristianas muy conocidas de Roma, Marcela y Paula.
Al año de conocerlas, Fabiola decide cambiar radicalmente su vida: se presentó en la vigilia de Pascua vestida con un saco o vestidura áspera que se usaba antiguamente para la penitencia, en la basílica de San Juan de Letrán, pidiendo perdón al papa y a los fieles por los pecados cometidos y el papa Siricio la recibió formalmente en comunión plena con la Iglesia.
La santa donó todos sus bienes a la Iglesia, dedicándose a los pobres y especialmente a los enfermos fundando lo que fue el primer hospital romano. Su conversión causó gran sensación en la Roma de la época.
San Jerónimo, en su Epístola LXXVII escribió sobre Fabiola
“… ha sido la primera que ha construido un hospital para acoger a todos los enfermos que encontraba por las calles: narices corroídas, ojos vacíos, pies y manos secas, vientres hinchados, piernas esqueléticas, carnes podridas con un hormiguero de gusanos… Cuántas veces, personalmente ella ha cargado a enfermos de lepra… Les daba de comer y hacía beber a aquellos cadáveres vivientes una taza de caldo…”
Estos centros hicieron más que brindar cuidado a los enfermos: se trataba de verdaderos hospitales-posadas, que proporcionaban un hogar para la tercera edad a aquellas familias que no podían cuidar siempre de sus ancianos, y hostales para los viajeros; además, incorporaron familias sin trabajo y formaron con ellas nuevas vocaciones.
Fabiola muere en el 339 y su festividad se celebra el 27 de diciembre. La santa es patrona de las personas divorciadas, víctimas de abusos, adulterios o infidelidades en el matrimonio. Su memoria pervivió a través de los años por la biografía escrita por san Jerónimo. Pero su historia se hizo famosa gracias al romance histórico del cardenal Nicholas Patrick Stephen Wiseman, titulado “Fabiola o la Iglesia de las catacumbas”
Una nota interesante que gira entorno a la santa son las más de 400 réplicas pintadas por desconocidos y principiantes de un cuadro que la retrata, realizado por el pintor francés Jean-Jacques Henner en 1885, y que actualmente se encuentra desaparecido.
Cuadro realizado por el pintor francés Jean-Jacques Henner en 1885
Intrigado por la supervivencia y la propagación de esta pintura, un artista llamado Francis Alÿs ha logrado reunir cientos de copias hechas a mano que compró en diversos mercadillos del mundo, sin dar todavía con la pintura original. Y esta es la imagen con la que generalmente se representa a Santa Fabiola.
¿Cómo transmitir a las nuevas generaciones el tesoro de una historia de fe y testimonio que tuvo lugar hace siglos en Japón, y de la que quedan pocas huellas en los documentos históricos?
Una respuesta ha surgido en el mundo del manga, dado que la historia que hay que contar a los chicos y chicas de hoy tuvo lugar en Japón.
Apreciados en todos los rincones del planeta por un público cada vez más numeroso, los cómics manga llevan mucho tiempo fascinando a grandes y pequeños. Pero más allá de las aventuras de superhéroes ficticios, los mangas también pueden narrar historias reales, como la de los “cristianos ocultos” de Japón. Durante más de dos siglos, estos fieles mantuvieron su fe en secreto tras la prohibición del cristianismo y la expulsión de los misioneros a partir del 1600.
Sin sacerdotes ni iglesias, las comunidades cristianas japonesas se organizaron en la clandestinidad. El jefe de la aldea lideraba la comunidad, fijaba las festividades religiosas según el calendario litúrgico y conservaba los libros sagrados.
El catequista enseñaba a los niños, mientras que aquellos que conocían las fórmulas bautismales administraban el sacramento. Un heraldo recorría las casas anunciando los domingos, las fiestas cristianas y los días de ayuno y abstinencia.
La autora de este manga es Kan Takahama, quien presentará su proyecto en Italia del 17 al 20 de marzo en un ciclo de conferencias organizado por la Embajada de Japón ante la Santa Sede y la Archidiócesis de Lucca.
Estos encuentros, que se celebrarán en Roma y Lucca, conmemoran el 440 aniversario de la “Embajada Tensho”, la primera delegación japonesa que visitó la Santa Sede en marzo de 1585. El nombre de la embajada hace referencia al décimo año de la era Tensho, según el calendario japonés de la época.
Kan Takahama
La idea de enviar a Europa a jóvenes dignatarios japoneses surgió del jesuita italiano Alessandro Valignano, quien desde 1573 desarrollaba actividades misioneras en Extremo Oriente.
Eligió personalmente a dos muchachos de tres de las principales familias cristianas daimyō de Japón.
Los daimyō eran poderosos señores feudales que gobernaron gran parte del país desde el siglo X hasta mediados del siglo XIX, durante el inicio del periodo Meiji.
A la expedición se unieron otros dos jóvenes nobles y un pequeño grupo de acompañantes, entre ellos el jesuita Diogo de Mesquita, quien actuó como guía e intérprete.
Este viaje, que duró ocho años (de 1582 a 1590), tenía como propósito dar a conocer Japón a la Iglesia europea y disipar los estereotipos sobre el país nipón.
La historia de la artista Takahama también está vinculada a este episodio. Originaria de Amakusa, su ciudad natal fue el lugar donde, en 1591, la Compañía de Jesús fundó un colegio para la formación de sacerdotes japoneses.
Allí, los jóvenes de la Embajada Tensho continuaron sus estudios tras su regreso a Japón, gracias a la imprenta de Gutenberg que trajeron consigo. Con su ayuda, se imprimieron los primeros libros cristianos en Japón.
Durante los 250 años de persecución, las regiones de Amakusa y Nagasaki se convirtieron en refugios para los cristianos, quienes mantuvieron su fe a pesar de la ausencia de sacerdotes. Hoy, estas regiones están reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Takahama descubrió por casualidad documentos antiguos sobre la persecución de los cristianos en el archivo de su casa. Desde entonces, ha aprendido a leerlos y descifrarlos, recopilando además tradiciones orales que nunca fueron transcritas, en un esfuerzo por reconstruir la historia de los “cristianos ocultos” locales.
De esta investigación nace su obra “Shishi to Botan” (León y Peonías), inspirada en un hecho real: la revuelta de campesinos cristianos en 1638, liderada por el samurái cristiano Amakusa Shiro que fue brutalmente reprimida.
Pero ¿cómo se traslada la investigación histórica al cómic manga? Esta será la cuestión central de las conferencias de Takahama, que se celebrarán los días 17 y 18 de marzo en Roma (en la Pontificia Universidad Gregoriana y la Pontificia Universidad Salesiana) y el 20 de marzo en el Palacio Arzobispal de Lucca.
Peregrinación de las Siete Iglesias es una iniciativas para Roma del Jubileo 2025
Tradición heredada de San Felipe Neri en el siglo XVI, la Peregrinación de las Siete Iglesias es una de las iniciativas propuestas para el Jubileo 2025. Siguiendo las huellas de los primeros mártires del cristianismo en Roma, se invita a los peregrinos a realizar esta "gran caminata con paradas espirituales", como explica Marc Reverdin, autor de una nueva guía de la peregrinación.
En la ciudad de las mil iglesias, la tradicional Peregrinación de las Siete Iglesias invita a sumergirse en la historia milenaria de la Iglesia católica en Roma. Es un recorrido de 25 kilómetros salpicado por las cuatro basílicas mayores y otras tres basílicas (Santa Cruz de Jerusalén, San Sebastián y San Lorenzo).
Santa Croce in Gerusalemme - Roma
En los primeros siglos después de Cristo, muchos cristianos fueron martirizados en Roma, la ciudad que gobernaba todo el Mediterráneo. Tal fue el caso de Pedro, apóstol de Cristo y pescador de Galilea, y de Pablo, ciudadano romano convertido al cristianismo.
Una peregrinación ligada a los jubileos
Después de que el cristianismo se convirtiera en religión oficial bajo el emperador Constantino, con el Edicto de Milán de 313, el culto a los mártires salió de las catacumbas y se hizo público. Se construyeron basílicas en los lugares de los mártires, como la primera basílica de San Pedro, en el emplazamiento del circo de Calígula.
"Fue el Papa San Gregorio Magno, en el siglo VI, quien organizó por primera vez una ruta para invitar a los peregrinos a venir a rendir homenaje a las reliquias de los mártires, Pedro, Pablo, luego Sebastián, Esteban, Lorenzo...", explica Marc Reverdin, autor de una reciente guía sobre la peregrinación a las Siete Iglesias.
Luego, a partir de 1300, el Papa Bonifacio VIII instituyó el primer Jubileo, invitando a los fieles a peregrinar a Roma, ya que la ciudad de Jerusalén había quedado bajo dominio mameluco. "Visitar las reliquias de los grandes santos fundadores de la Iglesia se convirtió en una obligación para los peregrinos".
Marc Reverdin, autor de una nueva guía de la peregrinación a las Siete Iglesias.
Una oferta espiritual antes de la Cuaresma
Finalmente, San Felipe Neri formalizó en el siglo XVI lo que se convertiría en la "peregrinación de las siete iglesias" (ndr, en español más conocida como "la visita a las siete iglesias").
"El Renacimiento italiano fue una época en la que se quería acercarse a las masas, poco alfabetizadas pero también poco cristianizadas", señala Marc Reverdin, francés afincado en Roma desde hace unos diez años. Responsable de la parroquia Chiesa Nuova, en el centro de Roma, San Felipe quiere ofrecer una alternativa alegre y espiritual al libertinaje moral que recorría las calles de Roma durante el Carnaval, antes de la Cuaresma.
Este "gran paseo, un poco pastoral, marcado por etapas espirituales" comienza en la Basílica de San Pedro, lugar de sepultura de Pedro, a quien Jesús confió su Iglesia. Continúa a lo largo del Tíber hacia San Pablo Extramuros, y luego prosigue subiendo hasta la basílica de San Sebastián, donde el soldado romano fue atravesado por las flechas. Bajo la iglesia se encuentran las catacumbas utilizadas por los cristianos para sus entierros durante las persecuciones de los primeros siglos.
Basílica de San Sebastián.
El itinerario continúa hacia San Juan de Letrán, catedral del Sumo Pontífice, y justo al lado la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, con las reliquias de la Pasión traídas de Jerusalén por Santa Elena, madre de Constantino. Los peregrinos terminan su viaje en la basílica de San Lorenzo Extramuros, que alberga las reliquias del primer mártir, San Esteban, y finalmente de Santa María la Mayor.
Una adaptación del recorrido
"Hay muchas otras iglesias notables en la ruta", explica el autor de la guía, como la abadía de las Tre Fontane, lugar del martirio de Pablo, y la iglesia de San Bartolomé, en la Isla Tiberina. Sin embargo, esto añade muchos kilómetros, mientras que el viaje completo dura unas 8 horas, a veces más dependiendo de la duración de las paradas en las distintas basílicas. Marc Reverdin recomienda empezar con la misa en San Pedro a las 7 de la mañana.
También recomienda hacer algunos cambios en el itinerario, ya que las calles de Roma han cambiado desde el siglo XVI y algunas se han vuelto muy concurridas, muy lejos del "paseo campestre" imaginado por San Felipe. Además, para quienes no deseen recorrer 25 kilómetros a pie, es posible realizar varias etapas en transporte público.
Por último, la nueva guía editada por los Píos Establecimientos de Francia indica, para cada tramo, diversas oraciones inspiradas en las estaciones de la Pasión de Cristo o en los misterios del rosario. Una sugerencia espiritual que podría interesar a los millones de peregrinos que se esperan en Roma para el Jubileo de 2025.
Documental "Corazón de Padre" muestra milagros actuales desconocidos atribuidos a San José
La película Corazón de Padre muestra que San José no es un personaje del pasado, sino que está muy presente en la vida de personas del siglo XXI.
Sus productores entrevistaron por todo el mundo a gente de toda y clase condición que asegura haber recibido la ayuda del santo, un personaje cuyo mensaje, asegura el director del largometraje, es más actual que nunca.
ANDRÉS GARRIGÓ
Director, “Corazón de Padre”
Hay una necesidad de recuperar la persona del padre, del varón, que es el centro junto con la madre de la familia, que está partido en brecha, destrozado intelectualmente y ante la opinión pública por los movimientos radicales.
La película se apoya en las narraciones del padre Donald Calloway en su libro “Consagración a San José: Las maravillas de nuestro padre espiritual”. Entre otras cosas cuenta cómo él mismo, tras una adolescencia conflictiva se convirtió y cómo le fue ayudando en su vida espiritual la devoción a San José.
ANDRÉS GARRIGÓ
Director, “Corazón de Padre”
Él dice: De todos los títulos que tiene San José, patrón de la familia, patrón de los obreros, patrón de la buena muerte. Miles de cosas. Para mí el mejor es terror de los demonios.
Porque lo que espanta más al demonio son las virtudes de San José, que son la humildad y la castidad, estas son las que faltan más hoy en día en el mundo.
Este largometraje documental ha recibido gran acogida en países como Brasil. Y espera seguir tocando el corazón de católicos de todo el mundo para recordar que la historia de quien hizo las veces de padre de Jesús no ha terminado y que está más vivo que nunca.
San Cirilo de Jerusalén nos invita hoy a revestirnos con las vestiduras de Cristo
Si Cirilo de Jerusalén estuviera entre nosotros hoy, simplemente podría desafiarnos a profundizar un poco más en nuestras devociones de Cuaresma.
En la primavera de 347, Cirilo de Jerusalén entregó una serie de enseñanzas a los catecúmenos de Jerusalén. En la introducción a estas conferencias, Cirilo les dijo a sus auditores: “Este encargo os doy, antes de que entre Jesús, el Esposo de las almas… Se os permite un aviso largo; tienes cuarenta días para arrepentirte…”
Sentado en la magnífica y recién terminada Iglesia del Santo Sepulcro, Cirilo pronunció una apasionada súplica por el arrepentimiento genuino, la conversión y la aceptación de una forma de vida completamente nueva.
“Incluso Simón el Mago vino una vez a la fuente: fue bautizado, pero no fue iluminado; y aunque sumergió su cuerpo en agua, no iluminó su corazón con el Espíritu: su cuerpo descendió y subió, pero su alma no fue sepultada con Cristo, ni resucitó con Él”, Cirilo advirtió a los catecúmenos.
Tuvo que ser un momento poderoso para los oyentes de Cirilo. Sentado en el mismo lugar donde Cristo pasó tres días en la tumba, luego resucitó de entre los muertos, la poderosa retórica de Cirilo debió de conmoverlos en lo más hondo. Y, de hecho, sus palabras todavía siguen teniendo hoy el mismo poder, porque al leerlas de nuevo, recordamos cuán débiles son nuestros propios preparativos de Cuaresma, y nos incitan a una conversión genuina.
En el prólogo de las Conferencias catequéticas de Cirilo, el lector moderno puede encontrar la verdadera esencia, el espíritu, por así decirlo, de la comprensión de la Iglesia primitiva del propósito de la Cuaresma. Lo primero que se nota, entonces, es que, en el entendimiento de Cirilo, la Cuaresma era para los creyentes: los que ya estaban bautizados, y los que estaban en los últimos días de su preparación para el Bautismo. Leemos al final del prólogo:
“Estas Lecturas de Catequesis, para aquellos que han de ser iluminados, las podéis prestar a los candidatos al Bautismo y a los creyentes que ya están bautizados, para leer, pero no podéis dar nada ni a los Catecúmenos ni a ningún otro que no sea cristiano…” La fe básica en Cristo es un requisito previo para la auténtica observancia de la Cuaresma. Las disciplinas de la Cuaresma no tienen sentido y no pueden dar frutos genuinos sin fe.
En segundo lugar, vemos que, para Cirilo, aunque prevé un arduo trabajo espiritual por parte del creyente durante la Cuaresma, sabe que en última instancia la obra de salvación, el proceso de perfección en nuestras almas, pertenece a Dios: “Dios, que conoce vuestros corazones, y observa quién es sincero y quién es hipócrita, es poderoso tanto para guardar a los sinceros como para dar fe al hipócrita."
Cirilo estaba perfectamente convencido de que Dios puede transformar nuestros esfuerzos vacilantes e insinceros en conversión y fe genuinas. Cirilo planteó el asunto de esta manera:
“Posiblemente, también, has venido con otro pretexto. Es posible que un hombre esté deseando cortejar a una mujer y haya venido aquí por ese motivo. La observación se aplica de la misma manera a las mujeres también a su vez. Un esclavo tal vez también desee complacer a su amo, y un amigo a su amigo. Yo tomo este cebo por el anzuelo, y te recibo, aunque viniste con un mal propósito, pero como a uno que ha de ser salvado por una buena esperanza.”
Un tercer tema, quizás el más importante de todos, surge de una lectura atenta del prólogo de Cirilo. Cirilo entendió que, para un cristiano, la conversión inicial y el bautismo son solo el comienzo. La vigilancia constante, el arrepentimiento constante, son necesarios para que una vida cristiana llegue segura a puerto: “Grande es el bautismo que está delante de ti…. Pero hay una serpiente junto al camino que vigila a los que pasan; mirad que no os muerda con la incredulidad”.
Vistos así, la oración, el ayuno y la limosna de la Cuaresma adquieren su verdadero sentido. Existen para preparar al creyente, mediante actos voluntarios de renuncia a sí mismo, para resistir las tentaciones que se nos presenten en la vida diaria. Una persona que puede comer voluntariamente alimentos sencillos durante la Cuaresma para dar más a los pobres podrá resistir mejor las tentaciones de la avaricia y el egoísmo que el mundo nos presenta.
Fue en este contexto que Cirilo invitó a sus candidatos al bautismo a comenzar sus cuarenta días de renuncia: “Si la moda de vuestra alma es la avaricia, vestíos de otra moda y entrad. Despojaos de la moda anterior, no la ocultéis. Quitaos, os lo ruego, la fornicación y la inmundicia, y vestíos el manto más brillante de la castidad. Este encargo os doy, delante de Jesús el Esposo de las almas, entrad y mirad sus formas. Se os permite un aviso largo; tienes cuarenta días para arrepentirte: tienes plena oportunidad, tanto para quitarte y lavarte, como para vestirte y entrar.”
El contenido práctico de la catequesis de Cirilo se revela a través de una lectura atenta de las conferencias 1 y 2, que tratan los temas del arrepentimiento y el perdón.
En la primera lectura, después de leer Is 1,16: “Lávate y límpiate; apartad de delante de mis ojos la maldad de vuestras obras…”, Cirilo recomienda a sus oyentes que confiesen sus pecados y perdonen a los que han pecado contra ellos: “Este es el tiempo de la confesión: confiesa lo que has hecho de palabra o de hecho…
Si tienes algo contra algún hombre, perdónalo: vienes aquí para recibir el perdón de los pecados, y también debes perdonar al que ha pecado contra ti”.
En la segunda conferencia, Cirilo reforzó esta enseñanza hablando de los beneficios que experimenta el alma cuando se libera de la carga de los pecados no perdonados:
“Entonces el pecado es, como hemos dicho, un mal terrible, pero no incurable; temible para el que se aferra a ella, pero fácil de curar para el que, por arrepentimiento, se la quita. Pues supongamos que un hombre sostiene fuego en su mano; mientras retenga el carbón encendido, es seguro que se quemará; pero si hubiera apartado el carbón, habría arrojado también la llama con él.”
Parece claro, al leer estos pasajes, que existe una diferencia definitiva entre la forma en que Cirilo y sus contemporáneos veían la Cuaresma y la forma en que la vemos hoy. Tal vez, hay mucho que podríamos aprender de Cirilo. Quizás nuestra visión es demasiado pequeña. Tendemos a mordisquear los bordes de nuestros vicios.
Estamos contentos si somos capaces de pasar cuarenta días sin comer chocolate, o usar nuestra palabrota menor favorita. Cirilo nunca se habría contentado con resultados tan pequeños (por valiosos que sean), y tampoco habría permitido que su congregación estuviera satisfecha.
Para Cirilo, los cuarenta días de preparación para el Bautismo eran para iniciar el arrepentimiento profundo que cambia la vida y conduce a una nueva creación. En el corazón de la catequesis bautismal de Cirilo, estaba la idea de que, aquellos que se levantan de las aguas del bautismo, han muerto a su antigua forma de vida, emergiendo ahora como una nueva creación.
En su tercer discurso, les dijo a sus candidatos:
“Habiendo descendido muertos en pecados, resucitáis vivificados en justicia. Porque si habéis sido unidos a la semejanza de la muerte del Salvador (Rom 6, 5), también seréis tenidos por dignos de su resurrección”.
Pero el sacramento, aclara Cirilo, no es como los rituales mágicos de los paganos. Sin un arduo trabajo por parte del receptor, la gracia podría ser recibida en vano: “esto no es un asunto ligero, ni una unión ordinaria e indiscriminada según la carne, sino la elección del Espíritu que todo lo escudriña según la fe”.
Siendo así, los cuarenta días de preparación, para Cirilo, eran esenciales, y la oración, el ayuno y la limosna de la Cuaresma eran necesarios para preparar el alma para la adecuada recepción del inmenso don del Bautismo.
Cirilo consideraba la limosna como el signo visible más claro del verdadero arrepentimiento: “¿Qué, pues, debes hacer? ¿Y cuáles son los frutos del arrepentimiento? El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene (Lc 3, 11)… y el que tiene comida, haga lo mismo . ¿Disfrutarías de la gracia del Espíritu Santo y, sin embargo, juzgarías a los pobres como indignos del alimento corporal?”
Dar limosna es, para Cirilo, una señal clara de que el candidato se ha arrepentido de su antigua codicia, egoísmo e insensibilidad con los pobres, y ha comenzado a ver a los pobres como seres humanos, dignos de respeto, amor y asistencia.
Pero, más allá de esto, para Cirilo, la entrega de bienes materiales tiene el mismo propósito que el ayuno; somos desapegados de los bienes menores que nos impiden apreciar plenamente la majestad, el asombro y el amor infinito de Dios, y recordamos que nunca estaremos verdaderamente satisfechos hasta que comamos la rica comida y el buen vino del banquete escatológico de Dios.
Cirilo insinuó esto hacia el final de su catequesis bautismal. Les dijo a los candidatos que, en el momento de su bautismo:
“Los ángeles bailarán a su alrededor y dirán: '¿Quién es ésta que sube con vestiduras blancas, apoyándose en su amado?'... Y Dios les conceda que, cuando hayan terminado, en el transcurso del ayuno, se acuerden de lo que digo, y dando fruto en buenas obras, estén irreprensibles junto al Esposo espiritual…”
Y así, en medio de su aparente severidad, vemos el corazón pastoral de Cirilo, que amaba tanto a su rebaño que anhelaba verlo bañado por la luz de su salvador.
¿Qué pueden aprender hoy los catequistas y predicadores de Cirilo? Si Cirilo estuviera entre nosotros hoy, ¿Qué nos diría? Tal vez, simplemente nos desafiaría a profundizar un poco más en nuestras devociones de Cuaresma. Cirilo no era ajeno a los desafíos de presentar el Evangelio en una sociedad rica. La Iglesia estaba experimentando una afluencia de nuevos conversos, muchos de los cuales eran sinceros.
Pero muchos también buscaban simplemente una ventaja política o económica. Cirilo tomó a todos los interesados y los desafió a la conversión profunda y duradera a la que Cristo nos llama a todos, el tipo de conversión que se traduce en abundantes frutos del Espíritu Santo. ¿Haremos acaso menos hoy?
Maewyn Succat, es el nombre con el que Patricio fue bautizado. Nació en la Britania Romana entre el año 385 y el 392 en el seno de una familia cristiana.
Cuando tenía quince o dieciséis años fue raptado por un puñado de piratas irlandeses que lo llevaron al norte de Irlanda y lo vendieron como esclavo.
Un muchacho que reza
En su “Confesión”, en la que se firma “Patricius” y en la que relata la experiencia de aquellos años, escribe:
“El amor por Dios y el temor a Él crecieron en mí, y así la fe. En un solo día rezaba cien oraciones, y de noche casi otras tantas. Rezaba en los bosques y sobre los montes, incluso antes de la aurora. Ni la nieve, ni el hielo, ni la lluvia parecían tocarme”.
Después de seis años de prisión, Patricio tuvo en sueños la premonición de la libertad ya próxima y, obedeciendo a la visión que tuvo mientras dormía, escapó de la vigilancia y recorrió a pie los casi doscientos kilómetros que lo separaban de la costa. Allí logró que algunos marineros se apiadaran de él y lo embarcaron con ellos hasta volver a Britania, donde pudo volver a abrazar a su familia.
Una visión
Pocos años después, Patricio tuvo otra visión, que también describe en la “Confesión”:
“Vi a un hombre que venía hacia mí, como procedente de Irlanda; su nombre era Victorio, llevaba consigo algunas cartas, y me entregó una. Leí la primera línea: ‘Invocación de los irlandeses’. Mientras leía, me pareció escuchar la voz de la gente que habitaba en la foresta de Vocluto (el lugar de su prisión), cerca del mar occidental, y me pareció que me imploraran, llamándome ‘joven siervo de Dios’, para que fuera con ellos”.
Esta visión incitó a Patricio que prosiguió sus estudios de formación, hasta que fue ordenado presbítero por Germán, Obispo de Auxerre. Sin embargo, su sueño de evangelizar Irlanda aún no estaba próximo a realizarse. Su candidatura al ministerio episcopal, con vistas a su envío a Irlanda, fue obstaculizada en base a una presunta falta de preparación debida a la irregularidad de sus estudios; lo que fue durante mucho tiempo un dolor para Patricio que en la “Confesión” admite:
“No he estudiado como otros que se han nutrido en medida igual del derecho y de la Sagrada Escritura y desde la infancia han perfeccionado su lengua. Yo, en cambio, he tenido que aprender una lengua extranjera. Algunos me acusan de ignorancia y de tener una lengua balbuciente, pero en realidad está escrito que las lenguas balbucientes aprenden rápidamente a hablar de paz”.
Obispo en Irlanda
Finalmente, en una fecha imprecisada, entre los años 431 y 432, Patricio fue consagrado Obispo de Irlanda por el Papa Celestino I, y llegó a Slane el 25 de marzo del 432. El Obispo que lo había precedido, Paladio, había regresado a su patria desanimado después de menos de dos años de misión.
Patricio se encontró entonces con que tuvo que afrontar innumerables dificultades: el jefe de una de las tribus trató de que fuera asesinado, y durante sesenta días fue encarcelado, pero a pesar de las tribulaciones, Patricio continuó durante casi cuarenta años su obra misionera, llegando a convertir a miles de irlandeses, introduciendo la vida monástica y estableciendo la sede episcopal en Armagh.
El trébol
Según la tradición, San Patricio solía explicar el misterio de la Trinidad mostrando el trébol, en el que las tres hojitas están unidas por un único tallo. El primer testimonio escrito de esto se remonta sólo al 1726, pero la tradición podría tener raíces mucho más antiguas.
Las imágenes de San Patricio lo retratan con una cruz en una mano y un trébol en la otra. Por esta razón El trébol es hoy el símbolo de la fiesta de San Patricio, que cae el 17 de marzo, día de su muerte acaecida en el año 461 en Saúl. Sus restos fueron trasladados y sepultados en la Catedral de Down, que desde entonces se denomina Down Patrick.