Después de una larga jornada llegó Jesús a Betania, pequeña ciudad que se encontraba en el camino de Jericó a Jerusalén y muy próxima a ésta (unos tres kilómetros). Allí, como hemos visto, tenía el Señor grandes amigos y era siempre bien recibido. San Juan señala que esto ocurre seis días antes de la Pascua. Quizá, por tanto, el viernes, antes de que comenzara el descanso sabático.
Antes nos ha advertido que Jesús no subió a la Pascua tan temprano como otros peregrinos que preguntaban por Él.
Durante esta última semana, el Señor permanecerá todo el día enseñando en el Templo, pero por la tarde volverá a Betania para pasar la noche, probablemente en casa de Marta, de María y de Lázaro. Allí se encontraba bien con sus amigos.

Al día siguiente de su llegada, el sábado, le prepararon una cena en casa de Simón el leproso (Mc), quizá un discípulo a quien Jesús habría curado de esa enfermedad. Es presentado por San Marcos como una persona conocida. En aquella cena, Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él (Jn).
Las dos familias debían de estar muy unidas. Fue ésta una comida bien cuidada, para recibir con afecto al Maestro y para que éste restaurase sus fuerzas después de llevar tantos días transitando por caminos polvorientos y comiendo lo que le ofrecían. También era un modo de agradecer la vuelta a la vida de Lázaro, que había tenido lugar pocas semanas antes. Relatan este suceso San Mateo, San Marcos y San Juan.
Era costumbre de la hospitalidad de Oriente honrar a un huésped ilustre con agua perfumada después de lavarse. Pero apenas se sentó Jesús, María tomó un frasco de alabastro que contenía una libra de perfume muy caro, de nardo puro. Se acercó por detrás al diván donde estaba recostado Jesús y ungió sus pies y los secó con sus cabellos (Jn).
No quitó el sello del frasco, sino que lo rompió (Mc) por el cuello alargado que solían tener estas vasijas, para que ya nadie lo pudiera aprovechar, y lo derramó abundantemente, hasta la última gota, primero en su cabeza (Mc) y luego en sus pies (Jn). Juan, que estaba presente, recuerda al escribir su evangelio que toda la casa se llenó de la fragancia del perfume. Jesús la dejó hacer.
María tenía preparado aquel frasco de alabastro para cuando llegara el Maestro. Quizá conocía la unción de aquella mujer en Galilea y se sintió movida a llevar a cabo algo parecido.
Jesús agradeció mucho esta acción de María. En medio de tantas sombras como se le vienen encima, este gesto debió de llegarle al corazón. Pero el gesto de María no les pareció bien a todos. Algunos de los presentes –San Juan señala expresamente a Judas– comenzaron a murmurar: ¿Para qué ha hecho este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios, y darlo a los pobres (Mc). Añade San Marcos que se irritaban contra ella. No pueden con su generosidad.
San Juan nos dice los verdaderos motivos de las críticas de Judas: Pero esto lo dijo no porque él se preocupara de los pobres, sino porque era ladrón, y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Judas era el que administraba el poco dinero del que disponían. Y el evangelista no vacila en escribir que era ladrón.
Jesús salió enseguida en defensa de María y anunció veladamente la proximidad de su muerte (faltaba ya menos de una semana), y hasta se vislumbraba en sus palabras que sería tan inesperada que apenas habría tiempo para embalsamar su cuerpo tal como era costumbre.
Jesús miró con afecto a María y luego se dirigió a todos:
Dejadla, ¿por qué la molestáis? Ha hecho una buena obra conmigo, pues a los pobres los tenéis siempre con vosotros, y podéis hacerles bien cuando queráis; a mí, en cambio, no siempre me tenéis. Ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.

Aquella muestra de afecto de María dura hasta nuestros días: En verdad os digo: dondequiera que se predique el Evangelio en todo el mundo, se contará también lo que ella ha hecho, para memoria suya.
Este suceso determinó en buena medida el modo en que se desarrollaron los acontecimientos posteriores. Judas debió de sentirse herido por las palabras del Maestro y por el elogio que hizo de María. Todos sus rencores se pusieron de pie. Decidió ir aquella noche a los príncipes de los sacerdotes, y les ofreció entregar a Jesús. Ellos se alegraron y le prometieron dinero. Desde aquel momento buscaba cómo podría entregarlo en un momento oportuno (Mc).
La resurrección de Lázaro había tenido una gran resonancia en toda Judea. Por eso, muchos (Jerusalén estaba repleta ya de peregrinos) se acercaron a Betania, no sólo para ver a Jesús, sino también por Lázaro. Eran incontables los que habían pasado ya por allí, y muchas debieron ser las explicaciones que dieron Marta y María, y hasta el propio Lázaro.
Por eso, los príncipes de los sacerdotes decidieron también dar muerte a Lázaro, pues muchos por su causa se apartaban de los judíos y creían en Jesús (Jn).
Lázaro era un testimonio vivo de la divinidad de Jesús.
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Vida de Jesús (Fco Fz Carvajal)
Jesús es presentado como el Rey-Mesías, que entra y toma posesión de su ciudad. Pero no entra como un rey guerrero que avanza con su gran ejército, sino como un Mesías humilde y manso, cumpliendo así la profecía de Zacarías (9,9): "He aquí que tu rey viene a ti; él es justo y victorioso, humilde y. montado en un asno".
La característica de la procesión es el júbilo, gozo que anticipa el de pascua. Es una procesión en honor de Cristo rey; por eso los ornamentos son rojos y se cantan himnos y aclamaciones a Cristo. La Iglesia realiza los acontecimientos del primer domingo de ramos: lo que se lee en el evangelio se vive inmediatamente después en la procesión (1).
La procesión no es simple ostentación, sino algo muy real; en cierto sentido, más real que el mismo acontecimiento original, porque la Iglesia, al celebrar este hecho con fe y devoción, celebra el misterio que se oculta en él. El rey que nosotros aclamamos no es un personaje histórico, sino el que vive y reina por siempre. El significado de la entrada triunfal de Cristo solamente se percibe desde la fe. Jesús entra "para llevar a cabo su obra mesiánica, para sufrir, morir y resucitar".
"¡Bendito el que viene en nombre del Señor!; ¡hosanna en las alturas!" En cada celebración eucarística repetimos esta aclamación al comenzar la oración eucarística. La venida de Cristo en el misterio eucarístico acontece diariamente. En la procesión del domingo de ramos, la Iglesia, representada en cada asamblea litúrgica, sale a recibir y dar la bienvenida a Cristo de una manera especial.
La procesión nos transmite como una anticipación o pregustación del domingo de pascua. La alegría y el triunfo de pascua rompe así la liturgia más bien sombría del domingo de ramos. Las palmas que se bendicen y se llevan en procesión, son emblema de victoria. "Hoy honramos a Cristo, el rey triunfador, llevando estos ramos".

El responsorio que se canta al entrar en la iglesia menciona explícitamente la resurrección: "Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurrección de Cristo".
En la procesión del domingo de ramos, la Iglesia, además de conmemorar un hecho pasado y celebrar una realidad presente, anticipa también su cumplimiento final. La Iglesia espera la completa realización del misterio al final de los tiempos.
Esta nota escatológica está contenida en la oración que se dice en la bendición de los ramos: "A cuantos vamos a acompañar a Cristo aclamándolo con cantos, concédenos entrar en la Jerusalén del cielo por medio de él". Una de las peticiones de laudes, dirigida a Cristo, contiene también este ansia de la plenitud futura. "Tú que subiste a Jerusalén para sufrir la pasión y entrar así en la gloria, conduce a tu Iglesia a la pascua eterna".
Este domingo se llama de dos maneras: domingo de ramos y también domingo de pasión. Ramos por la victoria y pasión por el sufrimiento. La procesión es heraldo de la victoria de pascua; en cambio, la liturgia de la palabra que le sigue nos sumerge en la liturgia del viernes santo. Cristo vencerá efectivamente, pero lo hará por su pasión y muerte.
La primera lectura es del profeta Isaías (50,74). Los sufrimientos del profeta en manos de sus enemigos son figura de los de Cristo. Su serena aceptación de los insultos e injurias nos hace pensar en la humildad de Cristo cuando fue sometido a provocaciones aún peores. Es un sufrimiento aceptado libremente y voluntariamente soportado.
Esta idea de aceptación se encuentra también en la segunda lectura (Flp 2,6-11), que nos dice: "Cristo se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz". Repetimos el mismo tema en el prefacio: "Siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales".
La segunda lectura nos hace penetrar con profundidad en el misterio de la redención. San Pablo, escribiendo a los filipenses, habla del anonadamiento (kenosis) de Cristo, el cual no sólo "se despojó de sí mismo asumiendo la condición de esclavo", sino que incluso se humilló hasta someterse a la muerte de cruz.

Esta era lo último de la humillación y el anonadamiento, hacerse un proscrito, un desecho de la sociedad. Pero san Pablo, después de sondeadas las profundidades de los sufrimientos de Cristo, eleva en seguida nuestro pensamiento: "Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el `Nombre-sobretodo-nombre`.
La solemne lectura de la pasión es lo más característico de la misa. Siguiendo la actual ordenación litúrgica en tres ciclos, el evangelio puede ser el de Mateo, el de Marcos o el de Lucas. Tradicionalmente se lee el de Mateo.
La lectura del evangelio se despoja de todo ceremonial, incluso en las misas solemnes: no se usan velas ni incienso, y se omite también la señal de la cruz al principio. Simplemente se comienza con el anuncio: "Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo". El evangelio de la pasión no necesita adornos; ni siquiera requiere introducción ni homilía; habla por sí mismo. Cuando se lee con reverencia, no puede menos de causar una impresión profunda.
Hay muchos libros sobre la vida de Cristo, muchas meditaciones y tratados sobre la pasión. Pero nada causa en nosotros mayor impacto que los escuetos y patéticos relatos de la pasión del Señor que nos ofrecen los mismos evangelistas. No hay en ellos la menor intención de influir en nuestros sentimientos o de presentar una versión intensamente recargada de lo que allí sucedió.
Tampoco se detecta afán alguno de quitar importancia a los sufrimientos físicos y morales del Salvador. Se trata de una narración sencilla, digna y moderada, que, sin embargo, lo dice todo; de tal manera que nos es fácil imaginarnos a nosotros mismos como testigos presenciales de los acontecimientos. Hay en ella drama y patetismo, pero también serenidad. La persona de Cristo descuella entre sus acusadores y perseguidores.
Es costumbre muy acertada el tomar tres lectores para la lectura de la pasión. Ello ayuda a mantener la atención y el interés. Sirve, además, para poner en evidencia las palabras de Cristo, que pueden ser leídas por el mismo celebrante. Un segundo lector se hará cargo del papel de narrador, y otro asumirá las demás partes.
Vincent Ryan
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Cuenta la historia de un príncipe judío ficticio, Judá Ben-Hur, en la época de Jesucristo. Esta novela se inicia con el nacimiento de Jesús y los Reyes Magos llegando a Jerusalén.

Luego la trama se centra en las aventuras de Ben-Hur quien, pese a su amistad con el romano Messala, un desafortunado accidente lleva a la acaudalada familia de los Hur a la desgracia y convierte a Messala y Ben-Hur en enemigos.
El rico judío fue hecho galeote, es decir, remero en las galeras romanas, uno de los oficios más duros del momento, comúnmente llevado a cabo por delincuentes como castigo y manera de pagar por sus delitos.
Pero el destino hace que, tras una batalla contra los piratas, Ben-Hur se convierte en el hijo adoptivo del noble romano Quinto Arrio.
Ben-Hur logra volver a Oriente, a Antioquía, y con la ayuda del viejo Simónides y el jeque árabe Ilderim, se enfrentará a Messala para lograr su venganza.
Es cuando tiene lugar la famosa carrera de cuadrigas que pasó a convertirse en una de las escenas más míticas de la historia del cine tras la adaptación de la novela por parte de William Wyler en 1959.
Tras el enfrentamiento, Ben-Hur se dirige a Jerusalén, donde se esperaba la aparición del Mesías.

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“Quo vadis?” trata de una gran historia de tensión y drama con toques incluso de terror y elementos de thriller judicial.

Tal y como podemos leer en la sinopsis que ofrece Valdemar para la novela, en esta narrativa histórica podremos encontrar un precedente de los “detectives con toga”.
Efectivamente, el personaje Quilón Quilónides responde a las características incluidas en muchas novelas detectivescas ambientadas en la Antigua Roma que han proliferado en los últimos años.
Una de las sagas más famosas es conocida como “Roma sub rosa”, una serie con más de una docena de libros escritos por Steven Saylor con Gordiano el Sabueso como protagonista.
“Quo vadis?”, expresión latina recogida en la Biblia que significa “¿A dónde vas?”, inicia en el año 63 d. C., cuando Nerón ocupaba el trono imperial de roma.
El incendio de Roma, las primeras persecuciones de cristianos y los espectáculos en el circo romano son algunos de los ambientes que podrá recorrer el lector en una historia que cuenta con San Pablo y San Pedro también entre sus protagonistas.

Algo más alejada en el tiempo de Wallace y Sienkiewicz, no podemos olvidar las novelas de la estadounidense Taylor Caldwell (que quizá muchos conozcáis por su novela sobre Cicerón, La columna de hierro) sobre asuntos relacionados con los primeros tiempos del cristianismo: El gran león de Dios (traducción de Amparo García Burgos, Maeva) sobre san Pablo o Médico de cuerpos y almas (traducción de Ramón Conde Obregón, Maeva), sobre el evangelista san Lucas
Para el director surcoreano Jang Seong-Ho y el director de fotografía y productor Woo-hyung Kim, el proyecto es un intento de transmitir el mensaje del amor de Jesús a un público global, cada vez más secular.
“Yo era un gran aficionado al cine y la animación”, declaró Jang. “Y, al mismo tiempo, leí todos los libros de Charles Dickens. Más tarde, descubrí que existía este libro, La Vida de Nuestro Señor, y lo leí. Después de leerlo, pensé que sería muy original hablar de la historia de Jesús a través de Charles Dickens”.
Esa inspiración llevó a Jang, director debutante en largometrajes, a asumir el reto de adaptar la narrativa del Evangelio a la animación, utilizando la voz literaria de Dickens para guiar la historia.
“Hay mucho contenido que habla sobre la historia de Jesús, pero transmitir esos mensajes desde la perspectiva de Charles Dickens me pareció significativo y, además, único”, dijo.
La película animada, ambientada en la Inglaterra victoriana, sigue a Dickens mientras le cuenta la historia de Jesús a su hijo. Cuenta con un elenco de voces estelares que incluye a Kenneth Branagh, Uma Thurman, Pierce Brosnan, Mark Hamill, Roman Griffin Davis, Forest Whitaker, Ben Kingsley y Oscar Isaac. Kristin Chenoweth coescribió y canta la canción de cierre de la película, "Live Like That".

Jang, un cristiano profesante, comentó que su trayectoria personal de fe influyó significativamente en su decisión de dirigir la película.
“Como cristiano, me sorprendió un poco que no existieran largometrajes animados que hablaran de la historia de Jesús”, comentó. “Así que fue una gran motivación para mí”.
Jang añadió que la película también surgió de la preocupación por su propio país; Corea del Sur, que tiene una de las mayores poblaciones cristianas de Asia, pero la asistencia entre los jóvenes está disminuyendo, según el Pew Research Center.
“Hay muchos cristianos en Corea”, afirmó. “Pero al mismo tiempo, lamentablemente, hay mucha gente que se opone a la población cristiana coreana. Y hoy en día, no muchos jóvenes […] asisten a la iglesia”.
El considera a “El Rey de Reyes” como una forma de ofrecer un mensaje de esperanza y verdad. “Pensé que se necesitaba a alguien que transmitiera el mensaje de Jesús de la manera correcta […] a todos los presentes”, dijo.

Jang comentó que, si bien la fe fue la base del proyecto, también debía equilibrarse con las exigencias prácticas de la producción. “Producir animación implica muchos aspectos, y sé que no se puede lograr solo […] con fe”, afirmó. “Debo considerar muchos aspectos, incluyendo los técnicos y los comerciales”.
Para dar vida al mundo de “El Rey de Reyes”, la producción se basó en gran medida en captura de movimiento avanzada y cinematografía virtual. Kim, quien se encargó tanto de la producción como de la cinematografía, describió un proceso complejo y laborioso.
“Primero contratamos a los actores y luego capturamos los movimientos”, explicó. “Y una vez terminado, entré en el mundo virtual con mi cámara virtual y realicé los movimientos de cámara una y otra vez”.
La actuación de voz y las expresiones faciales se grabaron por separado y se añadieron a la animación. "No es como las películas de acción real. Simplemente sucede gradualmente, paso a paso", dijo. "Básicamente, no es un proceso sencillo".
El objetivo, dijo Kim, era que la película pareciera más que una simple animación. "Quería que el público sintiera esta película, obviamente como una animación, pero también como una película convencional", añadió Jang.
Si bien trabajar en una película sobre Jesús conlleva su propia presión, tanto Jang como Kim señalaron escenas específicas que presentaron desafíos creativos y técnicos.
Para Kim, una escena que representa una tormenta destacó. "Técnicamente fue difícil... porque la hicimos por primera vez", dijo. "La hicimos hace como cinco, seis años... hace siete años".

En ese momento, el equipo no tenía acceso a las herramientas de producción virtual que utilizarían posteriormente. "Todo tuvo que hacerse digitalmente: el movimiento de cámara, la actuación y la voz", explicó. Posteriormente reconstruyeron la escena con herramientas mejoradas, pero tuvieron que mantenerse fieles a la versión anterior. "Fue técnicamente todo un reto", dijo.
Jang señaló un momento más tranquilo: una escena en la que Charles Dickens sube las escaleras de su casa para contarle un cuento a su hijo.
"Puede que a la gente le sorprenda esto", dijo. "La escena [...] necesitaba establecer la relación entre Charles Dickens y su esposa. [...] Y al mismo tiempo, [...] Dickens debió de sentirse persuadido de contarle la historia a su hijo. Era muy importante expresar esa conexión emocional [...] dentro de la corta escena".
El reto, dijo, fue explicar los matices a los animadores. "Fue todo un reto para mí como director".
Para Kim, la esperanza es simple: "Siempre quiero que esta película sea proyectada por el mayor número de espectadores posible", dijo.
Jang añadió que espera que los espectadores se vayan con una comprensión del mensaje del Evangelio. "Todo este proyecto comenzó con la idea de extraer solo una palabra de toda la Biblia", dijo. “Pensé que eso era amor. Jesús es amor”.
«Puedo confirmar que la próxima película dirigida por Mel Gibson, producida por Icon Productions, La Resurrección de Cristo, se rodará íntegramente en Cinecittà a partir de agosto y requerirá la construcción de numerosos escenarios y platós», declaró Cacciamani en una entrevista concedida al diario italiano Il Sole 24 Ore.
En una conversación con el presentador de pódcast Joe Rogan, el director estadounidense calificó el proyecto como «muy ambicioso» y explicó que la trama abarcará «desde la caída de los ángeles hasta la muerte del último apóstol».
«Creo que, para contar bien la historia, hay que empezar con la caída de los ángeles, lo que implica situarse en otro lugar, en otro reino. Hay que ir al infierno. Hay que ir al Sheol», afirmó Gibson.
El cineasta también destacó que el desafío está en encontrar una forma de narrar el relato «sin que resulte cursi o demasiado obvia». «Tengo algunas ideas sobre cómo hacerlo, cómo evocar cosas y emociones en la gente a través de la forma en que se representa y se filma.
Llevo mucho tiempo pensándolo. No será fácil, requerirá una gran planificación y no estoy del todo seguro de lograrlo; para ser sincero, es un proyecto extremadamente ambicioso. Pero lo intentaré, porque eso es lo que hay que hacer, ¿no? Enfrentarse al reto», expresó.

Mel Gibson
Gibson adelantó que volverá a contar con Jim Caviezel en el papel de Jesús, aunque será necesario aplicar técnicas digitales, como el rejuvenecimiento por CGI, debido a que han transcurrido más de 20 años desde el estreno de la primera película.
La Pasión de Cristo se estrenó en 2004 y, a pesar de las controversias que suscitó, recaudó 370 millones de dólares en Estados Unidos. Muchos la consideran una obra que abrió las puertas a la producción de contenidos religiosos en Hollywood.
(CNA/InfoCatólica)
Sixto es hijo de dos pastores, originario de la VII zona de la Urbe llamada via Lata, cerca de la actual vía del Corso, donde todavía hay una avenida con este nombre. En realidad se llamaba "Xystus", nombre probablemente de origen griego, que luego se confunde con Sixto, pues en realidad será el séptimo Papa, es decir, el sexto después de Pedro.
Elegido alrededor del 115, a él se le atribuyen ciertamente algunas normas de culto muy importantes. Es Sixto, por ejemplo, quien decide que durante la consagración nadie fuera de los ministros de culto pueda tocar el cáliz sagrado y la patena; también introduce en la misa, después del Prefacio, el rezo del "Santo" en forma conjunta entre el sacerdote y la asamblea y, al parecer, también la fórmula final del "Ite missa est", aunque esto no esté históricamente comprobado.

Parece más seguro que haya establecido que los obispos que han visitado la Santa Sede deban volver a sus diócesis con una carta del Papa que demuestre su plena comunión con el sucesor de Pedro. No es seguro, finalmente, si fue él quien introdujo el uso del agua en el rito eucarístico y del agua bendita para las abluciones, mientras que se le atribuyen dos cartas sobre cuestiones doctrinales: una sobre la Santísima Trinidad, la otra sobre la primacía del obispo de Roma, que sin embargo algunos consideran apócrifas.
Durante su Papado probablemente comenzaron los primeros enfrentamientos con las Iglesias Orientales, mientras que parece que fue él quien envió a los primeros misioneros a evangelizar la Galia, incluyendo a San Pellegrino.
Sixto muere alrededor de 125, posiblemente decapitado, y es inicialmente indicado como un mártir. Sin embargo, como no se conocen más detalles sobre su martirio, el Calendario Universal de la Iglesia no lo incluye actualmente entre los mártires. Inicialmente enterrado en la necrópolis del Vaticano, diez siglos después de su muerte sus restos son transportados a Alatri.
Desde entonces, esta ciudad se disputa con la cercana ciudad de Alife - en la zona de Caserta - San Sixto como patrón. En realidad, según las últimas verificaciones, reliquias de su cuerpo se conservan en ambas. Hay también reliquias atribuibles a San Sixto I en la iglesia del mismo nombre en la Vía Appia de Roma e incluso en una capilla de la Catedral de la Asunción de Savona, donadas a la ciudad por el Papa Pablo V.
Hay que decir que, en concreto, sobre el papa San Sixto I, la primera noticia de su existencia y pontificado la proporciona San Ireneo que, en su obra Adversus haereses (III, 3), nos da la lista de los sucesores de San Pedro y en ella Sixto ocupa el sexto lugar. Según esa misma lista sucedió al Papa San Alejandro I. El obispo historiador Eusebio de Cesarea, en su Historia eclesiástica (IV, 5), señala que estuvo unos diez años de papa, pudiendo datarse su muerte alrededor del año 128.
Y casi no hay más noticias biográficas de San Sixto, puesto que las proporcionadas por el Liber pontificales no están acreditadas ante la crítica.
Para el Martirologio Romano, en su reseña del 3 de abril, San Sixto I fue papa en tiempos del emperador Adriano y, gobernó egregiamente la Iglesia, y sufrió martirio en tiempos de Antonino Pío. Baronio en la edición original del Martirologio situó a este santo el 6 de abril, y luego en posterior edición del mismo ha sido pasado al día 3. En sus notas Baronio dice que se vean las obras atribuidas a San Sixto en sus Anales eclesiásticos.
Estas obras hoy se consideran legendarias, tales como varias cartas y algunas disposiciones litúrgicas y disciplinares. No se comprueba históricamente su martirio, pudiendo en cambio decirse, sobre la base de lo que dice Ireneo, que ni él ni sus sucesores siguieron la costumbre de los obispos de Asia en lo referente a la celebración de la Pascua, pero sin que se rompiera la comunión con ellos. Se cree que fue romano, hijo de Pastor, de la región de Via Lata.
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Juan Luis Lorda Iñarra es ingeniero industrial, doctor en Teología, y profesor ordinario de Teología Dogmática y del Instituto Core curriculum en la Universidad de Navarra. Experto en la cuestión del humanismo cristiano e implicado en la divulgación del mensaje evangelizador del cristianismo, aprovechamos esta entrevista desde www.primeroscristianos.com para hacerle algunas preguntas.
Hay muchos aspectos por los cuales los primeros cristianos tienen interés. Primero, efectivamente, está la cuestión de la cercanía, de la unión con el origen, aunque hay que tener en cuenta que para nosotros son muy lejanos, pero también muchos de ellos son bastante lejanos históricamente del Señor; con todo, hay indudablemente un factor de testimonio. El cristianismo se expandió muy rápidamente, dando lugar a tradiciones lingüísticas y culturales muy distintas, dentro de las cuales hay una tradición, una convergencia en la celebración de los Sacramentos, en la doctrina y en la moral.
En segundo lugar, la experiencia de vida de tantos cristianos nos enseña a vivir nuestra fe; en la Iglesia hay una tradición de santidad y, dado que el cristianismo es algo que se vive, ese testimonio es muy elocuente.
En tercer lugar, hay una cuestión teológica: el cristianismo lo vive gente muy distinta social y culturalmente y puede vivirlo muy bien la gente sencilla, pero, para enseñarlo, surge la necesidad de organizarlo y convertirlo en un discurso; eso hace que surjan dificultades internas y cuestiones que se deben resolver. Cuando la tradición cristiana entra en contacto con el mundo filosófico griego, casi desde el principio, el primer tema que se plantea es el concepto de Dios.
Aunque los autores cristianos asumieron muchas cosas de la filosofía, no nos hacemos cargo de hasta qué punto la concepción cristiana fue novedosa: en el mundo antiguo no se puede encontrar por ninguna parte la fe en un Dios único creador inteligente personal al cual realmente puedes rezar, con el que puedes entrar en contacto y que te llama a vivir en Él.
El segundo tema que se plantea es cómo puede Dios tener un hijo; es el inicio de la cuestión trinitaria: los cristianos bautizan en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y ese “Hijo” se entiende en un sentido fuerte, como lo dio a entender el mismo Jesucristo y como se expresa especialmente en el Evangelio de san Juan.
Después, surge la pregunta de cómo Jesucristo puede ser a la vez Dios y hombre verdadero, que da lugar a la controversia arriana. Hay un gran debate en la Iglesia, porque algunos defienden que Jesucristo es hijo, pero de otra manera, una especie de divinidad de segundo grado.
Distintas tradiciones culturales van abordando estos temas y su convergencia es la doctrina cristiana. Más adelante, surgen otras cuestiones, como el sentido del tiempo, de la historia, la salvación, etc, con figuras como la de San Agustín.
“Humanismo” es una palabra que puede entenderse de muchas maneras. En primer lugar, como un movimiento que surge en Centroeuropa en el siglo XVI, que tiene que ver con la recuperación de las lenguas clásicas y los textos antiguos y que reacciona contra una teología escolástica un poco exagerada y sacada de quicio, buscando un saber menos abstracto y con forma más humana.
Algunas de sus figuras centrales son Erasmo de Rotterdam, Juan Luis Vives o Tomás Moro. El descubrimiento de América, su conquista y evangelización, les hace reflexionar sobre el modo cristiano de vivir en una sociedad cambiante, sobre los derechos y la dignidad del ser humano…
Por otro lado, está el sentido general de humanismo, que tiene que ver con el impacto que tiene la religión cristiana en las culturas donde es recibida. El cristianismo forja la realidad del ser humano, hace al ser humano más humano. Hay una frase que aparece en el documento del Concilio Vaticano II Gaudium et spes y que le gustaba mucho a san Juan Pablo II: “Cristo descubre el hombre al hombre”, Cristo descubre cómo somos y cómo tenemos que ser, desde nuestra realidad de hijos de Dios.
Nuestra identidad ha sido muy estudiada por los pensadores cristianos, que asumen los hallazgos griegos, pero aportan grandes novedades a la comprensión de lo humano: San Agustín, por ejemplo, trató con mucha profundidad el tema de la libertad; y Santo Tomás de Aquino hizo una descripción antropológica extraordinaria, que estableció las bases de nuestro modo de comprender la inteligencia, la voluntad y su relación con la afectividad.
Así pues, por “humanismo” se entiende un movimiento, una inclinación favorable a los frutos que desarrolla la humanidad en la cultura, el lenguaje, la escritura, la conversación y, sobre todo, un aprecio a la persona humana misma. Pero el humanismo también se puede identificar con un descubrimiento de la estructura del ser humano.
En el siglo XX, la visión del ser humano seguía siendo heredera de la visión cristiana, que habla del hombre como creado a imagen de Dios. Pero, en ese contexto, surgieron diversas ideologías ateas.
En su obra El drama del humanismo ateo, De Lubac denuncia el modo en que estas ideologías han maltratado a sus miembros, creando sistemas terriblemente opresores, como nunca en la historia. De Lubac defiende que, aunque se puede hacer una sociedad sin Dios, esta tiende a convertirse en una sociedad contra el hombre, porque, cuando quitas a Dios, ¿de qué es imagen el hombre? Es tan solo un poco de tierra… ¿Y qué más da que haya más o que haya menos?

Evangelizar a todos los pueblos es un mandato del Señor y un cristiano no tiene que quedarse tranquilo si no intenta amar a Dios sobre todas las cosas. Eso es una tarea para todos los días, para todas las épocas y para todos los cristianos de una manera natural. A veces, hay que organizarlo porque para evangelizar África o Asia no se puede hacer sin pensar.
Y aunque no significa que cada uno no pueda o deba dar testimonio y hablar del Señor para ofrecer a otros esa posibilidad sabiendo que al otro le va a hacer mucho bien, si san Juan Pablo II impulsaba a evangelizar occidente era porque sabía que se había descristianizado mucho en los últimos años y, ahora, se tiene una idea muy externa y lejana de lo que es el cristianismo.
Al ver la historia de la evangelización, se ve a los primeros cristianos evangelizando el mundo antiguo. ¿Cómo se evangelizaron los pueblos bárbaros? ¿Cómo se evangelizaron las naciones eslavas? Ahora se ve el mundo occidental así porque, no es que no crean por problemas intelectuales, sino que, generalmente, no creen porque en el ambiente se siente que no lo necesitamos.
Sin embargo, hay que aprovechar los medios de comunicación que hoy tenemos porque una presencia cristiana muy grande está a nuestro alcance. Por supuesto, hay que conservar el tú a tú y el testimonio cristiano, pero también hay que aprovechar estos medios y, desde otra época, a esto nos invitaba san Pablo.
La fortaleza de San Pablo sale de la fe que tiene para ser capaz de ir a sitios complicados de los que nos cuenta penurias. La expansión de la Iglesia debe mucho a este hombre que el Señor puso ahí. Había mucha gente “libre” que tenía esclavos y no se dedicaba a la vida cultural y van a ver qué se decía por ahí.
San Pablo iba allí a explicar cuestiones acerca del Dios desconocido. Mucha gente que no cree, no sabe quién es Dios ni su relación con el universo. Hoy es una responsabilidad y un reto que tenemos, pero hay que aprovechar las redes, los audios y los medios que tenemos para llegar a mucha gente dando un paso hacia adelante con lo audiovisual, que tiene mucho efecto.
Todos los cristianos que llevan una vida cristiana auténtica lo han aprendido todo de los primeros cristianos. Tenemos una gran variedad cultural y tenemos interés, que es muy importante para la teología. La reflexión que hacen los primeros cristianos sobre los grandes misterios cristianos es la base de la histórica de la teología.
La Universidad es la casa de los saberes y un lugar donde se profundiza en los conocimientos de la filosofía, la forma de vida y, por tanto, dentro de estos saberes que se deben estudiar tiene que estar saber el sobre Dios como muy bien Newman en su idea de la Universidad.
by Jaime Alonso de Velasco y Rafael Peña
La sensación de que todo en la Iglesia tenía que ir para abajo fue lo primero que quebró aquella frase del discurso inaugural del Pontificado: “No tengáis miedo, abrid las puertas a Cristo” (22-X-1978). La llamada no fue muy advertida ni comprendida entonces, pero resultó un punto de inflexión en la tendencia a la baja de la época posconciliar y abrió un horizonte de esperanza y juventud, que se desarrollaría en los siguientes 26 años de pontificado. La frase se convertiría en el lema del pontificado, como subraya el himno Non abbiate paura, que Marco Frisina compuso para la beatificación.
Con esas palabras, un tanto solemnes y poéticas, como a él le gustaba, Juan Pablo II se dirigía, en primer lugar, a los sistemas políticos y económicos, especialmente a las sociedades marxistas, pero también a las liberales, para pedirles que acogieran el mensaje de Cristo. Era el programa del pontificado: no tener miedo a proponer la salvación de Cristo, el Evangelio, a todos los hombres. Tener claro cuál es su valor y, por tanto, cuál es la misión de la Iglesia, su punto fuerte y su justificación en el mundo moderno.

También era la justificación de su propia misión en el mundo, la del Papa, que no es solo un resto venerable de épocas pretéritas que atrae el turismo a Roma, lo mismo que los Museos vaticanos o el Foro romano. Juan Pablo II se sentía depositario de una misión, la de la Iglesia con su mensaje para todos los pueblos, y con la renovación y la urgencia que le había dado el Concilio Vaticano II. Le acompañaba entonces una convicción y una salud que subrayaban su propuesta. Después, fue perdiendo salud, pero no perdió convicción.
Juan Pablo II fue elegido Papa el 15 de octubre de 1978, con 58 años. Estaba en plenitud de facultades, fuerte, simpático y decidido. Venía de una Polonia que estaba entonces muy separada del resto de Europa por el telón de acero, y bajo un claro y severo dominio comunista. Quizá por eso no estaba en la lista de “papables”.
Recuerdo que, cuando el cardenal Felici pronunció su nombre en la plaza de San Pedro, nadie sabía quién era y su foto no estaba en los periódicos. Además, como intentó pronunciar Wojtyła con acento polaco, con la “l” barrada que es una “u”, no se podía reconocer el nombre en las listas. A mi lado, alguien comentó que debía ser swahili y buscó entre los cardenales africanos. La elección fue una sorpresa total y cada paso posterior una nueva sorpresa: los gestos, los temas, el estilo, las propuestas. En casi 26 años no paró y no dejó parar.
Aunque no estaba entre los favoritos, era conocido por los cardenales electores y algunos se habían fijado en él. Había brillado en el reciente sínodo sobre la evangelización y catequesis. Había ayudado a redactar la encíclica Humanae vitae, del Papa Pablo VI (1968), y la había defendido en distintas conferencias por todo el mundo. Y había predicado los ejercicios espirituales a Pablo VI poco antes (1975). Se habla de la promoción que le hizo el entonces cardenal de Viena, Franz König.
Sin duda, tenía un perfil interesante. Había participado en la confección de Gaudium et spes del Concilio Vaticano II (1962-1964), a pesar de ser uno de los obispos más jóvenes. Tenía una fuerte formación e inclinación intelectual, por ser profesor de ética en Lublin, y haber promovido varias revistas de pensamiento cristiano y personalista.
Pero también era pastor en una situación difícil y había impulsado la pastoral de Cracovia, en medio de un régimen comunista. Los más enterados conocían su intervención en cuestiones difíciles de la Iglesia en Roma. Se sabía mover en público. No era nada tímido. Además, se le veían dotes naturales de simpatía, decisión y capacidad de diálogo. Tenía una asombrosa capacidad para los idiomas. Podía dialogar en francés, inglés, alemán, español e italiano, además de su polaco natal. Y le encantaba.
Desde el principio, fue una sorpresa de estilo y de iniciativas. El estilo le salía de dentro. Los Papas cambian su nombre para expresar la nueva condición que adquieren. Karol Wojtyla cambió de nombre, pero asumió su misión, sin dejar de ser él mismo. Al contrario, estaba seguro -lo escribió- de que había sido elegido para que desarrollara lo que llevaba dentro. ¿Qué Papa se hubiera animado a escribir libros tan personales sobre su vida y pensamiento como: Cruzando el umbral de la esperanza; Don y misterio; Levantaos, vamos; y Memoria e identidad, además de las poesías?
No eran ocurrencias personales. Le había tocado vivir en su carne muchas encrucijadas de la Iglesia en la historia. Le había tocado vivir bajo los regímenes totalitarios nazi y comunista, le había tocado explicar a los jóvenes la moral de la Iglesia, especialmente la moral sexual, y le había tocado buscar caminos de la conciencia personal en su enseñanza universitaria de ética y moral. Además, le había tocado defender Humanae vitae, de una manera que implicaba luna idea de la sexualidad y del ser humano, una antropología cristiana.
Este era el programa del pontificado: no tener miedo a
proponer la salvación de Cristo, el Evangelio,
a todos los hombres. Tener claro cuál es su valor y,
por tanto, cuál es la misión de la Iglesia,
su punto fuerte y su justificación en el mundo moderno
Su aplomo, basado en fuertes convicciones y experiencias de fe, resultó inmensamente valioso en un momento de incertidumbres. Entró a todas las cuestiones difíciles, una tras otra, con una paciencia y una tenacidad verdaderamente asombrosas y propias de su carácter. Y, al mismo tiempo, con una característica holgura. No era un hombre tenso. Se daba tiempo para estudiar y hacer estudiar los asuntos y le gustaba dialogarlos. Esto podía dilatarlos, pero llegaron a puerto uno tras otro. Basta pensar en el Catecismo de la Iglesia Católica. Cuando se propuso, muchos pensaron que era una tarea imposible.
No tenía miedo a las cuestiones espinosas. Se enfrentó con muchas de ellas, muy consciente de su misión. Reunió a los obispos de países que atravesaban momentos difíciles o a las congregaciones con problemas. Intervino en las grandes cuestiones internacionales y multiplicó la actividad diplomática del Vaticano en pro de la paz y los derechos humanos. Eso, en paralelo con una gran cantidad de iniciativas doctrinales, de constantes viajes y de visitas a las parroquias de Roma y a las diócesis italianas. Porque también ejercía de obispo de Roma y primado de Italia.

Juan Pablo II
Fue un claro protagonista en la disolución del comunismo en el Este de Europa. Aquello fue tan milagroso como la caída de los muros de Jericó, aunque también supuso una consciente e intensa actividad diplomática y un apoyo moral decidido y explícito a sus connacionales del sindicado Solidaridad. Un apoyo que no era emocional y oportunista, sino basado en los principios de la justicia social y en la dignidad de las personas. Y le valió un atentado que le hizo claramente partícipe de la cruz.
Proclamó una y otra vez los principios morales y sus aplicaciones prácticas (defensa de la vida y la familia, doctrina social, prohibición de la guerra), fueran o no políticamente correctas. Se opuso decididamente a la guerra del Golfo. Dio la cara ante el régimen sandinista o el de Castro, y encauzó la teología de la liberación. Hizo investigar a fondo el caso Galileo.
Para preparar el cambio de milenio, quiso purificar la memoria histórica y pidió perdón por los fallos de la Iglesia y los pecados de los cristianos. Quiso una mayor transparencia en los asuntos vaticanos. Impulsó desde el principio el diálogo ecuménico con los protestantes y ortodoxos. Y tuvo gestos inéditos con los judíos, a los que apreciaba sinceramente; y también con los representantes de otras religiones, a los que reunió para rezar juntos.
Tanto como su ánimo, llamaba la atención su desenvoltura. Cualquier autoridad consciente siente el peso de su oficio. Por eso, necesita también guardar distancias. Juan Pablo II no descansaba de su oficio. Lo llevaba siempre puesto. Lo ejerció día a día, delante de todo el mundo. De manera habitual, tuvo invitados a su Misa matutina y a su mesa, desayuno, comida y cena, además de múltiples audiencias.
Buscó constantemente encontrarse con la gente y con frecuencia se saltaba el protocolo, con toda naturalidad. No era un hombre de curia y no le atraía el papeleo. Esto lo confiaba a sus subordinados. Y por allí, quizá, se le escaparon algunas cosas.
Estaba convencido de que su misión era transmitir el Evangelio como lo que es, un testimonio personal, y de que debía hacerlo unido a toda la Iglesia. De ahí, la importancia de los viajes y convocatorias, que, al principio, parecían una anécdota y, sin embargo, constituyen una de las claves del pontificado.
Reunió millones de personas para rezar, para escuchar el Evangelio o para celebrar la Eucaristía. Algunas concentraciones fueron las mayores registradas en la historia humana. Pero lo más importante es que esto fue un ejercicio privilegiado de su ministerio papal y produjo un visible impacto de unidad y renovación en toda la Iglesia en una época difícil.
Se cumplió ante todos los ojos el principio de que la Eucaristía construye la Iglesia. Tras tantas divisiones e incertidumbres, la Iglesia se reunió en todos los continentes, alrededor del sucesor de Pedro para manifestar su fe, celebrar el misterio de Cristo y aumentar su unidad en la caridad. Muchísimos obispos y sacerdotes recuperaron allí la esperanza, la alegría y las ganas de trabajar. Hay testimonios son innumerables, además de suscitar una oleada de vocaciones sacerdotales.
Dio un testimonio constante y natural de piedad y de fe. Todos le vieron hablar con fe en la doctrina de la Iglesia, con fe también en los documentos del Concilio, en los que veía el camino de la Iglesia que él tenía que seguir. Tenía una doctrina que había madurado a fondo, con su mente de intelectual preocupado, desde que era profesor de universidad, por establecer un diálogo evangelizador con el mundo moderno.
Y también una experiencia pastoral y una clara preocupación por los jóvenes y sus inquietudes. Desde allí desarrolló concienzudamente la doctrina matrimonial y social cristiana. Y las relaciones entre la fe y la razón.
Dio un testimonio constante y natural de piedad
y de fe. Todos le vieron hablar con fe en la doctrina
de la Iglesia, con fe también en los documentos
del Concilio, en los que veía el camino de la Iglesia que él
tenía que seguir. Tenía una doctrina
que había madurado a fondo
Se le vio rezar, continuamente, año tras año. Lo comprobaron especialmente, los que vivían cerca de él, en las distintas etapas de su vida, que dejaron un testimonio unánime y un sinfín de anécdotas. Cuando tantas veces lo vieron en la capilla en las noches de aquellos viajes agotadores.
Antes que nada, el Papa Juan Pablo II gobernó la Iglesia rezando. No fue un gestor de los asuntos eclesiásticos. No buscó la eficacia en el despacho, sino en la capilla. Se le vio celebrar con intensidad y concentración la Eucaristía en Roma, en privado y en público. Le vieron millones de creyentes en sus viajes y por la televisión. Especialmente, en sus gozosos encuentros con cientos de miles de jóvenes de todo el mundo.
Se le vio también acudir personalmente con su característico aplomo y conciencia de fe a los foros internacionales y también al diálogo con las grandes autoridades del mundo, para proponer la fe de Jesucristo, con la convicción de que es salvadora para todos los hombres y todas las culturas. Se le vio oponerse a todas las guerras y a todas las violencias, y defender la vida humana del inicio al fin, y la dignidad humana en todas las circunstancias. Todo esto ha sido historia, y se hizo a la vista de todos.
Dejó una notable cantidad de documentos, que cubren todos los aspectos de la vida de la Iglesia. Dejó un Catecismo, que es una piedra miliar en su historia. Y el Código de Derecho Canónico renovado. Dejó muchos escritos personales luminosos. Y, sobre todo, la impronta personal de un hombre de fe y de oración. Y cumplió la misión que él mismo creía haber asumido, con su conciencia providencial, de entrar con la Iglesia en el tercer milenio, “cruzando el umbral de la esperanza”.
Este 25 de marzo, Día de la Anunciación, actores y fans acuden a los céntricos Cines de Callao, junto a la Gran Vía de Madrid, donde se emiten dos capítulos en un pase especial: la entrada triunfal en Jerusalén y la ira de Jesús en el Templo con los mercaderes.
Hemos aprovechado para entrevistar en persona a 3 de los actores: primero a Jonathan Roumie (Jeesús), y después a la peruana Vanessa Benavente (María, madre de Jesús) y el israelí Shahar Isaac (Simón Pedro).
- Sí, ¡toco la batería desde los 11 años! Tomé lecciones entonces y luego en más ocasiones.
- No, pero sí en un disco que saldrá pronto.
- Ese encuentro de la JMJ me pareció una expresión hermosa de ecumenismo, un escenario mundial espectacular.
- Es más lo que nos une que lo que nos divide. Cuando nos centramos en Jesús, podemos hacer mucho juntos, y crecer en discipulado y relaciones.
- Sí, lo conozco, hemos hablado. Es un actor brillante y un hombre magnífico. ¡Pero no hemos hablado de Jesús en el cine! No hay duda de que La Pasión de Cristo es una película que cambió el cine, y nuestro director, Dallas Jenkins, y yo mismo, reconocemos su influencia.
- ¡Ya tenía experiencia montando a caballo y eso ayudó! Pero nuestro burrito era magnífico, muy amable y gentil. Es fácil trabajar con él. Se llama Thunderstruck.

- Sí, entrené mucho con un especialista, el mismo que entrenó a Harrison Ford [que como Indiana Jones usa látigo] y a Michelle Pfeiffer [los usó como Catwoman, en una película de Batman].
- Me gusta que digas que es un Jesús alegre. Pero Jesús es plenamente humano, tiene todo un abanico de emociones humanas, y en esta temporada vamos a ver en Él más emociones que nunca.
- No, nunca. Pero la Semana Santa ahora ¡ha llegado a nuestra teleserie!
Vanessa Benavente, limeña que interpreta a María, la Madre de Jesús. Actualmente vive en Los Ángeles. Los capítulos se graban en Texas y Utah.
- Dos niñas, de 6 y 2 años.
- Jajaja. Me la imagino un poco como a mi abuela y mi tía abuela. Para ellas todos eran "hijitos", aunque fueran sobrinos, primos o amigos. Eran como muy mamás de los pollitos. Y me imagino así a María, como esa mujer de pueblo que te dice "quédate unos días aquí", te acoge, que se implica y cuida de muchos, como la mamá de todos.
- No, nunca, no conozco a ninguna. Una de mis ideas fue no ver otras representaciones de María. Chosen tenía sabor a algo fresco y único, quería hacerlo muy mío.
- María es la mayor, es como la mentora de las otras. Cuando Reyma se pone muy inquieta porque María Magdalena ha desaparecido, María Madre es la que la anima a confiar. Ella es una guía, es la que lleva más tiempo con Jesús, es la primera discípula.
También hablamos con Shahar Isaac, que interpreta a Simón Pedro. Ahora vive en Estados Unidos, pero acude con frecuencia a su Israel natal.
- ¿Sabes? En el rodaje hago fotos, me ayuda a meterme en situación. Hice fotos de las dos primeras temporadas y luego, en Tierra Santa, busqué los lugares reales de los hechos. Algunos los conocía, otros no. Cerca mi pueblo siempre veía la señal a Cafarnaúm, pero ¡nunca había estado! Y en la época del coronavirus pude visitarlo, una organización italiana me hizo una visita privada...
- Sí, es impresionante. Pues ahora ya saqué un libro comparando con fotos esos lugares reales y mis impresiones, y comparándolo con el set de rodaje. Y ya fotografié el set de las temporadas 3,4 y 5 y quiero visitar los lugares reales en cuanto pueda.
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La quinta temporada de The Chosen se estrena en 40 países distintos, y más adelante llegará a las plataformas de streaming (online). En España las anteriores temporadas se pueden ver en: Acontra+, Mitele Plus, Amazon Prime Video, Movistar Plus+ y en The Chosen App.
La serie pretende tener 7 temporadas, lo que hace pensar que cubrirá muchos eventos sucedidos tras la Resurrección. Aunque Jesús es el gran protagonista, cada apóstol tiene su propia historia y evolución, es conocido por los espectadores, y el público querrá saber qué le sucede a cada discípulo después de la Ascensión o Pentecostés.
Aquí puedes ver “Karol: El hombre que se convirtió en Papa” sobre la historia y juventud de Karol Wojtyla, su paso por el seminario, primeros años de sacerdocio hasta su llegada al cónclave que lo convirtió en el Papa Juan Pablo II.
Esta película trata sobre la vida del difunto Juan Pablo II, iniciando su trama en la Segunda Guerra Mundial y finalizando con la elección de Karol Wojtila como Papa.
En este camino se construye la vida de un gran hombre, que de niño tenía muchos sueños, los cuales se fueron desvaneciendo; primero por la pérdida de su madre y hermano. Luego, por el estallido de la guerra y el posterior éxodo de personas que huían de la muerte. Finalmente, por los primeros indicios de la persecución a los Judíos.
Estos hechos marcarían el comienzo de la larga travesía de Karol, desde obrero hasta poeta y maestro; una travesía llena de encuentros que con el tiempo lo llevarían a ser sacerdote y, por último, en 1978, a convertirse en el hombre que hoy todos conocemos: el hombre que ha signado una era, el hombre que ha construido la historia.
Este film muestra el lado más humano de Karol. Era un hombre que amaba, que lloraba, reía y sufría como cada uno de nosotros, pero que llevaba una luz en su corazón que lo hacía brillar: la luz del amor, la fe y la esperanza.
La película profundiza en temas como la felicidad, el dolor, el amor, la libertad, la muerte. Y sobre todo la vida de un hombre entregado a los demás a través de Dios.

Género: Drama
País: Italia
Duración: 186 minutos
Calificación: Todo Público
